Tira Cuba

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sábado, 19 de diciembre de 2015

La fiesta de la desmemoria o el parque de Pinocho


Tomado de La Turquinauta
Por Rafael Cruz Ramos

Los comentarios sobre el post "No entiendo nada" me sirven para recordar que la gran fiesta del olvido ya comenzó y los cubanos somos los invitados más esperados. La orgía de la desmemoria, la disolución de los asideros. La Nación cubana pretende ser convertida, por los ideólogos de la recolonización cultural, en una gran balsa a la deriva en la que como dice uno de los comentarios "Ser cubano no tiene nada que ver con la patria" y que al viento de los nuevos tiempos cruce el profundo Gulf Streams y la lleve sobre las olas hasta una playa de la Florida.
El discurso de Obama en la Cumbre de las Américas hace un llamado a la amnesia histórica, “no ser prisioneros del pasado” dice el presidente de los EEUU y la subversión promovida desde su gobierno nos conducirá a ser prisioneros en el futuro. Las palabras del Sr. provocaron una respuesta enérgica de los líderes de izquierda presentes en aquel encuentro. En sus comentarios al público durante el concierto en la Tribuna, la animosa cantante Olga Tañón conminó al público a que “olvidemos todo lo pasado, comencemos de nuevo” Sea el emperador o la industria del entretenimiento, los consejos de reconciliación se estimulan desde la desmemoria y quien intente retener la historia con su carga épica, es considerado un dinosaurio llamado a la extinción.
La fiesta de la desmemoria se alimenta de la confusión de las esencias (la ocultan en una abrumadora profusión de detalles). Las dimensiones del sacrificio, de lo heroico, las huellas del dolor por años de agresiones, bloqueo, no deben ser restañadas sino lanzadas al olvido o distorsionadas durante la orgía de la frivolidad, el pragmatismo, el egoísmo. Los proyectos personales de esos buscadores de tesoros son realzados por la propaganda, cuanto más dinero den al sujeto y más se desentiendan del aporte colectivo. Sirven de paso a la promosión del American Way of Life que según el señor de la casta primermundista son los verdaderos valores y los EEUU centro del universo.
Ese convite al reciclaje de nuestros valores, es increíblemente visible en estos días con la presencia de peloteros de origen cubano, que abandonaron la Isla y ahora vuelven como parte de una organización oficial, y son recibidossorpresivamente por las autoridades deportivas, se reúnen con los chicos en unas "clinicas" que enseñan beisbol y de paso mucho pragmatismo. Los jugadores de origen cubano agradecen la invitación como una suerte de hijos pródigos que regresan.
En los comentario quienes lanzan ácidas críticas al deporte revolucionario, hacen una y otra vez genuflexiones a las Grandes Ligas, exigen se publiciten en Cuba el éxito de los jugadores criollos que dieron la espalda a sus equipos en la Isla y ahora saludan la reunión en la Habana, como si los representantes del beisbol facturado fueran los salvadores de la pelota cubana y nosotros, los obstinados culpables que impiden a sus chicos, jugar en el mal llamado campeonato mundial de la MLB.
Ha sido esa misma política hostil de los EEUU y su bloqueo quien durante décadas ha impedido la asistencia de los cubanos a la pelota gringa. Ya se olvidaron los fiesteros de la amnesia que Cuba no puede cobrar sus honorarios por jugar en las series del deporte profesional. Pero a pesar de los muchos cercos económicos y las emboscadas financieras, el Estado cubano mantiene funcionando las escuelas deportivas, las instalaciones, los centros de alto rendimiento, compra los implementos deportivos - cada vez más tecnificados y más caros- Todo lo paga el Estado, es decir el pueblo.
Renunciar a la Patria es la humillante condición que pone EEUU a los peloteros cubanos si quieren ir a jugar en el terreno del norte. Dura condición, pero siempre hay quien está dispuesto a pagarla. El atleta, formado por la justicia social abandona esa justicia social en defensa de los intereses, sacrosantos intereses privados, los argumentos para defender tales conductas, más egoístas no pueden ser. Así y todo, los librepensadores del mercado se desgarran las vestiduras para llenar de justificaciones, anécdotas plañideras las razones del abandono.
Esa orgía de la desmemoria busca asegurar la tierra arrasada. Primero en el baile donde todos seremos iguales se arrasa la historia, el próximo paso es arrasar con la independencia nacional. Y no se trata de comprender los signos de los tiempos, o atrincherarse en los extremos y los dogmas. Cuba y su pueblo, cada uno de nosotros ha evolucionado en la en la medida que los tiempos lo han demandado. La Revolución cambia a ojos vistas desde el día de su nacimiento. Para unos va demasiado lenta y no es suficiente el cambio.
Esos exigen tierra arrasada, neoliberalismo, olvido, democracia burguesa, desmovilización, abandono del proyecto social socialista, privilegios a lo privado en detrimento de lo colectivo. En lo económico, por ejemplo, está la invitación del imperio para olvidar los daños ocasionados a los cubanos por años de guerra sucia, y aceptar sin resistencia, la compensación a los monopolios de EEUU o de la burguesía derrotada en 1959 y sus herederos, por la confiscación justa de los bienes con los que sostuvieron la dictadura y empobrecieron al pueblo.
Son esos los que defienden la entrada al juego de los desertores convertidos en una suerte de embajadores, y con ello, la desmovilización del activismo revolucionario. Hay un simbolismo demasiado evidente en esas figuras públicas para considerarlo inocuo. Ellos, como cualquier ciudadano están en el derecho de regresar, eso es una cosa, otra muy diferente hacerlo en la condición oficial de miembros de los negociadores de las Grandes Ligas. Ello es, en mi modesta opinión, un error político.
Mucho se habla en estos días del tema migratorio, el robo de talento, la corriente incesante de profesionales de nuestros pueblos del Sur hacia las primeras economías, con sus altos PIB a costa de la espoliación de las naciones de donde salen los migrantes. Cuba tiene que defenderse de mundo tan desigual, porque en el archipiélago la educación, el desarrollo y formación ciudadana es sostenida por el propio pueblo en condiciones de dura resistencia.
Pero la fiesta de la desmemoria de la revolución está en marcha, tal y como el famoso parque al que Pinocho fue conducido por sus anuncios, lugar maravilloso de vasares y entretenimientos, donde los niños se divertían sin estudiar hasta mutar en burros. Cada día nuevos jumentos nos rebuznan con símbolos y palabras hermosas para ir, como el chico de madera, a perder para siempre toda noción de humanismo.

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