Tira Cuba

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lunes, 29 de febrero de 2016

La historia de Cuba, fuente inagotable de heroismo

Tomado de FB de la Revista Pensar en Cuba.

"El estudio de la historia de nuestro país no solo ilustrará nuestras conciencias, no solo iluminará nuestro pensamiento, sino que ayudará a encontrar también una fuente inagotable de heroísmo, una fuente inagotable de espíritu de sacrificio, de espíritu de lucha y de combate"
Fidel Castro‬ (10/10/1968)

Cómo Gorbachov traicionó a su país.

Expresidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov
Tomado de Sputnik. Sección Club Zonóviev
Por Oleg Nazárov.

En artículos anteriores hemos citado a Alexander Zinovievdisidente de la URSS devenido un demoledor crítico de la perestroika y sistemático acusador de figuras como Gorbachov, Shevardnadze, Yeltsin y Yakovlev por traición al pueblo ruso. Oleg Nazárov, autor de este artículo publicado por el sitio Sputnik,  pertenece al Club Zinoviev. 
Todos coinciden hoy en que el encuentro entre George H. W. Bush y Mijaíl Gorbachov en diciembre de 1989 en Malta dejó una profunda huella en la historia. Pero lo valoran de maneras diferentes. Algunos creen que fue el punto final de la Guerra Fría. Otros lo califican como una traición sin precedentes. Gorbachov y su equipo se oponen categóricamente a esta última opinión. Para encontrar la verdad, hace falta un análisis científico.
Qué es una traición
La clave a la respuesta a esta ambigua pregunta la dio el gran filósofo ruso y patriota de su país, Alexander Zinóviev. Empleó la palabra “traición” en el sentido sociológico, moral y jurídico.
En su artículo ‘El factor de la traición’ Zinóviev escribió: “Para calificar las acciones del supremo poder soviético como traición o para rechazar esta calificación hace falta, ante todo, partir del deber de las autoridades con respecto a su población. Este deber consiste en salvar y afianzar el régimen existente, proteger la integridad territorial, fortalecer y proteger la soberanía del país en todos los aspectos de su organización social (poder, derecho, economía, ideología, cultura), garantizar la seguridad personal de los ciudadanos, defender el sistema de formación y educación, los derechos sociales y civiles… En una palabra: todo lo que había sido conseguido en los años soviéticos y lo que constituye un modo de vida normal de la población. Las autoridades lo sabían. Y la población estaba segura de que su cúpula dirigente cumpliría su deber y confiaba en sus líderes. ¿Cumplieron las autoridades su deber? ¿Y por qué, si escogemos la respuesta negativa? En segundo lugar, hay que entender si las autoridades soviéticas actuaron por su propia voluntad o fueron manipuladas desde fuera; si fue un comportamiento planificado por alguien fuera del país o no, o si actuó el poder en intereses de esta fuerza externa”.
Zinóviev fue el primero en intuir que Gorbachov era capaz de traicionar esta confianza: “Antes de asumir el cargo de secretario general del PCUS había estado en Reino Unido. Se negó a visitar la tumba de Karl Marx, y en vez de ello se dirigió a la recepción de la reina. Me pidieron comentar este caso. Contesté entonces que empezaba una traición histórica sin precedentes. No me equivoqué”.
En Londres el futuro líder soviético se vio con la primera ministra de Gran Bretaña, Margaret Thatcher. Es interesante que justo después de este encuentro la Dama de Hierro se fuera a EEUU para verse con el entonces presidente, Ronald Reagan, para comunicarle que se podía hacer tratos con Gorbachov. En marzo de 1985 Thatcher vino a Moscú al entierro del Secretario General del PCUS y dirigente de la URSS, Konstantín Chernenko, y volvió a verse con Gorbachov, que poco antes había sido nombrado el líder de la URSS y del partido.
El primer paso
Pasado un mes, en el Pleno del Comité Central del PCUS fue anunciado el curso hacia la aceleración del desarrollo socio-económico del país. Suponía la aplicación de los logros de la ciencia y la técnica y el desarrollo de la construcción de maquinaria. Así se inició la llamada ‘Perestroika’. En febrero de 1986 fue aprobada en el ХХVII Congreso del PCUS.
El periodo de Brézhnev lo suelen denominar periodo de estancamiento. Zinóviev protestó categóricamente contra esta denominación. En su artículo ‘La contrarrevolución soviética’ recordó: “¡En los años de postguerra la población de la Unión Soviética aumentó en cien millones de personas! Se elevó el nivel de vida. Crecieron las necesidades de la gente… En los años de postguerra (y sobre todo, en los del “estancamiento”) creció decenas de veces el número de empresas, entidades, organizaciones, la sociedad se hizo más complicada y variada con tanta rapidez y en tal escala que nunca ha visto la historia de la humanidad uniones tan enormes como la URSS. Todos los aspectos de la vida se volvieron más complicados y variados: la educación, la cultura, las comunicaciones, las relaciones internacionales, etc. Por supuesto, aparecieron problemas y dificultades…”.
Para superarlos, como afirmaba Zinóviev, “había que abogar por la vía del afianzamiento y perfeccionamiento de todo lo que criticaban y ponía en ridículo la propaganda y la ideología de Occidente: se trataba de algo que funcionaba de verdad y podría permitirle a la URSS superar aquellas dificultades. Pero los dirigentes soviéticos y sus lacayos ideológicos lo hicieron todo al revés. Se pusieron a montar la ‘Perestroika’, cuyas consecuencias nefastas eran evidentes de antemano. La perestroika desencadenó una crisis que se hizo universal, abarcando también la esfera de la economía”.
Ya ni Gorbachov ni los demás críticos del estancamiento mencionaban la antes anunciada aceleración. Sus palabras altisonantes nunca se materializaron. Los partidarios de la ‘Perestroika’ no lograron superar los problemas, muchos de los cuales fueron fruto de su propia actividad. Gorbachov demostró ser un dirigente incapaz de construir nada, lo que primero originó en la sociedad una desilusión y luego una creciente irritación.
Cuanto peor fueron las cosas dentro del país, tanto más se esforzaba Gorbachov por conseguir reconocimiento en Occidente. Hasta estaba dispuesto a renunciar a las conquistas geopolíticas del periodo de la Segunda Guerra Mundial, pagadas con las vidas de decenas de millones de ciudadanos soviéticos. El ex jefe del Departamento Analítico de la KGB de la URSS, Nikolái Leónov, está seguro de que fue Gorbachov el que inició la ruina del imperio soviético al ir a la Asamblea General de la ONU en otoño de 1988 con la idea de alegrar a todo el mundo declarando desde la tribuna que la URSS no iba a impedir por la fuerza los cambios en otros países de Europa Oriental. Fue el primer paso, y después ya no hubo vuelta atrás.
La URSS no quiere ver a EEU como un adversario
Henry Kissinger en su libro ‘Diplomacia’ recuerda como al declarar desde la tribuna de la ONU la reducción unilateral de las Fuerzas Armadas en 500.000 efectivos y 10.000 tanques, Gorbachov añadió con una voz bastante humilde: “Esperamos que EEUU y los europeos den algunos pasos también”…Una reducción unilateral de escala tan grande es una muestra o de una exclusiva seguridad de las propias fuerzas o de una debilidad exclusiva. En aquella etapa de desarrollo es dudoso que la URSS ostentase dicha seguridad de sus fuerzas.
En primer lugar, las palabras de Kissinger hacen referencia a Gorbachov quien manifestó también su debilidad en el curso de las negociaciones en Malta. Al describir el comportamiento del líder soviético, el embajador estadounidense en la URSS, Jack F. Matlock, dijo: “Necesitaba que todos vieran que estaba negociando con Bush de igual a igual y no como un adversario vencido”.
Pero Gorbachov no logró convencer de ello a los políticos estadounidenses, que respetan la fuerza por encima de todo.
Por ahora sabemos muy poco del contenido de las negociaciones. Y por algo será. Los concisos comentarios de los medios contrastan con las estimaciones pomposas que dieron Gorbachov, Bush y sus círculos próximos. Todos insistieron en declarar que el principal resultado del encuentro fue el fin de la Guerra Fría. Aunque hoy es obvio que estas declaraciones no corresponden con la realidad.
El ex embajador soviético en EEUU, Anatoli Dobrinin, afirmaba que en Malta Gorbachov hizo caso omiso de la directiva del Buró Político del Comité Central del PCUS, según la cual la reunificación de Alemania era posible siempre y cuando los dos bloques, la OTAN y el Pacto de Varsovia, fueran disueltos y unidos por un acuerdo mutuo. Es más: Gorbachov no solo le alegró a Bush con la declaración de que la “URSS ya no quería ver como un adversario a EEUU”, pasó a exhortar a los estadounidenses a ser mediadores en transformaciones pacíficas en Europa Oriental.
— Ya no le consideramos nuestro enemigo, —le dijo a Bush- Han cambiado muchas cosas. Queremos su presencia en Europa. EEUU debe quedarse en Europa. Su presencia allí es importante para el futuro de este continente. Por eso no deben pensar que busquemos que se vayan.
No sorprende que varias semanas después de la cumbre en Malta la Administración de Bush se mostrase dispuesta a desempeñar el papel de mediador no sólo entre Moscú y los Estados del Pacto de Varsovia, sino también entre Moscú y la capital de la República Socialista Soviética de Lituania, Vilna.
El historiador Matvéi Polínov dijo: “Las fuerzas separatistas de Letonia, Lituania y Estonia, al obtener el apoyo de EEUU a raíz de la cumbre de Malta, intensificaron considerablemente su actividad con vistas a salir de la URSS. Precisamente por eso, en buena medida, el destacado diplomático Anatoli Gromiko calificó la cumbre como “un Múnich soviético”… Gromiko vio claro que en Malta Gorbachov “había perdido cada partida”.
Y es que ni intentó ganar. Me atreveré a decir más: a juzgar por los acontecimientos que se desencadenaron después de la cumbre (la reunificación alemana, la desintegración del Bloque Socialista, la disolución del Pacto de Varsovia, el empeoramiento de relaciones con Cuba, etc.), Gorbachov, actuando a su antojo, había firmado en Malta el acta de capitulación total e irreversible de la URSS.
La Navidad en junio de 1990
La respuesta a la pregunta si Gorbachov actuó según los intereses de EEUU o no es obvia. Los propios estadounidenses estaban asombrados por la rapidez con la cual el líder soviético le rendía a Occidente una posición tras otra. Como reconocieron el historiador de EEUU, Michael Richard Beschloss, y el analista de política exterior, Strobe Talbott, los estadounidenses estaban buscando la manera de agradecerle a Gorbachov que pactara la presencia de una Alemania unida en la OTAN. Y como para junio de 1990 estaba planificada la visita de Gorbachov a EEUU, Robert D. Blackwill propuso: “El encuentro debe convertirse para Gorbachov en una Navidad en junio”.
El recién proclamado presidente de la URSS vino a EEUU el 30 de mayo. Beschloss y Talbott lo cuentan:
“Gorbachov estaba embriagado de su éxito, cuando la muchedumbre le acogía con aplausos. Exclamó, con ayuda de un intérprete: ‘¡Aquí me siento como en casa!’ Fue una frase rara pero muy elocuente: ya que en su país su propio pueblo no le iba a aplaudir (…) Gorbachov tenía tantas ganas de sentir la benevolencia de la sociedad y ver las muestras de su importancia en Occidente que al día siguiente empleó cuatro horas para recoger, uno tras otro, cinco premios de diferentes organizaciones (…) Con una amplia sonrisa, recibía a los representantes de cada organización que entraban con toda solemnidad en la lujosa sala de recepciones de la embajada soviética: colgaban de la pared sus emblemas y pronunciaban palabras halagadoras sobre Gorbachov ante las cámaras de la televisión soviética y estadounidense”
En el mismo año, 1990, Gorbachov obtuvo el anhelado Premio Nobel de la paz.
Tuvo que esperar dos años para el siguiente regalo. En 1992, cuando la URSS ya estaba enterrada, Reagan invitó al ex presidente a su rancho y le regaló el sombrero de vaquero. Gorbachov lo describe en sus memorias. Comentándolo, el politólogo Serguéi Cherniajovski, dijo con ironía: “El ex césar de medio mundo sigue orgulloso de este hecho. También se sentían orgullosos los siervos cuando los zares les regalaban sus abrigos de pieles. Igual que ellos y Ricardo III de York, quien imploró en un momento de peligro “mi reino por un caballo”, este laureado con el Premio Nobel se sentía orgulloso por su intercambio beneficioso: medio mundo por el sombrero del ex presidente estadounidense. Más tarde los invitados de Reagan pagaban 5.000 dólares por tener su foto del ex secretario general de la URSS con el sombrero de los vaqueros de Texas. Gorbachov lo describe con orgullo, sin entender que lo que les atraía tanto, era verle con un gorro de payaso”.
Epílogo
En agosto de 1991, tres días después del llamado “golpe de agosto” en la Unión Soviética, Zinóviev escribió las siguientes palabras proféticas: “Ahora todo el mundo cree que la Guerra Fría ha acabado y que éste es el gran mérito de Gorbachov y su equipo. Pero no se suele explicar en qué consistió el papel de Gorbachov. Pasarán años y los descendientes valorarán este papel suyo como se debe: quiero decir, como una traición a los intereses nacionales del país y del pueblo propio. No conozco en la historia otro caso de traición comparable por su escala y consecuencias. La Gran Guerra Patria presentó varios ejemplos de una traición contra el pueblo, pero son una nimiedad en comparación con lo que hizo Gorbachov en tiempos pacíficos. Si los líderes de Occidente hubieran colocado en el puesto de líder del Estado a algún político propio, no hubiesen logrado hacer tanto daño como lo hizo Gorbachov. Actuó como un experimentado agente del aparato del Partido, empleando todas las capacidades del poder del que disponía el Estado comunista”.
Alexander Zinóviev dio una respuesta a la pregunta que había planteado él mismo: “La realidad de la historia soviética después de 1985 es tal que un observador objetivo no puede dudar de calificar como una traición las acciones de las autoridades soviéticas con respecto a su población”.

Obama hablará en Cuba sobre los derechos humanos… que viola EEUU


Tomado de CubaInformación.tv
Por José Manzaneda, coordinador de Cubainformación.

Un mensaje recorre los grandes medios internacionales: en su próximo viaje a Cuba, el Presidente de EEUU Barack Obama llevará un mensaje de exigencia y presión a Raúl Castro para que respete los “derechos humanos” (1).

Pero, ¿es esto cierto? ¿O responde solo a la reproducción mimética, por parte de los medios, de la propaganda de la Casa Blanca?

Recordemos que, a propuesta de Cuba (2), el 31 de marzo del pasado año, delegaciones de ambos gobiernos hablaron en Washington… sobre derechos humanos (3).

Allí, la delegación cubana fustigó “la brutalidad y abuso policial” con patrón racista, “las limitaciones al ejercicio de los derechos labores y libertades sindicales”, “la tortura, las ejecuciones extrajudiciales con uso de drones”, “el espionaje y vigilancia extraterritorial”, y tantas otras violaciones flagrantes de derechos humanos en EEUU (4).

Si, en su viaje a La Habana, su deseo es repasar la agenda de “derechos humanos”, Obama deberá responder a las mismas demandas.

Sin embargo ¿hemos leído algo de esto en los grandes medios? Ni una palabra. Por el contrario, la llamada “prensa liberal”, que respalda la política de soft power de Obama, ha recuperado su tradicional agresividad contra Cuba. “The New York Times”, cuyas editoriales prepararon estratégicamente el terreno a la Casa Blanca para su acercamiento a La Habana, hacía proclama, hace unos días, de la clásica arrogancia intervencionista estadounidense. En un editorial titulado “Obama debe promover la democracia en su visita a Cuba”, sentenciaba que el presidente “debería impulsar a Raúl Castro (…) a que siente las bases para una transición”, porque en Cuba sus líderes “no rinden cuentas al pueblo” y dirigen “el país como un estado policiaco” (5).

El diario español “El País”, en un editorial titulado “El régimen castrista debe dar pasos concretos de apertura tras la normalización de relaciones con EEUU” (6), repetía la propaganda clásica de la Casa Blanca: Obama “viajará a la isla para promover `los esfuerzos y avances que mejoren la vida de los cubanos´”, mientras Cuba, “ha dado escasas muestras de cambio y apertura real”.

Canales como “CNN en español”, otro peso pesado de la artillería mediática “liberal”, daba la palabra a diferentes funcionarios norteamericanos, para reforzar el mismo mensaje. Por ejemplo, entrevistaba en profundidad al embajador de Estados Unidos en Chile, Michael Hammer, que afirmaba, sobre Cuba: “No es una democracia. Hay mucho por hacer. Esperemos que algún día esto se pueda realizar (sic), y nosotros, a través de esta apertura, estamos intentando apoyar al pueblo cubano en sus aspiraciones” (7).

Otro mensaje repetido hasta la saciedad es que Obama se reunirá en la Isla con la llamada “disidencia” (8), presentada como supuesta “sociedad civil” cubana (9). Curiosa “sociedad civil” que es financiada con 20 millones de dólares que cada año aprueba la Cámara de Representantes de EEUU (10) y que, según informes de la propia diplomacia estadunidense, no tiene el más mínimo respaldo social (11).

Por otro lado, los medios abiertamente conservadores, como la Cadena Fox (12), El Nuevo Herald (13), The Washington Post (14), ABC (15) o El Mundo (16), servían de altavoz de las denuncias e insultos a Obama, desde las filas del Partido Republicano y de la ultraderecha de Miami (17), o desde colectivos como las llamadas “Damas de Blanco” (18), para quienes el citado viaje constituye, sencillamente, una traición política. En varias televisiones escuchábamos a Ted Cruz, candidato republicano: "El régimen cubano es aliado de Corea del Norte y otros de nuestros enemigos, y Obama ha regalado un salvavidas a los Castro dándoles millones de dólares que solo usarán para atacar los intereses norteamericanos". "Mi problema con los cambios hacia Cuba –afirmaba Marco Rubio, otro de los candidatos- es que no se le pide nada a cambio al régimen cubano. Sigue siendo tan represivo hoy como siempre" (19).

Decenas de notas, noticias, crónicas, reportajes. Y, además, tertulias radiales y televisivas, e incontables artículos de opinión (20). Unos, para apoyar el viaje de Obama (21), otros para criticarlo (22). Pero todos –casi sin excepción- con el mismo mensaje: Obama deberá presionar, exigir al Gobierno de Raúl Castro “democracia” y “derechos humanos”, según el estándar avalado por el poder político occidental.

Una nueva lección de qué se entiende por pluralismo informativo y libertad de expresión dentro del actual modelo hegemónico de prensa. Un modelo cada día menos informativo, y cada día más cercano a una simple propaganda de guerra.



Celebrada la VII Jornada de reflexión de Defensem Cuba en el local del Casal de l’Alba en Barcelona

VII Jornada Defensem por GTM (4)
Tomado del Blog Casal d'Amistat Catalá Cubá

45 compañeras y compañeros del movimiento de solidaridad con Cuba en Catalunya se dieron cita en el Casal de l’Alba de Catalunya en Barcelona para realizar las VII Jornadas de reflexión del movimiento de solidaridad con Cuba en Catalunya.

Los asistente, representantes de asociaciones, casales y organizaciones solidarias de tarragona, Lleida, Girona y Barcelona , analizaron la situación actual del movimiento solidario y realizaron propuestas para mejorar, tanto en los aspectos organizativos como comunicativos. Con sentido autocrítico y positivo se realizó balance de las actividades realizadas, con más de sesenta intervenciones .

Todo ello, después que el Compañero Joaquín Lacke, representante del ICAP, presentara un documental con motivo del 55 aniversario de la fundación del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y explicara la situación y perspectivas del movimiento de solidaridad.

La Cónsul General de Cuba en Barcelona ,Mabel Arteaga, explicó la situación actual de la economía y la sociedad cubana y las relaciones con los Estados Unidos y el peligro que la desinformación de los medios de comunicación hagan creer que no existe el bloqueo , ni las injerencias y las agresiones.

Como conclusiones que serán llevadas a las próxima asamblea mensual del 02 de Abril están:

– Llevar a cabo acciones de denuncia contra el bloqueo que continua igual que antes del restablecimiento de relaciones.

-Denunciar las injerencias de los regímenes dela UE y Usa en la vida de los cubanos y cubanas.

– Exigir el cierre de la ilegal Base de Guantánamo y su restitución a soberanía cubana.

-Campaña explicativa de la situación de los presos políticos ( Leonard Peltier , Mumya Abu Jamal , Oscar Lopez Rivera ) y de la prisionera Ana Belén Montes en cárceles de los Estados Unidos .

-Mejorar nuestra sistema de comunicación en los medios alternativos y sistematizar la comunicación con los medios de comunicación tradicionales.

-Seguir participando en el Plan de Comunicación establecido por Cubainformación.

Tras la jornada, se realizó un almuerzo colectivo, con lo aportado por cada uno de los participantes.


Viva Cuba !!!
Abajo el Bloqueo !!!
Viva la solidaridad internacionalista !!!!

Barcelona 27 de Febrero de 2016

Fotos: Gustavo de la Torre Morales y Nelson Nielsen.

Hacer nuestro socialismo más participativo, inclusivo y democrático, con la Constitución como su instrumento de defensa permanente

Tomado del sitio web del periódico Ahora.

Intervención del compañero Homero Acosta Álvarez, Secretario del Consejo de Estado, en el Acto de entrega del Premio Carlos Manuel de Céspedes y la Conmemoración del 40 aniversario de la Constitución Socialista Cubana.

Estimados Colegas:
Deseo en primer término agradecer a la Junta Directiva de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, y a su presidente, haberme honrado pronunciar unas palabras en tan memorable fecha.
Sumo mis felicitaciones al Dr. Diego Fernando Cañizares Abeledo por su merecido Premio Carlos Manuel de Céspedes. Se salda una deuda con quien ha tenido una larga y fecunda labor profesional y al cual debemos importantes obras para el estudio del Derecho. Hoy, con la vitalidad juvenil que le caracteriza, continúa aportando y sorprendiéndonos con su trabajo.
Igualmente, resalto la justeza del reconocimiento a los compañeros Rodolfo Dávalos y Nuris Piñeiro por su contribución, desde el Derecho, a la lucha por la liberación de nuestros Cinco Héroes.
Recordar el 24 de febrero, fecha de inicio de la segunda etapa de nuestra Guerra de Independencia que organizara nuestro Héroe Nacional José Martí, y en que conmemoramos el cuadragésimo aniversario de nuestra Constitución Socialista, en este memorial, revela un gran simbolismo.
Resulta obligado por ello evocar a nuestro Héroe Nacional José Martí, organizador de la que llamara Guerra Necesaria e inspirador del proyecto revolucionario socialista cubano.
Una primera idea que debo trasladar es la imposibilidad de analizar la vigente Constitución, proclamada hace 40 años, sin echar una mirada al iter constitucional en nuestra historia. Haber llegado hasta aquí es también fruto de un proceso histórico complejo, a veces contradictorio, cuyo hilo conductor podemos encontrarlo en la búsqueda desde nuestros Padres Fundadores de una Patria libre y soberana y una sociedad más justa.
Ese sentimiento constitucionalista e independentista vio vida desde los inicios de lucha contra el colonialismo español al organizarse una República en Armas sobre pilares constitucionales y que tendría su primera expresión en Guáimaro, en abril de 1869. Toda una utopía en las condiciones de la lucha. Luego vendría la Constitución de Baraguá de 15 de marzo de 1878, fruto del pensamiento de Antonio Maceo y símbolo de la voluntad de continuar la lucha hasta alcanzar los objetivos por los que se había iniciado.
Martí, como expresáramos, alma del inicio de la lucha en 1895, había analizado a profundidad las causas del fracaso de la Guerra de los 10 años, en particular lo relativo a la estructura político militar derivada de la Constitución de Guáimaro y supo juzgar con acierto las diferencias de Céspedes y Agramonte.
Fue clave su visión de organizar la lucha siguiendo postulados cívicos y republicanos, pero sin obstaculizar el desarrollo de las operaciones militares. En las Bases del Partido Revolucionario Cubano definía que la contienda sería de “espíritu y métodos republicanos” y así contribuir a un triunfo rápido y a dar “la mayor fuerza y eficacia a las instituciones que de ella se funden, y deben ir en germen en ella”. Igualmente en el Manifiesto de Montecristi señalaba: “Desde sus raíces se ha de constituir la Patria con formas viables, y de sí propias nacidas, de un modo que un gobierno sin realidad ni sanción no lo conduzcan a las parcialidades o a la tiranía”.
No son desconocidas las discrepancias con Maceo sobre la organización de la guerra. Su prematura muerte en Dos Ríos le impidió ver la Constitución de Jimaguayú. Coincido con la idea de que: “Pudo pensarse que al morir él, moriría su pensamiento de un gobierno democrático para el pueblo de Cuba Libre ya que la guerra quedaba, al menos cuando el gran revolucionario cayó en Dos Ríos, en manos de fuertes líderes militares. Pero no fue así: la labor de Martí había sido tan intensa, su prédica constante acerca de la necesidad de crear una república democrática había calado tan hondo en las entrañas de su pueblo, que aquellos de quienes pudo temerse que no estuvieran de acuerdo con él fueron los primeros en mover los resortes necesarios para poner en práctica las ideas que él traía al desembarcar en Cuba”. O en palabras de Emilio Roig: “la batalla que no pudo ganar en vida, la ganó Martí después de muerto.”
Finalmente, el período constitucionalista mambí cierra con la Constitución de la Yaya, aprobada el 29 de octubre de 1897 en cumplimiento del mecanismo de reforma establecido en Jimaguayú, la más amplia y abarcadora de todas con una extensa declaración de derechos, que no concluye con la independencia sino con la intromisión interesada de los Estados Unidos en la Guerra.
No quisiera concluir esa etapa sin citar las palabras de Fernando Ortiz: “Para los libertadores las constituciones no fueron solamente organización de la rebeldía de un núcleo humano para la acción interna, ni la intempestiva y anticipada consagración de un régimen interno inmaduro forzada para impresionar en el extranjero: sino que fueron además la intangibilidad del ideal revolucionario beligerante. Ellas eran la ¡República de Cuba! Eran la expresión simplista del ideal de los cubanos: la independencia. Eran, como el escudo, la bandera y el himno de Bayamo, un símbolo de nación libre”.
La República nacía con una Constitución en 1901 profundamente liberal y maniatada por la Enmienda Platt, antítesis de las aspiraciones de nuestros próceres. Un mecanismo de dominación legitimado constitucionalmente que sesgaba la soberanía y humillaba profundamente a nuestro pueblo.
En medio de diferentes vaivenes políticos e interregnos constitucionales, tras la caída de la dictadura machadista, se llega a un proceso que pudiera catalogarse de hito en la historia democrática burguesa: la aprobación de la Constitución de 1940. Un conjunto de factores de carácter interno e internacional conllevaron a lograr una norma de avanzada en el pensamiento constitucional de una época, al incorporar un grupo de derechos económicos y sociales; como el derecho al trabajo, salario mínimo, descanso, etc, derivados del constitucionalismo social de México y Weimar.
Su mayor incapacidad en los marcos de la democracia burguesa fue no hacer realidad sus postulados ni desarrollar las leyes complementarias.
Estuvo vigente hasta la ruptura constitucional provocada por el golpe del 10 de marzo de 1952, y frente al cual se desarrolla la lucha revolucionaria que enarbola, entre sus reivindicaciones principales, su restablecimiento futuro.
Al triunfar la Revolución, como es conocido, se dicta en febrero de 1959 la Ley Fundamental, mediante la cual se ajusta la Constitución de 1940 a la nueva realidad sociopolítica y a las necesidades de la radical transformación social que acontecería, y con ello se inicia el llamado período de provisionalidad.
Comienza la destrucción inmediata de la maquinaria estatal burguesa, que incluyó el cese de funciones de los espurios representantes de los órganos vinculados con la dictadura batistiana, y la desintegración de los viejos partidos políticos. Se concentran en el Consejo de Ministros las facultades constituyentes, legislativas y ejecutivas, manteniéndose el cargo de Presidente y adquiriendo un mayor peso el de Primer Ministro, al asumirlo Fidel Castro Ruz.
Desde ese órgano se fueron adoptando las medidas principales en cumplimiento del Programa del Moncada y restablecieron los derechos conculcados al pueblo. La Ley de Reforma Agraria, las leyes de Nacionalización, el acceso a la enseñanza, el empleo, la confiscación de los bienes de los malversadores, todas en una primera etapa democrática revolucionaria contaron con un amplio apoyo y legitimación popular.
Paulatinamente se va produciendo un proceso de reconstrucción del sistema estatal y de su sistema jurídico.
Para mediados de la década del 60 se aprecia el interés de encontrar formas institucionales superiores en la organización del Estado, a todos sus niveles, del Partido y de las organizaciones de masas en el país.
Pocas veces se recuerda que en el discurso de Fidel el 28 de septiembre de 1965 reconocía: “Nuestro aparato estatal (…) al surgir en medio de la Revolución como creación nueva que habría de sustituir al viejo aparato administrativo del Estado, ha adolecido, naturalmente, de todas las deficiencias que una cosa nueva y compleja como esta trae consigo inevitablemente. Pero se ha estado realizando, sobre todo en los últimos tiempos, un esfuerzo muy considerable para mejorar la eficiencia del aparato administrativo del Estado…”
Y más adelante, en esa propia intervención, reclama la necesidad de organizar al Partido, en todas las instancias, incluida la creación del Secretariado del Comité Central, y anuncia la preparación de un congreso de la organización política al siguiente año. Asimismo, precisó “… debemos empezar a preocuparnos para elaborar la Constitución Socialista”.
Se aprecia una voluntad por institucionalizar desde sus raíces el Estado socialista cubano, y en particular la necesidad de articular y construir democráticamente ese Estado, y sus órganos representativos, eliminar la excesiva centralización administrativa y las disfunciones en la labor del Partido y el Estado.
En esa dirección resalta la creación en 1968 de la Comisión de Estudios Jurídicos del Comité Central del Partido, presidida por Blas Roca, cuya labor comenzaría en 1969. Entre las tareas que debía acometer de inmediato incluía importantes proyectos legislativos y la labor asesora de lo que sería la futura Constitución.
Diversas razones de carácter interno y externo impidieron en lo inmediato llevar a vías de hecho esas ideas, en particular porque los esfuerzos principales desde finales de esa década del 60 estuvieron dirigidas a lograr en el año 1970 una producción de azúcar de 10 millones de toneladas, vía que se consideraba imprescindible para lograr un salto en el desarrollo económico y poder sostener los amplios programas sociales y el bienestar de la población.
Precisamente serían los duros análisis derivados del no cumplimiento de la zafra de 1970 y el retroceso en un importante número de indicadores económicos, así como las secuelas en el funcionamiento de los órganos políticos, administrativos y las organizaciones de masa, el punto de inflexión y el elemento catalizador del proceso institucionalizador que llevaría a la Constitución de 1976.
A partir de ahí comenzó un análisis en la dirección del Partido para estudiar aspectos principales sobre los cuales no había hasta el momento definiciones y que era necesario esclarecer por el impacto que tendría entre otros, en la futura Constitución. Nos referimos al sistema económico, al sistema de gobierno, los mecanismos de participación popular la División Político Administrativa, el papel del Partido y su delimitación funcional respecto al Estado y las organizaciones de masas. Todos debían evaluarse en el Congreso del Partido.
En ese sentido destaca el 24 de noviembre de 1972 la reorganización del Consejo de Ministros y la creación de su Comité Ejecutivo, con la atención diferenciada de los organismos de la Administración Central del Estado; en enero de 1973 se definen cambios en la concepción del trabajo de los organismos de dirección superior del Partido, que incluye entre otros, la constitución del Secretariado del Comité Central; la celebración del XIII Congreso de la CTC; la Ley de Procedimiento Penal en 1973, que introdujo importantes cambios, ofreció nuevas garantías y dejó atrás elementos del antiguo sistema de enjuiciamiento criminal de la colonia, y unido a ello la Ley de Organización del Sistema Judicial ese propio año, mediante la cual se unifican las distintas jurisdicciones, se establece la participación de jueces profesionales y legos y se crea la Fiscalía General de la República como órgano encargado del ejercicio de la acción penal pública y del control y preservación de la legalidad socialista.
Junto a ello, desde mediados de 1973 comenzaron los estudios para preparar un experimento que conllevara la organización y funcionamiento de un sistema de órganos representativos apoyados en una amplia participación popular, para el ejercicio del poder soberano a nivel local. Para dar cumplimiento a esa tarea se aprobó en mayo de 1974 la Ley 1269 que instituyó la Comisión Nacional para dirigir los trabajos experimentales de los órganos del Poder Popular en Matanzas.
Si bien la Comisión de Estudios Jurídicos se encontraba trabajando en las bases de la futura Constitución, el 22 de octubre de 1974 por Acuerdo del Consejo de Ministros se crea la Comisión Mixta del Partido y del Gobierno encargada de preparar y redactar el anteproyecto de Carta Magna. En ella se integraban dirigentes del Partido, del Gobierno, de las organizaciones de masas y destacados juristas.
En dicho acuerdo se establecieron un grupo de bases que orientaban el trabajo a desarrollar, teniendo en cuenta las realidades económicas y sociales, la experiencia del ejercicio del poder revolucionario en los años anteriores incluido el proceso de perfeccionamiento del aparato estatal, las experiencias de los países que construían el socialismo, las tradiciones progresistas y revolucionarias del pueblo y debía fundamentarse en sólidos principios marxistas leninistas. Asimismo, trazaba pautas para un grupo de contenidos vinculados fundamentalmente al sistema económico, el sistema de órganos estatales y los principios de su organización y funcionamiento, los derechos y deberes de los ciudadanos.
Como había sido establecido en el referido acuerdo, la Comisión entregó el anteproyecto al compañero Fidel Castro Ruz, el 24 de febrero de 1975, y posteriormente como un proyecto oficial fue sometido a una amplia consulta popular. En ese proceso participaron 6 millones 216 mil 981 ciudadanos, los que propusieron 12 883 modificaciones, 2343 adiciones de contenido constitucional, así como 84 solicitudes de aclaraciones.
Luego de analizadas estas propuestas se preparó el proyecto que fue presentado al I Congreso del Partido Comunista de Cuba. Durante la presentación del informe central a dicha cita partidista Fidel señaló:
“Hoy necesitamos una Constitución socialista, en correspondencia con las características de nuestra sociedad, con la conciencia social, las convicciones ideológicas y las aspiraciones de nuestro pueblo. Una Constitución que refleje las leyes generales de la sociedad que construimos, las profundas transformaciones económicas, sociales y políticas operadas por nuestro pueblo. Una Constitución, en fin, que consolide lo que somos hoy y que nos ayude a alcanzar lo que queremos ser mañana”.
“Se ha trabajado concienzudamente en la elaboración del proyecto de Constitución. En el se han sintetizado las experiencias de nuestro propio pueblo y la experiencia universal de los pueblos que nos precedieron en la edificación socialista. Creemos que es un texto digno del primer Estado socialista de Obreros y campesinos, de trabajadores manuales e intelectuales, del continente americano, en el cual la soberanía y todo el poder pertenecen real y verdaderamente al pueblo laborioso, poder fundamentado en la propiedad colectiva sobre los medios de producción y sustentado en la firme alianza obrero-campesina, guiada por la clase obrera y su vanguardia organizada marxista-leninista, el Partido Comunista de Cuba, fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”
Una vez aprobado en el Congreso del Partido el proyecto fue sometido a referendo junto a la Ley de Tránsito Constitucional, mediante el voto libre, directo y secreto de nuestro pueblo.
Los datos son harto reveladores del nivel de aprobación. De un total de 5 millones 717 mil 266 electores, concurrieron a las urnas 5 millones 602 973 (un 98% del total). De esa cifra votaron a favor del proyecto 5 millones 473 mil 534 para un 97,7 %, mientras sólo 54 mil 70 (el 1%) votaron negativamente; otros 44 mil 221 votaron en blanco (0,8%) y hubo 31 mil 148 boletas anuladas (0,5%).
Por primera vez en nuestra historia se ejercía el poder constituyente de esta manera directa. Además de la consulta popular la ratificación en referendo de un texto constitucional. No había antecedentes en América latina, ni tampoco fue la práctica seguida en los países socialistas. Obedeció a las ideas y a la práctica política de nuestra dirección revolucionaria que concebía la amplia participación del pueblo en la toma de las decisiones fundamentales.
Un día como hoy, hace 40 años fue proclamada en acto solemne en el teatro Carlos Marx. En la ocasión correspondió al compañero Raúl Castro Ruz, entonces segundo secretario del Comité Central del Partido, las palabras centrales. Entre otras cuestiones señaló: “Jamás en la historia de nuestra Patria y de nuestro continente ha sido aprobada una Constitución de contenido tan revolucionario y progresista; que responda en tal alto grado a los intereses de la Patria y del pueblo; que consagre y garantice con tal amplitud, y en tal correspondencia con la realidad económico-social de la que deriva y a la que norma jurídicamente, los principios de igualdad y justicia social y los derechos del individuo en concordancia con los intereses de toda la sociedad”.
Señalaba además a la Constitución como “el documento más importante que rige el proceso de institucionalización de la Revolución”. Con ella concluía el período de provisionalidad.
La Constitución de 1976 afianza la independencia y soberanía nacional, aspiraciones legítimas de nuestros libertadores, que había sido lograda en 1959, diseña un sistema económico sustentado en la propiedad cuasi absoluta del Estado sobre los medios de producción; define el papel del Partido como ente superior de la sociedad y del Estado; consagra derechos y libertades que no nacen con ella sino que refleja los que en el devenir revolucionario había conquistado para el pueblo, establece garantías materiales que permiten el ejercicio de los derechos y establece como principio del funcionamiento del Estado y sus instituciones la democracia socialista.
Anunció, como forma de gobierno, un modelo semi- parlamentario, siguiendo patrones del constitucionalismo socialista de entonces, aunque diseñó un sistema de órganos del Poder Popular estructurado desde la base hasta los niveles superiores asentado en la participación popular, que supone la elección, rendición de cuentas de los elegidos y posibilidad de revocación del mandato de éstos por la ciudadanía, que lo aleja del sistema representativo burgués. No es el mandato imperativo clásico pero supone en su idea primigenia un vínculo constante entre electores y elegidos.
Algunos autores cubanos y otros desde el exterior en los últimos tiempos al analizar el texto constitucional critican lo que llaman el mimetismo dogmático, la copia mecánica o el traslado de formulaciones propias de la práctica socialista de entonces, en particular de la Unión Soviética, y remarcan con fuerza la entrada de Cuba en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) casi como un maleficio que conllevó a adoptar esas posiciones y a alejarnos de nuestros principios y tradiciones.
Desde mi perspectiva considero que, como había sido establecido en las Bases del anteproyecto, era obligatorio estudiar el referente socialista europeo como antecedente lógico de la construcción del socialismo, y asumir experiencias que no poseíamos, ni incluso nuestros juristas, como reconociera el propio Blas Roca. Faltaba conocimiento de la aplicación práctica de la Teoría Marxista-Leninista del Estado y el Derecho, del propio constitucionalismo socialista y por ende era poco el juicio crítico que teníamos estos temas, en particular, hasta dónde estaban permeados de prácticas ajenas a las nuestras, y cuáles eran esencia y razón de ser del socialismo. ¿Cuál era el otro camino si nos hallábamos prácticamente solos en el entorno latinoamericano, con la hostilidad de los Estados Unidos y únicamente la mano solidaria de la URSS y los países del este europeo y habíamos emprendido el rumbo socialista?
Siempre pueden existir alternativas y nada justifica cualquier error pero es justo sostener que aún así se sometieron a análisis las experiencias ajenas, nuestras prácticas propias y lo foráneo que pudiera ser útil, conveniente y adaptable a nuestras condiciones concretas. Fue una preocupación constante mantener la originalidad propia de nuestro proceso revolucionario y nuestras tradiciones. Lo que no nos parece posible aceptar es que hubiéramos asumido una determinada postura por imposición o derivada de obligaciones nacidas de nuestra integración socialista. La Revolución siempre mantuvo una posición vertical en estos asuntos.
Otra situación es la que acontece cuando a mediados de la década del 80 del siglo pasado, al analizar situaciones internas que iban más allá de las Constituciones, sino vinculadas a errores en la práctica política y la dirección de la economía, así como evaluando los problemas que salían a la luz en los países socialistas que finalmente llevaron a su destrucción, Fidel dio paso a un proceso que llamó de rectificación de errores y tendencias negativas.
Desde una visión más cercana en el tiempo Fidel, en su histórico discurso del 17 de noviembre de 2005, en esta misma Aula Magna reconoce: “Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo”.
Ese proceso de caída del campo socialista, la entrada en lo que sería el Período Especial y los análisis del proceso de rectificación de errores constituyeron la antesala del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, cuyos acuerdos generarían una importante reforma constitucional. En ese sentido el Congreso definió:
“Atendiendo a las recomendaciones de esta Resolución para el perfeccionamiento de los órganos del Poder Popular, se sugiere a la Asamblea Nacional del Poder Popular, continuar valorando las posibles modificaciones de la Constitución de la República encaminadas a materializar estos objetivos e igualmente, teniendo en cuenta los 15 años de vigencia, el Congreso recomienda que en los estudios que se están realizando se incluyan otros aspectos del texto constitucional, no relacionados con ese propósito, pero que puedan estar requeridos de actualización o de precisiones.
“Entre estos aspectos podría considerarse lo concerniente a los principios de nuestro sistema político y las formas de fortalecer o establecer una adecuada protección constitucional para dicho sistema.
En este propósito es conveniente tomar como guía y fuente de inspiración la rica historia y tradición institucional y constitucionalista cubana, que tiene sus orígenes en las primeras luchas libertarias de nuestros mambises.”
Luego de los trabajos correspondientes de un Grupo coordinado por la Asamblea Nacional del Poder Popular y los análisis en el Comité Central del Partido, fue sometido a examen el proyecto en sesión extraordinaria del Parlamento los días del 10 al 12 de julio de 1992.
Las primeras modificaciones estuvieron dirigidas a dar respuesta a las resoluciones del IV Congreso del Partido, en particular los relativos al sistema económico, el perfeccionamiento del Poder Popular y el fortalecimiento de la libertad religiosa.
En ese orden se elimina el monopolio del Estado sobre los medios de producción, señalando que ello entrañaba solo los “medios fundamentales”; y la posibilidad de revertir esa propiedad teniendo en cuenta los fines del desarrollo del país; y se reconoce como nueva forma de propiedad las de las empresas mixtas, sociedades y asociaciones económicas.
Introdujo cambios sustanciales en el ejercicio democrático del poder de nuestro pueblo, al establecer la elección directa de los diputados y delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular, hasta ese entonces electos por las Asambleas Municipales; institucionalizó los Consejos Populares, como vía para fortalecer el papel de los delegados del Poder Popular y su interacción con el pueblo; la eliminación de los Comités Ejecutivos y con ello elevar el papel de las asambleas locales, hacia una mayor delimitación de la labor de control hacia la administración.
El Estado cubano adquirió un carácter no confesional, se amplió la libertad religiosa y fue prohibido expresamente la discriminación por motivos religiosos.
Fueron introducidos cambios relativos a la Defensa Nacional, al incorporar el papel de los consejos de defensa e incorporó la situación excepcional del Estado de Emergencia, como mecanismo de defensa del orden constitucional ante catástrofes, desastres y otras circunstancias que afecten el orden interior, la seguridad del país o la estabilidad del Estado.
Asignó como obligación de los cubanos defender por todos los medios, incluido la lucha armada, cuando no fuere posible otra acción, al sistema político socialista establecido en la Constitución.
La última de las reformas correspondió al año 2002, en respuesta a los planteamientos injerencistas del entonces Presidente de los Estados Unidos George W. Bush, a instancia de las direcciones de las organizaciones de masas, la Asamblea Nacional del Poder Popular y luego de un proceso cuasi plebiscitario, avalado por la firma de más de 8 millones de cubanos, el 26 de junio de ese año se estableció como una cláusula de intangibilidad, la irrevocabilidad del socialismo y la voluntad de no volver jamás al capitalismos. En el artículo 11 se adicionó un párrafo en el que prohíbe negociar las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con cualquier Estado bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera, así como estableció cambios en el mecanismo de reforma.
Esta modificación vino a redoblar y blindar el carácter socialista de nuestro sistema y a imposibilitar, por vía constitucional, su destrucción y retorno al capitalismo, sin impedir el perfeccionamiento del socialismo que construimos.
Estimados colegas:
Hasta aquí esta breve caracterización de la Constitución cubana de 1976, con sus dos reformas principales.
Han sido 40 años de vida constitucional con más luces que sombras. De virtudes e imperfecciones como toda obra humana y sobre todo esta, constituida en un proceso revolucionario como el nuestro.
Una constitución que vino a encauzar jurídicamente los sueños libertarios de más de un siglo de lucha por la independencia, que afianzó el socialismo como sistema que ha conducido a un pueblo al logro de sus objetivos como nación y a sortear los desafíos que en estos años hemos enfrentado.
Pero las constituciones no son estatuas pétreas, inamovibles y de eterna reverencia. Una construcción es hija de su tiempo, parafraseando a Ortega y Gasset, es ella y sus circunstancias.
De tal modo que llegado el momento histórico en que realidad social y texto constitucional estén divorciados, corresponde encarar un proceso de reforma. Por la naturaleza de la Ley de Leyes, su origen, contenidos, y ámbito sobre el que actúa es imprescindible que sus normas no queden como simples palabras desvinculadas de la sociedad en la que han de regir.
Comparto la opinión del profesor Carlos de Cabo cuando señala: “Hay que recordar no obstante aquella peculiaridad, (…) del Derecho Constitucional como Derecho de lo político, de su consistencia en la específica forma de vinculación de lo jurídico y lo político que se hace de manera particularmente intensa en la Reforma Constitucional, en la que lo político se manifiesta en la naturaleza del Poder que lo impulsa, en los órganos que intervienen en el procedimiento así como en la decisión sobre la oportunidad y los contenidos y lo jurídico en su carácter de Fuente de Derecho y garantía constitucional. Y en ambos aspectos se manifiesta el máximo nivel político por el quién interviene y sobre el qué se interviene y el máximo nivel jurídico por la función que desempeña en el ordenamiento jurídico en general y en el constitucional de mantenimiento y efectividad del principio de constitucionalidad o legalidad constitucional”.
Como es conocido, el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, compañero Raúl Castro Ruz, ha expresado públicamente la necesidad de reformar en su momento la actual Constitución de la República.
Los nuevos derroteros trazados a raíz de aplicación de los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados en el VI Congreso del Partido y los objetivos emanados de su I Conferencia Nacional, así como las decisiones que se adopten en el venidero congreso partidista serán fuente de análisis para encarar esa futura reforma constitucional.
A ello se unen las experiencias derivadas de la implantación del nuevo modelo organizativo y funcional aplicado en las provincias de Artemisa y Mayabeque, en cuanto al funcionamiento de los órganos locales del Poder Popular.
No deben dejarse de analizarse los años de práctica en nuestro país al amparo de nuestra vigente Carta Magna, el desarrollo del pensamiento constitucional, en particular del nuevo constitucionalismo latinoamericano.
La reforma no se lleva a cabo por cambios de generación, ni por criterios doctrinales o académicos, sino cuando los umbrales y límites constitucionales son rebasados y no puedan ser resueltos por vía de la interpretación. No es un proceso al que hay que recurrir frecuentemente, pues la norma constitucional está requerida de una alta dosis de permanencia y estabilidad.
En un futuro habrá que pensar cómo fortalecemos los mecanismos jurídicos e institucionales que aseguren el cumplimiento de la Ley Fundamental y su supremacía; cómo convertirla en una herramienta permanente en el quehacer cotidiano de los órganos estatales y el pueblo en general; como perfeccionar la participación popular en la gestión estatal; cómo alcanzar una mayor autonomía nuestros órganos locales del Poder, en particular en los municipios y una más eficaz interrelación con la ciudadanía en esa instancia.
Esos son algunos de los retos que nos están planteados, para hacer nuestro socialismo más participativo, inclusivo y democrático, en el que ocupe un lugar cimero, como instrumento de su defensa permanente, su Constitución.
Muchas Gracias.

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