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jueves, 24 de septiembre de 2026

La humillación como espejo: Venezuela hoy, Cuba mañana.


Artículo de opinión

Lo que ocurrió hoy en la ONU debería encender todas las alarmas en Cuba. No por lo que se dijo de Venezuela, sino por lo que se reveló de quienes dicen querer “cambio” para nuestro país. En la misma jornada, Trump humilló desde la tribuna a la presidenta encargada de Venezuela. Y lejos de responder con dignidad, la escena que siguió fue la del vasallo que acude a rendir pleitesía al amo: a su llegada a Nueva York, no fue a visitar a Nicolás Maduro, sino que le rindió cortesía al que momentos antes la había vejado.

Eso no es diplomacia. Es sumisión. Es la fotografía exacta de lo que espera a Cuba si algún día quienes piden “cambio” desde el extranjero logran imponer su guion.
El verdadero rostro de los que piden “cambio”.

Durante años, ciertos sectores de la derecha cubanoamericana han construido un relato cómodo: desde Miami, desde Madrid o desde Nueva York, insultan al cubano que vive en la isla. Lo llaman “carnero”, “cobarde”, “esclavo”, “come mierda”. Lo humillan en redes, en programas de radio, en tertulias pagadas. Pero cuando necesitan carne de cañón, cuando necesitan imágenes de represión para justificar sanciones, bloqueos o una intervención, entonces sí le piden al mismo pueblo que humillan que salga a la calle, que se enfrente a la policía, que se deje golpear, que arriesgue la vida.

¿Para qué? Para que ellos ganen. Para que ellos cobren. Para que ellos aparezcan en la foto. Para que ellos negocien con Washington el futuro de una isla que no habitan y que desprecian en privado.

El ejemplo de Venezuela es aleccionador. Allí, una oposición que se dice democrática aplaudió la humillación de su propia representante. Un sector que se llena la boca hablando de libertad aceptó que un presidente extranjero decidiera por ellos, los humillara y luego ellos le besaran la mano. ¿Y el pueblo? El pueblo venezolano, usado como excusa, sigue sufriendo. Unos se fueron. Otros resisten. Y los que prometieron salvarlos ahora posan con quienes los hundieron.

Lo que le espera a Cuba si se arrodilla.

Si Cuba sede ante Estados Unidos, no habrá “cambio”. Habrá recolonización. Habrá bases militares. Habrá privatización de todo, incluida la salud y la educación. Volverán los casinos, la mafia, la prostitución como industria, la desigualdad brutal. Los recursos naturales pasarán a manos extranjeras. Y los cubanos de a pie, esos a los que hoy llaman “carneros”, serán la mano de obra barata, la carne de cañón o el estorbo que hay que quitar del medio.

No es especulación. Es lo que pasó en Venezuela. Es lo que pasó en otros países que se entregaron. Primero llega la ayuda humanitaria. Después las ONG. Después las sanciones selectivas. Después el ultimátum. Después la intervención. Y al final, la humillación. La misma que hoy vimos en la ONU.

Quienes desde el extranjero piden que el cubano se lance a la calle no van a venir a reconstruir nada. No van a poner el pecho. No van a repartir comida. Van a venir a cobrar. A exigir propiedades. A ajustar cuentas. A decir quién es “buen cubano” y quién es “carnero”. Porque el que no se arrodille ante ellos también será traidor.

No todos los cubanos de afuera son iguales.

Es justo decirlo: no todos los cubanos radicados en Estados Unidos humillan a los que viven en la isla. Muchos envían remesas, ayudan a sus familias, respetan a su pueblo, no comparten el odio. Pero quienes viven de la confrontación política, quienes han hecho del insulto un negocio, quienes aplauden la humillación de Venezuela, esos han mostrado su verdadero rostro.

A ellos no les interesa Cuba. Les interesa el poder. Les interesa el dinero. Les interesa la foto. Y si para lograrlo tienen que sacrificar a un pueblo entero, lo harán sin temblarles la mano.

La lección

Lo de hoy en la ONU no es un hecho aislado. Es un espejo. Venezuela es el ensayo. Cuba es el siguiente en la lista. Si cedemos, seremos humillados. Si nos arrodillamos, seremos despreciados. Si aceptamos tutela, perderemos la poca soberanía que nos queda.

Cuba puede dialogar, puede negociar, puede abrirse al mundo. Pero nunca debe entregar su dignidad. Nunca debe aceptar que un presidente extranjero decida su destino. Nunca debe permitir que los que llaman “carneros” a los cubanos de la isla vengan después a repartirse el país.

La respuesta no es el odio. La respuesta es la unidad. La respuesta es no dejarse usar. La respuesta es aprender de Venezuela: cuando el que pide “cambio” se arrodilla ante el que humilla, el pueblo es el único que pierde.

Hoy Venezuela. Mañana, si no despertamos, Cuba.

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