Por Gustavo de la Torre Morales
Este inicio de 2026 deja atónito al mundo entero, porque la aberrante arrogancia del presidente de EEUU, en actitud petulante, llena de bravuconería de sofá, y con una prepotencia que se aboga para dejar en menos que la nada al Congreso de los propios EEUU, ordenó llevar a cabo el asalto a un país soberano, asesinar a personas y secuestrar a su presidente, elegido constitucionalmente por medio de un diáfano proceso electoral.
Esta agresión, por decisión unilateral y violando leyes estadounidenses y resoluciones internacionales, deja una profunda herida, imborrable, desgarradora, en el corazón y en la memoria de América Latina y, en especial, en los pueblos de la República Bolivariana de Venezuela y la República de Cuba.
