El mundo asiste hoy, con alarma e indignación
crecientes, a la amenaza bélica contra Venezuela,
o lo que es lo mismo, contra Nuestra América. En el caso de Cuba, todo pasa por
la razón, el pensamiento, y el sentimiento, y esos hilos afectivos no son de
última hora, sino de larga data.
De la mano de Martí, y leyendo “Tres héroes”, en La Edad de Oro, aprendimos a amar a Bolívar como a un padre. Ello fija un ritual para cada cubano que llega a Caracas: hay que visitar la estatua del prócer y reeditar el fervor martiano, con la convicción de que ambos, el venezolano y el antillano, tienen mucho que hacer en América todavía.
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