Tira Cuba

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martes, 30 de mayo de 2017

Formando a la próxima generación de asesinos

Tomado de Misión Verdad.
Por Salvador Maurera S.

"Asesinar es bueno, es emocionante; linchar a un chavista te convierte en héroe y en paladín de la libertad". Ese es el mensaje de fondo que el fascismo le está incrustando a la actual generación de niños y adolescentes con su propaganda y su acción. Que un asesino goce de impunidad es ya suficientemente grave; que además sea premiado y aplaudido por asesinar y linchar, ya es un crimen de lesa humanidad.
No hace falta ninguna lectura especializada y ningún postgrado en sicología social para ir dándose cuenta del daño estructural, de la psique o la mentalidad, que la dirigencia proempresarial les está infligiendo a sus muchachos. Hace rato se está perdiendo en todo el mundo, a causa de la metástasis de cierta parcela gigantesca de Internet, la batalla social en contra de la libre difusión de materiales audiovisuales perversos (asesinatos, accidentes espantosos, pornografía ilegal) con la que los muy jóvenes no logran lidiar sin sufrir algún daño o efecto interior. En el caso venezolano se pretende dar varios pasos más hacia el abismo: el fascismo quiere captar masivamente a los muchachos, no para que presencien videos perversos sino para que sea su protagonista. Para que acose, destruya y asesine en cayapa. Asómese a los videos y fotografías donde alguien es incinerado, golpeado o despedazado, y deténgase a leer los comentarios excitados y triunfales de los usuarios: el sufrimiento y la muerte de los otros (de nosotros) es una droga dura, potente, alucinante.
Ese disfrute malvado de ver al sujeto odiado padeciendo torturas ya no es patrimonio de la deep web, ya no hay gore clandestino. El "Hágalo usted mismo" ha llegado al territorio del crimen: si el muchacho se lo propone puede cometer crímenes espantosos a la usanza del narco mexicano, el paraco colombiano y el ISIS. Y no sólo "puede", sino que le está siendo premiado con dinero y con una nauseabunda propaganda: disfruta de tu crimen, que no irás a la cárcel y además te graduarás con el título de "luchador por la libertad".
¿Y qué tal la posibilidad de ganarte una plata eliminando comunistas? De Colombia nos llegan las referencias de dos instituciones que han perfeccionado esta misión cumbre de las hegemonías mundiales: Blackwater y la Escuela Superior de Guerra. La primera, un ejército privado, proveedor y formador de mercenarios; la segunda, un instituto universitario de las Fuerzas Armadas colombianas. Lo que esos entes han llevado a altísimos niveles de organización y reconocimiento transnacional se está ensayando en Venezuela en el nivel más empírico y callejero. La actual guarimba venezolana es a la Escuela Superior de Guerra lo que un curso de primeros auxilios es a la facultad de Medicina de cualquier universidad; los fabricantes de puputov son caricaturas grotescas de los científicos que diseñan armas químicas.
La perspectiva actual e inmediata es de por sí bastante preocupante: el montón de jóvenes que debería estar pensando en una formación ciudadana y en el oficio que pudieran desempeñar para ganarse la vida con un mínimo de decencia y aportarle algo a la sociedad, está siendo captado para que salga a destruir y matar. Pero la perspectiva futura es todavía más lamentable: cuando usted acostumbra a un adolescente a matar; cuando lo enfrenta a la fortísima emoción de perpetrar un degollamiento o muerte a golpes de una persona sólo porque "alguien le dijo" que se trata de un infiltrado, después para sacar a ese joven de ese vicio monstruoso y convencerlo de que es más reconfortante el trabajo o el estudio, costará enormes esfuerzos que, evidentemente, ningún partido o institución de derecha asumirá después. Un muchacho al que se le estimula y habitúa a matar a los 14 ó 16 años no encontrará después nada más excitante ni factible que el oficio de matón.
Salvando gigantescas distancias éticas, pero conservando la esencia del fenómeno que vamos a citar, es bueno fijarse en lo que ocurrió en la Venezuela posterior a la Batalla de Carabobo. Miles de aquellos muchachos que combatieron de lado y lado, cumplida ya la misión que les asignaron las hegemonías del momento (los mantuanos criollos y el ejército español) quedaron de pronto sin "trabajo", pues con la retirada de los españoles se suponía que la guerra había concluido. Esos jóvenes que cambiaron la esclavitud de las minas y plantaciones para ser usados como carne de cañón en batallas que engrandecieron y enriquecieron a otros, quedaron desparramados por los poblados y ruinas de aquel embrión de la Venezuela republicana. Los esclavos "libres" no recibieron ni tierras, ni bienes, ni opciones de vida, sino sólo la declaración de libertad y un par de discursos y monumentos a algún compañero de clase inmortalizado (Negro Primero, Rondón).
Como lo único o lo que "mejor" sabe hacer un combatiente pobre y sin formación que, lo que sólo ha hecho en la guerra es asaltar, agredir y matar, en poco tiempo se conformó en todo el país un fenómeno poco estudiado: la proliferación de bandas de asaltantes de caminos, que no obedecían órdenes de nadie y a nadie le rendían cuentas ni pleitesía, y pasaron a la historia con el nombre de "Los Güires". A los güires se les sometió a brutal persecución y exterminio, ya que se convirtieron en azotes de comerciantes y de todo aquel que pareciera acomodado. Ese fue el destino de los antiguos combatientes por la libertad (que en este caso sí lo eran, con todas las de la ley) que no murieron peleando con Bolívar desde Colombia hasta Perú.
El curso introductorio, el propedéutico que han recibido los actuales principiantes y aspirantes a asesinos profesionales, han sido los muchos tutoriales disponibles en la web (no enlazamos ningún portal desde aquí para no contribuir con la "formación" de unos ni con la perturbación de otros). Y el curso práctico con sus profesores o modelos a seguir por son los centenares de mercenarios que ya se activaron en las principales ciudades de Venezuela.
No hemos madurado lo suficientemente esta reflexión como para concluir si nos parece erróneo o acertado el que, mientras el fascismo entrena a sus muchachos para cometer asesinatos, nosotros estemos dedicándole todos nuestros esfuerzos al proceso constituyente. Ellos formando a su generación de relevo para la guerra y nosotros formando a la nuestra para la discusión y redacción de leyes. Ya maduraremos mejor estas preocupaciones.

lunes, 29 de mayo de 2017

La tercera vía o centrismo político en Cuba

La tercera vía o centrismo político en Cuba
El principal obstáculo que siempre ha enfrentado el centrismo es que jamás ha logrado anclar sus ideas en el pueblo. (Fernando Medina Fernández / Cubahora)
Tomado de CubAhora
Por Elier Ramírez Cañedo

Desde ya hace algún tiempo se ha estado moviendo, esencialmente en medios digitales, la idea de un “centrismo político” en la Cuba de hoy, como parte de una de las estrategias de Estados Unidos por subvertir el modelo socialista cubano, ante los rotundos fracasos y el desprestigio de la llamada “contrarrevolución cubana”. (i) Uno de los cables revelados por Wikileaks en el 2010, mostró como Jonathan Farrar, en ese momento Jefe de la Sección de Intereses de Washington en La Habana informó al Departamento de Estado el 15 de abril de 2009, como esa “oposición” realmente estaba desconectada de la realidad cubana, no tenía ningún poder de influencia en los jóvenes, y estaba más preocupada en el dinero que en llevar sus plataformas a sectores más amplios de la sociedad. (ii)
El centrismo político en su origen es un concepto de raíz geométrica: el punto equidistante de todos los extremos. Supuestamente sería una posición política que se colocaría entre la izquierda y la derecha, entre el socialismo y el capitalismo, una tercera vía que hace “conciliar las mejores ideas” de los extremos que le dan vida y donde se postula la moderación frente a cualquier tipo de radicalismo. Lenin calificó esta postura de “utopismo traicionero producto del reformismo burgués”. Y es que ciertamente las denominadas terceras vías, o centrismos, nunca han sido una opción revolucionaria, sino estrategias para instaurar, salvar, recomponer, modernizar o restaurar el capitalismo.
Cuando se pondera la moderación frente al radicalismo revolucionario cubano –que es ir a la raíz, para nada asociado al extremismo que es otra cosa- (iii) , me es inevitable no encontrar determinadas analogías entre ese  centrismo que hoy se intenta articular en Cuba, con el autonomismo decimonónico.
El autonomismo como corriente política surge desde la primera mitad del siglo XIX, pero se conforma como partido político a partir de 1878, como uno de los frutos que produjo la revolución del 68. (iv)   Fue una corriente que compartió tiempo histórico con el independentismo, el integrismo y el anexionismo. Era la corriente por excelencia de la moderación, de la evolución, enemiga de los radicales independentistas cubanos. Asumían una posición también “equidistante”, entre el integrismo –la defensa del status quo- y la independencia, pero en momentos de definición, cerraban filas junto al integrismo para frenar y atacar la revolución, la cual consideraban el peor de los males. Algunas figuras célebres del autonomismo terminaron compartiendo las ideas anexionistas al producirse la intervención-ocupación  estadounidense en Cuba. Sus principales líderes brillaron por sus dotes intelectuales, eran grandes oradores, pero con un pensamiento de élite, esencialmente burgués, de ahí que jamás pudieron arrastrar detrás de sí a las masas cubanas. El pueblo cubano en ese momento lo menos que necesitaba era ideas de laboratorio, de ahí que cuando se produjo la nueva arrancada independentista de 1895, el partido autonomista quedara totalmente descolocado ante la nueva realidad nacional. El autonomismo defendió un nacionalismo moderado y excluyente de las grandes mayorías, cuyas aspiraciones fundamentales no estaban en romper el vínculo con “la madre patria española”, sino en modernizar su dominación en la Isla, no en el balde la vanguardia patriótica cubana, encabezada por José Martí, combatió tanto sus ideas. El 31 de enero de 1893, en uno de sus extraordinarios discursos, Martí expresó: “…dábase el caso singular de que los que proclamaban el dogma político de la evolución eran meros retrógrados, que mantenían para un pueblo formado en la revolución las soluciones imaginadas antes de ella…”. (v)
Sin embargo, la idea de apoyar en Cuba una tercera fuerza –moderada, de centro o tercera vía- adquirió mayor fuerza en la política exterior de Estados Unidos a finales de los años 50, con el objetivo de evitar que el Movimiento 26 de Julio llegara al poder, algo que se convirtió en una obsesión para la administración Eisenhower en los últimos meses del año 1958. Esta tendencia debía estar en una posición equidistante entre Batista y Fidel Castro y se estimuló su desarrollo  tanto en el plano militar como el político. La estación local de la CIA en La Habana fue la primera en manejar esta idea y luego sería su principal ejecutora. Así lo confirma el oficial David Atlee Philips en su libro autobiográfico The Night Watch, cuando señala que James Noel -a la sazón jefe de la estación local de la CIA en la capital habanera- le había informado en una de sus pocas frecuentes reuniones, sobre su recomendación al gobierno de los Estados Unidos de patrocinar discretamente la acción de una tercera fuerza política en Cuba, “un grupo entre Castro a la izquierda y Batista a la derecha (…)”. (vi)
En febrero de 1958 se había incorporado al II Frente Nacional del Escambray que dirigía Eloy Gutiérrez Menoyo, el agente de los servicios secretos estadounidenses, William Morgan, que tenía la misión de convertirse en el segundo jefe de aquella guerrilla, algo que logró en poco tiempo al igual que sus grados de Comandante. Morgan no sería el único agente que infiltró Estados Unidos en esa zona con la intención de estimular una tercera fuerza guerrillera que pudiera enfrentarse e imponerse en determinado momento a las fuerzas de la Sierra Maestra lideradas por Fidel Castro. (vii)   Estados Unidos también se involucró en otros complots donde se manejaron diversos nombres de figuras que podían integrar una opción política que arrebatara de las manos a Fidel Castro el triunfo revolucionario, entre ellas: el coronel Ramón Barquín, Justo Carrillo, jefe de la Agrupación Montecristi, y Manuel Antonio, Tony, de Varona. Todavía el 23 de diciembre de 1958, en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, Eisenhower expresaba su esperanza en el crecimiento, fortaleza e influencia de una “tercera fuerza”. (viii)
La creación de una “tercera fuerza” no solo era promovida por los Estados Unidos, sino también por algunos políticos que la propugnaban a lo interno. “La Tercera Fuerza –señala Jorge Ibarra Guitart- fue un movimiento de instituciones cívicas privadas que representando el sentir de sectores importantes de la burguesía y la pequeña burguesía promovió gestiones de paz y conciliación con el régimen. El impulsor, bajo cuerdas, de todas las gestiones fue José Miró Cardona, quien desde la Sociedad de Amigos de la República ya había planeado la táctica de movilizar a las instituciones burguesas para forzar al régimen a llegar a un acuerdo. Este era el momento de poner en práctica dicha táctica, pues había circunstancias que la favorecían: la burguesía, al notar que cada día más organizaciones revolucionarias ganaban terreno, estaba alarmada por el peligro que representaba para sus intereses políticos y económicos el desarrollo de una guerra civil con una participación popular activa”. (ix)
Al resultar imposible para los Estados Unidos lograr evitar el triunfo de la Revolución Cubana y la llegada al poder de las fuerzas del 26 de julio, en los primeros meses del año 59 el objetivo fundamental de Washington consistió en respaldar y aupar a las figuras que dentro del gobierno revolucionario se consideraban “moderadas”, de centro, frente a los que calificaban de “extremistas”, para a través del predominio de esta línea evitar que la Revolución profundizara su alcance social. (x)
Cuando Fernando Martínez Heredia, señala que en Cuba existe hoy un nacionalismo de derecha con pretensiones de centro que tiene “una acumulación cultural a la cual referirse” (xi) ,  está haciendo mención a la larga historia de ese nacionalismo que tiene en el plano de las actitudes políticas antecedentes en el autonomismo; que durante los años de la República Neocolonial Burguesa admitió y defendió la dominación, y que en muchas ocasiones fue utilizado por el propio gobierno de los Estados Unidos, con el propósito de frenar, evitar o lograr situaciones posrevolucionarias que mantuvieran a salvo las estructuras de dominación capitalista en Cuba, bajo mejores consensos.
Hoy vemos como ese nacionalismo de derecha que se estimula por quienes nos adversan, bajo el ropaje engañoso de centrismo, no tiene otro objetivo que el intento desesperado de restaurar el capitalismo en Cuba. Una vez más, será un ensayo frustrado, pues el principal obstáculo que siempre ha enfrentado esta corriente, es que jamás ha logrado anclar sus ideas en el pueblo. Ese pueblo que en su mayoría ha abrazado a lo largo de la historia la tradición independentista, patriótica, nacional-revolucionaria y antiimperialista; jamás la del autonomismo, el anexionismo o el nacionalismo de derecha.

NOTAS

(i)  Véase el texto de Esteban Morales: La contrarrevolución cubana nunca ha existido, en: Esteban Morales y Elier Ramírez, Aproximaciones al conflicto Cuba-Estados Unidos, Editora Política, La Habana, 2015, pp.363-367. Morales se cuestiona en ese trabajo que pueda considerarse cubana dicha contrarrevolución, en tanto se suicidó prácticamente al nacer al asumir una agenda impuesta por el gobierno de los Estados Unidos.
(iii)   En discurso pronunciado  el 3 de septiembre de 1979, en la sesión inaugural de la Cumbre de los NOAL celebrada en La Habana, Fidel expresó: “¿Qué se le puede impugnar a Cuba? ¿Qué es un país socialista? Sí, somos un país socialista (APLAUSOS), pero a nadie ni dentro ni fuera del Movimiento pretendemos imponer nuestra ideología y nuestro sistema. ¡Y no tenemos nada de qué avergonzarnos por ser socialistas! ¿Que hicimos una revolución radical en Cuba? Sí, somos revolucionarios radicales, pero no pretendemos imponer a nadie, y mucho menos al Movimiento de los No Alineados, nuestro radicalismo”. Véase en: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1979/esp/f030979e.html
(iv)  Véase Elier Ramírez Cañedo y Carlos Joane Rosario Grasso, El autonomismo en las horas cruciales de la Nación Cubana, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2008.
(v) José Martí, Discurso en Hardman Hall, New York, 10 de octubre de 1889, en: Discursos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p.195.
(vi) Citado por Andrés Zaldívar Diéguez y Pedro Etcheverry Vázquez, en: Una fascinante historia. La conspiración Trujillista, Editorial Capitán San Luis, La Habana, 2009, p.50
(vii) Ibídem, pp.41-42.
(viii) Francisca López Civeira, El Gobierno de Eisenhower ante la Revolución Cubana: Un nuevo escenario, en: http://www.radiolaprimerisima.com/articulos/2527
(ix) Citado por Andrés Zaldívar Diéguez y Pedro Etcheverry Vázquez en: Ob.Cit, p.51.
(x)  Mucha información al respecto puede encontrarse en la obra de Luis M.Buch y Reinaldo Suárez, Gobierno Revolucionario Cubano. Primeros Pasos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004.

domingo, 28 de mayo de 2017

Doble discurso: cobertura a quienes mueren en Europa, mientras silencian la muerte de niños en otras partes del mundo


La mayoría de los afectados sufrieron ataques de bombas y tiroteos.
La mayoría de los afectados sufrieron ataques de bombas y tiroteos. | Foto: Archivo de TeleSur
Tomado de Democracy Now.
Por Amy Goodman y Denis Moynihan.

En su primera gira oficial como presidente, Donald Trump, el pretendido líder del mundo libre, visitó a una monarquía absoluta, el Reino de Arabia Saudita, un Estado petrolero conocido por la ausencia de instituciones democráticas y las flagrantes violaciones de los derechos humanos. El principal acontecimiento en materia de política exterior que Trump anunció el fin de semana en Riad fue un amplio acuerdo para la venta de armas a Arabia Saudita por 110.000 millones de dólares. Muchas personas morirán como consecuencia de este flujo de armamento. Sin embargo, el acuerdo aún no es una realidad. La afinidad de Trump con autócratas, hombres poderosos y matones afronta resistencia. Mientras el mundo procesa el horror del ataque suicida ocurrido esta semana en Manchester, Inglaterra, en el que la mayoría de las víctimas eran adolescentes que asistieron a un concierto, deberíamos prepararnos para una ola similar de muertes inocentes, esta vez en Yemen, el blanco de los incesantes bombardeos lanzados por Arabia Saudita, con el apoyo de Estados Unidos.

Partamos de la premisa de que matar niños está mal, y punto. Tanto en Manchester como en Saná, Yemen. Está mal matar niños como parte de un acto de guerra, ya sea que la matanza sea perpetrada por un soldado estadounidense, un avión Predator de Estados Unidos controlado en forma remota, un piloto saudí de un F-35 proporcionado por Estados Unidos, o, para utilizar el término actual, por un terrorista.

Cuando un atacante suicida hizo estallar una bomba en el concierto de Ariana Grande en Manchester esta semana, las víctimas mortales fueron casi en su totalidad sus fans: chicas jóvenes, pre-adolescentes, y sus padres. Los medios de noticias etiquetaron el ataque acertadamente de “salvaje”. Pero recordemos un acontecimiento ocurrido durante la primera semana de gobierno de Trump. En aquel entonces, con característica soberbia, Trump y sus funcionarios calificaron de “exitoso” a un ataque contra Yemen, a pesar de que murió un miembro de la Armada y se perdió un helicóptero. Sin embargo, inicialmente no se informó de la muerte de 30 civiles en el ataque, muchos de ellos mujeres y niños, entre los que se encontraba la niña de 8 años de edad Nawar Anwar al-Awlaki. Su nombre es conocido porque era la hija de Anwar al-Awlaki, un clérigo musulmán que fue asesinado en 2011 en un ataque con un avión no tripulado de Estados Unidos. El hermano mayor de Nawar, Abdulrahman al-Awlaki, un joven de 16 años de edad nacido en Denver, murió en otro ataque de un avión no tripulado dos semanas después de que su padre fuera asesinado. Abdulrahman no sabía que habían asesinado a su padre y estaba intentando ubicarlo cuando las fuerzas estadounidenses mataron a Abdulrahman.

El ataque fallido de enero tuvo lugar tras el desastroso ataque de Arabia Saudita contra un funeral en Saná el 8 de octubre de 2016, en el que más de 140 personas murieron, en su mayoría civiles. Tras el ataque, el Presidente Barack Obama, que había autorizado una venta de armas a Arabia Saudita por 115.000 millones de dólares, retiró las municiones de precisión de la venta, dado que muy probablemente serían utilizadas contra civiles. Donald Trump levantó la restricción a esas armas. El Rey de Arabia Saudita, un dictador, ahora posee armamento de última generación para lanzar contra la población de Yemen.

En respuesta al ataque en Manchester, Tariq Ali, comentarista político, escritor, editor de la New Left Review y un activista pacifista británico de gran trayectoria, declaró en el noticiero “Democracy Now!”: “Estos ataques terroristas no solo ocurren en Europa. Ocurren cada día en Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, Yemen y Bahrein. Todos deploramos la pérdida de vidas inocentes. Es así. Todos lo hacemos. Pero no podemos tener un doble discurso según el cual sostenemos que si alguien muere en Europa, su vida es más valiosa que las vidas de las personas que mueren en gran parte del mundo musulmán. Y a menos que Occidente comprenda que este doble discurso provoca y enoja cada día a más personas, esto seguirá sucediendo”.

Así como han cubierto las historias de las víctimas del ataque de Manchester, los medios de comunicación deberían cubrir las conmovedoras biografías y la historia de vida de cada joven fallecido en Yemen, Siria, Irak y Afganistán. Tenemos que conocer los nombres, tenemos que escuchar las historias de estas personas que también perdieron sus vidas.
Cadáveres de niños que murieron en un ataque saudí contra Yemen
Foto tomada de HispaniaTV
El acuerdo armamentista de Trump con Arabia Saudita es un error. Exacerbará la situación en una región que ya ha sido devastada por la guerra y afectará a Yemen de manera muy severa. Debido a la terrible destrucción del país, Yemen sufre una epidemia de cólera, hambruna y un colapso casi absoluto de su infraestructura de saneamiento, agua y de asistencia médica y hospitalaria. Se trata de una crisis humanitaria de gran magnitud.


Después de haber vendido este nuevo arsenal al rey de Arabia Saudita, el Presidente Trump se dirigió a Israel y luego se reunió con el Papa. Tras la reunión, Trump tuiteó: “Me voy del Vaticano con mayor determinación que nunca de lograr la PAZ mundial”. Algunos quizá tengan la esperanza de que Trump realmente haga lo que tuitea. Mientras tanto, millones de personas en todo el mundo se están organizando para poner fin a las guerras y detener las ventas de armas que las promueven.

Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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Delirios imperiales: ¿una intervención militar directa es posible en Venezuela?

Tomado de Contexto. Ocean Sur
Por Pavel Alemán Benítez.

En el umbral de su paso a la eternidad, Hugo Rafael Chávez Frías designó como su legítimo sucesor a Nicolás Maduro Moros. Tras su elección como presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, por un ajustado margen a su favor,  la oposición nunca le ha otorgado ni un momento de paz. La discreción necesaria no es óbice para mencionar lo que la franqueza obliga: el liderazgo de Chávez, cuyo carisma arrebató la iniciativa política a una partidocracia corrupta y abyecta, es insustituible. Tempranamente surgieron reservas sobre la posibilidad de que en ese contexto, cualquier persona electa para el cargo de primer ciudadano pudiera terminar su mandato.  Para ser honesto, algunos vaticinaron a Nicolás Maduro unos meses o quizás un año en la presidencia. Y sin embargo, más allá de los cálculos fallidos y de las sorpresas, el gobierno de Maduro sigue allí, resistiendo el efecto dominó favorable a la derecha regional.
En Venezuela han probado casi todo para hacerle tambalear y caerse a un gobierno. Desabastecimiento artificial del comercio, sustracción del dinero circulante y violencia callejera generada por la oposición, disfrazada de desobediencia civil. Múltiples formas que ya habían sido descritas en los trabajos de Gene Sharp, y en la obra del Instituto Albert Einstein, como oposición «no violenta».  Como el poder del Estado y su capacidad de legitimación emana de la sociedad, la propuesta de Sharp es la de tensar y erosionar la relación entre el Estado y la Sociedad. En síntesis, generar un malestar social, prolongarlo por tiempo indeterminado, construir una realidad de caos que sea presentada por los medios como «la verdad», y acorralar políticamente al gobierno. Pero lo anterior no excluye las acciones violentas, que configuran un escenario de Guerra de Cuarta Generación, descrito en un artículo de la Gaceta del Cuerpo de Marines en 1989. El objetivo esencial es: «(…) colapsar al enemigo internamente en lugar de destruirlo físicamente. Las metas incluirán cosas tales como el apoyo de la población a la guerra y la cultura del enemigo. La identificación correcta de los centros estratégicos de gravedad del enemigo será muy importante».
Ese colapso a medias, tuvo un detonante fuerte en la incertidumbre económica provocada por el desplome de los precios del petróleo, principal fuente de la renta nacional. El estrés social por el desabastecimiento artificial de productos básicos, la inflación y el aumento de la inseguridad ciudadana, determinaron un elevado costo político. La oposición tomó el control del ámbito legislativo, uno de los centros de gravedad clave en la política. Los resultados de las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2015 fueron una dura derrota no sólo para los bolivarianos. Y ese resultado electoral aún no ha sido suficientemente meditado en sus causas, consecuencias y alcances regional y extrarregional por sus implicaciones geopolíticas.
La mayoría opositora organizada en la llamada Mesa por la Unidad Democrática (MUD), supuso que contaba con los recursos necesarios para intentar desmontar desde la Asamblea Nacional, lo que en más de 15 años había hecho en materia de políticas sociales el chavismo. Y su anterior oposición a la Constitución de 1999 pasa desapercibida. ¡Ahora aparecen como ‘defensores’ de la Constitución! Cosa rara esta, que sus principales detractores por década y media ahora se afirmen como sus principales defensores, cuando desconocen al gobierno legítimo, se niegan a dialogar y perturban el orden social. Para nadie es secreto que la ira destructiva de los opositores, representa un enorme desafío para las fuerzas de orden público, compelidas a ejercer el menor uso posible de la fuerza. Aunque el uso de la fuerza para, mantener el orden, se encuentra amparado legalmente, es diariamente estigmatizado desde las grandes multimedias y las redes sociales. Resulta irónico que una Asamblea Nacional en desacato de las sentencias de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, y cuyos actos legislativos carecen de validez hasta el presente, trate de responsabilizar al presidente de la república por la ruptura del orden constitucional y democrático, y luego trate de declararle en «abandono del cargo».
Ante la ausencia de diálogo, al gobierno de Maduro no le ha quedado otra alternativa que invocar a una Asamblea Nacional Constituyente, avizorando esta como la oportunidad de resolver el impasse. Pero ello supondría, acorde al artículo 347 de la carta magna venezolana, una nueva Constitución y no la interpretación inicial que sugería una reforma constitucional. La oposición queda ahora ante un dilema: o acepta participar de un proceso constituyente que brinda legitimidad al gobierno, en tanto se fortalece en el pueblo como depositario del poder constituyente originario; o niega esa posibilidad, se autoexcluye y queda expuesta su falta de vocación por el diálogo.
Con Trump en el poder renace la posibilidad de un escenario de intervención militar contra Venezuela. Y esto va más allá de la Orden Ejecutiva 13692 que el 8 de marzo de 2015 emitió Obama declarando una ‘emergencia nacional’, por considerar que la situación en Venezuela constituía «una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos». Incluso, trasciende la poca atención de Obama a los reclamos de la CELAC sobre el particular, con sus notificaciones de vigencia de dicha Orden Ejecutiva en 2016 y 2017.
El Almirante Kurt W. Tidd, Jefe del Comando del Sur de los Estados Unidos, en su informe al Comité de Servicios Militares del Senado el 6 de abril, dijo textualmente: «La creciente crisis humanitaria en Venezuela podría eventualmente obligar a una respuesta regional». En su evaluación, Venezuela es un factor de inestabilidad regional. Días más tarde, en una conferencia de prensa el 19 de abril, el Secretario de estado Rex W. Tillerson, anunció que trabajan de conjunto con la OEA para responder ante la situación interna en Venezuela. Otro tanto hizo Dan Coats, director de Inteligencia Nacional (DNI), cuando el 11 de mayo en una audiencia sobre Amenazas Globales del Comité de Inteligencia del Senado, expresó en su testimonio que el gobierno venezolano «probablemente aumentará la represión para mantener el poder».
A petición de Nikki Haley, embajadora de Estados Unidos ante la Organización de Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad se reunió a puertas cerradas, para analizar la situación de Venezuela, como una fuente de preocupación para la seguridad internacional. Para Haley, «Venezuela está al borde de una crisis humanitaria». La presencia de la Federación de Rusia y la República Popular China, miembros permanentes con derecho a veto y socios de Venezuela, hizo improbable que el tema pasara a mayores. Sin embargo, no puede descartarse que esta reunión en el Consejo de Seguridad sólo haya sido una cortina de humo, para devolver el tema a la agenda de la OEA.
Quizás la OEA se atrevería a avalar una intervención militar extranjera, probablemente con la participación de Colombia, Perú y Brasil. Es una «coincidencia» que esos serían los países que desarrollarán las maniobras militares América Unida, en noviembre de este año en el territorio amazónico brasileño. El objetivo declarado de estos «ejercicios» es lograr una «capacidad de rápida respuesta multinacional, sobre todo en los campos de logística humanitaria y de apoyo en la lucha contra los delitos transnacionales».
Todo indica que a Venezuela y al gobierno de Nicolás Maduro le intentan fabricar un expediente de «gobierno fallido». En una situación de guerra civil, la última respuesta ante una supuesta «crisis humanitaria» sería invocar la «responsabilidad de proteger». Estemos alertas.

martes, 23 de mayo de 2017

Orígenes y vigencia del pensamiento político de Fidel

Fidel Castro en la Mesa Redonda. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Fidel Castro en la Mesa Redonda. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Tomado de CubaDebate
Por Fernando Martínez Heredia.

Conferencia inaugural en el XXII Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba, del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba. Universidad Obrera de México, San Ildefonso no. 72, Ciudad de México, 18 de marzo de 2017.
Agradezco esta oportunidad a las mexicanas y los mexicanos tan abnegados y generosos que realizan y mantienen estos encuentros.
Comienzo mi intervención por el primer indicador de la vigencia de Fidel. El homenaje que recibió, en los nueve días que siguieron a su partida, fue una consigna de hoy, una invención de jóvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: “yo soy Fidel”. Así se demostró que Fidel es del siglo XXI, y no solo del XX, y también que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible. En esos días del duelo, Fidel libró su primera batalla póstuma y la ganó; al mismo tiempo, volvió a mostrarles a todos el camino verdadero, como vino haciendo desde 1953.
Entiendo que ha sido muy atinado el tema que me han fijado los organizadores, porque en la compleja y difícil situación que estamos viviendo en nuestro continente los orígenes, los rasgos fundamentales y la vigencia del pensamiento político de Fidel pueden constituir una ayuda inapreciable. Hoy podemos avanzar mejor con esa ayuda de Fidel, pero a condición de emular con sus ideas y sus actos, para sacarles provecho en lo decisivo, que serán nuestras actuaciones. No imitando simplemente a Fidel, que nunca imitó a nadie, sino traduciéndolo a nuestras necesidades, situaciones y acciones.
Fidel brinda un gran caudal de enseñanzas, tanto para el individuo como para las luchas políticas y sociales. Puede aportarnos mucho conocer mejor sus creaciones y sus ideas, las razones que lo condujeron a sus victorias, cómo enfrentó Fidel las dificultades y los reveses, su capacidad de identificar lo esencial de cada situación y los problemas principales, plantear bien la estrategia y la táctica, tomar decisiones y actuar con determinación y firmeza. Si lo hacemos, será más grande su legado.
En el transcurso de la vida de Fidel pueden distinguirse tres aspectos: el joven revolucionario; el líder de la Revolución cubana; y el líder latinoamericano, del Tercer Mundo y mundial. El segundo y el tercer aspecto suceden simultáneamente. Vamos a asomarnos a la extraordinaria riqueza del pensamiento político del joven que se rebelaba contra todo el orden de la dominación, y no contra una parte de él, del combatiente revolucionario, del artífice de la victoria de la insurrección cubana y del despliegue y la defensa del nuevo poder revolucionario, y del conductor supremo de la creación de una nueva sociedad latinoamericana liberada, socialista, internacionalista y antimperialista.
Fidel fue hijo de una tradición que es fundamental dentro de la historia del pensamiento revolucionario cubano: la corriente radical, que ha tenido puntos en común y ha establecido una trayectoria singular. Esos radicales se fueron por encima de las respuestas políticas que parecían posibles frente a los conflictos de su tiempo y su circunstancia, y las propuestas que ellos hicieron eran llamados a violentar la reproducción esperable de la vida social. Enumero solamente a hitos dentro de esa pléyade, como son Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras.
Si exceptuamos al pensador original y colosal que fue José Martí, las prácticas revolucionarias fueron lo predominante en la historia de las posiciones y propuestas de los radicales entre 1868 y 1959. Pero, en su conjunto, ellos elaboraron un cuerpo de pensamiento que constituye una acumulación cultural de un valor inapreciable, que siempre es necesario rescatar y asumir conscientemente. Fidel partió también de la práctica, pero al mismo tiempo fue presentando y elaborando un pensamiento radical excepcional, que lo fue llevando a ocupar un lugar cimero en toda esta historia cubana, junto a su maestro José Martí.
Para el radicalismo de las revoluciones por la independencia, la república fue al mismo tiempo un gran logro y una gran frustración. La tremenda guerra revolucionaria de 1895 y el sacrificio en masa del pueblo cubano en ella constituían un legado que exigía liberar al país del dominio neocolonialista impuesto por la invasión norteamericana, y liberarlo del dominio de los ricos explotadores del trabajador y los políticos corruptos, tan voraces como sometidos al imperialismo. Mella y Guiteras habían sido las figuras máximas del gran aporte que trajeron las luchas del siglo XX: un socialismo cubano, que no era calco ni copia del socialismo europeo y que se propuso ir al asalto del cielo desde el suelo insular y latinoamericano, desde el mundo que fue colonizado. El joven Fidel Castro, dirigente estudiantil y abogado de reclamos populares, encontró y asumió muy pronto todo aquel legado de su patria y de los combates y las ideas por la libertad, la justicia social y la liberación nacional.
Fidel aprendió a ser, a la vez, patriota y socialista. A alimentarse del magisterio de Martí y a estudiar a Marx y Lenin, para poder plantearse bien la época en que vivía, sus conflictos fundamentales y las vías y métodos de la lucha por la liberación. A mi juicio, esta es una lección invaluable que nos ha brindado a la mayoría de los seres humanos del planeta, que hemos sufrido durante medio milenio la gigantesca empresa criminal de la universalización del capitalismo, genocida, ecocida y destructora sistemática de las vidas, las cualidades y las esperanzas de miles de millones de personas. De cinco siglos de colonialismo, que sigue vivo en sus formas actuales, tanto mediante sus poderosos medios económicos, culturales, de agresiones violentas y rapiña de todo tipo, como convertido en un cáncer dentro del corazón y el cerebro de los colonizados.
Fidel comprendió muy temprano que la lucha tendría que librarse al mismo tiempo contra el conjunto de las dominaciones, contra lo viejo, lo moderno y lo reciente. Pero, ¿cómo llevar esa comprensión a la práctica y volverla capaz de atraer a la mayoría oprimida, cómo crear instrumentos capaces de organizar y concientizar, de crecer en fuerzas reales y de ir ganando preeminencia, de obtener la victoria? Porque mientras no caen en crisis, los que dominan basan el ejercicio cotidiano de su poder en la hegemonía que tienen sobre la sociedad, en su capacidad de imponer su cultura, obtener consensos, engañar, ilusionar y dividir a la mayoría dominada.
El joven Fidel participó en el movimiento político cubano que fue más lejos en los intentos de utilizar la acción ciudadana, el democratismo y el sistema electoral y representativo avanzado que existía durante la segunda república, para lograr cambios realmente positivos para el país. El líder de masas Eduardo Chibás y el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) concitaron el entusiasmo y la esperanza de la mayoría del pueblo, y el miedo a su triunfo fue una causa del golpe militar del 10 de marzo de 1952. La burguesía y el imperialismo demostraban que las reglas del juego de su sistema son las de un juego sucio, y que cuando es necesario son sacrificadas al valor supremo del sistema, que es mantener su poder.
Fotografía del 19 de mayo de 1998 que muestra al presidente cubano, Fidel Castro, junto al presidente sudafricano, Nelson Mandela, durante una ceremonia celebrada con motivo del 50 aniversario del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) durante una conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) celebrada en Ginebra (Suiza). PATRICK AVIOLAT EFE
Fotografía del 19 de mayo de 1998 que muestra al presidente cubano, Fidel Castro, junto al presidente sudafricano, Nelson Mandela, durante una ceremonia celebrada con motivo del 50 aniversario del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) durante una conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) celebrada en Ginebra (Suiza). PATRICK AVIOLAT EFE
Y precisamente una de las convicciones principales del joven estudioso y activista político, desde algunos años antes de 1952, era que tomar el poder resultaba un requisito indispensable para cambiar a Cuba. La nueva situación, en la que todo parecía estar mucho más lejos y había un bajo nivel de protestas, fue sin embargo entendida por Fidel como una coyuntura en la que las formas radicales de lucha podían ser viables, porque el sistema político en el que se basaba la hegemonía había sido totalmente deslegitimado. Fidel no descuidó referirse a la evidencia de que el régimen violaba la legalidad y no admitía recursos en su contra, pero se dedicó por entero a la vertebración y preparación para pelear de un movimiento clandestino, con gente sencilla del pueblo que tuviera ideales y decisión personal, y asumiera la férrea disciplina y las ideas revolucionarias como suelo común. Ninguno de sus miembros era una personalidad conocida, y muchos pertenecían a los sectores más humildes de la sociedad.
El asalto al Moncada tomó por sorpresa al país. La audacia, la valentía y el sacrificio de los participantes les granjeó la admiración popular, pero ninguna fuerza política los apoyó. Fidel lanzó La historia me absolverá, manifiesto deslumbrante que contenía hasta medidas de gobierno, pero él y sus compañeros quedaron prácticamente solos. La segunda lección que nos aportó fue el hecho mismo del Moncada, rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios, como lo definió el Che, el motor pequeño que debería poner en movimiento al motor grande. La tercera lección fue asumir la etapa de prisión como el lugar de la firmeza inquebrantable, y proponerle al país una gran revolución, aunque su realización pareciera tan lejana.
Al salir de cárcel fundó y dirigió el Movimiento 26 de Julio, de honda raíz martiana: los fines públicos, los medios secretos; la convocatoria a todo el pueblo sin exclusiones, pero en una organización férreamente unida en sus ideales, su estructura y su disciplina, decidida y con vocación de poder. Y el carácter radical de la revolución, ajeno a las discusiones bizantinas acerca de los sujetos históricos abstractos: de los humildes, por los humildes y para los humildes.
Al desatar la guerra revolucionaria en diciembre de 1956, Fidel abrió la brecha para que lo imposible dejara de serlo y el pueblo se levantara, y le brindó un lugar donde pelear a todo el que quisiera convertir sus ideales en actuación. En la cárcel había sido un visionario, ahora comenzaba a ser el líder del pueblo que iba pasando de la simpatía al compromiso y a la participación en la insurrección. Aunque sus fuerzas eran pequeñas todavía, ya era uno de los dos polos de la contradicción principal de un país que a través de prácticas tremendas comenzaba a adquirir una conciencia política revolucionaria.
Todo era sumamente difícil, y cada paso lo fue. Crear el órgano político militar capaz de combatir, crecer y llegar a vencer, y fundar y desarrollar la escuela de la guerra revolucionaria que debía producir individuos nuevos, compañerismo a toda prueba, cuadros capaces para esa etapa y para las que vendrían después de la victoria. Concebir y poner en práctica la estrategia y las tácticas acertadas, cuidar los métodos para mantener limpios los fines, no hacer concesiones que comprometieran la naturaleza de la revolución e ir consumando su liderazgo. Sumar cada vez más fuerzas del pueblo, y generalizar la convicción y la decisión de que no bastaría derrocar la dictadura, que la causa y la lucha eran para transformar a fondo la patria, y hacer realidad aquella consigna de “independencia económica, libertad política y justicia social”.
Y en todos esos terrenos y en todas las tareas que conllevaban Fidel fue el maestro, el jefe, el ser humano superior y el que veía más lejos. El 6 de junio de 1958, cuando la gran ofensiva enemiga cernía un riesgo de muerte sobre el bastión de la Sierra Maestra, le escribió a Celia Sánchez que luchar contra el imperialismo norteamericano iba a convertirse en su destino verdadero. Ahora que ya era muy difícil considerarlo un iluso, Fidel avizoraba un enfrentamiento que no parecía inminente, pero que él sabía ineluctable. Pero ahora vislumbraba el futuro con un arma en la mano y una revolución en marcha.
El segundo hecho decisivo fue consecuente con el primero, pero muy diferente a él. La resistencia y la guerra popular ganaron fuerza suficiente, derrotaron y desmoralizaron al enemigo y desembocaron en una victoria completa. En enero de 1959 la Revolución venció a la dictadura y, al mismo tiempo, destruyó los aparatos militar, represivo y político del Estado burgués.
Se hizo realidad aquella frase suya de 1955 sobre la única opción cubana: la tiranía descabezada. Pero en medio de la inmensa alegría, Fidel no se confundió. El día 8 lo dijo, al llegar a La Habana: lo más difícil comienza ahora. Porque el proceso cubano podía transcurrir, como otros, con la restauración de instituciones civiles, estado de derecho y modos democráticos, pero en un progresivo desmontaje de las fuerzas y las iniciativas de la revolución, y de la movilización y la conciencia populares. Y corromperse, dividirse y retroceder, cada vez más parecido al funcionamiento “normal” de los sistemas de dominación, hasta ser uno más entre ellos, en el mejor de los casos con una dominación modernizada.
Entonces sobrevinieron un alud de acontecimientos y un proceso vertiginoso que transformaron muy profundamente a Cuba y a los cubanos, desarmaron, vencieron y les quitaron a sus enemigos toda esperanza de recuperación, y concitaron el entusiasmo y la admiración en nuestra América y en el mundo. Fidel completó durante esta etapa su estatura de líder, fue el principal protagonista de la generación y conducción de los hechos y fue el mayor productor de las nuevas ideas revolucionarias que hasta hacía muy poco habían sido impensables.
Este es el lugar de un aporte supremo en el arte más difícil, el de la revolución verdadera. En Cuba se logró unir en una sola revolución al socialismo y la liberación nacional. Contra el capitalismo industrial europeo y su criminal expansión mundial mediante su colonialismo y su mercado, Carlos Marx y sus seguidores consecuentes desarrollaron una propuesta radical de transformación humana y social, el socialismo, y un nuevo pensamiento, el marxismo. Esta teoría social es la más capaz de proveer la comprensión de todo el capitalismo y brindar ideas acerca de la revolución contra todas las dominaciones, un alcance totalizador que se ha convertido en el requisito obligado para los que pretendan crear sociedades nuevas, liberadas. Pero en el mundo que fue colonizado había que asumir el marxismo en sus cualidades y su propuesta creadora, como un instrumento, no como un dogma, y sin actitudes de colonizado de izquierda, para enfrentar la extrema diversidad de situaciones y de culturas. La historia real de las asunciones del marxismo en el mundo que fue colonizado está llena de dificultades y desencuentros entre la cuestión social y la cuestión nacional, que más de una vez han llegado a ser trágicos.
Para vencer frente al nuevo reto, la revolución cubana fue socialista de liberación nacional. La victoria de la insurrección fue convertida en liberación nacional y social por la unión de una vanguardia que supo utilizar de manera óptima el poder revolucionario y darse cuenta de que la opción más radical era la única viable, y de un pueblo que multiplicó una y otra vez sus acciones y su conciencia, y se volvió capaz de transformarse a sí mismo y a la sociedad. La Cuba revolucionaria logró, por primera vez en este continente, fundir en una sola entidad los más altos valores de la lucha patriótica con los más altos valores de las luchas de clases, un logro trascendental de las ideas revolucionarias conseguido en la práctica de un gigantesco laboratorio social. La trascendencia de esa victoria se apreció enseguida a lo largo de América Latina, y hoy sigue vigente en la cultura de liberación latinoamericana.
La Revolución cubana provocó un avance extraordinario del pensamiento de izquierda, porque lo puso ante la opción de luchar por los ideales de cambio total de la vida y no solo por reformas, de confiar en las capacidades del pueblo y no en los intereses de determinados sectores de las clases dominantes. Probó que tenía razón y que su conducta era factible mediante sus prácticas, pero también supo exponer sus nuevas ideas y recuperó otras de la mejor tradición revolucionaria. Fidel y el Che pusieron el socialismo y el marxismo en español desde la América Latina, y lo hicieron decididamente antimperialista e internacionalista. Rescataron y asumieron la profunda propuesta revolucionaria de José Martí, crítico radical de todos los colonialismos al mismo tiempo que de la modernidad civilizadora, y promotor de una república nueva y una segunda independencia continental. Y rescataron y asumieron el socialismo cubano, que habían fundado Mella, Guiteras y las experiencias radicales de la Revolución del 30. La nueva época revolucionaria convirtió en un hecho natural que los problemas sociales principales fueran los problemas fundamentales para el pensamiento.
Fidel, un hombre muy culto y un gran lector del pensamiento europeo, se transformó entonces en un educador popular, que supo utilizar la más reciente tecnología como instrumento. Incansable, fue el primer dirigente político en el mundo que usó la televisión para llevar a cabo una campaña colosal de concientización revolucionaria de un pueblo entero. Se comenta con sonrisas la extensión de sus discursos, pero es que se trataba de la comunicación del conductor con la masa más humilde de la nación y con los que habían considerado que la política era oficio de demagogos y delincuentes. Fidel es el jefe máximo, pero conversa con todos y su comunicación es horizontal. Por eso se le escucha siempre con emoción, no solo con la razón, y nadie lo llama por sus cargos, sino solamente por su nombre de pila, Fidel. Es demasiado grande para necesitar títulos.
El Che ha descrito con acierto singular al maestro Fidel en un párrafo de El socialismo y el hombre en Cuba que invito a leer, en el que dice que su “particular modo de integración con el pueblo solo puede apreciarse viéndolo actuar”.
En menos de dos años, la vanguardia se fue multiplicando y la mayoría del pueblo abrazó la Revolución, y la explotación del trabajo ajeno, las humillaciones, las discriminaciones y los desprecios dejaron de ser hechos naturales para convertirse en crímenes. Fidel fue el principal protagonista de la gran revolución socialista, que cambió las vidas, las relaciones sociales, los sueños de la gente y de las familias, las comunidades y la nación. Para lograrlo se convirtió, como para todo lo importante, en el conductor, el líder amado, la pieza maestra del tablero intrincado de la unidad de los revolucionarios y del pueblo.
En aquel tiempo la actuación tuvo que consistir, para todos y al mismo tiempo, en estudio, trabajo y fusil. Ahora los individuos de vanguardia se elegían en asambleas y el trabajo realizado era el mayor timbre de honor. En las grandes jornadas nos unimos todos. Fidel fue –como cantara el poeta—la mira del fusil, y el pueblo todo –como dijera el Che—se volvió un Maceo. La nueva y mayor victoria de Fidel fue que el pueblo entero se cambiara a sí mismo y se armara con nuevas cualidades, valores y capacidades, y la conciencia social confundiera sin temor los nombres de comunista y fidelista. A la sombra de aquel árbol tan frondoso, las conquistas se convirtieron en leyes, y las leyes en costumbres. Y a diferencia de los vehículos corrientes, el carro de la Revolución no tiene marcha atrás. Fidel dijo de manera tajante, hace más de veinte años, que en Cuba no volverá a mandar nunca una nueva clase de ricos.
El antimperialismo ha sido uno de los rasgos principales de la Revolución cubana, desde el designio que le expresara José Martí a Manuel Mercado en mayo de 1895, porque Estados Unidos ha sido siempre enemigo de la existencia de Cuba como país soberano y libre. Los revolucionarios radicales del siglo XX fueron antimperialistas, y Fidel heredó la comprensión de ese requisito básico de todo proyecto de liberación verdadera del país y de imperio de la justicia social. No emplearé tiempo en referirme aquí a la sistemática, ilegal, inmoral y criminal política de agresión permanente contra Cuba que mantiene Estados Unidos desde 1959 hasta hoy, que incluye una supuesta ofensiva de paz desde hace poco más de dos años. El antimperialismo es una constante permanente de la política revolucionaria cubana.
De Fidel hay que decir que durante toda la vida combatió al imperialismo norteamericano, y supo vencerlo, mantenerlo a raya, obligarlo a reconocer el poder y la grandeza moral de la patria cubana. Pero, sobre todo, enseñó a todos los cubanos a ser antimperialistas, a saber que esa es una condición necesaria para ser cubano, que contra el imperialismo la orden de combatir siempre está dada, que como dijo un día el Che –su compañero del alma—, al imperialismo no se le puede conceder ni un tantito así. La soberanía nacional es intangible, nos enseñó Fidel, y no se negocia.
El legado de Fidel es muy valioso para combatir confusiones y debilidades que resultarían suicidas, y para denunciar complicidades. Nos ayuda a comprender que Estados Unidos hace víctima a este continente tanto de su poderío como de sus debilidades, como una sobredeterminación en contra de la autonomía de los Estados, el crecimiento sano de las economías nacionales y los intentos de liberación de los pueblos. La explotación y el dominio sobre América Latina es un aspecto necesario de su sistema imperialista, y siempre actúa para impedir que esa situación cambie. Por tanto, es imprescindible que el antimperialismo forme parte inalienable de todas las políticas del campo popular y de todos los procesos sociales de cambio.
Desde 1959 en adelante, Fidel fue el mayor impulsor y dirigente del internacionalismo, ese brusco y hermoso crecimiento de las cualidades humanas que le brinda más a quien lo presta que a quien lo recibe. Cuba ha aportado apoyo solidario sin exigencias. Combatientes, médicos, maestros, técnicos, el ejemplo impar de quienes jamás dieron lo que les sobraba, un paradigma revolucionario, con Fidel siempre al frente, audaz y fraterno.
Fidel amplió y desarrolló en muy alto grado el contenido y el alcance de las prácticas y las ideas revolucionarias mundiales mediante el internacionalismo cubano. Sería una iniciativa fecunda recoger y publicar una amplia selección de sus criterios y consideraciones acerca de este tema, cuya importancia es estratégica en la coyuntura mundial que estamos viviendo.
El internacionalismo es, además, la antítesis del bloqueo. Sometiendo a Cuba a esa prueba terrible solamente lograron hacerla más unida y más fuerte en su decisión, más socialista a su sociedad y a su poder revolucionario, más humana a su gente en la capacidad de ser solidaria y volverse un haz de trabajo, voluntad y amor compartidos, más consciente políticamente frente a todas las circunstancias, hechos, desafíos y necesidades, y también frente a las maniobras más hábiles de nuestros enemigos. La conciencia desarrollada es el escudo y el arma de un pueblo culto, y permite a las personas ser muy superiores a lo que parece posible.
El internacionalismo practicado durante más de medio siglo por cientos de miles de cubanas y cubanos, sostenidos por el amor y la admiración de sus familias y sus paisanos, ha sido y sigue siendo una rotunda victoria sobre el bloqueo. Creyeron que podían acorralarnos y aislarnos, rumiando miserias, y Cuba se ha multiplicado entre los pueblos del planeta, ha sabido darse al acudir a colaborar y a hermanarse con tantos pueblos que no conocíamos, contribuyendo así al desarrollo de una cultura muy superior y ajena a la del egoísmo y el afán de lucro capitalistas. Al mismo tiempo, el internacionalismo nos ha dado mucho más que lo que hemos aportado, en términos de desarrollo humano y social.
No debo extenderme mucho más, para no quitarle tiempo al intercambio, que siempre es tan valioso. Permítanme comentar, o enumerar al menos, otros aspectos de sus ideas y su trayectoria que me parecen muy importantes a la hora de referirnos a su legado.
1-Partir de lo imposible y de lo impensable, para convertirlos en posibilidades mediante la práctica consciente y organizada y el pensamiento crítico, conducir esas posibilidades actuantes hacia la victoria, a la vez que se forman y educan factores humanos y sociales suficientes para poder enfrentar situaciones futuras. Mediante las luchas, los triunfos y las consolidaciones, convertir las posibilidades en nuevas realidades.
2- No aceptar jamás la derrota. Fidel nunca se quedó conviviendo con la derrota, sino que peleó sin cesar contra ella. Me detengo en cinco casos importantes en su vida en que esto sucedió: 1953, 1956, 1970, el proceso de rectificación y la batalla de ideas. En 1953, respondió a la derrota del Moncada con un análisis acertado de la situación para guiar la acción y un apego a los fines mediatos para mantener la moral de combate. Cuando todos creían que era un iluso, se reveló como un verdadero visionario. En 1956, frente al desastre del Granma, respondió con una formidable determinación personal y una fe inextinguible en mantener siempre la lucha elegida, porque él sabía que era la vía acertada.
En 1970, comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil y tardaría mucho más de lo pensado, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”. En1985, fue prácticamente el primero que se dio cuenta de lo que iba a suceder en la URSS, que le traería a Cuba un gran desastre económico y una agravación del peligro de ser víctima del imperialismo, pero su respuesta fue ratificar que el socialismo es la única solución para los pueblos, la única vía eficaz y la única bandera popular, que lo necesario es asumirlo bien y profundizarlo. Entonces movilizó al pueblo y acendró su conciencia, y sostuvo firmemente el poder revolucionario. En el 2000, ante la ofensiva mundial capitalista y los retrocesos internos de la Revolución cubana en su lucha para sobrevivir, lanzó y protagonizó la batalla de ideas, con sus acciones en defensa de la justicia social, su movilización popular permanente y su exaltación del papel de la conciencia.
3- La determinación de mantener la lucha en todas las situaciones, cualesquiera que fuesen. Al estudiar a los revolucionarios, a aquellos que se lanzan a pelear por transformaciones sociales profundas, sería muy conveniente considerar como concepto a la determinación personal.
4- Organizar. Esa fue una constante, una verdadera fiebre de Fidel. Ojalá que ese aspecto primordial dentro de su legado no sea descuidado, y sea comprendida su importancia vital.
5- La comunicación siempre, con cada ser humano y con las masas, en lo cotidiano y en lo trascendente. Esta es una de las dimensiones fundamentales de la grandeza de Fidel, y es uno de los rasgos básicos del liderazgo.
6- Utilizar tácticas muy creativas y estrategias impensables, que eran, sin embargo, factibles.
7- Luchar por el poder y conquistarlo. Mantener, defender y expandir el poder, que es un instrumento fundamental para los cambios humanos y sociales. En términos abstractos se puede discutir casi eternamente acerca del poder, pero solo las prácticas revolucionarias logran convertir al poder en problemas que puedan plantearse bien, y resolverse.
8- Crear los instrumentos revolucionarios y formar a los protagonistas. Tomar las instituciones para ponerlas a nuestro servicio, no para ponernos nosotros al servicio de ellas.
9- Ser más decidido, más consciente y organizado, y más agresivo, que los enemigos.
10- Enseñar y aprender al mismo tiempo, con los compañeros y con la gente del pueblo con la que se comparte, y en cuanto sea posible, con todo el pueblo. Recuerdo que el Che tituló “Lo que aprendimos y lo que enseñamos” a un texto breve que escribió un mes antes del triunfo, para la prensa revolucionaria. Es una pieza de análisis profundo y previsor, testimonio de la gran escuela que estaban pasando.
11- Ser siempre un educador. Fidel considera que la educación es un elemento fundamental para que el ser humano se levante por encima de sus necesidades y sus propensiones más inmediatas, y se vuelva capaz de actuar con propósitos cada vez más elevados y de albergar motivaciones y valores correspondientes a ellos. Solo de ese modo crecerán los seres humanos y la sociedad socialista, violentando la escasez material y la multitud de obstáculos de todo tipo que se levantan contra ella, y se crearán cada vez más fuerzas y capacidades que desarrollen la nueva sociedad.
En la medida en que el pueblo se levante espiritualmente y moralmente, será participante consciente del proceso liberador y será capaz de todo, complejizará sus ideas y sus sentimientos y enriquecerá su vida.
12- Que la concientización y la movilización estén en el centro del trabajo político, no solo para que se cumplan los fines de este, sino para que la política llegue a convertirse en una propiedad de todos.
13- Avanzar hacia formas de poder popular. En un buen número de aspectos de la gran aventura de la creación de la nueva sociedad y la participación en la revolución mundial de los oprimidos, Fidel vivió los afanes y las vicisitudes de los límites que les ponen a la actuación las limitaciones del medio, los obstáculos y los enemigos. La transición efectiva del capitalismo al comunismo, había escrito el joven Marx, no será tan fácil como ganar una discusión conceptual, tendrá que suceder en una etapa histórica a la que el gran pensador alemán calificó de prolongada y angustiosa. Fidel fue el mayor promotor y el abanderado del desarrollo de un sistema de poder popular que gobernara en grado creciente la transición socialista. Desde los inicios de la Revolución estuvo creando y defendiendo experiencias prácticas e instituciones, y exponiendo ideas en ese terreno que constituyen una herencia inapreciable.
Ese legado también resulta muy necesario hoy, cuando el capitalismo enarbola su democracia desprestigiada, corrupta y controlada directamente por oligarquías, y les exige a los gobernantes tímidos y a los opositores respetuosos que se atengan a sus reglas como a artículos de fe, una actitud que sería suicida, porque esas reglas están hechas para conservar el sistema de dominación capitalista.
Sería interminable la exposición de la inmensa riqueza del pensamiento político de Fidel. Señalo solo como ilustración su planteamiento en 1969 de que, a diferencia de lo que estimaba el marxismo originario, que el socialismo sería consecuencia del desarrollo del modo de producción que llamamos desarrollado, en la gran mayoría del planeta que fue colonizada el desarrollo tendrá que ser consecuencia de la existencia de poderes socialistas.
Pero debo detenerme. Hay que aprovechar la cantidad enorme de maravillosas historias humanas de Fidel, ese es un regalo invaluable. Pero no podemos quedarnos ahí: hay que rescatar a Fidel completo, todo su caudal inagotable de cultura política y de línea política revolucionaria práctica, de maestría en la conducción, de cuidar siempre al pueblo por sobre todas las cosas, de mantener firmemente el poder en todas las situaciones y crear y cuidar los instrumentos del poder, combinar la ética y la política, entender la educación como palanca eficaz para lograr tanto las transformaciones que hacen crecer y ser mejor al ser humano como las que permiten crear el socialismo, defender la soberanía nacional y practicar el internacionalismo. Y muchos aspectos más.
Quisiera, sin embargo, reclamar que no nos quedemos solamente con el legado de su pensamiento, ni con la impresionante suma de su actuación pública. No olvidemos nunca al ser humano altruista que no aceptó gozar de triunfos personales y lo compartió todo con su pueblo y con los pueblos, al individuo preocupado por cada persona con la que hablaba o le planteaba un problema, por los compañeros que colaboraban directamente con él, sin guiarse por los cargos ni los niveles de cada uno. Lo que se publicó en diciembre pasado acerca de este ser humano Fidel es solo la punta del iceberg de su personalidad.
Mil facetas podrían ser evocadas. El austero, ajeno a la ostentación y el oropel, el comandante de abrumadora sencillez para todos los que le conocieron. El individuo infatigable, ejemplo con su actuación que sin palabras de reproche estimulaba a los que se cansaban. El cautivador, presto a gastar su tiempo en cada tarea de enseñar, mostrar o convencer. El dirigente que sabía escuchar, que no temía oír, y era un temible preguntador. El que recordaba los nombres de la gente común, y les preguntaba por sus familiares. El que era siempre el centro, donde quiera que se presentaba, y nunca era el autócrata ante el que hay que bajar la cabeza y obedecer.
Baste añadir que la vida de Fidel es imposible de encuadrar. Y que su última voluntad, retorno después de una vida en el proscenio al magisterio de José Martí, el que dijo que todas las glorias del mundo caben en un grano de maíz, es una lección para que aprendamos a identificar bien la verdadera grandeza.

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