Tira Cuba

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martes, 23 de mayo de 2017

Orígenes y vigencia del pensamiento político de Fidel

Fidel Castro en la Mesa Redonda. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Fidel Castro en la Mesa Redonda. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Tomado de CubaDebate
Por Fernando Martínez Heredia.

Conferencia inaugural en el XXII Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba, del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba. Universidad Obrera de México, San Ildefonso no. 72, Ciudad de México, 18 de marzo de 2017.
Agradezco esta oportunidad a las mexicanas y los mexicanos tan abnegados y generosos que realizan y mantienen estos encuentros.
Comienzo mi intervención por el primer indicador de la vigencia de Fidel. El homenaje que recibió, en los nueve días que siguieron a su partida, fue una consigna de hoy, una invención de jóvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: “yo soy Fidel”. Así se demostró que Fidel es del siglo XXI, y no solo del XX, y también que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible. En esos días del duelo, Fidel libró su primera batalla póstuma y la ganó; al mismo tiempo, volvió a mostrarles a todos el camino verdadero, como vino haciendo desde 1953.
Entiendo que ha sido muy atinado el tema que me han fijado los organizadores, porque en la compleja y difícil situación que estamos viviendo en nuestro continente los orígenes, los rasgos fundamentales y la vigencia del pensamiento político de Fidel pueden constituir una ayuda inapreciable. Hoy podemos avanzar mejor con esa ayuda de Fidel, pero a condición de emular con sus ideas y sus actos, para sacarles provecho en lo decisivo, que serán nuestras actuaciones. No imitando simplemente a Fidel, que nunca imitó a nadie, sino traduciéndolo a nuestras necesidades, situaciones y acciones.
Fidel brinda un gran caudal de enseñanzas, tanto para el individuo como para las luchas políticas y sociales. Puede aportarnos mucho conocer mejor sus creaciones y sus ideas, las razones que lo condujeron a sus victorias, cómo enfrentó Fidel las dificultades y los reveses, su capacidad de identificar lo esencial de cada situación y los problemas principales, plantear bien la estrategia y la táctica, tomar decisiones y actuar con determinación y firmeza. Si lo hacemos, será más grande su legado.
En el transcurso de la vida de Fidel pueden distinguirse tres aspectos: el joven revolucionario; el líder de la Revolución cubana; y el líder latinoamericano, del Tercer Mundo y mundial. El segundo y el tercer aspecto suceden simultáneamente. Vamos a asomarnos a la extraordinaria riqueza del pensamiento político del joven que se rebelaba contra todo el orden de la dominación, y no contra una parte de él, del combatiente revolucionario, del artífice de la victoria de la insurrección cubana y del despliegue y la defensa del nuevo poder revolucionario, y del conductor supremo de la creación de una nueva sociedad latinoamericana liberada, socialista, internacionalista y antimperialista.
Fidel fue hijo de una tradición que es fundamental dentro de la historia del pensamiento revolucionario cubano: la corriente radical, que ha tenido puntos en común y ha establecido una trayectoria singular. Esos radicales se fueron por encima de las respuestas políticas que parecían posibles frente a los conflictos de su tiempo y su circunstancia, y las propuestas que ellos hicieron eran llamados a violentar la reproducción esperable de la vida social. Enumero solamente a hitos dentro de esa pléyade, como son Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras.
Si exceptuamos al pensador original y colosal que fue José Martí, las prácticas revolucionarias fueron lo predominante en la historia de las posiciones y propuestas de los radicales entre 1868 y 1959. Pero, en su conjunto, ellos elaboraron un cuerpo de pensamiento que constituye una acumulación cultural de un valor inapreciable, que siempre es necesario rescatar y asumir conscientemente. Fidel partió también de la práctica, pero al mismo tiempo fue presentando y elaborando un pensamiento radical excepcional, que lo fue llevando a ocupar un lugar cimero en toda esta historia cubana, junto a su maestro José Martí.
Para el radicalismo de las revoluciones por la independencia, la república fue al mismo tiempo un gran logro y una gran frustración. La tremenda guerra revolucionaria de 1895 y el sacrificio en masa del pueblo cubano en ella constituían un legado que exigía liberar al país del dominio neocolonialista impuesto por la invasión norteamericana, y liberarlo del dominio de los ricos explotadores del trabajador y los políticos corruptos, tan voraces como sometidos al imperialismo. Mella y Guiteras habían sido las figuras máximas del gran aporte que trajeron las luchas del siglo XX: un socialismo cubano, que no era calco ni copia del socialismo europeo y que se propuso ir al asalto del cielo desde el suelo insular y latinoamericano, desde el mundo que fue colonizado. El joven Fidel Castro, dirigente estudiantil y abogado de reclamos populares, encontró y asumió muy pronto todo aquel legado de su patria y de los combates y las ideas por la libertad, la justicia social y la liberación nacional.
Fidel aprendió a ser, a la vez, patriota y socialista. A alimentarse del magisterio de Martí y a estudiar a Marx y Lenin, para poder plantearse bien la época en que vivía, sus conflictos fundamentales y las vías y métodos de la lucha por la liberación. A mi juicio, esta es una lección invaluable que nos ha brindado a la mayoría de los seres humanos del planeta, que hemos sufrido durante medio milenio la gigantesca empresa criminal de la universalización del capitalismo, genocida, ecocida y destructora sistemática de las vidas, las cualidades y las esperanzas de miles de millones de personas. De cinco siglos de colonialismo, que sigue vivo en sus formas actuales, tanto mediante sus poderosos medios económicos, culturales, de agresiones violentas y rapiña de todo tipo, como convertido en un cáncer dentro del corazón y el cerebro de los colonizados.
Fidel comprendió muy temprano que la lucha tendría que librarse al mismo tiempo contra el conjunto de las dominaciones, contra lo viejo, lo moderno y lo reciente. Pero, ¿cómo llevar esa comprensión a la práctica y volverla capaz de atraer a la mayoría oprimida, cómo crear instrumentos capaces de organizar y concientizar, de crecer en fuerzas reales y de ir ganando preeminencia, de obtener la victoria? Porque mientras no caen en crisis, los que dominan basan el ejercicio cotidiano de su poder en la hegemonía que tienen sobre la sociedad, en su capacidad de imponer su cultura, obtener consensos, engañar, ilusionar y dividir a la mayoría dominada.
El joven Fidel participó en el movimiento político cubano que fue más lejos en los intentos de utilizar la acción ciudadana, el democratismo y el sistema electoral y representativo avanzado que existía durante la segunda república, para lograr cambios realmente positivos para el país. El líder de masas Eduardo Chibás y el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) concitaron el entusiasmo y la esperanza de la mayoría del pueblo, y el miedo a su triunfo fue una causa del golpe militar del 10 de marzo de 1952. La burguesía y el imperialismo demostraban que las reglas del juego de su sistema son las de un juego sucio, y que cuando es necesario son sacrificadas al valor supremo del sistema, que es mantener su poder.
Fotografía del 19 de mayo de 1998 que muestra al presidente cubano, Fidel Castro, junto al presidente sudafricano, Nelson Mandela, durante una ceremonia celebrada con motivo del 50 aniversario del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) durante una conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) celebrada en Ginebra (Suiza). PATRICK AVIOLAT EFE
Fotografía del 19 de mayo de 1998 que muestra al presidente cubano, Fidel Castro, junto al presidente sudafricano, Nelson Mandela, durante una ceremonia celebrada con motivo del 50 aniversario del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) durante una conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) celebrada en Ginebra (Suiza). PATRICK AVIOLAT EFE
Y precisamente una de las convicciones principales del joven estudioso y activista político, desde algunos años antes de 1952, era que tomar el poder resultaba un requisito indispensable para cambiar a Cuba. La nueva situación, en la que todo parecía estar mucho más lejos y había un bajo nivel de protestas, fue sin embargo entendida por Fidel como una coyuntura en la que las formas radicales de lucha podían ser viables, porque el sistema político en el que se basaba la hegemonía había sido totalmente deslegitimado. Fidel no descuidó referirse a la evidencia de que el régimen violaba la legalidad y no admitía recursos en su contra, pero se dedicó por entero a la vertebración y preparación para pelear de un movimiento clandestino, con gente sencilla del pueblo que tuviera ideales y decisión personal, y asumiera la férrea disciplina y las ideas revolucionarias como suelo común. Ninguno de sus miembros era una personalidad conocida, y muchos pertenecían a los sectores más humildes de la sociedad.
El asalto al Moncada tomó por sorpresa al país. La audacia, la valentía y el sacrificio de los participantes les granjeó la admiración popular, pero ninguna fuerza política los apoyó. Fidel lanzó La historia me absolverá, manifiesto deslumbrante que contenía hasta medidas de gobierno, pero él y sus compañeros quedaron prácticamente solos. La segunda lección que nos aportó fue el hecho mismo del Moncada, rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios, como lo definió el Che, el motor pequeño que debería poner en movimiento al motor grande. La tercera lección fue asumir la etapa de prisión como el lugar de la firmeza inquebrantable, y proponerle al país una gran revolución, aunque su realización pareciera tan lejana.
Al salir de cárcel fundó y dirigió el Movimiento 26 de Julio, de honda raíz martiana: los fines públicos, los medios secretos; la convocatoria a todo el pueblo sin exclusiones, pero en una organización férreamente unida en sus ideales, su estructura y su disciplina, decidida y con vocación de poder. Y el carácter radical de la revolución, ajeno a las discusiones bizantinas acerca de los sujetos históricos abstractos: de los humildes, por los humildes y para los humildes.
Al desatar la guerra revolucionaria en diciembre de 1956, Fidel abrió la brecha para que lo imposible dejara de serlo y el pueblo se levantara, y le brindó un lugar donde pelear a todo el que quisiera convertir sus ideales en actuación. En la cárcel había sido un visionario, ahora comenzaba a ser el líder del pueblo que iba pasando de la simpatía al compromiso y a la participación en la insurrección. Aunque sus fuerzas eran pequeñas todavía, ya era uno de los dos polos de la contradicción principal de un país que a través de prácticas tremendas comenzaba a adquirir una conciencia política revolucionaria.
Todo era sumamente difícil, y cada paso lo fue. Crear el órgano político militar capaz de combatir, crecer y llegar a vencer, y fundar y desarrollar la escuela de la guerra revolucionaria que debía producir individuos nuevos, compañerismo a toda prueba, cuadros capaces para esa etapa y para las que vendrían después de la victoria. Concebir y poner en práctica la estrategia y las tácticas acertadas, cuidar los métodos para mantener limpios los fines, no hacer concesiones que comprometieran la naturaleza de la revolución e ir consumando su liderazgo. Sumar cada vez más fuerzas del pueblo, y generalizar la convicción y la decisión de que no bastaría derrocar la dictadura, que la causa y la lucha eran para transformar a fondo la patria, y hacer realidad aquella consigna de “independencia económica, libertad política y justicia social”.
Y en todos esos terrenos y en todas las tareas que conllevaban Fidel fue el maestro, el jefe, el ser humano superior y el que veía más lejos. El 6 de junio de 1958, cuando la gran ofensiva enemiga cernía un riesgo de muerte sobre el bastión de la Sierra Maestra, le escribió a Celia Sánchez que luchar contra el imperialismo norteamericano iba a convertirse en su destino verdadero. Ahora que ya era muy difícil considerarlo un iluso, Fidel avizoraba un enfrentamiento que no parecía inminente, pero que él sabía ineluctable. Pero ahora vislumbraba el futuro con un arma en la mano y una revolución en marcha.
El segundo hecho decisivo fue consecuente con el primero, pero muy diferente a él. La resistencia y la guerra popular ganaron fuerza suficiente, derrotaron y desmoralizaron al enemigo y desembocaron en una victoria completa. En enero de 1959 la Revolución venció a la dictadura y, al mismo tiempo, destruyó los aparatos militar, represivo y político del Estado burgués.
Se hizo realidad aquella frase suya de 1955 sobre la única opción cubana: la tiranía descabezada. Pero en medio de la inmensa alegría, Fidel no se confundió. El día 8 lo dijo, al llegar a La Habana: lo más difícil comienza ahora. Porque el proceso cubano podía transcurrir, como otros, con la restauración de instituciones civiles, estado de derecho y modos democráticos, pero en un progresivo desmontaje de las fuerzas y las iniciativas de la revolución, y de la movilización y la conciencia populares. Y corromperse, dividirse y retroceder, cada vez más parecido al funcionamiento “normal” de los sistemas de dominación, hasta ser uno más entre ellos, en el mejor de los casos con una dominación modernizada.
Entonces sobrevinieron un alud de acontecimientos y un proceso vertiginoso que transformaron muy profundamente a Cuba y a los cubanos, desarmaron, vencieron y les quitaron a sus enemigos toda esperanza de recuperación, y concitaron el entusiasmo y la admiración en nuestra América y en el mundo. Fidel completó durante esta etapa su estatura de líder, fue el principal protagonista de la generación y conducción de los hechos y fue el mayor productor de las nuevas ideas revolucionarias que hasta hacía muy poco habían sido impensables.
Este es el lugar de un aporte supremo en el arte más difícil, el de la revolución verdadera. En Cuba se logró unir en una sola revolución al socialismo y la liberación nacional. Contra el capitalismo industrial europeo y su criminal expansión mundial mediante su colonialismo y su mercado, Carlos Marx y sus seguidores consecuentes desarrollaron una propuesta radical de transformación humana y social, el socialismo, y un nuevo pensamiento, el marxismo. Esta teoría social es la más capaz de proveer la comprensión de todo el capitalismo y brindar ideas acerca de la revolución contra todas las dominaciones, un alcance totalizador que se ha convertido en el requisito obligado para los que pretendan crear sociedades nuevas, liberadas. Pero en el mundo que fue colonizado había que asumir el marxismo en sus cualidades y su propuesta creadora, como un instrumento, no como un dogma, y sin actitudes de colonizado de izquierda, para enfrentar la extrema diversidad de situaciones y de culturas. La historia real de las asunciones del marxismo en el mundo que fue colonizado está llena de dificultades y desencuentros entre la cuestión social y la cuestión nacional, que más de una vez han llegado a ser trágicos.
Para vencer frente al nuevo reto, la revolución cubana fue socialista de liberación nacional. La victoria de la insurrección fue convertida en liberación nacional y social por la unión de una vanguardia que supo utilizar de manera óptima el poder revolucionario y darse cuenta de que la opción más radical era la única viable, y de un pueblo que multiplicó una y otra vez sus acciones y su conciencia, y se volvió capaz de transformarse a sí mismo y a la sociedad. La Cuba revolucionaria logró, por primera vez en este continente, fundir en una sola entidad los más altos valores de la lucha patriótica con los más altos valores de las luchas de clases, un logro trascendental de las ideas revolucionarias conseguido en la práctica de un gigantesco laboratorio social. La trascendencia de esa victoria se apreció enseguida a lo largo de América Latina, y hoy sigue vigente en la cultura de liberación latinoamericana.
La Revolución cubana provocó un avance extraordinario del pensamiento de izquierda, porque lo puso ante la opción de luchar por los ideales de cambio total de la vida y no solo por reformas, de confiar en las capacidades del pueblo y no en los intereses de determinados sectores de las clases dominantes. Probó que tenía razón y que su conducta era factible mediante sus prácticas, pero también supo exponer sus nuevas ideas y recuperó otras de la mejor tradición revolucionaria. Fidel y el Che pusieron el socialismo y el marxismo en español desde la América Latina, y lo hicieron decididamente antimperialista e internacionalista. Rescataron y asumieron la profunda propuesta revolucionaria de José Martí, crítico radical de todos los colonialismos al mismo tiempo que de la modernidad civilizadora, y promotor de una república nueva y una segunda independencia continental. Y rescataron y asumieron el socialismo cubano, que habían fundado Mella, Guiteras y las experiencias radicales de la Revolución del 30. La nueva época revolucionaria convirtió en un hecho natural que los problemas sociales principales fueran los problemas fundamentales para el pensamiento.
Fidel, un hombre muy culto y un gran lector del pensamiento europeo, se transformó entonces en un educador popular, que supo utilizar la más reciente tecnología como instrumento. Incansable, fue el primer dirigente político en el mundo que usó la televisión para llevar a cabo una campaña colosal de concientización revolucionaria de un pueblo entero. Se comenta con sonrisas la extensión de sus discursos, pero es que se trataba de la comunicación del conductor con la masa más humilde de la nación y con los que habían considerado que la política era oficio de demagogos y delincuentes. Fidel es el jefe máximo, pero conversa con todos y su comunicación es horizontal. Por eso se le escucha siempre con emoción, no solo con la razón, y nadie lo llama por sus cargos, sino solamente por su nombre de pila, Fidel. Es demasiado grande para necesitar títulos.
El Che ha descrito con acierto singular al maestro Fidel en un párrafo de El socialismo y el hombre en Cuba que invito a leer, en el que dice que su “particular modo de integración con el pueblo solo puede apreciarse viéndolo actuar”.
En menos de dos años, la vanguardia se fue multiplicando y la mayoría del pueblo abrazó la Revolución, y la explotación del trabajo ajeno, las humillaciones, las discriminaciones y los desprecios dejaron de ser hechos naturales para convertirse en crímenes. Fidel fue el principal protagonista de la gran revolución socialista, que cambió las vidas, las relaciones sociales, los sueños de la gente y de las familias, las comunidades y la nación. Para lograrlo se convirtió, como para todo lo importante, en el conductor, el líder amado, la pieza maestra del tablero intrincado de la unidad de los revolucionarios y del pueblo.
En aquel tiempo la actuación tuvo que consistir, para todos y al mismo tiempo, en estudio, trabajo y fusil. Ahora los individuos de vanguardia se elegían en asambleas y el trabajo realizado era el mayor timbre de honor. En las grandes jornadas nos unimos todos. Fidel fue –como cantara el poeta—la mira del fusil, y el pueblo todo –como dijera el Che—se volvió un Maceo. La nueva y mayor victoria de Fidel fue que el pueblo entero se cambiara a sí mismo y se armara con nuevas cualidades, valores y capacidades, y la conciencia social confundiera sin temor los nombres de comunista y fidelista. A la sombra de aquel árbol tan frondoso, las conquistas se convirtieron en leyes, y las leyes en costumbres. Y a diferencia de los vehículos corrientes, el carro de la Revolución no tiene marcha atrás. Fidel dijo de manera tajante, hace más de veinte años, que en Cuba no volverá a mandar nunca una nueva clase de ricos.
El antimperialismo ha sido uno de los rasgos principales de la Revolución cubana, desde el designio que le expresara José Martí a Manuel Mercado en mayo de 1895, porque Estados Unidos ha sido siempre enemigo de la existencia de Cuba como país soberano y libre. Los revolucionarios radicales del siglo XX fueron antimperialistas, y Fidel heredó la comprensión de ese requisito básico de todo proyecto de liberación verdadera del país y de imperio de la justicia social. No emplearé tiempo en referirme aquí a la sistemática, ilegal, inmoral y criminal política de agresión permanente contra Cuba que mantiene Estados Unidos desde 1959 hasta hoy, que incluye una supuesta ofensiva de paz desde hace poco más de dos años. El antimperialismo es una constante permanente de la política revolucionaria cubana.
De Fidel hay que decir que durante toda la vida combatió al imperialismo norteamericano, y supo vencerlo, mantenerlo a raya, obligarlo a reconocer el poder y la grandeza moral de la patria cubana. Pero, sobre todo, enseñó a todos los cubanos a ser antimperialistas, a saber que esa es una condición necesaria para ser cubano, que contra el imperialismo la orden de combatir siempre está dada, que como dijo un día el Che –su compañero del alma—, al imperialismo no se le puede conceder ni un tantito así. La soberanía nacional es intangible, nos enseñó Fidel, y no se negocia.
El legado de Fidel es muy valioso para combatir confusiones y debilidades que resultarían suicidas, y para denunciar complicidades. Nos ayuda a comprender que Estados Unidos hace víctima a este continente tanto de su poderío como de sus debilidades, como una sobredeterminación en contra de la autonomía de los Estados, el crecimiento sano de las economías nacionales y los intentos de liberación de los pueblos. La explotación y el dominio sobre América Latina es un aspecto necesario de su sistema imperialista, y siempre actúa para impedir que esa situación cambie. Por tanto, es imprescindible que el antimperialismo forme parte inalienable de todas las políticas del campo popular y de todos los procesos sociales de cambio.
Desde 1959 en adelante, Fidel fue el mayor impulsor y dirigente del internacionalismo, ese brusco y hermoso crecimiento de las cualidades humanas que le brinda más a quien lo presta que a quien lo recibe. Cuba ha aportado apoyo solidario sin exigencias. Combatientes, médicos, maestros, técnicos, el ejemplo impar de quienes jamás dieron lo que les sobraba, un paradigma revolucionario, con Fidel siempre al frente, audaz y fraterno.
Fidel amplió y desarrolló en muy alto grado el contenido y el alcance de las prácticas y las ideas revolucionarias mundiales mediante el internacionalismo cubano. Sería una iniciativa fecunda recoger y publicar una amplia selección de sus criterios y consideraciones acerca de este tema, cuya importancia es estratégica en la coyuntura mundial que estamos viviendo.
El internacionalismo es, además, la antítesis del bloqueo. Sometiendo a Cuba a esa prueba terrible solamente lograron hacerla más unida y más fuerte en su decisión, más socialista a su sociedad y a su poder revolucionario, más humana a su gente en la capacidad de ser solidaria y volverse un haz de trabajo, voluntad y amor compartidos, más consciente políticamente frente a todas las circunstancias, hechos, desafíos y necesidades, y también frente a las maniobras más hábiles de nuestros enemigos. La conciencia desarrollada es el escudo y el arma de un pueblo culto, y permite a las personas ser muy superiores a lo que parece posible.
El internacionalismo practicado durante más de medio siglo por cientos de miles de cubanas y cubanos, sostenidos por el amor y la admiración de sus familias y sus paisanos, ha sido y sigue siendo una rotunda victoria sobre el bloqueo. Creyeron que podían acorralarnos y aislarnos, rumiando miserias, y Cuba se ha multiplicado entre los pueblos del planeta, ha sabido darse al acudir a colaborar y a hermanarse con tantos pueblos que no conocíamos, contribuyendo así al desarrollo de una cultura muy superior y ajena a la del egoísmo y el afán de lucro capitalistas. Al mismo tiempo, el internacionalismo nos ha dado mucho más que lo que hemos aportado, en términos de desarrollo humano y social.
No debo extenderme mucho más, para no quitarle tiempo al intercambio, que siempre es tan valioso. Permítanme comentar, o enumerar al menos, otros aspectos de sus ideas y su trayectoria que me parecen muy importantes a la hora de referirnos a su legado.
1-Partir de lo imposible y de lo impensable, para convertirlos en posibilidades mediante la práctica consciente y organizada y el pensamiento crítico, conducir esas posibilidades actuantes hacia la victoria, a la vez que se forman y educan factores humanos y sociales suficientes para poder enfrentar situaciones futuras. Mediante las luchas, los triunfos y las consolidaciones, convertir las posibilidades en nuevas realidades.
2- No aceptar jamás la derrota. Fidel nunca se quedó conviviendo con la derrota, sino que peleó sin cesar contra ella. Me detengo en cinco casos importantes en su vida en que esto sucedió: 1953, 1956, 1970, el proceso de rectificación y la batalla de ideas. En 1953, respondió a la derrota del Moncada con un análisis acertado de la situación para guiar la acción y un apego a los fines mediatos para mantener la moral de combate. Cuando todos creían que era un iluso, se reveló como un verdadero visionario. En 1956, frente al desastre del Granma, respondió con una formidable determinación personal y una fe inextinguible en mantener siempre la lucha elegida, porque él sabía que era la vía acertada.
En 1970, comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil y tardaría mucho más de lo pensado, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”. En1985, fue prácticamente el primero que se dio cuenta de lo que iba a suceder en la URSS, que le traería a Cuba un gran desastre económico y una agravación del peligro de ser víctima del imperialismo, pero su respuesta fue ratificar que el socialismo es la única solución para los pueblos, la única vía eficaz y la única bandera popular, que lo necesario es asumirlo bien y profundizarlo. Entonces movilizó al pueblo y acendró su conciencia, y sostuvo firmemente el poder revolucionario. En el 2000, ante la ofensiva mundial capitalista y los retrocesos internos de la Revolución cubana en su lucha para sobrevivir, lanzó y protagonizó la batalla de ideas, con sus acciones en defensa de la justicia social, su movilización popular permanente y su exaltación del papel de la conciencia.
3- La determinación de mantener la lucha en todas las situaciones, cualesquiera que fuesen. Al estudiar a los revolucionarios, a aquellos que se lanzan a pelear por transformaciones sociales profundas, sería muy conveniente considerar como concepto a la determinación personal.
4- Organizar. Esa fue una constante, una verdadera fiebre de Fidel. Ojalá que ese aspecto primordial dentro de su legado no sea descuidado, y sea comprendida su importancia vital.
5- La comunicación siempre, con cada ser humano y con las masas, en lo cotidiano y en lo trascendente. Esta es una de las dimensiones fundamentales de la grandeza de Fidel, y es uno de los rasgos básicos del liderazgo.
6- Utilizar tácticas muy creativas y estrategias impensables, que eran, sin embargo, factibles.
7- Luchar por el poder y conquistarlo. Mantener, defender y expandir el poder, que es un instrumento fundamental para los cambios humanos y sociales. En términos abstractos se puede discutir casi eternamente acerca del poder, pero solo las prácticas revolucionarias logran convertir al poder en problemas que puedan plantearse bien, y resolverse.
8- Crear los instrumentos revolucionarios y formar a los protagonistas. Tomar las instituciones para ponerlas a nuestro servicio, no para ponernos nosotros al servicio de ellas.
9- Ser más decidido, más consciente y organizado, y más agresivo, que los enemigos.
10- Enseñar y aprender al mismo tiempo, con los compañeros y con la gente del pueblo con la que se comparte, y en cuanto sea posible, con todo el pueblo. Recuerdo que el Che tituló “Lo que aprendimos y lo que enseñamos” a un texto breve que escribió un mes antes del triunfo, para la prensa revolucionaria. Es una pieza de análisis profundo y previsor, testimonio de la gran escuela que estaban pasando.
11- Ser siempre un educador. Fidel considera que la educación es un elemento fundamental para que el ser humano se levante por encima de sus necesidades y sus propensiones más inmediatas, y se vuelva capaz de actuar con propósitos cada vez más elevados y de albergar motivaciones y valores correspondientes a ellos. Solo de ese modo crecerán los seres humanos y la sociedad socialista, violentando la escasez material y la multitud de obstáculos de todo tipo que se levantan contra ella, y se crearán cada vez más fuerzas y capacidades que desarrollen la nueva sociedad.
En la medida en que el pueblo se levante espiritualmente y moralmente, será participante consciente del proceso liberador y será capaz de todo, complejizará sus ideas y sus sentimientos y enriquecerá su vida.
12- Que la concientización y la movilización estén en el centro del trabajo político, no solo para que se cumplan los fines de este, sino para que la política llegue a convertirse en una propiedad de todos.
13- Avanzar hacia formas de poder popular. En un buen número de aspectos de la gran aventura de la creación de la nueva sociedad y la participación en la revolución mundial de los oprimidos, Fidel vivió los afanes y las vicisitudes de los límites que les ponen a la actuación las limitaciones del medio, los obstáculos y los enemigos. La transición efectiva del capitalismo al comunismo, había escrito el joven Marx, no será tan fácil como ganar una discusión conceptual, tendrá que suceder en una etapa histórica a la que el gran pensador alemán calificó de prolongada y angustiosa. Fidel fue el mayor promotor y el abanderado del desarrollo de un sistema de poder popular que gobernara en grado creciente la transición socialista. Desde los inicios de la Revolución estuvo creando y defendiendo experiencias prácticas e instituciones, y exponiendo ideas en ese terreno que constituyen una herencia inapreciable.
Ese legado también resulta muy necesario hoy, cuando el capitalismo enarbola su democracia desprestigiada, corrupta y controlada directamente por oligarquías, y les exige a los gobernantes tímidos y a los opositores respetuosos que se atengan a sus reglas como a artículos de fe, una actitud que sería suicida, porque esas reglas están hechas para conservar el sistema de dominación capitalista.
Sería interminable la exposición de la inmensa riqueza del pensamiento político de Fidel. Señalo solo como ilustración su planteamiento en 1969 de que, a diferencia de lo que estimaba el marxismo originario, que el socialismo sería consecuencia del desarrollo del modo de producción que llamamos desarrollado, en la gran mayoría del planeta que fue colonizada el desarrollo tendrá que ser consecuencia de la existencia de poderes socialistas.
Pero debo detenerme. Hay que aprovechar la cantidad enorme de maravillosas historias humanas de Fidel, ese es un regalo invaluable. Pero no podemos quedarnos ahí: hay que rescatar a Fidel completo, todo su caudal inagotable de cultura política y de línea política revolucionaria práctica, de maestría en la conducción, de cuidar siempre al pueblo por sobre todas las cosas, de mantener firmemente el poder en todas las situaciones y crear y cuidar los instrumentos del poder, combinar la ética y la política, entender la educación como palanca eficaz para lograr tanto las transformaciones que hacen crecer y ser mejor al ser humano como las que permiten crear el socialismo, defender la soberanía nacional y practicar el internacionalismo. Y muchos aspectos más.
Quisiera, sin embargo, reclamar que no nos quedemos solamente con el legado de su pensamiento, ni con la impresionante suma de su actuación pública. No olvidemos nunca al ser humano altruista que no aceptó gozar de triunfos personales y lo compartió todo con su pueblo y con los pueblos, al individuo preocupado por cada persona con la que hablaba o le planteaba un problema, por los compañeros que colaboraban directamente con él, sin guiarse por los cargos ni los niveles de cada uno. Lo que se publicó en diciembre pasado acerca de este ser humano Fidel es solo la punta del iceberg de su personalidad.
Mil facetas podrían ser evocadas. El austero, ajeno a la ostentación y el oropel, el comandante de abrumadora sencillez para todos los que le conocieron. El individuo infatigable, ejemplo con su actuación que sin palabras de reproche estimulaba a los que se cansaban. El cautivador, presto a gastar su tiempo en cada tarea de enseñar, mostrar o convencer. El dirigente que sabía escuchar, que no temía oír, y era un temible preguntador. El que recordaba los nombres de la gente común, y les preguntaba por sus familiares. El que era siempre el centro, donde quiera que se presentaba, y nunca era el autócrata ante el que hay que bajar la cabeza y obedecer.
Baste añadir que la vida de Fidel es imposible de encuadrar. Y que su última voluntad, retorno después de una vida en el proscenio al magisterio de José Martí, el que dijo que todas las glorias del mundo caben en un grano de maíz, es una lección para que aprendamos a identificar bien la verdadera grandeza.

lunes, 22 de mayo de 2017

EL SUEÑO INTEGRACIONISTA DE JOSÉ MARTÍ

Tomado de Contexto Latinoamericano
Por Angélica Paredes López.

El pensamiento de José Martí es clave para entender los procesos que vive la América Latina actual y comprender muchos problemas del mundo, por lo que constituye un puente entre el pensamiento latinoamericano y universal del siglo XIX con los siglos XX y XXI. 

Su proyecto de independencia para Cuba y Puerto Rico no está desligado de otro mayor: la unidad y la integración latinoamericana.

El día antes de su caída en combate, suceso ocurrido el 19 de mayo de 1895, en Dos Ríos, el Héroe Nacional cubano escribe a su amigo Manuel Mercado una carta que ha quedado como testamento político: … "ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber -puesto que lo entiendo y tengo ánimos con qué realizarlos- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América".

La figura de Martí resume lo mejor del pensamiento político y social de este continente, sus ideas tienen vigencia y son representativas del carácter, la idiosincrasia y la cultura de nuestra región.

No es casual que más de un siglo después, Martí y sus ideas conserven su vigencia. Los desafíos siguen siendo, en buena medida, aquellos que conoció y avizoró el prócer independentista cubano: la tarea pendiente de completar el desarrollo económico, social, cultural y ambientalmente sostenible de nuestras repúblicas americanas.

Es desde esta perspectiva histórica, que las más recientes iniciativas de integración continental, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), con sus características diversas, pero también con sus muchas coincidencias, constituyen el paso más importante que se ha dado, durante las últimas décadas, en la ruta de la construcción de un nuevo orden internacional más justo.

Las ideas independentistas y antiimperialistas de unidad, que vehementemente defendió Martí, marcan nuevas pautas en el continente americano, movilizando conciencia y forjando pueblos.

Y en Cuba, Martí encontró en Fidel Castro a su mejor discípulo. Narra la periodista Marta Rojas, Premio Nacional de Periodismo José Martí, que fue una orden, no una casualidad, que Fidel Castro fuera fotografiado ante un afiche de José Martí en el Vivac de Santiago de Cuba, luego del Asalto al Cuartel Moncada. Esa es una emblemática imagen que ha recorrido no solo los libros de historia, sino la vida de los cubanos.

Cuenta la periodista, que casi fue un escarnio para los elementos del Vivac ordenarle que posara allí para lo que podríamos llamar “la foto oficial”, donde el asaltante tuviera detrás al Martí que había ofendido, cuando en verdad estaban exaltando algo más que un símbolo para él. Se trataba de la razón de ser de sus postulados patrióticos y el contenido mismo del programa que defendía Fidel y por el que cayeron, en su inmensa mayoría asesinados, sus compañeros de lucha.

Luego, durante su alegato de defensa en el juicio por los sucesos del 26 de julio de 1953, el joven abogado expresó: “Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro”.

Fidel fue el mejor discípulo de Martí, y el legado del líder de la Revolución cubana nos invita a reflexionar permanentemente acerca de la vigencia de Martí en el pensamiento Fidel, cómo su conocimiento acerca del proyecto revolucionario martiano le permitió comprender la realidad cubana y del mundo, y elaborar su propio programa de lucha.

Fidel, con su palabra y obra, nos fue enseñando toda la dimensión humana, ética, política, ideológica, militar, patriótica, americanista, internacionalista y antiimperialista de José Martí. Fidel fue martiano en su comportamiento cotidiano, y tomó del Maestro su doctrina del humanismo. 

En el libro “Cien horas con Fidel”, entrevistado por el intelectual Ignacio Ramonet, el Comandante se describe como “socialista, marxista, leninista, pero primero fui martiano”. 

Martí y Fidel son dos revolucionarios extraordinarios, hombres de acción, de un pensamiento universal.

La unidad es la palabra clave del mensaje de Martí, y como luego lo hizo Fidel, llamó al internacionalismo, a la solidaridad, a la amistad entre los pueblos: “¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento y de la marcha unida”.

A lo largo de los siglos, desde la publicación de “Nuestra América”, se ha ido edificando el sueño de un continente unido e integrado. “La Segunda Declaración de La Habana” demostró que era posible crear una sociedad distinta al modelo capitalista ante las propias narices de Estados Unidos.

Esos dos emblemáticos textos, sintetizan la evolución del proyecto emancipador elaborado por José Martí en el siglo XIX. 

En la actual coyuntura regional, para resistir y enfrentar los apetitos desenfrenados del poder hegemónico imperial, decidido a apoderarse del continente, los pueblos latinoamericanos deben cimentar su unión en torno a valores e intereses comunes para poder preservar la independencia, la soberanía y la identidad de América Latina. 

Como nos enseñó Martí, como nos inculcó Fidel, sólo la alianza de todas las fuerzas progresistas permitirá establecer un plan de integración regional basado en la solidaridad, la reciprocidad, la justicia social, la preservación de la cultura y la paz.

domingo, 21 de mayo de 2017

Radiografía de la violencia en Venezuela

Foto: Carlos García Rawlins / Reuters.
Tomado de Notas Periodismo Popular.
Por Marco Teruggi, desde Caracas.
La estrategia callejera de la derecha tiene tres niveles. El primero es el de la movilización, con diputados en primeras líneas, banderas de Venezuela, inventos como el hombre desnudo sobre la tanqueta, personas en ejercicio de su “derecho a la protesta”. El objetivo es mostrar masividad, construir la idea de “un pueblo contra el régimen”. Ocurre generalmente entre las 11 y las 15hs.
¿Cuántos son en realidad? Apogeos de unos quince mil, descensos a pocos miles, según las fechas y el desgaste. Para saberlo hay que mirar las imágenes que suben a las redes: si predominan rostros y planos cerrados, entonces fueron pocos; si abren el ángulo de las cámaras sobre la movilización, al tiempo que lo cierran -con una curva que no permite ver más allá, por ejemplo- entonces rondan sus quince mil. También se puede ir al terreno para ver, con los riesgos que eso implica: varias personas sospechadas de ser chavistas fueron golpeadas y linchadas.
El segundo nivel es el de la confrontación, presentada como represión. Ahí actúan los grupos de choque: encapuchados, con escudos -como escenas de películas de la edad media- bombas molotov, cables de acero cruzados de lado a lado de la calle, aceite quemado en el piso, armas caseras y pistolas. Actúan organizados en células, son generalmente muy jóvenes, con preparación, financiamiento, y a la vez improvisación.
La activación de esta fase callejera ocurre cuando la movilización se encuentra con los cordones de policía que impiden el paso al centro político de Caracas, por lo general cerca de las 14. Se superpone en el inicio con los momentos de mayor concurrencia, donde algunos diputados todavía presentes denuncian asfixia por los gases lacrimógenos. Cuando la movilización se desarma, estos grupos quedan concentrados en un punto central -como en la autopista Francisco Fajardo, en Caracas- o dispersos en varios puntos de la ciudad y el país, según cómo haya sido planteada la convocatoria del día.
Esos dos primeros niveles son los que se transforman en noticias, imágenes, relatos para las redes sociales y los grandes medios de comunicación del mundo que construyen día tras día la matriz de opinión contra Venezuela. La movilización es inflada en su cantidad -“multitudes”, “el pueblo”, etc.- y los grupos de choque, aun cuando su violencia es evidente, son presentados como jóvenes que son “reprimidos brutalmente por la dictadura de Maduro”.
El tercer nivel de la estrategia callejera es el de las sombras y el que debe ser estudiado con mayor detenimiento. Opera a veces interior del primero, aunque casi siempre empieza a partir el segundo, y toma toda su fuerza, por lo general, al finalizar la tarde o directamente en la noche. Cuando sucede al interior del primero y/o segundo nivel se traduce centralmente en destrozos de infraestructura e instituciones públicas, y en heridos y muertos, que pueden ser policías, integrantes de los grupos de choque, o personas que pasaban cerca de la zona del conflicto.
La derecha acusa automáticamente al gobierno de ser responsable de los hechos, tanto de los destrozos como de las muertes: ahí entra el argumento de los “colectivos”. Las investigaciones arrojan conclusiones muy distintas a esas versiones: de los 39 fallecidos desde el 6 de abril, solo cuatro fueron a manos de cuerpos de seguridad -para lo cual hay 18 efectivos detenidos o solicitados- y los demás fueron producto de saqueos (13), disparos por civiles (4), barricadas (6), objetos contundentes (1), todavía por definir (11). Estos 11 casos, según las investigaciones en curso, habrían sido, en su mayoría, asesinados desde dentro de las mismas movilizaciones. Tales fueron, por ejemplo, los casos de Armando Cañizales “que falleció producto de un disparo por arma de fuego, pero se le extrajo una esfera metálica cromada de 8mm de diámetro”, y de Juan Pablo Pernalete, que habría sido asesinado por una pistola de perno cautivo disparada a quemarropa por dos encapuchados -como indica la autopsia y el video.
Los autores de los crímenes -por fuera de los cuatro de la policía y ocho electrocutados durante un saqueo- pueden ser parte de los grupos de choque, o personas solitarias que producto de un llamado al odio, la violencia y la venganza contra el chavismo, pasan a operar por cuenta propia. Tal es el caso de quien lanzó una botella de agua congelada desde su casa sobre un grupo chavista, y mató a una persona que pasaba por ahí.  
Es el tercer nivel entonces. Su peligro está en el anonimato. Se despliega con fuerza cuando las movilizaciones están dispersas y las matrices de comunicación ya construidas. El último caso paradigmático tuvo lugar la semana pasada en el estado Carabobo. Ahí se registraron destrozos a locales, instituciones públicas, camiones de carga, barricadas, el centro y varias zonas fueron tomadas por grupos de choque que llegaron a correr el rumor de que iban a asaltar las viviendas de los chavistas. El resultado fue cinco muertos, negocios cerrados, cenizas, calles desoladas, un odio/miedo/rencor/pánico dentro de la población.
En ese caso se trató de un despliegue de violencia en más de once puntos en simultáneo, que no solamente fue en zonas de clases medias-altas, como suele suceder por ser territorios opositores y gobernados por la derecha, sino que ingresó a las zonas populares de Valencia donde, justamente, se encuentra mayoritariamente el chavismo. Lo mismo había ocurrido en El Valle, zona popular de Caracas, días atrás -con un saldo de 11 muertos, entre los cuales los electrocutados- y antes en Barquisimeto, en la Ciudad Socialista Alí Primera, donde fue asesinado un niño de 14 años.
Esa es una de las modalidades del tercer nivel. Otra es el ataque sobre la población que sucede, por ejemplo, en zonas de frontera como Táchira. Ahí circulan mensajes por Whatsapp o volantes como este: “Mototaxis, taxistas, autobús, busetas, que a partir de este comunicado labore, se atendrá a las consecuencias. Negocio que abra le lanzamos granadas, mototaxi que trabaje se va a desaparecer, los buses y busetas que veamos trabajando se van a quemar con todo y pasajeros. Queremos al pueblo en la calle apoyando a los jóvenes que la están guerreando y luchando por un país libre. Atte.” Hasta la fecha más de siete autobuses fueron quemados. Es un intento de instalar un control de territorio en manos de grupos armados -que cuando aparecen públicamente son presentados como manifestantes pacíficos.
Otra forma más del tercer nivel es el asesinato selectivo a chavistas que no ha cesado. El último caso tuvo lugar en Anzoátegui la semana pasada, donde dos dirigentes estudiantiles fue asesinados al finalizar una asamblea: se escucharon, dijo el periódico local, unos 23 disparos. ¿Cuántos cuadros medios del chavismo han sido ultimados hasta la fecha? Todavía no existe un número certero.
La construcción mediática sobre Venezuela está conformada por el primer y el segundo nivel, presentados de manera falsa. El resultado es eficaz: gran parte del continente piensa que existe un “gobierno autoritario o dictadura que reprime a un pueblo”. Una idea que permeó en el sentido de común de muchos, incluso de sectores de la intelectualidad que se reivindican de izquierda. Es la operación de superficie, de masas. El tercer nivel, subterráneo, alejado de las cámaras, es el que intenta llevar al país al punto del enfrentamiento civil.
¿Hasta dónde quieren y pueden llevar este nivel? En esa respuesta, su concreción o no, se juega, entre factores, la posibilidad de que el escenario se agudice hasta el punto de no-retorno, o que se retorne a la vía democrática a través del llamado a la Asamblea Nacional Constituyente realizado por Nicolás Maduro.
@Marco_Teruggi

Opositores prenden fuego a hombre en Altamira al confundirlo con “infiltrado chavista”

Un hombre al que prendieron fuego camina envuelto en llamas por Caracas, Venezuela, durante las protestas de la oposición contra el presidente del país, Nicolas Maduro, el 20 de mayo de 2017. Marco Bello / Reuters
Tomado de ALBA Ciudad 93.6FM
Texto: Actualidad RT y Alba Ciudad.

El hecho ocurre el mismo día en el que el gobernador de Miranda y dirigente opositor, Henrique Capriles, emitió un discurso incendiario ante miles de manifestantes, usando lenguaje altamente soez y llenode odio para insultar al Presidente Nicolás Maduro y algunos de sus ministros. Tras eso, Capriles desvió la concentración sin autorización ni aviso previo, enviando a miles de manifestantes hacia la sede del Ministerio de Relaciones Interiores, en el centro de Caracas. “Si tenemos que dejar el pellejo, ¡lo haremos!”, dijo. La marcha tuvo que ser dispersada.

Altamira es una zona acomodada de Caracas y epicentro de los actos de violencia de grupos de choque de la oposición en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

Las imágenes recogen el momento en que una turba enardecida de unas 40 personas, la mayoría con el rostro cubierto, golpea salvajemente a un hombre que permanece en el suelo de una vía pública. Le dan patadas y lo hieren con objetos contundentes, como piedras y cascos.

Alguien hace espacio entre el tumulto para que la víctima, presuntamente bañada con gasolina, quede sola en el pavimento y es entonces cuando otro individuo con el rostro cubierto con una capucha verde enciende un mechero y le prende fuego.

El agredido se levanta envuelto llamas y corre unos metros por una de las vías obstaculizadas por las violentas protestas opositoras, topándose con una moto, que también se prende fuego, mientras la gente se aparta a su paso para no quemarse.

El joven fue identificado por el Ministerio de Relaciones Interiores como Orlando José Figuera, de 21 años de edad, quien sufrió quemaduras de primer y segundo grado en el 80 por ciento de su cuerpo. Fue enviado al Hospital Domingo Luciani.

El Presidente Nicolás Maduro ordenó atención médica inmediata al joven Figuera, según informó el ministro venezolano para la Comunicación e Información, Ernesto Villegas. “Jóvenes de barrios contratados para ‘guarimbear’ (participar en protestas violentas) se exponen a ser confundidos con ‘infiltrados’, lo cual puede costarles vida o integridad”, señaló.

Según el informe médico, el joven se encuentra en condiciones generales regulares y presenta herida por arma blanca en la región parietal (cabeza) y otras tres en distintas partes del torso. Al parecer, tendrá que ser intervenido por una de las lesiones que le ocasionaron en el tórax.

La víctima declaró a las autoridades que, aparentemente, había sido confundido con un ladrón dentro del propio grupo opositor y que por ello lo golpearon salvajemente, hiriéndolo con armas blancas, rociándolo de gasolina y prendiéndole fuego.


Se advierte que los vídeos no son aptos para personas sensibles.

Después de golpearlo salvajemente y ocasionarle daño con objetos contundentes, le prenden fuego... ¡Y los medios occidentales mudos, ciegos y sordos frente a la violencia de la oposición venezolana!.. quieren seguir vendiendo como "pacíficos" a esa la turba violenta.


viernes, 19 de mayo de 2017

La edad de todos los tiempos

El texto no está completo, fue escrito en 2012, y por ello se ha tomado lo que sigue vigente en la actualidad.

Tomado de Conexión Cubana
Por Abel García.

Hoy, en un aniversario más de la muerte del Apóstol, quisiera compartir esa insospechada conversación, salida de la devoción de alguien que como mucho de nosotros los cubanos de hoy en día siempre lo tienen presente.
Para un sitio web quizás muchos opinen que el cuento es un escrito demasiado largo, pero para los que quieren aprender del más universal de todos los cubanos estoy convencido que la lectura será amena e instructiva.
ANTES:
Desde adolescente, fue una frustración el no haber conocido por las razones obvias del tiempo a José Martí, en un principio me atrajo su fantástica obra poética y en prosa, o, el hecho casi epopéyico que la figura cimera de la revolución del 95 cayera baleado prácticamente a boca de jarro por el enemigo, justo cuando la empresa a la cual había dedicado su vida más lo necesitaba. Quizás, en aquellos primeros años también influyera el regalo que le hiciera el destino al morir de cara al sol tal como lo había pedido. Pero la frustración fue deseo irresistible y después necesidad imperiosa, ya que cuando conocí, en un mínimo su legado, más añore su presencia, motivado por la vigencia irreductible de su pensamiento.
 No podría decir a ciencia cierta el día, la hora, ni siquiera el tiempo que estuvimos juntos, no se si podré explicar si fue el deseo que logró que yo que viajara atrás en el tiempo, o él llegaba del pasado, o quizás estuvimos en algún punto intermedio de la materia o el espacio. Pero lo real es que de pronto lo tuve delante, quedando sin habla ante este encuentro, aunque reaccioné a tiempo para no dejar que se escapara la oportunidad de escuchar de forma directa opiniones acerca de tantos problemas que azotan hoy a la humanidad y entablé aquella conversación insuperable, siendo incluso demasiado directo, desestabilizado por su presencia, sin presentarme, ni despedirrne como debía ser ante su figura; asaltándolo a preguntas las cuales respondió, con la facilidad, sencillez, objetividad y seguridad de quien sabe que “Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí, y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria[1]”.
Maestro, ¿Qué cree usted de todos los programas que lleva a cabo nuestro país en el marco de la actual batalla de ideas?
J.M.: Estos no son tiempos para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas, vales más que trincheras de piedra.
No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea energética, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un batallón de acorazados[2].
 ¿Qué piensa de la batalla por la educación y la cultura, a partir de todos los esfuerzos en este sentido?
 J.M.: El que sabe más, vale más. Saber es tener. La moneda se funde, y el saber no. Los bonos, o papel moneda, valen más, o menos, o nada: el saber siempre vale lo mismo, y siempre mucho… Un hombre instruido vive de su ciencia, y como la lleva en sí, no se le pierde, y su existencia es fácil y segura… Un pueblo instruido ama el trabajo y sabe sacar provecho de él… A un pueblo ignorante puede engañársele con la superstición, y hacérsele servil. Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre. Un hombre ignorante está en camino de ser bestia, y un hombre instruido en la ciencia y en la conciencia está en camino de ser Dios. No hay que dudar entre un pueblo de Dioses y un pueblo de bestias… Un pueblo de hombres educados será siempre un pueblo de hombres libres. – La educación es el único medio de salvarse de la esclavitud. Tan repugnante es un pueblo que es esclavo de hombres de otro pueblo, como esclavo de hombres de sí mismo[3].
En nuestro país al tiempo que le damos mucha importancia al estudio de la historia universal enfatizamos en el conocimiento profundo de nuestra historia y la América. ¿Hacemos bien?.
 J.M.: ¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América?… La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcones de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. No es más necesaria.[4]
¿Cuáles son los peligros que pudieran caer sobre Cuba y el resto de los pueblos latinoamericanos hoy día?
J.M.: De todos los peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas, está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras, olvidando que Juárez paseaba en un coche de mulas, ponen coche de viento, y de cochero a una bomba de jabón: el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano, y abre la puerta al extranjero… Otras crían, en la guerra rapaz contra el vecino, la soldadesca que puede devorarlas. Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. El desdén del vecino formidable que no la conoce es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe.[5]
Usted al parecer nos habla de los Estados Unidos de América, pero, ¿Para muchos no se supone que sea este el pueblo paradigma de la libertad?
J.M.: Pasa en los juicios que se publican sobre los pueblos lo que a los hombres de poca edad con las mujeres que los deslumbran por su hermosa apariencia, sin ver que puede una serpiente vivir en la misma concha que parece morada de la perla… A los pueblos se les ha de estudiar dos veces, como las mujeres. El frívolo se contenta con las impresiones, sobre todo si son de su agrado o concuerdan con su disposición personal. El que sabe que la pluma se debe mojar en la sangre de la verdad, aunque nos salga del costado, deja pasar los primeros vapores de la impresión, y escribe después de estudio doloroso de lo real… Y eso no va dicho por casualidad, sino porque en lo que se escribe ahora por nuestra América imperan dos modas igualmente dañinas… Una de las cuales es presentar como la casa de las maravillas y la flor del mundo a los Estados Unidos, que no lo son para quien sabe ver.[6]
Ni el que sabe y ve puede decir honradamente, – porque eso sólo lo dice quien no sabe y no ve, o no quiere por su provecho ver ni saber, – que en los Estados Unidos prepondere hoy, siquiera, aquel elemento mas humano y viril, aunque siempre egoísta y conquistador, de los colonos rebeldes, ya segundones de la nobleza, ya burguesía puritana; si no que este factor, que consumió la raza nativa, fomentó y vivió de la esclavitud de otra raza y redujo o robó a los países vecinos, se ha acendrado, en vez de suavizarse, con el injerto continuo de la muchedumbre europea, cría tiránica del despotismo político y religioso, cuya única cualidad común es el apetito acumulado de ejercer sobre los demás la autoridad que se ejerció sobre ellos. Creen en la necesidad, en el derecho bárbaro, como único derecho; “esto será nuestro, porque lo necesitamos”. Creen en la superioridad incontrastable de la raza anglosajona contra la raza nativa. Creen en la bajeza de la raza negra, que esclavizaron ayer y vejan hoy, y de la india, que exterminan[7].
El Norte ha sido injusto y codicioso; ha pensado más en asegurar a unos pocos la fortuna que crear un pueblo para el bien de todos; ha mudado a la tierra nueva americana los odios todos y todos los problemas de las antiguas monarquías… En el Norte no hay amparo ni raíz, en el Norte se agravan los problemas, y no existen la caridad y el patriotismo que los pudieran resolver…… Se ha repartido mal la tierra; y la producción desigual y monstruosa, y la inercia del suelo acaparado, dejan al país sin la salvaguardia del producto distribuido, que da de comer cuando no da para ganar. Aquí se amontonan los ricos de una parte y los desesperados de otra. El Norte se cierra y está lleno de odios[8].
Pero para otros los Estados Unidos asumen conductas positivas, que le dan oportunidad a nuestros pueblos como es el Tratado de Libre Comercio de América.
J.M.: Jamás hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera mas sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen mas claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen de las naciones americanas de menor poder… De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia[9].
Pero de esa relación con alguien tan desarrollado se podrían beneficiar nuestras economías y aun seguiríamos siendo independientes.
J.M.: A todo convite entre los pueblos hay que buscarle las razones ocultas… Los pueblos menores, que están aún en los vuelcos de la gestación, no pueden unirse sin peligro con los que buscan un remedio al exceso de productos de una población compacta y agresiva, y un desagüe de sus turbas inquietas, en la unión con los pueblos menores[10].
Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve… El pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo… El influjo excesivo de un país en el comercio de otro, se convierte en influjo político… Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro, se hace servil de él… El pueblo que quiera ser libre, sea libre de negocios. Si ha de preferir a alguno, prefiera al que lo necesite menos, al que lo desdeñe menos… El comercio va por las vertientes de la tierra y agua y detrás de quien tiene algo que cambiar por él, sea monarquía o república. La unión, con el mundo. Y no con una parte de él[11].
Pero maestro otros no ven esa relación como peligrosa y desearían incluso, no-solo la unión económica, sino también la unión política.
J.M.: Cuando un pueblo es invitado a una unión por otro, podrá hacerlo con prisa el estadista ignorante y deslumbrado, podrá celebrarlo sin juicio la juventud prendada de las bellas ideas, podrá recibirlo como una merced el político venal o demente, y glorificarlo con palabras serviles; pero el que siente en su corazón la angustia de la patria, pero el que vigila y prevé, ha de inquirir y ha de decir que elementos componen el carácter del pueblo que convida y el convidado, y si están predispuestos a la obra común por antecedentes y hábitos comunes, y si es probable o no que los elementos temibles del pueblo invitante se desarrollen en la unión que pretende, con peligro del invitado[12].
Cree el soberbio que la patria fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irredimible a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña. La incapacidad no está en el país naciente, que pide forma que se le acomode y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés no se destanca la sangre cuajada de la raza india[13].
Por lo que hemos hablado parece que el empuje norteamericano contra Latinoamérica pudiera ser cada vez más directo y con más fuerza. ¿Qué podríamos hacer frente a un enemigo tan poderoso?
J.M.: Y han de poner sus negocios los pueblos de América en manos de su único enemigo, o de ganarle tiempo, y poblarse, y unirse y merecer definitivamente el crédito y respeto de naciones, antes de que ose demandarles la sumisión el vecino a quien, por las lecciones de adentro o las de fuera, se le puede moderar la voluntad, o educar la moral política, antes de que se determine a incurrir en el riesgo y oprobio de echarse, por la razón de estar en un mismo continente, sobre pueblos decorosos, capaces, justos, y como él, prósperos y libres?[14]
Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades:¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes[15].
Sólo una respuesta unánime y viril, para la que todavía hay tiempo sin riesgo, puede libertar de una vez a los pueblos españoles de la América de la inquietud y perturbación, fatales en su hora de desarrollo, en que les tendría sin cesar, con la complicidad posible de las repúblicas venales o débiles, la política secular y confesa de predominio de un vecino pujante y ambicioso, que no los ha querido fomentar jamás, ni se ha dirigido a ellos sino para impedir su extensión, como en Panamá, o apoderarse de su territorio, como en México, Nicaragua, Santo Domingo, Haití y Cuba, o para cortar por la intimidación sus tratos con el resto del universo, como en Colombia, o para obligarlos como ahora, a comprar lo que no puede vender, y confederarse para su dominio[16].
Maestro, que nos puede decir, de aquellos, que desde el mismo triunfo de la Revolución se protegieron bajo el manto del imperio y  hoy día continúan desde allí sus actividades contra la Revolución, viendo el futuro de Cuba como un estado del Norte.
J.M.: No es este el momento de discutir el asunto de la anexión de Cuba. Es probable que ningún cubano que tenga en algo su decoro desee ver su país unido a otro donde los que guían la opinión comparten respecto a él las preocupaciones sólo excusables a la política fanfarrona o la desordenada ignorancia. Ningún cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter[17].
Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella? Ni ¿por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría,- a manera, no del pueblo que es, propio y capaz, -sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas? Base más segura quiero para mi pueblo[18].
¿Y pudiera haber otra forma mediante la cual Estados Unidos quisiera intentar apoderarse de la isla además de los mecanismos económicos ya citados como el ALCA?
J.M.: Sobre nuestra tierra,.., hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla, a la guerra, para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más cobarde no hay en los anales de los pueblos libres: ni maldad más fría. ¿Morir, para dar pie en que levantarse a estas gentes que nos empujan a la muerte para su beneficio? Valen más nuestras vidas, y es necesario que la Isla sepa esto a tiempo[19].
¿Qué piensa usted de esa guerra norteamericana contra Afganistán o Iraq, cuando ellos mismos crearon las organizaciones que hoy combaten, por intereses políticos?
J.M.: A la mesa del castigador no puede sentarse con honra, sino sin honra, ningún hermano de castigado[20].
Es un criminal quien promueve en un país la guerra que se puede evitar…[21]
La guerra debe ser sinceramente generosa, libre de todo acto de violencia innecesaria contra personas y propiedades, y de toda demostración o indicación de odio[22].
Mayor General; el pasado ha sido triste y duro, no solo para Cuba y países tercermundistas, sino para aquellos que son del tercer mundo dentro del primero, si estuvo plagado de calamidades, abusos, engaños y miseria, el presente para la mayoría es más desolador incluso, que todo lo que antecedió; ¿Qué será del futuro?
J.M.: Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud…[23]
El mundo está de cambio; y las púrpuras y las casullas, necesarias de los tiempos místicos del hombre, están tendidas en el lecho de la agonía… Por encima del desconsuelo en que sume a los observadores en estudio de los detalles y envolvimiento despacioso de la historia humana, se ve que los hombres crecen, y que ya tienen andada la mitad de la escala de Jacob… Si acurrucado en una cumbre se echan los ojos de repente por sobre la marcha humana, se verá que jamás se amaron tanto los pueblos como se aman ahora, y que a pesar del doloroso desbarajuste y abominable egoísmo en que la ausencia momentánea de creencias finales y fe en la verdad de lo Eterno trae a los habitantes de esta época transitoria, jamás preocupó como hoy a los seres humanos la benevolencia y el ímpetu de expansión que ahora abrasa a todos los hombres
Andamos sobre las olas, y rebotamos y rodamos con ellas; por lo que no vemos, ni aturdidos del golpe nos detenemos a examinar, las fuerzas que las mueven. Pero cuando se serene este mar, puede asegurarse que las estrellas quedaran más cerca de la tierra. ¡El hombre envainara al fin en el sol su espada de batalla!
Después:
Estuve preparado para cualquier cosa, imaginaba que vendría  un rayo de luz, una descarga eléctrica o cualquier otra de sus similares que vemos tanto en filmes de ciencia-ficción, que recibiría cualquier sensación extraña que me trajera de regreso o vería de forma mágica, la imagen del maestro, desaparecer ante mis ojos.
 Más partió caminado normalmente, con aquel traje negro con que ha quedado inmortalizado para todos los cubanos. Conversó con una maestra, habló a un albañil, dijo un poema, repetido después a una novia sin que esta se diera cuenta de la complicidad, cargó a un niño y besó a una pequeña en la frente; a lo lejos debatía con alguien que parecía un estudiante, se confundió con el tumulto hasta que lo perdí de vista.
Entonces aún estupefacto, entendí; durante toda la conversación estuve en la Cuba del Siglo XXI, que no había ido al pasado, ni él viajado al futuro, ya que continúo cabalgando al frente de las ideas patrias durante la última contienda mambisa, se opuso a la intervención norteamericana y su apéndice constitucional, felicitó a Baliño y a Mella por la creación de un Partido para los obreros en el 25, estuvo presente en la Revolución del 30 y todas las luchas de nuestros dirigentes sindicales y políticos que se opusieron a la triste República Neocolonial, siendo látigo incansable contra los gobiernos corruptos, serviles y entreguitas de la época; su verbo y ejemplo florecieron en los labios y actitud de jóvenes como Villena, Guiteras, Jesús, Roca, Abel, José Antonio y Frank. Fue autor intelectual del Moncada; su amor patrio no le permitió conformarse y marchó con Fidel en la Sierra, bajo con Che y Camilo al llano. Combatió en las arenas de Girón, fue internacionalista en Centra América y África, y nos inculcó que patria es humanidad, es partícipe directo de los logros de la Revolución y un inspirador incansable en las actuales batallas que libramos.
Referencias
[1] Vid. Obras Completas, T VIII, Editorial, Nacional de Cuba, La Habana 1963, p. 288.
[2] Vid. Colección textos martianos, Obras escogidas en tres tomos, T. II, Editorial: Ciencias Sociales, p. 480.
[3] Vid. Roig de Leuchsenring, Emilio, Tres estudios martianos, Editorial: Ciencias Sociales. P. 109.
[4] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, pp. 482 y ss.
[5] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 500.
[6] Ídem, p. 231.
[7] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 500.
[8] Vid. Roig de Leuchsenring, Emilio, Ob. , cit. , pp. 181 y ss.
[9] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 379.
[10] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 449.
[11] Ídem, p. 501.
[12]Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 449.
[13] Ídem, p. 481.
[14] Vid. Roig de Leuchsenring, Emilio, Ob. , cit. , p. 196.
[15] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 481.
[16] Ídem, pp. 379 y ss.
[17] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 263.
[18] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 377.
[19] Vid. Roig de Leuchsenring, Emilio, Ob. , cit. , p. 178.
[20] Martínez, Carlos A.: Código martiano o de Ética Nacional(1ra Edición) p.139.
[21] Ídem, p. 141.
[22] Ídem, p. 144.
[23] Vid. Versos de Martí, Ed. Lex, La Habana.
[24] Vid. Obras completas : Ob. , cit. , T. VIII, p. 291.

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