Tira Cuba

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lunes, 18 de septiembre de 2017

¿Trata JJ Benítez de desmitificar o más bien mentir sobre la vida del Che?


Por Gustavo de la Torre Morales

La palabra fue un invento de la civilización, la cual facilitó en el complejo ejercicio de la comunicación, la posibilidad de recrear a lo infinito una fantasía como de hacer diáfana una verdad.
Pero la fantasía es ese abanico que posibilita adornar hechos lejanos, pasados o futuros con reflejos de la imaginación, adicionando pictóricamente una invención hasta el punto de idealizar una supuesta realidad; aunque la verdad no es más que la expresión clara, sin rebozo ni lisonja, o el juicio que no se puede negar racionalmente.
Muchos se aventuran en la información y otros en la literatura (aunque ambos se entremezclan en puntos ocasionalmente difusos). Algunos incursionan el campo de la ficción, otros se aferran a exponer los sucesos ocurridos, y aunque ambos necesitan de la investigación, se tiene la salvedad que el primero embelesa la mente con quimeras y el segundo rescata hechos reales… el periodismo no está exento de iguales comportamientos.
¿Recuerdan la llamada “Guerra de Hearst” (“Hearst’s War”), refiriéndose a William Randolph Hearst y la explosión del acorazado Maine que obligó al presidente William McKinley a intervenir en el conflicto hispano-cubano? Resuena aún dentro del periodismo la frase: “¡Ponga usted las ilustraciones, que yo pondré la guerra!”… ¡Y tanto la guerra como la imposición del neo-coloniaje con sus desmanes contra el pueblo cubano se hicieron realidad!
El uso de la mentira, como herramienta para crear estados de opinión favorables a lo que debe ser reprobable es tan común en el periodismo como en la literatura.
De la misma manera que se inventaron una guerra fría contra la otrora URSS en la norteamericanización de Europa durante el Plan Marshall, y una amplia gama de literatura lanzó a EEUU como el “único” salvador del viejo continente occidental del fascismo, también están las famosas y nunca encontradas “armas de destrucción masiva” de Aznar, Blair y Bush para empujar la nefasta guerra contra Irak.
Ejemplos hay incontables y que hoy llaman “Operaciones de falsa bandera”.
Como expresó José María Fraguas de Pablo (Pirracas): “No es cuestión de simplemente no decir la verdad, o de callarse, sino de difundir falsedades de una forma activa o agresiva, porque supone siempre una acción, utiliza una técnica y responde a una estrategia que busca determinados efectos”.
En la literatura también aparecen quienes son reclutados porque fácilmente se acogen a las maquinaciones de montajes y campañas (y así rascar fama), como también intencionalmente se han fabricado “escritores”, lanzados sorprendentemente en carrera ascendente, sin importar los escasos o nulos valores profesionales y éticos, sólo con el objetivo de crear puntas de lanzas contra aquellos que llaman "molestos". ¿En las campañas contra Cuba, no le suena el nombre de Alberto Montaner, un engendro de la CIA?
La realidad muestra que hay periodistas y escritores (algunos hacen ambas funciones) que dedican sus esfuerzos en llevar la verdad a cada rincón de la humanidad, mientras lamentablemente hay otros creando “excusas” que faciliten intereses de lobbies de poder.
De la misma manera que la CIA intentó eliminar físicamente a Fidel Castro en 638 ocasiones (que hasta hoy se conozcan), también reclutó o creó para sus diabólicas campañas de mentiras a marionetas del periodismo y la literatura; aunque algunos se prestan “gratis” con el afán de desacreditar a quien los pueblos levantan en forma de bandera para sus causas de rebeldía.
Es extremadamente notorio que en el año del aniversario 50 del asesinato del Che, salga a la luz pública el lanzamiento del libro “Tengo a papá, las últimas horas del Che”, de JJ Benítez, el cual no esconde el empeño de seguir ese guión imperialista de sembrar el rechazo a quien Cuba con gran cariño, denominó como El Guerrillero Heroico.

El autor de la saga “Caballo de Troya”, en su intento de desmitificar a Ernesto “Che” Guevara, refleja en su nueva “obra” los mismos gatuperios de cuando incursionó en los expedientes X españoles sobre OVNI’s su presentación del vídeo “Mirlo Rojo”, en el programa Planeta Encantado, con imágenes inéditas de “construcciones alienígenas” en la luna.
Sorprende, hasta lo inimaginable, que con libertina desfachatez, el propio JJ Benítez declare que la mayor parte de la información obtenida en su investigación provenga de la Agencia Central de Inteligencia de EEUU (CIA), cuartel donde se engendró las acciones criminales de la famosa Operación Cóndor, cuna de complots y conflictos internacionales, centro de planificación de “Primaveras” o “Revoluciones de Colores” y lugar de donde salió precisamente la orden del asesinar al héroe argentino-cubano, la cual se llevó a cabo el 9 de octubre de 1967, en Bolivia.
Si en el 2007 el Tribunal Supremo del Estado español condenó a Luis Alfonso Gámez a pagar una suma de 6000.00€ por expresar en su blog personal criterios que supuestamente vulneraban el honor a JJ Benítez, cabría preguntarse ¿También condenarán a JJ Benítez a indemnizar a la familia del Che y al pueblo cubano por las falsedades y tergiversaciones publicadas en su libro?

martes, 12 de septiembre de 2017

La historia de Cuba en la concepción revolucionaria de Fidel

Foto: Juvenal Banal
Tomado de Granma
Por: Dr.C. Dolores B. Guerra López. Miembro del Instituto de Historia de Cuba.

En el ideario del líder histórico de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz emerge, como originalidad, que supo asumir las tradiciones patrias como instrumento educativo para la acción política y lo expresó manifiestamente en su oratoria. De esta forma proyecta su pensamiento revolucionario, cuya trascendencia se demuestra en una visión nacional que contribuye a enriquecer su ejecutoria como estadista.
A través de su trayectoria como guía de la Revolución, el pensamiento evoluciona y crea un sistema de concepciones que poseen una unidad dialéctica y práctica, como base ideológica del proceso revolucionario cubano, al aplicar las lecciones de la historia al quehacer contemporáneo.
La influencia de las gestas independentistas en su pensamiento cobra fuerza, en los momentos iniciales de su carrera política, al ver en la historia de Cuba el instrumento que le permitiría movilizara las masas en torno a los propósitos revolucionarios y de liberación nacional. Desde las primeras acciones de su tarea transformadora, tuvo la perspectiva de que «[…] tenemos que conocer más de historia de Cuba […]Y digo que no puede haber una buena educación política sino hay una buena educación histórica, no puede haber una buena formación revolucionaria sino hay una buena formación histórica».
La urgencia ante las labores cotidianas lo obligó a utilizar como vía más expedita, el contacto directo y habitual para divulgar, con lenguaje sencillo, comprensible y directo, sobre el acontecer político e histórico de la nación, supeditando la posibilidad de utilizar complicados elementos teóricos o conceptuales, no asimilables para un pueblo que recién se había declarado libre de analfabetismo. Esta estrategia de intercambio es, per se, una aportación de su accionar político, pues en su oratoria afloran elementos que enriquecen su arte de hacer política y esa es la esencia íntima de su obra de trasformación social a través del papel educativo de la historia.
Asumió como principal originalidad, el saber universal, lo volcó hacia la acción política y lo expresó en su oratoria. De esta forma proyectó sus ideas revolucionarias, cuya trascendencia se demuestra, entre otras cosas, en que hay un ideario nacional que aspira a enfrentar los problemas actuales que deben ser examinados por todos aquellos preocupados por el futuro de la humanidad.
LAS LUCHAS INDEPENDENTISTAS EN EL ACCIONAR REVOLUCIONARIO DE FIDEL
Las contiendas por la independencia en el siglo XIX, ganaron desde temprano la adhesión de Fidel y al hacer uso de la función demostrativa de la historia plantea: «nada nos enseñará mejor a entender qué quiere decir Revolución, que el análisis de la historia de nuestro país, que el estudio de la historia de nuestro pueblo y de las raíces revolucionarias de nuestro pueblo».
Esta influencia de las gestas libertarias en su pensamiento cobra fuerza desde los momentos iniciales de su carrera como líder, al ver en la historia de Cuba el elemento que le permitiría movilizara las masas en torno a los propósitos revolucionarios y de liberación. En sus razonamientos, esta disciplina posee mayor connotación cuando el conocimiento tiene la capacidad de predecir, y es en la potencialidad de prever que muestra sus cualidades visionarias de los acontecimientos universales. Como se demuestra en la siguiente enunciación: «[…] ¡Y qué útil es hurgar en la historia extraordinaria de nuestro pueblo! ¡Cuántas enseñanzas, cuántas lecciones, cuántos ejemplos, qué cantera inagotable de heroísmo! Porque ningún pueblo en este continente luchó más por su libertad que el pueblo cubano […]».
Nos expresa el máximo líder, como idea central, que no podemos pensar ni hacer estrategias si no partimos de los modos y de las lecciones que estas nos dejan.
Estudiarla en retrospectiva histórica sirve para observar modelos de acción, analizar cómo fueron utilizados sus varios aspectos –recursos, análisis, liderazgo– y obtener conclusiones en torno a las ventajas y dificultades observadas. Pero más allá de las teorías, lo importante es el cúmulo de conocimientos que nos deja el análisis de los hombres y grupos protagonistas de diferentes epopeyas.
El estudio de las guerras, batallas y los actos de acumulación, conservación o incremento de poder a través de la historia, constituyen ricos ejemplos, de donde pueden obtenerse valiosos conocimientos.
No es un arbitrio ideológico acudir a la experiencia histórica, en ella encontramos una línea de reflexión sobre estrategia, naturaleza y aplicabilidad, que las convierte en saber indispensable.
Al examinar el pensamiento nacionalista de carácter revolucionario, nos encontramos con un rasgo distintivo, su defensa de la independencia, tanto económica como política. Vemos en Cuba este ideario con José Martí, que no es el único, pero sí uno de los más preclaros precursores.
Los pasos que guían a Fidel, están precedidos por la decisión martiana de conquistar la libertad o entregar la vida en el combate. Este es quizás el primer legado para las generaciones futuras, el de la lucha perpetua contra la opresión extranjera.
Esa identificación de ideales y aspiraciones, hace que el primer objetivo, sea el de dar cumplimiento a los sueños nunca realizados del Maestro, delo que resulta que en la prisión, aleccionadora, la identidad entre ambos revolucionarios se manifieste nuevamente, y que se ponga de manifiesto tanto en la conducta que asume el jefe del Movimiento 26 de Julio, como las doctrinas que atesora su epistolario. Y así ocurre en el exilio mexicano, la borrascosa epopeya del Granma, los reveses iniciales, el reagrupamiento esperanzador, la guerra y en la victoria.
JOSÉ MARTÍ EN LAS DOCTRINAS REVOLUCIONARIAS DE FIDEL CASTRO
Como máximo representante del Partido Revolucionario Cubano y desde la emigración, José Julián Martí Pérez organizó la lucha, buscando apoyo en las figuras cimeras de la gesta anterior, para vertebrar un movimiento que respondió al estallido del 24 de febrero de 1895, con el propósito de alcanzar sus objetivos libertarios.
Los discursos y trabajos de nuestro patriota mayor, sobre todo en el quinquenio 1890-1895,tienen como objetivo primordial buscar la unidad de los cubanos en torno al independentismo. En su prosa y oratoria cobran vida los mártires caídos, los héroes presentes y los procesos acontecidos para que dieran razón de ser a la nueva gesta, y este empeño enlaza firmemente su pensamiento y acción con el líder de la Revolución cubana de 1959.
Asimismo, Fidel Castro en diversas intervenciones hace una valoración de la personalidad del héroe de Dos Ríos, para resaltar su capacidad de pensador político, concepción revolucionaria, cualidades morales, sus ideas acerca de cómo debía concebirse la revolución, la necesidad de la existencia de un partido, y la decisión con la cual afrontó los problemas relacionados con la preparación de la nueva guerra.
De la interacción dialéctica del conjunto de funciones referidas de sus discursos públicos, en relación con la gesta de 1895, se deduce en buena medida la legitimidad de la necesidad sentida por él de fomentar un desarrollo ideológico popular propio, para una sociedad en inobjetable proceso de búsquedas.
Nótese que no se piensa solo en educar un buen ciudadano a través del ejemplo del Maestro, sino de hacerlo y al mismo tiempo generar preceptos que requieren ser históricamente trasformados para imponer un nuevo orden revolucionario que emana de las necesidades inscriptas en un nuevo estado histórico de la práctica y la fisonomía histórico-político de los hombres y mujeres que construyen a partir de 1959, una nueva sociedad en Cuba.
Si no se advierte en las concepciones de Fidel esta peculiaridad en la intencionalidad con que procura, para las condiciones de Cuba, la trilogía historia, política, pueblo, se desatiende su pensamiento al respecto, que se explicita con los realces de uno u otro concepto, según lo que cada situación histórica le aconsejen.
A lo largo de nuestra historia, la unidad ha sido un factor fundamental en el logro de nuestra independencia y el Maestro fue de los primeros en comprenderlo, por eso no es casual que las experiencias de las batallas desarrolladas por la soberanía nacional, vincule indisolublemente la actitud de ambos líderes.
Comprendía nuestro Apóstol que era impostergable la creación de un espacio político que agrupara a todos los cubanos por la independencia de la Isla, sin importar la edad, raza, sexo, nacionalidad o posición social, convencido de que la organización política de la guerra debía contar con el apoyo de todos los implicados y el apoyo de los fundamentales guías de la justa anterior.
Por su parte Fidel, como antes Martí, depositó en el pueblo su absoluta confianza. Toda la estrategia de la Revolución se basó en el pueblo, en sus ilimitadas energías morales, en la enorme fuerza revolucionaria que se encerraba en él. Y en ese pueblo buscó no solo a los integrantes del destacamento inicial, sino también los medios indispensables para comenzar la lucha.
Igualmente se identifica Fidel con Martí, en otras muchas manifestaciones de su actitud ante la vida; la subordinación de su conducta a los principios revolucionarios, a los valores morales; el rechazo a cuanto signifique eludir el cumplimiento del deber; la conjugación del heroísmo con la sencillez, y su entrega a la causa de la redención de todos los pueblos del mundo.
De la misma forma que sentimos la presencia de Martí en los objetivos y en la organización del Movimiento encabezado por Fidel, la encontramos en cada uno de los pasos de su acción insurreccional, incluso en la actitud asumida ante los reveses. La imagen de nuestro Héroe Nacional estuvo presente en la tarea, llena de sacrificios, de allegar los recursos humanos y materiales indispensables para el combate contra el gobierno de Fulgencio Batista Zaldívar que se instaura el 10 de marzo de 1952 en Cuba.
Con una profunda convicción martiana, se manifiesta en el guía histórico de la Revolución cubana, una preocupación permanente por el devenir y porvenir del proceso político, porque el presente viabilice el futuro a través de una orientación hacia la transformación constructiva del estado de cosas existentes, dirigida a la vez a fomentar una actitud proactiva ante los grandes objetivos a lograr. De ahí que subraye la importancia de armarse de ideas, de conceptos revolucionarios para el porvenir; levantar trincheras ideológicas sin desestimar a la par, las trincheras de piedras, haciendo a los jóvenes abanderados de estas ideas.
En consecuencia, se trata de situaciones generadoras de una voluntad colectiva, así como de una espiritualidad emancipadora, la que implica no solo la conciencia de posesión de poder sino además la capacidad para utilizarlo bien, de acuerdo con su misión histórica de avanzar en el campo de la política, en la construcción continua de hegemonía y en consecuencia trascender progresivamente a cuotas superiores de soberanía nacional y humana.
De manera general, el análisis de sus exposiciones, muestra una construcción política en diálogo entre las ideas y la realidad, las aspiraciones y las demandas presentes, entre los apegos doctrinales y los problemas específicos de la nación y del pueblo.
Pero al mismo tiempo se observa un permanente pensar la situación nacional e internacional y el repasar la historia desde las perspectivas eruditas que le caracterizan creando un reservorio de ideas con valor para explicársela y comprenderla así como para orientar la práctica.
No obstante, Fidel Castro no deja de esforzarse por empujar el curso de la historia en el sentido que le marcan aquellas matrices ideológicas y doctrinales, razón por la cual no clausura su esfuerzo político en pensar lo inmediato cualquiera que sea la fuerza que porte, pues tiende a hacerlo en conexión con el futuro cercano y lejano que está en el horizonte del ideal; lo que le hace ser profundamente consecuente en lo ideológico y políticamente responsable. Por lo que su interpelación al pueblo ocurre a través de la política que abraza, procurando hacerlo receptor y productor en ambas direcciones.
El reconocimiento del papel decisivo de la historia en el desarrollo económico y social es, con toda probabilidad, una de las características esenciales de su pensamiento, que aparece muy tempranamente en sus pronunciamientos y muestra la frecuencia cada vez mayor con que esta concepción se traduce en acciones.
En diferentes circunstancias, Fidel reafirma sus convicciones sobre la significación de la historia en la contribución decisiva a la consecución de los objetivos urgentes de la Revolución y al desarrollo ulterior de la sociedad socialista. A esa combinación se debe, en buena parte, su reconocida talla de estadista mundial.
Fuentes utilizadas
Acto central por el XXX Aniversario de la entrada en La Habana, 8 de enero de 1989.
Velada conmemorativa de los Cien Años de Lucha, Demajagua, Oriente, 10 de octubre de 1968.
Velada solemne por el centenario de la caída en combate del mayor general Ignacio Agramonte Loynaz, Camagüey, el 11 de mayo de 1973.
Fidel Castro y la Historia como ciencia. (Selección Temática 1959-2003) Tomo I.
Centro de Estudios Martianos. La Habana, 2007.

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA TRANSICIÓN SOCIALISTA

Tomado de Contexto Latinoamericano. Revista de Ocean Sur.
Por Ernesto Che Guevara.

[…] Marx establecía dos períodos para llegar al comunismo, el período de transición, también llamado socialismo o primer período del comunismo, y el comunismo o comunismo plenamente desarrollado. Partía de la idea que el capitalismo en su conjunto se vería abocado a una ruptura total después de alcanzar un desarrollo en el cual las fuerzas productivas chocarían con las relaciones de producción, etcétera, y entrevió ese primer período llamado socialismo al que no dedicó mucho tiempo, pero en la Crítica del Programa de Gotha, lo describe como un sistema donde ya están suprimidas una serie de categorías mercantiles, producto de que la sociedad completamente desarrollada ha pasado a la nueva etapa. Después viene Lenin, su teoría del desarrollo desigual, su teoría del eslabón más débil y la realización de esa teoría en la Unión Soviética y con ello se implanta un nuevo período no previsto por Marx. 

Primer período de transición o período de la construcción de la sociedad socialista, que se transforma después en sociedad socialista para pasar a ser la sociedad comunista en definitiva. Este primer período, los soviéticos y los checos pretenden haberlo superado; creo que objetivamente no es así, desde el momento en que todavía existen una serie de propiedades privadas en la Unión Soviética y, por supuesto, en Checoslovaquia. Pero lo importante no es esto, sino que la economía política de todo este período no se ha creado y, por tanto, estudiado. Después de muchos años de desarrollo de su economía en una dirección dada, convirtieron una serie de hechos palpables de la realidad soviética en presuntas leyes que rigen la vida de la sociedad socialista, creo que aquí es donde está uno de los errores más importantes.

Pero el más importante, en mi concepto, se establece en el momento en que Lenin, presionado por el inmenso cúmulo de peligros y de dificultades que se cernían sobre la Unión Soviética, el fracaso de una política económica, sumamente difícil de llevar por otro lado, vuelve sobre sí y establece la NEP dando entrada nuevamente a viejas relaciones de producción capitalista. Lenin se basaba en la existencia de cinco estadios en la sociedad zarista, heredados por el nuevo estado.

Lo que es necesario destacar es una existencia claramente definida, de por lo menos dos Lenin (tal vez tres), completamente distintos: aquel cuya historia acaba específicamente en el momento en que escribe el último párrafo de El Estado y la revolución donde dice que es mucho más importante hacerla que hablar de ella y el subsiguiente en que tiene que afrontar los problemas reales. Nosotros apuntábamos que había probablemente un período intermedio de Lenin en el cual todavía no se ha retractado de todas las concepciones teóricas que guiaron su acción hasta el momento de la revolución. En todo caso, del año 21 en adelante, y hasta poco antes de su muerte, Lenin comienza la acción conducente a hacer la NEP y a llevar todo el país a las relaciones de producción que configuran lo que Lenin llamaba capitalismo de estado, pero que en realidad también puede llamarse capitalismo premonopolista en cuanto al ordenamiento de las relaciones económicas. En los últimos períodos de la vida de Lenin, leyendo con atención, se observa una gran tensión; hay una carta muy interesante al Presidente del Banco, donde se ríe de presuntas utilidades de este y hace una crítica de los pagos entre empresas y las ganancias entre empresas (papeles que pasan de un lugar a otro). Ese Lenin, agobiado también por las divisiones que ve dentro del partido desconfía del futuro.

Aunque sea algo absolutamente subjetivo, me da la impresión de que si Lenin hubiera vivido para dirigir el proceso del cual era el actor principal y que tenía totalmente en las manos, hubiera ido variando con notable celeridad las relaciones que estableció la Nueva Política Económica. Muchas veces, en esa última época, se hablaba de copiar del capitalismo algunas cosas, pero en el capitalismo, en ese momento, estaban en auge algunos aspectos de la explotación tales como el taylorismo que hoy no existen; en realidad, el taylorismo no es otra cosa que el stajanovismo, trabajo a destajo simple y puro o, mejor dicho, el trabajo a destajo vestido con una serie de oropeles y ese tipo de pago fue descubierto en el primer plan de la Unión Soviética como una creación de la sociedad soviética. El hecho real es que todo el andamiaje jurídico económico de la sociedad soviética actual parte de la Nueva Política Económica; en esta se mantienen las viejas relaciones capitalistas, se mantienen las viejas categorías del capitalismo, es decir, existe la mercancía, existe, en cierta manera, la ganancia, el interés que cobran los bancos y, naturalmente, existe el interés material directo de los trabajadores. En mi concepto todo este andamiaje pertenece a lo que podríamos llamar, como ya he dicho, un capitalismo premonopolista. Todavía las técnicas de dirección y las concentraciones de capitales no eran en la Rusia zarista tan grandes como para haber permitido el desarrollo de los grandes trusts. Estaban en la época de fábricas aisladas, unidades independientes, cosa prácticamente imposible de encontrar en la industria norteamericana de hoy día, por ejemplo. Es decir, hoy, en los Estados Unidos, solamente hay tres firmas que producen automóviles: la Ford, la General Motors y el conjunto de todas las pequeñas empresas –pequeñas para el carácter de los Estados Unidos– que se unieron entre sí para tratar de sobrevivir. Nada de eso sucedía en la Rusia de aquella época, pero ¿cuál es el defecto fundamental de todo el sistema? Que limita la posibilidad del desarrollo mediante la competencia capitalista pero no liquida sus categorías ni implanta nuevas categorías de un carácter más elevado. El interés material individual era el arma capitalista por excelencia y hoy se pretende elevar a la categoría de palanca de desarrollo, pero está limitado por la existencia de una sociedad donde no se admite la explotación. 

En estas condiciones, el hombre no desarrolla todas sus fabulosas posibilidades productivas, ni se desarrolla él mismo como constructor consciente de la sociedad nueva. Y para ser consecuentes con el interés material, este se establece en la esfera improductiva y en la de los servicios […]

Esa es la justificación, tal vez, del interés material de los dirigentes, principio de la corrupción, pero de todas maneras, es consecuente con toda la línea del desarrollo adoptada en donde el estímulo individual viene siendo la palanca motora porque es allí, en el individuo, donde, con el interés material directo, se trata de aumentar la producción o la efectividad.

Este sistema tiene, por otra parte, trabas serias en su automaticidad; la ley del valor no puede jugar libremente porque no tiene un mercado libre donde productores rentables y no rentables, eficientes y no eficientes, compitan y los no eficientes mueran de inanición. Es necesario garantizar una serie de productos a la población, de precios a la población, etcétera, etcétera, y cuando se resuelve que la rentabilidad debe ser general para todas las unidades, se cambia el sistema de precios, se establecen nuevas relaciones y se pierde totalmente la relación con el valor del capitalismo que, todavía, a pesar del período monopólico, mantiene su característica fundamental de guiarse por el mercado y de ser una especie de circo romano donde los más fuertes vencen (en este caso los más fuertes son los poseedores de la técnica más alta). Todo esto ha ido conduciendo a un desarrollo vertiginoso del capitalismo y a una serie de técnicas nuevas totalmente alejadas de las viejas técnicas de producción. La Unión Soviética compara su adelanto con los Estados Unidos y habla de que se produce más acero que en ese país, pero en los Estados Unidos no ha habido paralización del desarrollo. ¿Qué sucede entonces? Simplemente que el acero no es ya el factor fundamental para medir la eficiencia de un país, porque existe la química, la automatización, los metales no ferrosos y además de eso hay que ver la calidad de los aceros. Los Estados Unidos producen menos pero producen una gran cantidad de acero de calidad muy superior. La técnica ha quedado relativamente estancada, en la inmensa mayoría de los sectores económicos soviéticos. ¿Por qué? Porque hubo que hacer un mecanismo y darle automaticidad, establecer las leyes del juego donde el mercado no actúa ya con su implacabilidad capitalista, pero los mecanismos que se idearon para reemplazarlos son mecanismos fosilizados y allí empieza el desbarajuste tecnológico. Falta del ingrediente de la competencia, que no ha sido sustituido, tras los brillantísimos éxitos que obtienen las sociedades nuevas gracias al espíritu revolucionario de los primeros momentos, la tecnología deja de ser el factor impulsor de la sociedad. Esto no sucede en la rama de la defensa. ¿Por qué? Porque es una línea donde no existe la rentabilidad como norma de relación y donde todo está puesto estructuradamente al servicio de la sociedad para realizar las más importantes creaciones del hombre para su supervivencia y la de la sociedad en formación. Pero aquí vuelve a fallar el mecanismo; los capitalistas tienen muy unido el aparato de la defensa al aparato productor, ya que son las mismas compañías, son negocios gemelos, y todos los grandes adelantos obtenidos en la ciencia de la guerra pasan inmediatamente a la tecnología de la paz, y los bienes de consumo dan saltos de calidad verdaderamente gigantescos. En la Unión Soviética nada de eso pasa, son dos compartimentos estancos y el sistema de desarrollo científico de la guerra sirve muy limitadamente para la paz.

Estos errores, excusables en la sociedad soviética, la primera en iniciar el experimento, se trasplantan a sociedades mucho más desarrolladas o, simplemente distintas y se llega a un callejón sin salida provocando reacciones de los otros Estados. 

El primero en revolverse fue Yugoslavia, luego le siguió Polonia y en ese sentido ahora son Alemania y Checoslovaquia, dejando de lado, por características especiales a Rumania. ¿Qué sucede ahora? Se revelan contra el sistema pero nadie ha buscado dónde está la raíz del mal; se le atribuye a esa pesada lacra burocrática, a la centralización excesiva de los aparatos, se lucha contra la centralización de esos aparatos y las empresas obtienen una serie de triunfos y una independencia cada vez mayor en la lucha por un mercado libre.

¿Quiénes luchan por esto? Dejando de lado a los ideólogos y los técnicos que, desde un punto de vista científico, analizan el problema, las propias unidades de producción, las más efectivas, claman por su independencia. Esto se parece extraordinariamente a la lucha que llevan los capitalistas contra los Estados burgueses que controlan determinadas actividades. Los capitalistas están de acuerdo en que algo debe tener el Estado, ese algo es el servicio donde se pierde o que sirve para todo el país, pero el resto debe estar en manos privadas. El espíritu es el mismo; el Estado, objetivamente, empieza a convertirse en un Estado tutelar de relaciones entre capitalistas. Por supuesto, para medir la eficiencia se está utilizando cada vez más la ley del valor, y la ley del valor es la ley fundamental del capitalismo; ella es la que acompaña, la que está íntimamente ligada a la mercancía, célula económica del capitalismo. Al adquirir la mercancía y la ley del valor sus plenas atribuciones, se produce un reajuste en la economía de acuerdo con la eficiencia de los distintos sectores y unidades, y aquellos sectores o unidades que no son lo suficientemente eficientes desaparecen.

Se cierran fábricas y emigran trabajadores yugoslavos (y ahora polacos) a los países de Europa Occidental en plena expansión económica. Son esclavos que los países socialistas envían como una ofrenda al desarrollo tecnológico del Mercado Común Europeo.

Nosotros pretendemos que nuestro sistema recoja las dos líneas fundamentales del pensamiento que deben seguirse para llegar al comunismo. El comunismo es un fenómeno de conciencia, no se llega a él mediante un salto en el vacío, un cambio de la calidad productiva, o el choque simple entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. El comunismo es un fenómeno de conciencia y hay que desarrollar esa conciencia en el hombre, de donde la educación individual y colectiva para el comunismo es una parte consustancial a él. No podemos hablar en términos cuantitativos económicamente; quizás nosotros podamos estar en condiciones de llegar al comunismo dentro de unos años, antes que los Estados Unidos hayan salido del capitalismo. No podemos medir en términos de ingreso per cápita la posibilidad de entrar al comunismo; no hay una identificación total entre estos ingresos y la sociedad comunista. China tardará centenares de años en tener el ingreso per cápita de los Estados Unidos. Aún si consideramos que el ingreso per cápita es una abstracción, midiendo el salario medio de los obreros norteamericanos, cargándole los desocupados, cargándole los negros, todavía ese nivel de vida es tan alto que a la mayoría de nuestros países le costará mucho llegar a él. Sin embargo, vamos caminando hacia el comunismo.

El otro aspecto es el de la técnica; conciencia más producción de bienes materiales es comunismo. Bien, pero qué es la producción si no el aprovechamiento cada vez mayor de la técnica; y qué es el aprovechamiento cada vez mayor de la técnica si no el producto de una concentración cada vez más fabulosa de capitales, es decir, una concentración cada vez más grande de capital fijo o trabajo congelado con relación al capital variable o trabajo vivo. Este fenómeno se está produciendo en el capitalismo desarrollado, en el imperialismo. El imperialismo no ha sucumbido gracias a su capacidad de extraer ganancias, recursos, de los países dependientes y exportarles conflictos, contradicciones, gracias a la alianza con la clase obrera de sus propios países desarrollados contra el conjunto de los países dependientes. En ese capitalismo desarrollado están los gérmenes técnicos del socialismo mucho más que en el viejo sistema del llamado cálculo económico que es, a su vez, heredero de un capitalismo que ya está superado en sí mismo y que, sin embargo, ha sido tomado como modelo del desarrollo socialista. Debiéramos, pues, mirar en el espejo donde se están reflejando una serie de técnicas correctas de producción que todavía no han chocado con sus relaciones de producción.

Podría argumentarse que no lo han hecho por la existencia de este desahogo que es el imperialismo en escala mundial pero, en definitiva, esto traería algunas correcciones en el sistema y nosotros solamente tomamos las líneas generales. Para dar una idea de la extraordinaria diferencia práctica que existe hoy entre el capitalismo y el socialismo se puede citar el caso de la automatización; mientras en los países capitalistas la automatización avanza a extremos realmente vertiginosos, en el socialismo están mucho más atrasados. Se podría argumentar sobre una serie de problemas que afrontarán los capitalistas en el futuro inmediato, debido a la lucha de los trabajadores contra la desocupación, cosa aparentemente exacta, pero lo cierto es que hoy el capitalismo se desarrolla en ese camino más rápidamente que el socialismo.

La Standard Oil por ejemplo, si necesita remozar una fábrica, la para y le da una serie de compensaciones a los trabajadores. Un año está la fábrica parada, pone los nuevos equipos y echa a andar con una eficiencia mayor. ¿Qué sucede en la Unión Soviética, hasta ahora? En la Academia de Ciencias de ese país hay acumulados centenares y tal vez miles de proyectos de automatización que no pueden ser puestos en práctica porque los directores de las fábricas no se pueden permitir el lujo de que su plan se caiga durante un año, y como es un problema de cumplimiento del plan, si le hacen una fábrica automatizada, le exigirán una producción mayor, entonces no le interesa fundamentalmente el aumento de productividad. Claro que se podría solucionar esto desde el punto de vista práctico, dando mayores incentivos a las fábricas automatizadas; es el sistema Libermann y los sistemas que se están empezando a implantar en Alemania Democrática, pero todo esto indica el grado de subjetivismo en que se puede caer y la falta de precisión técnica en el manejo de la economía. Hay que sufrir golpes muy duros de la realidad para empezar a cambiar; y siempre cambiar el aspecto externo, el más llamativamente negativo, pero no la esencia real de todas las dificultades que existen hoy que es una falsa concepción del hombre comunista, basada en una larga práctica económica que tenderá y tiende a hacer del hombre un elemento numérico de producción a través de la palanca del interés material. 

En la parte técnica, nuestro sistema trata de tomar lo más avanzado de los capitalistas y por lo tanto debe tender a la centralización. Esta centralización no significa un absoluto; para hacerla inteligentemente debe trabajarse de acuerdo con las posibilidades. Podría decirse, centralizar tanto como las posibilidades lo permitan; eso es lo que guía nuestra acción. Esto permite un ahorro de administración, de mano de obra, permite una mejor utilización de los equipos ciñéndonos a técnicas conocidas. No es posible hacer una fábrica de zapatos que, instalada en La Habana, reparta ese producto a toda la república porque hay un problema de transporte de por medio. La utilización de la fábrica, su tamaño óptimo, está dado por los elementos de análisis técnico-económicos.

Tratamos de ir a la eliminación, en lo posible, de las categorías capitalistas, por lo tanto nosotros no consideramos un acto mercantil el tránsito de un producto por fábricas socialistas. Para que esto sea eficaz debemos hacer toda una reestructuración de los precios. Eso está publicado por mí,1 no tengo más que agregar a lo poco que hemos escrito, salvo que hay que investigar mucho sobre estos puntos. 
En resumen, eliminar las categorías capitalistas: mercancía entre empresas, interés bancario, interés material directo como palanca, etcétera, y tomar los últimos adelantos administrativos y tecnológicos del capitalismo, esa es nuestra aspiración.

Se nos puede decir que todas esas pretensiones nuestras equivaldrían también a pretender tener aquí, porque los Estados Unidos lo tienen, un Empire State y es lógico que nosotros no podemos tener un Empire State pero, sin embargo, sí podemos tener muchos de los adelantos que tienen los rascacielos norteamericanos y técnicas de fabricación de esos rascacielos aunque los hagamos más chiquitos. No podemos tener una General Motors que tiene más empleados que todos los trabajadores del Ministerio de Industrias en su conjunto, pero sí podemos tener una organización, y de hecho la tenemos, similar a la General Motors. En este problema de la técnica de administración va jugando la tecnología; tecnología y técnica de administración han ido variando constantemente, unidas íntimamente a lo largo del proceso del desarrollo del capitalismo, sin embargo, en el socialismo se han dividido como dos aspectos diferentes del problema y uno de ellos se ha quedado totalmente estático. Cuando se han dado cuenta de las groseras fallas técnicas en la administración, buscan en las cercanías y descubren el capitalismo. 

Recalcando, los dos problemas fundamentales que nos afligen, en nuestro Sistema Presupuestario, son la creación del hombre comunista y la creación del medio material comunista, dos pilares que están unidos por medio del edificio que deben sostener.

Nosotros tenemos una gran laguna en nuestro sistema; cómo integrar al hombre a su trabajo de tal manera que no sea necesario utilizar eso que nosotros llamamos el desestímulo material, cómo hacer que cada obrero sienta la necesidad vital de apoyar a su revolución y al mismo tiempo que el trabajo es un placer; que sienta lo que todos nosotros sentimos aquí arriba.

Si es un problema de campo visual y solamente le es dable interesarse por el trabajo que hace a quien tiene la misión, la capacidad del gran constructor, estaríamos condenados a que un tornero o una secretaria nunca trabajaran con entusiasmo. Si la solución estuviera en la posibilidad de desarrollo de ese mismo obrero en el sentido material, estaríamos muy mal.

Lo cierto es que hoy no existe una plena identificación con el trabajo y creo que parte de las críticas que se nos hacen son razonables, aunque el contenido ideológico de esa crítica no lo es. Es decir, se nos critica el que los trabajadores no participan en la confección de los planes, en la administración de las unidades estatales, etcétera, lo que es cierto, pero de allí concluyen que esto se debe a que no están interesados materialmente en ellas, están al margen de la producción. El remedio que se busca para esto es que los obreros dirijan las fábricas y sean responsables de ellas monetariamente, que tengan sus estímulos y desestímulos de acuerdo con la gestión. Creo que aquí está el quid de la cuestión; para nosotros es un error pretender que los obreros dirijan las unidades; algún obrero tiene que dirigir la unidad, uno entre todos como representante de los demás, si se quiere, pero representante de todos en cuanto a la función que se le asigna, a la responsabilidad o el honor que se le confiere, no como representante de toda la unidad ante la gran unidad de Estado, en forma antagónica. En una planificación centralizada, correcta, es muy importante la utilización racional de cada uno de los distintos elementos de la producción y no puede depender de una asamblea de obreros o del criterio de un obrero, la producción que se vaya a hacer. Evidentemente, cuanto menos conocimiento exista en el aparato central y en todos los niveles intermedios, la acción de los obreros desde el punto de vista práctico es más útil. 

Eso es real, pero también nuestra práctica nos ha enseñado dos cosas para nosotros axiomáticas; un cuadro técnico bien situado puede hacer muchísimo más que todos los obreros de una fábrica, y un cuadro de dirección colocado en una fábrica puede cambiar totalmente las características de ella, ya sea en uno u otro sentido. Los ejemplos son innumerables y, además, los conocemos en toda la economía, no solo en este Ministerio. Otra vez se vuelve a plantear el problema. ¿Por qué un cuadro de dirección puede cambiar todo? ¿Por qué hace trabajar técnicamente, es decir, administrativamente mejor a todo el conjunto de sus empleados, o por qué da participación a todos los empleados de manera que estos se sientan con una nueva tónica, con un nuevo entusiasmo de trabajo o por una conjunción de estas dos cosas? Nosotros no hemos hallado respuesta todavía y creo que hay que estudiar un poco más esto. La respuesta tiene que estar íntimamente relacionada con la economía política de este período y el tratamiento que se les dé a estas cuestiones debe ser integral y coherente con la economía política […]

Notas:
1 Para mayor precisión, consultar sus artículos «Sobre la concepción del valor», «Sobre el sistema presupuestario de financiamiento», «La banca, el crédito y el socialismo» y «La planificación socialista», publicados en las revistas Nuestra Industria y Cuba Socialista en los años 1963-1964 y en El gran debate, Ocean Sur, 2006. [Nota de la edición fuente. N. del E.] 

Estados Unidos, obstinadas sanciones económicas


Tomado de Cubainformación
Por Hedelberto López Blanch. Periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.
El presidente estadounidense Donald Trump en solo ocho meses al frente de la Casa Blanca, ha impuesto sanciones económicas y financieras contra seis países de varios continentes: Cuba, Irán, Rusia, China, Venezuela y Corea del Norte, como si fuera un rey todopoderoso al que todos deben obedecer.
En un mundo completamente globalizado e interdependiente de las relaciones multilaterales, no es posible llevar adelante una política agresiva contra las actividades comerciales en el planeta, máxime cuando surgen con fuerza economías emergentes y en desarrollo que apuestan por un orden multipolar.
Claro que no ha sido solo la administración de Trump la que ha utilizado las sanciones económicas para tratar de castigar y desestabilizar a los países que no obedecen sus dictámenes o aquellos donde existen importantes fuentes de recursos naturales.
En los últimos años suman 20 naciones las que han sufrido y aun padecen algunos embates de esas punitivas medidas económicas y financieras.
Entre las afectadas se encuentran: Cuba, Venezuela, Rusia, Irán, Irak, Yugoslavia, Birmania, Zimbabwe, Bielorrusia, República Democrática del Congo, Siria, Sudán (cuando aún estaba unida en norte y sur), Somalia, Libia, Costa de Marfil, Líbano, Ucrania, Yemen, Sudán del Sur y por último China.
Aunque existe un doble rasero en la política de las potencias occidentales, encabezadas por Estados Unidos, a la hora de reconocer qué país es democrático o violador de los derechos humanos, se comprende que en el caso de la República Bolivariana, dirigida primeramente por Hugo Chávez y después por Nicolás Maduro, impidió que Washington se adueñara de sus enormes reservas petroleras, y en contraposición puso a disposición del pueblo, programas sociales subvencionados con los beneficios que se obtienen de los hidrocarburos.
Al lanzar la oposición criolla actos terroristas y vandálicos, para crear un caos en la nación, con directrices diseñadas desde Estados Unidos, se instauró una  Asamblea Constituyente, que congeló a la Asamblea Nacional la cual apostaba por derrocar al gobierno de Nicolás Maduro.
Tras esa democrática decisión, la administración Trump emitió una resolución que prohíbe a "cualquier persona, entidad, empresa o asociación, legalmente radicada o que realice actividades en Estados Unidos, efectuar negocios con nuevos bonos de deuda emitidos por cualquier instancia del Gobierno venezolano”. El golpe se dirigió hacia la importante empresa de los hidrocarburos, principal entrada de divisas de Caracas.
En cuanto a Cuba, la actual administración republicana dio marcha atrás a varias medidas tomadas por el ex presidente Barack Obama para tratar de mejorar las relaciones entre ambos países, bloqueada económica y financieramente por Washington desde 1960.
La intención es la de reducir sus entradas en moneda dura procedentes del auge del turismo en la Isla que este año sobrepasará los 4 000 000 de visitantes, e impedir que La Habana pueda obtener empréstitos y financiamiento para su desarrollo.
La excusa para intentar castigar a Irán, es el programa de misiles defensivos que ha actualizado debido a las constantes amenazas y agresiones de Occidente sufrida por esa República Islámica desde 1979.
Las sanciones siempre van dirigidas a cercenar la estabilidad de las naciones, pero recordemos que Irán posee una fuerte economía que la ubican en el lugar 17 de mundo con un Producto Interno Bruto estimado en 1 006 540 millones de dólares. Es el tercer exportador de petróleo del orbe, con yacimientos de gas, carbón, cobre, hierro, plomo, manganeso, zinc, azufre.
En relación con Corea del Norte, las medidas tomadas, que también fueron sancionadas por la ONU, se basan en las pruebas misilísticas realizadas por esa nación en los últimos meses. Las disposiciones le costarán a Pyongyang la pérdida de 1 000 millones de dólares en sus exportaciones.
El pasado 27 de julio, el Senado de Estados Unidos aprobó la imposición de nuevas medidas contra empresas y ciudadanos rusos, dirigidas contra su sector energético y financiero, personas que Washington considera sospechosas de lanzar ciberataques; empresas a las que acusa de proveer armas a Damasco, y a otros ciudadanos que culpa de interferir en las elecciones presidenciales del pasado año, sin que existan pruebas.
Washington intenta debilitar las exportaciones de petróleo y gas rusos, las que no solo afectan a Moscú sino también a los países de la Unión Europea quienes no están de acuerdo con pagar los hidrocarburos a precios mayores que Estados Unidos intenta comercializar con el viejo continente.
En su intento por defender sus programa proteccionistas y romper acuerdos comerciales que según Trump afectan a los estadounidenses, el presidente norteamericano también se lanzó contra China por lo que podría sobrevenir una guerra comercial entre las dos mayores economías del mundo.
Trump manifestó que el gigante asiático abandera un comercio desleal que manipula su moneda para ganar competitividad y así perjudicar las exportaciones estadounidenses en el mercado internacional y lo acusa de provocar el declive manufacturero estadounidense.
Las amenazas consisten en subir los aranceles y  limitar la entrada de productos chinos a Estados Unidos, lo cual fue rechazado con fuerza por Beijing.
Mientras la inmensa mayoría de las naciones del orbe se abren hacia una comercialización más dinámica y globalizada, Estados Unidos se inclina hacia posiciones más hegemónicas y de proteccionismo nacional que a la larga perjudicará el desempeño de su economía. ¿Se dará cuenta Trump las dificultades económicas que como boomerang regresarán a su país debido a la enredadera de sanciones que ha lanzado por el mundo?

CUBA Y AMÉRICA LATINA


Tomado de Contexto Latinoamericano. Revista de Ocean Sur
Por Alberto Prieto Pozos

En Cuba, el primero de enero de 1959, contra la tiranía proimperialista de Fulgencio Batista, triunfó la rebeldía armada encabezada por Fidel Castro, cuya vanguardia era el Ejército Rebelde. A partir de ese momento se intervinieron las propiedades malversadas por los antiguos gobernantes. Se rebajaron los alquileres para luego entregar la propiedad de los domicilios a sus inquilinos. Se dictó una ley de Reforma Agraria que expropió los latifundios e hizo surgir, al lado de la pequeña propiedad campesina, cooperativas y granjas estatales. Se transformaron los cuarteles en escuelas. Se fundaron milicias de obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales. Se nacionalizaron los bancos y demás compañías extranjeras. Se estatizaron cuatrocientas empresas propiedad de criollos. Se constituyeron en los barrios Comités de Defensa de la Revolución. Y se creó en septiembre de 1960 un Buró de Coordinación de Actividades Revolucionarias, encargado de integrar al ex-insurrecto Movimiento 26 de Julio con el estudiantil Directorio Revolucionario y el proletario Partido Socialista Popular. El conjunto de estas medidas representó un gigantesco paso de avance en la historia de América Latina, pues se demostró que no existían barreras infranqueables para un proceso decidido a llegar a su máximo desarrollo. Todo dependía del sector social que ocupara el poder y de quienes lo dirigiesen.
Proclamado el carácter socialista de la revolución en vísperas de la derrotada invasión mercenaria –abril de 1961– que el imperialismo organizó por Playa Girón, se emitió en febrero de 1962 la trascendental Segunda Declaración de La Habana. Su texto afirmaba que el movimiento de liberación contemporáneo latinoamericano era indetenible. Pero para ello resultaba imprescindible vertebrar el esfuerzo de obreros, campesinos, intelectuales, pequeños burgueses y capas progresistas de la burguesía nacional, sin prejuicios ni divisiones o sectarismos. En dicho movimiento –precisaba– debían luchar juntos desde el viejo militante marxista hasta el católico sincero, así como los elementos avanzados de las fuerzas armadas.
En América Latina, el triunfo de la Revolución Cubana influyó profundamente en las conciencias de los más audaces; entendían que amplias perspectivas de liberación se abrían para millones de humildes y desposeídos, cuya lucha podría terminar con la opresión. Y hubo quienes de inmediato se lanzaron al combate guerrillero rural. Sucedió así en Nicaragua, Panamá, Guatemala, Haití, Perú, República Dominicana, Paraguay, Bolivia y Venezuela, mientras en Colombia el gobierno pretendió inútilmente liquidar la sobreviviente insurgencia comunista. Entonces, en el sub-continente entraron en crisis los acuerdos del VII Congreso de la Tercera Internacional sobre la estrategia de los «Frentes Populares», que por inercia los Partidos Comunistas habían seguido considerando como válidos, a pesar de haber sido disuelta dicha organización en junio de 1943. Quienes rechazaron aquella orientación se sumaron a los partidarios de la lucha armada que se animaba en la región. La disputa entre los simpatizantes de una u otra tendencia pronto se vio agravada por conflictos políticos originados allende los mares; se había producido el cisma chino-soviético, impulsado con vigor por Pekín a partir de 1963, cuando publicara su «Propuesta de Línea General para el Movimiento Comunista Internacional». La médula de la polémica radicaba en que Moscú proponía la «coexistencia pacífica» entre el Este y el Oeste, lo cual implicaba que se aceptara exclusivamente la vía electoral como opción política al interior de los países. En cambio, los «maoístas» brindaban una visión simplificada de las específicas condiciones chinas antes del triunfo socialista en esa enorme república asiática. De ahí que plantearan la necesidad de sostener una «guerra popular prolongada» del campo a la ciudad, en los países subdesarrollados del llamado Tercer Mundo. Entonces en Cuba, con el propósito de analizar cuestiones de tanta trascendencia y complejidad, se convocó en 1964 a la tercera Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina, en la cual se trazó una sinuosa línea conciliatoria entre enemigos y proclives de la lucha guerrillera. Animada por estos, a los tres años en La Habana se celebró la Conferencia de Solidaridad de América Latina –más conocida por las siglas OLAS– a la que asistieron los abanderados del combate armado, ahora engrosados con los partidarios de las guerrillas urbanas en Argentina y Uruguay. En ella se concluyó que en nuestra región existían condiciones socioeconómicas y políticas susceptibles de crear –con el desarrollo de la guerra popular– situaciones revolucionarias, en dependencia de las concepciones ideológicas y capacidades organizativas de las vanguardias. Por su parte, la militancia comunista, atraída por el «maoísmo», se esforzó por escindir dichos partidos, añadiendo casi siempre al nombre de su organización de origen, el término de «marxista-leninista» o alguna variación parecida. Al atribulado panorama de tendencias revolucionarias habría que añadir la del trotskismo, que abordaba la cuestión de la toma del poder de manera nebulosa, aunque se planteara, tal vez para un futuro, la posibilidad de una súbita lucha armada que en breves combates debería triunfar sin realizar alianza alguna con otras fuerzas.
En Chile, el revolucionario programa electoral de la Unidad Popular, con Salvador Allende al frente, proponía el surgimiento de tres áreas de propiedad bien diferenciadas. Una englobaría las empresas estatales existentes, así como todos los monopolios criollos y extranjeros que fuesen nacionalizados, además de las riquezas básicas y el comercio exterior. En otra, operarían los sectores medios de la burguesía y algunas dependencias del Estado. La tercera sería un área por completo privada, destinada a los pequeño-burgueses y cuentapropistas**. Además se contemplaba acelerar la reforma agraria, afectando las grandes propiedades particulares con el propósito de establecer sobre ellas formas cooperativas de producción, y a la vez reorganizar a los minifundistas y defender las comunidades indígenas mapuches. Con esos preceptos Allende ocupó la presidencia el 4 de noviembre de 1970. Pero pronto un bloqueo silencioso fue iniciado por Estados Unidos contra Chile, a la vez que en el Congreso Nacional la derecha impedía que se aprobara la ley sobre las tres áreas de la economía, y falsamente acusaba al presidente de querer estatizarlo todo.
Dado que en los comicios parciales de marzo de 1973 la Unidad Popular obtuvo el 44 por ciento de los votos, muchos en el ejército se convencieron de que los procedimientos constitucionales no servirían para detener el proceso de transitar a otra sociedad. Por ello, los más apresurados generales-traidores promovieron que unidades blindadas del regimiento Tacna, llevaran a cabo un intento de golpe militar que resultó fallido. Pero el gobierno insistió en dejar incólume los mandos y estructuras de las fuerzas armadas. Entonces la reacción se sintió segura y pasó a la ofensiva. Hasta que el 11 de septiembre de 1973 se produjo el ataque al Palacio de la Moneda, donde el presidente Salvador Allende murió. Se evidenció así que la Unidad Popular no tenía un plan de lucha para defender a su gobierno, lo cual posibilitó la rápida victoria de los conjurados, que implantaron el fascismo-militar.
En Nicaragua, a principios de 1978, el asesinato por el régimen somocista del prestigioso dirigente conservador Pedro Joaquín Chamorro, dividió a la burguesía e indignó a toda la población. A partir de entonces los nicaragüenses afluyeron de forma masiva a las filas de los guerrilleros, cuyos efectivos se multiplicaron en campos y ciudades. A mediados del año siguiente, la dirigencia del Frente Sandinista de Liberación Nacional decretó una huelga política general, tras lo cual el 9 de junio estalló en Managua una insurrección popular. Entonces se constituyó un Gobierno Provisional que proclamó cuatro principios rectores: no alineamiento internacional, relaciones con todos los países del mundo, autodeterminación de las naciones, estatización de los bienes somocistas, así como de la banca, el comercio exterior, la minería y las tierras ociosas. Con esos preceptos, el 19 de julio de 1979, triunfó la insurrección.
La Junta presidida por Daniel Ortega comenzaba a cumplir el programa prometido, cuando Nicaragua se vio afectada por la agresividad de los Estados Unidos. El gobierno de Ronald Reagan ordenó a la CIA minar puertos y sabotear industrias, a la vez que el ejército estadounidense implantaba bases en la vecina Honduras. Allí se engendraron bandas mercenarias de los contras que incursionaban dentro del país, asolando y destruyendo todo. En dichos enfrentamientos perecieron sesenta mil personas, en una población que no rebasaba los cuatro millones de habitantes. A pesar de ello, el sandinismo convocó a una Constituyente, la cual estableció el pluralismo político –funcionaban once partidos–, tripartición de poderes, economía mixta, sexenios presidenciales, comicios generales a principios de 1990. En ellos se produjo la sorprendente victoria de la Unión Nacional Opositora, que una vez en el gobierno redujo el ejército y suprimió el Servicio Militar Obligatorio, a la vez que desmanteló el Área de Propiedad del Pueblo, que había sido conformada con empresas nacionalizadas.
En Venezuela, el 27 de febrero de 1989 se produjo un colosal estallido de violencia popular conocido como «El Caracazo». Las masas, que protestaban contra el gobierno por su programa de ajuste neoliberal, fueron violentamente reprimidas por las fuerzas armadas. Esto engendró en el ejército una tendencia opositora llamada Movimiento Bolivariano Revolucionario, encabezado por el teniente coronel Hugo Chávez. Este, luego de una fallida sublevación cívico-militar el 4 de febrero de 1992, se nutrió del MBR y de civiles revolucionarios para conformar un Movimiento por la Quinta República, que prometió una Constituyente en caso de ganar las elecciones. A principios de 1999, Chávez ocupó la presidencia y convocó a elaborar una constitución que permitiera transformar el país, la cual fue aprobada por el 72 por ciento de los votantes. El inicio de los cambios provocó el disgusto reaccionario, que llevó a un intento de golpe de Estado en abril del 2002. Pero el pueblo se lanzó a las calles exigiendo la excarcelación del presidente, lo cual, junto a la acción de los militares institucionalistas, lo restablecieron en el ejecutivo. Chávez entonces clamó por una sociedad «rumbo al socialismo del siglo XXI».
Bolivia se encontraba, al principio del nuevo siglo, sumida en la ingobernabilidad a causa de las intensas luchas populares contra el neoliberalismo. Entonces se anunciaron elecciones generales que fueron ganadas por el aymará Evo Morales, candidato del Movimiento al Socialismo, quien ascendió a la presidencia en enero del 2006. Tras nacionalizar los hidrocarburos, el nuevo mandatario convocó a una Constituyente, que luego de ser aprobada en referendo transformó a la República en unitario y novedoso Estado Plurinacional de Bolivia.
En Nicaragua, una coalición –que incluso acogía a excontras– encabezada por el FSLN, triunfó en las elecciones generales del 2006. Durante los tres lustros que habían gobernado los neoliberales, el analfabetismo se había triplicado, gran parte de la población se había hundido en la pobreza, una ínfima minoría se enriquecía sin cesar y se había generalizado la insalubridad. Con el propósito de superar tamaño desastre, en medio de la gigantesca celebración que festejaba el trigésimo aniversario del triunfo de la rebelión anti-somocista, el presidente Daniel Ortega clamó por un futuro socialista, cristiano y solidario.
En Ecuador, durante una década, diversos presidentes se sucedieron en el poder sin lograr la menor estabilidad gubernamental. En ese convulso panorama, un joven economista llamado Rafael Correa, que había fundado el Movimiento Alianza País (apocopación de Patria Altiva y Soberana), anunció sus propósitos de aspirar a la primera magistratura en las elecciones de octubre del 2006. Este carismático individuo proponía una Revolución Ciudadana inspirada en Bolívar y Eloy Alfaro, que favoreciera a los pobres y a las clases más necesitadas, en tanto pondría coto a la riqueza ilimitada. Correa triunfó en los referidos comicios y en enero del 2007 ocupó la presidencia, desde la cual convocó a una Constituyente, cuyo texto fue aprobado en referendo popular. Así quedó proscrita la base militar estadounidense en Manta, se estableció una mayor intervención del Estado en la economía, se reglamentó el pago de la deuda externa. Según el presidente, estos avances reflejaban el «cambio de época» que vivía la América Latina, rumbo al «socialismo del siglo XXI».
En Latinoamérica las victorias electorales de diversos movimientos populares –enemigos de las concepciones neoliberales– originaron una corriente de simpatía hacia lo que de forma genérica se ha denominado «socialismo del siglo XXI», así llamado para diferenciarlo de la fallida experiencia soviética, estatista, burocrática y monopartidista. Estos nuevos gobiernos rechazaban el predominio del mercado y la lógica monopolista de maximizar las ganancias al formular las políticas públicas, lo que había incrementado las quiebras y desaparecido los ahorros de pequeños y medianos empresarios, a la vez que multiplicaba el desempleo en campos y ciudades. Los regímenes neoliberales habían desregulado la economía para incentivar la especulación por encima de las actividades productivas, promovido el librecambio, privatizado empresas públicas –por debajo de su valor real–, desnacionalizado las riquezas naturales, y aplicado medidas deflacionarias en lugar de reactivar la economía por medio de gastos gubernamentales. Esta incisiva crítica al neoliberalismo atraía a las anti-oligárquicas clases populares. A la vez, el nuevo socialismo pretendía tranquilizar a la «clase media», que respaldaba la permanencia de los productores privados medianos, así como los mecanismos electorales multipartidistas de la llamada «democracia representativa». Las concepciones políticas del «socialismo del siglo XXI» también se oponían a las prácticas belicistas de Estados Unidos, recuperaban el patriótico legado histórico latinoamericano, reivindicaban los valores culturales indígenas, e incorporaban las precedentes prácticas de colaboración social del nacionalismo populista. Parecería que se retomaban las proyecciones de los «frentes populares» –concebidas otrora por los comunistas–, para aliarse con los sectores progresistas de la burguesía y enrumbarse hacia una sociedad mejor. Pero ahora esa compleja política estaba dirigida por los sectores más revolucionarios, deseosos de conducir de manera paulatina e ininterrumpida dichos procesos transformadores hacia el socialismo del siglo XXI.  
Los propugnadores de esta novedosa concepción, conformaron partidos de masas que rivalizaron con éxito en las sistemáticas elecciones pluripartidistas, o en las convocatorias a referéndums para asegurar trascendentes cambios constitucionales. Al mismo tiempo, fomentaron en los barrios –y a veces en algunas fábricas– el autogobierno local, mediante consejos comunales no partidistas, para eludir la tradicional burocracia, ineficiente, hostil y corrupta. Luego financiaron gran cantidad de programas destinados a elevar el nivel de vida de la población más humilde: obreros, trabajadores autónomos, pobres y desempleados, madres solteras, campesinos. Dicha práctica incluía una vasta atención médica –realizada con frecuencia por cubanos- y el acceso a la educación hasta la universidad, ambas con carácter universal y gratuito. Aunque se expropiaron empresas claves sobre la base de consideraciones políticas o pragmáticas –como las engendradas por conflictos obrero-patronales o en busca de una seguridad alimentaria–, dichos regímenes han mantenido una economía mixta, con un sector privado que sigue siendo importante en bancos, agricultura, tiendas y comercio exterior. Sin embargo, no es inusual que el Estado posea el sector de exportación más lucrativo y la principal fuente de ingresos en divisas, o que la propiedad pública se haya incrementado. Hay un creciente número de nuevas empresas estatales, establecidas en conjunto con compañías de China, Rusia, Irán y la Unión Europea, en contraste con el papel disminuido de algunas transnacionales de Estados Unidos.
En síntesis, la política de los proclives al socialismo del siglo XXI, por lo general enfrenta a los elementos más retardatarios o derechistas de la sociedad, mediante una alianza social o electoral interclasista de aquellos deseosos de empujar en sentido del progreso. De tal forma, quienes se han enrumbado en dicho camino han multiplicado los gastos sociales –escuelas, policlínicas, carreteras, viviendas, agua, electricidad– y elevado los salarios mínimos, han promovido las libertades individuales y la de los movimientos sociales así como la de los procesos electorales, con enorme tolerancia en los debates públicos durante las elecciones competitivas entre los partidos políticos. Esto, sin desmedro de haber representado un muro de contención al intervencionismo de los Estados Unidos, además de haber establecido el control sobre los recursos nacionales y enaltecido la soberanía de las repúblicas, a la vez que impulsaban al máximo la integración latinoamericana.
La marcha unitaria del subcontinente alcanzó su cima, cuando Brasil –presidido por Luis Ignacio Lula da Silva- convocó a celebrar en diciembre del 2008 la Primera Cumbre de América Latina y el Caribe. En dicha reunión, por primera vez desde la consecución de la independencia contra las metrópolis coloniales, los 33 países que integran la región –con la notable presencia de Cuba– se reunieron sin participación foránea, fuese de Estados Unidos o Europa. En dicho cónclave se emitió una Declaración Final en la que se expresaba total acuerdo en la defensa de la soberanía de las naciones latinoamericanas, el derecho de los Estados a construir su propio sistema político, libre de amenazas y agresiones o medidas coercitivas; se subrayaba que siempre debería prevalecer un ambiente de paz, estabilidad, justicia, democracia y respeto a los derechos humanos, con igualdad soberana de los Estados y solución pacífica de las controversias. En esa referida Primera Cumbre también se emitió una declaración especial sobre la necesidad de poner fin al bloqueo financiero, comercial y económico –incluida la aplicación de la Ley Helms-Burton– impuesto hacía más de medio siglo por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba. En dicho ámbito, además, el presidente ecuatoriano Rafael Correa propuso la creación de una Organización de Estados Latinoamericanos y Caribeños, sin participación alguna de cualquier país ajeno a la región. En concordancia con esa propuesta, México realizó la convocatoria para celebrar en febrero del 2010 otra Cumbre de América Latina y el Caribe. En dicho cónclave, el día 23 de ese mes, se conformó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Esta novedosa organización debería promocionar el desarrollo sostenible regional, e impulsar los intereses del área en los foros globales ante acontecimientos de relevancia mundial. Ello implicaba un gigantesco paso de avance, en cumplimentar los bicentenarios anhelos de integración. Luego, Cuba fue designada para ocupar la presidencia pro-tempore del ascendente bloque integrador durante el 2013. Y al final de ese año, con todo éxito, se celebró en La Habana la Segunda Conferencia de mandatarios de la región.
La importancia del surgimiento de la CELAC se manifestó en el contexto internacional. La agrupación integracionista latino-caribeña en poco tiempo forjó crecientes relaciones con China y Rusia, a la vez que su existencia forzó a Estados Unidos a reconsiderar su sistemática política de hostilidad contra la Revolución Cubana. Se evidenciaba que en el hemisferio –y en el resto del mundo– las pretensiones estadounidenses de aislar a Cuba no habían funcionado; en ese aspecto el gobierno de Washington se encontraba solo, mientras que el de La Habana atraía las simpatías de toda la humanidad. Ello se reiteraba en las casi unánimes votaciones anuales de la Asamblea General de la ONU contra el bloqueo económico, comercial y financiero aplicado por los poderosos Estados Unidos contra el pequeño Estado caribeño.
En semejante situación, el 17 de diciembre del 2014 el presidente de Estados Unidos Barack Obama públicamente reconoció que la agresiva política estadounidense hacia Cuba había fracasado, luego de medio siglo de ser aplicada. Y anunció el deseo de enrumbar su país hacia la normalización de relaciones con la vecina república antillana. Raúl Castro estuvo de acuerdo con el nuevo enfoque y propuso adoptar medidas mutuas para mejorar los vínculos bilaterales, aunque reconoció que entre ambos gobiernos existían profundas diferencias en materia de soberanía nacional, democracia, derechos humanos y política exterior. El presidente cubano además, precisó que el restablecimiento de relaciones diplomáticas –formalizadas el 20 de julio del 2015– era sólo el inicio de todo un proceso, cuya culminación se alcanzaría con el cese del bloqueo contra Cuba, la devolución del territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval de Guantánamo, y la compensación al pueblo cubano por los daños humanos y económicos debidos a la injustificable agresividad imperial llevada a cabo durante más de cincuenta años.
BIBLIOGRAFÍA:
Prieto, Alberto: Visión Integra de América –en tres tomos–, Editorial Ocean Sur, China, 2013.
____________: Las Guerrillas Contemporáneas en América Latina, Editorial Ocean Sur, Bogotá, 2007.
____________: Procesos Revolucionarios en América Latina. Editorial Ocean Sur, Querétaro (México), 2009.

Nota de la administración del blog.
Cuentapropista** es lo mismo que decir autónomo, para quien dirige su propia actividad productiva y laboral.

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