Por Gustavo de la Torre Morales
Aquí dejo mi
intervención en el teatro del Ayuntamiento de Marinaleda, como actividad parte
del IV Encuentro Internacional de Solidaridad Europa por Cuba, el pasado sábado 31
de enero de 2026.
Por lo general, me expreso de forma espontánea, pero esta vez no me acogeré a esa "aventura" y traigo mis palabras escritas. Doy gracias a todas y todos ustedes por el amor y la solidaridad que brindan a mi Patria.
Me sumo a las
palabras de mi compatriota, Patricia, dando honores a nuestros 32 compatriotas
cubanos que defendieron con valentía, no solo la soberanía y dignidad de la
República Bolivariana de Venezuela y la de Cuba, sino que cayeron defendiendo
la dignidad de todos los pueblos del mundo.
Los 32 cubanos
demostraron el coraje de los Maceo, la firmeza de los principios inculcados por
la Revolución cubana liderada por el Comandante Fidel Castro, por el General de
Ejército Raúl Castro y hoy día por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez. Esos 32
héroes supieron morir con dignidad, como José Martí, batallando sin miedo,
poniéndole el pecho a las balas enemigas; pero esta vez, las balas son del
imperialismo estadounidense.
Los pueblos de
Nuestra América han sufrido la embestida del imperialismo estadounidense bajo
la doctrina Monroe. En el caso particular de Cuba, lleva más de 6 décadas
sufriendo los zarpazos de la política hostil y violatoria que aplican los
gobiernos de EEUU: un diabólico y amplísimo diapasón de agresiones que marcan
desde incursiones militares mercenarias, guerra biológica, campañas mediáticas,
financiación de grupúsculos subversivos y delincuenciales (edulcorados como
“disidencia”), hasta el retorcido laberinto de “leyes” y medidas coercitivas
que componen el criminal bloqueo económico, financiero y comercial, cuyos
objetivos demuestran su carácter genocida, porque viola flagrantemente los
derechos del pueblo cubano, como diversas resoluciones de la Carta de las
Naciones Unidas y el Derecho Internacional.
Bajo el segundo
mandato de Trump, vemos que este magnate del crimen impone su corolario, con la
arrogancia de creerse el señor del universo y, con enfermizo ego, blanquea el
genocidio contra Palestina y agredió a la hermana República Bolivariana de
Venezuela, donde bombardeo, ametralló y secuestró a su presidente Nicolás
Maduro y a la combatiente Cilia Flores.
El pedófilo de
Trump, empujado por la camarilla de mafiosos que hacen de la agresión a Cuba un
negocio, lanza con petulancia amenazas con el pueblo de Cuba y decreta un cerco
total. Todos los voceros, mercenarios, plattistas_ hablando claro, gusanoides_
quedan descubiertos, porque el mismísimo Trump expone que no hay
"embargo", sino un bloqueo económico que demuestra su carácter
genocida.
Por ello,
expreso mi condena rotunda a la política de barbarie que impone EEUU contra
Cuba y rechazo las amenazas del Sr. Trump-etilla y su camarilla de fascistas.
Condena y rechazo, que me atrevo a confirmar, también la expresa una gran parte
de la comunidad cubana residente en el exterior.
Mienten al decir
que Cuba es una amenaza, porque Cuba se mueve por principios de paz,
colaboración respetuosa y solidaridad internacionalista, y ejemplo de ello son
las brigadas médicas.
Estamos en el
año del centenario del natalicio del Comandante Fidel Castro Ruz. Como lo
calificó el poeta Juan Gelman, "Fidel, el gran conductor que encendió la
historia" y estoy obligado a hablar sobre él y el componente martiano de
toda su obra y desempeño que mostró con su ejemplo personal en todo momento.
Fidel supo
llegar a todo ser humano que interactuó directa o indirectamente con él. Supo
hablar con un lenguaje diáfano y que se alza a la altura de intelectuales y del
pueblo en general, no solo del cubano, sino de cualquier rincón del mundo.
Siempre sorprendió su capacidad de desarrollo en su oratoria, donde hablaba de
diversos hechos y a lo largo de su discurso los interconectaba con la altísima
maestría de su magisterio.
Su prodigiosa
memoria e interés en conocer cada detalle, dejaba atónito a sus oyentes o
interlocutores, porque ya venía con una gran carga de datos, que le permitía
proyectar ideas, opiniones y razonamientos que superaba todo esfuerzo humano.
José Martí
escribió “Quien tiene sucia el alma anda siempre retorciendo”.
Sin embargo,
muy a pesar de los umbrales vergonzosos que el imperialismo trata de sembrar
sobre Fidel, él fue y es respetado hasta por aquellos enemigos que trataron de
asesinarlo en más de 600 ocasiones.
El imperialismo
y sus secuaces no pudieron con él y Fidel partió físicamente, cuando a él, en
diálogo con su naturaleza, le dio la reverenda gana. Y digo físicamente, porque
su ejemplo, obra e ideario siguen vivos en el pueblo cubano y en la lucha de
los pueblos del mundo.
Una precisa
descripción la hizo el Comandante Ernesto Che Guevara, en su escrito publicado
en el semanario Marcha, de Montevideo, el 12 de marzo de 1965, donde hablando
sobre el papel que debe tener el dirigente revolucionario en interacción con
las masas, expresa: “Maestro en ello es Fidel, cuyo particular modo de
integración con el pueblo sólo puede apreciarse viéndolo actuar. En las grandes
concentraciones públicas se observa algo así como el diálogo de dos diapasones
cuyas vibraciones provocan otras nuevas en el interlocutor. Fidel y la masa
comienzan a vibrar en un diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el
clímax en un final abrupto, coronado por nuestro grito de lucha y de
victoria”... Así vamos marchando. A la cabeza de la inmensa columna_ no nos
avergüenza ni nos intimida decirlo_ va Fidel, después los mejores cuadros del
Partido, e inmediatamente, tan cerca que se siente su enorme fuerza, va el
pueblo en su conjunto; solida armazón de individualidades que caminan hacia un
fin común.”
Esas cualidades
describen a Fidel, porque son el escudo moral que forjó gracias a su constante
ejemplo.
Fidel fue un
profundo martiano, porque reconoció que José Martí aportó un arsenal de ideas,
enriquecedoras y con altísimo componente político, humano y ético.
Por eso Fidel
lo cataloga como el apóstol de la Revolución cubana. José Martí avizoró el desarrollo
de la consciencia del pueblo cubano, la cual se fortalecía con el sacrificio de
sus hijos y se alzaba, bandera en mano, para cargar contra las hordas del colonialismo
de la corona española.
Fidel supo
aunar, nuevamente a Cuba, para alcanzar finalmente la victoria demandada y
poner como Ley fundamental, la dignidad plena de las personas. José Martí se
apoyó en el principio moral que sirvió de divisa y pilar fundamental de su
proyecto: "Con todos y para el bien de todos".
Pero en ese
principio democrático, el apóstol señaló que: "Para todos será el
beneficio de la Revolución a que hayan contribuido todos", y en su
declaración acotó que únicamente quedaban excluidos del honor e influjo de la
Revolución quienes se autoexcluyan por arrogancia de señorío, por mezquino
servilismo a intereses colonialistas foráneos.
Una máxima
martiana también desarrollada por Fidel, sentenciada en su frase "Dentro
de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada".
Ambos
expusieron, con breves palabras, toda la fuerza del derecho humano y moral que
le asiste al proceso revolucionario cubano a existir y al pueblo de Cuba a
trazar su propio camino.
Ni el salvaje
capitalismo ni la barbarie del imperialismo, ni la vil complicidad de
desarraigados, enajenados y traidores, pueden impedir que la voluntad popular
de la Nación ponga empeño en construir su presente y futuro.
Esa fructífera
enseñanza antiimperialista fue también defendida por el Che, quien nos enseñó
que "al imperialismo, ni un tantito así".
Los tres
héroes, José Martí, el Comandante Ernesto Che Guevara y el Comandante Fidel
Castro, demostraron el valor que tiene la UNIDAD como principio para la lucha
emancipadora.
Tomando como
bandera de lucha e identidad ese principio, hago un llamado a la comunidad
cubana en el exterior a volcarse a defender a Cuba. No es un acto de
solidaridad, sino un acto de compromiso con la Patria y con lo que nos ha
aportado la Revolución como hijas e hijos de esa hermosísima tierra. Es un acto
moral y de respeto a nuestras raíces y nuestro martirologio. Es un acto para
demostrar, no sólo nuestra cubanidad, sino de alzar bien alto la firmeza de
nuestra cubanía. Es un acto de rebeldía y resistencia, un acto humano con
nuestros familiares, vecinos, con todas y todos nuestros compatriotas que están
allí dentro batallando con coraje y afrontando los grandes sacrificios que
imponen las carencias y necesidades que generan la criminal política
imperialista de EEUU.
Tanto a nuestra
comunidad que ama la Patria como a la gran familia de la solidaridad, les convido
a promover manifestaciones de condena frente a las oficinas diplomáticas de
EEUU o de empresas con capital estadounidense.
No hablo de
hacer vandalismo, sino de llevar a sus sedes nuestras voces y que ellos sientan
la firmeza de la solidaridad y también la vergüenza del crimen que lleva a cabo
su gobierno.
¡Abajo el
bloqueo a Cuba!
¡Abajo el
imperialismo!
¡Viva la
amistad y la solidaridad entre los pueblos!
¡Viva la
Revolución cubana!
¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

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