Aquí está la demo-crack-CIA que nos muestra la derecha extrema y la extrema derecha: Vito Quiles, un provocador, destilando odio abiertamente, generando conflictos en las calles, instigando y facilitando la "justificación" para que se ejecuten descargas de represión policial.
Este personaje es un
fascista que camina seguro por las calles, escoltado tranquilamente por la
policía, mientras comete descaradamente sus fechorías: acosar a periodistas o manifestantes que piensan diferente, convocar manifestaciones ultras, incitar a la cacería ideológica al gritar "A por los rojos", glorificar el fascismo y un largo etcétera.
Lamentablemente, esta situación es alimentada por la derecha extrema y la extrema derecha, y persiste bajo el mandato de un gobierno que se auto titula "el más progresista".
No es la primera vez que la
policía escolta o es condescendiente con personajes que exaltan saludos, símbolos o cánticos del fascismo. Esto es algo que preocupantemente revela que el fascismo cunde dentro de las fuerzas policiales.
¿Por
qué los representantes políticos de las Comunidades donde se dan estos
espectáculos, o el Ministro correspondiente en el gobierno del Estado no
adoptan ni dan las orientaciones pertinentes para impedir que esto siga
ocurriendo?
¿Por qué no hay un juez, un magistrado o un tribunal competente que dicte un mandamiento u orden contra estos personeros que rompen la tranquilidad ciudadana, procrean un ambiente encrespado y odio; así como impide este tipo de actuación violenta y agresiva por parte de los cuerpos policiales?
Las
protestas sociales no son sólo por una vivienda digna, por desmantelar los
fondos buitres, por impedir la especulación, por mejores condiciones en la
educación pública, para que no se utilice la sanidad como un negocio, que no se
utilice el fondo de pensiones para salvar bancos ni pagar la deuda privada, que
mejoren las condiciones laborales y el salario mínimo interprofesional; sino
que además de todo eso, también es para que se detenga la agresión policial, el
abuso de poder y que la policía se utilice como herramienta de represión contra
el pueblo, guardián de personajes o grupúsculos del fascismo y custodio de los
intereses elitistas de las grandes fortunas y especuladores.
Cada
porrazo, empujón, detención arbitraria y promoción de violencia de la policía
es una violación flagrante de los derechos humanos; es la vía que destruye
cualquier atisbo democrático.
No hay posibilidad de democracia ni que la ciudadanía goce de sus derechos, mientras la violencia vista de uniforme y los agitadores de odio sean sus protegidos.
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