Tira Cuba

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jueves, 24 de abril de 2014

Jóvenes y cubanísimos

Renovar las dinámicas funcionales del conjunto de organizaciones, fundamentalmente las juveniles, ayudará a mejorar la participación juvenil en nuestra sociedad. Foto: Roberto Ruiz
Tomado de Juventud Rebelde.
Por Lisandra Leyé Del Toro

Cualquiera pensaría que el orgullo de ser cubano va en caída, dada la tendencia de ciertos jóvenes a consumir productos marcados por lo foráneo —ropas con la bandera del Reino Unido; llaveros, bufandas y pulóveres que parecen hechos para fanáticos (y no fanáticos) del Barcelona o el Real Madrid—, y también porque la reproducción de los peinados y estilos de vida de algunas grandes estrellas del espectáculo han invadido, de pronto, la cotidianidad de muchos adolescentes.

Sin embargo, la IV Encuesta Nacional de Juventud, el estudio más amplio que se realiza en el archipiélago cubano sobre este sector poblacional, arrojó en 2012 que el 96 por ciento de la población entre 15 y 29 años de edad se sentía orgullosa de su cubanidad. Específicamente las mujeres, entre 25 y 29 años, fueron quienes más defendieron este criterio.

Al respecto, el sitio web Soy Cuba, de nuestra editora, profundizó con el máster Rolando Julio Rensoli Medina, investigador del Centro de Estudios sobre la Juventud y profesor auxiliar de la Universidad de La Habana.

Hace más de 20 años que Rensoli estudia las características de la juventud cubana y ahora mismo tiene en curso la investigación transdisciplinar Universo juvenil cubano: cultura e identidad, espacios de socialización, recreación y tiempo libre.

—¿Pensó alguna vez que la relación entre los jóvenes y su identidad nacional sufría algún tipo de «fractura»?

—No, aunque los problemas sociales, sobre todo los acumulados durante 20 años de período especial, cuando muchos proyectos de vida se interrumpieron por la crisis económica del país, pudieron haber indicado eso. Sin embargo, ninguno de estos factores afectó el orgullo por haber nacido aquí.

«Ni siquiera de los que viven en la emigración, porque con la lejanía el sentimiento de cubanidad no se pierde; por el contrario, se exacerba el deseo de preservar las raíces y tradiciones: se cocinan los platos típicos de la Isla, se pone la música salsera, se estampan pinturas en las paredes con lugares de nuestro país o se cuelga alguna bandera cubana.

«La IV Encuesta Nacional de Juventud de 2012 ratificó esa percepción. Fueron entrevistados adolescentes y jóvenes de entre 15 y 29 años de todo el país. Esta es la edad asumida por la Organización de Naciones Unidas y otros organismos internacionales para enmarcar el concepto de juventud, aunque en Cuba el universo juvenil se considera hasta los 35 años por causas diversas. Entre ellas figuran el envejecimiento de la población del país, debido fundamentalmente a una elevada esperanza de vida, y el hecho de que la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) elevó la edad tope de su militancia hasta los 32 años y las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS) —los movimientos juveniles a ella subordinados—, entre otras organizaciones, lo hicieron hasta los 35 años».

—¿No puede decirse que exista entonces una crisis de identidad nacional…?

—No, no se puede hablar de una crisis de identidad en los jóvenes cubanos. Este orgullo tiene, sin embargo, variaciones en torno a las principales razones que lo motivan, de una a otra región dentro del país, y como muestra le digo que la juventud en el occidente del país se identifica más con su historia local y con aspectos sociales que conforman la nacionalidad, pues predominan los elementos de índole sociocultural; mientras que en el oriente prevalece el elemento relacionado con los logros revolucionarios».

—¿Qué otros elementos valoran los investigadores en la encuesta?

—Los tres punteros identitarios, que son: el de ser, el de estar y el de asumirse. La identidad de ser tiene en cuenta el cómo yo soy en cuanto a rasgos fenotípicos, el medio y clase social, la nacionalidad y la región.

«La identidad de estar se relaciona con el lugar donde estoy y del cual vengo, y la de asumirse es la del yo como individuo. Esta última evidencia la capacidad de la persona para asimilarse de una determinada forma, ya sea por su región de procedencia, si es bajito, hetero u homosexual, entre otras características. Claro, que esas formas de identificarse dependen de cómo cada cual valore y comprenda el mundo.

«Al evaluarse la identidad no se incluye el haber nacido en Cuba, porque la persona pudo nacer aquí pero sentirse más relacionada con otro espacio. Sí cuentan, por el contrario, las razones culturales por las que se siente cubano: lengua, música popular, tradiciones folclóricas, elementos idiosincráticos (gesticulación, hablar en jerga, la jocosidad). También cuenta la inclusividad, que es un criterio usado con respecto a quienes se “aplatanan” en la Isla, y hasta la pasión por el béisbol como deporte nacional».

Orgullo de ser cubanos

Aunque los resultados por sexo y edad no evidencian diferencias que modifiquen esta información inicial sobre la IV Encuesta Nacional de Juventud, es mayor el porcentaje de féminas que expresó sentir orgullo por ser cubanas (96,3), en comparación con el de los hombres (95,1). Respecto a la edad, se distingue discretamente el grupo de jóvenes entre 25 y 29 años: en él se encontró el mayor porcentaje de personas que expresaron sentirse orgullosas de su nacionalidad.

En encuestas anteriores, el tema de la identidad nacional ha tenido un comportamiento particular cuando se ha hecho el análisis por regiones. Los resultados de la IV Encuesta Nacional de Juventud confirman una vez más que la región oriental posee el porcentaje más elevado de personas que dicen sentirse orgullosas de ser cubanas (97,1), seguida de las regiones central (95,8) y occidental (95,5), mientras que La Habana evidencia el valor más bajo (93,9).

Es preciso apuntar en este sentido que en nuestra ciudad capital trabajan, estudian y viven juventudes de todo el país, por lo que los criterios capitalinos son criterios de país, aunque sea cierto que dibujan una realidad ideológica de urbe capital. Esto hace que sea menester analizar sus características sociopolíticas en toda su extensión y profundidad.

Al ahondar en las razones por las que la mayoría de los jóvenes se sienten orgullosos de su cubanía, se observa que casi tres cuartas partes distingue la manera de ser de los cubanos, mientras que en segundo y tercer lugar se ubican las tradiciones culturales, religiosas, arte e idioma, por un lado, y la independencia nacional, por el otro.

Es de vital importancia considerar estos índices, pues se refieren a cuestiones medulares en el compromiso de los más jóvenes con la Revolución, y particularmente importantes para la construcción del socialismo y la participación en los cambios que el país se ha propuesto acometer.

Dada la relevancia que ha tenido la historia en nuestro país así como la intención de contribuir a la formación de valores desde su estudio, se hace imprescindible resignificarla para las actuales generaciones de jóvenes y modificar los métodos de enseñarla, en aras de que se convierta verdaderamente en una vía para influir en la formación integral de los jóvenes.

Participación juvenil en la sociedad

La participación sociopolítica juvenil resulta clave para generar mayor identificación de este grupo con las dinámicas de la sociedad cubana.

A la luz de esta consideración, resulta particularmente valiosa una indagación realizada por el Centro de Estudios sobre la Juventud entre 2011 y 2012 —llevó por nombre La participación juvenil en la sociedad cubana, 1999-2010—, la cual procuró identificar qué rasgos distinguen la participación juvenil en los espacios universitario, laboral y comunitario.

Entre las más importantes recomendaciones que dejó esta pesquisa y que guardan relación con cuestiones que nuestros jóvenes identificaron como claves para mantener vivo el orgullo de sentirse cubanos, se encuentran:

•Priorizar en el sistema nacional de educación la enseñanza del sistema político cubano y de la Constitución de la República de Cuba.

•Renovar los procesos orgánicos y funcionales del conjunto de organizaciones, fundamentalmente las juveniles, así como sus métodos de trabajo con las masas; y
•Estudiar el perfeccionamiento de los procesos electorales en la circunscripción a fin de potenciar su eficacia participativa y acrecentar la autoridad y el poder real del delegado de circunscripción.

Estas consideraciones apuntan a la necesidad de reevaluar —como se viene haciendo— desde todos los actores sociales implicados directamente en los procesos identitarios y de construcción de ciudadanía, las formas y métodos de enseñanza y asimilación de ideologías en las más jóvenes generaciones.

En sentido general, se necesitan nuevas, creativas e ingeniosas estrategias para lograr mayor participación juvenil y potenciar un cambio hacia una cultura más participativa. Por ello, la introducción de diversas maneras de hacer que impulsen a participar constituye un reto en nuestra nación. Particularmente, la formación de los jóvenes y su accionar sociopolítico debe responder a una sociedad que se transforma y desarrolla.

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