miércoles, 2 de mayo de 2018

Mariátegui: el fundador del marxismo latinoamericano

Tomado de Contexto Ocean Sur.
Por José Gabriel Martínez Rodríguez

El ensayista y activista peruano José Carlos Mariátegui es de esos pensadores que, a pesar de haber tenido una corta vida, se inserta en la historia de su país para proyectarse al mundo como una figura patrimonial. A ello contribuyeron su obra, pensamiento y acción, ya que Mariátegui supo vencer adversidades impuestas por la vida para convertirse en uno de los hombres más influyentes en la reflexión sobre cultura y sociedad en el Perú y Latinoamérica toda, así como en un destacado activista político cuya capacidad analítica y liderazgo lo llevaron a fundar el Partido Socialista Marxista Peruano.


Nacido en Moquegua, en 1894, Mariátegui tuvo una infancia difícil por el padecimiento de una grave enfermedad que lo limitó físicamente y que años más tarde, en 1924, le causaría la amputación de una de sus piernas. Además de por sus problemas de salud, se vio obligado a dejar sus estudios escolares para contribuir a la economía familiar. Nada de esto impidió que sus naturales inquietudes intelectuales lo llevasen a prepararse de manera autodidacta, con la ayuda de su madre y su hermana mayor.

Empezó a trabajar en el diario La Prensa como ayudante en los talleres de linotipia y poco a poco fue ascendiendo en responsabilidad hasta que, tras el necesario proceso de aprendizaje de la labor periodística, pasó a integrar el equipo de redactores a principios de 1914 y a escribir con regularidad bajo el seudónimo de Juan Croniqueur. Su talento para la profesión y las letras en general le permitió colaborar en diferentes revistas sociales y vincularse al ámbito de la creación literaria, por lo que además de crónicas y reportajes escribió cuentos, poemas y dos obras teatrales, aunque estas últimas no fueron recibidas placenteramente por la crítica.

En 1918, influido por la Gran Revolución Socialista de Octubre y otros acontecimientos y personalidades relevantes de la época, y luego de haber realizado la crónica parlamentaria por poco más de un año para el influyente diario El Tiempo, lo cual le permitió conocer a fondo la política de su época, Mariátegui se adhiere al socialismo y lanza la revista Nuestra Época. Dirigida por él y César Falcón, la publicación abogaba por el cambio social. Pese a que solo pudieron ver la luz dos números, puede identificarse como una revista trascendente, ya que en ella se vislumbraron las bases y algunos principios germinales de lo que más adelante Mariátegui definiría como el Socialismo Peruano.

Desde ese momento no tendría ni un momento de pausa el activismo político del Amauta[1], como se refiere a Mariátegui por su sabiduría y su vocación formativa, así como por la antológica revista que fundaría años después. Junto a otros intelectuales y algunos obreros creó el Comité de Propaganda y Organización Socialista, el cual tuvo muy breve duración como consecuencia de divergencias internas, y en codirección con César Falcón fundó el periódico La Razón, desde el que apoyó la lucha obrera y la reforma universitaria.

Al igual que su publicación anterior, La Razón se vio obligada a desaparecer por cuestiones políticas. En 1919 Augusto Leguía se hizo con el poder en Perú mediante un golpe de Estado y la línea periodística asumida por Mariátegui y sus colegas, de oposición radical al régimen, conllevó a la desaparición del periódico y a la marcha de sus dos fundadores y directores a Europa. Aprovechando las becas ofrecidas por el régimen para viajar al viejo continente, Mariátegui partió a Italia y emprendió hasta 1923 un periplo que además lo llevó a Francia, Alemania, Austria, Hungría y Checoslovaquia.

Esta enriquecedora experiencia le permitió aprender varios idiomas y consolidar su formación política e ideológica. Mariátegui se afilió al marxismo y a la línea de la Tercera Internacional Comunista, y de conjunto con otros peruanos radicados en Europa fundó la primera Célula Comunista peruana con el objetivo de impulsar la organización independiente de los obreros de su país.

En tal sentido, a su regreso a Lima se incorporó a las Universidades Populares Gonzales Prada, puesto desde el que difundió las tendencias políticas europeas y su interpretación de la revolución bolchevique. A la par, mantuvo un arduo quehacer periodístico y editorial, siempre guiado por el propósito de dar a conocer ideas políticas alternativas a las imperantes en el Perú de su época y más afines con la realidad social de éste.

En mayo de 1924 una crisis de su padecimiento infantil interrumpió sus actividades y conllevó a la mencionada amputación. Mariátegui debió ir en silla de ruedas a partir de ese momento, pero ello no mermó en lo más mínimo su voluntad formadora y revolucionaria. Apenas experimentó síntomas de mejoría reanudó sus colaboraciones con las revistas Variedades y Mundial, en las que escribía bajo el título y convocatoria general de Peruanicemos al Perú, y en octubre de 1925 fundó la Editorial Minerva, lo cual le permitió publicar La Escena Contemporánea, su primer libro.

Respecto al activismo político, a principios de 1926 integró las filas de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), una organización encaminada a consolidarse como un frente único de obreros manuales e intelectuales. Asimismo, en setiembre de 1926 fundó la revista Amauta, que aún hoy es considerada como una las publicaciones más influyentes y paradigmáticas del siglo XX en Perú, si no la más. En ella fueron publicados importantes trabajos de la nueva generación intelectual peruana, influida por las modernas corrientes políticas, artísticas y literarias de Europa.

Fiel expresión del indigenismo y la vanguardia, las dos tendencias más importantes de la nación andina en los años 20 del pasado siglo, Amauta fue obligada a recesar su labor en junio de 1927 bajo la acusación de estar favoreciendo un complot comunista para derrocar al gobierno de Leguía. La acusación conllevó a que Mariátegui fuese apresado en el hospital militar de San Bartolomé. Una campaña internacional de solidaridad favoreció su pronta liberación, aunque no la reapertura de la revista, que no volvió a ver la luz sino hasta meses después.

Por discrepancias con Haya de la Torre, figura principal de APRA, Mariátegui decidió salirse de la organización en abril de 1928 y fortalecer sus contactos con la Secretaría Sindical de la Tercera Internacional. En consecuencia, y dada su evolución política, declaró a Amauta como una revista socialista en septiembre de 1928 y apenas unos días después, el 8 de octubre, fundó el Partido Socialista.

Elegido como Secretario General, Mariátegui se rehusó a usar el calificativo de comunista en el nombre de la organización, tal y como dictaban las normas o requisitos de la Tercera Internacional para reconocer al partido creado como su sección peruana. Esto originó presiones y discrepancias entre el líder andino y el oficialismo comunista regido por Moscú, que no desaparecieron hasta la muerte del primero.

Para Mariátegui, asumir el marxismo y el socialismo no podían ser cosa de copia o calco, sino de “creación heroica”[2]. En tal sentido, sus Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, publicados a fines de 1928, se muestran como una interpretación marxista de la realidad peruana, pero muy heterodoxa para el dogma comunista imperante.
Su autor comprendió que el pensamiento peruano y latinoamericano debían explicar su realidad plural desde una perspectiva original y creadora, que rebasase la importación acrítica de modelos teóricos concebidos en y para otras realidades. Por ello no limitó su formación y su formulación teórico y política al marxismo, sino que se mantuvo siempre abierto a otras corrientes para atemperarlo todo a las necesidades de la realidad que pretendía transformar.

De forma coherente con esta interpretación abierta del marxismo, que respeta las especificidades de cada contexto, Mariátegui se opuso a que su causa fuera guiada por un determinismo histórico que llevase al Perú por etapas preestablecidas e inviolables para presuntamente alcanzar el socialismo. Veía que ese tránsito era único para cada país por disímiles factores, desde históricos hasta culturales, y por ello defendió que el marxismo y el socialismo eran asunto de una continua creación, exenta de dogmas e imperativos.

Por todo esto, el pensamiento y el marxismo latinoamericanos tienen en el gran Amauta peruano a un referente fundamental. Lamentablemente no vivió mucho más y sus nociones teóricas no fueron del todo aprovechadas en su momento. Mariátegui falleció en abril de 1930 y apenas un mes después, bajo recomendación del Buró Sudamericano de la Tercera Internacional, el nombre del Partido por él creado cambió de Socialista a Comunista.

Puede parecer superfluo, pero el cambio tiene grandes implicaciones. Significó el triunfo del dogma imperante entre los marxistas y comunistas de la época, así como un rechazo explícito a las aportaciones de un hombre que propuso desde la acción un nuevo marxismo; un marxismo atemperado a las distintas realidades y exento de reduccionismos, determinismos y normas que fueran contra la esencia de lo anhelado por sus creadores.


[1] Vocablo de origen quechua que en el imperio Inca se usaba para referir a los hombres sabios y filósofos, dedicados a la educación formal de los hijos de los nobles y del Inca.
[2] Véase José Carlos Mariátegui, “Aniversario Y Balance,” Amauta 17 (1928), Disponible en https://www.marxists.org/espanol/mariateg/1928/sep/aniv.htm.

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