domingo, 15 de abril de 2018

El fenómeno del terrorismo en la estrategia geopolítica de la situación internacional.


Tomado de web CIPI: Centro de Investigaciones de Política Internacional.
Por Lic. Pedro Machado Hernández


Algunas reflexiones, claves e ideas prospectivas.

El fenómeno del autoproclamado Estado Islámico (EI), Al Qaeda, Boko Haram y otras agrupaciones  terroristas que convulsionan el planeta y destruyen sin piedad a los seres humanos, sus ideales y sus creencias,  así como las riquezas nacionales, patrimoniales e históricas, requerirá  de un gran análisis,  profundización y conceptualización. El fenómeno del terrorismo y sus consecuencias  debe ser  argumentado y puntualizado sobre la base  de las razones que dieron lugar a la  formación, desarrollo  y sostenibilidad de este acontecimiento criminal que mediante la exacerbación y explotación del fanatismo religioso, mecanismos psicológicos, reclutamientos forzados y complicidad foránea entre otras implicaciones,   ha causado tanto daño.

Posiblemente será necesario  un análisis consensuado  entre las distintas tendencias del pensamiento  progresista en los aspectos: sociopolítico,  ideológico, psicológico, religioso, económico, ético, cultural y medioambiental para obtener resultados satisfactorios en beneficio de la concordia y la tranquilidad planetaria, asegurando que manifestaciones tan aberrantes desaparezcan para siempre y no se repitan.
Además,  debe expresar estratégicamente las condiciones humanas, sociales y políticas del entorno,  e intereses internacionales que prevalecieron para que una manifestación tan negativa   haya logrado tanta aparente autonomía,  poder, resistencia y capacidad de desempeño desde finales de la pasada centuria hasta inicios del  siglo XXI,   período en que paralelamente ocurrieron acelerados avances  científico-técnicos, comunicacionales, culturales y de otras índoles,  en medio de los cuales se ha incrementado la competencia por la hegemonía universal.
Hubo, además, un notorio incremento y proliferación del  suceso terrorista en  medio de gran insensibilidad  y utilitarismo político y económico. También debe ser valorada  la responsabilidad global compartida en el surgimiento y manipulación del fenómeno en esta compleja y crucial  etapa civilizatoria del sistema mundo.
Las secuelas que va dejando esta tragedia global afectan de una u otra forma todos los aspectos de la vida del ser humano, al mismo tiempo que influyen profundamente en su capacidad de sensibilizarse con los sufrimientos de los demás y la fraternidad, cercenando  valores y aceptando con determinado hábito  las situaciones anómalas que se producen debido al terrorismo,  que divulgan y repiten incesantemente en sus versiones los poderosos sistemas de propaganda, en ocasiones inclinándose en el sentido de sus intereses y no en el de toda la humanidad.
La existencia de una “estrategia made in USA” tanto en la actuación como en la manipulación sutil y encubierta del terrorismo  se evidencia en las manifestaciones, informaciones y datos que circulan en los medios internacionales. No solamente  el régimen de E.U.A.  proyecta esa política utilitaria  contra los gobiernos y países a los que considera enemigos,  sino  también hacia  países más próximos  que se  oponen al terrorismo o vacilan coyunturalmente, mientras va creado  condiciones  para lograr una mayor “estigmatización del Islam” en su conjunto, que es uno de sus objetivos estratégicos a más  largo plazo. 
Posiblemente  en un futuro no lejano podrá conocerse, valorarse e investigarse con mayor profundidad y elementos el manejo y resultados de su “proyecto antiterrorista” como consecuencia de la posible aparición de documentos, testimonios,  desclasificación de papeles, pruebas y denuncias.
Debido al estilo de trabajo geoestratégico y planificación futurista que impera en los organismos políticos y servicios de seguridad de los Estados Unidos, existe la probabilidad de que  antes de que ocurriera  la sangrienta  tragedia de las Torres Gemelas en New York el 11 de septiembre de 2001, hubiera ya en las mentes de algunos de los tanques pensantes del gobierno del presidente George W. Bush y sus asesores militares al más de alto nivel,  la intención de tratar de adecuar y manejar en beneficio de sus intereses el fenómeno  del terrorismo.
Las características de los terribles atentados en las  Torres Gemelas y  otros lugares del país norteño, recogidos en imágenes inolvidables que fueron atribuidos  a Ossama Bin Laden, millonario de origen saudita y cabecilla de Alqaeda,  deben lógicamente haber afectado profundamente a los órganos de la seguridad y  fuerzas armadas estadounidenses, así  como a su población, al ser atacados  en su propio territorio y quebrantarse  la ponderada  inviolabilidad de las fronteras de los E.U.A.
Los hechos desataron todos  los mecanismos de protección, respuesta y otras potencialidades de ese país del norte de América y de sus aliados,  en la búsqueda y captura de los posibles sospechosos y opositores fichados y catalogados por el ‘’establishment’’, que  pudieran estar vinculados o no a los hechos, así como también a los que estaban categorizados de “enemigos”.
Se activaron y crearon  así campos de concentración,  cárceles y centros de detención secretos en distintos países y enclaves en que fueron encerrados, interrogados y torturados psíquica y físicamente  cientos de seres humanos, en su gran mayoría creyentes islámicos, sin previas pruebas o procesos judiciales. Para ello E.U.A. utilizó  la OTAN, los servicios secretos de la Unión Europea y de otras naciones y organismos.  Años después de esa represión policial  militarizada de carácter transnacional, todavía  numerosas personas siguen encarceladas, o se desconoce su destino.
El desarrollo de estos acontecimientos y otros de carácter político, militar,  jurídico y social en los E.U.A. y el Mundo develaron entonces la manifiesta intención del gobierno de Bush de manipular el terrorismo mediante una descomunal  movilización  que el filósofo italiano Georgio Agamben[1] llamó  “un estado de excepción planetario.” Advirtió además sobre el peligro de una inclinación autoritaria que podría conducir a la criminalización de los movimientos populares y organizaciones opositoras de carácter socio político  contrarios a Washington.
Comenzaron  entonces a agudizarse señalamientos y propaganda  intimidatoria contra organizaciones, hermandades y partidos de confesión musulmana a los que acusaron  de terroristas y que fueron incluidos en listas. Asimismo,  intencionadamente marcaron también  a varios países  y organizaciones que evidentemente nada tenían que ver con el terrorismo. Entre esas naciones estuvo Cuba que, acosada además por el prolongado bloqueo de más de medio siglo,  debió soportar y defenderse durante décadas de atentados terroristas y  otras  acciones agresivas planificadas  por la CIA en contubernio con la contrarrevolución concentrada en Miami, Florida.  
La bahía cubana de Guantánamo, ocupada por los militares estadounidenses desde principios del siglo XX, sirve todavía de campo de concentración y sufrimiento a un número desconocido de prisioneros,  supuestamente acusados de terrorismo desde el hecho de las Torres Gemelas.
En opinión del sociólogo francés,  Alain Bertho, [2]los acontecimientos del 11 de septiembre tienden a la oficialización de la opción por parte de los E.U.A. de la guerra como manera de gobierno mundial.  Significa Bertho al respecto, que: la guerra no es puesta al servicio de una política, es la política la que es colocada al servicio de una lógica de guerra, y esta deviene ella misma en una política.  Considera, además,  que el “antiterrorismo” convertido en doctrina oficial de la política exterior estadounidense tiene en realidad la misma función ideológica y política que el “anticomunismo” durante la guerra fría.
Como antecedente,  algunos  críticos severos del régimen estadounidense  han señalado, al referirse a la historia del terrorismo y  las armas prohibidas,    que el acto terrorista más descomunal, destructivo y criminal perpetrado contra seres humanos indefensos ocurrió hace  72  años, cuando aviones de la fuerza aérea de la mayor potencia militar del planeta lanzaron  sorpresivamente durante la II Guerra Mundial dos bombas atómicas sobre las  ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki,   entre el 6 y el 9 de agosto de 1945, causando en muy poco tiempo la muerte,  contaminación y terribles secuelas  a  millares de personas inocentes que habitaban  en lugares que no eran precisamente fortalezas o concentraciones   militares. Los bombardeos provocaron alrededor de 100,000 muertes de inmediato, mientras que otra cantidad hasta 280 mil  murieron a más largo plazo como resultado de las radiaciones y quemaduras.
Ese descomunal ataque atómico,  que califica como Crimen de Guerra, es además el mayor Crimen de Lesa Humanidad  perpetrado contra una nación,  se realizó en momentos y  circunstancias en que se evidenciaba la inminente rendición del Imperio del Sol Naciente. Sin dudas, fue un holocausto en que   no se utilizaron cámaras de gas ni campos de concentración, sino una invención hegemónica destinada a aterrorizar y matar.  
Es necesario también,   recordar y subrayar  que campañas y acciones dirigidas  a estigmatizar y  perseguir,  bajo el señalamiento de “terroristas”  se utilizan sistemáticamente contra el Islam en detrimento de numerosas organizaciones musulmanas que disienten  de E.U.A., entre las  que se destacan:  Hezbollah, Hamas, Al Fatah y la Hermandad Musulmana, entre otras,  caracterizadas  por  su antiterrorismo y vinculación a las luchas populares, patrióticas y sociales  en el enfrentamiento y denuncia de Israel por su actuación contra el pueblo palestino.
El terrorismo  parece que ha pasado ocupar así uno de los primeros planos en la estrategia pragmática y utilitaria del gobierno estadounidense,  en  evidente reacomodo de sus intereses planetarios, lo que suele originar e incentivar  el manejo indirecto y solapado de la violencia terrorífica contra sus enemigos, siempre que no le afecte,   unida por otro lado a su proclamada y divulgada ‘’ cruzada antiterrorista’’. 
La tolerancia del fenómeno  terrorista está afectando a gran parte de la humanidad, directa o indirectamente, pues la manipulación del terror también  genera migraciones mortíferas, hambrunas,  además del incremento y utilización  de las redes  del narcotráfico y el crimen organizado,  provocando  violaciones crecientes de los Derechos Humanos.
El Sistema Mundo tiende así a  involucionar y resentirse en detrimento de  la mayoría de los países menos desarrollados y explotados, al mismo tiempo que la discriminación de los pueblos  humildes y relegados arrecia, afectando en  gran medida a  niños, mujeres y ancianos,   imprescindibles  integrantes de la sociedad  y vitales elementos en la supervivencia de la especie  humana,  portadora de una inteligencia superior que también puede estar en proceso de extinción.
[1] Giorgio Agamben: Destacado filósofo italiano nacido en 1942. Graduado en la Universidad de Roma y profesor de filosofía en la Universidad de Verona.  Profesor en universidades de Francia. Entre sus numerosas obras están: ‘’El hombre sin contenido’’ (1970) y ‘’La Comunidad que viene’’.
[2] Alain Bertho, L’Etat de Guerre, La Dispute, 2003, pag. 23. Sociólogo y antropólogo francés nacido en 1952. Profesor de la Universidad de Paris 8. Ex militante del Partido Comunista Francés (PCF). Incursiona además en la etnología y la prehistoria. Ha participado en Observatorios Internacionales hacia  países latinoamericanos y africanos

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