Tira Cuba

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jueves, 13 de julio de 2017

El inicio del internacionalismo médico cubano

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Foto: Alex Castro. Junio de 2011
Entrevista tomada de: López Blanch, Hedelberto: Historias secretas de médicos cubanos, Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2005.

Publicada en Pensar en Cuba Nº3/2016.
A lo largo de cuatro décadas, millones de personas de diferentes continentes se han beneficiado con la ayuda médica cubana.
Y esta lucha por la salud y la vida en otras partes del mundo tuvo la chispa inicial, el 23 de mayo de 1963, cuando salió desde Cuba hacia la recién liberada República de Argelia la primera brigada internacionalista cubana.
De sus 55 integrantes iniciales, que en total llegaron a 57 —contando a otros dos jefes de brigada que rotaron en esa etapa y a un médico que se les integró—, en el año 2004 solo quedaban vivos 22. El tiempo, que pasa implacablemente por nuestras vidas y no ofrece perdón a nadie, ya se había llevado a 26 de los primeros colaboradores.
Ante estas dificultades, me resultó muy agradable localizar al doctor Pablo Resik Habib, quien fungió como jefe de esa primera brigada médica, aunque se incorporó unos meses más tarde, en enero de 1964, a solicitud del entonces ministro de Salud, José Ramón Machado Ventura.
Resik, que nació en Santa Clara el 21 de octubre de 1930, trabajaba en el año 2004 como profesor consultante en la Escuela Nacional de Salud Pública Carlos J. Finlay.
Terminó la carrera de medicina en 1957, dos años antes del triunfo de la Revolución.
Como alumno labora como anestesiólogo en el Hospital de Emergencias y después en una clínica mutualista en la calle Lugareño. Tras graduarse estuvo como anestesiólogo en los hospitales Frank País, William Soler y la Liga contra la Ceguera. Desde el triunfo de la Revolución se incorporó a trabajar en la organización de la salud pública y cuando partió hacia Argelia era subdirector de Asistencia Médica de la provincia de La Habana.
A pesar del largo tiempo pasado, Resik mantiene muy claros sus recuerdos de aquella epopeya, los que narra con soltura y facilidad.
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¿Cómo era la realidad de Cuba en aquellos momentos?
La situación de Cuba no era muy halagüeña, pues de los 6 000 médicos existentes antes de la Revolución, ya había emigrado la mitad, entre ellos muchos profesores de la única escuela de medicina. Se habían iniciado las agresiones militares, políticas y económicas de Estados Unidos contra Cuba y eran momentos difíciles. Pero la situación de Argelia era peor, pues tras zafarse las cadenas del colonialismo, se quedó prácticamente sin médicos. También había caído toda la economía que estaba regida por los colonialistas.
La decisión de Fidel y del gobierno fue genial, y demuestra la sensibilidad y la valentía política desde los inicios de la Revolución. Hoy, cuarenta años después, comprendo y valoro más estos principios.
¿Hubo presión para que los galenos se integraran a la brigada?
Aquella misión se estableció bajo el concepto de la voluntariedad. Se estructuró sobre esa base, pues nadie fue presionado ni obligado a participar, y desde entonces, en todas las misiones internacionalistas ese concepto ha primado. Muchos más de los que fuimos estaban dispuestos a cumplir con la tarea.
¿Qué conceptos primaron para conformar la brigada?
Se conformó sobre la base de las necesidades más urgentes planteadas por las autoridades argelinas. Fueron 54 compañeros: 42 hombres y 12 mujeres (posteriormente se integró uno más para hacer el cómputo de 55). Fueron 29 médicos de variadas especialidades; 14 enfermeros (8 hombres y 6 mujeres); 7 técnicos (RX, optometría, laboratorio, anestesia) y 4 estomatólogos.
¿Quién viajó al frente de la brigada?
La misión embarca hacia Argelia en un antiguo avión Britania el 23 de mayo de 1963. Al frente iba el doctor José Ramón Machado Ventura, entonces ministro de Salud Pública y el doctor Gerald Simon, quien era viceministro de ese organismo. Después de ubicar a los internacionalistas, Machado regresa y Simon se queda al frente para acabar de asentar a la misión. Más tarde fue sustituido por el doctor Mario Escalona, ya fallecido, quien se mantuvo al frente del grupo hasta enero de 1964 cuando yo viajo a Argelia, en avión, vía Gander, y me hago cargo del destacamento. Esa primera misión regresa a mediados de 1964 y yo me quedo hasta agosto para ubicar a la segunda delegación.
¿Cómo se entera usted que va de jefe de la brigada médica?
Un día Machado Ventura me ve en el Ministerio y me dice: «Oye, ven acá, tú eres árabe, y podrías ir a Argelia a sustituir a Mario Escalona. Dime si estás dispuesto y si es así prepárate para salir lo antes posible». Le dije que sí y al poco tiempo partí para Argelia.
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¿Dónde fueron ubicados los internacionalistas?
Fueron destinados a los lugares de acuerdo a las necesidades planteadas por las autoridades argelinas y asignados a seis ciudades. En Argel se ubicó 1 estomatólogo; en Blida, relativamente cerca de la capital, 6 médicos, 1 estomatólogo, 3 enfermeros y 3 técnicos; en Sidi-Bel-Abbés, 12 médicos, 2 estomatólogos, 5 enfermeros y 3 técnicos. En Constantina, 5 médicos, 4 enfermeros y 1 técnico; en Sétif, 3 médicos, 1 técnico y 1 enfermero; y en Biskra, 2 médicos, 2 enfermeros y 1 técnico, contando al jefe de la misión.
¿Cuba les enviaba el sueldo o se lo entregaba a algún familiar?
En Argelia no recibimos pago, pues el gobierno cubano asumió los gastos. Las autoridades cubanas nos daban un pequeño estipendio como dinero de bolsillo. El sueldo se les entregaba a los familiares en Cuba.
Hábleme un poco de la retaguardia que quedó en Cuba.
A veces hablamos de las misiones internacionalistas sin referirnos a la retaguardia, y debemos mencionar lo que dejamos atrás porque tuvo una connotación extraordinaria para el desarrollo de la misión en Argelia. Los compañeros que asumieron en Cuba la responsabilidad que teníamos y los familiares que debieron resolver todos los problemas que se presentaban. Yo dejé a mi esposa con una hija recién nacida de tres meses y ella sola en La Habana porque no teníamos otra familia en la capital. Ella trabajaba y debió asumirlo todo, sin el apoyo que yo le podía brindar.
¿Puso su esposa algún reparo?
En ningún momento. Nunca puso obstáculos a mi misión, sino que me estimuló a que cumpliera no solo con ese sino con los trabajos posteriores que he realizado. Por eso creo que es necesario hablar de la retaguardia, porque estimo que fueron tan internacionalistas y pasaron tanto trabajo como el que pudiéramos haber pasado nosotros.
¿Otra anécdota?
Me emocionó mucho cómo lloraban los habitantes argelinos cuando regresaron los primeros integrantes de la brigada.
En medio del desierto, en pequeños grupos, conocían ya de nosotros. Algunos a veces hasta nos invitaban a sus bodas, que es una experiencia completamente distinta a la nuestra. Concurrí a dos o tres, cosa que ellos no hacen con frecuencia, pues son actividades muy cerradas por la religión musulmana.
En otra ocasión, cuando varios compañeros nos trasladábamos en el Peugeot de la misión, de una ciudad a otra, nos sorprendió una tormenta de arena. Eso fue de película. En Argelia te recomiendan que, si te sorprende una tormenta, pares el carro, subas todos los cristales y ni se te ocurra moverte porque la arena, con la fuerza con que viene, te hace un daño tremendo. Cuando terminó, dentro del carro y en nuestros bolsillos había arena. La carrocería del vehículo, de la mitad hacia abajo, estaba completamente pulida, es decir, lo dejó en la lata, sin pintura. Los cristales de todo el carro estaban opacos por la pulida que les dio. En ese lugar estuvimos varias horas, hasta que llegaron los tractores que quitaban la arena de la carretera. El vehículo, que era el único que teníamos en la misión, no arrancaba, pues estaba lleno de arena. Tuvimos que remolcarlo y después cambiarle el motor.
¿Cómo evaluaría esa misión?
Siempre digo que dejamos atrás la gran patria: Cuba y la pequeña familia. Y allá formamos una pequeña patria con todos los cubanos que estuvimos y una enorme familia porque, constantemente, todos nos preocupábamos por todos.
La misión tuvo una profunda significación en cuatro aspectos: el humano, al dar esa ayuda con un sentido de fraternidad, de humanismo, comprender la necesidad que tenía ese pueblo y brindarle nuestro aporte desinteresado. A mí me dejó con una gran satisfacción interna, con la felicidad de dar, que es mucho mayor que la de recibir; el político: conociendo a Argelia y su situación, pudimos comprender en la práctica lo que fue el colonialismo para las grandes masas del pueblo argelino; el cultural: para muchos de los participantes fue la primera salida al exterior y aprendimos cosas en un medio muy diferente al nuestro, con un clima desértico, sahariano. Diferencias culturales relativas al idioma, la comida, costumbres, religión, hábitos. El científico: nos ayudó a completar nuestra formación profesional, pues trabajamos en un medio extraño, con tremendas dificultades, no con las posibilidades técnicas que teníamos en Cuba, y con enfermedades nuevas que no conocíamos.
¿A cuarenta años de aquella misión cuál es su sentir?
Cuarenta años después me encuentro muy feliz de haber dado ese aporte. Me siento deudor de la Revolución por aquella experiencia humana, política, cultural y científica, pues recibí mucho más de lo que di. Hay miles de cubanos que han hecho misiones internacionalistas en diversos campos y se ha forjado una conciencia nacional sobre esa ayuda que ya forma parte de nuestra tradición y cultura solidaria.
Me siento orgulloso de haber sido uno de los pioneros de este enorme ejemplo que la pequeña Isla del Caribe ha dado al mundo.
Tras regresar de la nación árabe, Resik se formó como epidemiólogo, especialidad que estudió en Chile. Además, en Cuba pasó un curso de administración de salud. A partir de 1965 ocupó diferentes cargos de dirección, entre estos, director del Instituto de Higiene y Epidemiología, director del Hospital Las Ánimas, director nacional de Nutrición y director de Biomedicina del Comité Estatal de Ciencia y Técnica.

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