jueves, 6 de septiembre de 2012

Dando una opinión propia sobre una carta

Teniendo en cuenta que estoy suscrito a La Jiribilla (Revista Cultural Cubana), en junio del presente año, 2012, recibí el boletín que publicaba “Una carta a un joven quese va”, de Rafael Hernández. Seguidamente envié mi opinión sobre el tema a través del enlace (“Envíenos su opinión”) que se presenta en la misma web de La Jiribilla; ya que de lejana manera me sentí aludido con algunas cuestiones mencionadas por Rafael en su misiva.

El pasado martes 4 de septiembre recibí el boletín del blog La Pupila Insomne con la entrada “Esperandoa AFP”, donde desarticula con certeros razonamientos los generales objetivos de una supuesta carta, “famosa” (¿?), escrita por un tal Iván López Monreal, desde Pomori, Bulgaria, la cual salió publicada en el blog del archimercenario Ernesto Bush, Penúltimos Días, y que daba respuesta a la misiva publicada por Rafael Hernández en la Joven Cuba.

Sin embargo, esos mismos “cuestionamientos” usados por el tal Iván (¿O deberíamos decir CAM?), enmarcados en la repetitiva retórica orientada desde los Estados Unidos, en su política de ataque contra la Revolución cubana, se desmoronan con rapidez si se hace un análisis crítico en cada punto, tanto en su contexto nacional como en la influencia de la política hostil norteamericana sobre Cuba, en todos sus campos.

Ese mensaje desconsolado, conformista, cansino, enajenado y auto excluyente que se puede leer, entre algunas inadecuadas generalizaciones, en la misiva de “Iván”, es el que denuncio en mi opinión al tema señalado por Rafael en su Carta a un joven que se va.

Esa desnaturalización expuesta por Iván o CAM es la que desea el imperialismo para la juventud cubana, como única fórmula para destruir la Revolución e insertar en la Isla ese capitalismo neoliberal que tantas desigualdades impone en los países que se someten a este sistema y donde se violan impúdicamente los derechos humanos (dicho sea de paso, ninguno de estos países están sometidos bajo un genocida bloqueo económico).
Dejo a ustedes el enlace a la carta de Rafael Hernández y la oportuna reflexión de Iroel Sánchez en la Pupila Insomne, y también hago pública mi opinión enviada a La Jiribilla, en junio del presente año.
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Carta a un joven que se va

Rafael Hernández • Especial para La Joven Cuba
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Esperando a AFP

Iroel Sánchez en La Pupila Insomne.
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Mi opinión enviada a La Jiribilla (Junio, 2012).

Pido ante todo se entienda que no intento endilgarle un discurso parapetado dentro de los bastidores “oficialistas”, ni con esto alguien crea que no necesité en algún momento replantear conceptos equívocos después de diversas charlas o discusiones; pero deseo hacer llegar a todo el que lea mi declaración, que al menos me siento satisfecho de haber sabido encarrilar a tiempo mi andar y reafirmar o replantear mi posición en determinados aspectos_ eso sí, sin traicionar nunca mis principios.
La carta de Rafael Hernández en La Jiribilla me llamó mucho la atención, porque la etapa juvenil se vuelve convulsa si no hay una voz que brinde su experiencia con sabiduría. Rafael lo ha logrado y espero ayude a quién va dirigida. De manera menos sabia, por supuesto, brindo mi opinión y vivencia. Ya pasé hace años por ahí, pero detrás vienen muchos con similares o distintas preocupaciones. Quizás más de uno se vea reflejado; también espero ayude en su camino.
Creo fehacientemente que si hay fuentes donde se pueda saciar cualquier duda sobre cuál camino tomar ante la vida, tengo manantiales inextinguibles que me proporcionan un paso seguro y un suelo firme: Fidel Castro, Ernesto Che Guevara, las canciones de Silvio Rodríguez y nuestro-universal José Martí.
Amén, he recibido críticas justas e injustas en mí andar; incomprensiones de quienes supuestamente deberían ir por el mismo camino de la Revolución que me inculcaron_ y de la cual me siento responsable_ y ánimos de buenos amigos y compañeros que encontré en mi trayecto por mis diversas etapas (aclaro: edad). También gocé de la convivencia de quienes me dieron fortísimas herramientas y lecciones para mi mejoramiento personal.
Soy de la generación que nació con el dolor del asesinato del Che, después que ya se había cumplido “El programa del Moncada”, aunque se continuaba arduamente en los cambios económicos y sociales, fortaleciendo también a la Revolución en la mentalidad del pueblo cubano; y he vivenciado la etapa de transición y la del período especial. Eso sí, las epopeyas de la campaña de alfabetización, de Girón y la crisis de octubre me sonaron todo el tiempo a proezas de una generación de cubanos que comprendieron con certeza el principio de ¡Patria o Muerte! La cual con el tiempo se intenta abanderar con frivolidad en una simple consigna por quienes se enajenan y/o se bañan en la propaganda extranjera del cotilleo.
Por “suerte” viví una época donde los cambios se daban sin enfrentamientos bélicos contra ejércitos al servicio de dictaduras, ni bandas armadas desde el exterior recorriendo los montes cubanos y asesinando campesinos y maestros.
Viví la época de las 6 u 8 horas de discursos del Comandante (y que coste que no lo menciono por crítica alguna), el cual nunca dejó de sorprenderme por su verborrea, conocimientos, análisis, hábil aptitud para manejar estadísticas y una visión de futuro. Discursos que muchas veces escuché con la satisfactoria presencia de mi padre, quien sin llegar nunca a poseer el carnet del Partido Comunista de Cuba, actuó con mayor rectitud y responsabilidad que muchos de aquellos que nos rodeaban y se vanagloriaban de poseerlo.
También viví la gesta de Angola como observador_ ya que no participé porque no me dejaron entrar al Servicio Militar por problemas de salud_ pero sí tuve compañeros que estuvieron en los combates y supe de otros que no “regresaron”. Desde ambas posiciones: activos y observadores, algunos comprendimos el objetivo de tal empresa, siempre desde una perspectiva guevariana. Otros la vieron desde el fútil ángulo de hacerse cargo de un conflicto que pertenecía a otros. ¡Lamentable!
Escuché las versiones y simplemente concluí que todo dependía de cómo se deseaba ver el tema: de la manera solidaria de ayudar, aunque sea perdiendo la vida por defender el respeto a los derechos universales para todos o desde un rincón del desentendimiento egoísta.
Imagino lo difícil y duro de estar allí, poseo cercanas nociones porque Juan, mi cuñado, esposo de mi hermana mayor, participó en la campaña.
De la memoria de esos años 80, se nos “permitió” erróneamente el despilfarro y abuso de lo que reclamábamos por “derecho”.
Soy de los que gozaron las conquistas alcanzadas por la generación que me antecedió y pude disfrutar de los proyectos terminados de esa que catalogan como “pasado”. Mis sueños fueron otros bien diferentes, incluso pudiera decirse que más se acercan al plano de realización individual (como grupo generacional de la sociedad) que desde el punto de vista colectivo a esfera nacional_ y por qué no, mundial. Si me permito ser hipercrítico en ambas direcciones, pudiera decirse que llegó a ser una malcriadez tolerada por la benevolencia de la Revolución: quiso dar beneficios que no todos aportaron para que se mantuvieran (de esto aportaré más adelante una anécdota vivida).
Nunca antes me había planteado poner un pie fuera de Cuba. No porque no deseara nuevos encuentros, experiencias y conocimientos sobre otros lugares; simplemente tuve mi futuro visto en el horizonte nacional.
Desde mi punto de vista, ni en la época del Mariel ni en la actualidad, he criticado a quien ha optado por salir de Cuba por decisión propia, usando las vías establecidas legalmente para ampliar horizontes económicos y ayudar, de esta manera, a quienes aún están en la Isla. O también porque las piruetas de la vida lo llevaron hacia el exterior con otros motivos no económicos, tampoco políticos. Este último es mi caso.
¡Ah! Que conste que digo por decisión propia, porque por mucho que otros influyan, solamente de uno mismo depende la alternativa a tomar.
Ahora, sí he puesto, y mantengo, mi tajante condena a quien se ha auto excluido del proceso nacional para vender su alma a costa de ser lacayo de la propaganda contrarrevolucionaria y subversiva del imperialismo. Aquí me apego a la máxima martiana: “la pobreza pasa, la vergüenza no”. Y esto se constata hasta después de muerto; porque al perder la vergüenza, siempre serás recordado, si lo eres, con la repugnancia y rechazo de la actitud que se tuvo… algo bien doloroso para quien tenga medio milímetro de vergüenza en la frente, como mínimo, y piense en el legado a dejar en el futuro.
El proceso político-económico cubano no es una obra perfecta ni tampoco lo idílico para abrazarse al conformismo. Hay mucho que rectificar, mucho que actualizar y mucho que cambiar dentro del proceso y en la mentalidad de las personas; no soy arquitecto de lo que nos han entregado ni tampoco fui de los que aterrizó los sueños de esa generación “pasada”; pero sobre todas las cosas, muchos de los arquitectos de esta obra han dado sus vidas en el camino y otros tantos han entregado todo su empeño para que mi generación y las posteriores no padezcamos en nuestros huesos los dolores de épocas miserables de subyugación; presente aun en otros países hoy. Esto merece al menos respeto.
Las convicciones que albergo y los principios fortalecidos los agradezco a una etapa que para mí fue de vital importancia en mi formación cultural e ideológica: trabajé por cerca de cinco años como funcionario de la esfera ideológica en la Unión de Jóvenes Comunistas en mi terruño Isla de la Juventud.
Mi relación más cercana con las tareas de los jóvenes, se pudiera decir, comenzó dos años antes en las filas del llamado Batallón Comunista (fuerza laboral de militantes que se sumaban para impulsar la producción de alimentos); asumiendo tareas agrícolas para ayudar al avance del sector en el territorio. Ya era un simple militante, que llamé la atención porque no me quedaba quieto si algo no me encajaba o encontraba algo incorrecto.
Es real que muchas reuniones me parecieron vacías, dogmáticas, inmóviles para la agilidad necesaria; pero hice cuanto pude para no dejar que fuese siempre así. Hay cosas que dependen de otros, pero la mayoría dependen de uno mismo: lo peor es el inmovilismo conformista. El antídoto a éste lo dio, creo, Raúl Castro cuando dijo algo así como “asumir responsabilidades requiere buscarse problemas”. Aunque responsabilidades no es sinónimo de cargos_ dicho sea de paso.
Todo el tiempo en mí cabeza supe que no había sido el arquitecto de la obra que me legaban, pero sí deseaba ser uno de los ingenieros que la actualizara a los momentos nuevos. No puedo ser coinventor, pero sí parte del colectivo de profesionales que la mantuviera firme.
Esto me impulsó, lleno de temores, a asumir un compromiso dentro de la organización juvenil que involucraba a otros miles más. Sólo el deseo de no sentirme que pasé por la historia sin poner mi grano, me dio más miedo que cualquiera de las tareas que cumplí: recuperé el Movimiento Juvenil Martiano y sus eventos, puse en marcha la Comisión Político-Ideológica del Comité Municipal, se hicieron actividades dentro de la Comisión de Asuntos de Atención y Prevención Sociales, escribí guiones de actos políticos, culturales y deportivos; hasta fui artífice de una Radio Móvil con la guagua del Grupo de Recreación de la UJC, entre otras tantas más.
De todas formas, pido perdón por citar esos triunfos en las últimas líneas del párrafo anterior. Nunca me premiaron por lo anterior; no lo esperaba y no me importa. Lo principal es que estoy satisfecho con lo que hice: ese es mi mayor premio. Además, no me pertenecen solamente a mí, también a otros tantos que hicieron suya cada tarea.
Recobrando lo que mencionaba sobre exponer una anécdota, recuerdo que una vez, intercambiando con otros jóvenes, vimos un vídeo sobre las opiniones expresadas por estudiantes de la Universidad de La Habana. Igualmente, los participantes en el análisis del vídeo coincidían en un 20% de que la Revolución los había premiado con los derechos de recibir Educación y Salud gratuitos; por tanto, “había que seguírselos dando”. Pero a esta arrogancia de derechos le cabían algunas preguntas ¿Después que desaparecieran físicamente la generación del centenario, arquitecta de estos beneficios sociales, quién les daría por “obligatoriedad” esos servicios? ¿No se daban cuenta estos jóvenes que esas conquistas debían ser defendidas, desarrolladas y mantenidas por las nuevas generaciones: nosotros mismos? ¿Cómo sostener una conquista convertida en derecho esencial si no se sostiene con un soporte económico firme, logrado por nuestros esfuerzos en el trabajo productivo? ¿O es que ellos se creyeron que la generación “pasada”, tan injustamente criticada, será imperecedera para darnos eternamente esos derechos por nuestra arrogancia o por obra del cielo seguiríamos recibiendo dichos servicios? ¿Cómo mantener lo que sabemos es bueno y beneficioso, incluso para nuestros hijos (las nuevas generaciones) si no hacemos como nuestras esas y otras conquistas de la Revolución?
Cuando por motivos incomprensibles y grandes disgustos al verme sin continuidad dentro de la sede juvenil por decisiones no personales, redirigí mis esfuerzos para laborar como funcionario de Relaciones Públicas y esto sólo se dio en el sector del turismo.
Esta nueva etapa, con no menos problemas y disgustos por las responsabilidades que entendía debía asumir, seguí confirmando que mientras algunos compañeros buenos se enajenaban y cansaban, los oportunistas_ ¡que los hay en nuestra sociedad socialista cubana!_ se aprovechaban en ganar ese espacio para sacar beneficios individuales.
El problema de lidiar con estos elementos no está en que han logrado escalar a cargos y niveles; sino por qué. ¿Quién ha dejado en nuestra sociedad que estos personeros ocupen lugares estratégicos y que sus incumplimientos y lucros molesten a la sociedad? Pues han sido todos aquellos que no comprendieron que tenía una responsabilidad dentro de la sociedad y el proceso revolucionario socialista (aun sin tener cargos), que no hicieron suyas las conquistas de la generación “pasada” y que prefirieron “no buscarse problemas”.
Yo me seguí ganando el cartelito de "conflictivo y problemático" de bocas de los oportunistas (y más de uno se desplomó por su propio “peso”), pero al menos fui logrando resultados en el trabajo donde mi accionar incidía, y la satisfacción de muchos compañeros, incluso de aquellos que prefirieron ser ovejos.
Desafortunadamente, un pequeño por ciento de la juventud prefiere darle orejas a los cánticos de fronteras exteriores por no sentirse dueños de lo que ya tienen en las manos y se van a buscar “otras brizas”.
Hay algo que sí deben tener claro todos los que busquen “otras brizas”. Mientras en Cuba los mismos de dentro están permitiendo reuniones vacías y demagógicas en algunos centros (aun cuando el escenario está propiciado por derecho para hacer parlamento), sin soluciones palpables en ágiles gestiones; en el capitalismo se encontrarán dueños y propietarios que no pestañarán para dejar a cualquiera en la calle, o “jefes” que con altanería y prepotencia dejaran caer todo el peso del trabajo en tus hombros para llevarse ellos los lauros y los premios monetarios; pero sobre todas las cosas, no habrá ni tan siquiera esas reuniones vacías porque NO HAY escenarios para pronunciarse ni derecho a ellos.
La vida, sin habérmelo planteado nunca, puso en mi camino a una mujer excepcional natural de Barcelona (España) y que con todo su voluntario empeño por continuar su vida al lado de la mía, se me acercó con total dulzura y me conquistó.
Por esas leyes que aún pueden cambiar en Cuba en algún momento, preferí dar un nuevo paso por amor y empezar de cero. ¡En esto, tampoco me equivoqué!
Quiero concluir diciendo que hoy en día resido en el exterior con un “Permiso Especial de Residencia” que por supuesto no tiene nada que ver con renuncias ideológicas. Hago propias las palabras “Llevo en mi corazón las doctrinas del maestro”: “mudar de tierra no es mudar de alma”. Sigo sintiendo por Cuba esa intranquila responsabilidad por resolver problemas y seguir dando granos de arena.
Me he mudado de tierra, pero sigo sosteniendo en mi alma los principios revolucionarios de esa generación “pasada” que hizo de mí un hombre nuevo. En esta nueva tierra donde me encuentro, soy parte de quienes ven a Cuba con una sana envidia de lo que anhelan para sí y entregan cada minuto de sus vidas en reciprocar a Cuba con esa solidaridad que siempre ha emanado por otros pueblos.
Estas mujeres y hombres de estas tierras “extrañas”, me han enseñado a amar con más fuerza mi cachito de tierra natal, que peligrosos enemigos y sus hienas traidoras desean destrozar en pedazos.
Si ese joven que Rafael desea rescatar, aun desea irse de Cuba, pues le pido sólo que no mude su alma por verse más “rico”.

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