sábado, 18 de abril de 2015

¿Cuándo el capitalismo no es salvaje?_ ¡Nunca!

Por Gustavo de la Torre Morales.


Primero, revisemos la historia.

Los sistemas políticos se constituyen e instauran para responder a determinadas clases sociales. Ha sido así desde el inicio de los tiempos.

Aunque en la Era Primitiva no existía una conformación política a través de luchas de clases, pero sí una estructuración social que establecía jerarquías; pero mayoritariamente todos gozaban de similares privilegios dentro de la tribu o comunidad.

En la era medieval, la decadencia de las instituciones estatales de ciudades fue sustituida por autoridades locales (“nobles” y eclesiásticos) poseedores de castillos o monasterios, cuyas tierras prometían “seguridad” a los más débiles contra asaltos de bandidos y conquistadores, pero el pago era el fruto del trabajo.

El capitalismo no es menos en cuanto a expolio se trata. Este sistema político fue el resultado del incremento del comercio, impulsado con las llamadas cruzadas y el descubrimiento del “Nuevo Mundo” (el expansionismo condenó a comunidades indígenas y pueblos a ser exterminados o subyugados en nombre del “desarrollo”); así como por los cambios drásticos generados por los movimientos del Renacimiento y el Protestantismo, que devinieron en la llamada Revolución Industrial. El capitalismo, como sistema generador de beneficios para la satisfacción individual, establece la propiedad privada como principal relación sobre los medios de producción, priorizando la generación de necesidades para el impulso del consumismo por sobre la prestación de servicios básicos para el desarrollo social, y donde se establece la fragmentación de la sociedad en clases: aunque la clase obrera y campesina las quieren mostrar como personas libres (aparentemente), se ven en la obligación de vender su trabajo para poder tener un sustento. Finalmente, y sin derechos a alternativas, la disciplina del hambre les obliga a aceptar el trabajo que sea y subordinarse a cualquier explotador. 

En el capitalismo, el mismo afán de creación de riquezas, promueve los grandes volúmenes de producciones y con ello la intensificación de la explotación de la masa trabajadora. Aunque en dicho sistema, a la producción se le quiere dar un carácter social, el propio capitalismo entra en contradicción por establecer la apropiación del producto del trabajo por manos privadas.

Las medidas políticas y económicas que sus gobiernos proclaman, se encaminan a la creación de mayores riquezas por una minoría social, dueña de los medios de producción, sea por la producción o los servicios, y donde el desarrollo de la automatización y la robótica van desplazando la mano de obra humana por la presencia tecnológica. El sistema, junto a su propio desarrollo, crea abismales desigualdades, donde la masa trabajadora se limita a la dependencia económica e, irremediablemente, se vea obligada a la enajenante aceptación de un obvio despojo de sus derechos.

Karl Marx pone de manifiesto el carácter explotador al dar a conocer la Ley Fundamental del Capitalismo: "La finalidad constante de la producción capitalista consiste en crear el máximo de plusvalía o de plusproducto con el mínimo de capital desembolsado".

La fase superior del capitalismo, el imperialismo, se caracteriza por la fusión del capital bancario con el industrial, creando los llamados monopolios y donde los mismos se fusionan con el aparato del Estado para sustituir sus funciones de regulación económica y política. Este último queda a merced de los centros de poder del capital. 

Sin embargo, el crecimiento de los grandes monopolios aumenta la necesidad de adquisición de nuevos recursos (naturales y humanos en forma de mano de obra barata), los cuales se expropian de otros pueblos a través de las transnacionales. Los intereses geopolíticos que surgen entre las grandes compañías o monopolios generan que se confieran a sí mismos el “derecho” de la repartición territorial del mundo; dominación que imponen a través del poderío económico y el militar también. ¿Alguien no sabe que la Primera Guerra Mundial fue el resultado de la ambición  de potencias capitalistas por convertirse en hegemonías?

Llegado a este punto donde queda definido el capitalismo, llamo la atención sobre un comentario que surgió en la cuenta de facebook de Fidelista por Siempre, quien compartió un debate sostenido con el Sr. Fernando Fabian Montero Palacios (Modelazzo), al parecer de nacionalidad mejicana, el cual a través de una imagen muy burdamente manipulada, intentó restarle créditos a la obra revolucionaria del socialismo cubano para aplaudir (al estilo morsa de circo) los “beneplácitos y abundancias” del capitalismo.

Aún cuando la respuesta dada por Fidelista por Siempre en su muro de FB es contundente, me gustaría abundar un poco más sobre la referente “benevolencia” del sistema capitalista que ha intentado dar el Sr. Fernando Fabian.

Primero que todo, es de reconocer que cada cual puede identificarse con el sistema político que vaya mejor con su identificación ideológica; pero lo que es inmoral es esbozar argumentos basados en la mentira o la manipulación intencionada, con el único fin de justificar crímenes… muchos más aquellos que se dicen que se cometen “en nombre de la democracia”.

En opinión del Sr. Fernando Fabian, el socialismo es un sistema “salvaje”; lo cual coloca al capitalismo como es sistema “angelical” que brinda abundancia y prosperidad (sólo hay que ver el montaje de su instantánea).
Imagen del Sr. Fernando Fabian, colgada por Fidelista por Siempre en su muro de FB para abrir un debate al respecto en las redes sociales.
Es realmente incongruente, sádico e irónico plantear tan hipótesis.
Demos un pequeño vistazo a lo que puede generar en el interior de la sociedad:
  • El capitalismo ha conllevado al expansionismo, el cual facturó el exterminio de comunidades autóctonas o la subyugación de pueblos enteros.
  • El capitalismo en su hegemonía promueve guerras de rapiña por intereses geopolíticos y adueñarse de recursos naturales de otros pueblos; provocando muerte, desplazamientos forzosos de poblaciones, la pérdida de cientos de miles de vidas humanas y ocasiona millonarios daños materiales y económicos a los países invadidos. 
  • El capitalismo pone las riquezas en manos de las grandes empresas, posibilitando que sólo unos pocos acaparen millones en cuentas bancarias, mayoritariamente, en paraísos fiscales, mientras millones de personas en el mundo pasan hambruna o muriendo por inanición.
Lo más curioso, quienes critican al socialismo, es que no reparan u omiten deliberadamente que las mismas organizaciones internacionales como la UNICEF, FAO, etc., reconocen el Cuba que no hay analfabetismo, no hay desnutrición infantil, que no hay niños trabajando y que cumple con los requisitos expuestos por la ONU para el nuevo milenio.
  • El capitalismo ahoga los servicios públicos con recortes económicos, depauperándolos para que sirva como excusa su privatización,  favoreciendo el bolsillo de grandes corporaciones; como el caso de la sanidad, imponiendo que la vida dependa de un seguro médico inalcanzable.
  • El capitalismo busca soluciones en aquellos problemas enfocados a favorecer las grandes fortunas, socializando la deuda privada como medio de salvar bancos, grandes empresas, consorcios, etc., dejando a las nuevas generaciones en condiciones de vulnerabilidad, engrosando las filas del desempleo o la emigración juvenil. Las organizaciones al servicio del Estado para la atención de la sociedad, van desapareciendo de la misma manera que se reducen las inversiones públicas para los programas sociales.
Ninguno de estos niños pertenecen al Socialismo cubano.

  • El capitalismo se rige por las normas que dictan los centros económicos de poder: la Bolsa, el FMI, el Banco Mundial, el famoso Grupo Bilderberg o las bancas; mientras cientos de miles de familias son desahuciadas de sus casas por no tener cómo afrontar la hipoteca o los pequeños empresarios son despojados de sus negocios por no tener capital suficiente para competir con las grandes corporaciones. La manera más clara del refrán: “Devoras o eres devorado”.
  • El capitalismo posibilita que los bancos sean los dueños de tu salario, o que el dueño de la empresa sea el dueño de tu tiempo y esfuerzo, lo cual siempre proveerá de leyes a las empresas que faciliten el despido, la precariedad del salario o que el mercado laboral, sin más opciones y sin derechos a reclamar, se resigne a contratos basura.
  • El capitalismo genera el racismo, la xenofobia, la homofobia y la violencia de género (tanto de sexo como de clase social) como medio de segregación y poder.
Cuando la seguridad ciudadana no sea a través de la compra-venta de armas que causan muertes innecesarias en la ciudadanía (cínicamente amparándose en la enmienda de la constitución hecha por los tatarabuelos en un contexto histórico bien diferente al actual) o sin aplicar el abuso impulsado por el racismo, lo cual aún causa muertes. Recordemos la escuela de Newtown (Connecticut) en diciembre 2012 que causó la muerte de 20 niños y seis adultos o la masacre en Kenia con el asesinato de 148 personas en la Universidad de Garissa.
Ahora demos otro pequeñito a lo que puede generar a nivel internacional:
  • En el capitalismo se “defiende” la apertura a un “mundo libre” y se vanagloria con el derrumbe del Muro de Berlín, mientras levanta otros centenares de muros que truncan la búsqueda del famoso “sueño americano” o “las oportunidades” del llamado Primer Mundo desarrollado.

  • El capitalismo, hoy en día, sostiene en gran por ciento su economía en la industria militar, promoviendo empresas privadas para actividades mercenarias, organizaciones que denominan de “Defensa Regional” (como el caso de la OTAN) y se abogan el derecho a la intervención militar en cualquier país que dictaminen de “enemigo o peligroso”.
  • El capitalismo de Estado (como el imperialismo Yanqui) crea organizaciones con fines de espionaje, pero que prestan servicios para la creación de conflictos bélicos, el asesoramiento a grupos paramilitares y de oposición, complotar asesinatos a dirigentes políticos; así como generar convenientes trances diplomáticos entre países, agresivas operaciones de guerra fría o agresiones militares.
Para cada guerra llevada a cabo por el capitalismo se montan una mentira bien orquestada.
George W. Bush anunció al país desde la Casa Blanca que la guerra era para "desarmar Irak, liberar a su pueblo y defender al mundo del peligro grave"... ¿De cuáles armas, liberarlo de qué, de cuál peligro? ¡Si hoy Irak, Libia o Siria viven en la destrucción, en el constante caos por enfrentamientos internos y con economías depauperadas! Lo mismo buscan hoy hacer en Venezuela.
  • El capitalismo dice defender el respeto a la “democracia”, pero aplaude o asesora golpes de Estado, tanto los suaves como los duros; financia a la oposición de gobiernos constitucionales (sin importar si son mercenarios) o utiliza como argumento (siendo el caso del imperialismo Yanqui) acusatorio de que esos gobiernos son “antiestadounidenses” o los declara un peligro para sus intereses.
  • El capitalismo se aboga el derecho de crear organizaciones que convenientemente en un momento determinado cataloga como terrorista para justificar una invasión, decreta a un gobierno enemigo porque no sigue las reglas de los mercados o de las potencias hegemónicas, incorpora países a una lista de patrocinadores del terrorismo aún cuando no hay pruebas de ello o simplemente acusa a un gobierno de la tenencia de “armas nucleares” (cuando EEUU e Israel tienen cientos de ojivas nucleares y armas químicas; pero además, se han dedicado a la guerra).
  • El capitalismo le adjudica la autoridad a “un Presidente” (como es el caso de Barack Obama, “Premio Nobel de la Paz”) para firmar un decreto que aprueba el asesinato selectivo a miles de kilómetros de distancia y en país ajeno, o a la invasión militar de un país soberano bajo una excusa que alude ser una cuestión de “Defensa Nacional” o por la instauración de la “democracia”.
Desde el capitalismo se reclama “respeto” por los Derechos Humanos; sin embargo, se vuelve muy contradictorio, cuando son los países capitalistas quienes imponen bloqueos económicos, trama sutiles complots para sabotear las relaciones comerciales, crear conflictos bajo burdas rencillas o ejecutan sabotajes a infraestructuras económicas en otros países (y de estos ataques, Cuba ha sufrido bastante y también quieren poner a prueba a Venezuela).

Pero si hablamos de “libertad de expresión”, otro de los grandes reclamos del capitalismo para diabolizar a quienes no siguen sus dictados; se tiene que tener en cuenta que en el capitalismo, la llamada prensa libre, los grandes monopolios de la información, los Mass Medias, ponen sus servicios a merced de los intereses de los grandes capitales, los mismos que sustentan al capitalismo como sistema y han llevado a cabo cientos de años de barbarie.

Esa prensa, realmente, deja de ser “libre” cuando sus servicios están disponibles para sectores privilegiados, para inculcar la enajenación y la resignación en la población, cuando manipulan o tergiversan las realidades de diversos países para justificar sus atrocidades, cuando engañan y mienten descaradamente para apoyar así intereses “estratégicos” de los círculos de poder.

El pluripartidismo que se enarbola como sistema democrático “idílico”, sólo justifica la división de la sociedad en clases. 

Bajo el pretexto de promover “igualdad de oportunidades”, se disponen de millonarios gastos en campañas publicitarias o electorales; mientras que la segmentación le proporciona a los sectores del poder manejar con facilidad la confrontación de luchas de clases, debilitando a los sectores menos favorecidos y evitando la unidad social para la transformación del sistema en otro que permita la construcción de un mundo mejor. 

Las crisis económicas generadas en el capitalismo, donde la especulación se eleva en promesas electorales incumplibles, lleva a millones de personas a sufrir penurias ¿No sería más correcto verter ese capital derrochado en campañas electorales de egos clasistas, en crear y generar bienes o servicios sociales?

Entonces, cabe preguntarse ¿Cuándo el capitalismo no es salvaje?

Cuando las relaciones de los países capitalistas con el resto que sostengan sociedades diferentes o sean menos desarrollados, se establezcan bajo principio de respeto, solidaridad, cooperación en igualdad de condiciones, sin injerencias ni posiciones hegemónicas; entonces puede que piense que el capitalismo no es tan salvaje.

Cuando las potencias capitalistas, que para alcanzar el desarrollo del que gozan hoy en día lo alcanzaron a través de la colonización, la explotación y el expolio en los países que hoy día son pobres o menos desarrollados, devuelvan todo lo que han robado y paguen por todas las comunidades que han masacrado para cumplir sus objetivos de poderío; sólo entonces puede que piense que el capitalismo no es tan salvaje.

Cuando los países capitalistas reclamen respeto por los Derechos Humanos, pero sin imponer bloqueos económicos a otros países, sin sabotear las relaciones comerciales, sin crear conflictos bajo rencillas o sin haber llevado a cabo sabotajes a infraestructuras económicas en otros países (y de ataques, Cuba ha sufrido bastante)… y las diferencias se resuelvan sin presiones económicas o militares sobre los países más desfavorecidos… entonces puede que piense que el capitalismo no es tan salvaje.

Cuando gobierno norteamericano y de aquellos países pertenecientes a la OTAN o serviles al imperialismo, en vez de enviar tropas, marines, portaviones, aviones cazas o grupúsculos mercenarios, sea personal médico o cultural a países pobres para prestar ayuda sin intereses ni condiciones políticas o económicas… cuando ese personal no sea sólo para hacerse la foto para la prensa y se marchen sin más; entonces, puede que piense que el capitalismo no es tan salvaje.

Al parecer el Sr. Fernando Fabian, no se ha percatado que México, bajo un sistema capitalista, padece de desapariciones forzosas, de linchamientos y fosas clandestinas de asesinatos cometidos por el cartel de la droga que en ese país campea por su casa, de la corrupción que abunda en la clase política burguesa o de la gran pobreza que cunde en gran parte de la población a causa de las desigualdades sociales existentes.

El Sr. Fernando Fabian no ha reparado, o no le interesa hacerlo, en que el capitalismo es un sistema que promueve el individualismo, el sectarismo, la desigualdad social, el egoísmo; donde al individuo se valora por lo que posee como capital y no por su valor moral; donde su gran prensa y algunos secuaces, que también prestan sus servicios, manejan la información según los intereses de los sectores económicos en el poder, demonizando alternativas diferentes para que sean ejemplos donde buscar esperanzas.

Sr. Fernando Fabian, no siempre una imagen vale más que mil palabras… y menos cuando esa imagen se utiliza para manipular la realidad. La verdad se hace más explícita si se explica; pero se confirma con los hechos de la realidad que se vive y esto es imposible manipularlo con subversivas imágenes.

Por todo lo anterior, modestamente expuesto, confirmo que la respuesta a la pregunta cabecera es ¡Nunca!

A nuestros países, como el caso de Cuba, la pueden “acusar” de carencias materiales y de afrontar dificultades económicas_ en altísimo grado por culpa del genocida bloqueo impuesto hace más de medio siglo contra nuestro pueblo_ o a Venezuela por no tener provisiones para dar a su población_ con altísimo grado de culpabilidad de los grandes almacenes en manos de propietarios privados que siguen el juego imperial de crear carencias en la población para culpar al gobierno de falta de gestión_ pero de lo que sí nos podemos declarar a nosotros mismos y de los que nunca se nos podrá acusar, como muy bien explicó en su muro de Facebook, Fidelista por Siempre:

Nos declaramos inocentes de:


Lanzar bombas atómicas contra ciudades y objetivos civiles.

Apoyar dictaduras militares que hicieron *”torturar, asesinar o” desaparecer a miles y miles de mujeres y hombres en el mundo entero. *agregado por el editor del este blog.

De tener cárceles secretas en el mundo entero, de espiar a toda la humanidad, incluyendo a los dirigentes de países aliados. 


De imprimir 8 de cada 10 dólares sin respaldo alguno, sometiendo al mundo a la bancarrota inevitable, violando los acuerdos de Bretton Woods.


De mantener relaciones con el régimen criminal neo nazi sionista de Israel.


Nos declaramos culpables de:


Haber alfabetizado nuestro país y mucho más allá de nuestras fronteras.


De participar decididamente en la liberación de muchos países africanos y de encauzar el fin del régimen del apartheid sudafricano y la liberación de Mandela. (*Mientras los gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido apoyaron abiertamente al Apartheid Sudafricano y fue la CIA la que ayudó a la captura y encarcelación del líder africano, también conocido como “Madiba”). *agregado por el editor del este blog.

De enviar 50.000 personal de la salud, principalmente médicos, a luchar por la salud de millones de personas en países pobres.


De combatir el Ébola mientras otros seguían en los grandes discursos.


De ser solidarios hasta más allá de lo posible, porque siendo internacionalistas saldaremos nuestra propia deuda con la humanidad.


Por estos motivos muy sencillos, prefiero el socialismo cubano.

Como bien dijo Fidelista por Siempre, me suscribo a sus palabras:

¡¡¡Condenadnos, no importa, la historia nos ha absuelto!!!

¡¡¡Viva Cuba libre y revolucionaria!!!

Pero además, agrego:

¡Viva la solidaridad entre los pueblos!
¡No a la injerencia en nuestros países!
¡Somos anticapitalistas y antiimperialistas! ¡Siempre!

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