sábado, 24 de noviembre de 2012

¿Qué es ser revolucionario en Cuba hoy? I y II partes

Tomado de El Adversario Cubano.

www.eladversariocubano.wordpress.com


Por: Raúl Antonio Capote
Durante los años 2011 y 2012 he tenido la posiblidad de compartir con estudiantes y trabajadores jóvenes de toda Cuba. 370 conversatorios, talleres, presentaciones de mi libro Enemigo, avalan estos contactos donde he recibido mucho más de lo que fui a entregar. Vengo de Cuba armado de amor, del amor recibido a todo lo largo y ancho de este inmenso caimán, amor que sigue cada paso que doy y que no es  a mí, es ese sentimiento que en más de medio siglo de Revolución, ha crecido en el alma de la patria. Es el hombre nuevo que nace en medio de contradicciones, gestado con amor, es el hombre nuevo que buscamos modelando la arcilla  que ha de convertirse en milagro, en el milagro de ese mundo que soñamos los revolucionarios de todo el mundo.
Cientos de preguntas surgieron en esos encuentros, las respuestas que no dí bien o que quedaron profundamente clavadas en mi alma de simple  maestro, buscan salida como plantas que empujan sin alivio la piel. Por eso pretendo comenzar una serie de escritos- respuestas que se completaran en la medida en que los lectores participen en este dialogo que quiero establecer con ellos la primero pregunta la lanzó mi gran amigo  e importante pensador cubano Enrique Ubieta ¿ Qué es ser revolucionario? yo agregaría ¿Qué es ser revolcuionario en la Cuba de hoy? ¿Acaso cambio la esencia de ese concepto?
Nos enfrentamos a un monstruo unánime que vive dentro y fuera de nosotros mismos (1)
Los revolucionarios nos movemos por profundos sentimientos de amor, sin amor no hay Revolución, es el arma para enfrentar y vencer a ese mostruo unánime que es el capitalismo. Los revolucionarios somos anticapitalistas, somo enemigos irreconsiliables de ese monstruo y soñamos como Bertrand Russell El mundo que tenemos que buscar es un mundo en el cual el espíritu creador esté vivo, en el cual la vida sea una aventura llena de alegría y de esperanza, basada más en el impulso de construir que en el deseo de guardar lo que poseemos y de apoderarnos de lo que poseen los demás. Tiene que ser un mundo en el cual el cariño pueda obrar literalmente, el amor esté purgado del instinto de la dominación, la crueldad y la envidia hayan sido disipadas por la alegría y el desarrollo ilimitado de todos los instintos constructivos de la vida y la llenen de delicias espirituales. Un mundo así es posible; espera solamente a que los hombres quieran crearlo.”
Los revolucionarios luchamos por crear ese mundo, demos paso a EnriqueUbieta y demos comienzo a un debate al que les invito de todo corazón
 www.eladversariocubano.wordpress.com
¿Qué es ser revolucionario?
Por: Enrique Ubieta Gómez
En una ocasión, ante los desajustes entre cierta teoría y la práctica, alguien me preguntó: ¿cómo puedo diferenciar lo que es revolucionario, de lo que no lo es? Días después, en una conversación, otro amigo afirmó que los jóvenes eran revolucionarios a su manera, es decir, de una manera diferente a la de sus padres. Esa afirmación parecía convincente. Sigo dándole vueltas al asunto.
Creo que podemos discrepar sobre cómo debe o puede ser el socialismo, que es en definitiva un esfuerzo histórico, de todos, por edificar una sociedad más justa. Pero existe un punto rojo que nos define, no importa la edad: un revolucionario es radicalmente anticapitalista. No existe un capitalismo bueno y otro malo, y aprovechar las “cosas” buenas del capitalismo puede ser una frase tramposa, porque no se refiere a los productos del trabajo humano, sino a un tipo de modernización depredadora de la naturaleza, enajenante y explotadora.
El dilema quizás radica en que el socialismo “se hace” con “materiales” capitalistas; la diferencia, quizás, en el horizonte. Navegamos hacia otro mundo más solidario. Y ser revolucionario es pelear también contra los reductos mentales del capitalismo, que pueden enquistarse en el socialismo: la corrupción, la burocracia, el dogmatismo. No existen revolucionarios que antes no fueran rebeldes; la rebeldía, sin embargo, cuando es superficial, es espectáculo, simple desacato.
Un joven es, debe ser, rebelde –el capitalismo tolera la rebeldía de los estudiantes, la que no sobrepasa los muros universitarios, porque allí donde funciona bien, el mercado la asimila y revierte en pocos años–, pero solo será revolucionario si siente la injustica cometida en los demás como propia, busca las razones últimas y se propone transformarlas. Sobre los caminos de superación, podemos y debemos discrepar, pero los revolucionarios de todas las edades nos parecemos. Lo otro, es pasar gato por liebre.

Por: Raúl Antonio Capote 
Ser revolucionario, desde que la burguesía apoyada en las grandes masas de campesinos y desposeídos de las ciudades y pueblos tomó el poder, convirtiéndose en clase explotadora de esas mismas masas, a las que esclavizó de una forma más férrea, a las que ató con cadenas más sólida, es, en primer lugar, ser anticapitalista.
No existen diferencias de principios entre las distintas generaciones de revolucionarios, quizás algún matiz superficial nos distinga, pero nada profundo, nada decisivo nos separa. 
En un conversatorio que sostuvimos recientemente con un grupo de profesores universitarios, una colega muy joven planteó que a ella no le agradaba la palabra socialismo, ante la respuesta exaltada de algunos de los presentes, pedí calma y le dije a la muchacha, mira yo te voy decir cuál es el mundo en el que quiero que vivan mis hijos y nietos, si no estás de acuerdo con alguna de las cosas que voy a enumerar, lo dices con claridad y comencé:
Quiero un mundo en que todos los seres humanos tengan igualdad de posibilidades, quiero un mundo donde impere la justicia, la libertad, un mundo donde se proteja a  la naturaleza, no se discrimine a los seres humanos por su raza, género u orientación sexual. Donde el egoísmo no sea el motor que mueva a los hombres y mujeres sino la solidaridad, quiero un mundo donde conquistar el máximo de felicidad posible para todos, sea el objetivo central del trabajo, donde los hombres laboren con el placer de creadores y no de esclavos, un mundo sin hambre, sin analfabetismo, quiero un mundo que su ley primera sea el culto a la dignidad plena del hombre.
Vale la pena resaltar, le agregué, que la lucha de los revolucionarios es por modificar las condiciones de producción que hacen del trabajador un ser enajenado, un infeliz. En otras palabras, la lucha del revolucionario es la lucha por la felicidad humana. 
La muchacha, al final, afirmó estar de acuerdo con todo, le dije  mira para nosotros los revolucionarios eso se llama socialismo, llámalo tu como desees, pero así se llama y te digo más, los revolucionarios no solo soñamos ese mundo sino que luchamos por él, lo construimos y defendemos incluso al precio de la vida si es necesario. 
Soñamos un mundo sin clases sociales, donde el estado se extinga un día por innecesario, una vez que ese mundo posible sea construido, los revolucionarios de todas las generaciones llamamos a ese sol del mundo moral, material y espiritual al que llegaremos un día, si antes el capitalismo no extermina al planeta, comunismo.
En la sociedad capitalista el hombre vive una ilusión de libertad, una enajenación que lo hace cada vez más solitario. Entre mercancías, que eso es el hombre del capitalismo, no puede haber solidaridad, todo está basado en el egoísmo producto de la defensa de los intereses individuales.
La soledad de un hombre aplastado por la maquinaria productiva y de comercio es el signo del capitalismo. El hombre enajenado sometido a una violenta maquinaria propagandística, asediado día y noche, rodeado de cantos de sirena, manipulado y compulsado a comprar, comprar y comprar cosas, a las que muchas veces no puede acceder, objetos que no necesita para nada, la situación del hombre en el capitalismo subdesarrollado depreciado su valor mercantil a cero, es aún peor, el hombre endeudado, anulado, no tiene nada que perder, solo las cadenas que le atan a la gran bestia expoliadora.
El miedo natural del hombre a aventurarse en el mundo desconocido de la libertad, es explotado sagazmente por el capitalismo, el hombre que descubre su conciencia tiene ante la libertad dos caminos, renunciar a su yo a cambio de la tranquilidad del útero protector o emprender el camino de lo desconocido y defender su derecho a crecer. O regresar al sosiego perdido, pagando como precio su individualidad y establecer relaciones basadas en el egoísmo con los demás o se declara libre y se arriesga a cambiar el mundo y construir relaciones basadas en el amor, esos somos los revolucionarios. 
Los revolucionarios soñamos, pero no vivimos en las nubes, soñamos pero construimos, dijo Carlos Marx “sea la vida y no la producción de los medios de vida. Cuando el hombre haya construido una forma racional, desenajenada de sociedad, tendrá la oportunidad de comenzar lo que es el fin de la vida: El despliegue de las fuerzas humanas que se considera como el fin en sí, el verdadero reino de la libertad. Es decir una sociedad donde el hombre esté libre de la pobreza material, de la pobreza espiritual”.
Ser revolucionarios en la Cuba de hoy es creer en ese mundo futuro, esa sociedad superior, es creer que lo imposible se hace posible, cabalgando sobre el sueño, haciéndolo realidad día a día, poniendo ladrillo a ladrillo, beso a beso, sudor a sudor en ese camino a utopía, que para los no revolucionarios es quimera, absurda ilusión irrealizable.
“La humanidad no persigue nunca quimeras insensatas ni inalcanzables; la humanidad corre tras de aquellos ideales cuya realización presiente cercana, presiente madura y presiente posible. Con la humanidad acontece lo mismo que con el individuo. El individuo no anhela nunca una cosa absolutamente imposible. Anhela siempre una cosa relativamente posible, una cosa relativamente alcanzable. Un hombre de una aldea, a menos que se trate de un loco, no sueña jamás con el amor de una princesa ni de una multimillonaria lejana y desconocida, sueña en cambio con el amor de la muchacha aldeana a quien él puede conseguir. Al niño que sigue a la mariposa puede ocurrirle que no la aprese, que no la coja jamás; pero para que corra tras de ella es indispensable que la crea o que la sienta relativamente a su alcance. Si la mariposa va muy lejos, si su vuelo es muy rápido, el niño renuncia a su imposible conquista. La misma es la actitud de la humanidad ante el ideal. Un ideal caprichoso, una utopía imposible, por bellos que sean, no conmueven nunca a las muchedumbres. Las muchedumbres se emocionan y se apasionan ante aquella teoría que constituye una meta probable; ante aquella doctrina que se basa en la posibilidad; ante aquella doctrina que no es sino la revelación de una nueva realidad en marcha, de una nueva realidad en camino”. Bello texto de Mariátegui.  
Los revolucionarios debemos apasionar, conmover, hacer participes a todos, revelar esa nueva realidad en marcha, enseñar nuestra doctrina, basada en la posibilidad, en la ciencia y en el amor a la vida, a los seres humanos, a la naturaleza. Esa doctrina de fe en el hombre, de amor profundo, de entrega y solidaridad.  Solo hombres y mujeres armados de grandes dosis de amor y de confianza en los seres humanos podrán construir ese mundo. 
Hay quienes dicen “Bueno soy revolucionario, pero…” Se es o no se es, no hay peros, quien comulga con el capitalismo, quien alaba y celebra ciegamente sus “éxitos”, quien lo propone como solución a los problemas de la humanidad, problemas que son, la mayor parte, producto de su existencia misma, no es revolucionario y no estoy negando las leyes de la dialéctica, porque si negara el desarrollo estaría negando lo que soy y lo que creo. Nadie dijo que se trataba de borrón y cuenta nueva, estamos en el camino que escogimos y defendemos, el socialismo con sus cargas de lo pasado y su génesis de futuro. 
Creo que sería oportuno y más que oportuno necesario, regresar a los clásicos, a los textos originales de Marx y de Engels, no a los manuales retóricos y dogmáticos del estalinismo, no a los textos tergiversados o manipulados con fines obscuros, que nada tienen que ver con el sueño de construir un mundo mejor. Se hace necesario estudiar el pensamiento marxista latinoamericano, el pensamiento político de los grandes humanistas y revolucionarios de nuestra gran patria grande y del mundo, nutrirnos de las ideas más avanzadas de hoy, de la ciencia, de la economía, de la política, de la sociedad. 
Para los cubanos de hoy no se puede ser revolucionario y no ser comunista, ese es el credo que defiendo como bolchevique. Si alguien me llama estalinista se equivoca y me ofende, porque nada tiene que ver con mis ideas el Bonaparte terrible del socialismo soviético, soy leninista, marxista, martiano y fidelista; pero si me piden que no sea necio y que acepte los “aires nuevos”, les advierto que tengo un buen olfato para identificar los viejos malos olores del sistema que haremos caer por fuerza de ley del desarrollo y por el combate revolucionario.

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