Tira Cuba

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viernes, 17 de marzo de 2017

La Carta Democrática de la OEA: Un instrumento contra la soberanía de Venezuela

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Tomado de Resumen Latinoamericano
Por Resumen Latinoamericano/Misión Verdad
Al igual que el año pasado, la agenda geopolítica e internacional contra Venezuela ha colocado todos sus recursos en el asador para intentar aplicarle la Carta Democrática de la OEA al país.
Muestra de ello han sido las recurrentes exigencias de la Asamblea Nacional al organismo, las giras internacionales de los operadores políticos del antichavismo (Luis Florido, Freddy Guevara, Julio Borges y Lilian Tintori, entre otros) por Washington, Colombia, Brasil y Perú, y el respaldo mostrado por el Senado de los Estados Unidos al secretario general de la OEA, Luis Almagro, en una resolución unánime el 28 de febrero de 2016, donde apoya la aplicación del instrumento.
Claramente el lobby transnacional que se ha activado para cartelizar apoyos diplomáticos y fabricar condiciones para su aplicación, emite cuatro signos políticos que no se pueden pasar por alto:
  • El antichavismo no ha logrado cumplir sus promesas de propinarle un nocaut final al chavismo, por lo que necesitan de urgente apoyo extranjero para prolongar la desestabilización política y el choque institucional, forzando así las barreras del juego político y presionando por una salida conflictiva y caótica a la coyuntura venezolana, con el apoyo de los Estados Unidos.
  • Como ya lo hemos develado en Misión Verdad, quienes encabezan este lobby contra Venezuela (Marco Rubio, PPK y Luis Almagro, principalmente) responden a grandes corporaciones financieras y energéticas con intereses en Venezuela, como es el caso de Exxon Mobil. Estos agentes son meros intermediarios entre las corporaciones y los recursos que sueñan con saquear nuevamente.
  • La Carta Democrática se encuentra deslegitimada como instrumento luego de que el golpe de Estado contra Dilma Roussef en Brasil, la OEA guardara silencio en apoyo a la agresión contra Brasil. También porque en los únicos casos en que ha sido aplicada (Paraguay y Honduras) ha sido ante muestras evidentes de golpes de Estado. Al no cumplirse este principio en la coyuntura política venezolana, necesitan de una narrativa alterna y mucho más agresiva para presionar por su aplicación, la “crisis humanitaria” y su expediente armado por ONGs financiadas por los Estados Unidos, pensada para criminalizar a Venezuela en la esfera internacional.
  • Venezuela cuenta con una importante proyección internacional a través de organismos y foros internacionales que dirige y en los que ejerce una fuerte influencia, como Celac, Petrocaribe, Alba, Unasur y Movimiento de Países No Alineados, los cuales fungen como un cerco de protección para limitar el margen de maniobra de los lobbys y operadores transnacionales para conseguir los votos necesarios desde la OEA. Además la elevación de las relaciones con Rusia (las continuas alertas sobre actos de injerencia del desde sus más altas vocerías en política exterior, dan muestra de ello) y la inserción de Venezuela en un bloque de poder geopolítico, que actualmente disputa el equilibrio de poder global, es una piedra de tranca para estos planes.
La oposición puja por la aplicación de sanciones a Venezuela, bajo el pretexto de castigar al gobierno, cuando en realidad  en una actitud servil le están abriendo la puerta a una intervención imperialista en el país.

Esfuerzos por no hacer ver lo que de verdad significa la Carta Democrática

A medida que esta jugada se desarrolla, calienta su narrativa y mide su factibilidad en el corto plazo, se intenta posicionar en la opinión pública la agenda de la Carta Democrática como un activo importante para “salir de la crisis”.
Los medios de comunicación y actores políticos hacen un gran esfuerzo por hacer ver que la aplicación de la Carta Democrática no tendría ningún efecto sobre la población venezolana. El tratamiento de la misma se ubica, únicamente, en la esfera del gobierno (catalogado como una “dictadura” por el aparato mediático transnacional y las ONGs del Departamento de Estado de los EEUU). Intentando no vender el asunto como lo que es: un acto de intervención extranjera sobre los asuntos venezolanos.
Es decir, el que sufriría las consecuencias sería el gobierno venezolano, no la población, dado que según su visión manipulada la Carta Democrática sólo abriría un debate sobre la situación venezolana en el seno de la OEA, para realizar “gestiones diplomáticas” en función de “normalizar” al país con respecto a los cánones de la democracia representativa made in USA.

Lo que de verdad significa

Pero del contenido de la Carta al hecho hay un trecho inteligentemente silenciado. No es un instrumento inocente y de “rescate” de la institucionalidad democrática, sino un portafolio de sanciones que incluso escapa de lo escrito en su resolución fundacional. Como diría Roy Chaderton, “es una carta blanca”, no sólo para gestionar una invasión multilateral en un caso extremo, sino para impulsar un conjunto de acciones ilegales contra la soberanía del país en el ámbito económico y financiero: el más atacado por la guerra contra Venezuela.
Ya que la OEA es parte de la red de instituciones del sistema mundo creado después de la II Guerra Mundial (ONU, Banco Mundial, FMI, Banco Intermaricano de Desarrollo), una posible aplicación de la Carta Democrática traería consecuencias negativas en cuanto al sistema financiero del país, todavía muy vinculado a estos aparatos.
Afectaría gravemente su credibilidad internacional, aislándola (aún más) de los mercados de deuda, con lo cual el país no podría solicitar ningún préstamo o ayuda económica, ya que la banca transnacional pública o privada aliada a los Estados Unidos limitaría sus nexos con un país sancionado por la OEA, el ministerio de colonias de los gringos. Asimismo sucedería con los organismos económicos dependientes del sistema interamericano (como SELA y otros), donde Venezuela quedaría excluida, complicando su esquema de relaciones económicas internacionales.
Aplicación de un recurso clave de la guerra no convencional contra Venezuela: explotar las vulnerabilidades y urgencias de la población para hacerlas virar en contra de sus legítimas autoridades.
Por la vía de facto lograrían agudizar la situación económica para generar mayor malestar e irritación en la población venezolana, el objetivo de la guerra y de estos instrumentos. En síntesis: la precarización económica de la población aumentaría. La Carta Democrática es contra usted, contra su bolsillo, contra su tranquilidad.
Dado que Venezuela (para el sistema interamericano dominado por los gringos) estaría, después de la aplicación de la Carta, fuera de los cánones de la “libertad” y la “democracia”, un conjunto de países de la región podrían decidir sancionar a Venezuela de forma unilateral, aferrándose a la “legalidad” de la Carta Democrática. Sobre todo aquellos que han mostrado una postura hostil con Venezuela (Brasil, Argentina, Perú, Paraguay, etc.), que forman parte, en menor o mayor medida como los casos de Brasil y Argentina, del esquema de relaciones económicas internacionales de Venezuela. Agudizaría y daría el tan ansiado carácter legal al bloqueo financiero contra Venezuela: el vector más dañino de la guerra económica.
Podrían, básicamente, suspender las relaciones comerciales o restringir las exportaciones hacia Venezuela, impidiendo que el país pueda importar productos y materias primas necesarias para relajar la presión económica, con planes como los CLAP y la Gran Misión Abastecimiento Soberano, que dependen en buena medida de las importaciones de países próximos a Venezuela. Y quizás usando como arma de extorsión la promesa de “ayudas económicas” para el “rescate humanitario”, mientras se restringe el margen de maniobra del país.
Sería un ataque directo a los únicos planes que están resolviendo, escalonadamente, parte importante del caos económico promovido por la guerra. Sería un ataque contra usted y contra el acceso a esos mecanismos alternativos de alimentación.
No es contra el rrrégimen como suelen decirte los políticos antichavistas. Es contra usted, el objetivo de esta guerra y de las grandes corporaciones que piensan utilizar la Carta Democrática como instrumento para golpearlo aún más.
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