Tira Cuba

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jueves, 16 de octubre de 2014

Che: Guerrillero Heroico



El 9 de octubre de 1967, en la escuelita de La Higuera, es asesinado Ernesto “Che” Guevara por órdenes directas de la CIA y el régimen boliviano de la época. Su legado político y ejemplo revolucionario acompañan a las nuevas generaciones de América Latina y el mundo.
Tomado de La Voz del Sandinismo.
Por Alejandro Guevara. La Voz del Sandinism.

De 1965 a 1967 Ernesto “Che” Guevara organizó guerrillas en la República Democrática del Congo y Bolivia, convencido de que “luchar contra el imperialismo donde quiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura”

Tú subías desde el Cono Sur
y venías desde antes,
con el amor al mundo bien adentro.
Fue una estrella quien te puso aquí
y te hizo de este pueblo.
De gratitud nacieron muchos hombres
que igual que tú,
no querían que te fueras
y son otros desde entonces.

“Son los sueños todavía”, canción del cantautor cubano Gerardo Alfonso, dedicada al Che.

Ramón Benítez llegó a Dar es-Salam, la ciudad más poblada de Tanzania, el 19 de abril de 1965. Su objetivo era desplazarse al oeste para sumarse a una lucha libertaria en el corazón del continente africano.

Una carta desgarradora había sido su despedida de su anterior residencia, pero Ramón la había dejado convencido de que hacía lo correcto. La experiencia adquirida desde su juventud había cimentado en su personalidad un espíritu de justicia a toda prueba.

El lunes de abril en que llegó a Dar es-Salam, Ramón buscó a quienes lo estarían esperando para ponerse en contacto cuanto antes. Iba a pelear por la libertad del Congo, envuelto en un período de ingobernabilidad desde que la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos asesinó al líder revolucionario Patricio Lumumba en 1961.

Su pensamiento justiciero pretendía lograr una Revolución para el bien de todos los congoleños.

Ramón se puso en contacto con Laurent-Desiré Kabila, un líder militar de las fuerzas rebeldes que desde hacía un tiempo controlaban el este del país y habían establecido su capital en Stanleyville (hoy Kisangani).

El militar congoleño hizo los preparativos y a través del Lago Tanganica Ramón llegó al Congo preparado para formar y entrenar una guerrilla. Estaba como tercero al mando de la pequeña brigada de cubanos que asistían a los congoleños. Casi nadie sospechaba que Ramón en realidad era el Comandante Ernesto “Che” Guevara. Unos nunca lo supieron, y el resto no se enteró hasta muchos meses después.

"Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos"

En 1965 el Che envió una carta al líder cubano, Comandante Fidel Castro, en la cual se despidió de él y sus responsabilidades en la construcción de la Revolución.

En el mítico texto, explicó que partía a la lucha por la libertad de otros pueblos, que hoy sabemos fueron el Congo primero y luego Bolivia.

Al llegar al país africano, el Che comenzó a entrenar una guerrilla que pretendía revolucionar también al Congo.

El gesto marcaba la participación de la Cuba revolucionaria en la descolonización de todo un continente.

En el Congo, el Che organizó las filas de los combatientes mediante una fusión de unidades congoleñas y cubanas. Se desempeñó al mismo tiempo como profesor de francés para los cubanos, atendió a los enfermos nativos y aprendió el swahili, idioma africano más hablado en el este y centro del continente.

A finales de noviembre culminó su estadía en ese país, debido a problemas internos y el fracaso de la guerrilla lumumbista liderada por Laurent-Desiré Kabila.

El Che se marchó a través del mismo lago Tanganica, pero dejó importantes huellas a su paso.

Había dejado huellas imborrables en los corazones de los habitantes de las montañas y llanuras por el cual condujo a sus hombres en acciones armadas. El cariño, la admiración y el respeto de todos esos poblados perduraron largos años y aún nos llegan ecos sonoros del paso de este gigante siempre al servicio de los humildes”, escribió el periodista y combatiente congoleño Godefroid Tchamlesso Diur, quien estuvo en la guerrilla del Che.

“Cinco cubanos anegaron con su sangre el suelo congolés. Todos ellos con armas frente a un enemigo mejor pertrechado con aviación moderna, marina y fuerzas terrestres apoyadas por batallones de mercenarios blancos, reclutados en Europa, Estados Unidos y África del Sur, bajo la férula del régimen del Apartheid”, recordó el periodista.

“Al comandante Che Guevara le juramos fidelidad desde el principio y le dimos las gracias por su sacrificio, enseñanzas y el ejemplo que inspiraron a Laurent-Desiré Kabila a continuar la lucha guerrillera hasta el triunfo, décadas después que el ilustre hijo de Argentina y Cuba se hubiera marchado de las praderas y montañas de la selva congolesa
”, agregó.

Bolivia reclama mi presencia

Aunque nadie se lo solicitó, la férrea dictadura que atenazaba a Bolivia hizo que el Che se embarcara en una nueva epopeya libertaria. Esta vez le costaría la vida, pero como había dejado claro en su carta de despedida a Fidel: “En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo donde quiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.”

Tras salir del Congo, en 1966 el Che ingresó a Cuba de forma secreta. Se apareció con otra identidad en las montañas de Pinar del Río, en el occidente de Cuba, donde sus compañeros más cercanos no lo reconocieron. Al saber que era él y la contienda que pretendía llevar a cabo, con alegría decidieron apoyarlo. Entrenaron para ayudar a la liberación de Bolivia, donde las condiciones parecían estar creadas para un movimiento insurreccional revolucionario como el gestado en las montañas cubanas.

Poco a poco fueron llegando y estableciéndose en suelo boliviano los compañeros del Che, hasta que el Comandante en persona llegó el 4 de noviembre de 1966.

Ernesto Guevara se instaló en una zona montañosa y selvática ubicada cerca del río Ñancahuazú, en el sudeste del país, donde las últimas estribaciones de la Cordillera de los Andes se unen con la región del Gran Chaco, según quedó registrado en su diario el 7 de noviembre.

Este documento narra todas las vicisitudes vividas por el líder guerrillero, que no contó con el apoyo esperado por parte de la población o de las personas que seguían su causa desde las ciudades.

En marzo de 1967 el Ejército fue puesto bajo aviso de que el Che se encontraba al frente de la dirección militar del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia.

Enseguida el gobierno del general René Barrientos solicita la ayuda de la CIA y comienza una operación feroz para cercar y eliminar a los guerrilleros.

Los rumores de que el Che se encontraba entre los insurgentes se confirman y la persecución se hace más fuerte.

El grupo dirigido por el Che entabló combates y comenzó a moverse por el territorio del departamento de Santa Cruz durante meses, tratando de despistar al enemigo. El Che se negó siempre a retirarse de la lucha.

El 7 de octubre de 1968, a 11 meses de la llegada del Che al primer campamento, el grupo se hallaba cerca del poblado de La Higuera y del de Pucará, según le informa una vieja que pastoreaba sus chivas por aquellos parajes y queda registrado en su diario.

Eran 17 los integrantes del grupo del Che, que marcharon en la noche hasta las 2 de la madrugada. Al día siguiente, libran un combate en la Quebrada del Yuro, que tiene unos mil 500 metros de largo, por unos 60 de ancho y de dos a tres en la zona por donde corre el arroyo.

A la una y treinta de la tarde comienza el combate. La firme resistencia de los guerrilleros detiene inicialmente el avance de los soldados bolivianos.

De los integrantes de la columna, hay tres con recientes heridas de bala, otro con un pie fracturado y seis más con enfermedades de distintos tipos, entre ellos el Che que padece repetidas crisis de asma.

Sin embargo, esos 17 hombres combatieron incansablemente desde las horas del mediodía hasta el anochecer, en las adversas condiciones naturales de la Quebrada del Yuro y contra un enemigo que en número los aventajaban en una proporción mayor de cien a uno.

Varios de sus compañeros pierden la vida y el Che, herido en una pierna, es capturado cuando su carabina había sido inutilizada y se le habían agotado las balas de su pistola.

También fueron apresados el peruano Juan Pablo Chang-Navarro (El Chino) y el boliviano Simeón Cuba (Willy). Ambos fueron ultimados el día 9 en la escuela de La Higuera.

El Che había sido trasladado allí también. Sus últimas horas fueron narradas por Fidel Castro posteriormente en el prólogo del libro que forma el Diario del Che en Bolivia.

Estas increíbles circunstancias explican que lo hubieran podido capturar vivo. Las heridas de las piernas le impedían caminar sin ayuda, pero no eran mortales.

“Trasladado al pueblo de Higueras permaneció con vida alrededor de 24 horas. Se negó a discutir una sola palabra con sus captores, y un oficial embriagado que intentó vejarlo recibió una bofetada en pleno rostro.

“Reunidos en La Paz, Barrientos, Ovando y otros altos jefes militares, tomaron fríamente la decisión de asesinarlo. Son conocidos los detalles de la forma en que procedieron a cumplir el alevoso acuerdo en la escuela del pueblo de Higueras. El mayor Miguel Ayoroa y el coronel Andrés Selich, rangers entrenados por los yanquis, instruyeron al suboficial Mario Terán para que procediera al asesinato. Cuando éste, completamente embriagado, penetró en el recinto, Che -que había escuchado los disparos con que acababan de ultimar a un guerrillero boliviano y a otro peruano- viendo que el verdugo vacilaba le dijo con entereza: “¡Dispare! ¡No tenga miedo!” Este se retiró y fue necesario que los superiores Ayoroa y Selich le repitieran la orden, que procedió a cumplir, disparándole de la cintura hacia abajo una ráfaga de metralleta. Ya había sido dada la versión de que el Che había muerto varias horas después del combate y por eso los ejecutores tenían instrucciones de no disparar sobre el pecho ni la cabeza, para no producir heridas fulminantes. Esto prolongó cruelmente la agonía del Che, hasta que un sargento —también embriagado, con un disparo de pistola en el costado izquierdo lo remató. Tal proceder contrasta brutalmente con el respeto del Che, sin una sola excepción, hacia la vida de los numerosos oficiales y soldados del ejército boliviano que hizo prisioneros
.

Las horas finales de su existencia en poder de sus despreciables enemigos tienen que haber sido muy amargas para él; pero ningún hombre mejor preparado que el Che para enfrentarse a semejante prueba”, escribió Fidel.
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