Tira Cuba

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viernes, 10 de octubre de 2014

El fracaso de una causa que nunca triunfaría

En los años de 1960 la Agencia Central de Inteligencia(CIA) creó una extensa estructura de espionaje y subversión en Cuba, al tiempo que alimentaba las condiciones para realizar acciones terroristas contra la Isla
Tomado de Granma.
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La Operación Ratonera permitió la incautación de numerosas armas, equipos de comunicación y suministros de diferente índole que tenían en su poder los miembros del Frente Unión Occidental. Foto: Archivo del centro de investigaciones históricas de la seguridad del estado.

En 1962, en el contexto de la Operación Mangosta dirigida por el Gobierno de Estados Unidos contra Cuba, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) creó una extensa estructura de espionaje y subversión que se dedicaba a transmitir información política, económica y principalmente militar hacia la estación JM/ WAVE, en Miami, mientras creaba condiciones para realizar acciones terroristas y apoyar un levantamiento interno o una invasión procedente del exterior.

Esta organización clandestina, integrada generalmente por antiguos militares batistianos, familiares de reclusos contrarrevolucionarios e individuos afectados por las leyes de beneficio popular, que funcionaba des­de Guane, en Pinar del Río, hasta los límites de La Habana con Matanzas, e incluía la Isla de Pinos, recibió el nombre de Frente Unión Occidental (FUO).

Las tareas de esta red, que tenía su centro vital en Pinar del Río, consistían en obtener información, entrenar a sus integrantes en ma­terias de subversión y terrorismo, almacenar armamento y conservar las fuerzas disponibles para entrar en acción en el momento oportuno.

El escenario creado en una región donde actuaban más de veinte bandas de alzados, apoyadas por varias organizaciones clandestinas financiadas y promovidas desde la Florida, se proyectó —en cuanto a medios y métodos— de forma similar a lo que hoy se conoce como “Guerra no convencional en escenarios de guerra limitada”[1],  a partir del concepto de que “las fuerzas de la resistencia deben limitar la exposición abierta de sus fuerzas y disponer de una infraestructura de apoyo que permita el sostenimiento de las operaciones por un tiempo prolongado”[2].

El principal cabecilla del FUO era Esteban Márquez Novo[3],  miembro del ejército regular durante la tiranía batistiana, y registrado como “técnico electrónico” en la nómina del Instituto Cultural Cubano Norteamericano, con sede en el Vedado, una institución dedicada a ejercer labores de influencia y penetración en los sectores científicos, académicos y culturales de la sociedad cubana, bajo el control de la Agencia de Información de Estados Unidos (USIA). Con estos antecedentes, en 1960 Márquez Novo ingresó en la organización contrarrevolucionaria Movimiento de Recu­pe­ra­ción Constitu­cional (MRC), dirigida por el agente de la CIA Ernesto Pérez Morales (Emilio Moreno), quien lo designó para encabezar un denominado “Ejército de Liberación” que se dedicaría a atacar objetivos civiles, sembrar el pánico y apoyar una invasión.

El 19 de febrero de 1961 Márquez Novo asumió el sobrenombre de “Comandante Valle” y al frente de un grupo de exmilitares batistianos se alzó en la loma de El Toro, en la Sierra del Rosario. Poco tiempo después, en esa misma región, unidades de Milicias bajo el mando del capitán Manuel Borjas capturaron cuatro exmilitares batistianos y diez colaboradores, quienes revelaron que pertenecían al “Frente Occi­den­tal del Ejército de Liberación”.

El 31 de marzo, el agente de la CIA Emilio Moreno fue detenido en el apartotel Olan To­wer, frente a la Embajada de Estados Uni­dos, donde se ocupó una planta de radio, pads de cifras, documentos del MRC y un revólver.

A principios de abril, con el pretexto de averiguar por qué se demoraba el suministro de armas, el “Comandante Valle” abandonó a sus hombres en las montañas y se dirigió hacia la capital. El día 6 se introdujo en la Embajada de Argentina, y el 24 de mayo partió por vía aérea hacia Caracas, Venezuela, donde contactó con el cónsul norteamericano quien lo embarcó para Miami. Allí quedó bajo el control de “Otto”, un oficial de la CIA encargado de dirigir su adiestramiento en técnicas de espionaje y subversión.

En marzo de 1962, después de pasar un entrenamiento de diez meses en los campamentos de la CIA en los Everglades, al sur de la Florida, Márquez Novo asumió el seudónimo de “Valentín” y se dirigió a la costa sur de Pinar del Río, infiltrándose por el río San Diego, en Los Palacios, junto con el radista Yeyo Na­poleón, dos plantas de radio RS-1, armas y una fuerte suma de dinero[4].  Contactó con familiares que tenía en la zona, reclutó como su lugarteniente a Lázaro Anaya Fernández y seleccionó varios miembros del MRC para su estado mayor. Desde ese momento el FUO disponía de un “Reglamento del Servicio de Vigilancia y Espionaje” firmado con el seudónimo de “Co­ronel Abad”, un libelo titulado “Programa para la instauración de la Tercera República”, de su autoría, y un “Manual para Guerrillas” entregado por la CIA.

Durante la Crisis de los Misiles, en octubre de 1962, “Valentín” y el radista se ubicaron a cinco kilómetros del Entronque de Herradura, en Consolación del Sur, desde don­de observaron el movimiento de tropas durante la retirada de los cohetes, y transmitieron la información a la CIA.

Al llegar marzo de 1963 las Tropas Guar­dafronteras interceptaron una infiltración por La Furnia, al oeste de Cabo Francés, capturando un cargamento de armas y varios integrantes del comité de recepción, quienes revelaron la existencia de esta red clandestina. Los Órganos de la Seguridad comenzaron las investigaciones y lograron penetrar con varios agentes en el seno de los conspiradores, lo que permitiría neutralizar los planes más peligrosos, estar al tanto de sus contradicciones internas, y conocer que las informaciones enviadas a la CIA eran exageradas y manipuladas por las fuentes para continuar recibiendo financiamiento.

El 20 de mayo se infiltraron por Punta Carra­guao Rolando Fernández Ponce, Arsenio Ro­drí­guez San Román y Luis C. García-Menocal Sigler, que asumiría como jefe de Inteligencia y Comunicaciones. Entrenaron a diferentes grupos en el uso de explosivos, tiro, espionaje, lectura de mapas, recepción marítima, guerra irregular, fotografía, escritura secreta e identificación de equipos bélicos.

Como parte de ese programa, el contrarrevolucionario Rosalio Lezcano fue detenido en junio cuando se disponía a colocar bombas en un centro escolar, un círculo infantil y un secadero de tabaco. El 21 de ese mes otro team de infiltración penetró por Punta Carraguao, con armas y dos plantas transmisoras AT-3, y exfiltró a “Valentín”, Yeyo Napoleón[5], Gil­ber­to y Orlando Rodríguez  San Román y Ricardo Ulloa Oli­vera. Los dos primeros iban hacia Miami para rendir cuentas ante el oficial CIA “Otto” y el resto a recibir en­trenamiento.

Los espías del FUO habían elaborado planos de objetivos militares, de instalaciones de radares, del centro transmisor de Bauta, de las torres de comunicaciones de la textilera Ariguanabo, y tenían información sobre el movimiento de embarcaciones con armamento en Bahía Hon­da, Mariel, La Habana y Ma­tanzas.

El 15 de septiembre “Valentín” regresó a Cu­ba por Punta Carraguao y asumió el seudónimo de “Plácido”. Para noviembre ya la red tenía más de 500 conspiradores divididos en cuatro “comandancias” en Pinar del Río, tres en La Ha­­bana y una en Isla de Pinos, dos “co­man­dan­cias técnicas” dedicadas a inteligencia-co­mu­nicaciones e instrucción, y una ayudantía.

El 12 de mayo de 1964, a dos kilómetros de la desembocadura del río San Juan, en San Juan y Martínez, dos miembros del estado ma­yor de la red chocaron con las Tropas Guarda­fronteras, de lo cual uno resultó muerto y el otro fue capturado herido. Tres días después, el carbonero José Alarcón González encontró en un marabuzal en la finca La Palma, del barrio Guillén, en San Juan y Martínez, un enterramiento de ar­mas, municiones, explosivos y medios de co­municaciones. De inmediato avisó a las autoridades, quienes hallaron dentro de un bohío una maleta con el diario de un espía, información de inteligencia, instrucciones y mensajes de “Otto” a “Plácido”.

Las Fuerzas Armadas desencadenaron la Ope­ración Ratonera, para la cual movilizaron al Batallón del 2do. Distrito de Guane (UM 1481) con un refuerzo del Batallón de Isabel Rubio y un grupo de tanques M-41 Walker bajo el man­do del sargento René González Novales, que fueron desplegados desde la Ensenada de Cor­tés por la costa sur, hasta el faro Roncali, colocando es­cuadras en los lugares accesibles y una compañía en la zona de La Bajada, en Guana­ha­ca­bibes. La dislocación de estas fuerzas, que llegaron hasta Punta Colorada, evitó que  el enemigo realizara una ope­ra­ción naval para rescatar a los principales ca­becillas de la red.

Bajo el mando del capitán Eliseo Reyes Ro­dríguez (San Luis), los Órganos de la Se­gu­ridad iniciaron las detenciones por La Coloma, San Juan y Martínez, Boca de Galafre, Artemisa y la ciudad de Pinar del Río. En La Habana e Isla de Pinos se efectuaron operativos similares. Cien­tos de contrarrevolucionarios re­sultaron arrestados, fueron descubiertos es­con­drijos de ar­mas y casas de seguridad, donde se ocuparon informes, datos sobre infiltraciones, mapas y mensajes para la CIA.

Uno de los detenidos reveló que “Plácido” se ocultaba en una casa de tabaco en Corralito, cerca del Entronque de Herradura, en Con­solación del Sur. El 20 de mayo un pequeño grupo de oficiales de la Seguridad rodearon el lugar.

“Plácido” provocó un incendio para destruir la documentación y comenzó a disparar. Los combatientes rechazaron la agresión, y al penetrar en el local lo encontraron muerto con varias heridas; una de ellas en la sien hizo suponer que se había suicidado. Dentro de su maletín fueron ocupados 43 667 pesos, 10 000 dólares y 215 pesos en monedas de oro. Poco antes había enviado el siguiente mensaje a la CIA donde reflejaba su pésimo estado de ánimo: “Hoy se cumple el 2do.

Aniversario de la fundación del FUO. Confío que mi labor durante este tiempo haya servido de algún provecho a nuestra causa. Brinden, brinden con whisky y cham­pagne, mientras yo y mis hombres nos secamos las lágrimas con nuestros pañuelos empapados en sangre. Coronel Abad”.

El 25 de mayo fue capturado García-Me­nocal, el radista, quien declaró: “El FUO desde el principio estaba lisiado, sin tener en cuenta el gran vacío ideológico, las fallas técnicas eran demasiadas como para que continuase existiendo. […]

Al finalizar las operaciones, ocho agentes de la CIA y los principales miembros de la red ha­bían sido detenidos, junto con un enorme cargamento de armas y pertrechos bélicos. El proyecto de una nueva invasión a Cuba había fracasado[6].

*Investigador del Centro de Inves­tiga­ciones Históricas de la Seguridad del Es­tado

[1] Circular de Entrenamiento No.18-01, Estado Mayor, Departamento del Ejército, Washington, DC, 30 de noviembre de 2010. Guerra Limitada 1-41, p.23, cuyo contenido identifica los países donde han aplicado las llamadas “operaciones con un mínimo de participación para presionar a un adversario”: Es­tonia, Lituania, Letonia, Guatemala, Albania, Tíbet, Indonesia, Cuba, Vietnam, Afganistán y Nica­ragua.
[2] Ídem.
[3] Márquez Novo nació el 3 de agosto de 1909 en Los Palacios. De procedencia acomodada, era anticomunista, batistiano y primo del jefe de Policía Es­teban Ventura Novo, cercano colaborador del dictador Fulgencio Batista y connotado asesino.
[4] Esta red recibió 265 mil pesos. De acuerdo con las declaraciones de los detenidos, “Plácido” maltrataba a sus subordinados, derrochaba en asuntos personales el dinero, consideraba que sus conocimientos estaban por encima del en­trenamiento recibido en la Florida y cometía constantes violaciones de las medidas de seguridad.
[5] Nunca se supo su verdadero nombre. Debido a sus contradicciones con “Plácido”, al llegar a Mia­mi fingió estar enfermo, se separó del grupo y no regresó a Cuba.
[6] Testimonios de Israel Behar Dueñas, Amado Valdés González, Lázaro Gómez González, Alejo Bouzón Díaz, Fulgencio Pérez Carrasco y Rodolfo Ramírez Mendoza.
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