Tira Cuba

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viernes, 22 de abril de 2016

Fidel, Manolin y la Muerte

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Tomado del blog de Yadira Escobar
Por Yadira Escobar

Lo que yo diga de Manolín no será publicado en el Miami Herald porque la única razón por la cual se hace propaganda a las cartas de Manolín es que son ataques a la elevada figura de Fidel Castro y representan todo el odio acumulado contra el líder de la Revolución cubana desde los rincones de quienes perdieron la batalla ideológica contra el modelo cubano.

La figura de Manolín en contraste con la de Fidel es muy pequeña, así que al criticar sus cartas no espero provocar escándalo, sino simplemente cumplir con un deber moral con la opinión pública en mi comunidad. Él no está solo en esta batalla y aunque no es tan famoso, es útil a quienes trabajan por consolidar el poder del capital por encima de todo lo demás. La extrema-derecha lo apoya ahora, lo que por poco tiempo, pues ellos no perdonan a los de abajo. Para ellos, el siempre será un hijo del pantano.

Fidel Castro es un anciano bastante sabio que pone sobre la mesa asuntos de interés general para toda la humanidad. Manolín, debería saber que incluso en el mundo antiguo donde un músico sólo servía para entretener, la figura del anciano era venerada bastante y más aún si era un jefe político. Servir a un anciano no era una carga para sus seres queridos, sino un privilegio para ejercitar la virtud. Si ese anciano era jefe de tribu o de una ciudad-estado, el respeto era aún mayor. ¿Cómo es posible entonces tanta ignorancia?

Me imagino que algunas personas inmaduras y aturdidas por una cultura artificial que hace culto a la fuerza, al dinero y a ciertas ventajas de la juventud, sienta desprecio por la debilidad. Sin embargo, advierto que por ese camino llegó a definir las reglas del juego competitivo. El elevó a nivel de locura las teorías que anteriormente en Estados Unidos e Inglaterra se desarrollaban para justificar el individualismo y la supremacía del más fuerte.

Dice Manolín que quisiera morir sin tener una vida larga, y creo que no imagina el horror del último día que vive todo ser humano frente a la Muerte. Hoy mismo murió el exitoso músico, Prince a los 57 años y a nadie le pasa por la mente que él quiso morir joven para no ser carga.  Uno de los sueños más profundos de la humanidad es no morir, así de sencillo. Millones de dólares se gastan en esta lucha por la vida y no es sabio guiarse por emociones y desafiar el tema de la vida o la muerte tan superficialmente por una razón política.
Hablar del fin de los días del oponente político es de mal gusto e insensato, y más en este caso cuando él mismo Fidel habló de su propia mortalidad diciendo:

“Pronto seré ya como todos los demás. A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos como prueba de que en este planeta, si se trabaja con fervor y dignidad, se pueden producir los bienes materiales y culturales que los seres humanos necesitan, y debemos luchar sin tregua para obtenerlos”.

El músico cubano trata de suavizar sus ofensas a la vejez diciendo que:

“… no aspiro, ni quiero llegar a los 90 años, ojalá me vaya mucho antes, para no molestar, o molestar lo menos posible a los más jóvenes con mi vejez”.

Manolín habló sobre fusilamientos y prisiones políticas para tratar de sumarse al oponente que imagina traumatizado por aquellas tormentas pasadas, sin darse cuenta de que la comunidad que pretende manipular está llena de ancianos también. Él no deja muy claro por qué se apartó de la Revolución que tanto le benefició en el pasado. Como todo derechista improvisado, es un simplista y dice: “el líder histórico cubano es un ejemplo de contradicciones”, aunque no aclara esto de manera objetiva.

Quizás se quiere sumar de manera oportunista a ese movimiento centrista que trata de aparentar solidaridad con las clases populares en Cuba mientras planifica manipular la insatisfacción para establecer el caos, y nada resulta más eficaz para quien quiere pescar en río revuelto que llegar a tiempo a la orilla agitada. Criticar a un jefe de estado que le tocó conducir a un pueblo en un prolongado tiempo de crisis es muy fácil cuando se desconoce el apoyo popular que ese jefe tuvo todo el tiempo. Insistir en la tesis de un dictador solitario es distorsionar la realidad  y ofrecer un cebo a las sociedades extenuadas por un largo conflicto para provocar cambios de mentalidad.

Ya sabemos que sería imposible un cambio de régimen si acusamos al de los cubanos de haber maltratado a minorías políticas. Por eso la propaganda insiste en presentar a los “hermanos Castro” en solitario, como si fuesen solamente un clan familiar que oprimió a millones de personas en una isla tropical. Suena como un libreto de Hollywood. Todo eso es muy exótico, pero demasiado fantástico para provocar una revolución de colores. Entonces aparece el “llanero solitario” que debe ganar la simpatía de las masas, la bloguera infeliz enfrentándose al poder, el afrocubano discriminado o el músico que abre los ojos y se rebela contra el viejo líder.

Manolín ya ha probado la libre competencia, y quizás el éxito o la derrota en el mercado musical, no lo sé. Yo al igual que él vivo en el capitalismo. Desde niña he experimentado los vaivenes del mercado laboral. Un día estás arriba y al otro estas abajo. He visto niños durmiendo en automóviles porque sus padres no pudieron pagar el alquiler y ancianos descuidados porque sus hijos están ocupados buscando dinero. Estados Unidos puede ser un buen lugar para vivir codo con codo con las multinacionales y los banqueros, si eres joven y saludable.

Cuba es otra cosa, es una isla castigada por querer ser diferente y que aún conserva un sistema que trata de no abandonar a los más débiles. Quizás su vino no es tan dulce como el de California, ni hay tantas residencias lujosas, ni tan magnificas carreteras pero aseguro que no le hubiera ido mejor con la dictadura batistiana, que fue lo que encontró la generación aquella frente a sus narices. Estoy casi segura que en el futuro Manolín tendrá otra opinión menos crispada y quizás no por ser iluminado sino porque nuestro contexto será más pacifista. No le pido que no critique, simplemente que sea más comprensivo con nuestra historia, pues en definitiva esto apenas comienza y necesitamos una cultura de amor no una guerra civil en esta nueva etapa.

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