Tira Cuba

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martes, 4 de agosto de 2015

Nicaragua y Cuba: ¿Para qué sirve una Revolución?

Tomado de Coordinadora de Solidaridad con Nicaragua y el ALBA

Realidades. En el último estudio de la consultora M&R se verifica que un 70.2% de la población nicaragüense aprueba la gestión del Gobierno Sandinista, que encabezan el comandante Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo.

Es decir, a ocho décadas del sacrificio del patriota nicaragüense, su entrega no pasó como un soplo mundano en la Historia, del que nadie se acuerda ya. Multitudes actuales, como se comprobó en la Plaza de la Fe el 19 pasado, forman parte de la efigie más conocida del General: el que está en pie con su Estado Mayor.

Quien definió las coordenadas del Frente Sandinista, al subrayar que “Nuestra razón será nuestra fuerza dentro del pueblo, dentro de las masas juveniles del pueblo”, es el mismo que a la luz de su experiencia con personalidades destacadas de otros pensamientos, propuso “formular una ideología revolucionaria nacional”.

Carlos Fonseca nunca rehuyó enfrentarse a Somoza; a lo que sí le huyó, desde la izquierda, fue a los dogmas. Al no lograr ser encasillado, sufrió el despiadado ataque mediático, satanizándolo la mayor parte, silenciándolo casi siempre y censurándole toda la vida, hasta decretarle la muerte civil.

Rotativas, balas, micrófonos, tinta, culateadas, cárceles y bobinas de infamias… nada se ahorró el enemigo en contra del héroe.

Carlos fue denigrado a dos bandas, desde los medios de Somoza hasta los de la derecha opositora, porque su visión era amplia. Les resultaba un estorbo, porque trascendía la estrecha provincia libero-conservadora.

Antes dieron cuenta del general Sandino, con una ristra de vituperios. Y ahora, le sigue en el turno, la actual dirigencia del Frente Sandinista. “No hay nada nuevo bajo el sol”, dijo Salomón.

“A mí no me extraña que los órganos de la propaganda somocista, tal como el diario Novedades, tuerzan y retuerzan el modo de pensar de las personas que como yo formamos parte de la oposición” (…) “El diario La Prensa desde hace tiempo ha secundado la propaganda en que se me describe como militante comunista y como adicto al marxismo leninismo, y esto es falso” (CF. Cárcel de La Aviación, 8 de julio de 1964).

II

El objetivo supremo de deslegitimar a Carlos, Daniel, Rosario y el Frente Sandinista, es porque se supone que el 21 de febrero de 1934 las cúpulas “corrigieron” la historia.

Si se revisan “las páginas fatales” de Nicaragua, el general de Niquinohomo y Carlos provocaron desde envidias hasta odios en todo el arco bilis de las paralelas históricas.

Los Moncada y los Chamorro, pasando por los Somoza y los Cuadra Pasos, no toleraron la empatía de Sandino con el pueblo; lo mismo sucedió con Carlos, por lo novedoso de sus propuestas y porque, pese a su juventud, le enseñó a la “liga” de “sabios”, hombres de holguras económicas, que él si tomaba la vida en serio. Lo demás eran inútiles juegos de chicos bien.

De ahí quedan esos furibundos resentimientos, sin fecha de vencimiento, que luego sus herederos se encargarían de darle su pasadita de pintura “política” hasta hoy.

Que el comandante Ernesto Guevara no aprobara la aventura de Olama y Mollejones, pero sí se sintiera el Che con la columna guerrillera “Rigoberto López Pérez”, en junio de 1959, donde militó el jovencito Fonseca, explica un rencor bien cuidado hacia todo lo que se llama Cuba, Revolución y Fidel. Y, por extensión, al FSLN y su conducción, precisamente por su identificación plena con la República de Martí.

Un viejo traido, pues.

III

El Frente Sandinista volvió al poder porque su código genético es el de Sandino. Y quienes bajaron de Sierra Maestra, Fidel, Raúl, son los más autorizados para hablar de Revolución y saber cuándo esta es real o postiza.
De ahí que en el 36 aniversario, el Primer Vicepresidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, revalidara la confianza en el único sandinismo viviente, el FSLN, y su liderazgo:

“Hoy que regresamos representando al Pueblo Cubano, vemos una Revolución Sandinista que se consolida, que crece, que es triunfadora. Vemos un Gobierno liderado por el Comandante Daniel Ortega, y por la Compañera Rosario Murillo, que es apoyado por la mayoría de los nicaragüenses”.

El Frente no se había ido de la Historia. Y la historia no es una carretera recta, lógica, pura, sin baches y sin abismos a los lados. Entenderlo exige salir ileso de las ortodoxias y ser herido de realidades para curar los males de la sociedad.

La Revolución Cubana confirma, en la voz de Díaz-Canel: “A partir del retorno del Frente Sandinista en el año 2007, le expresamos a nuestro comandante hermano Daniel Ortega, que el pueblo heroico y noble de Nicaragua podía recibir todo el apoyo solidario y comprometido del pueblo de Cuba en la construcción de una sociedad mejor…”.

En Nicaragua la única izquierda existente se reinventó cuando los paradigmas y los amarillentos manuales colapsaron por inviables con todo lo que precariamente sostenían: el socialismo del Este europeo. De ahí la desconfianza de muchos y la pregunta que solo los hechos contestarían: Quo Vadis FSLN?

Vale tanto que la respuesta concluyente sobre los efectos de la Ideología Revolucionaria Nacional, anunciada por Carlos, la ofrezca Cuba. Su Vicepresidente testifica:

“Exhibe Nicaragua importantes logros en esferas de la vida económica, de la vida social, de la cooperación, y de las inversiones. Y por lo tanto, los cubanos, los cubanas, nos sentimos orgullos de estar participando con ustedes en esta Histórica Etapa de la Revolución Sandinista”.

Difícilmente otro liderazgo hubiese mantenido cohesionado al FSLN. Las pruebas son tangibles. Quienes se fueron del Frente también se llevaron lo que tampoco pertenecía estructuralmente al sandinismo: la mala levadura de la división, su invicta soledad y sobre todo, el triste pensamiento que solo florece en el pantano de las amarguras profundas… considerar nuestra patria bendita un “paisito”.

El FSLN no es un partido de ángeles y es más que un encendido discurso antiimperialista; está hecho de hombres y mujeres que quieren una Nicaragua grande.

Si no, ¿para qué sirve una Revolución?
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