Tira Cuba

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sábado, 24 de enero de 2015

UNIDAD, un legado martiano… I Parte.



Por Gustavo de la Torre Morales.



El imperialismo yanqui, rancio, desgastado y aislado sistema, con ínfulas de mostrarse gendarme del mundo, desea continuar revelando al mundo, como fórmula divina y salvadora de la “libertad” y la “democracia”, la niebla del pluripartidismo; por ello, con vileza enjuicia a Cuba por sostener un sistema político diferente, basado en la unidad de los miembros integrantes de la sociedad, actores fundamentales en la lucha por defender la soberanía e independencia del país.

Desde la vieja Europa Occidental, creída renovada en la norteamericanización de su estructura, comprada por un Plan Marshall, se presta servil a los mandatos de ese imperialismo yanqui y enfila de igual manera sus cotorrones Monopolios Mediáticos, levantando polvaredas propagandísticas, acusando al proceso socialista cubano de “antidemocrático y represivo”. El argumento acusatorio más cacareado, para demostrar la carencia de democracia en Cuba, es la existencia de un solo ente político, el Partido Comunista de Cuba (PCC), al cual colocan como férreo bloque de la “dictadura de los hermanos Castro” y con únicas facultades para participar en las elecciones.

A esos dos sistemas (el estadounidense y el europeo) compuestos por políticos de bares, de amiguetes que comparten fortunas en paraísos fiscales, quienes juegan a repartirse el mundo entre el belicismo y el caos y donde el mercado frivoliza todo vestigio humano; también se suma los conciertos de títeres hundidos en la mediocridad del servilismo, mercenarios (bautizados con “dulzor” como disidencia) que responden a intereses foráneos, se hacen eco de los cánticos de sirena y colaboran con vileza en la manipulación de la realidad cubana.

Sin embargo, sólo basta adentrarse en las páginas de la historia de Cuba y conocer desde dentro su realidad actual y se comprenderá que los argumentos urgidos para atacarla no tienen base alguna, incluso se desmoronan por la carente moralidad de quienes los vociferan como si éstos fuesen banderines de feria.

Acertar en una adecuada percepción de la realidad cubana, se hace necesario conocer el ideario martiano, nutriente imprescindible que consolidad los principios fundamentales de sostenibilidad del sistema político cubano.



I- “Unámonos, cubanos, en esta otra fe: con todos, y para todos”. (1)

José Martí, Licenciado en Filosofía y Letras, Licenciado en Derecho Civil y Canónico, fue un político revolucionario, pensador, escritor, periodista y poeta, un cauce donde convergieron fuentes que constituyeron destacadas figuras y nuclearon su formación: el Presbítero Felix Varela, quien influyó en establecer el carácter de Nación e independencia; José de la Luz y Caballero, destacado pedagogo y fundador de la escuela cubana, o Rafael María de Mendive, quien fortaleció la educación y la cultura de Martí. Como dijera Armando Hart Dávalos, José Martí sintetizó de modo ejemplar una larga legión de héroes, próceres y pensadores de un siglo de hechos e ideas reveladores del carácter singular del proceso independentista cubano que transcurre en la segunda mitad del siglo XIX y que es parte inseparable de la epopeya libertaria de nuestra América iniciada a comienzos de ese propio siglo con Bolívar como su figura más descollante.” (2)

Martí logra discernir, entre las diferentes causas, el principal factor que conllevó al fracaso de las contiendas independentistas, en la Guerra de los 10 años (1968-1978) y en la Guerra Chiquita: la división. 

La única manera de alcanzar la independencia de Cuba, era cohesionar todas las fuerzas revolucionarias y anticolonialistas, limando sus diversas contradicciones regionales, sectarias y de caudillismo de los jefes militares de las fuerzas combativas.

En la segunda mitad del siglo XIX era ya costumbre la formación de partidos políticos para participar, a través de éstos, en procesos electorales a intereses de grupos específicos de clases sociales; pero José Martí pensó en crear un Partido con otro fin, uno mayor que cumplir con la ambición de minoritarios sectores o de una sociedad dividida a golpes de injerencias, de entreguistas u oportunistas, mientras el resto más vulnerable y mayoritario se desangraba. Un fin de cohesionar en sus filas a miembros cargados de sensatez al cumplir los propósitos del llamado de la Patria; porque, como él mismo dijo, al proceso libertador le faltaba un sistema revolucionario, de fines claramente desinteresados, que aleje del país los miedos que hoy la revolución le inspira, y la reemplace por una merecida confianza en la grandeza y previsión de los ideales que la guerra llevará consigo en la cordialidad de los que la promueven, en el propósito confeso de hacer la guerra para la paz digna y libre, y no para el provecho de los que sólo vean en la guerra el adelanto de su poder o de su fortuna" (3).

La creación del Partido Revolucionario Cubano (PRC), fue el instrumento de engranaje que logró unir a todos los revolucionarios, y siendo Martí elegido como figura dirigente principal, Delegado del Partido, solicitó el concurso de todos los que por su prestigio, su virtud y su inteligencia puedan contribuir a vigorizar la organización que no tiene por objeto el engrandecimiento, ni la victoria de unos cubanos sobre otros, sino la ordenación necesaria para fundar con todos los cubanos, con todos los habitantes honrados de la isla, sin miedo al sacrificio ni exceso innecesario de él, un pueblo equitativo y feliz" (4).

El Partido (PRC) supo dirigir con acierto el curso de la contienda, pero importante en esto jugó el papel concientizado de sus miembros, de verse nutrido por las enseñanzas de prominentes figuras; característica señalada por Martí al decir: “¡Bello es ver a un partido de revolución, que quiere seguir la obra radical de los padres y criar raíces nuevas, no entrar en la vía oscura, preñada de derrotas y de sangre, de los celos entre guías y caudillos, ni rebajar la gloria de componer una república durable a la tarea relativamente mezquina de continuar en una república nominal las injusticias y desdenes feudales de una factoría que no se puede echar abajo sin el sacrificio y la ayuda de aquellos con quienes se es desdeñoso e injusto!” (5).

Pero llevar a cabo la Guerra Necesaria de 1895 y ganarla, no se lograría únicamente teniendo un solo mando militar en la dirección, respondiendo a un único sentido político, sino que el organismo político tenía como fin alcanzar un elemento fundamental para lograr la independencia de Cuba. Para ello, José Martí logró engrandecer el concepto de UNIDAD, purgando latentes componentes que también incidieron en crear división y segregación social; lo más importante era la formación de valores que dieran el justo culto a la dignidad del ser humano, haciendo un correcto uso de las virtudes personales, y así, buscar la libertad y justicia para todos por igual. Por ello sentencia que el hombre es el mismo en todas partes, y aparece y crece de la misma manera, y hace y piensa las mismas cosas, sin más diferencia que la de la tierra en que vive(6). El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la Humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas(7). Sus palabras dejaban bien claro que el Partido (PCR) constituía una agrupación pluriclasista, la casa política de todos los cubanos buenos, sin importar la edad, raza, sexo o posición social; donde incluso no importaba la nacionalidad de la persona si ponía su empeño en la causa de la lucha emancipadora.

Poco después de la fundación del Partido (PRC), en las páginas del Periódico Patria, el propio José Martí, fundador de ambos instrumentos (el Partido y el Periódico) define el significado que tiene el órgano político: "(...) el Partido Revolucionario Cubano, nacido con responsabilidades sumas en los instantes de descomposición del país, no surgió de la vehemencia pasajera, ni del deseo vociferador e incapaz, ni de la ambición temible, sino del empuje de un pueblo aleccionado, que por el mismo Partido proclama, antes de la república, su redención de los vicios que afean al nacer la vida republicana. Nació uno, de todas partes a la vez. Y erraría, de afuera o de adentro, quien lo creyese extinguible o deleznable. Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano" (8).

II- "Es necesario hacer de cada hombre una antorcha" (9)

Sin embargo, la caída en combate de José Martí, junto a la pérdida física de Antonio Maceo y otros buenos revolucionarios, además de la sucia intervención del gobierno norteamericano en el conflicto hispano-cubano, fueron factores que conllevaron al robo descarado de la independencia a Cuba.
Estados Unidos ya había dado señales, desde casi un siglo atrás, de las intenciones de anexar a Cuba como una estrella más a la bandera del Monstruo de la Siete Leguas, como denominó Martí al imperialismo naciente. El gobierno de Estados Unidos conocía del carácter independentista latente en la población cubana; por lo tanto, era necesario desarticular toda estructura insurrecta con el objetivo de apagar la rebeldía y sumir al pueblo cubano en la humillante sumisión.

Con la muerte de José Martí, poco después de haber comenzado la contienda de 1895, asume la presidencia del Partido Tomás Estrada Palma, quien había sido partícipe de la gesta de 1868, pero con la nueva situación, adoptó un carácter inconsecuente y pro-norteamericano, prefiriendo un giro oportunista de apoyo a la anexión.

Fue el propio gobierno de ocupación militar establecido por Estados Unidos, quien se encargó de aniquilar el Partido Revolucionario Cubano e impuso un sistema neocolonial que convertía a Cuba en un país totalmente dependiente. En sus inicios, la vida política en Cuba giraba en torno a “legalizadas” intervenciones militares que aseguraron una economía cubana supeditaba a los intereses del capital monopolista norteamericano y que buscó la quiebra de la identidad nacional con la penetración cultural. Posteriormente, la estructura social del país se conformó a través de la disputa política de diferentes Partidos por el poder; lo cual sirvió para dividir mucho más a la sociedad cubana, profundizar la pobreza, entablar la prostitución y el juego como modo vicioso de vida y que primara la desenfrenada corrupción como beneficio de gobiernos de turnos que para mantener el estatus de privilegios a la burguesía nacional, se plegaban a los intereses norteamericanos, entregando las riquezas nacionales y manteniendo un estado de represión contra todo brote de indocilidad proveniente de los sectores mayoritarios desfavorecidos y explotados, donde se incluyó la tortura y el asesinato de dirigentes políticos y sindicales.

Estos males creados por la República neocolonial fueron detonantes que ayudaron a la adquisición de una mayor consciencia política en sectores de la sociedad. Resaltaron varias figuras revolucionarias curtidas, que encontraron en las obras y epistolario martiano las líneas indivisibles en un entrañable paralelismo con las enseñanzas del marxismo. Carlos Baliño, proveniente de las filas del PRC fundado por Martí, y Julio Antonio Mella, nieto del general Ramón Matías Mella, prócer de la independencia del pueblo dominicano. Este último, devenido líder estudiantil y cabal revolucionario cubano, supo ver la universalidad del pensamiento humanista de José Martí, funda la Universidad Popular con el propósito de impartir instrucción política y académica a los trabajadores, depositando la dirección de la misma en otro ferviente revolucionario y líder de la joven intelectualidad cubana, Rubén Martínez Villena.

Mella, cofundador del primer Partido Comunista de Cuba (1925) y Villena, ambos articulando el pensamiento político-revolucionario del siglo XIX manifestado en la obra martiana, ponen sus esfuerzos en fortalecer los nexos de continuidad, reconociendo en las enseñanzas de Martí, la necesidad de empuje y desarrollo de una ética en el quehacer revolucionario, dirigida hacia el rescate de la dignidad nacional, basados en una actitud de constante crítica y valentía tanto en el plano social como en la militancia partidista, acercando a la masa obrera y trabajadora a esa masa intelectual pujante, la cual aportaría los conocimientos necesarios para la comprensión de la situación nacional e internacional; creando una cultura política que posibilitara afrontar los retos en la lucha antiimperialista y por el latinoamericanismo. Pero, por sobre todas las cosas, apuntalar el principio de UNIDAD de los revolucionarios, proclamada en ese entonces por la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC-1928), que tenía como objetivo el conducir una insurrección nacional, aunque no dio al final su fruto.

El golpe de Estado llevado a cabo por Fulgencio Batista (10 de marzo de 1952), con el visto bueno de la embajada norteamericana, y el montaje de otro gobierno servil a la Casa Blanca y a la corruptela política del país, sacó a la luz la figura de joven abogado Fidel Castro, quien había despuntado como líder estudiantil, y junto a la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), organización que se unió a las clases vivas de la sociedad para hacer frente a las injusticias del tirano Fulgencio Batista, no dejaron morir al Apóstol José Martí en el año del centenario de su natalicio. En vísperas del 28 de enero de 1953, organizaron una marcha, donde la propuesta de portar antorchas encendidas, realizada por Alfredo Guevara, tuvo la máxima aceptación. Las antorchas simbolizaban a Martí como motor impulsor de la revolución y las llamas representaban a esos jóvenes como los Pinos Nuevos que levantaban, una vez más las banderas de lucha por una Cuba libre.

De las fuerzas políticas que mostraban un estricto carácter antiimperialista y contra la tiranía batistiana, por construir una revolución democrática en el país, se encontraba el Partido Socialista Popular (PSP), heredero del primer Partido Comunista de Cuba que tuvo que pasar a la clandestinidad al ser ilegalizado y que se vio forzado a adoptar otros nombres, como Partido Unión Revolucionaria Comunista (y más tarde PSP). Éste, para el momento histórico que se vivía en Cuba, también asumió la máxima martiana de crear UNIDAD para llegar a la Revolución, cual se realizaría a través del movimiento de masas, de la unión de las fuerzas popular en un poderoso bloque con organizaciones obreras, estudiantiles, campesinas y profesionales; objetivo que ya desde su VII Asamblea Nacional había proclamado la aprobación de la lucha por la constitución de un gobierno compuesto por un Frente Democrático Nacional (10).

Pero fue el Movimiento 26-de-Julio, dirigido por Fidel Castro, quien realmente logró aglutinar en torno a la lucha armada a las fuerzas políticas revolucionarias y antiimperialistas; sin embargo, el PSP no comprendió al inicio el método y la estrategia llevada a cabo por el movimiento guerrillero; por eso, sin descalificar la valentía y moral de los asaltantes a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, calificó de desesperada la acción armada. Pero poco después dio todo su apoyo cuando vislumbró que no había otra vía para esa Cuba bajo condiciones deprimentes y que Fidel Castro denunció en su alegato de defensa, denominado “La Historia Me Absolvera” (11), para esa Cuba gobernada por el gobierno dictatorial de Fulgencio Batista, donde la Constitución de 1940 había sido suspendida y se disolvían a los partidos políticos de izquierda, donde el gobierno imponía su dominio a través de métodos de cruda represión, persecución, tortura y el asesinato, con órganos represivos de actividades políticas y sindicales como el famoso BRAC (Buró Represivo de Actividades Comunistas), rodeado de déspotas matones dentro de la policía y sus secuaces mercenarios (Esteban Ventura Novo, Pilar García, Carlos M. Tabernilla (fallecido recientemente en Palm Beach), Conrado Carratalá o Rolando Masferrer) (12); además de la situación económica depauperante, donde los consorcios extranjeros dictaban con la venia del gobierno de Estados Unidos el camino a seguir por Cuba; la hambruna, el analfabetismo, los desalojos eran la realidad de la convivencia en un país donde los “derecho” los otorgaba o quitaba las fuerzas represivas; todo lo anterior, sumado a una desencadenada y cruda propaganda anticomunista que convirtió al McCarthismo en  bandera de persecución y linchamiento.

Mientras en Europa se desgastaban los dogmáticos teóricos del marxismo calificando la acción armada del M-26-Julio como aventurismo, hay que señalar que la estrategia adoptada por los jóvenes del movimiento mostró que era posible darle un rumbo diferente a la lucha por la instauración de una Revolución democrática.

Después de la dura pérdida de valiosos compañeros en el ataque al desembarco del Granma (2 de diciembre de 1956), por Playitas, la lucha armada realmente comenzó con sólo 12 hombres y ese puñado de hombres, en pocos meses, se convirtió en todo un ejército. Como calificaba el Comandante Fidel Castro en su discurso del 9 de abril de 1968, “era un pueblo que había adquirido una conciencia de lucha, un pueblo cuyo espíritu de rebeldía se había desarrollado: un pueblo que se había ido aglutinando no alrededor de los partidos tradicionales desprestigiados, sino un pueblo que se fue reuniendo alrededor de un movimiento revolucionario; un pueblo que se fue reuniendo alrededor de un pequeño núcleo de combatientes revolucionarios, de un pequeño ejército revolucionario; un pueblo que se fue formando, que soportó crímenes, atropellos, abusos, injusticias de toda clase, y que todo aquello lo llevaba bien por dentro; y un pueblo que se había ido orientando, que se había ido alertando, que se había ido preparando para una revolución” (13). 

El pensamiento patriótico, antiimperialista, democrático y socialmente avanzado de José Martí fue el cimiento en la formación de la tropa rebelde y de todos quienes se sumaron a sus filas. Hay que señalar que el papel desempeñado por el Ejército Rebelde como elemento unificador. Aunque fue organizado por el Movimiento 26 de julio, la política unitaria y antisectaria seguida por este propició la incorporación de todos los interesados en derrocar a la dictadura, independientemente de su filiación política, lo que facilitó consolidar un núcleo sólido de combatientes revolucionarios, cuya comunidad de intereses garantizaba la unidad monolítica forjada en la lucha (14).

El triunfo revolucionario alcanzado en enero de 1959 dio paso a una etapa Democrático Agraria Popular y Antiimperialista, donde sólo huyeron los esbirros implicados en los desmanes del gobierno batistianos, los burgueses y la camada de la corruptela política. El pueblo en general se sumó a las tareas de la Revolución.

El Movimiento-26-Julio, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido socialista Popular fusionaron sus fuerzas, despojándose de todo aquello que anteriormente los dividía. Así nacieron en 1961 las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), las cuales después se convirtieron en el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) el 26 de marzo de 1962, consolidándose el trabajo bajo un mando único hasta 1965, cuando en las reuniones territoriales ampliadas se adoptó el constituir un Comité Central y un Buró Político, además de adoptar el nombre de Partido Comunista de Cuba. Esta última decisión no era por simplemente revivir el pasado, sino recuperar las raíces históricas que dieron a la formación político ideológico del Partido: ser comunistas.

Sin embargo, esta afirmación anterior no debe tomarse como un divorcio con el pensamiento martiano; ya que el Partido era el fruto de la UNIDAD principio fundamental que puede conllevar a la victoria de la justicia. El Partido (PCC) era la unión voluntaria de las cubanas y cubanos que fueron capaces de mantener una postura firme de lucha frente a la dictadura y que se nutrieron en las enseñanzas humanistas, latinoamericanistas y antiimperialistas legadas por José Martí.

El líder de la Revolución cubana, Fidel Castro dejó por sentado que siendo marxista también era martiano y ha mantenido siempre el estar convencido de que si la vida hubiera hecho que Martí viviera en el entorno de Marx, entonces ambos hubieran compartido ideas idénticas; teniendo en cuenta que “... De este modo nuestro marxismo empezó alimentándose de un substrato original, no sólo en función de las necesidades y esencias patrias, sino también formado de una espiritualidad que le venía directamente de Martí (15).

III- “El pensamiento se ha de ver en las obras. (... ) Si inspiramos hoy fe, es porque hacemos todo lo que decimos. Si nuestro poder nuevo y fuerte está en nuestra inesperada unión nos quitaríamos voluntariamente el poder si le quitásemos a nuestro pensamiento su unidad" (16).

El Partido (PCC) es la vanguardia del pueblo combatiente y trabajador que recopila todo el ideario y patriotismo del nuestro martirologio, enraizado en la continuidad del legado revolucionario que nació en 1868 con el levantamiento armado en La Demajagua, dirigido por Carlos Manuel de Céspedes, y que se constata en su Diario como sugerencia para quienes formaban la Asamblea de Guáimaro, hombres de diversas posiciones pero que los unía el deseo de liberar a Cuba: mantengamos todos la unión, la sensatez y la vigilancia contra las maquinaciones del enemigo (17).




El Partido Comunista de Cuba no fue creado para dividir la sociedad cubana, ni para responder a un sector determinado y simpatizante; sino para romper con todo el esquema oligárquico de la burguesía proveniente de la neo-república y convertirse el ente político para todos los cubanos, podio para escuchar y analizar las diferentes opiniones y espacio participativo para el trabajo político y social de toda la población, sin excepciones de raza, sexo, condición económica, profesión o credo religioso. Motivo suficiente para que el Comandante Fidel Castro, en el Primer Congreso del Partido (PCC) certificara la existencia de un Partido unido estrechamente en la ideología, en la comunidad de propósitos. Tenemos una Dirección unida estrechamente. Por eso podemos decir que nunca la Revolución fue más fuerte, nunca el Partido y el pueblo estuvieron más unidos, nunca nuestra conciencia revolucionaria fue más alta (18). Y después ratificara en acto público, para que no quedara duda alguna, frente a las masas populares, en la Clausura de ese Primer Congreso de qué fibra está constituido el Partido (PCC) al decir: “Nuestro pueblo sabe quiénes integran el Partido, sabe que esos militantes fueron seleccionados en los centros de trabajo con la activa participación de las masas; sabe que en el Partido militan los mejores obreros, sabe que en el Partido militan los mejores ciudadanos, y sabe que para el Congreso los comunistas eligieron entre los mejores comunistas para trazar la línea del Partido. Y por eso, nuestro pueblo se siente representado en el Partido… “Pero además, las tesis más importantes fueron discutidas con todo el pueblo. El pueblo participó en la elaboración de esas tesis y en la elaboración de la política de los años futuros. ¡Y por eso sabe que las tesis y los acuerdos del Congreso son sus tesis y son sus acuerdos!”… (…) Somos fuertes, y somos todo un pueblo unido, porque las ideas que inspiran nuestra lucha son las ideas más humanas y más justas. Solo esas ideas habrían podido obrar el milagro de levantar y de unir a un pueblo entero; a un pueblo en el pasado explotado, en el pasado más remoto casi un pueblo de esclavos, más adelante un pueblo de obreros asalariados donde la más ultrajante diferencia de clase imperaba, donde la injusticia, el abuso y la explotación eran el principio supremo. Y ese pueblo muestra hoy esta unidad y esta fuerza, porque nuestras ideas son las ideas más humanas y más justas. Y no solo son las ideas de nosotros, los cubanos; son las ideas de todos los pueblos progresistas de la tierra, ¡son las ideas de todos los revolucionarios del mundo!(19).

Sin embargo, el sistema político escogido por Cuba y que dio luz a la Constitución de 1976, no fue una imposición a camisa de fuerza; sino que fueron muchos años de estudio y consulta popular, consolidándose después de haber sido analizado, debatido y aprobado por el pueblo el anteproyecto de la Constitución de la República; plebiscito en el cual participó el 98% de los electores y de ellos el 97,7% aprobó la Carta Magna en un sufragio libre, directo y secreto.

La gran diferencia entre el sistema electoral cubano en referencia al del resto del mundo, radica en que en Cuba no postula el partido, no se ejecutan campañas electorales por organización política partidista alguna; sino que son los diferentes sectores de la sociedad los que participan desde la base en el proceso de selección de sus candidatos a nivel Municipal, Provincial o Nacional. Tienen tanto derecho los militantes del partido como los que no están afiliados a sus filas a ser elegidos como diputados a todos los escaños (20).

José Martí, quien logró vivir y analizar, desde un ángulo periodístico, crítico, pero sin perder un tono reflexivo sobre la práctica política del sistema capitalista, el cual encontró que era recia, y nauseabunda, una campaña presidencial en los Estados Unidos. (…) antes de que cada partido elija sus candidatos, la contienda empieza. Los políticos de oficio, puestos a echar los sucesos por donde más les aprovechen, no buscan para candidato a la Presidencia aquel hombre ilustre cuya virtud sea de premiar, o de cuyos talentos pueda haber bien el país, sino el que por su maña o fortuna o condi­ciones especiales pueda, aunque esté maculado, asegurar más votos al partido, y más influjo en la administración a los que contribuyen a nom­brarlo y sacarle victorioso(21). De igual manera, tanto en su epistolario como en su ensayo “Nuestra América” (22), Martí expresa que el despunte imperialista anglosajón ya representaba un alto peligro para los pueblos de Latinoamérica, entre ellos Cuba.

Muy a pesar de la fortaleza del sistema democrático cubano, los enemigos de Cuba se empeñan en desprestigiar nuestro sentido de unidad, complotando campañas propagandísticas que confunden la opinión pública, tergiversando nuestra historia y nuestra realidad. Se empeñan en presentar el pluripartidismo como sinónimo de democracia y como Cuba no se acoge a esa fórmula la presentan como una “pecadora” de corte dictatorial por la existencia de un solo partido.

Pero ellos no han comprendido, o no les conviene que se comprenda, que el Partido Comunista de Cuba está para orientar, controlar y dirigir el desarrollo político, económico y social del país, para mantener como tarea esencial el trabajo político ideológico en vínculo directo con las masas.

Para entender el papel que juegan el pueblo y el Partido (PCC) dentro del socialismo en Cuba, sólo se necesita acudir a la Constitución de la República de Cuba, en su Capítulo 1 a sus Artículo 1 y Artículo 5:

ARTÍCULO 1. Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana.


ARTÍCULO 5. El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista.

Por estas razones expuestas anteriormente es que Cuba viene construyendo y desarrollando, desde enero de 1959, una obra revolucionaria, donde la figura y obra de José Martí es intrínseca e indisolublemente parte de la ideología y actuar político del pueblo cubano, quien día a día pone en práctica sus enseñanzas y reevaluando como factor fundamental de fortaleza social y victoria, el principio de UNIDAD.



Biografía:
(1)   José Martí. Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, Tomo 4, p. 269.
(2)   Armando Hart Dávalos,José Martí, nuestra América y el equilibrio del mundo, Bohemia, http://www.bohemia.cu/dossiers/historia/josemarti/marti_hart.htm.
(3)   José Martí: Carta a José Dolores Poyo, del 29 de noviembre de 1887. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. I, p.211.
(4)   Carta a Gonzalo de Quesada." Nueva York, 9 de mayo de 1892. Tomo 1. Página 439.
(5)   "La proclamación del Partido Revolucionario Cubano el 10 de abril." De Patria, Nueva York, 16 de abril de 1892. Tomo 1. Página 389.
(6)   Martí, José. Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, tomo 18, p. 357.
(7)   Ídem, tomo 6, p. 22.
(8)   José Martí: El Partido Revolucionario Cubano. Obras Escogidas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, t. III, p. 84.
(9)   José Martí – Nuestra América. Edición Crítica. Cintio Vitier. Centro de estudios Martianos. La Habana, 2000.
(10)  Angelina Rojas Blaquier, Primer Partido Comunista de Cuba, pp. 178-198.
(11) Fidel Castro Ruz, Alegato de defensa “La Historia Me absolverá”, Cubadebate, http://www.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2009/05/la-historia-me-absolvera-fidel-castro.pdf
(12) Gustavo de la Torre Morales, “Las artimañas del perro que se muerde la cola”, Blog Antorcha Encendida, 26 de abril de 2010, http://antorchae.blogspot.com.es/2010/04/las-artimanas-del-perro-que-se-muerde.html
(13) Fidel Castro, Discurso del 9 de abril de 1968, periódico Granma, La Habana, 10 de abril, 1968.
(14) Primer congreso del Partido Comunista de Cuba, Informe Central. Departamento de orientación Revolucionaria CC-PCC, La Habana, 1975, p. 178.
(15) Fidel Castro Ruz. Fidel y la Religión. Editorial de Ciencias Sociales. 1995.
(16) José Martí: Generoso Deseo. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. I, p. 424.
(17) El discípulo, sitio web La Joven Cuba, ¿Por qué un Partido Único? “Segunda Parte”, 13 de mayo de 2010, http://jovencuba.com/2010/05/13/%C2%BFpor-que-un-partido-unico-%E2%80%9Csegunda-parte%E2%80%9D/
(18) Fidel Castro, Discurso pronunciado en la Clausura del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado en el Teatro "Carlos Marx", el 22 de Diciembre de 1975.
(19) Fidel Castro, Discurso pronunciado en el acto de masas con motivo de la Clausura del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. Plaza de la Revolución, 22 de Diciembre de 1975.
(20) Gustavo de la Torre Morales, Sistema Electoral Cubano, http://antorchae.blogspot.com.es/2013/02/sistema-electoral-cubano.html
(21) José Martí, Historia de la caída del Partido Republicano en los Estados Unidos y del ascenso al poder del Partido Demócrata, Obras Completas. La Habana, Editorial Nacional, 1963-1973, X, pp. 185.


(22)   MARTÍ, José. Nuestra América. Barcelona (España), Biblioteca Ayacucho, 2ª edición, 1985, t. XV. Impreso.
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