Tira Cuba

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jueves, 5 de septiembre de 2013

La última travesía del Acorazado Maine y la mentira para una guerra

File:USS Maine ACR-1 in Havana harbor before explosion 1898.jpg

El conflicto que se avecina sobre el tema Siria, me ha traido a la memoria las multitudes de orquestaciones creadas por los gobiernos norteamericanos y sus lacayos para llevar a cabo agresiones contra otros pueblos.

Ya la época de la colonización es vista con gran desprecio por el barbarismo que ha dejado en las páginas de la historia de la humanidad; aunque también se llevó a cabo bajo la excusa de "extender la civilización" a otros remotos rincones y a atrasadas poblaciones (Por cierto, muchas de ellas exterminadas bajo la condición de esclavas).

Irak pasó por esa canalita de manipulaciones sobre armas de destrucción masiva; pero por mucho que se ha desmostrado que fue una burda mentira, el imperialismo no ha pedido perdón por ello; sino que va con otro plan de guerra bajo el brazo: Siria, Irán, etc.

Cuba fue también víctima de una invasión estadounidense injusta y mezquina a finales del siglo XIX, la cual se ha demostrado con los años que a los gobiernos de Estados Unidos no les interesa poner muertos (aunque sean coterráneos, ya que en la voladura del Maine perdieron la vida las tres cuartas partes de su tripulación), si con ellos se logra el objetivo mayor.

Por todo esto, traigo un artículo escrito por Gustavo Placer Cervera, publicado en la Revista Cubana de Pensamiento e Historia Caliban, donde expone toda la trama para llevar a cabo tal magnicidio, el cual justificara la invasión deseada sobre Cuba.

"1898: Preparación de la Intervención Militar Norteamericana en Cuba"

La intervención militar norteamericana en Cuba en 1898 fue la materialización de un proyecto largamente acariciado por la cúpula del poder estadounidense. La idea de apoderarse por la fuerza de la mayor de las Antillas fue concretándose a través de un conjunto de planes en los que la Marina de Guerra norteamericana desempeñaba un papel protagónico. Los primeros de estos planes se confeccionaron inclusive antes del 24 de Febrero de 1895, cuando los patriotas cubanos reiniciaron la lucha armada por la independencia En este trabajo se explica, de manera sucinta, aquel proceso.

Planes de la Marina norteamericana para la guerra contra España

La confección de planes operativos para la flota era tarea de la Oficina de Inteligencia Naval, (ONI), que dependía directamente del secretario de Marina. Esta planificación se basaba en la información obtenida por diversas fuentes. La ONI analizaba información obtenida a través de fuentes públicas y privadas. Tenía también acceso a los informes diplomáticos y consulares que enviaban al Departamento de Estado las embajadas, legaciones y consulados y, además, tenía sus propios representantes en varias naciones, incluyendo España: un grupo de agregados navales que prestaban servicio en embajadas y legaciones en el extranjero. Estos agregados enviaban sus informes directamente a la ONI donde eran evaluados y procesados. Con frecuencia, para la confección de planes operativos, se formaban grupos especiales que estaban integrados por oficiales de la ONI y del Colegio de Guerra Naval (NWC) situado en Newport, Rhode Island.[1]
 
Una sucesión de planes navales y estudios de inteligencia dotó a la Marina de Guerra de una base para la acción en la guerra. Ya en 1894, el Capitán de Fragata Charles J. Train confeccionó el primero de estos planes de campaña en el Colegio de Guerra Naval, considerando que la armada española actuaría en el Caribe desde su principal base europea situada en Cádiz.

De acuerdo con este plan, los Estados Unidos bloquearían las costas de Cuba, ocupando varios puntos del litoral, que servirían como estaciones carboneras. Se preveía un combate naval en el Caribe entre una flota española agotada y dependiente de bases muy alejadas y una flota norteamericana fresca y bien asegurada por bases cercanas al teatro de acciones combativas.
En 1895 otro plan fue confeccionado en el Colegio de Guerra Naval. En este nuevo documento se tomaban en cuenta los cambios en la situación creados por la reanudación, el 24 de febrero de ese año, de la lucha armada en Cuba contra el régimen colonial español. Adaptándose a estas circunstancias, los planificadores enmascaraban sus intenciones expansionistas al enunciar que el objetivo de sus planes era "ayudar a Cuba a obtener su independencia". Entre las medidas propuestas estaba la de llevar a cabo operaciones en el Pacífico para evitar así que España pudiera reforzar su flota en el Atlántico. De acuerdo a los cálculos, España necesitaría por lo menos cuarenta días para reforzar sus unidades y tropas en Cuba, lo que permitiría a los Estados Unidos efectuar desembarcos en Bahía Honda y Cabañas (después de hacer una demostración en Matanzas) para preparar la toma de La Habana. Mientras tanto, se contemplaba en el plan que las fuerzas cubanas combatieran contra las unidades españolas en la región oriental del país, para lo cual se les proporcionaría ayuda logística y financiera. Para llevar a cabo la campaña contra La Habana, el ejército norteamericano emplearía un cuerpo avanzado de unos 30 mil hombres de sus fuerzas regulares y 250 mil voluntarios que se alistarían para un período de tres años. Simultáneamente, la Marina de Guerra se prepararía para interceptar a la expedición que España enviaría a Cuba y Puerto Rico con refuerzos. Como compensación a sus esfuerzos, los Estados Unidos recibirían Isla de Pinos, donde podrían instalar bases navales.[2]
 
A mediados de 1896, un oficial de la ONI, el Teniente de Navío William W. Kimball asignado como oficial de inteligencia en el NWC, propuso el primer plan confeccionado en las oficinas del propio Departamento de Marina. El documento, que llevaba por título Guerra con España, se planteaba una guerra estrictamente naval, partiendo del criterio de que las operaciones navales serían menos costosas. En el plan se preveía que el teatro principal de operaciones sería el Mar Caribe. Si fuera necesario el empleo de tropas de ejército, sus acciones tendrían carácter limitado. Podrían llevarse a cabo desembarcos en Bahía Honda y Matanzas, encaminados a someter a La Habana. Tampa sería empleada como base para la concentración del ejército. Matanzas era considerada como idónea para ser usada como base avanzada para operaciones en Cuba debido a la amplitud y profundidad de su bahía. El objetivo de la Marina norteamericana sería el de obtener el dominio del Estrecho de la Florida y sus accesos para hacer posible los desembarcos y la captura primero de Matanzas y después de La Habana. La caída de La Habana significaría, según el plan, el fin de la guerra "porque es la única plaza fuerte de importancia estratégica en la Isla, y su captura es prácticamente equivalente a la conquista de Cuba".

Para apoyar el esfuerzo principal en el Caribe, el plan de Kimball proponía dos campañas secundarias. Una escuadra sería enviada a aguas españolas para hostilizar el tráfico marítimo, efectuar incursiones contra puntos del litoral y fijar a las fuerzas principales de la Armada española. Mientras tanto, otra fuerza, la Escuadra Asiática, llevaría a cabo operaciones contra Manila, principal puerto y capital de las Islas Filipinas, con el objetivo de tomarla y obtener así el control del comercio de esos territorios y una base naval de importancia estratégica.[3]
 
Diferencias de criterios entre el Departamento de Marina y el Colegio de Guerra Naval ejercieron su influencia en la planificación posterior. En noviembre de 1896, un plan confeccionado por el Departamento excluía las operaciones en el Pacífico, previendo en su lugar la conquista de las Islas Canarias, en el Atlántico. Este archipiélago se emplearía como base para operaciones contra las costas españolas. Pero esta medida supondría la división de la Escuadra del Atlántico Norte por lo que el plan fue objeto de críticas por parte del presidente del Colegio de Guerra Naval, Capitán de Navío Henry C. Taylor quien, en un documento titulado Sinopsis del Plan del Colegio de Guerra Naval para la Campaña en Cuba en una guerra con España, abogada por la concentración de la flota en el Caribe. El documento de Taylor, que era de hecho un nuevo plan, hacía énfasis en que el elemento clave era el máximo de preparación del comienzo de las hostilidades, ya que esto permitiría a los Estados Unidos llevar a cabo determinadas operaciones antes de que España pudiera reaccionar enviando al teatro sus principales fuerzas navales, y tropas de refuerzo a Cuba. Entre esas operaciones, Taylor proponía el empleo de los acorazados norteamericanos para atacar las costas de Cuba, bloquearlas y capturar Cienfuegos y otros puntos como bases; capturar Bahía Honda o Matanzas como base de operaciones terrestres contra La Habana, que requerirían el empleo de unos 60 mil hombres. Todas esas acciones se preveía realizarlas en un plazo menor de 30 días.[4]
 
No satisfecho con los planes propuestos, el Departamento de Marina creó un grupo especial encabezado por el Jefe del Buró de Navegación, Contralmirante Francis M. Ramsey, para elaborar un nuevo plan de campaña que fue presentado a mediados de diciembre de 1896. En el mismo se hacía énfasis en el bloqueo de Cuba y Puerto Rico y se prestaba mayor atención que en los planes anteriores al papel a desempeñar por las fuerzas terrestres que ocuparían puntos de Cuba tomados por la Marina. Asimismo, se preveía una mayor ayuda a las tropas del Ejército Libertador Cubano, quienes debían transportar a tierra la mayor parte de las cargas pesadas. La Escuadra Asiática, en lugar de actuar contra las Filipinas, se trasladaría a aguas europeas donde se uniría a la Escuadra Europea para capturar una base en las Islas Canarias y desde allí combatir a los buques españoles en sus propias aguas y hostigar el tráfico marítimo. Estas medidas, por supuesto, suscitaron la crítica del Colegio de Guerra Naval.[5]
 
En junio de 1897 el plan del Departamento de Marina fue sometido a revisión por un nuevo grupo de trabajo. Los cambios introducidos fueron considerables, restaurándose el ataque a las Filipinas y, aunque se mantuvo la idea de enviar una escuadra volante a aguas de España, -como medio para retener a los buques españoles en sus bases-, se eliminó la captura de las Islas Canarias, incluyéndose la ocupación de Puerto Rico para evitar que pudiera ser empleada como base de la Marina española.[6]
 
En el verano de 1897 el Colegio de Guerra Naval elaboró otro plan que se diferenciaba de los anteriores por el énfasis que hacía en las defensas costeras del litoral atlántico de los Estados Unidos contra posibles ataques de buques españoles. Para frustrar esta amenaza, el plan proponía que las fuerzas navales norteamericanas se concentraran para interceptar a las fuerzas enemigas antes de que pudieran actuar. Los planificadores estaban convencidos de que sería una imprudencia dispersar los buques a lo largo de la costa para defender varios puertos y bahías. Este plan -lo mismo que los anteriores- mostraba que la Marina no había logrado unificar criterios sobre lo que debía hacer en el caso de una guerra contra España.[7]
 
Se habrá podido apreciar que, aunque estos planes contenían variantes y contradicciones, algunos de sus elementos se repiten con relativa frecuencia. Entre esos elementos están el bloqueo de Cuba y Puerto Rico, una operación terrestre contra La Habana, la ocupación de Puerto Rico, un bloqueo o asalto contra Manila y ataques navales contra objetivos en aguas españolas -ciudades costeras, posesiones insulares y el tráfico marítimo en general-. Todos los planes suponían que la Marina sería responsable de la mayor parte de la carga operacional, restringiendo las funciones del ejército a las de proteger localidades costeras y quizás apoyar a las fuerzas cubanas. La mayoría de los planes partían del supuesto de que las fuerzas navales norteamericanas tenían suficiente poder como para derrotar a los españoles en Cuba.

Preparativos preliminares de la Marina en vísperas de la intervención 

En el período de noviembre de 1897 a febrero de 1898, el Secretario Adjunto de Marina, Roosevelt, se afanó en los preparativos de la guerra que se avecinaba y de la que entre otras cosas, esperaba que la Marina y el Ejército obtuvieran útiles experiencias combativas, especialmente en la realización de desembarcos anfibios. Entre las medidas que proponía Roosevelt estaba la de reubicar los buques de manera que ocuparan las mejores posiciones posibles al inicio de la guerra. Otro aspecto para él importante era el de aumentar los suministros de municiones a las unidades. Además, tomaba medidas para la terminación de los trabajos en los buques que estaban reparándose y comprar nuevos barcos, particularmente carboneros, necesarios para el aseguramiento de las acciones combativas. Siempre agresivo, Roosevelt no ocultaba sus deseos de realizar incursiones contra ciudades costeras españolas, como Cádiz y Barcelona, empleando a la Isla Gran Canaria como base avanzada para una escuadra volante. Simultáneamente, el Secretario Adjunto movía sus influencias para el nombramiento de oficiales que le eran afines en los principales cargos de mando, como fue el caso del Comodoro Dewey, a quien se designó Jefe de la Escuadra Asiática.[8]
 
A fines de 1897, el gobierno español, realizando un esfuerzo tardío para mantener su presencia en Cuba, concedió a esta, y a Puerto Rico, el régimen autonómico que se hizo vigente desde el 1 de enero de 1898. Unos días después, el 12 de enero, se produjeron en La Habana disturbios provocados por elementos extremistas proespañoles, partidarios del ex-gobernador y capitán general Valeriano Weyler y enemigos de la autonomía recién implantada por su sustituto el general Ramón Blanco. En el curso de estos desórdenes, turbas entre las que se encontraban algunos militares españoles atacaron tres periódicos autonomistas y corrían por las calles gritando: "Muera Blanco" y "Viva Weyler". Estos incidentes fueron aprovechados por el cónsul norteamericano en La Habana, general Fitzhugh Lee, para reiterar, una vez más, su idea de la necesidad del envío de un buque de guerra a La Habana, aunque añadía, con cautela, en sus informes al Departamento de Estado, que aún no había llegado el momento más propicio y sugería, al mismo tiempo, como un momento adecuado la última semana de enero, ya que, en esa misma semana La Habana sería visitada por dos buques de guerra alemanes y así, la llegada del navío norteamericano, no llamaría tanto la atención.[9]

Coincidentemente, los preparativos de la Marina de Guerra estadounidense para un conflicto con España se aceleraban. Prueba de ello son algunos de los mensajes cursados a unidades que se encontraban en diversas partes del mundo.[10] Entre dichos mensajes había uno que tendría trascendencia histórica:

Washington, Enero 24, 1898.
SICARD, Dry Tortugas, Key West:

Ordene al Maine dirigirse a La Habana, Cuba, en visita amistosa. Presentará respetos a las autoridades. Deberá dedicar especial atención al acostumbrado intercambio de cortesías (...). La escuadra no volverá a Key West para evitar indiscreciones.
 
Long.[11]
 
En efecto, el 24 de enero, después de largas deliberaciones, el presidente McKinley decidió el envío al puerto de La Habana del acorazado de 2ª Maine. Para cubrir las apariencias, la administración norteamericana sostuvo que enviaba el buque, "como un reconocimiento al éxito de España en Cuba". Ese mismo día, a media mañana, el secretario de estado adjunto, John R. Day, se había reunido con el ministro español en Washington, Dupuy de Lome, y le manifestó el deseo de su gobierno de reanudar las "visitas navales de amistad" a Cuba, interrumpidas dos años antes. Al recibir el beneplácito del diplomático hispano, Day se lo comunicó inmediatamente al presidente y este, después de conferenciar con el secretario de marina, John D. Long, y con el general en jefe del ejército, mayor general Nelson A. Miles, decidió el envío del Maine. La decisión fue puesta en conocimiento inmediato del cónsul Lee y por la tarde Day se le informó a De Lome.[12] El 25 de enero, el Maine entró en la bahía de La Habana, culminando así su última travesía.
Notas



    [1] David F. Trask: The war with Spain in 1898, MacMillan Publishing, New York, 1981, p. 74.
    [2] Ibídem, pp. 74-75.
    [3] Ibídem, p. 75.
    [4] Ibídem, p. 76.
    [5] Ibidem, p. 77. Los firmantes de ese plan fueron el Contralmirante Francis M. Ramsey, jefe del Buró de Navegación; Contralmirante J. Bunce, jefe de la Estación del Atlántico Norte; Capitán de Navío William T. Sampson, jefe del Buró de Artillería y Capitán de Corbeta Richard Wainwright, jefe de la Oficina de Inteligencia Naval.
    [6] Ibidem, p. 77. El nuevo grupo de trabajo incluía como único miembro del anterior al Capitán de Corbeta Wainwright; lo componían además el Contralmirante Montgomery Sicard, jefe de la Estación del Atlántico Norte; Capitán de Navío Arent S. Crowninshield, jefe del Buró de Navegación; Capitán de fragata Charles O'Neil, jefe del Buró de Artillería y Capitán de Fragata Caspar F. Goodrich, presidente del Colegio de Guerra Naval. Como podrá apreciarse, si se compara esta nota con la anterior, en el curso de unos meses, habían tenido lugar, como consecuencia del cambio de administración, movimientos de cuadros en los principales cargos de dirección de la Marina de Guerra de los Estados Unidos.
    [7] Ibidem, p. 78.
    [8] Ibidem, pp. 79-80.
    [9] Philip S. Foner: La Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana y el surgimiento del imperialismo yanqui, La Habana, Ed. Ciencias Sociales, Vol. 1, 1978, pp. 261-262.
    [10] Vease U.S. Navy, Appendix to the Report of the Chief of the Bureau of Navigation. 1898, Washington, Government Printing Office, 1898, pp. 21-22.
    [11] El texto del mensaje del secretario de Marina, Long, al jefe de la Escuadra del Atlántico Norte, contralmirante Montgomery Sicard, ordenando la salida del acorazado Maine hacia La Habana ha sido tomado de RICKOVER, H. G.: Cómo fue hundido el acorazado `Maine', Madrid, Editorial Naval, 1985, p. 59.
    [12] Ibídem, p. 56.
 
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