Tira Cuba

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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Culebrón inconcluso o el discurso del método

Terrorismo Luis Posada Carriles
Posada Carriles durante años, organizó decenas de planes de atentados contra la vida de los más altos dirigentes de la Revolución cubana. (Perla Visión)
Tomado de CubAhora.
Por Frank Aguero Gómez.

Trece años después de que el gobierno de G. W. Bush emprendiese su cruzada contra Bin Laden y la organización por él creada, la lucha contra el terrorismo que encabeza el gobierno de Estados Unidos semeja más un culebrón  inconcluso que una  epopeya. 

Para muchos analistas, la tragedia de miles de sus conciudadanos ha servido de pretexto a los tres últimos inquilinos de la Casa Blanca para deshacerse de quienes considera enemigos, justificar el discurso guerrerista ante su opinión  pública e imponer obligaciones de lealtad sin límites a sus aliados externos.  

A tiempo de evitar que el remedio fuese peor que la enfermedad, lo advirtieron líderes políticos y partidarios de la paz y el progreso humano.    
       
Con los métodos empleados por agencias y organizaciones gubernamentales para enfrentar el terrorismo, a veces tan  crueles e indecorosos como los asociados a quienes se reclama por la ejecución de actos criminales, no es concebible erradicar de raíz el fenómeno que amenaza el derecho a la vida y la seguridad de las personas, individual y colectivamente.

Tampoco es válido distinguir entre  terrorismo “bueno” y malo: útil el primero para los que coinciden en intereses y condenable el segundo, cuando se emplea por los enemigos  de sus amigos.       

Esta breve introducción pretende fijar la atención de lo genérico a lo particular del  terrorismo contra el que se enfrenta la Revolución cubana durante casi seis décadas, cuyas raíces hay que buscarlas en políticas diseñadas más allá de los límites  de la mayor de las Antillas.

También los agentes  principales se movieron de afuera hacia adentro para crear estados de ánimo y daños irreparables a nuestro pueblo decidido a construir una sociedad de justicia y derecho para todos.

La paternidad del terrorismo contra Cuba no ha sido admitida por Washington, ni los gobiernos de turno en la Casa Blanca hasta ahora tampoco han asumido acciones consecuentes para la total erradicación de tales métodos injerencistas contrarios a la voluntad popular soberana.

Hasta la actualidad, esa forma de agresión contra Cuba dejó un saldo de más de tres mil muertos y más de dos mil lesionados e impedidos.

GUERRA SUCIA

En el mismo  año de 1980, cuando por primera vez los gobiernos de Cuba y Estados Unidos dialogaban para la búsqueda de un entendimiento, y se iniciaba una política hacia la creciente emigración cubana hacia el país del norte, elementos contrarrevolucionarios basados en el sur de la Florida urdían planes terroristas con el propósito de impedir el proceso que animaba la administración demócrata de James Carter.

Era la continuidad de una línea subversiva estimulada y financiada desde los primeros años de la Revolución, y que contaba con cientos  de actos de sabotaje, infiltraciones armadas, atentados criminales y campañas de terror, dentro y fuera del país, desarrollada por organizaciones contrarrevolucionarias creadas al amparo de la guerra sucia contra Cuba desde el mismo año 1959.

Como capitanes emblemáticos de estas “batallas” exhibían sus méritos individuos como Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, seguidos por lugartenientes terroristas  encabezados por Eduardo Novo Sampol y Pedro Remón, este último fundador de la organización terrorista Omega-7.

Uno de los blancos escogidos por esta última fueron las oficinas de la misión permanente de Cuba en Naciones Unidas, en Nueva York, contra la cual mantuvieron un incesante acoso, que llegó al atentado con explosivos.

El 4 de septiembre de 1978, Omega-7 colocó en la Misión de Cuba ante la ONU una bomba cuyo estallido provocó considerables daños e hirió a dos policías norteamericanos custodios del inmueble.

Dos años más tarde, también el 11 de septiembre, en el barrio de Queens, de la emblemática urbe, el diplomático cubano Félix García era víctima de otro artefacto explosivo introducido en su automóvil en plena vía pública. Para culminar su acción, el criminal Pedro Remón se acercó al vehículo y le disparó a sangre fría.

Años después, el mismo terrorista se responsabilizaba con los atentados mortales contra los cubanos Eulalio José Negrín y Carlos Muñiz Varela, animadores del diálogo de la emigración con las autoridades cubanas. 

Siguiendo instrucciones del ya fallecido cabecilla médico-terrorista Orando Bosch, el 3 de septiembre de 1982, Omega-7 estalló otra bomba en el consulado venezolano en Miami, Florida. El 8 del mismo mes, otro artefacto fue detonado contra una empresa norteamericana en Chicago, Illinois, y el 25, un tercero explotó en una empresa dedicada al envío de medicinas de Miami a Cuba.

El terrorismo contra Cuba sembró de dolor y muerte los meses de muchos años, pero como apunta el investigador José Luis Méndez“el mes de septiembre a lo largo de la historia reciente merece un destaque particular. Se registran en total 126 hechos terroristas, contra personal o intereses del país dentro o fuera de su territorio.”

HÉROES VS. MERCENARIOS

Como señalara el Comandante en Jefe Fidel Castro:“Las mismas instituciones y servicios norteamericanos que entrenaron a los terroristas de origen cubano, entrenaron esmeradamente también, como es conocido, a los que organizaron el brutal ataque a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, en el que varios miles de norteamericanos perdieron la vida”.

Y añadió Fidel: “Posada Carriles no solo participó junto a Orlando Bosch —entonces jefe del CORU, organización creada por la CIA— en la destrucción del avión de Cubana, sino que después, durante muchos años, organizó decenas de planes de atentados contra la vida de los más altos dirigentes de la Revolución cubana, e hizo estallar numerosas bombas en hoteles de turismo en Cuba, mientras Orlando Bosch, aparentemente prófugo de las autoridades norteamericanas, fue partícipe, junto a los cuerpos represivos de Augusto Pinochet, en el secuestro y el asesinato de importantes personalidades chilenas, como Carlos Prats y Orlando Letelier, o la desaparición de numerosos luchadores contra el fascismo en Chile, e incluso el secuestro y la muerte de diplomáticos cubanos”.

Cuando faltaban todavía tres años para que ocurriera la masacre del World  Trade Center, el gobierno de Estados Unidos dispuso de suficiente información para cortar de raíz las actividades terroristas que contra Cuba se venían realizando desde el sur de la Florida, encargadas esta vez a mercenarios centroamericanos reclutados con el visto bueno del criminal Luis Posada Carriles, quien seguía en sus andanzas protegido por gobiernos cómplices del área.

Pero las autoridades de ese país indicaron al FBI actuar en sentido contrario. Es decir, capturaron a los agentes cubanos que, infiltrados en las filas de los terroristas, proporcionaron la información sobre las acciones de aquellos y evitaron así que creciera el martirologio de cubanos y ciudadanos de otros países, potenciales víctimas.

De tal suerte fueron detenidos, el 12 de septiembre de 1998, Gerardo Hernández Nordelo, René González Sehwerert, Antonio Guerrero Rodríguez, Fernando González Llort y Ramón Labañino Salazar, etiquetados  como “espías castristas” y “enemigos” de la seguridad de Estados Unidos.

Habían transcurrido solo tres meses y algunos días de la masacre de Nueva York, cuando después de un largo y amañado juicio, Los cinco cubanos fueron repentinamente declarados culpables y condenados en 2001 por un tribunal de Miami a injustas y severas penas.

Las sentencias y todo el proceso judicial, incluidas las condiciones de encarcelamiento han sido cuestionados por autoridades jurídicas y entidades internacionales, quienes denunciaron múltiples violaciones cometidas en el juicio, plagado de interferencias a la defensa, manipulación de evidencias y de la opinión pública local en contra de los acusados.

Por primera vez en mucho tiempo, luego de cumplir las injustas sentencias que les fueran impuestas, dos de los héroes prisioneros del imperio se encuentran en la patria con sus familiares y el pueblo cubano: René González y Fernando González.  

Como han dicho todos ellos, la  batalla no se detendrá  hasta que los tres que aún permanecen en prisión (Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Gerardo Hernández)  regresen Cuba y se reintegren a sus familias.

Lo merecen, porque son hombres de bien que han sabido cumplir con dignidad y estoicismo el sacrificio impuesto para garantizar la paz de sus conciudadanos sin importarles el alto costo personal. 

La opinión pública mundial, en la medida que conoce la causa de Los Cinco, está del lado de ellos, porque el antiterrorismo esgrimido por la principal potencia imperial se aprecia  cada vez más como un pretexto inconsecuente para propósitos de dominación mundial., o una suerte de culebrón inconcluso destinado al  consumo de televidentes ingenuos.
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