Tira Cuba

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martes, 23 de septiembre de 2014

Hablemos del Poder Popular

Foto: Jorge Luis González / Granma
Foto: Jorge Luis González / Granma
Tomado de Granma.
Por Tubal Páez.

Del próximo mes de octubre a diciembre se desarrollará en todo el país el último proceso de rendición de cuenta del delegado a sus electores correspondiente al actual mandato. La ocasión resulta propicia para reflexionar sobre el Poder Popular, en momentos en que se multiplican las ideas, las opiniones y los cuestionamientos sobre el accionar del sistema político cubano, y cuando se acaban de cumplir cuatro décadas de la elección de los primeros representantes del pueblo como parte de la experiencia de Matanzas.

Como principio esencial de nuestra democracia socialista, aquellos pasos fundacionales de la nueva institucionalidad, en 1974, convertían jurídicamente en realidad la participación de las masas en el ejercicio del poder estatal en todas las instancias.

Eran el resultado del desarrollo de una cultura cívica superior luego de 15 años de participación popular en la defensa de la Patria, la edificación de la obra revolucionaria y una práctica democrática basada en el diálogo permanente del pueblo con sus principales dirigentes. Fue una etapa en la que muchas palabras recuperaron su significado y otras surgieron para expresar nuevos sentimientos.

Quedaban atrás los prejuicios y el rechazo de las mayorías hacia todo lo que podría recordarles el régimen político que se hundió con la tiranía en 1959, caracterizado por la marginación y el engaño generalizados, los privilegios de una élite explotadora y la subordinación de Cuba a los intereses de la potencia extranjera que se apoderó de nuestras riquezas. Junto a una soberanía castrada, los cubanos heredamos de la ocupación militar yanki, no sin resistencia, el accionar de ma­quinarias politiqueras profundamente corrup­tas, que “legitimaban” periódicamente el es­quema político existente en los Estados Unidos, que José Martí desnudó en sus Escenas Norteamericanas.

Al clausurar el seminario impartido a los primeros delegados en Matanzas, el compañero Raúl Castro expresó:

“En la circunscripción electoral la máxima autoridad no la tiene el delegado elegido, sino el conjunto de los electores: son estos los que le otorgan el mandato para que los represente en sus problemas, quejas y opiniones: son estos los que pueden revocarlo en cualquier momento cuando no responda a sus intereses. Por ello, es el delegado el que rinde cuenta ante los electores y no a la inversa. Son las masas de la circunscripción las que tienen el máximo poder, el poder primario; el poder del delegado es derivado, otorgado por las masas”.

Minutos antes, les había orientado: “De­ben ustedes, como les planteara Fidel, crear, en todas las dependencias administrativas del Poder Popular y en todos los centros de producción y servicios del Poder Popular, el hábito de tratar esmeradamente, exquisitamente al público y tomar todas las medidas que sean necesarias para lograr este importante propósito”.

Premisa de esos principios, entre otros, ha sido el perfeccionamiento permanente del sistema de órganos del Poder Popular, como muestran las reformas a la Constitución, la adopción de nuevas divisiones político-administrativas, el surgimiento de los Consejos Populares y su ley correspondiente, así como otras leyes, acuerdos, reglamentos y normativas que precisan funciones y dan respuesta a cambios en la realidad social.

Más recientemente, con el experimento de Artemisa y Mayabeque, que entre otras cosas separa las funciones de los presidentes y vicepresidentes de las asambleas municipales y provinciales, de las correspondientes a los jefes de los consejos de la Administración en esas instancias, se busca hacer más estrechas y efectivas las relaciones con la población y asegurar el precepto constitucional según el cual “las masas populares controlan la actividad de los órganos estatales, de los diputados, de los delegados y de los funcionarios”.
Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, ha reiterado en varias ocasiones la importancia del vínculo con la población. Foto: Tony Hernández
El cumplimiento de lo aprobado en el VI Congreso del Partido y que mediante el Acuerdo 60/VII de la Asamblea Nacional el pueblo hizo suyo, implica estudio y aplicación, impensables sin la participación del pueblo, que es el protagonista principal de la materialización de los cambios.

Pero es innegable que las nuevas tareas que deben asumir los delegados como parte de la responsabilidad inherente a su cargo y a la dinámica de las transformaciones en curso, les demandan un enorme esfuerzo y un tiempo del que a duras penas disponen, toda vez que por sus servicios a la colectividad no cobran salario y todos —excepto los jubilados— cumplen diariamente su jornada laboral.

A ello se suma el desgaste por las presiones que desde abajo reciben por parte de algunos electores que les reclaman la solución de disímiles asuntos, mientras ciertas visiones administrativas desde arriba los describen y tratan como mensajeros problemáticos.

Los presidentes de las asambleas muni­cipales y provinciales, los miembros de los consejos de administración y demás cuadros y funcionarios, por su parte, se ven enfrentados a un cúmulo creciente de realidades que impactan en la vida de las personas. Ello implica más consagración, planificar y organizar mejor su labor, trazar estrategias de comunicación hacia lo interno y externo e innovar y cambiar estilos de trabajo.

Esa realidad debe estudiarse de forma multifactorial para modificar lo que sea necesario; sin embargo, la labor actual de los órganos locales del Poder Popular sería más efectiva si todos: electores y elegidos, autoridades políticas y administrativas conocieran en profundidad, y cumplieran e hicieran cumplir lo que está vigente para asegurar el funcionamiento del sistema en sus distintas instancias.

Burocratismo, subestimación o desatención a la autoridad de los delegados y diputados, y sobre todo del pueblo, provocan disgustos en la ciudadanía, lo cual se suma a la política de mortificación permanente del im­perialismo y sus fuerzas monumentales lanzadas de manera minuciosa, permanente y criminal contra Cuba, en distintos formatos.
Roberto Armas, quien se ocupa del análisis de los planteamientos en las Oficinas Auxiliares de la Asamblea Nacional. Foto: Tony Hernández
Las asambleas de rendición de cuenta del delegado

En los contactos sistemáticos en los territorios con electores, delegados, presidentes de Consejos Populares, de asambleas municipales y provinciales y con directivos empresariales de organismos y organizaciones, el diputado Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, ha reiterado la importancia del vínculo con la po­blación, cuestión que se recoge en los Ob­jetivos de la Primera Conferencia Nacional del Partido.

Lazo aprovecha cada oportunidad para precisar conceptos sobre el papel de los representantes del pueblo y en especial el de la máxima autoridad de la circunscripción, que son los electores, pues si esto no se reconoce, desvirtúa o ignora, entonces ellos no se sentirán en el disfrute pleno de sus derechos ni de participar y trabajar en la solución de muchos de los problemas que les atañen o afectan.

Esos electores tienen la gran responsabilidad, además, de elegir o revocar en su circunscripción a los integrantes de las asam­bleas municipales del Poder Popular —dos de los cuales ocuparán los cargos de presidente y vicepresidente—, de aprobar al Consejo de la Administración local, el plan económico-social y el presupuesto, y proclamar a los candidatos para las elecciones de diputados y delegados provinciales.

Por eso debe darse a las reuniones del delegado con sus electores, el mismo valor que se da a la Asamblea Municipal, a la Asamblea Provincial e, incluso, a la Asamblea Nacional. Si eso no se logra, los cimientos sobre los cuales descansa el edificio de nuestro modelo, erosionados por la rutina y el formalismo, no tendrán la solidez requerida.

Las causas de un descenso en los reportes de asistencia a las Asambleas de Rendición de Cuenta —sin hablar de las suspensiones o posposiciones de estas— tienen varias razones, entre ellas una convocatoria apresurada, pobre divulgación y accionar de los llamados factores de la circunscripción, un espacio no adecuado para el encuentro, y sobre todo la ausencia de vecinos de los cuales la comunidad espera una actitud más consecuente.

Si se tiene en cuenta que quienes integran las fuerzas más activas de la sociedad, de cuyo ejemplo depende en gran medida la actitud de los demás, vemos que todos viven en la comunidad: los militantes del Partido y la Juventud, los cuadros de las organizaciones políticas, de masas y sociales, los jefes y funcionarios de los organismos de la administración central del Estado, los combatientes y oficiales de las instituciones armadas, los directores de empresas, los profesionales, intelectuales, periodistas, profesores, científicos y otros vecinos destacados.

Es lógico que esa presencia en esos en­cuentros en los barrios —que ocurren dos veces en el año— enriquece el de­bate, refuerza el papel del delegado, de las propias asambleas, de los consejos populares y el accionar de las masas en el barrio para enfrentar importantes desafíos como las manifestaciones de indisciplina social e ilegalidades, sin desdeñar el valor de lo que son capaces las masas que siempre tienen presente aquello que Cervantes puso en boca del Quijote, hace 400 años: “no es un hombre más que otro si no hace más que otro”.

No es justo generalizar las reuniones de rendición de cuenta como tediosas e insustanciales, o los reportes inaceptables de asistencia “inflados”, en el convencimiento de que una concurrencia alta es sinónimo de calidad, pues abundan ejemplos de seriedad e iniciativa, donde esos encuentros son una fiesta de civismo, que se aprovecha para reconocer a niños, jóvenes y ciudadanos más destacados de la comunidad, promover el diálogo sobre los problemas colectivos y concretar la búsqueda de la unidad, el consenso, la identidad y el sentido de pertenencia de los ciudadanos por la comunidad, el territorio y el país.

“Construir ese consenso —en opinión de la diputada Ana María Mari Machado, vicepresidenta de la Asamblea Na­cional—, significa llegar, mediante la expresión clara de las ideas, después de escuchar diversas opiniones, a una decisión para la solución o identificación de un problema, subrayando que apoyar esa decisión es lograr la disposición de todos, sin que de inicio haya sido lo exactamente pensado por algunos. En otras palabras, es la posibilidad de escuchar e intercambiar diversos argumentos expresados de modo transparente y realizar análisis colectivos de aquellos para llegar a consensos que beneficien a todos, que como se sabe no significan unanimidad”.

Los planteamientos de la población

El delegado tiene la responsabilidad de escuchar, recepcionar y viabilizar las opiniones y propuestas de las personas, pero no es un administrativo y por lo tanto no es quien tiene que tapar los huecos, ni hacer el pan u otra tarea; pero lo que sí le corresponde es exigir que todo se haga bien, como gobierno que es en su área, junto con los electores, ha reiterado Lazo.

Una de las insatisfacciones de la ciudadanía está relacionada con las respuestas a muchos de sus planteamientos, porque no se le dan, no resultan convincentes, quienes las dan no las explican bien, no dominan la materia o sencillamente no se apegan a la verdad.

Según datos de la Asamblea Nacional, más del 40 % de los planteamientos de los electores tiene solución, y muchos los puede resolver el director de una empresa, de una unidad presupuestada o el jefe de cualquier institución, puesto que detrás de un planteamiento suele haber una deficiencia administrativa. Si se garantizara la calidad de los servicios y productos, si se redujera el exceso y lentitud de los trámites, y las administraciones trabajaran bien, desaparecerían muchas quejas irritantes.

Con frecuencia, ciertos debates suelen enredarse en la discusión de algo que para materializarse demanda millones de dólares o pesos, que conllevan inversiones o recursos. Una parte sustancial de los reclamos de la ciudadanía —que son necesidades reales de las personas o las comunidades, solo pueden realizarse con aumentos importantes y sostenidos de la producción, de la eficiencia económica o de ahorros sustanciales.

Pero no es lo mismo una nueva red para extender el servicio eléctrico que cambiar una bombilla del alumbrado público, como tampoco es igual construir un acueducto que reparar un equipo de bombeo o eliminar un salidero. Entonces, si persiste un conjunto de problemas sencillos de la gente, y lejos de ser amables con ella y darle respuestas claras, se le maltrata o se le hacen promesas imposibles de cumplir, se le abre cauce al descrédito y se deteriora el estado de ánimo de la población.

“Si esta Revolución es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo —ha dicho el Presidente de nuestro Parlamento—, cuál otro debe ser el sentido de la existencia de una entidad o de un dirigente revolucionario sino el propiciar la mayor alegría y tranquilidad a ese pueblo”.

Roberto Armas, quien se ocupa del análisis de los planteamientos en las Oficinas Auxiliares de la Asamblea Nacional, considera que en esto se evidencia, con mucha frecuencia, falta de acometividad, organización y control en las direcciones administrativas.

“Por ejemplo, cuando leemos las actas de consejos de dirección, explica, a veces descubrimos que señalamientos que les atañen se examinan superficialmente, o no se precisa cuándo o quién se encargará de la solución o de dar una oportuna y razonada respuesta, eso sin contar que no hay que esperar a que se reúnan los directivos para actuar sobre un problema, ni esperar al periodo de rendición de cuenta para emprender un maratón de soluciones, ni olvidarse de que algo resuelto puede de nuevo convertirse en queja si persisten las causas que la motivaron”.

Para qué voy a plantear algo si no lo van a resolver es un pensamiento predominante en muchas personas; pero es útil que sepan y puedan exigir en consecuencia que el proceso de atención a lo que expresa la ciudadanía —tanto en las reuniones de vecinos, como en los despachos del delegado, en otros encuentros o en cartas—, está detallado en el Acuerdo 6560 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros.

Ese documento norma los pasos a seguir por las administraciones a todos los niveles de dirección y del papel de cada cual en la tramitación y solución de los planteamientos de los electores, y los clasifica en quejas, sugerencias, solicitudes y denuncias. Es por eso que conducir adecuadamente ese proceso requiere preparación y dominio.

Para asegurar la solución de muchos problemas se ha decidido irlos incorporando al Plan de la Economía, mas cuando este se incumple suelen darse diversas excusas, como que faltó o no alcanzó el financiamiento, que no se recibió todo lo necesario, que no llegó a tiempo, que no había con quién ejecutarlo, etc. Lo real es que si ciertamente la inversión estaba incluida en el Plan es porque tenía aprobado ya el presupuesto y firmados los contratos para los recursos materiales y humanos.

No pocos planteamientos tienen raíz en indisciplinas de los propios ciudadanos, en la tolerancia de autoridades administrativas y de representantes del pueblo, que han propiciado la aparición de microvertederos o el surgimiento desordenado de barrios donde no se podía, y es allí cuando los moradores después empiezan a pedir agua, calles o carretera, ómnibus y teléfonos, sin las infraestructuras indispensables, pero costosas, para llevar esos servicios que necesitan primero la escuela, el consultorio, el comercio, etc.

La diputada Ana María Mari adiciona un factor decisivo y es la importancia de que quien asuma alguna responsabilidad social “debe poner empeño en su capacidad de comunicar, pues entre otras habilidades y competencias necesita cumplir las reglas para una buena comunicación: saber escuchar a los demás, saber expresar adecuadamente sus argumentos con fluidez, con un lenguaje apropiado y con palabras comprensibles a quienes lo escuchan, y de garantizar que los otros puedan expresarse y también sepan escuchar, pues es necesario comprender lo que cada parte, en lo individual o colectivo, desea expresar y argumentar”.

“La Revolución Cubana propicia espacios de infinitas posibilidades para eso, como son los mecanismos del sistema de órganos locales del Poder Popular en la comunidad, la circunscripción, el Consejo Popular, las asambleas y sus comisiones de trabajo, así como de nuestras organizaciones políticas y de masas, en los centros de trabajo, de educación, de investigaciones sociales y en las secciones de opinión en la prensa, entre otros”, explica la vicepresidenta de la Asamblea Na­cional.

Si a ello unimos el genio colectivo, la experiencia acumulada por las masas en la épica de nuestro devenir histórico, y sobre todo la sabiduría de Fidel, quien siempre insistió en el hábito de no dejar de pensar y pensar hasta encontrar la solución de un problema, no habrá empeño que no pueda lograrse. En ese clima debemos juntarnos todos para lograr los objetivos de la próxima rendición de cuenta de los delegados a sus electores.
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