Tira Cuba

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martes, 4 de febrero de 2014

En recordación a Jesús Suárez Gayol_carta de despedida dirigida a su hijo.


Se avecinaba el VII Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, programado para diciembre de 1998, y en esa dirección fuimos articulando cada tarea que posibilitara la celebración de un evento con calidad y con el rigor de seriedad que clamaba la juventud territorial.

En aquel entonces ya llevaba cuatro años de trabajo intenso en el Comité Municipal de la Unión de Jóvenes Comunistas. En la sede de la Organización fungí, durante toda mi estancia allí, como funcionario de la esfera ideológica.

Dentro de las tareas que teníamos todos los funcionarios, instructores y dirigentes se encontraba llegar a la juventud del territorio con toda la información posible sobre la cita congresual. Al mismo tiempo, el mes de agosto tocaba casi a nuestras puertas y toda la sede del territorio se encontraba en un alto ajetreo por los preparativos para el aniversario 20 de la proclamación de la Isla de la Juventud.

Hacia la magna cita del Congreso, fue esta efeméride de gran importancia tanto para el país como para el pequeño terruño, el punto de partida. Una de las iniciativas que valoramos fue solicitarle al periódico local, Victoria, que en su tirada del domingo 2 de agosto, nos permitiera incorporar un espacio más para dirigirlo solamente a los jóvenes. Así nació el suplemento juvenil “Opción Futuro”, del cual Sergio Rivero Carrasco (entonces director del Periódico) fue un insistente activista que incorporó valiosas ideas para este sencillo, pero importante proyecto.

En la oficina de Maday Iglesias, quien entonces dirigía al Departamento Ideológico del Comité Municipal de la UJC, estuvimos varios compañeros (trabajadores de la sede y miembros de la AHS) valorando el abrir el suplemento con la carta de despedida del Comandante Ernesto “Che” Guevara a sus hijos, teniendo en cuenta las palabras del mismo en el segundo aniversario de la organización, al decir: “La Unión de Jóvenes Comunistas tiene que definirse con una sola palabra: vanguardia. (…) El joven comunista no puede estar limitado por las fronteras de un territorio: el joven comunista debe practicar internacionalismo proletario y sentirlo como una cosa propia”.

La idea era extender a la juventud de todo el territorio, las fuertes convicciones que empujaron al guerrillero a continuar su labor independentista e internacionalista a otras tierras del mundo que reclamaban sus “modestos esfuerzos.” Sin embargo, todos o casi todos hemos leído o escuchado en más de una ocasión el texto de la misiva del Guerrillero Heroico; pero no la de otros tantos con igual tesón que no vacilaron en volver a ponerse la mochila al hombro y tomar las armas en la mano para seguir la gesta. Fue entonces que el nombre de Jesús Suárez Gayol salió a relucir.

Enseguida fluyeron las pocas pero interesantísimas anécdotas que conocíamos sobre su vida: Un joven nacido en Las Tunas, de padres asturianos, que casi sin saber leer descubre a José Martí y se aferra a sus enseñanzas; pero que hasta a sus padres extranjeros lograba ponerlos de pie por respeto al himno nacional cubano y a su madre doña Aurora Gayol le decía jocosamente que era su “Mariana Grajales gallega”. Jesús se destacó por su posición contra la dictadura de Batista, organizó la Federación de Estudiantes Secundarios de la ciudad de Agramonte y fue uno de los fundadores del Movimiento 26 de Julio en esa localidad, en 1955. En la clandestinidad utilizó varios pseudónimos: Furia, Dionisio, Félix, Armando y otros. Conoció las cárceles policiales de la dictadura y fue víctima de torturas y golpizas. Viajó de México a Cuba en 1958 en la expedición El Corojo, fue bajo el mando del Che que obtuvo los grados de Capitán y después del triunfo de la Revolución ejerció varios cargos dentro del sector industrial azucarero, siendo viceministro en el momento del llamado del Che para incorporarse a la guerrilla boliviana.

Muchos detalles convergieron en acordar tomar su carta de despedida a su hijo como inicio de debate en el suplemento “Opción Futuro”: fue el primer mártir cubano de la guerrilla en Bolivia, su muerte fue en abril (fecha cercana al aniversario de la organización juvenil), fue un joven que por su sencillez y dinamismo inspiró a los jóvenes de la época dando muestra de su firmeza en convicciones. Esto último no sólo lo mostro en su actuar, sino que lo dejó plasmado en sendas cartas de despedida, al hijo y a su madre, a quien le escribió antes de partir el 2 de diciembre de 1966 hacia Bolivia: “Cuando se es revolucionario verdadero, se siente la necesidad de servir a la Revolución desde los lugares más difíciles, en los puestos de vanguardia.”
 
Jesús Suárez Gayol habla en acto reafirmación revolucionaria en Güinía de Miranda, 1er poblado liberado por Che en la Sierra del Escambray
La tarea de acordar con la dirección del periódico la publicación recayó sobre mí y la de escribir las palabras de introducción a la Carta de despedida de Jesús Suárez Gayol a su hijo, también. No puedo negar que me fue bien difícil. Orgulloso, pero inconforme por no poder decir más en ese prólogo, cumplí aceptablemente la labor.

Hoy pongo a disposición una vez más el prólogo y la carta de Gayol a su hijo, aunque por primera vez en este espacio; porque creo que dicha misiva debe ser material de estudio constante para todo joven, de cualquier época, dentro y fuera de la Revolución cubana que desee realmente construir un mundo mejor ¡Que sí es posible! Además, porque en abril de este año se conmemora el aniversario 48 de su muerte en combate. Una lamentable muerte pero fructífera, porque enalteció el carácter internacionalista y antiimperialista de los cubanos revolucionarios y comunistas: principios puestos en práctica por la Revolución cubana en cada misión humanitaria (con médicos, maestros, asesores culturales, etc.) a favor de los pueblos del mundo.

Cualquier comentario adicional a lo escrito por Gayol, creo sería innecesario.

Doy gracias a los compañeros del Periódico Victoria (Sergio Rivero, Mayra Lamote, Diego Rodríguez, Rafael Arzuaga, entro otros) por toda la ayuda brindada para que saliera a luz el suplemento Opción Futuro y que este servidor pudiera también estar presente, de manera anónima, en sus páginas.

Ahora, pongo disposición el prólogo y la carta:


CARTA DE DESPEDIDA DE JESÚS SUÁREZ GAYOL A SU HIJO.

Suplemento juvenil Opción Futuro. Domingo 2 de agosto de 1998. “Año del aniversario 40 de las batallas decisivas de la Guerra de Liberación”. Nº 1 página 2.

“Las páginas de nuestra historia están enaltecidas por una pléyade de jóvenes, quienes con arrojo acudieron al llamado de la Patria para romper las cadenas que la subyugaban. Muchos de los que no perecieron en la contienda continuaron la lucha contra el mayor enemigo de los pueblos: el imperialismo.

“Jesús Suárez Gayol fue uno de esos jóvenes que tomó las armas de la insurrección y junto a las fuerzas del Che participó en los combates que le dieron que le dieron la victoria a la Revolución cubana. En la construcción económica del país tuvo varias responsabilidades en la Industria azucarera.

“Enarbolando las banderas del internacionalismo se incorporó a la guerrilla boliviana con el seudónimo de “el Rubio”. Antes de su partida dejó una carta dirigida no solamente a su hijo, sino a las jóvenes generaciones.

“La bala que segó la vida del Capitán Jesús Suárez Gayol, el 10 de abril de 1966, puso, a la vez, otra estrella que nos ilumina el camino.”

Carta:

Compañero Jesús Félix Suárez.
Habana, Cuba

Querido hijo:

Son muchos los motivos que me impulsan a escribirte estas líneas que hago en circunstancias muy similares y que habrás de leer cuando el tiempo transcurra, cuando seas mayor y puedas entender cabalmente la decisión que he tomado.

Hoy estás a punto de cumplir cuatro años, eres para mí la prometedora esperanza de que seas el hombre que aspiro y la alegría extraordinaria que ha llenado mi vida en los pocos momentos en que he podido estar a tu lado.

Eres mi único hijo y pienso que sería imperdonable marcharme a cumplir con el deber que mi condición de revolucionario me dicta y que puede costarme la vida y no dejarte escrito tan siquiera algo de las cosas que te diría si pudiera verte crecer a mi lado.

He tenido la suerte extraordinaria de vivir una etapa trascendental de nuestra historia. Cuba, nuestra Patria, nuestro pueblo, realiza una de las más grandes epopeyas que registra la historia de la humanidad.

Está haciendo su Revolución frente a las circunstancias más adversas y ha emergido victoriosa ante cada amenaza y ante cada agresión.

Nuestro pueblo marcha hoy con paso firme hacia un futuro feliz; dueño de su destino, trabaja ardorosamente, consciente de lo que realiza y por qué lo realiza. Pero esto, que no es otra cosa que el ejercicio de un legítimo derecho de los pueblos a escoger su destino y su futuro, ha concitado contra nuestra Patria el odio de la reacción internacional y principalmente del imperialismo norteamericano.

Ello es así porque la Revolución cubana no es tan sólo la derrota concreta que el imperialismo ha recibido en el pequeño pedazo del mundo que es el territorio de nuestro país, mucho más que eso, la Revolución cubana es el ejemplo vivo que señala a otros pueblos el camino de su liberación.

Pueblos a los que el imperialismo exprime, explota y de los cuales se nutre, pueblos que no pueden, como el nuestro, construir su porvenir, donde millones de hombres y mujeres entregan su esfuerzo para el enriquecimiento de unos pocos, donde miles y miles de niños como tú y aún más pequeños que tú, mueren sin asistencia médica, niños que no tiene escuela ni maestro y a los que espera la miseria y la ignorancia, fiel compañera que va siempre del brazo de la explotación.

Es por eso que el deber de un revolucionario cubano, en esta etapa se extiende más allá de los límites físicos de nuestro país y está allí dondequiera que exista la explotación, dondequiera qque el imperialismo clave sus garras para extraer la sangre de los pueblos. Es esta interpretación de mi deber como revolucionario lo que me impulsa a marchar fuera de mi Patria a luchar, con las armas en la mano, contra el imperialismo.

Conozco los riesgos que ello entraña, sé que dejo atrás mis afectos mayores, mis seres más queridos, pero al mismo tiempo me invade la alegría y el orgullo incomparable de saber que paso a ocupar un puesto de vanguardia en esta lucha  muerte de los pueblos frente a sus explotadores.

Entre esos seres más queridos, en primerísimo lugar, te encuentras tú, mi hijo. Mucho hubiera querido estar a tu lado en todo el proceso de tu formación y verte cristalizar como hombre y revolucionario. Eso me será muy difícil dada la decisión que he tomado, confío en que  mi ejemplo y herencia moral que constituye una vida dedicada por completo a la causa revolucionaria, unido a la educación que recibirás por crecer en un pueblo en Revolución, suplan con creces mi ausencia.

Aspiro a que tú comprendas esta decisión mía y jamás me la reproches. Aspiro, creo que es una legítima aspiración de padre, a que vivas orgulloso de mí y contribuir así a tu felicidad ya que no puedo con mi compañía, proporcionarte las pequeñas alegrías que la generalidad de los padres ofrecen a sus hijos.

Quiero que estudies con ahínco y te prepares lo mejor que puedas para impulsar con tu esfuerzo la obra revolucionaria. No creo, por lo menos así lo espero, que tengas que empuñar las armas para luchar por el bienestar de la humanidad; tu campo de acción será la ciencia, la técnica, el trabajo creador cualquiera que éste fuese: desde esos frentes también se lucha por las buenas causas, en ellos también hay heroísmo y gloria cuando el revolucionario se entrega con pasión, con dedicación, con ardor.

Quiero que rechaces siempre lo fácil, lo cómodo. Todo lo que enaltece y honra implica sacrificios.

Cuando un revolucionario se acomoda comienza a descomponerse y a dejar de serlo. Quiero que siempre veas el bienestar común como único medio de obtener el bienestar propio. Cuando un revolucionario comienza a recibir beneficios que aún su pueblo no puede recibir, comienza esa descomposición; si no es que ha dejado ya de serlo.

Mantente siempre vigilante y defiende tu Revolución con celo y con fiereza. Ha costado mucha sangre y representa mucho para los pueblos del mundo.

Quiero que seas siempre sincero, cabal, abierto. Prefiere siempre la verdad por dura que esta sea. Debes ser reflexivo ante las críticas y al mismo tiempo defender tu criterio sin vacilaciones cuando sea honesto. Rechaza la lisonja y la adulonería y no la practiques nunca. Sé siempre el más severo crítico de ti mismo. Cuando esta carta tú leas ya conocerás sin duda muchas de las hermosas páginas que escribiera José Martí, hay unos versos sencillos del Apóstol que se titulan: “Yugo y Estrella”, pues bien, léelos y medítalos y recuerda que quiero, antes las alternativas que la vida te ofrezca, tú siempre escojas “la estrella que ilumina y mata”.

Quiero que tú seas un digno hijo de tu gran Patria. Que seas un revolucionario, un comunista.

Te abraza tu padre,

Jesús Suárez Gayol.


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