Tira Cuba

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viernes, 6 de junio de 2014

La vida, transparente y honesta, amplía triunfo del FSLN en 2011


Tomado de la Coordinadora con la Revolución de Nicaragua y el ALBA
Por Edwin Sánchez

I
Los que más hablan de totalitarismo y dictadura, autoproclamándose “demócratas”, son quienes en los hechos lo desenvainan en su versión más autoritaria, al no asimilar que el pueblo escoja a los gobernantes que quiera, respalde y participe de la propuesta votada.
 
El ala extremista de la derecha nicaragüense no da muestras de cambiar, en el futuro mediato, su rechazo casi genético del Frente Sandinista. Aborrecen sus victorias electorales y difaman su visión nacional, compartida con otros sectores, para empujar el desarrollo del país y promover el protagonismo económico de los excluidos del sistema heredado.

II Luz verde

Dos años y medio después de la aplastante derrota de la derecha antidemocrática, la sociedad nicaragüense reiteró su enorme confianza en el gobierno del presidente Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo, por el cual votó masivamente.

El último estudio de la Cid-Gallup detalla que un 66% de los encuestados valora positivamente la Administración del presidente Ortega, lo que va en línea con los comicios de 2011.

En enero pasado, M&R, en su investigación de campo, comprobó que el 65.3% de los nicaragüenses miraba al comandante Ortega como un demócrata, y ese mismo dato daba una intensa luz verde a su gestión.

Tan elevados porcentajes son reflejos fehacientes de que la población identificó a la dirigencia sandinista que promueve el modelo de Fe, Familia y Comunidad, como la más sensible ante los temas sociales. Es, además, merecedora de su confianza para enrumbar la nación a su destino tantas veces pospuesto: “Tierras de Oro” la llamó desde lejos el poeta Antonio Machado, en su canto de despedida a Rubén Darío.

III Partido de las multitudes

Urnas, calles, plazas y sondeos de opinión, confirman de una manera sostenida el altísimo margen de ventaja del FSLN sobre otras agrupaciones partidarias.

Los comicios de aquel noviembre dejaron claro quién es quién en Nicaragua. El Frente Sandinista amplió su base y contó con el apoyo de electores no necesariamente rojinegros, que lo convirtió en la principal fuerza política. Es el único partido multitudinario de la República: el comandante Ortega goza del 78% de opiniones positivas y Rosario un 72 %.

En la acera opuesta, el pueblo puso en su lugar a las fracciones que no han logrado adaptarse a su papel de minoría, porque prefieren usurpar la voz de la sociedad desde su “liderazgo” de papel periódico.

IV El “reino de lo artificial”

Dejemos claro las razones por las cuales los antidemócratas no toleran los triunfos electorales del sandinismo a pesar de todas las evidencias.

A través de las páginas fatales de la historia, escribiría Rubén, una élite conservadora, nutrida a su vez de los más arcaico del liberalismo, se considera la ungida para gobernar, hacer y deshacer.

Después de los 80 del siglo pasado, se recicló, asumiendo “apostolados” que no se le conocen juventud: se presentan como los “campeones de la democracia”, y después de haber perdido los sufragios recurren a cuanta limpia bandera sean capaces de arrebatar a las causas justas para tapar su escaso carisma.

Ellos no sienten que su comportamiento y actitud debe corresponderse con los números en rojo de partidos como el PLI, con un anémico 4% de apoyo popular. Desprecian a la ciudadanía. Nada les importa que la población los desapruebe con un lastimoso 54% de índice negativo, tal es el caso de Eduardo Montealegre.

Estos representantes del pasado se colocan por encima de la sociedad. Peor: ellos se juzgan la dirección suprema de Nicaragua, los dueños de su historia, de su cultura y hasta de la verdad. Son los que han hecho del poder su propiedad señorial.
Desde esa hegemonía cultural, que el gobierno esté en otras manos es un insoportable “pecado” ante Dios y la patria.

V Entre lo divino y lo mundano


De acuerdo a la información de “El Nuevo Diario”, el tercer período constitucional del Presidente Constitucional Daniel Ortega “presenta la mejor calificación por parte de la población, por encima de los gobiernos de Chamorro, Alemán y Bolaños”.

Claro, para la élite conservadora esto viene a ser como el hundimiento del Titanic, pero de los egos, y ahora quieren agarrarse de la tabla de salvación que para ellos significa el documento de la Conferencia Episcopal, y hasta exigen un diálogo como si Nicaragua fuera Irak.

Envanecidos no alzan ni a ver las mesas de diálogos que el Gobierno de Reconciliación y Unidad realiza desde 2007 con productores, trabajadores, empresarios, cooperativas, gremios…

Si una parte de la jerarquía católica no quiere admitir la verdad expuesta en las urnas y el corazón, en las avenidas y la esperanza, en las encuestas y los Nuevos Tiempos, acusando la realidad como “como actos reprobables a los ojos de Dios”, es volver a los viejos tiempos del desafortunado Giordano Bruno. La Iglesia Católica también es una institución humana.

No se puede canonizar a los magistrados cuando rubricaron los triunfos de Alemán y Bolaños, y luego mandarlos a la hoguera cuando el comandante Ortega obtiene el favor del pueblo.

Cid Gallup señaló: “Desde que se permiten realizar encuestas en Nicaragua ha habido cuatro presidentes. El mejor evaluado después de un período similar en el poder es Daniel Ortega. Pero en este, el tercer período constitucional, es cuando presenta la mejor calificación”. (El Nuevo Diario).

Podrán anatematizar al sistema electoral, declarar heréticos a los árbitros, condenar de impenitente al CSE, pero la vida, transparente y honesta, no solo ha confirmado los resultados del año 2011, sino que los ha ampliado.


El Sandinismo apoyado por el pueblo avanza con nuevas conquistas sociales, muy a pesar de la opisición y el asesoramiento que recibe ésta del imperialismo.
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