Tira Cuba

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lunes, 12 de mayo de 2014

Agricultura urbana y la escuela de Fernando.

Fernando Domínguez Redondo


Hablar sobre nuestra historia, reafirmar principios ideológicos, crear valores en la joven sociedad no está solo en la función de profesores y maestros en las escuelas de Cuba, sino en cada institución de la colectividad, en cada ciudadano.

Esta reflexión nos la brindó el compañero Fernando Domínguez Redondo, quien está al frente del organopónico ubicado al lado del llamado 9-Plantas (edificio más alto de Nueva Gerona, Isla de la Juventud, en Cuba).

Su organopónico ha ganado varios premios nacionales, entre ellos la TriCorona, y el reconocimiento de interesados internacionales que han querido ganar en valiosos intercambios con este consagrado agricultor.


En una rápida visita realizada a principios de este mes de abril, a este gran “huerto” anclado casi en medio de la pequeña ciudad del terruño, la cual nos llevó poco más de dos horas por sus largos surcos, aprendimos de la llamada agricultura urbana_ una alternativa promovida por el compañero Raúl Castro, después de visitar China, hace ya varios años atrás. Allí Fernando nos mostró los grandes beneficios que dicha forma de cultivo brinda a la población si se lleva con responsabilidad; ya que por medio de la misma se puede llevar a la población los alimentos esenciales para adquirir vitaminas, minerales y proteínas vegetales que satisfacen las necesarias calorías de una dieta balanceada y sana. 

No sólo aprendimos de las diversas variedades de hortalizas o plantas medicinales (entre otras), también de las temporadas de plantación o cosecha, o del servicio social que cumple su trabajo con centros estudiantiles y círculos infantiles en sus mediaciones.

Pero no me centraré en cuestiones técnicas que se escucharían y entenderían mejor de conversarse con él; sino en otras cuestiones de carácter humano y cívico que nos trasmitió.

Fernando nos relata que su principal objetivo "es servir con su trabajo", encontrar que sus clientes regresan satisfechos a casa y no le importa deponer de su tiempo libre para brindar una ayuda a cualquiera que lo requiera; pero más que preocuparle adquirir representativos ingresos (sólo los necesarios), se siente a gusto y dice enriquecerse mucho más con el reconocimiento social. Para sostener sus palabras trae a la conversación la frase del apóstol José Martí: “la pobreza pasa, pero la deshonra no”.

Este trabajador social nos comenta que su trabajo “se ha convertido en su principal trinchera para defender la obra de la Revolución”, porque ésta fue la que le brindó la oportunidad de realizarse en esta labor y aportarle muchos otros beneficios más valiosos, además de sus ingresos.



Él dice tener una responsabilidad igual a una institución estatal; de la misma manera que una entidad hospitalaria no cobra por brindar sus servicios, ni la escuela por enseñar a sus hijos y nietos, ni la defensa civil para cooperar con prevenir daños económicos y humanos frente a temporales climatológicos, etc.; él cree en el actuar humanitario sin por el cual medie interés material alguno.

Fernando comentó que su “responsabilidad no sólo consiste en brindar alimentos vegetales, sino en cultivar flores para embellecer el alma y plantas que puedan ser curativas para sanar el cuerpo”, porque tiene plena fe en la medicina natural.

El amor depuesto, por este agricultor urbano, para llevar a cabo este proyecto de importancia social, se desborda en sus palabras y se constata en sus logros, lo cual denota el resultado de su constancia, disciplina, abnegación por ser socialmente útil y, principalmente, por aportar un gran grano de arena para el desarrollo de la Revolución mediante un proyecto ecológicamente sostenible.

Fernando comprende la situación internacional, "las necesidades y el hambre que consume a muchos países subdesarrollados y bajo el régimen del capitalismo"; condena la política hostil del imperialismo contra Cuba y hace mención de "las consecuencias que provocan en la economía cubana el genocida bloqueo del gobierno norteamericano contra nuestra nación."

Por eso mismo Fernando cree que "es de gran importancia que la población conozca las técnicas esenciales para cultivar un huerto, una parcela o una porción de tierra que ayude así a la economía y alimentación de la familia."



Hablar con Fernando es como tener la oportunidad de escuchar a todo un experto en agricultura; donde además se goza de su modestia. Uno, simplemente se siente que está intercambiando con un hombre sencillo, de pueblo y sin otros títulos que no sean aquellos ganados como reconocimiento a su excelente trabajo.

Mientras se habla con este campesino anclado en medio de una pequeñita ciudad, se puede percibir su avidez por transmitir sus conocimientos, de crear valores humanos y principios revolucionarios en quienes comparten de su conversación,  y ello te crece la ansiedad por seguir aprendiendo de su sapiencia edificada sobre el rigor científico y la experiencia viva de la vida; porque Fernando, además de agricultura urbana, se puede decir que es toda una escuela.



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