Tira Cuba

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viernes, 10 de enero de 2014

Una Isla rosario de nombres, foco de leyendas novelescas de piratería y la realidad de un pueblo: Isla de la Juventud.



Esta Isla no fue descubierta por Cristóbal Colón en 1493, en su segundo viaje a las Américas (repetido “ingenuamente” aún por aquellos con mentalidad colonizada); porque en realidad ya estaba habitada por aborígenes que poblaron sus costas, principalmente. La huella de sus primeros pobladores quedó acreditada por los hallazgos de utensilios elaborados de caracol Strombus Gijas (pertenecientes a los Guayabo Blanco) (1), de barro o por la rúbrica de singulares pictografías, al sureste del territorio. Esto último, un bellísimo motivo para que el científico, geógrafo, arqueólogo y espeleólogo cubano, Antonio Nuñez Jiménez, llamara a las cuevas rubricadas con dichas “escrituras”, como la capilla Sixtina del Arte Rupestre.


Casi se puede decir que aquí nacieron las leyendas del Caribe, la luz de sorprendentes historias que flamean desde hace siglos, entre el miedo a las tempestades marinas y la ilusión de los enterrados tesoros piráticos; una silueta sobre las aguas que aún hoy en día cautiva, tanto por encima como por debajo de la cota cero.


Un pedacito de tierra bautizado por muchos nombres a través de los siglos. Sigüanea, Ahao, Camaraco y Guanaja fueron las denominaciones dadas por los precolombinos. A partir del siglo XV, recibió otros nombres como La Evangelista (dado por Cristóbal Colón), Santiago (dado por el primer gobernador de Cuba, Diego Velázquez Cuéllar, 1511), Santa María, San Pauli, Colonia Reina Amalia (en honor a la segunda esposa de Fernando VII, de España) e Isla de los Deportados. Este último nombre fue por ser territorio de confinamiento para delincuentes comunes e “indeseados” independentistas contra la Corona española. Gracias a esto, fue un lugar de paso para nuestro Héroe José Martí (1871), antes de ser deportado a España, donde estuvo brevemente reponiéndose de los maltratos recibidos en las canteras de San Lázaro, en La Habana.


Otro de los famosos nombres fue isla de los Piratas, por ser cobijo de forajidos del mar, como Jean Francois La Roque, Van Caerden, John Oxman, Van Vyn Enrique, Pieter Pieterzon Hayn (Pata de Palo), Cornelius Cornelizoon Hol, Francis “El Olonés”, Henry Morgan, Bartolomé (El Portugués), Pierre Franquesnay, Bartolomé Sharper, William Dampier (quien posteriormente se convirtió en escritor al narrar sus propias aventuras), Charles Gran, Bartolomé Valadón, Jhon Rackman (conocido por Calico Jack) y el cubano Pepe “el Mallorquín” (siendo uno de los últimos piratas que se logró adueñar de la islita).


La ubicación estratégica del territorio fue de interés para otras potencias colonizadoras europeas como Inglaterra, la cual también merodeó por las aguas de los alrededores, con el objetivo de apoderarse de la isla. Según algunas referencias históricas, la primera batalla naval en el continente Americano se llevó a cabo en la ensenada de Siguanea (1596), al suroeste de la Isla, donde la flota del español Bernardino Delgadillo y Avellaneda (General de la Armada de Las Indias) se enfrentó y derrotó a la flota inglesa al mando del Almirante Thomas Baskerville.


La capital, fundada en 1830, recibió el nombre de Nueva Gerona, en consideración al Gobernador de Cuba Francisco Dionisio Vives y Planes (1823-1832), quien durante la Guerra de Independencia Española contra la agresión napoleónica, defendió la ciudad de Girona (1808), Cataluña (según fuentes cubanas). Aunque debo señalar que los verdaderos méritos se le deberían señalar al General y Gobernador Militar de Girona, Mariano Álvarez de Castro, quien al mando de 5600 soldados, sostuvo a la ciudad por casi 7 meses contra las embestidas de las tropas francesas, las cuales disponían de más de 18000 efectivos. En esa localidad catalana, hay un monumento (“El Lleò”), en reconocimiento a Álvarez de Castro y los héroes que le acompañaron en aquella contienda defensiva.


El exuberante y salvaje paisaje, sus aguas cristalinas y los constantes deseos de asedio y posesión de piratas, corsarios y conquistadores, levantaron las ilusiones literarias para inspirar al novelista, poeta y ensayista escocés Robert Louis Balfour Stevenson en su famosa obra, la cual también le dio nombre al territorio: Isla del Tesoro.


Isla de las Cotorras, La Isla Olvidada o La Siberia de Cuba fueron otros seudónimos que aludían al terruño en obras literarias; aunque uno de los más impactantes fue “La Isla de los 500 Asesinatos”, obra del escritor y periodista cubano, Pablo de la Torriente Brau, la cual le sirvió para la posterior creación literaria: “Presidio Modelo”; donde denunció los abominables crímenes cometidos por el Capitán Pedro Abraham Castells, director de ese infierno de prisión. Un  centro penitenciario, copiado de otro ubicado en Julliet, Estado de Illinois, Estados Unidos, antro de crímenes, acopio de presos alemanes y japoneses durante la Segunda Guerra Mundial y reclusorio de los asaltantes del Moncada.
Vista aérea del Presidio Modelo

Los intereses de poderío geoestratégicos del imperialismo se encontraban en primera línea de la agenda y la Isla poseía una ubicación bien valorada para tenerla como posesión (2); por eso pujaron en las famosas conversaciones con España en el denominado Tratado de Paris (Diciembre de 1898), dando por sentado el dejar fuera a este territorio de la jurisdicción de Cuba y así finalmente anexarlo a Estados Unidos. 


La mancha en la Constitución cubana, la llamada Enmienda Platt, daba la cobertura al engendro de separación y anexión; y, además, de implantar un complejo militar en la Isla, el cual sirviera para cualquier necesaria intervención, tanto en Cuba como en otro país latinoamericano. Afortunadamente, el arraigo del pueblo a seguir siendo cubano, forzó a que Estados Unidos reconociera la jurisdicción de Cuba sobre la Isla (en marzo de 1925); aunque esto conllevó a usurpar otro territorio cubano en Guantánamo.


Retomando el tema, el nombre registrado como Isla de Pinos, fue el que más tiempo le quedó para reconocer a este territorio que levantaba “eruptivas” emociones, enverdecido por sus altos y abundantes pinares.
Fidel y compañeros del M-26 en la embarcación El Pinero, a la salida de la Isla de Pinos, después de haber sido liberados de Presidio Modelo, en marzo de 1955

El 1 de enero de 1959 trajo significativos cambios al deprimente panorama dibujado por la época neocolonial. El triunfo revolucionario frenó el propósito gansteril del Motel El Colony, un proyecto batistiano que abarcaba la posterior construcción de un embarcadero para yates de lujo, un reparto residencial y un fastuoso hotel (allí están los pilares del cimiento) sobre las elevaciones de Siguanea para el juego, la prostitución, el lavado de dinero y el exclusivo apartado vacacional de ricachones de la dictadura y extranjeros.


Uno de los propósitos de la dirección de la Revolución era cambiar el entorno socio-económico de la Isla, lo cual expresó el propio Comandante Fidel Castro en una visita realizada el 7 de junio de 1959, al dirigirse a los pobladores de la Isla, en un acto realizado frente al antiguo Ayuntamiento (hoy Museo Municipal, ubicado frente al Parque Lacret).


El paso del ciclón Alma, en junio de 1966, aceleró todo el programa de transformación. Ya el Comandante en Jefe Fidel Castro había convocado a los jóvenes de todo el país a conformar las Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario para apoyar en la recuperación económica de diversos territorios del país, entre ellos la Isla de Pinos. Frente a la adversidad meteorológica y al llamado de Fidel, la Unión de Jóvenes Comunistas, en su III Pleno Nacional respondió convocando a formar las Columnas Juveniles Agropecuarias para apoyar el trabajo agrícola.


A la isla, primero llegaron los integrantes de la columna Luis Ramírez López (nombre del combatiente de Guardafronteras asesinado en la Base Naval de Guantánamo, el 21 de mayo de 1966, y quien guardaba en su carnet militar una hoja con la siguiente frase: “Lucharemos hasta el final”) y posteriormente arribaron las siguientes: Columna Juvenil del Centenario, las Marianas, los seguidores de Camilo-Che, el EJT y otros miles que se volcaron en las tareas agrícolas (entre ellas el cítrico), industriales, de construcción, de servicios y de educación.

Ernesto Che Guevara en la inauguración de la fábrica de Kaolin Julius Fusic

Un año después, el 12 de agosto, durante la inauguración del embalse Vietnam Heroico, en otra visita que Fidel hizo al territorio pinero, los jóvenes le propusieron cambiarle el nombre a la Isla, con el objetivo de terminar de romper con cadenas coloniales del pasado. El líder de la Revolución, en su discurso de ese día, respondió: “... propongámonos no solo revolucionar la naturaleza, sino revolucionar aquí también las mentes, revolucionar la sociedad, puesto que aquí se presentan condiciones objetivas que hacen factible eso, por ser una región muy poco poblada, por ser una región que adquirirá un tremendo desarrollo técnico, por ser una región donde se reúne para trabajar y para crear un numeroso contingente de entre los más entusiastas de nuestros jóvenes.”


El desarrollo citrícola alcanzado tanto por estas columnas juveniles como por el trabajo realizado por estudiantes nacionales y extranjeros en las escuelas al campo, trajo otro sobrenombre: Isla de las Toronjas. 


El 2 de agosto de 1978, el territorio fue subsede del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en Cuba. En esta fecha se dio reconocimiento a la epopeya de todos los jóvenes, los que pasaron y a los muchos que echaron raíces, convirtiendo al terruño en su propia casa. En las palabras del compañero Raúl Roa (el Canciller de la dignidad), se dio a conocer que el territorio asumía su nuevo nombre oficial: Isla de la Juventud.
Fidel junto a estudiantes de la Escuela Cuba-Corea
Fidel junto a estudiantes Saharauis
Sin embargo, en un institucionalizado ejercicio de consulta con el pueblo para valorar si se asumía un nuevo gentilicio, el pueblo de la Isla continuó asumiendo para sí el de pineros.


La Isla de la Juventud es una Isla rosario de nombres, foco de leyendas novelescas de piratería y la realidad de un pueblo en constante lucha por defender su soberanía, sus conquistas.


Esta isla ha transitado por los siglos, transformándose como crisálida dentro de nuestro archipiélago cubano. Ha escrito en la historia numerosas páginas llenas de sortilegio aborigen y dolor colonizador, de numerosas aventuras marinas de corsarios y piratas y un florecido sentimiento independentista que levantó su población en armas un 26 de julio de 1896. Creó su propio ritmo con la sapiencia guajira y se ilustró culturalmente con los sueños anclados de caimaneros y jamaicanos. 

Aun cuando hubo bestias que quisieron convertirla en el abismo del silencio y el olvido, dio las fuerzas necesarias a los hijos de Cuba para que se aferraran a la libertad y se rompieran los barrotes del encierro con el himno de combate de un movimiento rebelde, que se alzó en la Sierra Maestra e hizo la Revolución.  


Tuvo un párroco que creyó más generoso lucir la sotana verde olivo para servir mejor a su país y dio hijos tan generosos y dignos como su mayor exponente: Jesús Montané Oropesa. Acogió con generosidad solidaria a hijos de otras tierras lejanas para forjar en ellos mujeres y hombres nuevos.

Esta Isla que envuelve con sus paisajes y peculios, engalanó su gran salón azul para una danza entre delfines y Déborah Andollo, esa coronada sirena que con su brío dio génesis a la inmortalidad de sus duelos.


La Isla se atilda nuevamente. Sus calles florecen con nuevos colores y formas. Renace con el amor que le profesan y sigue latiendo en el pecho de todos los que la conocieron, la sintieron y la viven como si fuese su más preciada criatura.


Sólo hay que tocarla y abrirá sus cálidos pétalos a todos los que la quieran admirar y hacerla suya.






(1)    El Strombus gigas es conocido comúnmente como Caracol Strombus, Caracol rosado o Caracol reina. El género Strombus contempla a moluscos gasterópodos marinos de la familia Strombidae, los cuales reciben el conocido nombre de caracolas. Es un caracol comestible de gran tamaño y en muy extrañas ocasiones puede desarrolla una perla en su interior.

(2)    Documentos publicados en el New York Times sobre la anexión de la Isla.

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