Como homenaje al Aniversario 124 de la caída en combate de José Martí publicamos este artículo que rinde honores también a su discípulo más aventajado y sus esencias antiimperialistas.
Sin duda, Fidel Castro ha sido
el más aventajado discípulo de las ideas y la praxis revolucionaria de José
Martí.
No fue pura coincidencia
histórica, sino que el líder de la Revolución Cubana asumió el ideario martiano
de manera consciente y entregada.
Así lo ratificó en 1985 en sus
conversaciones con Frei Betto: “Yo, antes de ser comunista utópico o marxista,
soy martiano; lo voy siendo desde el bachillerato: no debo olvidar la atracción
enorme del pensamiento de Martí sobre todos nosotros, la admiración por Martí”.
La noche del 25 de noviembre, sesenta años después de aquella en que salió de Tuxpan al frente de la expedición liberadora, partió otra vez de viaje Fidel Castro.
Tres años antes del Granma había encabezado una acción revolucionaria que sorprendió al país por la audacia, valentía y espíritu de sacrificio de los participantes, y provocó el rechazo a la orgía de crímenes con la que respondió la dictadura que se había implantado en 1952. Pero aquel hecho parecía ir contra lo que se consideraba posible, y ninguna fuerza política lo apoyó.
Tomado de Contexto Latinoamericano. OceanSur.
Por Osvaldo Martínez Martínez
La personalidad y la ejecutoria de Fidel Castro se componen de muchas facetas. Aquí intento reflejar una de ellas: el manejo técnico-político de los temas de economía mundial.
Ellos son una parcela de su pensamiento expresado en discursos, conferencias de prensa, notas periodísticas, entrevistas e incluso en un libro sobre las relaciones económicas internacionales. Fue probablemente el líder político que con mayor frecuencia y extensión utilizó el análisis de la economía mundial en la segunda mitad del siglo XX y en el arranque del siglo XXI, y no fue superado por ninguno en cuanto a combinar el manejo técnico de complejos temas con las formulaciones políticas extraídas de ellos, en la estructuración de un discurso coherente y movilizador.
Tomado de Cubadebate
Por Gerardo Hernández Nordelo.
Quiero contarles algo que nunca he contado. El 23 de junio del 2001, ya dentro de la prisión de Estados Unidos, pudimos tener una pequeña radio desde la cuál escuchamos el discurso de Fidel en La Habana: “Nuestros héroes tendrán que ser liberados. La enorme injusticia cometida contra ellos será conocida por el mundo entero. Millones de libros transmitirán la verdad y el mensaje de Cuba. ¡Nuestros compañeros, más temprano que tarde, volverán!”. Mientras él hablaba de “los cinco” por supuesto que estaba emocionado, ¡cómo no iba a estarlo! Pero admito que me impactó enormemente cuando me nombró y al escuchar mi nombre en su inconfundible voz tomé dimensión de la enorme responsabilidad que tenía con mi pueblo, con la historia y para con él. Fué un momento muy importante porque además nos acababan de encontrar culpables y él aseguró, delante de todo su pueblo, que volveríamos. Y así fué. ¡Volvimos como lo prometió Fidel! Esas palabras nos acompañaron durante todos esos años como un baluarte de optimismo y de confianza. A lo largo de nuestra historia no hubo algo que él prometiera y no pusiera todos sus esfuerzos y toda su inteligencia en función de lograrlo.
Toda Cuba lo sabe.
Y nosotros, también lo sabíamos.
Durante los más de 16 años que estuve preso, conocí personas que ni siquiera sabían dónde está Cuba y mucho menos de socialismo o comunismo. Pero, si nombrabas a Fidel, ellos sí sabían quién era: “No sé mucho sobre su pensamiento, pero sé que los americanos no pudieron doblegarlo”, nos decían. Esas palabras son las que definen al Comandante: un hombre que hizo la Revolución y aún pudiendo tener una vida cómoda, eligió estar del lado de los pobres y decidió tomar las armas para mejorar el destino de su país.
Por eso, hablar de Cuba es hablar de Fidel.
Ya se cumplen dos años desde que pasó a la eternidad. Y en esta isla los 11 millones de cubanos lo extrañamos día a día. Pero los revolucionarios tenemos el firme propósito de no recordarlo con tristeza ni llanto, sino con alegría, con el optimismo que él nos inculcó y sobre todo con el deseo de luchar y seguir adelante, de no defraudarlo, ¡nunca! Somos miles quienes soñamos y confiamos que un mundo mejor es posible. Pero hay que construirlo. A veces sufrimos retrocesos que ponen a algunas personas a dudar si es real o sólo una utopía, a ellos les digo que mientras Cuba exista y esté luchando, habrá esperanzas. Luchemos por un mundo mejor; por hombres y mujeres nuevas; luchemos…
Enseguida del
derrumbe del mayor aliado foráneo de la Revolución Cubana, a inicios de los
años 90, Fidel Castro, lejos de ceder terreno, animó otros escenarios de
movilización antimperialista. Tras haberse adelantado a rectificar errores del
modelo de socialismo que antes había prevalecido, y de enfrentar de inmediato
las exigencias del Período Especial, Fidel amplió el énfasis que su política
internacional ya le dedicaba a los problemas del desarrollo en los países del
Tercer Mundo, y a construir solidaridad es para afrontar en grupo las prácticas
con que las oligarquías de los países ricos dificultan ese desarrollo.
El primer homenaje que recibió Fidel al morir fue una consigna de hoy, una invención de jóvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: “yo soy Fidel”. Así se demostró que Fidel es del siglo XXI, y que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible. En esos días de duelo Fidel libró su primera batalla póstuma, y volvió a mostrarle a todos, como en 1953, el camino verdadero.
Aunnque esperada, la elección de Miguel Díaz-Canel Bermúdez a la
presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba es un hecho
trascendental. A 57 años exactamente de la victoria del pueblo cubano en Playa
Girón, Cuba experimenta un notable jalón en una transición generacional
programada, ordenada e iniciada hace tiempo. Es inevitable recordar hoy
aquellos días vertiginosos de lucha incesante, con Fidel en la primera línea,
cuando el pueblo armado de la pequeña isla le infligió a Estados Unidos su
primera gran derrota militar en América.
El pensamiento y acción de Fidel Castro tienen orígenes en la historia liberacionista y revolucionaria cubanas, y proyecciones en las expectativas del Tercer Mundo en general y de Latinoamérica en particular. En lo que toca al primer aspecto, las iniciativas plasmadas en el asalto al cuartel Moncada, el desembarco del Granma y la guerra de liberación nacional, desde la Sierra Maestra hasta La Habana, lo demuestran tempranamente, una y otra vez.
Nació siendo inmortal Sin su nombre no hay historia Ni horizonte sin su estrella La palabra sincera hablará de él Cabalgando por los siglos Su ejemplo persistirá inquieto Siendo la luz, siendo pueblo
Muchos fueron los mensajes manuscritos recibidos para homenajear al líder de la Revolución Cubana, como parte de la convocatoria realizada por nuestro sitio A Fidel: De mi puño y letra
“Historias de la Aviación Cubana”, una obra que he leído este fin de semana, cuyo tema central es el origen y desarrollo de ese medio de transporte en Cuba, a la vez permite viajar, y experimentar las vivencias del escritor. Anécdotas narradas con profundo sentimiento en la ardua profesión de los que depende la vida de los viajeros.
Su autor es el investigador y escritor cubano Luis Martínez Menocal, también nombrado General Lucio dentro de las filas del Ministerio del Interior de Cuba.
El imperio ha estado acostumbrado a controlar,
dominar, invadir y saquear a cuanto país desee, pero con Cuba no ha podido ni
podrá; contra esa pequeña isla de once millones de habitantes ha fracasado.
Razón tenía Fidel cuando dijo que “si a David se le recuerda porque luchó
contra Goliat, a los cubanos, que constituimos un David mucho más pequeño,
contra un Goliat mucho más grande, se nos tendrá que recordar tanto como se
recuerda a David”.
Más de siete millones de cubanos suscribieron en apenas tres días, con nombre y apellidos y número de su carné de identidad, el concepto fidelista de Revolución
Hay que situarse por un momento en sus mentes. Mucho lo desearon y trataron de adelantarlo mediante invasiones, sublevaciones desatadas por “la insatisfacción económica y la penuria” sugeridas en un añejo memorandum a Eisenhower,por el éxito de uno de los más de 600 planes magnicidas a los que la congesista estadounidense Ileana Ros-Lehtinen dio la bienvenida (“I welcome the opportunity of having anyone assassinate Fidel Castro”), o añorando un hecho biológico inevitable para todo ser vivo que muchas veces fue carne de fake news, como se dice ahora.
Este 25 de noviembre se conmemoró un aniversario más de la partida física de Fidel Castro, quien encabezó una lucha armada contra la tiranía Batistiana, servil al imperialismo, y lideró el proceso libertario desde la Sierra Maestra hasta el llano, a todo lo largo del país, sabiendo extender la batalla de un pequeño movimiento político a la lucha de todo un pueblo por la independencia alcanzada el 1 de enero de 1959.
Fidel fue aclamado, aupado, escuchado, leído, aplaudido y
profundamente querido por los pueblos. Su recuerdo, sigue siendo respetado por
los humildes y los pobres de la tierra hasta el punto de sentirlo todavía
activo, cercano, mostrando enseñanzas necesarias, señalando el camino; pero lo
que más hace sentirlo vivo es la demostración de firmeza de todo un pueblo, de
más de 11 millones de cubanas y cubanos decididos a seguir un camino propio,
defendiendo sus conquistas. Conquistas que también se esparcen por el mundo en
contingentes de cubanas y cubanos, personal sanitario y docente, realizando
solidaridad internacionalista… aportando humanismo con el corazón a los más
necesitados.
Hablar de #Fidel es analizar las enseñanzas del pasado para actuar en el presente, es aprender del presente para construir el futuro: es pensar en justicia y humanidad, es sostenibilidad y equilibrio con la naturaleza, es coexistir en paz.
Los cubanos rinden especial tributo por estos
días al líder histórico de su Revolución, Fidel Castro, de quien hablan con una
mezcla de admiración, respeto y añoranza, pero siempre lo hacen en
presente, pese a su partida física el 25 de noviembre del pasado año.
Hace apenas unos días concluyó en Managua, Nicaragua, el XXIII Encuentro Anual del Foro de Sao Paulo, en el participó una amplia delegación cubana encabezada por el Comandante José Ramón Balaguer Cabrera, jefe del departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
En cada escenario de debate y discusión de este encuentro, en cada pasillo, en cada taller y acto realizado, una palabra, una imagen, una voz se alzaba más viva que nunca: Fidel, ser humano y líder excepcional al que se le rindió tributo como al gran amigo y compañero, como al gran amigo, impulsor y artífice principal de la unidad y la integración regional, un luchador incansable por la humanidad.
A unas horas de conmemorarse el 91 aniversario del natalicio de nuestro Comandante en Jefe, compartimos fragmentos de la entrevista ofrecida por Balaguer antes de partir a Managua, y en la que reflexiona sobre el legado de nuestro Fidel.
Comandante Balaguer: ¿Cómo acercarnos al legado de Fidel?
El legado de Fidel está en el concepto de Revolución. Si tú te fijas y analizas punto por punto te darás cuenta de que – por lo menos yo lo considero así- es una autobiografía de Fidel.
Todas y cada una de esas cosas, porque ese legado plantea no solo lo que es Revolución sino está planteando cómo debe ser un revolucionario, cuáles son los valores que debe tener un revolucionario. La ética de Martí está presente en ese legado y en los valores que representa la ética para un revolucionario.
Sentido del momento histórico.
Cuando lo vuelvas a leer y veas el primer punto “sentido del momento histórico” te pones a pensar por qué Fidel tiene eso en primer lugar. Y entonces acuérdate de Cinco Palmas, ya, no digo más. Siete fusiles y “ahora sí ganamos la guerra”, contra la dictadura de Batista, contra sus militares y contra el imperio; y lo hizo.
Esa es una cosa que es importante para los revolucionarios: tener sentido del momento histórico. Y eso ha hecho la Revolución, ha hecho en cada momento lo que ha tenido que hacer, incluso, cuando desapareció la URSS y se hizo lo que se tuvo que hacer en ese momento histórico, a pesar de las dificultades, de la falta de recursos. Nos quedamos sin nada, sin comercio, sin nada y sin embargo, prevalecimos.
Cambiar todo lo que debe ser cambiado.
Esa es la concepción dialéctica de la sociedad, los conceptos marxistas sobre desarrollo social y desarrollo económico en todo sentido y lo hemos estado haciendo.
Cuando tengan tiempo cojan los discursos de Fidel en los Congresos y no lean nada más que el análisis crítico que hace de nuestras deficiencias y nuestros problemas desde el primer Congreso y las cosas que se han hecho para modificar esto, cambiar esto, cambiar lo otro. Y ahora lo que se está haciendo después del 7mo congreso con los acuerdos.
La ética, la verdad, la solidaridad, la justicia para Cuba y el mundo
Y así todo lo demás, los valores éticos que hay: el problema de la verdad, el problema de la solidaridad. Un proceso revolucionario por un problema de concepción política de cualquier tipo si no tiene en sus fundamentos y en su conducta la solidaridad humana no tiene ningún provenir en beneficio del mundo y de la gente. Y eso está en ese pensamiento de Fidel y en su conducta.
En el mundo nadie puede hacer lo que hizo la Revolución Cubana: ir a África en la forma en que fuimos, ir a Angola. Y la solidaridad con nuestros médicos, con nuestro personal de la salud, no lo hace ningún país, no pueden. El sistema capitalista no puede, no tiene la voluntad, ni condiciones ni gente que tenga un sentimiento solidario grande para hacerlo. Y la Revolución lo ha hecho a pesar de nuestras carencias y nuestras dificultades.
Cuando habla de sus sueños de justicia para Cuba y para el mundo, él ha sido eso permanente: su vida, sus enseñanzas y la que nos ha transmitido a todos durante todo ese tiempo. Y cuando habla de patriotismo, de socialismo y de internacionalismo son tres cosas que están ahí.
Patriotismo.
El patriotismo como cosa principal. ¿Y qué cosa es el patriotismo? El patriotismo se asienta fundamentalmente sobre la solidaridad humana, solidaridad con nuestros compatriotas en todo momento y en todos los sentidos.
Y eso ha sido la Revolución gobernando todo el tiempo: un gobierno para la gente, para el ser humano, por eso los presupuestos más grandes que tiene el país son relacionados con el ser humano: la educación gratuita, la salud gratuita, el problema de la seguridad social, el problema de la cultura, el problema del deporte, el problema del conocimiento. Eso es esencial.
“El pueblo cubano vencerá”, ¿una despedida?
Esa expresión de Fidel fue una orden de combate. Nos está diciendo: “la única salida es el triunfo. Cuba triunfará”. Y ese es el espíritu que está reinando en este momento en la conducta, en la acción del Partido. Es decir, Fidel muere con el pensamiento y la confianza de que la Revolución triunfará. Fue una expresión de confianza para todos nosotros. Nos estaba diciendo: “Confío en todos ustedes. La Revolución no tiene otro camino que triunfar”.
Y, ¿sabes cuál fue la propiedad de Fidel al morir? Su uniforme, su gorra, sus grados de Comandante en Jefe y sus botas. Y que fue quemado con sus propiedades, las que se llevó. Y otra gran propiedad que se llevó fue el alma y el corazón nuestro. Fidel fue un ser extraordinario, extraordinario.
Festejo realizado el 22 de julio de 2017, en la ciudad de Rubí, Barcelona, Cataluña, por el Día de la Rebeldía Nacional en Cuba con motivo del Asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes por Fidel Castro y sus compañeros en Santiago de Cuba y Bayamo. En este acto se contó con la presencia de Pedro Trigo López, combatiente del Moncada y cofundador del M-26-7 en La Habana.
Declaración del Movimiento de Solidaridad Defensem Cuba en apoyo a la Revolución Bolivariana de Venezuela y a la Constituyente convocada por el presidente Nicolás Maduro y el CNE.
Hacer de la
prensa un arte, un legado, una obra de incalculable valor. Reflejar y proponer,
criticar, convencer y transformar. He aquí un Martí que se crece entre los de
su tiempo para legar una obra periodística legítima, que trasciende en cuanto a
forma, estilo y contenido. Pero que más allá de todo valor otorgado, la
comprendió como vía para divulgar las ideas, las más nobles y puras, las más
agrias y reales, las revolucionarias.