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sábado, 21 de marzo de 2020

El coronavirus descoronará a Trump y hará tambalear su imperio


Tomado de Pensando América
Por Patricio Montesinos

Si alguna vez el mandatario Donald Trump pensó y hasta pudo haber utilizado el Covid-19 para favorecerse en las próximas elecciones en Estados Unidos, lo cierto es que el nuevo coronavirus puede descoronarlo definitivamente en noviembre venidero, y hacer tambalear el imperio de Washington.

viernes, 1 de marzo de 2019

Las ayudas humanitarias de China, Rusia, Cuba, UNICEF, OPS y ONU

Foto: notimerica.com
Tomado de ALAI. Agencia Latinoamericana de Información.
Por Gabriele Kuehnle. Psicóloga y socióloga, periodista colaboradora en medios de prensa europeos y latinoamericanos en temas de derechos humanos, democracia y medio ambiente. Colaboradora del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).

China, Cuba y la Organización Panamericana de Salud (OPS) enviaron 933 toneladas de ayuda humanitaria a Venezuela solicitado por el gobierno. Los contenedores llegaron el 14 de febrero al puerto de La Guaira, Venezuela. Los países solidarios coordinaron con los organismos de la ONU y con el estado venezolano en tiempo y forma la llegada y posterior distribución en el país.

martes, 2 de junio de 2015

La nueva geopolítica del petróleo

Tomado de LE MONDE DIPLOMATIQUE
Por IGNACIO RAMONET.
¿En qué contexto general se está dibujando la nueva geopolítica del petróleo? El país hegemónico, Estados Unidos, considera a China como la única potencia contemporánea capaz, a medio plazo (en la segunda mitad del siglo XXI), de rivalizar con él y de amenazar su hegemonía solitaria a nivel mundial. Por ello, Washington instauró secretamente, desde principio de los años 2000, una “desconfianza estratégica” con respecto a Pekín.
El presidente Barack Obama decidió reorientar la política exterior norteamericana considerando como criterio principal este parámetro. Estados Unidos no quiere encontrarse de nuevo en la humillante situación de la Guerra Fría (1948-1989), cuando tuvo que compartir su hegemonía mundial con otra “superpotencia”, la Unión Soviética. Los consejeros de Obama formulan esta teoría de la siguiente manera: “Un sólo planeta, una sola superpotencia”.
En consecuencia, Washington no deja de incrementar sus fuerzas y sus bases militares en Asia Oriental para intentar “contener” a China. Pekín constata ya el bloqueo de su capacidad de expansión marítima por los múltiples “conflictos de los islotes” con Corea del Sur, Taiwán, Japón, Vietnam, Filipinas… Y por la poderosa presencia de la VIIª flota de Estados Unidos. Paralelamente, la diplomacia norteamericana refuerza sus relaciones con todos los Estados que poseen fronteras terrestres con China (exceptuando a Rusia). Lo que explica el reciente y espectacular acercamiento de Washington con Vietnam y con Birmania.
Esta política prioritaria de atención hacia el Extremo Oriente y de contención de China sólo es posible si Estados Unidos logra poder alejarse de Oriente Próximo. En este escenario estratégico, Washington interviene tradicionalmente en tres ámbitos. En primer lugar, en el ámbito militar: Washington se encuentra inmerso en varios conflictos, especialmente en Afganistán contra los talibanes y en Irak-Siria contra la Organización del Estado Islámico. En segundo lugar, en el ámbito de la diplomacia, en particular con la República Islámica de Irán, con el objetivo de limitar su expansión ideológica e impedir el acceso de Teherán a la fuerza nuclear. Y, en tercer lugar, en el ámbito de la solidaridad, especialmente con respecto a Israel, para quien Estados Unidos sigue siendo una especie de “protector en última instancia”.
Esta “sobreimplicación” directa de Washington en la región (particularmente después de la Guerra del Golfo en 1991) ha mostrado los “límites de la potencia norteamericana”, que no ha podido ganar realmente ninguno de los conflictos en los cuales se ha implicado fuertemente (Irak, Afganistán). Conflictos que han tenido, para las arcas de Washington, un coste astronómico con consecuencias desastrosas incluso para el sistema financiero internacional.
Actualmente, Washington tiene claro que Estados Unidos no puede realizar simultáneamente dos grandes guerras de alcance mundial. Por lo tanto, la alternativa es la siguiente: o Estados Unidos continúa implicándose en el “pantanal” de Oriente Próximo en conflictos típicos del siglo XIX; o se concentra en la urgente contención de China, cuyo fulgurante impulso podría anunciar a medio plazo la decadencia de Estados Unidos.
La decisión de Barack Obama es obvia: debe hacer frente al segundo reto, pues éste será decisivo para el futuro de Estados Unidos en el siglo XXI. En consecuencia, este país debe retirarse progresivamente –pero imperativamente– de Oriente Próximo.
Aquí se plantea una pregunta: ¿por qué Estados Unidos se ha implicado tanto en Oriente Próximo, hasta el punto de descuidar al resto del mundo, desde el fin de la Guerra Fría? Para esta pregunta, la repuesta puede limitarse a una palabra: petróleo.
Desde que Estados Unidos dejó de ser autosuficiente en lo que al petróleo se refiere, a finales de los años 1940, el control de las principales zonas de producción de hidrocarburos se convirtió en una “obsesión estratégica” norteamericana. Lo cual explica parcialmente la “diplomacia de los golpes de Estado” de Washington, especialmente en Oriente Medio y en América Latina.
En Oriente Próximo, en los años 1950, a medida que el viejo Imperio Británico se retiraba y quedaba reducido a su archipiélago inicial, el Imperio estadounidense lo reemplazaba mientras colocaba a la cabeza de los países de esas regiones a sus “hombres”, sobre todo en Arabia Saudí y en Irán, principales productores de petróleo del mundo, junto con Venezuela, ya bajo control estadounidense en la época.
Hasta hace poco, la dependencia de Washington respecto al petróleo y al gas de Oriente Próximo le impidió considerar la posibilidad de retirarse de la región. ¿Qué ha cambiado entonces para que Estados Unidos piense ahora en retirarse de Oriente Próximo? El petróleo y el gas de esquisto, cuya producción por el método llamado “fracking” aumentó significativamente a comienzos de los años 2000. Eso modificó todos los parámetros. La explotación de ese tipo de hidrocarburos (cuyo coste es más elevado que el del petróleo “tradicional”) fue favorecida por el importante aumento del precio de los hidrocarburos que, en promedio, superaron los 100 dólares por barril entre 2010 y 2013.
Actualmente, Estados Unidos ha recuperado la autosuficiencia energética e incluso está convirtiéndose otra vez en un importante exportador de hidrocarburos. Por lo tanto, ya puede por fin considerar la posibilidad de retirarse de Oriente Próximo, con la condición de cauterizar rápidamente varias heridas que, en algunos casos, datan de más de un siglo.
Por esa razón, Obama retiró casi la totalidad de las tropas norteamericanas de Irak y de Afganistán. Estados Unidos participó muy discretamente en los bombardeos de Libia y se negó a intervenir contra las autoridades de Damasco, en Siria. Por otra parte, Washington busca a marchas forzadas un acuerdo con Teherán sobre el tema nuclear y presiona a Israel para que su gobierno progrese urgentemente hacia un acuerdo con los palestinos. En todos estos temas se percibe el deseo de Washington de cerrar los frentes en Oriente Próximo para pasar a otra cuestión (China) y olvidar así las pesadillas de Oriente Próximo.
Todo esto se desarrollaba perfectamente mientras los precios del petróleo seguían altos, cerca de 100 dólares el barril. El precio de explotación del barril de petróleo de esquisto es de aproximadamente 60 dólares, lo que deja a los productores un margen considerable (entre 30 y 40 dólares el barril).
Aquí es donde Arabia Saudí ha decidido intervenir. Riad se opone a que Estados Unidos se retire de Oriente Próximo. Sobre todo si Washington establece antes un acuerdo sobre el tema nuclear con Teherán, lo que los saudíes consideran demasiado favorable a Irán. Además, según la monarquía wahabita, expondría a los saudíes, y a los suníes en general, a convertirse en víctimas de lo que llaman “el expansionismo chií”. Hay que tener presente que los principales yacimientos de hidrocarburos saudíes se encuentran en zonas de población chií.
Considerando que dispone de las segundas reservas mundiales de petróleo, Arabia Saudí decidió usar el petróleo para sabotear la estrategia norteamericana. Oponiéndose a las consignas de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Riad decidió, contra toda lógica comercial aparente, aumentar considerablemente su producción y hacer de ese modo bajar los precios del petróleo, inundando el mercado de petróleo barato. La estrategia dio rápidamente resultados. En poco tiempo, los precios del petróleo bajaron un 50%. El precio del barril descendió a 40 dólares (antes de subir ligeramente hasta aproximadamente 55-60 dólares actualmente).
Esta política asestó un duro golpe al “fracking”. La mayoría de los grandes productores estadounidenses de gas de esquisto están actualmente en crisis, endeudados y corren el riesgo de quebrar (lo que implica una amenaza para el sistema bancario norteamericano que, generosamente, había ofrecido abundantes créditos a los neopetroleros). A 40 dólares el barril, el esquisto ya no resulta rentable. Ni las excavaciones profundas “off shore”. Numerosas compañías petroleras importantes ya han anunciado que cesan sus explotaciones en alta mar porque no son rentables, provocando la pérdida de decenas de miles de empleos.
Una vez más, el petróleo es menos abundante. Y los precios suben ligeramente. Pero las reservas de Arabia Saudí son suficientemente importantes para que Riad regule el flujo y ajuste su producción de manera que permita un ligero aumento del precio (hasta 60 dólares aproximadamente) pero sin que se lleguen a superar los límites que permitirían reanudar la producción mediante el “fracking” y en los yacimientos marítimos a gran profundidad. De este modo, Riad se ha convertido en el árbitro absoluto en materia de precio del petróleo (parámetro decisivo para las economías de decenas de países entre los cuales figuran Argelia, Venezuela, Nigeria, México, Indonesia, etc.).
Estas nuevas circunstancias obligan a Barack Obama a reconsiderar sus planes. La crisis del “fracking” podría representar el fin de la autosuficiencia de energía fósil en Estados Unidos. Y, por lo tanto, la vuelta a la dependencia de Oriente Próximo (y también de Venezuela, por ejemplo). Por ahora, Riad parece haber ganado su apuesta. ¿Hasta cuándo?

miércoles, 18 de febrero de 2015

Carta de China para María Corina

Tomado de  TeleSur



Honorable Señora,

En respuesta a su carta del 8 de enero 2015 dirigida al camarada Xi Jinping, Presidente de la República Popular China, he recibido instrucciones de responderla para hacer honor a la tradicional cortesía de mi país y, al mismo tiempo, señalarle:

PRIMERO
 
Firma usted su carta como “Diputada a la Asamblea Nacional”, cargo y título que usted –efectivamente- tuvo y del cual fue despojada por sus colegas parlamentarios por haber representado a otro país (?) en la Organización de Estados Americanos OEA, con el propósito manifiesto de oponerse a la representación oficial de Venezuela en dicho foro. La República Popular China no se entromete en los asuntos internos de Venezuela, pero creo pertinente comentar que si un diputado chino hubiera incurrido en semejante conducta, y hubiera cometido la locura de volver a China, lo hubiéramos tratado sin la benevolencia que usted ha recibido de parte del gobierno de su país y habría perdido algo más que su curul. Me atrevo, además, a suponer que es en función de esa benevolencia que usted hoy se atribuye un título que no tiene para descalificar a su gobierno y denunciar acuerdos bilaterales que sin duda beneficiarán a su pueblo.

SEGUNDO
 
Habla usted “en nombre de los ciudadanos venezolanos que hoy nos preparamos para la reconstrucción de nuestro país”, y suponemos se refiere a sus correligionarios. No podemos sino desearle éxito en dicha preparación si es para alcanzar el poder dentro de la legalidad constitucional venezolana, es decir mediante elecciones.

No parece pertinente de su parte “advertir al pueblo chino” (son sus palabras) de cualquier cosa que sea.  Habla usted con irrespeto y  racismo, como si el gobierno de una nación de 1.370 millones de habitantes necesitara que usted le informe sobre las realidades del mundo. Peor aún, comienza su “advertencia” con una afirmación tan errónea como es “Venezuela atraviesa una crisis económica y social sin precedentes”, cuando hasta los estudiantes  chinos y venezolanos saben que el actual “proceso” venezolano nació justamente de la profunda y dramática crisis neoliberal de los 80-90, que era política y social y no solamente económica como la actual que, además, es en gran parte artificial y provocada.

TERCERO

En cuanto a la parte de su “advertencia” que señala, como para atemorizarnos, “una grave escasez de productos de primera necesidad, el aumento desenfrenado de la inflación y la destrucción del sector productivo” un estudio aún superficial de la historia china le permitirá enterarse, señora Machado, que esas eran las condiciones cuando nació, en 1948 y en plena guerra fría, nuestra gloriosa República Popular China, sin mencionar la guerra fría y acoso por parte del entonces gobierno macarthista de los Estados Unidos.

CUARTO

Escribe usted que “La solicitud de financiamiento hecha recientemente por el Sr. Maduro ante la República Popular China, no garantiza que los recursos se utilicen de una manera responsable…” Una solicitud en sí no garantiza nada: en las negociaciones bilaterales entre China y Venezuela rige el mutuo interés estratégico y las garantías financieras. En cuanto al destino y uso que hace cada Estado de sus finanzas, eso es un asunto de política interna: nosotros no somos el FMI ni somos el gobierno de su amigo George Bush. El gobierno chino no regala, ni apuesta decenas de miles de millones de dólares sin saber con quién está tratando: consideramos que Venezuela tiene suficientes recursos materiales y humanos para garantizar cualquier cosa. Y sobre la parte de su ‘advertencia’ que indica que “la caída de los precios del petróleo les restan el soporte (sic) que requeriría la solicitud”, nuestros expertos petroleros difieren y piensan que hay razones para esperar un repunte de precios en 2015.

QUINTO

En cuanto a su afirmación de que “el nuevo empréstito podría (sic) estar fuera de toda norma constitucional venezolana”, su condicional ‘podría’ genera dudas sobre si el tema la supera a usted o si intentó formular una amenaza, como si la República Popular China no supiera quién es usted y su poca autoridad que  en materia constitucional.

El resto de su carta es puramente político, y trata asuntos para ser debatidos entre venezolanos. Me detendré, sin embargo en su afirmación de que miles de millones de dólares han sido para “proyectos en el área social que hoy no están concluidos”. Y decirle que esperamos que nunca se concluyan, porque esa es, justamente, la naturaleza de los proyectos sociales.

Termina usted su carta asegurándonos que “al lograr la transición hacia la democracia, el nuevo gobierno de Venezuela honrará los compromisos asumidos con la República Popular de China”, a lo que me veo obligado a señalarle que la República Bolivariana de Venezuela está reconocida como una democracia por los casi 200 países miembros de las Naciones Unidas y, en general, por toda la comunidad internacional. Siendo Venezuela una democracia, quizás la “transición” que usted nos anuncia sea hacia otra cosa que no nos permitimos ni queremos adivinar. Lo único que podemos hacer, en esta China milenaria y socialista, es preguntarnos si el “nuevo gobierno”  que usted anuncia... durará o duraría- más que el de su antiguo socio y colega Pedro Carmona Estanga.

Con nuestra consideración

Me suscribo,

Dr. Fu Man Chu
Encargado de Asuntos Atípicos Internacionales
Xihuang-Chenggen Beijie, Beijing
República Popular de China.

P.S.: Manda a decir el Presidente Xi Jinping que no sea tan chismosa.

viernes, 6 de febrero de 2015

¿Quién es el verdadero enemigo de la libertad en Internet, China, Rusia o los EE.UU.?

brics-internet
Tomado de La Pupila Insomne
Por Evgueny Morozov

Informes recientes de que China ha impuesto nuevas restricciones a Gmail, el servicio de correo electrónico, buque insignia de Google, no deberían realmente verse como una gran sorpresa. Mientras que los usuarios chinos no han podido acceder al sitio de Gmail desde hace varios años, todavía eran capaces de utilizar gran parte de sus funcionalidades, gracias a los servicios de terceros como Outlook o Apple Mail.
 
Esta laguna ha sido cerrada (aunque temporalmente – algunas de las nuevas restricciones parecen haber sido misteriosamente ya levantadas), lo que significa que los usuarios chinos han tenido que recurrir a herramientas de evasión más avanzadas. Los que no pueden o no están dispuestos a realizar cualquier tipo de acrobacias simplemente pueden cambiar a un servicio gestionado por una empresa china interna, que es precisamente lo que el gobierno chino quiere que hagan.

Tales interrupciones de corto plazo y largo plazo de las conexiones de Gmail son parte de los esfuerzos de China para proteger su soberanía tecnológica mediante la reducción de la dependencia de los ciudadanos de los servicios de comunicación estadounidenses. Después de que Corea del Norte vio su acceso a Internet temporalmente a oscuras por el alboroto de Entrevista – con poca evidencia de que el país realmente tenía algo que ver con la piratería masiva de Sony – el concepto de soberanía tecnológica está a punto de emerger como una de los más importantes y polémicas doctrinas de 2015.

Y no es sólo el chino: el gobierno ruso está llevando a cabo un programa similar. Una nueva ley que entró en vigor el pasado verano obliga a todas las empresas de Internet a almacenar datos de los ciudadanos rusos en los servidores dentro del país. Esto ya ha llevado a Google a cerrar sus operaciones de ingeniería en Moscú. El reciente éxito del Kremlin en conseguir bloquear una página de Facebook que pedía protestas en solidaridad con el acusado activista Alexey Navalny indica que el gobierno está restableciendo rápidamente el control sobre las actividades digitales de los ciudadanos.

Pero eso es una derrota global de Google: la compañía todavía está en expansión en otros lugares, construyendo infraestructura de comunicaciones que se extiende mucho más allá de los simples servicios de correo electrónico. Así, ya que los países de América del Sur comenzaron a explorar los planes para contrarrestar la vigilancia de la NSA con una red de fibra óptica propia que reduciría su dependencia de los EE.UU., Google abrió sus arcas para financiar un cable submarino de 60 millones de dólares que conecta Brasil a la Florida.

El objetivo es asegurar que los propios servicios de Google funcionen mejor para los usuarios en Brasil, pero es un poderoso recordatorio de que sacarse a sí mismo de las garras del imperio tecnológico de Estados Unidos requiere una estrategia multidimensional en sintonía con el hecho de que Google hoy en día no es solo una empresa de búsquedas y correo electrónico sino que también opera dispositivos, sistemas operativos, e incluso conectividad en sí.

Dado que Rusia y China no son conocidos por su compromiso con las libertades de expresión y de reunión, es tentador ver su búsqueda de la soberanía de la información como otra tentativa en la censura y el control. De hecho, aun cuando el gobierno mucho más benigno de Brasil jugó con la idea de obligar a las empresas estadounidenses para almacenar datos de usuarios a nivel local – una idea finalmente  abandonada – fue ampliamente acusado de extralimitación draconiana.

Sin embargo, Rusia, China y Brasil están simplemente respondiendo a las tácticas extremadamente agresivas adoptadas por nada menos que los EE.UU.. Sin embargo, como de costumbre, Estados Unidos es completamente ajeno a sus propias acciones, en la creencia de que existe una cosa tal como una Internet neutral, cosmopolita… y que cualquier esfuerzo por alejarse de ello resultaría en su “balcanización”. Pero para muchos países esto no es balcanización en absoluto, sino simplemente desamericanización.

Las compañías estadounidenses han estado jugando un papel ambiguo en este proyecto. Por un lado, construyen infraestructura eficiente y altamente funcional que se afianza en otros países, creando dependencias a largo plazo que resulta difícil y costoso deshacer. Ellas son los verdaderos vehículos para lo que queda de la agenda global de modernización de los Estados Unidos. Por otro lado, las empresas no pueden ser vistas como meros sustitutos para el imperio estadounidense. Sobre todo después que las revelaciones de Edward Snowden demostraron claramente las acogedoras alianzas entre los intereses empresariales y estatales de Estados Unidos, estas empresas necesitan afirmar constantemente su independencia – ocasionalmente llevando su propio gobierno a los tribunales- aunque, en realidad, la mayor parte de sus intereses se alinean perfectamente con los de Washington.

Esto explica por qué Silicon Valley ha sido tan ruidoso en exigir que la administración de Obama haga algo acerca de la privacidad y la vigilancia en Internet: si las empresas de Internet fueran vistas aquí como partes comprometidas, su negocio se vendría abajo. Basta con mirar las desgracias de Verizon en 2014: por la incertidumbre sobre la distribución de datos entre Verizon y la NSA, el gobierno alemán se deshizo de su contrato con la compañía estadounidense a favor de Deutsche Telekom. Un portavoz del gobierno alemán dijo en ese momento: “El gobierno federal quiere volver a ganar más soberanía tecnológica, y por lo tanto prefiere trabajar con empresas alemanas.”

Sin embargo, para comprender el alcance total de la hipocresía de Estados Unidos sobre la cuestión de la soberanía de la información, hay que mirar más allá de la disputa en curso entre Microsoft y el gobierno de Estados Unidos. Se trata del contenido de correo electrónico -relevante para una investigación – almacenado en los servidores de Microsoft en Irlanda. Los fiscales estadounidenses insisten en que pueden obtener dicho contenido desde Microsoft simplemente con una orden de entrega como si no hiciera ninguna diferencia que el correo electrónico se almacene en un país extranjero.

Para obtenerla, Washington normalmente tendría que pasar por un proceso legal complejo que implica los tratados bilaterales entre los gobiernos involucrados. Pero ahora quiere dejar eso de lado por completo y tratar la gestión de estos datos como una cuestión puramente local, sin implicaciones internacionales. Los datos residen en el ciberespacio ¡y el ciberespacio no tiene fronteras!

El razonamiento del Gobierno es que el problema del almacenamiento es irrelevante; lo relevante es donde se accede al contenido, y se puede acceder por los empleados de Microsoft en los EE.UU.. Microsoft y otros gigantes de la tecnología están luchando contra el gobierno de Estados Unidos en los tribunales, con poco éxito hasta el momento, mientras que el gobierno irlandés y un puñado de políticos europeos están apoyando a Microsoft.

En resumen, el gobierno de Estados Unidos insiste en que se debe tener acceso a los datos independientemente de donde se almacenen el tiempo que estén a cargo de las empresas estadounidenses. Imagínense las protestas si el gobierno chino exigiera el acceso a cualquier dato que pase a través de los dispositivos fabricados por empresas chinas – Xiaomi, por ejemplo, o Lenovo – independientemente de si sus usuarios están en Londres o Nueva York o Tokio. Noten la diferencia crucial: Rusia y China quieren poder acceder a los datos generados por sus ciudadanos en su propio suelo, mientras que los EE.UU. quieren acceder a los datos generados por cualquier persona en cualquier lugar, siempre y cuando las empresas estadounidenses los manejen.

Al oponerse a los esfuerzos de otros países para reclamar un poco de soberanía tecnológica, Washington probablemente se encuentre con un problema que ya ha encontrado al promover su nebuloso programa “libertad de Internet”: sus acciones hablan más fuerte que sus palabras. Retóricamente, es muy difícil oponerse a la vigilancia digital dirigida por los gobiernos y el giro en línea en Rusia, China o Irán, cuando el gobierno de Estados Unidos hace probablemente más que todos estos países juntos.

Lo que motiva el deseo de Rusia y China de ejercer un mayor control sobre sus propiedades digitales – y sólo un ingenuo creería que no están motivados por la preocupación por el malestar interno – es que sus acciones son proporcionales a los esfuerzos agresivos de Washington para explotar el hecho de que gran parte de la infraestructura de comunicaciones del mundo está dirigido por Silicon Valley. La libertad de un hombre en internet es el imperialismo en internet de otro hombre. 

(Publicado en The Guardian, traducción de La pupila insomne)

martes, 7 de octubre de 2014

NDI financia a ‘Scholarism’, el movimiento estudiantil opositor de Hong Kong

Tomado de Libre Red


Un informe anual del Gobierno de los Estados Unidos revela que en el año 2012 se otorgaron a través de la fundación “National Democratic Institute for International Affairs” (NDI) 460.000 dólares para “desarrollar la capacidad de los estudiantes universitarios de Hong Kong en relación a temas como el sufragio universal.

La NDI es una organización que recibe fondos a través de la National Endowment for Democracy (NED), una fundación que subvenciona a grupos opositores (asociaciones, partidos políticos, patronales, sindicatos…) en distintos países no alineados con los intereses de EEUU bajo el pretexto del “desarrollo” y la “promoción de la democracia” con el objetivo final de forzar un cambio de poder.
 http://www.photos.apo-opa.com/plog-content/images/apo/logos/the-national-democratic-institute-for-international-affairs.jpg
Según informa el propio NDI, una de sus tareas es “ofrecer asistencia práctica a líderes cívicos y políticos” y trabajar en varias regiones del mundo para “fortalecer organizaciones políticas y civiles”. Es sin duda el caso del “líder estudiantil” Joshua Wong, cuya figura y movimiento “Scholarism”, fundado en 2012, está captando buena parte de la atención mediática en las protestas opositoras de Hong Kong.

Según denuncia el periodista Thierry Meissan, desde hace 30 años, la National Endowment for Democracy (NED) se encarga de la parte legal de las operaciones ilegales de la CIA. Son las ya conocidas como “revoluciones de color”, movimientos opositores que buscan derrocar gobiernos para instaurar Ejecutivos aliados a EEUU.

Las diversas “revoluciones de color” comenzaron a organizarse en toda la antigua Unión Soviética en la década del 2000 a través de ONG’s tapadera que recibían fondos extranjeros.
El gobierno de Estados Unidos dice trabajar a favor de “la promoción de la democracia a través del mundo”. Su posición es que el Congreso estadounidense puede subvencionar la NED y que la NED puede a su vez, de manera independiente, ayudar directa o indirectamente a asociaciones, partidos políticos o sindicatos en cualquier país del mundo. Al ser, como su nombre lo indica, “organizaciones no gubernamentales”, las ONGs pueden emprender iniciativas políticas que las embajadas no pueden asumir sin violar la soberanía de los Estados que las acogen. Esa es precisamente la cuestión.

Ya en 2012 el informe anual del Gobierno de EEUU mencionado anteriormente decía lo siguiente:

“Se hace necesario apoyar un proceso de reforma constitucional para desarrollar la capacidad de los ciudadanos de Hong Kong – en particular los estudiantes universitarios – a participar más eficazmente en el debate público sobre la reforma política, el NDI trabajará con organizaciones de la sociedad civil para que los estudiantes y los ciudadanos exploren las posibles reformas que conducen al sufragio universal”.

Casualmente, dos años después de que el dinero comenzara a fluir hacia los estudiantes universitarios de Hong Kong estallaron las movilizaciones opositoras con las mismas demandas que había puesto sobre la mesa en 2012 la Casa Blanca.

lunes, 23 de junio de 2014

Una Cumbre invisible y la impunidad a las claras

Tomado de Coordinadora de Solidaridad con Nicaragua y ALBA

Como en todo lo demás, también hay diferentes variedades del silencio. Este fin de semana pasado se celebró la Cumbre del Grupo G77 más China en Santa Cruz, Bolivia, que fue una noticia de primer plano en todo el mundo. A pesar de su nombre, desde su fundación en 1964, al G77 se han integrado 133 países que forman dos terceras partes de la Organización de las Naciones Unidas. Aún el espectáculo de la Copa Mundial del fútbol no pudo eclipsar la importancia de un evento que reunió destacados dirigentes mundiales y equipos de alto nivel de la enorme mayoría del mundo.

La Cumbre destacó la prioridad de la lucha contra la pobreza, la unidad de la mayoría de los países del mundo contra Occidente y sus aliados y el imperativo de un mundo seguro y en paz. La declaración final contiene 242 puntos, indicativo del enorme reto de lograr unas relaciones internacionales más justas, una economía mundial más equilibrada y un comportamiento ambiental en armonía con la naturaleza. Ninguna de estas aspiraciones es posible en una economía global dominada por el capitalismo depredador promovido por Norte América, Europa y sus aliados porque su irracional sistema de consumo y producción es insostenible.

Sin embargo, uno busca en vano un reportaje en los prestigiosos medios de comunicación occidentales sobre los eventos alrededor de la Cumbre en Santa Cruz, sobre los temas fundamentales allí debatidos o sobre la presencia de dirigentes mundiales o del Secretario General de la ONU Ban Ki Moon. Aun los medios corporativos europeos supuestamente progresistas lo ignoraron porque de verdad para el Occidente la mayoría del mundo solo existe por sus recursos naturales, su mano de obra barata, su hábito irritante de estar en lugares de importancia geo-estratégica y sus atractivos destinos turísticos. Aparte de esos factores. para el mundo occidental dos terceras de la población del mundo no tienen ninguna importancia.

En cambio allí sí se encuentran, aparte de la cobertura extensa de la Copa Munidal, titulares sobre los avances militares en Iraq de los terroristas extremistas patrocinados por el Occidente y sus aliados árabes en Libia y en Siria.  Pero la cobertura corporativa occidental silencia la realidad del patrocinio occidental de los terroristas y extremistas en Iraq. De la misma manera, en los medios occidentales hay silencio sobre las noticias del genocidio asalto de los fascistas ucranianos contra la población de habla ruso en las nuevas Repúblicas de Donetsk y Lugansk.

Los titulares que declaran el poder militar de las fuerzas extremistas en Iraq  como si fuera una sorpresa van acompañados por artículos de opinión del ex-Primer Ministro británico Tony Blair. Junto con el entonces Presidente George W. Bush y Primer Ministro José Maria Aznar, Tony Blair fue quien sometió el pueblo de Iraq a una guerra catastrófica que destruyó el país y devastó su sociedad de manera irremediable. Como recompensa de parte de sus patrones corporativos,  Blair ahora participa en las juntas directivas del mega-banco J.P.Morgan y del conglomerado militarista transnacional, el Carlyle Group.

Frente a los últimos acontecimientos en Iraq, Blair levanta su voz para alegar que él no tiene responsabilidad en el asunto y que tampoco es culpa de Occidente la invasión de la horda extremista que ahora aterroriza el pueblo de Iraq. Un testigo relevante aquí es el Presidente Obiang Nguema Basogo de Guinea Ecuatorial. El Presidente Obiang fue Presidente de la Unión Africana a lo largo de 2011 y es un testigo clave de los acontecimientos en la Costa Marfil y en Libia en aquel año que siguieron el triste patrón de intervención necoloniel establecido por Tony Blair y sus compinches en Iraq.

Con respecto al derrocamiento del Presidente Laurent Gbagbo de la Costa Marfil en 2011, Obiang asevera que "al contrario a Túnes y a Egipto, no era el pueblo de Costa Marfil el que sacó a Gbagbo del poder. Son los franceses y las tropas de la ONU que lo hicieron. Ni fue el ejército de la Costa Marfil que lo llevaron. Fueron los franceses y tropas de la ONU, tropas extranjeros." Con respecto a Libia, el entonces Presidente de la Unión Africana dice, "los mismos países extranjeros se escondieron detrás de la OTAN para bombardear y destruir el ejército de Ghaddafi y neutralizar su capacidad de defenderse y defender su país."

La desestabilización de Costa Marfil de parte del Occidente empezó hace muchos años, desde el momento de lograr su independencia de Francia. De igual manera los intentos de desestabilización de Libia comenzaron en el momento que el entonces Coronel Gaddahafi y sus colegas tomaron el poder en 1969. Las herramientas de desestabilización usadas por los poderes occidentales siempre han sido grupos disidentes y terroristas financiados, entrenados y equipados por los servicios de inteligencia de Francia, Inglaterra o Estados Unidos.

Ese apoyo a grupos armados terroristas y extremistas se perfeccionó y llegó a su colmo en 2011 con el derrocamiento de los gobiernos legítimos de Libia y de Costa Marfil. Ahora, como han hecho en Mali, en la República de África Central, en Nigeria con Boko Haram, los poderes occidentales han dejado a sus eventuales aliados terroristas desestabilizar al gobierno de Iraq, un aliado de Irán y de Siria. El testimonio del Presidente Obiang, quien durante décadas ha sido un colaborador fiel de las corporaciones petroleras occidentales, es categórico al respecto.

Allí se encuentra el motivo de la ausencia de la cobertura por los medios occidentales de la Cumbre del G77 en Bolivia. A Occidente no conviene oír propuestas a favor de la paz mundial o la seguridad global. No quiere dialogar seriamente sobre la justicia económica o comercial a nivel internacional. No le interesa asumir sus responsabilidades por la sostenibilidad ambiental del planeta. Ni permite que salgan estas ideas de una cumbre de la mayor parte del mundo en los medios corporativos occidentales.

Reina un silencio casi total. En cambio, sí hay libertad de recibir en la cara las cínicas excusas y falsos pretextos de títeres corporativos genocidas como Tony Blair, responsable de la muerte de cientos de miles de civiles inocentes, de millones de niñas y niños a los cuales se les ha negado sus derechos fundamentales, de millones de familias desplazadas para que busquen qué hacer en condiciones miserables como refugiados. Para justificar todo eso con impunidad sí, en el Occidente hay libertad de expresión.

miércoles, 18 de junio de 2014

G77+China, en busca del establecimiento de un "nuevo orden mundial"



Tomado de RT Actualidad.




Este fin de semana se celebra en Bolivia la Cumbre G77+China que reúne a delegaciones de 133 países bajo la consigna 'Por un nuevo orden mundial para vivir bien'. ¿Quién participa en la cita y cuáles son los temas clave?

'Por un nuevo orden mundial para vivir bien' es el lema de la Cumbre G77+China, que se celebra el 14 y 15 de junio en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra. Al encuentro, organizado con motivo del 50 aniversario del establecimiento del grupo, asisten delegaciones de más de cien países y 27 Jefes de Estado de todo el mundo, es decir, casi dos tercios de las naciones del mundo.

"Al ser el mayor grupo de países de las Naciones Unidas, el G77 desempeña un papel fundamental para que los esfuerzos por aplicar con eficacia la agenda para el desarrollo después de 2015 sean satisfactorios", recalcó el secretario general de la ONU.

Ban Ki-moon, instó a formular una agenda de desarrollo sostenible posterior a 2015, cuando concluyan las metas de desarrollo del milenio, y aseguró que "el destino de miles de millones de pobres y el estado del planeta dependen del éxito de nuestra labor".

Además de la creación de un nuevo orden mundial más justo, la agenda está marcada por temas como la búsqueda de modos para promover la cooperación sur-sur, la instauración de un modelo económico más justo, la lucha contra la pobreza y la defensa de los derechos humanos.

En la cita, que ha inaugurado el presidente de Bolivia, Evo Morales, junto con el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, participan los mandatarios latinoamericanos de Venezuela, Nicolás Maduro; de Argentina, Cristina Fernández; de Ecuador, Rafael Correa; de Uruguay, José Mujica y de Cuba, Raúl Castro, entre otros.

Sin embargo, no han podido asistir la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, la mandataria chilena, Michelle Bachelet o el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. El mandatario chino, Xi Jinping, tampoco está presente.

"Si el señor [Barack] Obama sigue agrediendo al pueblo venezolano estoy convencido que, frente a la provocación y agresión, Venezuela y América Latina serán el segundo Vietnam para EE.UU.", afirmó Morales en un discurso hecho ante una multitudinaria concentración de movimientos sociales e indígenas antes de la celebración de la cumbre del G77. 

"Vamos a defender la democracia, vamos a defender los recursos naturales, vamos a defender nuestra soberanía y vamos a defender la dignidad de nuestros pueblos", manifestó el presidente de Bolivia. 

La cumbre culminará el domingo con la emisión de un documento que, según lo previsto, sentará las bases del primer borrador de una agenda post Objetivos de Desarrollo del Milenio. 

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