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domingo, 31 de marzo de 2019

El injusto acto de un soberano vs el soberano acto de hacer justicia.

López Obrador y Beatriz Gutiérrez Müller. (EFE)
Por Gustavo de la Torre Morales

El 12 de octubre de 1492, en busca de rutas comerciales, accidentalmente, llegaron las tres embarcaciones comandadas por Cristóbal Colón a las Américas; una expedición por mandato de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Poco después llegaron con la cruz y la espada. Con la cruz justificaron la evangelización del crimen que cometieron con la espada… con el látigo… con la tortura en el cepo.

martes, 21 de febrero de 2017

Nuevo Comunicado del EZLN: Los muros arriba, las grietas abajo (y a la izquierda)

Tomado de Centro de Medios Libres

Febrero del 2017.

La tormenta en nuestro caminar.

Para nosotras, nosotros, pueblos originarios zapatistas, la tormenta, la guerra, lleva siglos.  Llegó a nuestras tierras con la patraña de la civilización y la religión dominantes.  En ese entonces, la espada y la cruz desangraron a nuestra gente.

Con el paso del tiempo, la espada se modernizó y la cruz fue destronada por la religión del capital, pero se siguió demandando nuestra sangre como ofrenda al nuevo dios: el dinero.

Resistimos, siempre resistimos.  Nuestras rebeldías fueron suplantadas en la disputa entre unos contra otros por el Poder.  Unos y otros, arriba siempre, nos demandaron luchar y morir para servirlos, nos exigieron obediencia y sometimiento bajo la mentira de liberarnos.  Como aquellos a quienes decían y dicen combatir, vinieron y vienen a mandar.  Hubo así supuestas independencias y falsas revoluciones, las pasadas y las por venir.  Los de arriba se turnaron y se turnan, desde entonces, para mal gobernar o para aspirar a hacerlo.  Y en calendarios pasados y presentes, su propuesta sigue siendo la misma: que nosotras, nosotros, pongamos la sangre; mientras ellos dirigen o simulan dirigir.
Y antes y ahora, olvidan ellos que no olvidamos.

Y siempre la mujer abajo, ayer y hoy.  Incluso en lo colectivo que fuimos y somos.

Pero los calendarios no sólo trajeron dolor y muerte para nuestros pueblos.  Al expandir su dominio, el Poder creó nuevas hermandades en la desgracia.  Vimos entonces al obrero y al campesino hacerse uno con nuestro dolor, y yacer bajo las cuatro ruedas del carromato mortal del Capital.

Conforme avanzó el Poder en su paso por el tiempo, más y más crecía el abajo, ensanchando la base sobre la que el Poder es Poder.  Vimos entonces sumarse a maestros, estudiantes, artesanos, pequeños comerciantes, profesionistas, los etcéteras con nombres diferentes pero idénticos pesares.

No bastó.  El Poder es un espacio exclusivo, discriminatorio, selecto.  Entonces las diferencias fueron también perseguidas abiertamente.  El color, la raza, el credo, la preferencia sexual, fueron expulsadas del paraíso prometido, siendo que el infierno fue su casa permanente.

Les siguieron la juventud, la niñez, la ancianidad.  El Poder convirtió así a los calendarios en materia de persecución.  Todo el abajo es culpable: por ser mujer, por ser niñ@, por ser joven, por ser adulto, por ser ancian@, por ser human@.

Pero, al expandir la explotación, el despojo, la represión y la discriminación, el Poder también amplió las resistencias… y las rebeldías.

Vimos entonces, y ahora, levantarse la mirada de muchas, muchos, muchoas.  Diferentes pero semejantes en la rabia y la insumisión.

El Poder sabe que sólo es lo que es sobre quienes trabajan.  Los necesita.

A cada rebelión respondió y responde comprando o engañando a los menos, encarcelando y asesinando a los más.  No teme sus demandas, es su ejemplo el que le causa horror.

No bastó.  De dominar naciones, el Poder del Capital buscó poner a la humanidad entera bajo su pesado yugo.

Tampoco fue suficiente.  El Capital pretende ahora manejar a la naturaleza, domarla, domesticarla, explotarla.  Es decir, destruirla.

Siempre con la guerra, en su avance destructor el Capital, el Poder, demolió primero feudos y reinos.  Y sobre sus ruinas levantó naciones.

Luego devastó naciones, y sobre sus escombros erigió el nuevo orden mundial: un gran mercado.

El mundo entero se convirtió en un inmenso almacén de mercancías.  Todo se vende y se compra: las aguas, los vientos, la tierra, las plantas y los animales, los gobiernos, el conocimiento, la diversión, el deseo, el amor, el odio, la gente.

Pero en el gran mercado del Capital no sólo se intercambian mercancías.  La “libertad económica” es sólo un espejismo que simula acuerdo mutuo entre quien vende y quien compra.  En realidad, el mercado se basa en el despojo y la explotación.  El intercambio es entonces de impunidades.  La justicia se transformó en una caricatura grotesca y en su balanza siempre pesa más el dinero que la verdad.  Y la estabilidad de esa tragedia llamada Capitalismo depende de la represión y el desprecio.

Pero no bastó tampoco.  Dominar en el mundo material no es posible si no se domina en las ideas.  La imposición con religiones se profundizó y alcanzó a las artes y las ciencias.  Como modas de vestir, surgieron y surgen filosofías y creencias.  Las ciencias y las artes dejaron de ser lo distintivo de lo humano y se acomodaron en un estante del supermercado mundial.  El conocimiento pasó a ser propiedad privada, lo mismo que la recreación y el placer.

El Capital, así, se consolidó como una gran máquina trituradora, usando ya no sólo a la humanidad entera como materia prima para producir mercancías, también a los conocimientos, a las artes, … y a la naturaleza.

La destrucción del planeta, los millones de desplazados, el auge del crimen, el desempleo, la miseria, la debilidad de los gobiernos, las guerras por venir, no son producto de los excesos del Capital, o de una conducción errónea de un sistema que prometió orden, progreso, paz y prosperidad.

No, todas las desgracias son la esencia del sistema.  De ellas se alimenta, a costa de ellas crece.

La destrucción y la muerte son el combustible de la gran máquina del Capital.
Y fueron, son y serán inútiles los esfuerzos por “racionalizar” su funcionamiento, por “humanizarlo”.  Lo irracional y lo inhumano son sus piezas claves.  No hay arreglo posible.  No lo hubo antes.  Y ahora ya tampoco se puede atenuar su paso criminal.

La única forma de detener la máquina es destruirla.

En la guerra mundial actual, la disputa es entre el sistema y la humanidad.
Por eso la lucha anticapitalista es una lucha por la humanidad.

Quienes todavía pretenden “arreglar” o “salvar” al sistema, en realidad nos proponen el suicidio masivo, global, como sacrificio póstumo al Poder.

Pero en el sistema no hay solución.

Y no bastan ni el horror, ni la condena, ni la resignación, ni la esperanza en que ya pasó lo peor y las cosas no harán sino mejorar.

No.  Lo cierto es que se va poner peor.

Por esas razones, más las que cada quien agregue de sus particulares calendarios y geografías, es que hay que resistir, hay que rebelarse, hay que decir “no”, hay que luchar, hay que organizarse.

Por eso hay que levantar el viento de abajo con resistencia y rebeldía, con organización.

Sólo así podremos sobrevivir.  Sólo así será posible vivir.

Y sólo entonces, como fue nuestra palabra hace 25 años, podremos ver que…
“Cuando amaine la tormenta,
 cuando la lluvia y fuego dejen en paz otra vez la tierra,
 el mundo ya no será el mundo, sino algo mejor.”
Resultado de imagen de EZLN

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La guerra y los muros de afuera y de adentro.

Si antes el sufrimiento causado por la guerra era patrimonio exclusivo del abajo mundial, ahora ensancha sus calamidades.

Sobre cada rincón del planeta, el odio y el desprecio pretenden destruir familias, comunidades enteras, naciones, continentes.  No es necesario ya haber cometido un delito o ser presunto criminal, basta ser sospechoso de ser humano.

Provocada por la codicia del gran dinero, la pesadilla actual pretende ser cobrada a quienes la padecen.  Las fronteras ya no sólo son líneas punteadas en los mapas y garitas aduanales, ahora son murallas de ejércitos y policías, de cemento y ladrillos, de leyes y persecuciones.  En todo el mundo de arriba, la caza del ser humano se incrementa y se festina en competencias clandestinas: gana quien más expulse, encarcele, confine, asesine.

Como llevamos diciendo desde hace más de 20 años, la globalización neoliberal no trajo el surgimiento de la aldea planetaria, sino la fragmentación y disolución de los llamados “Estados-nación”.  Llamamos entonces, y ahora, a ese proceso con el nombre que mejor lo describe: “guerra mundial” (la cuarta, según nosotr@s).

Lo único que se mundializó fue el mercado y, con él, la guerra.

Para quienes hacen funcionar las máquinas y hacen nacer a la tierra, las fronteras siguieron y siguen siendo lo que siempre han sido: cárceles.

Nuestra afirmación provocó entonces, hace dos décadas, sonrisas burlonas de la intelectualidad internacional encadenada a viejos y caducos dogmas.  Y esos mismos hoy tartamudean ante una realidad frenética, y, o ensayan viejas recetas, o se mudan a la idea de moda que, tras una compleja elaboración teórica, esconde lo único verdadero: no tienen ni la más remota idea de lo que pasa, ni de lo que sigue, ni de lo que antecedió a la pesadilla actual.

Se lamentan.  El pensamiento de arriba les prometió un mundo sin fronteras, y su resultado es un planeta atiborrado de trincheras chovinistas.

El mundo no se transformó en una gigantesca megalópolis sin fronteras, sino en un gran mar sacudido por una tempestad que no tiene precedentes de igual magnitud.  En él, millones de desplazados (a quienes, con rubor mediático, se les unifica bajo el nombre de “migrantes”) naufragan en pequeñas barcas, esperando ser rescatados por el gigantesco navío del gran Capital.

Pero no sólo no lo hará; él, el gran Capital, es el principal responsable de la tormenta que amenaza ya la existencia de la humanidad entera.

Con el torpe disfraz del nacionalismo fascista, los tiempos del oscurantismo más retrógrada vuelven reclamando privilegios y atenciones.  Cansado de gobernar desde las sombras, el gran Capital desmonta las mentiras de la “ciudadanía” y la “igualdad” frente a la ley y el mercado.

La bandera de “libertad, igualdad y fraternidad” con la que el capitalismo vistió su paso a sistema dominante en el mundo, es ya sólo un trapo sucio y desechado en el basurero de la historia de arriba.

Al fin el sistema se desemboza y muestra sus verdaderos rostro y vocación.  “Guerra siempre, guerra en todas partes”, reza el emblema del soberbio buque que navega en un mar de sangre y mierda.  Es el dinero y no la inteligencia artificial la que combate a la humanidad en la batalla decisiva: la de la supervivencia.

Nadie está a salvo.  Ni el ingenuo capitalista nacional, que soñaba con la bonanza que le ofrecían los mercados mundiales abiertos, ni la conservadora clase media sobreviviendo entre el sueño de ser poderosa y la realidad de ser rebaño del pastor en turno.

Y ni hablar de la clase trabajadora del campo y la ciudad, en condiciones más difíciles si posible fuera.

Y, para completar la imagen apocalíptica, millones de desplazados y migrantes agolpándose en las fronteras que, de pronto, se volvieron tan reales como los muros que, a cada paso, interponen gobiernos y criminales.  En la geografía mundial de los medios de comunicación y las redes sociales, los desplazados, fantasmas errantes sin nombre ni rostro, apenas son un número estadístico que muta su ubicación.

¿El calendario?  Apenas un día después de la promesa del fin de la historia, de la solemne declaración de la supremacía de un sistema que otorgaría bienestar a quien trabajara, de la victoria sobre el “enemigo comunista” que pretendía coartar la libertad, imponer dictaduras y generar pobreza, de la eternidad prometida que anulaba todas las genealogías.  El mismo calendario que anunciaba apenas ayer que la historia mundial recién empezaba.  Y resulta que no, que todo no era sino el preludio de la más espantosa pesadilla.

El capitalismo como sistema mundial colapsa, y, desesperados, los grandes capitanes no atinan a dónde ir.  Por eso se repliegan a sus guaridas de origen.

Ofrecen lo imposible: la salvación local contra la catástrofe mundial.  Y la pamplina se vende bien entre una clase media que se difumina con los de abajo en sus ingresos, pero pretende suplir sus carencias económicas con refrendos de raza, credo, color y sexo.  La salvación de arriba es anglosajona, blanca, creyente y masculina.

Y ahora, quienes vivían de las migajas que caían de las mesas de los grandes capitales, ven desesperados cómo también contra ellos se levantan los muros.  Y, el colmo, pretenden encabezar la oposición a esa política guerrera.  Así vemos a la derecha intelectual hacer gestos de contrariedad e intentar tímidas y ridículas protestas.  Porque no, la globalización no fue el triunfo de la libertad.  Fue y es la etapa actual de la tiranía y la esclavitud.

Las Naciones ya no lo son, aunque aún no se hayan percatado de ello sus respectivos gobiernos.  Sus banderas y emblemas nacionales lucen raídos y descoloridos.  Destruidos por la globalización de arriba, enfermos por el parásito del Capital y con la corrupción como única señal de identidad, con torpe premura los gobiernos nacionales pretenden resguardarse a sí mismos e intentar la reconstrucción imposible de lo que alguna vez fueron.

En el compartimento estanco de sus murallas y aduanas, el sistema droga a la medianía social con el opio de un nacionalismo reaccionario y nostálgico, con la xenofobia, el racismo, el sexismo y la homofobia como plan de salvación.

Las fronteras se multiplican dentro de cada territorio, no sólo las que pintan los mapas.  También y, sobre todo, las que levantan la corrupción y el crimen hecho gobierno.

La bonanza posmoderna no era sino un globo inflado por el capital financiero.  Y vino la realidad a pincharla: millones de desplazados por la gran guerra llenan las tierras y las aguas, se amontonan en las aduanas y van haciendo grietas en los muros hechos y por hacer.  Alentados antes por el gran Capital, los fundamentalismos encuentran tierra fértil para sus propuestas de unificación: “del terror nacerá un solo pensamiento, el nuestro”.  Después de ser alimentada con dólares, la bestia del terrorismo amenaza la casa de su creador.

Y, lo mismo en la Unión Americana, que en la Europa Occidental o en la Rusia neo zarista, la bestia se retuerce e intenta protegerse a sí misma.  Encumbra ahí (y no sólo ahí) a la estupidez y la ignorancia más ramplonas y, en sus figuras gobernantes, sintetiza su propuesta: “volvamos al pasado”.

Pero no, América no volverá a ser grande de nuevo.  Nunca más.  Ni el sistema entero en su conjunto.  No importa qué hagan los de arriba.  El sistema llegó ya al punto de no retorno.
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Contra el Capital y sus muros: todas las grietas.

La ofensiva internacional del Capital en contra de las diferencias raciales y nacionales, promoviendo la construcción de muros culturales, jurídicos y de cemento y acero, busca reducir más aún el planeta.  Pretenden crear así un mundo donde sólo quepan los que arriba son iguales entre sí.

Sonará ridículo, pero así es: para enfrentar la tormenta el sistema no busca construir techos para guarecerse, sino muros detrás de los cuales esconderse.

Esta nueva etapa de la guerra del Capital en contra de la Humanidad debe enfrentarse sí, con resistencia y rebeldía organizadas, pero también con la solidaridad y el apoyo a quienes ven atacadas sus vidas, libertades y bienes.

Por eso:

Considerando que el sistema es incapaz de frenar la destrucción.

Considerando que, abajo y a la izquierda, no debe haber cabida para el conformismo y la resignación.

Considerando que es momento de organizarse para luchar y es su tiempo de decir “NO” a la pesadilla que desde arriba nos imponen.
LA COMISIÓN SEXTA DEL EZLN Y LAS BASES DE APOYO ZAPATISTAS CONVOCAMOS:

I.- A la campaña mundial:

Frente a los muros del Capital:

la resistencia, la rebeldía, la solidaridad y el apoyo de abajo y a la izquierda.

Con el objetivo de llamar a la organización y la resistencia mundial frente a la agresividad de los grandes dineros y sus respectivos capataces en el planeta, y que aterroriza ya a millones de personas en todo el mundo:

Llamamos a organizarse con autonomía, a resistir y rebelarse contra las persecuciones, detenciones y deportaciones.  Si alguien se tiene que ir, que sean ellos, los de arriba.  Cada ser humano tiene derecho a una existencia libre y digna en el lugar que mejor le parezca, y tiene el derecho a luchar para seguir ahí.  La resistencia a las detenciones, desalojos y expulsiones son un deber, así como deber es apoyar a quienes se rebelan contra esas arbitrariedades SIN IMPORTAR LAS FRONTERAS.

Hay que hacerle saber a toda esa gente que no está sola, que su dolor y su rabia es vista aún a la distancia, que su resistencia no es sólo saludada, también es apoyada así sea con nuestras pequeñas posibilidades.

Hay que organizarse.  Hay que resistir.  Hay que decir “NO” a las persecuciones, a las expulsiones, a las cárceles, a los muros, a las fronteras.  Y hay que decir “NO” a los malos gobiernos nacionales que han sido y son cómplices de esa política de terror, destrucción y muerte.  De arriba no vendrán las soluciones, porque ahí se parieron los problemas.

Por eso llamamos a la Sexta en su conjunto a que se organice, según su tiempo, modo y geografía, para apoyar en y con actividades a quienes resisten y se rebelan contra las expulsiones.  Sea apoyándolos para que regresen a sus hogares, sea creando “santuarios” o apoyando los ya existentes, sea con asesorías y apoyos legales, sea con paga, sea con las artes y las ciencias, sea con festivales y movilizaciones, sea con boicots comerciales y mediáticos, sea en el espacio cibernético, sea donde sea y como sea.  En todos los espacios donde nos movamos es nuestro deber apoyar y solidarizarnos.

Llegó el momento de crear comités de solidaridad con la humanidad criminalizada y perseguida.  Hoy, más que nunca antes, su casa es también nuestra casa.

Como zapatistas que somos, nuestra fuerza es pequeña y, aunque es amplio y hondo nuestro calendario, nuestra geografía es limitada.

Por eso y para apoyar a quienes resisten a las detenciones y deportaciones, desde hace varias semanas la Comisión Sexta del EZLN ha iniciado contactos con individu@s, grupos, colectivos y organizaciones adherentes a la Sexta en el mundo, para ver el modo de hacerles llegar una pequeña ayuda de modo que les sirva como base para lanzar o continuar toda suerte de actividades y acciones a favor de l@s perseguid@s.

Para iniciar, les enviaremos las obras artísticas creadas por l@s indígenas zapatistas para el CompArte del año pasado, así como café orgánico producido por las comunidades indígenas zapatistas en las montañas del sureste mexicano, para que, con su venta, realicen actividades artísticas y culturales para concretar el apoyo y la solidaridad con los migrantes y desplazados que, en todo el mundo, ven amenazadas su vida, libertad y bienes por las campañas xenofóbicas promovidas por los gobiernos y la ultra derecha en el mundo.

Eso por lo pronto.  Ya iremos ideando nuevas formas de apoyo y solidaridad. Las mujeres, hombres, niños y ancianos zapatistas no les dejaremos sol@s.

II.- Invitamos también a toda la Sexta y a quien se interese, al seminario de reflexión crítica “LOS MUROS DEL CAPITAL, LAS GRIETAS DE LA IZQUIERDA” a celebrarse los días del 12 al 15 de abril del 2017, en las instalaciones del CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.  Participan:

Comisión Sexta del EZLN.

Don Pablo González Casanova.María de Jesús Patricio Martínez (CNI).Paulina Fernández C.
Alicia Castellanos.
Magdalena Gómez.
Gilberto López y Rivas.
Carlos Aguirre Rojas.Arturo Anguiano.
Sergio Rodríguez Lascano.
Christian Chávez (CNI).
Carlos González (CNI).

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Próximamente daremos más detalles.

III.- Convocamos a tod@s l@s artistas a la segunda edición del “CompArte por la Humanidad” con el tema: “Contra el Capital y sus muros: todas las artes” a celebrarse en todo el mundo y en el espacio cibernético.  La parte “real” será en fechas del 23 al 29 de julio del 2017 en el caracol de Oventik y el CIDECI-UniTierra.  La edición virtual será del 1 al 12 de agosto del 2017 en la red.  Próximamente daremos más detalles.

IV.- También les pedimos estar atent@s a las actividades a las que convoque el Congreso Nacional Indígena, como parte de su proceso propio de conformación del Concejo Indígena de Gobierno.

V.- Convocamos a l@s científic@s del mundo a la segunda edición del “ConCiencias por la Humanidad” con el tema: “Las ciencias frente al muro”.  A celebrarse del 26 al 30 de diciembre del 2017 en el CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, y en el espacio cibernético.  Próximamente daremos más detalles.

No es todo.  Hay que resistir, hay que rebelarse, hay que luchar, hay que organizarse.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Moisés            Subcomandante Insurgente Galeano


México, febrero 14 (también día de nuestr@s muert@s) del 2017.

jueves, 2 de febrero de 2017

Si el gasolinazo fuera en Venezuela, si los periodistas fueran apaleados... en Cuba

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Manifestación en México contra el gasolinazo. Foto: Xinhua
México 1
Asesinato de reporteros y periodistas en México. Foto: Repote Indigo
Tomado de Cubainformación.tv
Por José Manzaneda, coordinador de Cubainformación.

Seis personas muertas y 1.500 detenidas es un primer saldo de las protestas contra el “gasolinazo” en México, donde el Gobierno subió un 20% el precio de la gasolina y, por consiguiente, el coste del resto de productos (1).

El diario español “El País”, en línea con otros grandes medios, cargaba contra las protestas (2) y defendía como “inevitables” las medidas neoliberales del Gobierno, a través de una batería de reportajes, entrevistas y artículos (3).

¿Se imaginan por un momento que los muertos de México hubieran sido en Venezuela (4), como ocurrió tras el gasolinazo neoliberal de 1989, el llamado Caracazo (5)?

Que la policía mexicana apaleara, durante la protesta, a 12 periodistas, no ha sido noticia internacional(6). Porque los únicos periodistas con problemas –según la prensa corporativa- están en Cuba… (7) o Venezuela (8). 

Tampoco hemos leído nada, en los medios occidentales, sobre la detención en Washington del corresponsal de Russia Today (9), cuando cubría las protestas contra el presidente Donald Trump, que acabaron con 217 personas detenidas (10).

Semanas atrás, leíamos que un ciudadano era arrestado en la Florida por amenazar, a través de Facebook, al presidente Trump (11). ¿Se imaginan que esto ocurriera en Venezuela, donde son constantes las amenazas de muerte a Nicolás Maduro en las redes sociales (12)? ¿Qué leeríamos en la prensa internacional si la policía cubana arrestara al cantante Gorki Aguila quien, en un video, advertía al presidente Raúl Castro “venimos por tí” (13)?

En lo que va de 2017, más de 100 presos han perdido la vida en enfrentamientos en cárceles de Brasil (14). Como tantos otros medios, el diario ecuatoriano El Comercio culpabilizaba de los hechos a los “principales grupos criminales del país” (15). Y, para ello, daba voz, en exclusiva, a siete portavoces institucionales, incluido el presidente Michel Temer. En contraste, el pasado año, este mismo diario, para informar sobre un incidente en un penal de Venezuela, dedicaba la mitad de la noticia a atacar al Gobierno bolivariano (16). Y lo más increíble: la foto publicada era la de una manifestación opositora sin la menor relación con la noticia.

En México asesinaban, hace unos días, al líder indígena Isidro Baldenegro (17). Murió a tiros, igual que su padre treinta años atrás (18). Igual que la hondureña Berta Cáceres, asesinada hace un año, había sido “Premio Ambiental Goldman” (19). En el año 2015, 185 personas fueron asesinadas en el mundo por su activismo medioambiental. Ni una sola –por cierto- en Cuba… o en Venezuela (20).

En su informe de 2016, la organización Front Line Defenders coloca a Colombia como el país más peligroso para los defensores de derechos humanos, con 85 asesinatos (21). Nada que sea del interés de las tertulias de los grandes canales internacionales. Porque quien viola “los derechos humanos” –nos repiten a diario- es Cuba, donde los famosos “disidentes” siguen disfrutando de los 20 millones que anualmente les asigna el Congreso de EEUU (22).

Leemos que en Guatemala el 46,5 % de la población menor de 5 años sufre desnutrición (23). En Colombia es del 13,2, pero esta cifra se duplica en zonas como La Guajira, donde cada 33 horas un niño o niña muere de hambre (24).

Pero ¿por qué no leemos artículos sobre este drama en los diarios internacionales de gran tirada? ¿Quizá porque sería inevitable mencionar al único país de América Latina, según UNICEF, que no ha fracasado en la batalla contra la desnutrición infantil (25)? ¿Saben cuál es?


viernes, 5 de febrero de 2016

Quién quiera historia en México, que vaya a la googlehistory.com

Tomado de ALAI (Agencia Latinoamericana de Información).
Por José Luis Avendaño C.
Título original: "Hacia la googlehistory.com"

Con la globalización, conceptos como soberanía independencia se volvieron obsoletos y hasta de mal gusto.  En la práctica, están acotados a las necesidades de los sectores dominantes.  “Lo que es bueno para la General Motors, es bueno para Estados Unidos”, llegó a decir un ejecutivo metido a político, cuando los intereses de ambos –la corporación y el gobierno que la representa— tienen el mismo objetivo: mantener la hegemonía.  Y se despliegan la diplomacia del dólar (préstamos e inversiones) y, cuando ésta no es suficiente, acuden al expediente de la violencia mediante revueltas guerras prefabricadas, con no pocos mercenarios, que alimentan el complejo militar-industrial.  Al final, destruidas las naciones, llegan las grandes empresas para reconstruirlas.  Y se cierra el círculo perverso.

Al nivel del lenguaje, también se produce un cambio: el mismo término de globalización hay de desmitificarlo.  Se escucha mejor decir globalización que de imperialismo, típico de concepto la guerra fría, cuando el mundo no se dividió entre Norte y Sur, sino entre Oeste y Este, cuyo mejor signo fue el Muro de Berlín, la cortina de hierro.  Un desplazamiento de la economía a la ideología.  Pero, el imperialismo, noción acuñada por Lenin, tenía raíces que se hunden en el saqueo, el despojo, la esclavitud y la explotación, por las cuales se erigieron las potencias imperialistas o, si se quiere, colonialistas: Inglaterra, Francia y Estados Unidos, y más tarde Alemania, Italia y Japón.  Las guerras mundiales (1914-1918 y 1939-1945) fueron consecuencia de tensiones imperialistas por el reparto de los mercados (la guerra de las drogas posee este mismo sentido).

Si el imperialismo es un viejo concepto que viene de la percepción del mundo conocido, es decir, conquistado y dominado (Roma), el de globalización data del descubrimiento de América en 1492, que representó nuevas tierras a conquistar y dominar, que es decir mercados, espacios para comprar y vender, independientemente de las condiciones de producción.  De Colón se derivaron los términos: colonización, colonialismo y, en clave moderna, neocolonia, con su carga lo mismo de asentamiento que de subordinación y dependencia.  Las independencias formales (políticas) no eliminó la dependencia económica.  Nuestros países eran y son fuente de recursos naturales estratégicos y de mano de obra barata.

Con el propósito de hacer a los países subdesarrollados (en desarrollo, hoy emergentes) partícipes en sus planes de reorganización frente a la crisis, y engancharlos con la promesa del desarrollo, cual tierra prometida, nacieron los acuerdos comerciales de carácter regional, para hacer frente a la competencia.  En nuestro caso, se evolucionó del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), con Canadá y Estados Unidos, desde 1994, hasta el Tratado de Asociación Transpacífica  (TPP, por sus siglas en inglés), que reúne a 12 países: Australia, Brunei, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelandia, Perú, Singapur y Vietnam, caracterizado como un megatratado entreguista.  El objetivo explícito, como lo definió el presidente Barack Obama es enfrentar a China.

Con la experiencia de 22 años del TLCAN, esta vocación de crecer hacia fuera ha beneficiado a unos cuantos, que no se ha reflejado en el mercado interno, pues el promedio de crecimiento es de dos por ciento anual, la tercera parte de lo que creció durante el anterior periodo del crecimiento estabilizador.  Un TPP, negociado en lo oscurito, con graves consecuencias, lo mismo para la soberanía alimentaria que para los derechos humanos, que pone por encima los derechos corporativos que los derechos de los pueblos, recolonizados.  Como hace más de 500 años, cuando se intercambió oro por espejitos de vidrio, hoy se entrega el país en charola de plata (que explotan aquí consorcios canadienses en territorios indios, en perjuicio del medio).  De ahí que se caracterice al neoliberalismo como un modelo excluyente y entreguista.  Antes de competir con China, competiremos con Vietnam para ver quién paga los salarios más bajos.

Después de más de dos siglos de constituirnos como Estado Nación, seguimos con una mentalidad neocolonial, es decir, para callar y obedecer.  No se nos educó para ser libres, independientes y soberanos.  Ahora, con la doctrina neoliberal, obramos con criterio gerencial, gobernando al país como si fuera una gran empresa.  Y con una reforma educativa que es más laboral, y con un secretario de corte neoliberal.  “Estudiar la historia es un ancla que nos mantiene atados a un pasado que ya no existe.  El presente es para prepararnos mejor para el futuro, no para voltear a un pasado que ya no podemos cambiar”, afirma Aurelio Nuño, secretario de Educación Pública (SEP).

Un pasado, que quienes llegaron al poder (lo asaltaron) en diciembre de 1982 se encargaron de destruir, al deshacerse de instituciones y empresas públicas, revirtiendo su sentido social, y que significó la privatización del Estado.  Educados en universidades gringas, la tecnocracia concretó lo dicho por Robert Lansing, secretario de Estado, en 1924, de que ya no sería necesario invadir México para que sus políticos gobernarán en interés de Estados Unidos; únicamente se requería estudiaran en sus universidades y fueran educados en los valores de EU.

El titular de la SEP justifica el cambio: “Queremos enfocarnos a las asignaturas que presentan un valor agregado al individuo, como las matemáticas, las ciencias y la promoción de destrezas manuales para resolver problemas de la vida real.  La historia de México no tiene cabida de cara al futuro”.  Bajo este criterio, igualmente se comprende que servidores públicos (para servir a la Nación, en el sentido de Morelos) se conviertan en serviles.

Y el remate del encargado de la educación: “Los niños que les interese la historia siempre podrán aprender por cuenta propia, que es algo que también se desea promover.  Ahora hay muchas fuentes de consulta en internet donde podrán conocer la historia de México quienes deseen conocerlo.  La materia se presta muy bien a ser autodidactas y queremos aprovechar el tiempo en las aulas para otra clase de asignaturas que el alumno no puede aprender por sí solo”.  La googlehistory.com, dentro de la mentalidad neocolonial, al estilo de los que hablan del cesto de basura de la historia.

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