En América Latina, en
las dos últimas décadas, se han dado diferentes hechos históricos que marcan el
enfrentamiento de dos bloques de carácter político: de pueblos que han optado
por gobiernos progresistas para consolidad sus derechos sociales, frente a
élites burguesas que recurren al boicot económico y generar el caos social con
el objetivo de mantener su poder político; de gobiernos progresistas que
empoderan a sus pueblos de derechos y rompen con viejos dictados de explotación
y pobreza, que abogan por la fortaleza de economías nacionales y la unidad
regional basada en la cooperación y la solidaridad, frente a élites que se
inclinan por la exclusión social, la corrupción, el abuso de poder, el paramilitarismo
de Estado, la imposición capitalista de economías dependientes y consumistas,
como de entreguismo a intereses geoestratégicos imperialistas foráneos.
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viernes, 6 de abril de 2018
lunes, 13 de junio de 2016
Cumbre en La Habana, injerencias de Washington.
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| Imagen tomada de YouTube |
Por Ángel Guerra Cabrera.
A su clásico Los jacobinos negros: Toussaint Louverture y la revolución de Haití (1938),
el historiador trinitario C.L.R. James añadió, después del triunfo de
la Revolución Cubana, el capítulo “De Toussaint Louverture a Fidel
Castro”. Allí afirma que Cuba es el país “más caribeño del Caribe”.
Caribeño para él es universal.
Podría
añadirse que la revolución liderada por Fidel ha hecho cuanto ha estado
a su alcance por la cooperación solidaria con los pueblos y Estados del
Caribe, especialmente con los pequeños Estados insulares y con Haití,
precursor de la independencia de América Latina con su revolución
antiesclavista.
Cuba
abrazó la propuesta del CARICOM (Comunidad del Caribe) de constituir la
Asociación de Estados del Caribe (AEC), cuya primera cumbre se celebró en
Puerto España, Trinidad y Tobago, en 1995. La AEC incluye a 25 países
independientes como Estados miembros. A los 14 integrantes del CARICOM
suma a Cuba, R. Dominicana, México, los Estados centroamericanos,
Colombia y Venezuela; y como miembros asociados, a varios territorios
bajo dominio europeo como Guadalupe, Martinica, Aruba, Curazao y Sint
Maarten e Islas Turcas y Caicos; a todo ese conjunto se le denomina Gran
Caribe. Francia y los Países Bajos también tienen la condición de
miembros asociados en representación de territorios bajo su
jurisdicción.
La
AEC acaba de celebrar su VII Cumbre en La Habana, donde ha mostrado
realizaciones concretas y una proyección clara de trabajo a futuro.
Existen ya un Consejo de Ministros, que presidirá Cuba durante 2016, así
como Comités Especiales sobre una serie de temas como el turismo, el
transporte aéreo y marítimo, el comercio, el enfrentamiento al cambio
climático y a los desastres -con especial atención a los pequeños
Estados insulares, la educación y la cultura, así como el Fondo Especial
y la gestión de donaciones.
Sobre
varios de ellos existen diagnósticos y, en todos, programas de trabajo
con evaluaciones periódicas e informes a los miembros por la secretaría
general. Este órgano ha adquirido una gran importancia y a su trabajo le
dio un gran impulso en su mandato el diplomático e historiador
colombiano Alfonso Múnera Cavadía, sucedido en la VII Cumbre por June
Sooner, experimentada diplomática de Santa Lucía.
Es
imposible pensar en términos de unidad e integración de América Latina y
el Caribe sin tomar en cuenta esta subregión y comunidad humana y
geopolítica en gestación, a la que la unen, a lo largo de los siglos, la
historia, la cultura y comunes opresores y explotadores.
No
es fortuito que el CARICOM reclame una compensación a las potencias
involucradas por los daños que ocasionó a sus pueblos la abominable
trata negrera y la esclavitud, una de las fuentes principales de la
acumulación originaria capitalista. Vale la pena consultar la
información sobre el saldo y proyección de la AEC, incluyendo el medular
discurso inaugural del presidente Raúl Castro en la Cumbre.
Raúl subrayó los propósitos que animaron al organismo desde su fundación:“unirnos
en defensa de nuestra identidad, acervo cultural e intereses comunes,
fortalecer la concertación política y la cooperación, e impulsar el
desarrollo sostenible y la integración de nuestros pueblos”. Alertó
sobre la contraofensiva imperialista y oligárquica contra los gobiernos
populares y progresistas latino-caribeños que amenaza la paz, la
estabilidad y la unidad en nuestra América y persigue acabar los avances
sociales que beneficiaron a millones y reiteró la “firme e
incondicional” solidaridad con el presidente Nicolás Maduro y la
Revolución Bolivariana y con la presidenta Dilma Rousseff en su lucha
contra el golpismo. Condenó el intento “inaceptable” del secretario
general de la OEA de aplicar a Caracas la Carta Democrática
Interamericana y reiteró enfáticamente que Cuba “jamás” volvería a ese
organismo, instrumento de dominación imperialista.
Hizo
un llamado al diálogo y la concertación en la aplicación de la Proclama
de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada en la Cumbre de
CELAC en La Habana por todos los presidentes de la región.
La
cumbre respaldó el diálogo entre gobierno y oposición en Venezuela para
favorecer la estabilidad política y la recuperación económica y
revalidó el apoyo a la mencionada proclama, cuya observancia, creo,
sería el vehículo idóneo para desactivar el golpismo, si Estados Unidos y
compañía cesaran sus dañinas intromisiones.
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Injerencismo,
OEA,
Políticas Imperiales,
Solidaridad,
Unidad
lunes, 14 de diciembre de 2015
Respuesta de un cubano a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por la Nota de Prensa 146/15.
Estimada Sra. María Isabel Rivero, Directora de Prensa y
Comunicación de la CIDH.
A
todas y todos los miembros de la CIDH.
Nací en Cuba, el 26 de julio de 1967. Emigré a España en mayo
de 2008 por fines que no responden a pautas económicas ni políticas. He vivido
41 años dentro del proceso socialista y sufriendo junto al resto de millones de
cubanas y cubanos los embates y consecuencias provocadas por el bloqueo económico,
financiero y comercial; así como de las agresiones de organizaciones terroristas
amparadas en suelo de Estados Unidos o provenientes a través de otros países, las
cuales son productos de la política de hostilidades contra mi Patria.
He leído con desasosiego la Nota de Prensa
146/15 publicada por la CIDH, el pasado 8 de diciembre, donde expresan
la profunda preocupación que les produce la situación
de los cerca de 4500 emigrantes cubanos varados en frontera entre Costa Rica y
Nicaragua. Máxime, porque las autoridades nicaragüenses, en legítimo derecho a
defender su soberanía y leyes nacionales, impidieron el paso de estos emigrantes
a través de su territorio, para seguir camino hacia Estados Unidos.
Sin
embargo, en su nota de prensa encuentro dos contradicciones fundamentales para el
caso.
Primero:
Ustedes,
entidad autónoma de la Organización de los Estados Americanos (OEA), que
llaman al respeto de los derechos humanos, “insta al Estado de Cuba a no
poner obstáculos para las personas que deseen salir del país”, cuando estos emigrantes salieron legalmente, y con
todos sus papeles en regla, de Cuba. Las autoridades cubanas no pusieron
obstáculo alguno ni tampoco los países receptores, Ecuador
entre ellos, que anteriormente no imponía el visado a cubanas y cubanos para
ingresar al país.
El único objetivo de dichos emigrantes
cubanos es llegar a Estados Unidos; pero a esto saltan preguntas que en su
comunicado de prensa no se responden:
¿Por qué no emigrar legal y
directamente a través de la actual Embajada de Estados Unidos recientemente
abierta en La Habana, a la cual la población cubana tiene libre acceso, en vez
de favorecerse la Ley de Ajuste Cubano (en inglés, Cuban
Adjustment Act, CAA; Ley 89-732 aprobada por el 89º Congreso de los Estados
Unidos y firmada por el presidente Lyndon Johnson), la Política de Pies Secos y Mojados comprendida dentro de la
Legislación migratoria americana actual o del Programa de Parole para Profesionales Médicos Cubanos
(aprobado por George W. Bush en el 2006), que estimulan la emigración ilegal,
insegura y desordenada?
¿Por qué sostener, aún, por
parte de Estados Unidos esta política con fines políticos, que ampara e incita
la emigración ilegal y bajo condiciones que favorecen únicamente al tráfico
ilegal de seres humanos (con el correspondiente maltrato a sus derechos), pone
en peligro la vida humana de dichos emigrantes y, además, benefician las impúdicas
campañas mediáticas de difamación, mentiras y tergiversaciones de la realidad
cubana?
Por cierto, interrogantes que
el gobierno cubano ha trasladado con preocupación a instancias internacionales,
como la Organización de Naciones Unidas, otras de carácter regional y al propio
gobierno de Estados Unidos en recientes
conversaciones.
Segundo:
La CIDH solamente urge “al Estado nicaragüense a investigar los
alegados malos tratos de los que habrían sido víctimas los migrantes cubanos
por parte de autoridades nicaragüenses. Asimismo, con el propósito de evitar la
repetición de esta clase de hechos, la Comisión insta a las autoridades
nicaragüenses a que dentro de los programas de capacitación de sus autoridades
se implementen programas permanentes de derechos humanos de los migrantes, así
como directrices en materia de uso de la fuerza y sobre el principio de no discriminación.”
Lo anterior nos lleva a las
siguientes interrogantes:
¿Por qué la CIDH, entidad autónoma
de una Organización creada en 1959), bajo los intereses del gobierno de Estados Unidos,
tan preocupada por los Derechos Humanos, sólo urge al gobierno de Nicaragua y,
sin embargo, no “compromete” a los restantes gobiernos a investigar, impedir y
castigar a esa mafia de oportunistas y mohatreros dedicada a este negocio del tráfico
ilegal de personas para evitar las violaciones de los Derechos Humanos de los
emigrantes (cubanos y no cubanos)?
¿Por qué la CIDH exige a Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua,
Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice y México la adopción de medidas
que faciliten el paso de los emigrantes cubanos hacia Estados Unidos, sabiendo
que esto los responsabiliza a instituir en la región una injusta y discriminatoria
política migratoria norteamericana contra ellos y demás pueblos, y que sólo
otorga excepción a los emigrantes cubanos?
¿Por qué, con tan natural y
humana preocupación por los emigrantes cubanos varados en la frontera de Costa
Rica con Nicaragua, cuando dicha situación ha sido propiciada por la incitación
ilegal de leyes del gobierno de Estados Unidos, la CIDH no se pronuncie (y nunca
lo ha hecho antes) contra dichas inhumana leyes, cuando los cancilleres de
países miembros de la SICA (Sistema de Integración Centroamericana) ya lo han
hecho?
¿No será más fácil exigir al gobierno de
los Estados Unidos que reajuste su política de constantes agresiones contra Cuba
y trabaje por el cumplimiento de acuerdos que faciliten el verdadero respeto de
los Derechos Humanos?
Esta “Nota de Prensa” de la CIDH no
responde verdaderamente a los intereses generales demandados por los países miembros
de la OEA; con tales declaraciones, la CIDH actúa más como un instrumento que institucionaliza las acciones agresivas contra el gobierno y pueblo
cubanos y también como palanca de violación de la soberanía de los pueblos, en
vez de ser la institución que vela y exige por implementar políticas
de cooperación, bajo condiciones de respeto a los derechos humanos de los
pueblos (sean o no miembros de la OEA).
En Declaración
Oficial emitida el 1 de diciembre de 2015, “el Gobierno de Cuba reitera que llevará a cabo los trámites pertinentes
para garantizar una emigración legal, ordenada y segura, tanto para
la salida como para el regreso al país, según los requerimientos de la legislación
migratoria vigente”.
Entonces, ¿Dónde está el obstáculo,
realmente? Creo que un ápice de respeto al trabajo que la CIDH lleva a cabo por
los Derechos Humanos, la Nota de Prensa 147/15 debería más bien estar dirigida
a instar a Estados Unidos a adoptar, finalmente, posiciones de respeto hacia los
pueblos y los Derechos Humanos que les deben.
Saludos
cordiales
Gustavo
de la Torre Morales
Cubano
de nacimiento residente en Barcelona, Cataluña, España.
14 de diciembre de 2015
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jueves, 19 de noviembre de 2015
OEA: LA MAYOR VIOLADORA DE DERECHOS HUMANOS

Por Luis Britto García.
En Washington los homeless (sin hogar) tiritan en carpitas que el invierno barrerá.
En la sede de la OEA la delegación de Venezuela pronuncia palabras que nadie oye:
- Niega esta Comisión el Derecho a la Defensa a Venezuela, cuando durante un año compila contra ella un libelo de 373 cláusulas; la incluye antes de recibir sus respuestas en un infamante Capítulo IV inventado por la misma CIDH: no toma en cuenta nuestras observaciones, y convoca a una audiencia donde personas y ONG´S acumulan nuevas acusaciones, sobre las cuales no se nos informa de antemano. Y sólo se nos conceden 20 minutos para refutar las acusaciones, a tres segundos por cláusula. El libelo acusatorio es publicado y difundido por la OEA. La defensa no es publicada.
En las puertas de los Mails piden limosna indigentes que nadie escucha.
-En las 373 cláusulas del libelo, esta Comisión acumula 42 desconocimientos de la soberanía de Venezuela y de su derecho a elegir su sistema político, económico y social, reconocido en el artículo 3 de la Carta de la OEA. En 373 cláusulas la Comisión acumula 144 denuncias sobre casos no resueltos por la jurisdicción interna, y a veces ni siquiera presentados ante ella, lo cual está prohibido por el artículo 28 de su propio Reglamento. En 198 casos, la CIDH presenta como supuestas pruebas notas copiadas de medios de comunicación, que ningún órgano jurisdiccional puede aceptar como evidencia, y en 30 casos, mensajes de twitter. En 159 casos, la CIDH aduce como elemento probatorio afirmaciones de ONG’s, financiadas por Estados Unidos, desacreditadas porque ninguna de ellas objetó el Golpe de Estado del 11 de abril de 2002, que intentó despojar al pueblo venezolano de todos sus derechos, políticos, económicos, sociales y culturales. En 116 casos, esta Comisión presenta como prueba sus propias afirmaciones, y en 220, no aporta los datos mínimos indispensables para que legalmente pueda ser aceptada la denuncia. En 163 denuncias, hay inaceptable usurpación de la titularidad de la acción, vale decir, alguien representa al supuesto agraviado sin autorización de éste. En resumen, el libelo contra Venezuela acumula 1.072 inaceptables infracciones al sistema Interamericano. La CIDH es la mayor violadora de la Carta de la OEA, de la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos, y de sus reglamentos.
En un viaducto grita un indigente con un cartel que dice: WAR VET. HOMELESS (Veterano de Guerra, sin hogar). Nadie lo ha escuchado, ni lo oye, ni lo escuchará.

(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)
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ciencia-fundamentos-y-mc3a9todo.pdf
El Imperio Contracultural: del Rock a la Postmodernidad :
El pensamiento del Libertador: Economía y Sociedad:
La máscara del Poder:
La lengua de la Demagogia :
lunes, 6 de abril de 2015
¿Qué se pone en juego en la Cumbre de las Américas de Panamá?
Por Juan Manuel Karg / @jmkarg*, es politólogo de Universidad de Buenos Aires y analista internacional.
La Cumbre de las Américas nació en 1994 bajo la órbita de la
Organización de Estados Americanos (OEA) y como idea del entonces
presidente norteamericano Bill Clinton, con el objetivo de alinear a la
región, plagada de gobiernos conservadores, en un contexto global de
creciente hegemonía estadounidense. Así, en 2001 en Quebec (Canadá),
casi por unanimidad –con el sólo voto en contra del venezolano Hugo
Chávez, ante la ausencia de Fidel Castro de aquellas reuniones– se
definió comenzar a dar forma a la propuesta del ALCA: Alianza de Libre
Comercio de las Américas, que finalmente fue derrotada en Mar del Plata
el 2005, tras una decidida intervención del propio Chávez, Néstor
Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva.
Hubo una explicación a esa derrota de Bush: a partir de aquel momento, un conjunto de gobiernos posneoliberales se expandieron en la región, como subproducto de diversas elecciones presidenciales donde los pueblos de América Latina definieron dejar atrás a quienes habían gobernado para minorías y no para mayorías. A los casos ya citados, se sumó la administración del Frente Amplio en Uruguay, del Movimiento Al Socialismo en Bolivia, y de Alianza País en Ecuador, entre otros. Así nacieron, luego, nuevas instancias de integración regional, como Unasur –2008 en Brasilia– y CELAC –2011 en Caracas–, que aportaron la posibilidad de pensar otro tipo de institucionalidad, con mayores niveles de autonomía.
Mucho cambió desde la última Cumbre de las Américas, realizada en 2012 en Cartagena de Indias (Colombia), a esta que se avecina en Panamá. En aquel entonces, Cuba estaba excluida del cónclave, llevando a un conjunto de países de la región –los del ALBA y algunos de Unasur– a levantar una voz de protesta por aquella ausencia. Y, además, como mencionábamos previamente, estaba muy fresca la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), primer bloque verdaderamente continental –con 33 naciones, y sólo las ausencias de EE.UU. y Canadá–. Por ello, en aquella reunión de Cartagena, la soledad norteamericana fue casi total: hasta el anfitrión Juan Manuel Santos, uno de los aliados estratégicos que Washington mantuvo en la región en la última década, expresó su disconformidad por la ausencia de Cuba. El descontento de Obama con la reunión fue tal que ni siquiera hubo una declaración final del cónclave.
El resto es conocido: en diciembre pasado, mediante una declaración conjunta de Barack Obama y Raúl Castro, Estados Unidos y Cuba comenzaron un entendimiento mutuo que provocó la liberación de presos entre ambos países: así, “Los Cinco” retornaron a La Habana tras quince años en cárceles norteamericanas y el ex contratista de Usaid, Alan Gross, viajó hacia Washington luego de haber sido imputado por intento de espionaje en la Isla. Actualmente ambos países negocian la reapertura de embajadas, para lo cual La Habana pide que se retire a Cuba de la lista de países “patrocinantes del terrorismo” que su vecino del norte realiza año a año. Esta novedad geopolítica fue definida por Obama en los siguientes términos: “No podemos hacer lo mismo que hemos hecho durante las últimas cinco décadas y esperar un resultado diferente”.
Sin embargo, el cambio de política de EE.UU. hacía Cuba también introdujo un reacomodamiento geopolítico de la Casa Blanca en cuanto a su política exterior. ¿En qué sentido? Obama intenta actualmente un reequilibrio diplomático, tras lo cual, luego de sus negociaciones con La Habana –y también con Teherán, en vistas a un posible acuerdo nuclear que fue abiertamente rechazado por el primer ministro israelí, Netanyahu– ha apuntado sus sanciones hacia Caracas y Moscú, tras una creciente presión del Partido Republicano, quien ganó recientemente las elecciones intermedias. Por lo tanto, si en las anteriores Cumbres de las Américas aparecían voces críticas al papel de EE.UU. respecto a Cuba, es de esperar que en Panamá se produzca una situación similar pero respecto a Venezuela.
Al momento de escribir estas líneas, Nicolás Maduro anunciaba la recolección de más de 3 millones de firmas de la campaña: “Obama deroga el decreto ya”, cuya entrega, en palabras del Jefe de Estado, se hará en la propia Cumbre de las Américas –por ello es de esperar que la cifra sea aún más grande, visto y considerando que aún resta tiempo–. Asimismo, la consultora Hinterlaces confirmaba un aumento en la imagen positiva de Maduro luego de la decisión de Obama: parece haber primado la idea de “cerrar filas” en torno al gobierno ante el cuestionamiento de Estados Unidos. Ambas noticias le dan confianza al mandatario venezolano para ir a la reunión de Panamá, con una ratificación importante también de los países de la Unasur y de su Secretario General, Ernesto Samper.
Hay otro elemento relevante para considerar: de 2009 a esta parte se intensificaron los vínculos entre los países de América Latina y el Caribe y el bloque de los BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica–, que se propone la configuración de un nuevo orden mundial: multicéntrico y pluripolar. Aquí hay otra diferencia respecto a Cartagena de Indias: allí la idea de multipolaridad se verificaba más difusa, y la vinculación entre la región y, principalmente, China y Rusia, era bastante menor a la que podemos dar cuenta en la actualidad.
Ahora bien, adentrándonos en el “contenido formal” de la reunión, los tres ejes temáticos planteados por el país anfitrión en los documentos previos a la cumbre son los siguientes:
a. combate a la pobreza;
b. aumento de la cooperación en materia de salud, educación, seguridad, medio ambiente, y energía;
c. fortalecimiento de la gobernabilidad democrática y participación ciudadana.
Seguramente exista un piso de acuerdos en cada uno de estos puntos. Y, probablemente, alguna declaración final que albergue la “unidad en la diversidad” de la reunión respecto a los ejes planteados –siempre y cuando no haya mayores disensos, tal como sucedió con la fallida declaración de Cartagena, frenada por EE.UU. –. De todos modos, lo central de Panamá pasará también por lo discursivo y lo gestual: allí se podrá verificar un nuevo momento político en la región, marcado por un intento de reacomodamiento de Washington en su política de alianzas –tema condicionado, asimismo, por su política doméstica–. Sin dudas, EE.UU. también buscará una mejor “radiografía” de la situación continental –y de sus fuerzas políticas– tras sus anuncios respecto a Cuba y Venezuela.
Varias dudas surgen como interrogantes previas a una reunión de primer orden para el continente. ¿Hasta qué punto EE.UU. podrá intentar recuperar su hegemonía perdida en la región en este tipo de instancias, visto y considerando las nuevas alianzas internacionales de América Latina y la ratificación en las urnas del conjunto de los gobiernos posneoliberales? Es decir, ¿hasta qué momento intentará torcer, por la vía diplomática, una situación regional que se le hizo adversa en elecciones y que sus fuerzas afines –internas y externas– aún no pueden remontar?
Por otra parte, algo más concreto y llano, más vinculado con lo táctico: ¿intentará Obama una “colisión frontal” con Maduro en Panamá o buscará descomprimir la situación, visto y considerando que la política que hoy lleva adelante respecto a Venezuela ya se demostró ineficiente, en el pasado, respecto a Cuba? Además, ¿logrará EE.UU. alinear, de forma más sistemática, a los miembros de la Alianza del Pacífico, o sucederá como en Cartagena, donde incluso algunos de esos países mostraron cierta distancia respecto a Washington? Faltan apenas días para comenzar a desandar estos nudos centrales. Recién el 11 de abril, cuando termine la Cumbre de Panamá, tendremos respuestas certeras a algunas de estas interrogantes.
Hubo una explicación a esa derrota de Bush: a partir de aquel momento, un conjunto de gobiernos posneoliberales se expandieron en la región, como subproducto de diversas elecciones presidenciales donde los pueblos de América Latina definieron dejar atrás a quienes habían gobernado para minorías y no para mayorías. A los casos ya citados, se sumó la administración del Frente Amplio en Uruguay, del Movimiento Al Socialismo en Bolivia, y de Alianza País en Ecuador, entre otros. Así nacieron, luego, nuevas instancias de integración regional, como Unasur –2008 en Brasilia– y CELAC –2011 en Caracas–, que aportaron la posibilidad de pensar otro tipo de institucionalidad, con mayores niveles de autonomía.
Mucho cambió desde la última Cumbre de las Américas, realizada en 2012 en Cartagena de Indias (Colombia), a esta que se avecina en Panamá. En aquel entonces, Cuba estaba excluida del cónclave, llevando a un conjunto de países de la región –los del ALBA y algunos de Unasur– a levantar una voz de protesta por aquella ausencia. Y, además, como mencionábamos previamente, estaba muy fresca la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), primer bloque verdaderamente continental –con 33 naciones, y sólo las ausencias de EE.UU. y Canadá–. Por ello, en aquella reunión de Cartagena, la soledad norteamericana fue casi total: hasta el anfitrión Juan Manuel Santos, uno de los aliados estratégicos que Washington mantuvo en la región en la última década, expresó su disconformidad por la ausencia de Cuba. El descontento de Obama con la reunión fue tal que ni siquiera hubo una declaración final del cónclave.
El resto es conocido: en diciembre pasado, mediante una declaración conjunta de Barack Obama y Raúl Castro, Estados Unidos y Cuba comenzaron un entendimiento mutuo que provocó la liberación de presos entre ambos países: así, “Los Cinco” retornaron a La Habana tras quince años en cárceles norteamericanas y el ex contratista de Usaid, Alan Gross, viajó hacia Washington luego de haber sido imputado por intento de espionaje en la Isla. Actualmente ambos países negocian la reapertura de embajadas, para lo cual La Habana pide que se retire a Cuba de la lista de países “patrocinantes del terrorismo” que su vecino del norte realiza año a año. Esta novedad geopolítica fue definida por Obama en los siguientes términos: “No podemos hacer lo mismo que hemos hecho durante las últimas cinco décadas y esperar un resultado diferente”.
Sin embargo, el cambio de política de EE.UU. hacía Cuba también introdujo un reacomodamiento geopolítico de la Casa Blanca en cuanto a su política exterior. ¿En qué sentido? Obama intenta actualmente un reequilibrio diplomático, tras lo cual, luego de sus negociaciones con La Habana –y también con Teherán, en vistas a un posible acuerdo nuclear que fue abiertamente rechazado por el primer ministro israelí, Netanyahu– ha apuntado sus sanciones hacia Caracas y Moscú, tras una creciente presión del Partido Republicano, quien ganó recientemente las elecciones intermedias. Por lo tanto, si en las anteriores Cumbres de las Américas aparecían voces críticas al papel de EE.UU. respecto a Cuba, es de esperar que en Panamá se produzca una situación similar pero respecto a Venezuela.
Al momento de escribir estas líneas, Nicolás Maduro anunciaba la recolección de más de 3 millones de firmas de la campaña: “Obama deroga el decreto ya”, cuya entrega, en palabras del Jefe de Estado, se hará en la propia Cumbre de las Américas –por ello es de esperar que la cifra sea aún más grande, visto y considerando que aún resta tiempo–. Asimismo, la consultora Hinterlaces confirmaba un aumento en la imagen positiva de Maduro luego de la decisión de Obama: parece haber primado la idea de “cerrar filas” en torno al gobierno ante el cuestionamiento de Estados Unidos. Ambas noticias le dan confianza al mandatario venezolano para ir a la reunión de Panamá, con una ratificación importante también de los países de la Unasur y de su Secretario General, Ernesto Samper.
Hay otro elemento relevante para considerar: de 2009 a esta parte se intensificaron los vínculos entre los países de América Latina y el Caribe y el bloque de los BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica–, que se propone la configuración de un nuevo orden mundial: multicéntrico y pluripolar. Aquí hay otra diferencia respecto a Cartagena de Indias: allí la idea de multipolaridad se verificaba más difusa, y la vinculación entre la región y, principalmente, China y Rusia, era bastante menor a la que podemos dar cuenta en la actualidad.
Ahora bien, adentrándonos en el “contenido formal” de la reunión, los tres ejes temáticos planteados por el país anfitrión en los documentos previos a la cumbre son los siguientes:
a. combate a la pobreza;
b. aumento de la cooperación en materia de salud, educación, seguridad, medio ambiente, y energía;
c. fortalecimiento de la gobernabilidad democrática y participación ciudadana.
Seguramente exista un piso de acuerdos en cada uno de estos puntos. Y, probablemente, alguna declaración final que albergue la “unidad en la diversidad” de la reunión respecto a los ejes planteados –siempre y cuando no haya mayores disensos, tal como sucedió con la fallida declaración de Cartagena, frenada por EE.UU. –. De todos modos, lo central de Panamá pasará también por lo discursivo y lo gestual: allí se podrá verificar un nuevo momento político en la región, marcado por un intento de reacomodamiento de Washington en su política de alianzas –tema condicionado, asimismo, por su política doméstica–. Sin dudas, EE.UU. también buscará una mejor “radiografía” de la situación continental –y de sus fuerzas políticas– tras sus anuncios respecto a Cuba y Venezuela.
Varias dudas surgen como interrogantes previas a una reunión de primer orden para el continente. ¿Hasta qué punto EE.UU. podrá intentar recuperar su hegemonía perdida en la región en este tipo de instancias, visto y considerando las nuevas alianzas internacionales de América Latina y la ratificación en las urnas del conjunto de los gobiernos posneoliberales? Es decir, ¿hasta qué momento intentará torcer, por la vía diplomática, una situación regional que se le hizo adversa en elecciones y que sus fuerzas afines –internas y externas– aún no pueden remontar?
Por otra parte, algo más concreto y llano, más vinculado con lo táctico: ¿intentará Obama una “colisión frontal” con Maduro en Panamá o buscará descomprimir la situación, visto y considerando que la política que hoy lleva adelante respecto a Venezuela ya se demostró ineficiente, en el pasado, respecto a Cuba? Además, ¿logrará EE.UU. alinear, de forma más sistemática, a los miembros de la Alianza del Pacífico, o sucederá como en Cartagena, donde incluso algunos de esos países mostraron cierta distancia respecto a Washington? Faltan apenas días para comenzar a desandar estos nudos centrales. Recién el 11 de abril, cuando termine la Cumbre de Panamá, tendremos respuestas certeras a algunas de estas interrogantes.
lunes, 16 de febrero de 2015
Lista Falciani destapa vínculos entre Al-Qaeda y el Mossad.
Nuevos documentos publicados por el diario Le Monde, a partir de la lista
Falciani, han permitido identificar, ayer domingo, a un contacto del servicio
de inteligencia israelí, el Mossad, que estaría implicado en los procesos de
financiación de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.
“Es él el que pone en contacto a la
gente de Al-Qaeda en 2000, cuando Al-Qaeda busca sacar su dinero del sistema
bancario”, explicó el periodista francés Serge Michel a los participantes en la
emisión ‘Le Grand Journal’, de la cadena gala ‘Canal +’, refiriéndose a un
traficante israelí de drogas, de armas y de diamantes que utilizaba los
servicios opacos del banco británico HSBC.
Michel destacó la grave
responsabilidad del banco al respecto, pues no hizo nada durante años, pese a
que no podía desconocer los múltiples y graves crímenes que se le imputaban a
su cliente, el israelí Shimon Yelinek.
Este traficante israelí, consejero durante años del régimen de Mobutu Sese
Seko en la República Democrática del Congo, participó en una transacción de diamantes
y armas para el Frente Unido Revolucionario de Sierra Leona, y para ello
utilizó los servicios de otro israelí, de nombre Ori Zoller.
El diario francés, en su artículo sobre esta cuestión publicado el sábado,
identifica a este Zoller de manera escueta como “antiguo miembro de las fuerzas
especiales israelíes”, y alude a su implicación en el comercio de armas en
Guatemala, y a sus vínculos con el Gobierno nicaragüense (entonces
proestadounidense) y la banda criminal paramilitar Autodefensas Unidas de
Colombia.
Le Monde silencia, sin embargo, detalles sobre las actividades de Zoller
que sí publicó ayer domingo el periodista antisionista francés Hicham Hamza.
En enero de 2003, la Organización de los Estados Americanos (OEA) publicó
un minucioso informe oficial sobre el tráfico de armas mencionado, donde se
identifica a Zoller como “exagente de la inteligencia israelí” y representante
de la empresa ‘Israeli Military Services’.
A finales de 2001, Zoller mantenía aun importantes relaciones financieras
con los bancos de Tel Aviv, según refleja el informe de la OEA.
En 2002, además, el diario ‘Miami Herald’ —de la ciudad del sureste
estadounidense donde residía habitualmente Yelinek— reveló que Zoller era
todavía entonces agente del Mossad, citando fuentes del Consejo de Seguridad
Nacional de Panamá, a través del diario panameño ‘Panama America’.
La implicación del Mossad y de las redes sionistas estadounidenses en la
organización de los atentados del 11-S ha sido objeto de estudio de numerosos
periodistas de investigación, como el propio Hamza o los también franceses
Thierry Meyssan y Laurent Guyénot.
Particularmente chocante fue la detención en Nueva York, el mismo 11 de
septiembre, de cinco israelíes que observaban desde la distancia, con muestras
de gran alegría y haciéndose fotos, el impacto del primer avión contra la torre
norte del ‘World Trade Center’.
Los cinco israelíes permanecieron detenidos durante 71 días antes de ser
enviados a Tel Aviv. El medio de la comunidad judía neoyorquina The Forward”
reveló más tarde, señala Hamza, que al menos dos de ellos eran agentes
clandestinos del Mossad.
El primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, al ser interrogado sobre
los atentados el mismo 11 de septiembre, los valoró de manera muy positiva,
como algo que fortalecería los lazos entre Estados Unidos y el régimen de Tel
Aviv.
viernes, 6 de junio de 2014
Plantean ante Asamblea OEA imposibilidad de Cumbre de las Américas sin Cuba
Nicaragua
planteó hoy ante la plenaria de la Asamblea Ordinaria de la OEA, que se
desarrolla aquí, que es imposible celebrar otra Cumbre de las Américas
sin la presencia de Cuba.
Denis Moncada, representante permanente de Nicaragua ante la Organización de Estados Americanos (OEA),
llamó la atención sobre la no inclusión en el texto de las resoluciones
aprobadas por la Comisión Permanente del organismo regional de ese
artículo propuesto por su país.
Manifestó que Cuba tiene que ser invitada a asistir a
ese evento con una participación soberana e incondicional en la próxima
reunión de esa instancia señalada para el 2015.
Alertó que esa proposición fue incluida por Nicaragua en tres proyectos de resolución discutidos en la Comisión Permanente.
El canciller de Paraguay, Eladio Loizaga, quien preside la plenaria y
tras someterlas a votación, declaró aprobadas por ella todas las
resoluciones de la Comisión Permanente y, por ende, el planteamiento
hecho por Nicaragua.
(Con información de Prensa Latina)
viernes, 30 de mayo de 2014
Venezuela: el odio de la misma ralea anticubana
Por Randy Alonso Falcón
La Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos
registrará hoy un nuevo show antivenezolano con la discusión en esa
instancia de un proyecto de ley que pretende sancionar a dirigentes
gubernamentales y militares de la Revolución Bolivariana y legalizar la
millonaria suma que en los últimos años Washington ha destinado a
proyectos injerencistas en la nación sudamericana.
La principal orquestadora de la llamada The Venezuela Human Rights
and Democracy Protection Act (Ley 4587) es la representante floridana
Ileana Ross-Lethinen, feroz opositora a cualquier intento de relación
decente entre EE.UU y Cuba, promotora del secuestro del niño Elián
González, patrocinadora de la campaña de recaudación de fondos para la
defensa del terrorista Luis Posada Carriles, adalid de la permanencia en
suelo norteamericano del también terrorista Orlando Bosch (ya
fallecido) y ferviente vocera de los intereses sionistas en el Congreso
de la Unión.
Junto a ella, encabezan la lista de patrocinadores del engendro
legislativo otros congresistas de origen cubano como Mario Díaz Balart
(R-Fl), Joe García (D-Fl) y Albio Sires (D-NJ). El senador anticubano
Marco Rubio es uno de los principales impulsores del proyecto en la
Cámara Alta.
La propuesta fue aprobada mayoritariamente, días atrás, en el Comité
de Relaciones Exteriores de la Cámara. Tras la votación, Ross-Lethinnen
consideró que estaban enviando “un fuerte mensaje a Maduro de que el
Congreso de EE.UU. está bien al tanto de los abusos perpetrados por su
régimen, y que ellos no quedarán impunes”.
Por su parte, Rubio, en un grandilocuente discurso en igual Comité
del Senado, se encamaleonó de demócrata a guapetón: “El futuro de
Venezuela depende del pueblo de Venezuela. Ellos deben determinar la
dirección que siga el país, y qué tipo de sistema económico y de
gobierno ellos quieren. Pero lo que nosotros también queremos hacerles
entender es que Estados Unidos no desistirá de ninguna manera y vigilará
estrechamente cómo los derechos de los pueblos, con los que compartimos
este hemisferio, son sistemáticamente violados por un gobierno
antinorteamericano -el mayor de todos-, y se ignoran sus reclamos” (sic)
MAZO AL HOMBRO
La propuesta que hoy se discute en la Cámara (después irá un texto
similar al Senado) establece la imposición de sanciones a individuos
venezolanos supuestamente responsables de “abusos de derechos humanos
contra los ciudadanos de Venezuela”.
Con base en reportes del Departamento de Estados y la archiconocida
Freedom House, se anatemiza al Gobierno bolivariano como el responsable
de las más de 40 muertes ocurridas durante la manifestación organizada
por sectores reaccionarios el pasado 12 de febrero y toda la violencia
posterior ocurrida en el país al aliento de esas fuerzas golpistas y con
mentores y apoyos desde el exterior.
Se propone negar o revocar visados, congelar cuentas, impedir
transacciones financieras o comerciales de esas personas, impedir el
acceso a tecnologías y otras posibles sanciones.
Marco Rubio, con sus ínfulas presidenciales, ya anda por los pasillos
del Congreso con una lista de casi 30 nombres, la cual incluye al
Ministro y Viceministros del Interior, altos jefes militares, los
responsables de los órganos de seguridad y varios gobernadores
chavistas. Más claro ni el agua. Se trata de infundir miedo en la fuerza
dirigente venezolana y torpedear la unión cívico-militar.
OEA, YES. UNASUR, NO
El proyecto antivenezolano se plantea a la OEA como un escenario para
la agresión diplomática. el texto refiere que el Secretario de Estado
debe ordenar al prepresentante permanente de EE.UU. ante la OEA usar su
voz, voto e influencia en ese foro para defender y proteger la cacareada
Carta Democrática y lograr “avanzar en la protección de los derechos
humanos en el Hemisferio Occidental, especialmente en Venezuela”.
Lo más cínico del hecho, que ya sabemos para qué sirve la OEA, es que
Ross-Lethinen había encabezado el pasado año una cruzada para retirar
el financiamiento norteamericano de la OEA, por no satisfacer esa
organización los intereses de dominación norteamericana y estar bajo la
influencia de los gobiernos de izquierda en la región.
Por el contrario, el documento que hoy se debate en el Capitolio
apunta contra la gestión de paz de UNASUR. En su discurso ante la
Comisión de Exteriores de laCámara, Ross-Lethinen bramó: “El equipo de
UNASUR no es un intermediario honesto y ellos están en los bolsillos de
Maduro. Y hasta la fecha, después de varias rondas de las llamadas
negociaciones, no han habido resultados…”
DE NUEVO LA USAID
Cual reiterada actriz principal de los esfuerzos injerencistas de
EE.UU. por el mundo, la USAID tiene también espacio en este plan
impulsado por la ralea anticubana del Congreso.
La propuesta prevée entregarle no menos de 5 millones a esta tapadera
de la CIA para ejecutar proyectos en Venezuela. Algo que se venía
haciendo de antaño por debajo de la mesa. ¿Qué le pregunten a Maria
Corina Machado?
El propósito de la millonaria suma será dicen asistir al pueblo de
Venzuela para producir, acceder e intercambiar información libremente a
través de la Internet, incrementar las capacidades y habilidades para la
comunicación por móviles y otras vías, proveer recursos y entrenamiento
sobre el mundo digital para los medios y organizaciones de la llamada
sociedad civil, crear plataformas público-privadas que den acceso a
información usando todos los medios de comunicación existentes, asistir y
entrenar a activistas de derechos humanos, la sociedad civil y
activistas de la democracia en Venezuela.
¿No les parecen formulas conocidas?
La mafia anticubana enquistada en el Congreso y los círculos
extremistas de poder en los EE.UU. comparten su odio visceral por Cuba
ahora también con Venezuela. La osadía del proceso social bolivariano y
la riqueza petrolera están a la vista del águila.
PLANTANDO BANDERA
El presidente venezolano Nicolás Maduro ha plantado bandera frente a
la injerencia “Solo los imperios coloniales pueden practicar las leyes
extraterritoriales, cualquier ley que se apruebe en el Congreso de
Estados Unidos para sancionar a Venezuela es espuria, no la reconocemos,
la rechazamos y la enfrentaremos en todos los escenarios mundiales”.
También ha señalado los nexos indisolubles de este proyecto de ley
con la política anticubana: “El camino de las sanciones es un camino
fracasado, de antemano fracasado, como ha sido fracasado el camino del
bloqueo y de la persecución contra el pueblo cubano”.
La ofensiva imperial está planteada. La decidida respuesta bolivariana también.
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