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martes, 21 de mayo de 2019

La contribución de Cuba a la liberación de África y a la lucha contra el apartheid

Foto: AFP
Tomado de ALAI. Agencia Latinoamericana de Información.
Fuente original: L'Humanité.
Por Salim Lamrani

Desde el advenimiento de la Revolución en 1959, Cuba ha hecho de la solidaridad con los pueblos en lucha por su emancipación un pilar de su política exterior. Desde los primeros instantes, pese a la hostilidad de Estados Unidos y las innumerables dificultades internas ligadas al proceso de transformación social, Fidel Castro hizo de Cuba una tierra de asilo para todos los grupos revolucionarios y movimientos de liberación nacional de América Latina, África y Asia. Cuba desempeñó un papel importante en los distintos procesos de liberación nacional en África, ofreciendo ayuda y recursos.

En el espacio de treinta años, cerca de medio millón de cubanos, mujeres y hombres, participaron en las guerras anticoloniales en África, convirtiendo a la pequeña isla del Caribe en igual de las grandes potencias. ¿Cuáles fueron las razones que motivaron a La Habana, asediada por Washington, para comprometerse de tal modo a más de 10.000 kilómetros de su territorio nacional? ¿Cómo cambió la acción cubana el destino de los países de África austral y contribuyó de modo decisivo a la caída del régimen racista de Pretoria? ¿Por qué Nelson Mandela realizó su primera visita fuera de África a la Cuba de Fidel Castro?

martes, 25 de septiembre de 2018

“Actos más que palabras; cooperación, no intervención”

El Presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, durante su intervención en la Cumbre de Paz “Nelson Mandela” en la sede de la Asamblea General de Naciones Unidas, 24 de septiembre de 2018. Foto: @CubaMINREX
Tomado de Cubadebate.

Intervención de Miguel M. Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, en la Cumbre de Paz Nelson Mandela, durante el 73 Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Nueva York, el 24 de septiembre de 2018, “Año 60 de la Revolución”.

viernes, 25 de julio de 2014

PATRIA O MUERTE

Tomado de LaEstrella de la Segunda Independencia: nº42, chile, julio de 2013.



A 60 años del asalto al cuartel Moncada.

26 de julio: ejemplo para América, ejemplo para el mundo…


“Yo me encontraba en prisión cuando por primera vez me enteré de la ayuda masiva que las fuerzas internacionalistas cubanas le estaban dando al pueblo de Angola –en una escala tal que nos era difícil creerlo…” La voz que rememora pertenece a Nelson Mandela, quien hoy, con razón, es objeto de homenajes por una vida de lucha. En 1975, el líder del Congreso Nacional Africano –o ANC por sus siglas en inglés– estaba recluido en el penal de Robben Island, una isla frente a Ciudad del Cabo. Era su decimotercer año de reclusión. Acusado de terrorismo, había sido condenado a cadena perpetua por el régimen racista de Sudáfrica. Su delito: luchar por los derechos del pueblo sudafricano sometido al apartheid, aquel sistema ideado por los antiguos colonizadores, quienes, tras haberse sacudido de la supervisión británica, establecieron su propio régimen marcado por la explotación y el racismo.

Una bandera de dignidad
El pueblo sudafricano de piel negra, quedó dividido en los ignominiosos bantustanes, recluido en cercadas poblaciones como Soweto; los hombres separados de las mujeres, las mujeres ultrajadas y humilladas, los niños, violentados. En pleno siglo XX, la principal nación capitalista del continente africano, deparaba a la mayoría de su población una existencia de esclavitud. En una perversa graduación, permitía a “mezclados” o a sudafricanos originados de la inmigración desde Asia o la India, algunos derechos. Pero siempre menos de los de la miserable “raza superior” que se enseñoreó en el África Austral.
Tales eran las condiciones contra las que se rebeló el pueblo africano. Mandela dirigió el ANC, concebido como una organización, amplia, popular, que reuniría a miembros de todas las razas, negros, hindúes, asiáticos, blancos. Sus objetivos eran elementales y democráticos, la abolición del apartheid y un gobierno de mayorías que permitiera el desarrollo del país; sus métodos de lucha eran políticos, de presión, de propaganda.
En la medida en que el ANC amplió su organización a la clase trabajadora negra, impulsó huelgas y movilizaciones, la represión se volvió más cruda, los tenues caminos políticos se cerraron con juicios amañados, asesinatos y torturas. Y las exigencias del pueblo a sus dirigentes se intensificaron. Mandela comprendió las necesidades del momento y propuso, en 1961, la creación de Umkhonto we Sizwe, “la lanza de la nación”, la fuerza militar que golpearía a la policía represora, al ejército, a los colaboracionistas, que realizaría sabotajes a los intereses económicos de los capitales que se beneficiaban de la explotación de la mayoría.
Y ya entonces, la gesta iniciada un día 26 de julio en una lejana isla americana reverberaba en la lucha. Mandela relata la controversia que desató la propuesta de lucha armada entre la dirigencia de la ANC:
“usé un antiguo proverbio africano ‘sebatana ha se bokwe ka diatla’, ‘no se puede repeler a una bestia salvaje con manos vacías’. Moses [Kotane, secretario general del PC sudafricano] era un comunista a la antigua. Su oposición, le dije, se asemejaba a la del PC cubano bajo el régimen de Batista. Entonces, el partido sostenía que no se cumplían las condiciones necesarias. Fidel Castro, en cambio, no esperó; pasó a la acción y triunfó. […] La gente ya estaba formando unidades militares por su propia cuenta, y el ANC es la única organización capaz de conducirla. Siempre decimos que el pueblo es más avanzado que nosotros, y ahora efectivamente se nos adelanta.”
El pueblo se adelantó en una lucha heroica, sostenida sin descanso en las calles de Soweto o Sharpeville. Trabajadores, mujeres, escolares, niños héroes que se levantarían una y otra vez en contra de las masacres, las torturas, la prisión. Mandela seguía separado de su pueblo, pero siempre presente bandera de su humildad y dignidad. Surgían nuevos adalides, hombres como Stephen Biko y Chris Hani, entre tantos que dieron testimonio de la unidad de un pueblo, conquistada una y otra vez con sangre.
No esperó; actuó y triunfó
El proceso de liberación de los países sometidos al colonialismo y a la esfera de influencia de Sudáfrica, las colonias portuguesas Mozambique y Angola, de Zimbabwe, entonces llamada Rhodesia, agudizó la situación. El régimen racista se lanzó a una campaña de terror e intervenciones, bien financiada por los capitales externos y por Estados Unidos. Pretoria se convirtió así en una capital mundial de la ignominia. Punto de encuentro y bazar de torturadores, asesinos y mercenarios, lo más bajo de la humanidad, aliado a Israel, a la dictadura de Chile y a cuanto sanguinario se precisara.
La intervención en Namibia, antigua colonia alemana dejada “en mandato” a Sudáfrica, y el intento de derrocar al gobierno del MPLA en Angola, llevó a una situación desesperada en 1975. Todo indicaba que el régimen sudafricano lograría consolidarse como potencia única en el cono africano, subordinando a los países circundantes a un vasallaje apenas encubierto y que eternizaría la esclavitud dentro de sus fronteras.
Fue entonces cuando, a un mar de distancia, se erguía aquel principio del Che, de ser capaces “de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”; se levantaba el espíritu que cobró vida el día 26 de julio de 1953, con el asalto a los cuarteles Céspedes y Moncada de Santiago de Cuba. Fidel resumió el dilema que se vivía de esta manera:
“aquel problema había que resolverlo y, sencillamente, prohibirle a Sudáfrica las invasiones. Hay que reunir las fuerzas y los medios necesarios para impedírselo. Nosotros no teníamos todos los medios, pero esa era nuestra concepción.”
Fue el inicio de una las mayores gestas de nuestra América, realizada por una pequeña isla, que trasladó en 15 años a 300 mil de sus mejores hijos e hijas, soldados, médicos, obreros, ingenieros, profesores, combatientes todos, a Angola, a enfrentarse al imperialismo, a la agresión del régimen sudafricano. Dos mil de ellos no volverían. Caerían en la lucha, pero perdurarían, pues morir por la patria, es vivir.
Y los principios del Che, el espíritu del Moncada, quedarían plasmados en el encuentro bélico decisivo en 1988. En la localidad Cuito Cuanavale, sita en el sur de Angola, las fuerzas sudafricanas se habían agrupado y amenazaban con romper la resistencia angolana.
El espíritu del 26 de julio
El mundo ya se inclinaba a un fortalecimiento inédito del imperialismo, la Unión Soviética ya había retirado, en secreto, su apoyo estratégico a la revolución cubana. Es en ese año que Cuba toma la decisión de actuar. “En esa acción la Revolución se jugó todo, se jugó su propia existencia, se arriesgó a una batalla en gran escala contra una de las potencias más fuertes de las ubicadas en la zona del Tercer Mundo, contra una de las potencias más ricas, con un importante desarrollo industrial y tecnológico, armada hasta los dientes, a esa distancia de nuestro pequeño país y con nuestros recursos, con nuestras armas.” 40 mil hombres se lanzaron al combate al grito de Patria o Muerte. Y vencieron.
¿Qué significó este hecho?
“La aplastante derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale constituyó una victoria para toda África; dio la posibilidad a Angola de disfrutar de la paz y consolidar su propia soberanía; le permitió al pueblo combatiente de Namibia alcanzar finalmente su independencia; destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco; sirvió de inspiración al pueblo combatiente de Sudáfrica. Cuito Cuanavale marca un hito en la historia de la lucha por la liberación del África austral; marca el viraje en la lucha para librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid”.
Son, nuevamente, las palabras de nuestro querido Madiba, de Nelson Mandela, en la ciudad de Matanzas, un día 26 de julio de 1991, un año después de haber conquistado su libertad de las mazmorras.
Esas luchas, esos hombres y mujeres que dejan un ejemplo, no están olvidados.
Están presentes hoy como bandera de dignidad, en cualquier parte del mundo, para millones y millones, para una humanidad que, de nuevo, ha echado a andar.

La Estrella de la Segunda Independencia Nº 42.

jueves, 20 de marzo de 2014

Fidel Castro Street

Tomado del Blog de la UNAIC Espacio Físico y Construido.
Este artículo lo encontré gracias a

La hermosa capital de Namibia, la ciudad de  Windhoek, es un conglomerado urbano de sólo 250 000 habitantes, en un país de poco mas de 2 millones y medio de habitantes.

Se observa un dinámico ritmo constructivo en las los nuevos espacios urbanos. Muchas zonas de las ciudad presentan numerosos solares yermos en espera ser edificados,  en un desarrollo extensivo, caracterizado por edificaciones de una sola planta, en su zona residencial y algunas  edificaciones en alturas, en su centro de servicio, que todos identificamos por su nombre en Inglés y simplemente nos referimos al  “Town”,  cuando deseamos señalar un punto notable de la ciudad.

En su espacio parecen convivir la modernidad, con algunos patrones, en sus edificaciones, que se corresponden a códigos de las culturas de sus antiguos colonizadores,  en especial Alemania y Sudáfrica.

Su suelo arenoso, de un color beis, a veces con tonalidades rosadas, queda al descubierto, en su entramado edificado, donde es posible apreciar sus  acatadas regulaciones urbanas,  que separan las edificaciones, a más de 4 metros de las vías, corriendo a cargo del propietario del terreno la edificación del espacio empedrado, que no siempre se cumple con la prontitud requerida.

Lo que le da una imagen, tal vez, ruralizada, contrastando con los sobrios diseños arquitectónicos, en sus numerosas  moles de servicios, que parecen atender a una población mucho mayor que la que realmente dispone.

Un índice importante de motorización, presiona la edificación de numerosas  avenidas  para aliviar los embotellamientos en  las horas pico. Algunas de ellas tienen nombres emblemáticos y reconocidos por los pueblos del Mundo: Sam Nujoma, líder histórico del pueblo namibio y su primer Presidente, Nelson Mandela, Fidel Castros Ruz…

Para un cubano representa un raro sentimiento poder contemplar el nombre del líder histórico de la revolución Cubana. Por eso, cuando escribía un artículo de denuncia  sobre la permanencia de  Cuba en la “Lista de Estado Patrocinadores  del  Terrorismo”, que cada años emite el Departamento de Estado norteamericano, recordaba una  frase de Malcom X que expresa, “si no estás prevenido contra los Medios de Comunicación, te harán amar al opresor y odiar al oprimido”

Tenía el propósito de demostrar, tal vez, para algún confundido de buena fe,  lo absurdo de tal planteamiento que sólo lesiona la credibilidad de quien sostiene  tan endebles argumentos, que sólo sirven de justificación a la política de bloqueo contra la Isla y están en consonancia con intereses de la política doméstica del país norteño, y añadía, en todo caso, sólo puedo brindar  una mínima parte de las sin razones que tiene Estados Unidos para  etiquetar a Cuba con tan desacertado calificativo. 
 
Realmente no le dije a  mis interlocutores, con los que dialogaba sobre el tema cubano, todo lo que pensaba, nada le expresé de la profunda impresión que me causó la señalética con el nombre de Fidel en la esquina de una importante avenida local o el nombre de una escuela que lleva el nombre del líder del la Revolución Cubana y que los colaboradores cubanos apadrinamos de forma solidaria. 

Algo totalmente inusual en nuestro país, donde se comprende el valor relativo del papel de las personalidades en la historia y es principio Martiano, expresado reiteradamente por Fidel, de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

Nada dije, que para el pueblo nativo, conocedor de la discriminación racial y la pobreza extrema en el pasado, ese hito, en una esquina de Windhoek, es su forma de homenajear a un pueblo, en que Fidel es su digno representante, reconociendo  el importante papel jugado por  Cuba en la liberación de muchos pueblos africanos y su contribución al fin del Apartheid, al costo de enormes sacrificios en  defensa de las causas justa de este Continente.

 

lunes, 20 de enero de 2014

¿Por qué Sudáfrica ama a Cuba?

Tomado de Con Cuba en Sevilla.

Mientras los medios de comunicación estadounidenses se centraron recientemente en “el apretón de manos” entre el presidente Obama y Raúl Castro, vale la pena reflexionar por qué los organizadores del funeral de Nelson Mandela invitaron a Raúl Castro como uno de los seis líderes – de las noventa y un asistentes extranjeros- para hablar en la ceremonia. No sólo se le concedió a Raúl Castro ese honor, sino también recibió la más cálida presentación en la ceremonia:
“Ahora vamos a presentar a un líder que viene desde una pequeña isla, representante de una pequeña isla, de un pueblo que nos liberó, que luchó por nosotros… el pueblo de Cuba”, dijo el presidente del Congreso Nacional Africano (ANC ).
Tales palabras se hicieron eco de lo que el propio Mandela dijo cuando visitó a Cuba en 1991 :
“Hemos venido aquí conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo de Cuba. ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?”
Hay muchos factores que llevaron a la desaparición del Apartheid.  El gobierno blanco sudafricano fue derrotado no sólo por el poder de Mandela, el valor del pueblo de Sudáfrica, o de la capacidad del movimiento mundial para imponer sanciones. También fue derribado por la derrota del ejército de Sudáfrica en Angola. Esto explica el protagonismo de Raúl Castro en el funeral: fueron las tropas cubanas las que humillaron al ejército sudafricano. En los años 1970 y 1980, Cuba cambió el curso de la historia en el sur de África a pesar de los esfuerzos de Estados Unidos para evitarlo.

En octubre de 1975, los sudafricanos, alentados por el gobierno de Gerald Ford, invadieron a Angola para aplastar el Movimiento Popular por la Liberación de Angola (MPLA), de izquierda. Ellos habrían tenido éxito si no hubiesen estado ahí 36 000 soldados cubanos en Angola.

En abril de 1976 los cubanos habían empujado a los sudafricanos fuera del territorio angolano.

Como señaló la CIA, Fidel Castro no había consultado a Moscú  la decisión de enviar a sus tropas (como se desprende de las tensas reuniones celebradas más tarde con la dirección soviética en la década de 1980). Los cubanos, confirmó Kissinger en sus memorias, habían enfrentado a los soviéticos con un hecho consumado. Fidel Castro comprendió que la victoria de Pretoria (alentados por Washington) habría reforzado las garras de la dominación blanca contra el pueblo de Sudáfrica. Fue un momento decisivo: Castro envió tropas a Angola por su compromiso con lo que él ha llamado “la más bella causa”, la lucha contra el Apartheid. Como Kissinger observó más tarde, Castro “era probablemente el más genuino líder revolucionario entonces en el poder”.

La ola desatada por la victoria cubana en Angola se apoderó de Sudáfrica. “África Negra está montando la cresta de una ola generada por el éxito de Cuba en Angola”, señaló World, un importante periódico de la Sudáfrica negra. “África Negra está probando el vino embriagador de la posibilidad de hacer realidad el sueño de la liberación total”. Mandela recordó más tarde que se enteró de la victoria cubana en Angola mientras estaba encarcelado en Robben Island:
“Yo estaba en la cárcel cuando me enteré de la ayuda masiva que las tropas internacionalistas cubanas estaban dando al pueblo de Angola… Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de los países que quieren apoderarse de nuestro territorio o subvertir nuestra soberanía. En toda la historia de África es la única vez que un pueblo extranjero se ha levantado para defender a uno de nuestros países.”
Pretoria, sin embargo, no se había dado por vencido: incluso después de la retirada de los cubanos, esperaba derrocar al gobierno del MPLA de Angola. Las tropas cubanas permanecieron en Angola para protegerla de otra invasión sudafricana. Incluso la CIA admitió que eran “necesarias para preservar la independencia de Angola”. Además, los cubanos entrenaron a guerrilleros del ANC, así como a los rebeldes de la SWAPO, que luchaban por la independencia de Namibia contra los sudafricanos que la ocuparon ilegalmente.

De 1981 a 1987, los sudafricanos lanzaron por oleadas invasiones en el sur de Angola. La guerra estaba en un punto muerto, hasta noviembre de 1987, cuando Castro decidió expulsar a los sudafricanos fuera del país de una vez por todas. Su decisión fue provocada por el hecho de que el ejército sudafricano había acorralado las mejores unidades del ejército de Angola en una ciudad de la Angola meridional, Cuito Cuanavale. Y eso fue posible en cierta forma porque Washington se mecía en el escándalo Irán-Contra. Antes de estallar el escándalo Irán-Contra a fines de 1986, que debilita y distrae al gobierno de Reagan, los cubanos temían que Estados Unidos podría lanzar un ataque contra su patria. Por lo tanto, no estaban dispuestos a agotar sus reservasde armas. Pero el Irán-Contras limó los colmillos de Reagan, y liberó a Castro de la limitación de enviar mejores aviones de Cuba, pilotos y armas antiaéreas a Angola. Su estrategia era romper la ofensiva sudafricana contra Cuito Cuanavale en el sureste y luego atacar por el suroeste, “como un boxeador que con la mano izquierda golpea y con la derecha noquea”.

El 23 de marzo de 1988, los sudafricanos lanzaron su último ataque importante contra Cuito Cuanavale. Fue un fracaso absoluto. El Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos señaló: “La guerra en Angola ha tenido un giro dramático y – por lo que respecta a los sudafricanos- no deseado. ”

La mano izquierda de los cubanos había bloqueado el golpe de Sudáfrica, mientras que su mano derecha se estaba preparando para noquearlo: poderosas columnas cubanas avanzaban hacia la frontera de Namibia, empujando a los sudafricanos al repliegue. Los MIG- 23 cubanos comenzaron a volar sobre el norte de Namibia. Documentos de Estados Unidos y de Sudáfrica demuestran que los cubanos ganaron toda la franja superior de Angola. Los cubanos exigieron que Pretoria retirara incondicionalmente las tropas de Angola y permitiera elecciones supervisadas por la ONU en Namibia. El Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos advirtió que si Sudáfrica se negaba, los cubanos estaban en una posición de ventaja. Los sudafricanos reconocieron su dilema “para lanzar una ofensiva bien apoyada en Namibia”: Si se negaban a las demandas cubanas, corrían “el riesgo real de involucrarse en una guerra convencional a gran escala con los cubanos, cuyos resultados son potencialmente desastrosos”. La perspectiva del ejército sudafricano era sombría: “Debemos hacer todo lo posible para evitar una confrontación”.

Pretoria capituló. Aceptó las demandas de los cubanos y se retiró incondicionalmente de Angola y aceptó el acuerdo de las elecciones supervisadas de la ONU en Namibia, que ganó SWAPO.

La victoria cubana repercutió más allá de Namibia y de Angola. En palabras de Nelson Mandela, la victoria cubana “destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco … [e] inspiró a las masas en lucha de Sudáfrica… Cuito Cuanavale fue el punto de inflexión para la liberación de nuestro continente -y de mi pueblo – del flagelo del Apartheid” .

Piero Gleijeses es profesor de política exterior de Estados Unidos en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS), de la Universidad Johns Hopkins. Todas las citas del artículo anterior se han extraído de su último libro: Visiones de la Libertad: La Habana, Washington, Pretoria y la lucha por el sur de África , 1976-1991 [ 8 ] , The University of North Carolina Press, 2013 .

jueves, 2 de enero de 2014

2013: un balance provisorio

el acontecimiento más trascendente que marca con tristeza el año que finaliza fue la muerte del Comandante Hugo Chávez Frías. El líder bolivariano fue una verdadera fuerza de la naturaleza: un huracán que con su fervor antiimperialista, su visión estratégica de la lucha que debía librarse contra el imperio y su incansable protagonismo reconfiguró decisivamente el mapa sociopolítico del área.
El acontecimiento más trascendente que marca con tristeza el año que finaliza fue la muerte del Comandante Hugo Chávez Frías. El líder bolivariano fue una verdadera fuerza de la naturaleza: un huracán que con su fervor antiimperialista, su visión estratégica de la lucha que debía librarse contra el imperio y su incansable protagonismo reconfiguró decisivamente el mapa sociopolítico del área.


Por Atilio Borón.
Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

El año que termina fue pródigo en acontecimientos que dejaron profundas huellas en el sistema internacional. A la hora de reseñarlos la mirada del analista siempre es situada; no existe una observación que pueda independizarse de los condicionamientos que la geografía y el tiempo histórico ejercen sobre el observador. Nuestra mirada, desde el “aquí y ahora” de Nuestra América, seguramente será diferente de la que pueda tener alguien situado en Europa, Asia o África.

Hecha esta necesaria salvedad metodológica previa digamos que el acontecimiento más trascendente que marca con tristeza el año que finaliza fue la muerte del Comandante Hugo Chávez Frías. El líder bolivariano fue una verdadera fuerza de la naturaleza: un huracán que con su fervor antiimperialista, su visión estratégica de la lucha que debía librarse contra el imperio y su incansable protagonismo reconfiguró decisivamente el mapa sociopolítico del área. Chávez fue el gran mariscal de la batalla del ALCA, derrotando al principal proyecto de Estados Unidos para completar el sometimiento de América Latina y el Caribe a sus intereses.

Y fue también el hombre que llenó de propuestas lo que hasta su irrupción en la vida política de la región era una agradable pero inofensiva retórica latinoamericanista, huérfana de contenidos concretos. Para Chávez esta tenía que ser una convocatoria a la unidad de América Latina y el Caribe, unidad y no tan sólo integración; debía ser, tras las huellas de la Revolución Cubana, el ámbito de creación de un internacionalismo solidario que se traduciría en proyectos concretos como el Banco del Sur, Petrocaribe, TeleSUR, UNASUR y la CELAC, entre tantos otros. Su muerte, en circunstancias que aún no han sido aclaradas, llenó de júbilo al imperialismo y sus aliados, pensando que con ella se acabaría el chavismo. Sin embargo, y esta es una de las notas más positivas del año, la desaparición física de Chávez no impidió que el chavismo volviera a triunfar en las elecciones presidenciales del 14 de Abril -consagrando a Nicolás Maduro como presidente- y nuevamente, por una rotunda diferencia de más de un millón de votos, sobre la coalición opositora en las municipales del 8 de Diciembre. Parece que tendremos Chávez para rato.

Otra noticia muy importante fue la sorpresiva elevación del Cardenal Jorge Bergoglio al papado. Personaje complejo, la consagración de este jesuita motivó un áspero debate que está lejos de apagarse en la Argentina. Jerarca de una iglesia que fue cómplice de todos los crímenes de la dictadura, hay quienes lo fustigan por sus actitudes tibias y ambivalentes, sobre todo si se las compara con las que tuvieron otros obispos como los monseñores Enrique Angelelli –que pagó con su vida su osadía-, Jaime de Nevares, Jorge Novak o Miguel Hesayne. Esta sinuosidad de su conducta, síntoma de lo que Antonio Gramsci definiera como “jesuitismo”, explica las razones por las que junto a sus críticos emergiera desde las filas de la izquierda, los derechos humanos y la teología de la liberación un fogoso contingente de defensores de Francisco prestos a señalar las formas sigilosas con las que el por entonces provincial de los jesuitas protegía a su rebaño. Más allá de este irresuelto debate, los temores que muchos tenían en el sentido de que Francisco pudiera convertirse en una ominosa re-encarnación de Juan Pablo II (quien junto a Ronald Reagan y Margaret Thatcher conformara el más formidable tridente reaccionario del siglo veinte) hasta ahora han demostrado ser injustificados.

Es más, cierto cambio en el léxico del Pontífice (como por ejemplo hablar de la “Patria Grande” en ocasión de la visita de Cristina Fernández de Kirchner al Vaticano) o su insistente “opción por los pobres” demuestran que ha percibido con fino olfato los datos de este “cambio de época” y que Venezuela no es Polonia, ni Ecuador Checoslovaquia. Si aquellos gobiernos de Europa Oriental sucumbieron ante la arremetida que convergía desde el Vaticano, Washington y Londres fue porque su déficit de legitimidad los tornaba altamente vulnerables. Bien distinta es la situación de los gobiernos de izquierda en Sudamérica, donde Bolivia, Ecuador y Venezuela cuentan con una legitimidad popular incomparablemente superior a la que jamás gozaron sus supuestas contrapartes europeas.

En pocas palabras: el Vaticano no ignora que los cambios acaecidos en Latinoamérica y el Caribe desde los albores del siglo veintiuno ya no tienen vuelta atrás. En El 18 Brumario de Luis Bonaparte Marx evoca la intervención del Cardenal Pierre d’Ailly en el Concilio de Constanza (1414-1418) cuando ante las quejas de los puritanos por la vida licenciosa de los papas respondiera con voz tonante “¡Cuando sólo el demonio en persona puede salvar a la Iglesia católica, vosotros pedís ángeles!” La situación actual de la Iglesia es mucho peor que la que tanto preocupara a d’Ailly: interminable hemorragia de la feligresía, escándalos por pederastia, millonarios juicios de las víctimas y bancarrota de las iglesias abrumadas por el pago de enormes indemnizaciones, manejos mafiosos del banco del Vaticano, el papel de la mujer en la Iglesia y el cuestionamiento cada vez más militante del celibato sacerdotal configuran una agenda que difícilmente le dejen tiempo a Francisco para organizar la dispersa y confusa derecha latinoamericana, suponiendo que quisiera hacerlo. Pero para eso está “la embajada.”

Otro acontecimiento de gran trascendencia fue la re-emergencia de Rusia como un principal actor de la política mundial. La Unión Soviética lo había sido en el casi medio siglo transcurrido desde finales de la Segunda Guerra Mundial. El “orden bipolar” de la época le asignaba un protagonismo fundamental, pero cuando se produjo el hundimiento de la URSS en 1991-92 el estado sucesor, Rusia, quedó completamente marginado de los principales escenarios de la política internacional. Esto dio pie a que algunos publicistas del imperio se solazaran con la ilusión de que allí comenzaba el “nuevo siglo (norte)americano” y no ahorraron descalificaciones humillantes, incluso algunas de tono racista, en contra de los rusos, como Vladimir Putin se encarga de recordar una y otra vez. El sueño del “nuevo siglo americano” duró muy poco y con los atentados del 11-S se convirtió en una insoportable pesadilla. Rusia, que nunca había dejado de ser una potencia atómica –nimiedad olvidada por los apologistas del “nuevo orden mundial” alentado por George Bush padre- y que venía acumulando fuerzas desde comienzos del siglo, irrumpió abruptamente en el escenario mundial otorgándole asilo político nada menos que a Edward Snowden, el enemigo público número uno de Washington y, después, torciéndole el brazo a Barack Obama y su escudero, John Kerry, haciéndoles abortar sus planes de bombardear Siria. Por si lo anterior fuera poco, su claro apoyo a Teherán aventó también un desenlace bélico por la cuestión del programa nuclear iraní, en una crisis alentada hasta el paroxismo por el régimen israelí y sus impresentables compinches en el área, especialmente Arabia Saudita. Con tres gestos Moscú demostró que las bravuconadas de Washington carecían de sustancia real y podían ser neutralizadas en beneficio de la paz y el imperio del derecho internacional.

La impetuosa re-emergencia de Rusia sumada a la ya consolidada gravitación de China en la economía y la política mundiales terminó por cristalizar significativas modificaciones en el gran tablero geopolítico internacional. Cambios éstos que favorecen los proyectos emancipatorios de Nuestra América porque el derrumbe del unipolarismo norteamericano y la acelerada –y por lo que parece, irreversible- edificación de una estructura multipolar de poder mundial abre nuevos e inéditos márgenes de maniobra para los países de América Latina y el Caribe, tradicionalmente sometidos al yugo estadounidense. Al evidente debilitamiento del poderío global de los Estados Unidos -reconocido nada menos que por el más significativo intelectual del imperio, Zbigniew Brzezinski- y del cual el cierre de sus oficinas gubernamentales por dos semanas es apenas uno de sus muchos síntomas se le suma el agotamiento del proyecto europeo, sacrificado en el altar de la banca alemana, todo lo cual hace del mundo un espacio mucho más abierto e indeterminado cuyos resquicios y contradicciones ofrecen una magnífica oportunidad para que los pueblos de Nuestra América avancen resueltamente hacia la conquista de su segunda y definitiva independencia.

Por supuesto, en el 2013 pasaron muchas otras cosas, imposibles de examinar en detalle aquí. Permítasenos simplemente mencionar la importancia de los diálogos de paz entre el gobierno de Juan M. Santos y las FARC, alentados por el clamor popular que en Colombia exige el fin del conflicto armado y las expectativas en torno a las elecciones presidenciales de Mayo del 2014; la crisis domínico-haitiana, desatada por las racistas normas denegatorias de la nacionalidad a los hijos de haitianos nacidos en la República Dominicana; las elecciones del pasado 27 de Octubre en Argentina, sembrando de dudas la continuidad del proceso abierto en el 2003; el triunfo de Michelle Bachelet, regresando a la presidencia de un Chile desquiciado por el holocausto social del neoliberalismo; la persistencia y profundización de la crisis en México, a veinte años del “grito” de los Zapatistas en Chiapas; la vigorosa e inesperada irrupción de grandes manifestaciones de masas en Brasil, a poco más de un año de las presidenciales de Octubre de 2014, conmoviendo la estolidez de un orden social profundamente injusto y rabiosamente oligárquico; la aplastante victoria de la Alianza País en las elecciones legislativas del Ecuador, que le permitieron a Rafael Correa obtener una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional; la lenta pero irreversible implementación de los nuevos “lineamientos” en la economía cubana, orientados a actualizar y fortalecer los fundamentos materiales de la Revolución; la consolidación del liderazgo de Evo Morales en Bolivia, de cara a las elecciones del próximo Octubre; la integración plena de Venezuela al Mercosur, ya con el voto favorable del Senado paraguayo, y la valerosa resistencia de los pueblos ante los estragos de la gran minería a cielo abierto, el “fracking” y el auge del agronegocio monoproductor (soja, caña de azúcar, palma africana, etcétera) son datos que también marcaron la agenda del año que finaliza y que merecerían un análisis detallado que no podemos hacer aquí. A lo anterior hay que agregar la continuación de la agresión imperialista y la guerra civil en Siria, donde Al Qaida, con la bendición y el apoyo de la Casa Blanca (perdón, ¿no había sido esta organización la que tramó y ejecutó el atentado del 11-S?) lucha codo a codo con los mercenarios sauditas, yemenitas e israelíes que procuran acabar con el régimen de Bashar al-Assad; tomar también nota del golpe militar pro-norteamericano en Egipto, en contra del gobierno de Mohammed Morsi y la Hermandad Musulmana, no suficientemente pro-norteamericano según el gusto de Washington; la intervención armada de tropas francesas en Mali para contener a los fundamentalistas islámicos aliados de Al Qaida (¡a la vez que París apoya a esta organización en Siria y François Hollande se ofrece impúdicamente a colaborar con Estados Unidos en el bombardeo de ese sufrido país!) y, finalmente, la muerte de Nelson Mandela, comunista de toda su vida que liquidó el “apartheid” sudafricano utilizando, según las circunstancias y el momento histórico, tácticas violentas y pacíficas, siendo por eso incorporado a una lista de “terroristas” por Estados Unidos hasta Julio del 2008. Después de su muerte Mandela tuvo que resistir una tremenda operación mediática que se quiso apropiar de su memoria y presentarlo como un ingenuo y conciliador pacifista, un “adorador de la legalidad” de un estado racista y ocultando groseramente los datos históricos que jalonan su impresionante biografía de lucha por todos los medios que fueran idóneos para el éxito de su empresa liberadora.

Para concluir, hoy, ya en vísperas del 2014, debemos celebrar con inmensa alegría el 55º aniversario del triunfo de la Revolución Cubana -un acontecimiento “histórico-universal”, como seguramente lo hubiera caracterizado el viejo Hegel- que inauguró una nueva era en la lucha de los pueblos de América Latina y el Caribe, África y Asia por su definitiva emancipación. Una Cuba que resiste y resistirá cuanto bloqueos y sabotajes le aplique Estados Unidos, y que demuestra cada día, cada hora, que el imperialismo no es invencible y que puede ser derrotado. Por eso su papel en los procesos de liberación de los pueblos del tercer mundo coloca a la isla caribeña en un sitial semejante al que Francia supo ocupar, luego de la Revolución Francesa, como el faro orientador de quienes luchaban por sacudirse el yugo del absolutismo dinástico. Cuba es la Francia de nuestros días y tiene todo el derecho del mundo para celebrar con alegría un nuevo aniversario de la triunfal jornada del 1º de Enero de 1959. ¡Salud Cuba, y hasta la victoria siempre!

sábado, 21 de diciembre de 2013

Apartheid contra Cuba, vasallaje y amnesia histórica en el funeral del periodismo español

Tomado de CubaInformación.
Por José Manzaneda, Coordinador de CubaInformación.

Analicemos algunas de las claves informativas de la cobertura realizada por los grandes medios españoles en el funeral de Nelson Mandela.

1. Ocultar el porqué de la destacada presencia de Cuba en el acto.

La mayoría de medios ha tratado de descalificar la presencia destacada del Gobierno de Cuba en el acto. El diario “El Mundo”, en su editorial, sentenciaba que fue “un error de las autoridades sudafricanas situar a Raúl Castro a la altura de Obama” (1). Y la corresponsal de la Cadena Ser llegó a afirmar que “la dictadura cubana se aprovechó del funeral” de Mandela (2).

Para sostener este mensaje, los medios han necesitado ocultar la razón por la que Cuba fue uno de los 6 únicos países cuyo presidente intervino en el acto –ninguno, por cierto, de Europa- (3). Ningún gran medio español citó las palabras de Bapela Mbete, del Congreso Nacional Africano, que presentó a Cuba como el “país que contribuyó a liberar Sudáfrica; el país vencedor en la batalla de Cuito Cuanavale, que tanto impacto tuvo para la lucha contra el apartheid” (4). Recordemos que el propio Nelson Mandela explicaba, en 1991, el papel crucial de Cuba en el fin del apartheid: “¡Sin la derrota infligida (al ejército sudafricano por las tropas de Cuba y Angola) en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones no habrían sido legalizadas! (...) Alteró la correlación de fuerzas en la región y (...) fue crucial para hacer entender a(l régimen de) Pretoria que tenía que sentarse a la mesa de negociaciones” (5).

Pero los medios han usurpado al público la explicación de por qué las autoridades sudafricanas otorgaron al presidente Raúl Castro un papel tan destacado en el funeral de Mandela, por qué fue recibido con una enorme ovación (6), y por qué Nelson Mandela apoyó siempre al Gobierno y a la Revolución cubana (7).

2. Vasallaje informativo hacia Obama y silencio del apoyo de EEUU al apartheid.

Los medios españoles, además, han hecho una ramplona apología del mensaje, en dicho acto, del presidente de EEUU Barack Obama.

El diario español El País decía que las personas asistentes “solo vibraron cuando Obama dio en el clavo con un discurso lleno de inteligencia y emoción”, mientras “el resto de intervenciones fueron de un tedio previsible” (8). Ni una palabra, eso sí, acerca de que el Gobierno de EEUU –junto a Reino Unido- fue, durante décadas, el sostén económico y militar del régimen del apartheid (9); que impidió cualquier sanción de Naciones Unidas gracias a su derecho a veto en el Consejo de Seguridad (10); que la CIA ayudó a los servicios secretos sudafricanos a capturar a Mandela en 1962 y a encarcelarlo durante 27 años (11); y que Washington le mantuvo hasta 2008 en su lista de terroristas internacionales (12). De ninguno de estos hechos ha hecho autocrítica o reconocimiento histórico, formal o informal, el actual presidente de EEUU. Y de ninguno de ellos ha dicho ni una palabra la gran prensa española.

El vasallaje informativo hacia Obama fue tónica general en el conjunto de los medios españoles. El especialista en temas africanos para los 13 diarios locales del grupo español Vocento, Gerardo Elorriaga, sentenciaba que “Barack Obama impartió una lección” porque “denunció a dirigentes que se dicen solidarios pero no toleran la oposición de su propio pueblo” (13). Un mensaje que ha sido repetido en medios de todo el mundo. El diario “El Mundo”, por ejemplo, titulaba en portada “Obama saluda a Castro pero le recrimina que no tolere la disidencia” (14). Pero ni la menor alusión a los casos de disidentes perseguidos o encarcelados por el Gobierno de EEUU, como Bradley Manning (15), Edward Snowden (16) o Julian Assange (17), por haber publicado pruebas de los asesinatos de civiles en operaciones militares norteamericanas (18).

La corresponsal en Washington de Vocento, Mercedes Gallego, reforzaba el mensaje propagandístico hacia la Casa Blanca. Afirmaba que el saludo a Raúl Casto debía ahora ser correspondido –según “los analistas”, decía sin mencionar qué analistas- con la liberación del agente norteamericano preso en Cuba Alan Gross (19). Es llamativo que esta periodista no diga una palabra sobre los cuatro cubanos presos desde hace 15 años en EEUU (20), cuyo hipotético canje por Alan Gross ha sido propuesto por “analistas” –estos sí con nombre propio- como los actores Sean Penn y Danny Glover (21).

La cobertura de Vocento acababa con una nota de su corresponsal en La Habana, que contenía una mentira gruesa. Afirmaba que “los principales medios de la isla (...) no se hicieron eco” del saludo de Obama a Raúl (22). Podemos comprobar la falsedad de esta afirmación viendo la portada, del mismo día, de otro diario, el vasco Deia, que mostraba la fotografía de un ciudadano cubano viendo la imagen de dicho saludo en el Noticiero de la Televisión cubana (23).

3. Olvidar el boicot a Mandela en el Miami de la “disidencia” cubana

El saludo de Obama a Raúl Castro levantó las airadas protestas del llamado “exilio” cubano de Miami. Las palabras de la congresista Ileana Ros-Lehtinen, que afirmó que “cuando el líder del mundo libre aprieta la mano ensangrentada de un dictador como Raúl Castro, se transforma en un golpe de propaganda para el tirano" (24), tuvieron espacio en casi todos los grandes medios españoles (25).

A ninguno de ellos le pareció adecuado, sin embargo, recordar cómo, en junio de 1990, esta congresista lideró, junto al entonces Alcalde de Miami Xavier Suárez, un boicot oficial a la visita de Nelson Mandela a dicha ciudad (26).

El fracaso de dicho boicot fue total. Mientras un avión con un mensaje de propaganda contra Fidel Castro y Nelson Mandela sobrevolaba el mitin de más de 6000 personas, apenas 30 protestaban en el exterior en su contra (27). Y al final, los boicoteadores fueron boicoteados: la comunidad negra de la ciudad de Opa Locka lanzó un boicot al turismo a Miami que provocó a esta ciudad pérdidas millonarias.

¿Será que hay una epidemia de amnesia histórica en los consejos de redacción de los medios españoles?


(8)   El País, 11 de diciembre de 2013, edición impresa, portada.
(13) El Correo, 11 de diciembre de 2013, edición impresa, pag. 36.
(14) El Mundo, 11 de diciembre de 2013, edición impresa, portada.
(19)   El Correo, 11 de diciembre de 2013, edición impresa, pag. 39.
(22)  El Correo, 11 de diciembre de 2013, edición impresa, pag. 39.
(23) Deia, 11 de diciembre de 2013, edición impresa, portada.

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