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viernes, 15 de julio de 2016

La Guerra de Irak y las mentiras en que se basó siguen generando polémica

Tomado de Democracy Now
Por Emy Goodman y DEnis Moynihan.

Esta semana se dio a conocer un devastador informe sobre la activa participación del Reino Unido en la invasión y ocupación de Irak, al mismo tiempo que continúan buscándose entre los escombros los cuerpos de las personas fallecidas en el peor atentado suicida con camión bomba que ha tenido lugar en Bagdad desde el inicio de aquella funesta guerra en el año 2003. El documento se conoce como “el informe Chilcot”, por su principal investigador y autor, Sir John Chilcot. La investigación fue encomendada en el año 2009 por el entonces primer ministro Gordon Brown. Chilcot dio a conocer el informe de 6.000 páginas el miércoles por la mañana, tras siete años de trabajo. El informe ofrece una larga lista de críticas al ex primer ministro Tony Blair y su gabinete al dejar al descubierto de qué manera se exageró la amenaza que suponían las presuntas armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, así como la inquebrantable lealtad que Blair demostró al presidente George W. Bush. “Ahora resulta claro que las políticas sobre Irak se elaboraron sobre la base de información de inteligencia y valoraciones infundadas que no fueron contrastadas”, afirma Chilcot en el comunicado que acompañó la publicación del informe.
Un memorando incluido en el informe, enviado por Blair a Bush en julio de 2002, meses antes de la invasión, comienza con la siguiente promesa hecha por Blair a Bush: “Estaré contigo, pase lo que pase". Muchas personas, entre ellas referentes parlamentarios del propio Partido Laborista, piden que Blair sea llevado a juicio por crímenes de guerra. Mientras el Reino Unido, sumido aún en un caos político a consecuencia del referéndum que derivó en el brexit, reacciona al informe Chilcot, la población de Bagdad no se repone aún del atentado del sábado. La cifra de víctimas fatales del atentado se ha incrementado hasta alcanzar las 250. George W. Bush expresó sin ningún atisbo de arrepentimiento a través de un portavoz que “sigue creyendo que el mundo entero está mejor sin Saddam Hussein en el poder”. Según trascendió, al momento de realizar estas declaraciones, Bush recibía a veteranos heridos en su rancho de Texas.
Mientras que las fuerzas británicas perdieron a 179 de sus miembros a lo largo de toda la guerra, las fuerzas estadounidenses tuvieron 4.502 bajas (siete de las cuales sucedieron en 2016). A la invasión y posterior ocupación se destinaron miles de millones de dólares, y se destinarán miles de millones más para el cuidado de por vida de los veteranos heridos y emocionalmente afectados. Sin embargo, la mayor e incalculable pérdida es la que ha sufrido el pueblo iraquí. Como lo demuestra este reciente y devastador atentado, la guerra en Irak no ha llegado a su fin. Se han llevado a cabo varias iniciativas para contabilizar la cifra de víctimas fatales de la guerra. El más bajo de estos estimativos ubica la cifra entre 160.000 y 180.000 fallecidos. Algunos estudios sostienen que el número de víctimas es varias veces mayor. Resulta imposible determinar la cifra exacta, pero el efecto en la población de Irak ha sido devastador y los daños se harán sentir por generaciones.
El pronunciamiento británico fue claro: “Nuestros ejércitos no llegan a sus ciudades o a sus tierras como conquistadores o enemigos, sino como libertadores”. Sin embargo, estas palabras no fueron expresadas en 2003, sino en 1917. La guerra arrasaba Europa y la Marina Británica dependía ampliamente del petróleo proveniente de Irak y el Golfo Pérsico. Como sostiene el detallado anexo histórico que acompaña al informe Chilcot: “Para asegurar ese petróleo para Gran Bretaña, en la primavera de 1914, el Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill, adquirió para el Gobierno Británico el 51% de las acciones de la Anglo-Persian Oil Company o Compañía de Petróleos Anglo-Persa”. Y fue así como todo un siglo de ocupación, explotación, represión, violencia y dolor se ha grabado a fuego en la vida de los iraquíes y en la historia de Irak.
Para Sami Ramadani todo esto es más que historia. Ramadani nació en Irak pero vive en Londres desde que se convirtió en un exiliado del régimen de Saddam Hussein. Durante mucho tiempo se ha dedicado a impulsar el movimiento contra la invasión y la ocupación de Irak, pero también contra las devastadoras sanciones que las precedieron. Poco después de que el informe Chilcot fuera dado a conocer, Sami Ramadani dijo en “Democracy Now!”: “Irak, como sociedad, como Estado, fue destrozado de la manera más cruel desde la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Vietnam, con tácticas como la llamada de ‘conmoción y pavor’ y con crímenes en masa a una escala indescriptible. El verdadero objetivo no era sacar al dictador, sino controlar Irak. Y al no poder controlarlo, lo destruyeron, al igual que están haciendo con Libia, con Siria y demás. Esto entra en esa escala. Pero la peor de las tragedias es la pérdida de vidas”.
Un año después de la invasión, en la cena anual de la Asociación de Corresponsales de Radio y Televisión en Washington, D.C., el presidente Bush bromeó ante los cientos de periodistas presentes en la cena: "Esas armas de destrucción masiva tienen que estar por aquí, en alguna parte. No, por allá no hay armas. Puede que estén aquí debajo". Imágenes de Bush en el Despacho Oval, en cuclillas, buscando armas de destrucción masiva bajo los muebles, acompañaron la comedia cotidiana de aquellos días. En tiempos en que los miembros fallecidos del Ejército de Estados Unidos eran retornados a la Base de la Fuerza Aérea de Dover, en donde estaba prohibido tomar fotografías de las bolsas en que se transportaban los cuerpos, y en que los cadáveres de los iraquíes se amontonaban en las calles y las morgues, la conducta de Bush resulta incomprensible. La guerra no es broma. Tras el informe Chilcot, debería emprenderse una iniciativa seria para que personas como Bush o Blair rindan cuentas por la muerte y la destrucción que siguen teniendo lugar en Irak y en otras partes del mundo.

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© 2016 Amy Goodman
Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

lunes, 29 de febrero de 2016

Cómo Gorbachov traicionó a su país.

Expresidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov
Tomado de Sputnik. Sección Club Zonóviev
Por Oleg Nazárov.

En artículos anteriores hemos citado a Alexander Zinovievdisidente de la URSS devenido un demoledor crítico de la perestroika y sistemático acusador de figuras como Gorbachov, Shevardnadze, Yeltsin y Yakovlev por traición al pueblo ruso. Oleg Nazárov, autor de este artículo publicado por el sitio Sputnik,  pertenece al Club Zinoviev. 
Todos coinciden hoy en que el encuentro entre George H. W. Bush y Mijaíl Gorbachov en diciembre de 1989 en Malta dejó una profunda huella en la historia. Pero lo valoran de maneras diferentes. Algunos creen que fue el punto final de la Guerra Fría. Otros lo califican como una traición sin precedentes. Gorbachov y su equipo se oponen categóricamente a esta última opinión. Para encontrar la verdad, hace falta un análisis científico.
Qué es una traición
La clave a la respuesta a esta ambigua pregunta la dio el gran filósofo ruso y patriota de su país, Alexander Zinóviev. Empleó la palabra “traición” en el sentido sociológico, moral y jurídico.
En su artículo ‘El factor de la traición’ Zinóviev escribió: “Para calificar las acciones del supremo poder soviético como traición o para rechazar esta calificación hace falta, ante todo, partir del deber de las autoridades con respecto a su población. Este deber consiste en salvar y afianzar el régimen existente, proteger la integridad territorial, fortalecer y proteger la soberanía del país en todos los aspectos de su organización social (poder, derecho, economía, ideología, cultura), garantizar la seguridad personal de los ciudadanos, defender el sistema de formación y educación, los derechos sociales y civiles… En una palabra: todo lo que había sido conseguido en los años soviéticos y lo que constituye un modo de vida normal de la población. Las autoridades lo sabían. Y la población estaba segura de que su cúpula dirigente cumpliría su deber y confiaba en sus líderes. ¿Cumplieron las autoridades su deber? ¿Y por qué, si escogemos la respuesta negativa? En segundo lugar, hay que entender si las autoridades soviéticas actuaron por su propia voluntad o fueron manipuladas desde fuera; si fue un comportamiento planificado por alguien fuera del país o no, o si actuó el poder en intereses de esta fuerza externa”.
Zinóviev fue el primero en intuir que Gorbachov era capaz de traicionar esta confianza: “Antes de asumir el cargo de secretario general del PCUS había estado en Reino Unido. Se negó a visitar la tumba de Karl Marx, y en vez de ello se dirigió a la recepción de la reina. Me pidieron comentar este caso. Contesté entonces que empezaba una traición histórica sin precedentes. No me equivoqué”.
En Londres el futuro líder soviético se vio con la primera ministra de Gran Bretaña, Margaret Thatcher. Es interesante que justo después de este encuentro la Dama de Hierro se fuera a EEUU para verse con el entonces presidente, Ronald Reagan, para comunicarle que se podía hacer tratos con Gorbachov. En marzo de 1985 Thatcher vino a Moscú al entierro del Secretario General del PCUS y dirigente de la URSS, Konstantín Chernenko, y volvió a verse con Gorbachov, que poco antes había sido nombrado el líder de la URSS y del partido.
El primer paso
Pasado un mes, en el Pleno del Comité Central del PCUS fue anunciado el curso hacia la aceleración del desarrollo socio-económico del país. Suponía la aplicación de los logros de la ciencia y la técnica y el desarrollo de la construcción de maquinaria. Así se inició la llamada ‘Perestroika’. En febrero de 1986 fue aprobada en el ХХVII Congreso del PCUS.
El periodo de Brézhnev lo suelen denominar periodo de estancamiento. Zinóviev protestó categóricamente contra esta denominación. En su artículo ‘La contrarrevolución soviética’ recordó: “¡En los años de postguerra la población de la Unión Soviética aumentó en cien millones de personas! Se elevó el nivel de vida. Crecieron las necesidades de la gente… En los años de postguerra (y sobre todo, en los del “estancamiento”) creció decenas de veces el número de empresas, entidades, organizaciones, la sociedad se hizo más complicada y variada con tanta rapidez y en tal escala que nunca ha visto la historia de la humanidad uniones tan enormes como la URSS. Todos los aspectos de la vida se volvieron más complicados y variados: la educación, la cultura, las comunicaciones, las relaciones internacionales, etc. Por supuesto, aparecieron problemas y dificultades…”.
Para superarlos, como afirmaba Zinóviev, “había que abogar por la vía del afianzamiento y perfeccionamiento de todo lo que criticaban y ponía en ridículo la propaganda y la ideología de Occidente: se trataba de algo que funcionaba de verdad y podría permitirle a la URSS superar aquellas dificultades. Pero los dirigentes soviéticos y sus lacayos ideológicos lo hicieron todo al revés. Se pusieron a montar la ‘Perestroika’, cuyas consecuencias nefastas eran evidentes de antemano. La perestroika desencadenó una crisis que se hizo universal, abarcando también la esfera de la economía”.
Ya ni Gorbachov ni los demás críticos del estancamiento mencionaban la antes anunciada aceleración. Sus palabras altisonantes nunca se materializaron. Los partidarios de la ‘Perestroika’ no lograron superar los problemas, muchos de los cuales fueron fruto de su propia actividad. Gorbachov demostró ser un dirigente incapaz de construir nada, lo que primero originó en la sociedad una desilusión y luego una creciente irritación.
Cuanto peor fueron las cosas dentro del país, tanto más se esforzaba Gorbachov por conseguir reconocimiento en Occidente. Hasta estaba dispuesto a renunciar a las conquistas geopolíticas del periodo de la Segunda Guerra Mundial, pagadas con las vidas de decenas de millones de ciudadanos soviéticos. El ex jefe del Departamento Analítico de la KGB de la URSS, Nikolái Leónov, está seguro de que fue Gorbachov el que inició la ruina del imperio soviético al ir a la Asamblea General de la ONU en otoño de 1988 con la idea de alegrar a todo el mundo declarando desde la tribuna que la URSS no iba a impedir por la fuerza los cambios en otros países de Europa Oriental. Fue el primer paso, y después ya no hubo vuelta atrás.
La URSS no quiere ver a EEU como un adversario
Henry Kissinger en su libro ‘Diplomacia’ recuerda como al declarar desde la tribuna de la ONU la reducción unilateral de las Fuerzas Armadas en 500.000 efectivos y 10.000 tanques, Gorbachov añadió con una voz bastante humilde: “Esperamos que EEUU y los europeos den algunos pasos también”…Una reducción unilateral de escala tan grande es una muestra o de una exclusiva seguridad de las propias fuerzas o de una debilidad exclusiva. En aquella etapa de desarrollo es dudoso que la URSS ostentase dicha seguridad de sus fuerzas.
En primer lugar, las palabras de Kissinger hacen referencia a Gorbachov quien manifestó también su debilidad en el curso de las negociaciones en Malta. Al describir el comportamiento del líder soviético, el embajador estadounidense en la URSS, Jack F. Matlock, dijo: “Necesitaba que todos vieran que estaba negociando con Bush de igual a igual y no como un adversario vencido”.
Pero Gorbachov no logró convencer de ello a los políticos estadounidenses, que respetan la fuerza por encima de todo.
Por ahora sabemos muy poco del contenido de las negociaciones. Y por algo será. Los concisos comentarios de los medios contrastan con las estimaciones pomposas que dieron Gorbachov, Bush y sus círculos próximos. Todos insistieron en declarar que el principal resultado del encuentro fue el fin de la Guerra Fría. Aunque hoy es obvio que estas declaraciones no corresponden con la realidad.
El ex embajador soviético en EEUU, Anatoli Dobrinin, afirmaba que en Malta Gorbachov hizo caso omiso de la directiva del Buró Político del Comité Central del PCUS, según la cual la reunificación de Alemania era posible siempre y cuando los dos bloques, la OTAN y el Pacto de Varsovia, fueran disueltos y unidos por un acuerdo mutuo. Es más: Gorbachov no solo le alegró a Bush con la declaración de que la “URSS ya no quería ver como un adversario a EEUU”, pasó a exhortar a los estadounidenses a ser mediadores en transformaciones pacíficas en Europa Oriental.
— Ya no le consideramos nuestro enemigo, —le dijo a Bush- Han cambiado muchas cosas. Queremos su presencia en Europa. EEUU debe quedarse en Europa. Su presencia allí es importante para el futuro de este continente. Por eso no deben pensar que busquemos que se vayan.
No sorprende que varias semanas después de la cumbre en Malta la Administración de Bush se mostrase dispuesta a desempeñar el papel de mediador no sólo entre Moscú y los Estados del Pacto de Varsovia, sino también entre Moscú y la capital de la República Socialista Soviética de Lituania, Vilna.
El historiador Matvéi Polínov dijo: “Las fuerzas separatistas de Letonia, Lituania y Estonia, al obtener el apoyo de EEUU a raíz de la cumbre de Malta, intensificaron considerablemente su actividad con vistas a salir de la URSS. Precisamente por eso, en buena medida, el destacado diplomático Anatoli Gromiko calificó la cumbre como “un Múnich soviético”… Gromiko vio claro que en Malta Gorbachov “había perdido cada partida”.
Y es que ni intentó ganar. Me atreveré a decir más: a juzgar por los acontecimientos que se desencadenaron después de la cumbre (la reunificación alemana, la desintegración del Bloque Socialista, la disolución del Pacto de Varsovia, el empeoramiento de relaciones con Cuba, etc.), Gorbachov, actuando a su antojo, había firmado en Malta el acta de capitulación total e irreversible de la URSS.
La Navidad en junio de 1990
La respuesta a la pregunta si Gorbachov actuó según los intereses de EEUU o no es obvia. Los propios estadounidenses estaban asombrados por la rapidez con la cual el líder soviético le rendía a Occidente una posición tras otra. Como reconocieron el historiador de EEUU, Michael Richard Beschloss, y el analista de política exterior, Strobe Talbott, los estadounidenses estaban buscando la manera de agradecerle a Gorbachov que pactara la presencia de una Alemania unida en la OTAN. Y como para junio de 1990 estaba planificada la visita de Gorbachov a EEUU, Robert D. Blackwill propuso: “El encuentro debe convertirse para Gorbachov en una Navidad en junio”.
El recién proclamado presidente de la URSS vino a EEUU el 30 de mayo. Beschloss y Talbott lo cuentan:
“Gorbachov estaba embriagado de su éxito, cuando la muchedumbre le acogía con aplausos. Exclamó, con ayuda de un intérprete: ‘¡Aquí me siento como en casa!’ Fue una frase rara pero muy elocuente: ya que en su país su propio pueblo no le iba a aplaudir (…) Gorbachov tenía tantas ganas de sentir la benevolencia de la sociedad y ver las muestras de su importancia en Occidente que al día siguiente empleó cuatro horas para recoger, uno tras otro, cinco premios de diferentes organizaciones (…) Con una amplia sonrisa, recibía a los representantes de cada organización que entraban con toda solemnidad en la lujosa sala de recepciones de la embajada soviética: colgaban de la pared sus emblemas y pronunciaban palabras halagadoras sobre Gorbachov ante las cámaras de la televisión soviética y estadounidense”
En el mismo año, 1990, Gorbachov obtuvo el anhelado Premio Nobel de la paz.
Tuvo que esperar dos años para el siguiente regalo. En 1992, cuando la URSS ya estaba enterrada, Reagan invitó al ex presidente a su rancho y le regaló el sombrero de vaquero. Gorbachov lo describe en sus memorias. Comentándolo, el politólogo Serguéi Cherniajovski, dijo con ironía: “El ex césar de medio mundo sigue orgulloso de este hecho. También se sentían orgullosos los siervos cuando los zares les regalaban sus abrigos de pieles. Igual que ellos y Ricardo III de York, quien imploró en un momento de peligro “mi reino por un caballo”, este laureado con el Premio Nobel se sentía orgulloso por su intercambio beneficioso: medio mundo por el sombrero del ex presidente estadounidense. Más tarde los invitados de Reagan pagaban 5.000 dólares por tener su foto del ex secretario general de la URSS con el sombrero de los vaqueros de Texas. Gorbachov lo describe con orgullo, sin entender que lo que les atraía tanto, era verle con un gorro de payaso”.
Epílogo
En agosto de 1991, tres días después del llamado “golpe de agosto” en la Unión Soviética, Zinóviev escribió las siguientes palabras proféticas: “Ahora todo el mundo cree que la Guerra Fría ha acabado y que éste es el gran mérito de Gorbachov y su equipo. Pero no se suele explicar en qué consistió el papel de Gorbachov. Pasarán años y los descendientes valorarán este papel suyo como se debe: quiero decir, como una traición a los intereses nacionales del país y del pueblo propio. No conozco en la historia otro caso de traición comparable por su escala y consecuencias. La Gran Guerra Patria presentó varios ejemplos de una traición contra el pueblo, pero son una nimiedad en comparación con lo que hizo Gorbachov en tiempos pacíficos. Si los líderes de Occidente hubieran colocado en el puesto de líder del Estado a algún político propio, no hubiesen logrado hacer tanto daño como lo hizo Gorbachov. Actuó como un experimentado agente del aparato del Partido, empleando todas las capacidades del poder del que disponía el Estado comunista”.
Alexander Zinóviev dio una respuesta a la pregunta que había planteado él mismo: “La realidad de la historia soviética después de 1985 es tal que un observador objetivo no puede dudar de calificar como una traición las acciones de las autoridades soviéticas con respecto a su población”.

jueves, 29 de octubre de 2015

Blair miente cuando se escuda en "errores de la inteligencia" para justificar la cruenta invasión de Irak

Tony Blair junto con el expresidente estadounidense, George Bush, en 2003, año de la invasión a Irak
Tony Blair junto con el expresidente estadounidense, George Bush, en 2003, año de la invasión a Irak
Tomado de Publico.es
Por Eugenio García Gascón.

JERUSALÉN – Las declaraciones de esta semana del exprimer ministro del Reino Unido Tony Blair a la cadena CNN revelan hasta dónde puede llegar la falsedad y la hipocresía después de haber dejado una situación dantesca en Irak con más de medio millón de muertos, millones de refugiados y desplazados, y una realidad sumida en la más profunda desesperación.

Conviene señalar que sus declaraciones llegan cuando se está a la espera de un informe que está preparando sir John Chilcot sobre aquella guerra, y que este informe podría ser bastante crítico con Blair. En los medios británicos se han visto las explicaciones del exprimer ministro como una especie de disculpa, o como ponerse la venda antes de la herida.

Blair, como no podía ser menos, asume cierta responsabilidad por lo ocurrido, pero lo hace de una manera muy limitada y alejándose en todo lo posible del embrollo que él creó. “Por supuesto, no se puede decir que quienes sacaron a Saddam Hussein en 2003 no tienen responsabilidad por la situación en 2015”. Esta frase prácticamente aséptica es una de las más señaladas de la entrevista.

Menciona que existió un error “en la comprensión de lo que sucedería una vez derrocado el régimen de Saddam”. Lo trágico es que después de las consecuencias que se han visto y las que se van a seguir viendo, Blair no haya sido sentado en el banquillo de la Corte Penal Internacional (CPI) por haber declarado una guerra ilegal y de agresión, y por haber violado sin freno las leyes internacionales.

El tema más recurrente de Blair es que los servicios de inteligencia británicos, el MI16, “se equivocaron”, y que fueron esos errores los que le llevaron a él a cometer a su vez equivocaciones. Sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad que esta disculpa que no es la primera vez que utiliza Blair.

El entonces embajador británico en Washington, Christopher Meyer, le comunicó a Blair en septiembre de 2001, o sea inmediatamente después de los atentados del 11-S, que el presidente George Bush quería una guerra contra Irak. De hecho, los americanos vincularon a Saddam Hussein con aquellos atentados a pesar de carecer de pruebas. Esta fue la primera mentira.

El embajador Meyer, además, informó a Blair de que los pretextos que se estaban creando para atacar Irak tenían un doble filo. Eran concretamente acusaciones de limpieza étnica, posesión de armas de destrucción masiva y guerra de agresión territorial. Meyer observó que esos mismos motivos, que en ese momento no se cumplían en Irak, se podrían alegar contra Israel.

Al año siguiente, el 23 de julio de 2002, mientras los tambores de guerra se oían más fuerte, el jefe del MI16, Richard Dearlove, visitó Washington y elevó a Blair un memorándum secreto comunicándole que los servicios de inteligencia americanos habían dejado de ser fidedignos y se habían puesto al servicio de la Casa Blanca y el Pentágono, donde la decisión de desatar una invasión ya se había tomado.

“La inteligencia y los hechos se están arreglando conforme a los intereses políticos”, le advertía Dearlove a su primer ministro. No obstante, Blair hizo caso omiso del jefe del MI16. Resulta extraño que Blair sostenga ahora que los servicios de inteligencia británicos “erraron”.

Los servicios de inteligencia americanos, como los británicos, tampoco se equivocaron, sino que simplemente se pusieron al servicio de los intereses políticos de Bush y los ideólogos neoconservadores. Bush quería la guerra, ya había tomado la decisión en ese sentido tras los atentados del 11-S y obligó a su entorno a que la justificara de la manera que fuera, y así se hizo en todo momento.

Dice Blair a la CNN que hay “elementos de verdad” cuando se dice que el Estado Islámico surgió como consecuencia de la invasión. El islamismo más radical estaba sofocado por Saddam Hussein con toda la fuerza de que era capaz, pero una vez los aliados tomaron Irak, esas fuerzas reaccionarias campearon a sus anchas, como ha ocurrido después en Siria.

La de Irak fue una guerra ilegal, basada en mentiras y en una propaganda descomunal que consiguió acallar las voces discrepantes. Los ideólogos neoconservadores que la construyeron venían de los innumerables “centros de estudios estratégicos” que hay en Estados Unidos, así como de sus universidades, y ahora han vuelto a esos “centros de estudios estratégicos” y universidades a la espera de que los vientos cambien y se les presente una nueva ocasión de dar zarpazos.

Mientras tanto, es la administración Obama la que tiene que lidiar con lo que crearon aquellos ideólogos. Ciertamente, las políticas de Obama con respecto a Oriente Próximo han sido nefastas, pues no han modificado el legado de Bush más que en detalles específicos, y eso explica casi todo lo dantesco que hay en la región.

Una de las intervenciones más descaradas de Blair se produjo en vísperas de la invasión, en un discurso en el que dijo que Saddam Hussein podía desplegar armas de destrucción masiva contra Europa en solo 45 minutos. Por su puesto esas armas nunca aparecieron y es una señal de cinismo que Blair quiera descargar su responsabilidad sobre el MI16 y la CIA.

El entonces fiscal general británico, Lord Goldsmith, también advirtió al primer ministro laborista en la primavera de 2003 que no había ninguna base legal para invadir Irak y que Blair podía ser denunciado ante la CPI por crímenes de guerra, pero Blair ni siquiera quiso compartir el informe del fiscal con los miembros de su gabinete.

Hablando en términos aristotélicos, el lugar natural de Blair sería el banquillo de la CPI, pero como recientemente dijo un analista árabe viendo los acusados que se envían a la Haya, “ese tribunal se ha creado para negros y morenos”. Blair es blanco y con ojos azules, así que puede estar seguro de que no se sentará en el banquillo.

sábado, 29 de agosto de 2015

Políticos británicos obstaculizan el informe secreto sobre su papel en la invasión de Irak


Tomado de RT Actualidad.

El diario 'The Independent' ha publicado testimonios relativos a la intervención del Reino Unido en Irak: diferentes políticos británicos parece que quieren obstaculizar la difusión de la investigación sobre la guerra. Las pesquisas, que arrancaron hace más de cinco años, podrían sacar a la luz detalles inconvenientes para algunos de los actores importantes de la palestra internacional. 

En marzo de 2003 George W. Bush era el presidente de EE. UU. y Tony Blair el primer ministro de Reino Unido, su principal aliado internacional. Minutos antes del comienzo de la invasión de Irak, que se produjo dos años después del atentado contra las torres gemelas de Nueva York, ambos líderes mantuvieron una conversación telefónica que todavía permanece en secreto.

El contenido de esa conversación es apenas una pequeña parte de la tonelada de documentos que conforman el llamado 'Informe Chilcot': la investigación independiente que el Reino Unido inició en el año 2009 para determinar cómo su Gobierno se involucró en la campaña bélica estadounidense.

Raza Kazim, de la Comunidad Islámica de los Derechos Humanos, indica que EE.UU., Reino Unido y otras partes interesadas se han encargado de retrasar su publicación. "Evidentemente tienen cosas que ocultar. Está claro que hay preocupación por lo que podría pasar respecto a lo que Bush o Blair hicieran o acordaran", afirma.

Luego de varios aplazamientos, se esperaba que el reporte pudiera ser publicado este año. Sin embargo, hubo nuevos retrasos. Algunos medios informaron que EE.UU. está bloqueando nuevos documentos cruciales de la investigación que estarían vinculados a conversaciones sobre Irak que Bush y Blair mantuvieron en 2002 en el rancho del entonces jefe de la Casa Blanca. Según la excusa oficial, su divulgación pondría en riesgo la seguridad nacional.

Los expertos sostienen que tanto estos retrasos en la divulgación como las negativas del Departamento de Estado estadounidense a comentar la existencia del informe se basan sobre todo en el impacto político que podría provocar no solo en los países implicados, sino también a nivel internacional.
A John Chilcot, director de la investigación, se dirigieron los familiares de soldados británicos muertos en la invasión a Irak para exigirle que la publicación del informe no se retrasase más allá de diciembre. En caso contrario, apelarán a tribunales internacionales.

Robert Valencia, escritor y analista político, sostiene que este reporte responderá a cuestiones relacionadas con los abusos de los derechos humanos durante la invasión de Irak y a preguntas como por qué se fabricó la idea de que había armas de destrucción masiva en Irak o por qué tanto EE.UU. como Reino Unido invadieron un país como Irak "cuando la guerra del terror debería de estar enfocada en Afganistán".

A día de hoy se sabe que las armas de destrucción masiva, que públicamente fueron el argumento para la invasión, nunca existieron. Pero hay razones para pensar que muchas otras verdades sobre el accionar y las intenciones de dos de las mayores potencias occidentales en ese conflicto permanecen ocultas detrás de este informe. Verdades que, tarde o temprano, tendrán que salir a la luz.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Todo fue una mentira criminal: la CIA desclasifica el documento que “justificó” la invasión de Irak

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Tomado de El Comunista.

Estados Unidos ha desclasificado el informe de la CIA en el que se amparó el Gobierno estadounidense para justificar la invasión de Irak en 2003. Se trata de un documento de 93 páginas cuyos datos o bien eran erróneos, o bien acabaron distorsionados por la Administración Bush para conseguir el respaldo del Congreso, ya que en ningún momento confirma que Irak contara con armas de destrucción masiva y expresa serias dudas sobre la relación entre la red terrorista Al Qaeda y el fallecido dirigente iraquí, Sadam Husein.

La Inteligencia estadounidense indicó que, si bien era muy posible que el régimen iraquí estuviera desarrollando programas de armamento nucleares, químicos y biológicos contraviniendo las sanciones de Naciones Unidas, “no se han podido detectar porciones de estos programas“.

“Irak todavía no tiene capacidad para crear un arma nuclear, pero podría contar con ella para 2007 o 2009″, según el documento, con fecha de 2002, y que no puede determinar si Sadam sería capaz de emplear esa clase de armamento, implicarse en actos terroristas en suelo estadounidense o, movido por la desesperación, compartir material químico o nuclear con Al Qaeda (pg. 9), reporta elespiadigital.

El documento en cuestión es una Estimación de Inteligencia Nacional,de 96 páginas, que pretende dar una valoración general del nivel de peligrosidad que representaba Irak tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El informe fue divulgado por vez primera en 2004, pero estaba tan censurado que se hacía imposible extraer nada en claro. Esta nueva versión, emitida a petición del bloguero especializado en seguridad John Greenewald, descubre porciones adicionales sobre el supuesto programa de armas nucleares de Husein.

El documento tampoco confirma, en contra de lo que aseguraron los mandatarios estadounidenses, que Irak estuviera reconstruyendo su programa de armas biológicas. “Somos incapaces de determinar si (en Irak) han vuelto a comenzar con las investigaciones sobre esta clase de agentes”, indica el documento.

El informe, recogido por el magacín Vice, no se atreve a concluir que Sadam Husein fuera cómplice de Al Qaeda. “Cualquier información en este sentido es de segunda mano”, zanja el documento, “no solo en términos generales, sino en la posibilidad de que (Sadam) esté entrenando a operativos o proporcionando material“.

“No conocemos hasta qué punto Bagdad es partícipe activa del uso de su territorio por parte de Al Qaeda para refugiarse”, añade. Por contra, el entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, proclamó que los servicios de Inteligencia contaban con “evidencias a prueba de balas” de la relación entre Husein y la red terrorista, “así como de la presencia de miembros de Al Qaeda en Irak”.

Sobre la supuesta cooperación de Husein con el régimen talibán y Al Qaeda en Afganistán El documento señala que uno de las principales “fuentes” de los servicios de Inteligencia, Ibn Shaij Al Libi, declaró en su momento que “Irak nunca envió sustancias químicas, biológicas o nucleares a Al Qaeda” en el país centroasiático. Al Libi se suicidó en Libia en 2009, en extrañas circunstancias, solo un mes después de reunirse con investigadores sobre Derechos Humanos.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

El informe senatorial sobre la tortura confirma que al-Qaeda no está implicada en los atentados del 11 de Septiembre

Tomado de Voltaire.org
Por Thierry Meyssan.

Los fragmentos del informe de la Comisión senatorial estadounidense sobre el programa secreto de torturas de la CIA revelan los contornos de una organización criminal de gran envergadura. Después de leer cuidadosamente las 525 páginas de ese informe, Thierry Meyssan encuentra en ese documento estadounidense la prueba de lo que él ha venido proclamando desde hace años.
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El 9 de diciembre de 2014, Dianne Feinstein, presidenta de la Comisión del Senado estadounidense a cargo de los servicios de inteligencia, hizo público un fragmento de su informe clasificado sobre el programa secreto de torturas de la CIA [1].

Presentación del informe

El fragmento desclasificado sólo representa una doceava parte del informe inicial.

El informe en sí no trata sobre el vasto sistema de secuestros y encarcelamientos arbitrarios que la US Navy instauró bajo los mandatos del presidente George W Bush Jr., programa que dio lugar a los secuestros de más de 80 000 personas en todo el mundo y al encierro de esos secuestrados en 17 barcos estacionados en aguas internacionales (se trata de los navíos: USS Bataan, USS Peleliu, USS Ashland, USNS Stockham, USNS Watson, USNS Watkins, USNS Sister, USNS Charlton, USNS Pomeroy, USNS Red Cloud, USNS Soderman, USNS Dahl, MV PFC William B Baugh, MV Alex Bonnyman, MV Franklin J Phillips, MV Louis J Huage Jr., MV James Anderson Jr.). El texto se limita al estudio de 119 casos de personas utilizadas como conejillos de Indias en la realización de experimentos sicológicos en [la base naval estadounidense] de Guantánamo y en unas 50 cárceles secretas, desde el año 2002 y hasta finales de 2009, o sea un año después de la elección del actual presidente Barack Obama.

Los fragmentos del informe no indican bajo qué criterios fueron seleccionados esos cobayos humanos. Se limitan a indicar que cada prisionero denunciaba al siguiente y también indican que esas confesiones no les fueron arrancadas sino inculcadas. En otras palabras, lo que hizo la CIA fue justificar sus propias decisiones fabricando denuncias que las confirmaban a posteriori.

En el informe inicial, los nombres de los agentes y de los contratistas de la CIA implicados fueron reemplazados por seudónimos. Además, los fragmentos desclasificados han sido ampliamente censurados, fundamentalmente para borrar los nombres de los cómplices extranjeros de la CIA.
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El contenido del informe

He leído detenidamente las 525 páginas de fragmentos provenientes del informe. A pesar de ello, estoy aún lejos de haber sacado de esos fragmentos toda la información que puede obtenerse de ellos ya que habrá que realizar numerosas investigaciones para poder interpretar los párrafos mutilados por la censura.

Las sesiones de condicionamiento se realizaban en unas 50 cárceles secretas bajo la responsabilidad de «Alec Station», la unidad de la CIA a cargo de la búsqueda de Osama Ben Laden. Las infraestructuras, el personal y los transportes funcionaban bajo la responsabilidad del «Grupo de Capitulación y Detención» de la CIA. Las sesiones se concebían y realizaban bajo la supervisión de 2 sicólogos contratados que incluso crearon una firma en 2005. Las autorizaciones para la aplicación de las técnicas de condicionamiento se concedían desde el más alto nivel, sin especificar que el objetivo de esas torturas no era arrancar información a las víctimas sino condicionarlas.

El vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney; la consejera de Seguridad Nacional Condoleezza Rice; el secretario de Justicia John Ashcroft; el secretario de Defensa Donald Rumsfeld; el secretario de Estado Colin Powell y el director de la CIA George Tenet participaron en reuniones sobre ese tema realizadas en la Casa Blanca. Asistieron a simulaciones en la Casa Blanca y visionaron grabaciones de video de varias sesiones, grabaciones que posteriormente fueron destruidas ilegalmente. Es evidente que el objetivo de aquellas reuniones era implicar a esas personalidades, pero no resulta posible determinar cuáles de ellas sabían para qué se utilizaban esas técnicas.

Sin embargo, en junio de 2007, el contratista de la CIA que supervisaba aquellos experimentos explicó personalmente a Condoleezza Rice en qué consistían. La consejera de Seguridad Nacional autorizó la continuación de los experimentos, limitándose a reducir la cantidad de torturas autorizadas.

Los fragmentos publicados del informe contienen un análisis detallado de cómo la CIA mintió a las demás ramas de la administración Bush, a los medios de prensa y al Congreso.
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James Mitchell y Bruce Jensen, supervisores del programa de condicionamiento de la CIA. En 2012 Mitchell fue designado obispo mormón pero tuvo que dimitir cuando la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días descubrió a qué se dedicaba.

Los experimentos del profesor Martin Seligman

Los fragmentos del informe que se han dado a conocer confirman que la CIA realizó experimentos basados en los trabajos del profesor Martin Seligman (teoría de «la impotencia aprendida»). El objetivo de los experimentos no era obtener confesiones ni información sino inculcar a los torturados un discurso o un comportamiento.

La mayoría de las citaciones que la prensa ha publicado tienden a confundir al público. En efecto, la CIA se refiere a los «métodos de condicionamiento» llamándolos «métodos de interrogatorio no estándares» (non-standard means of interrogation). Sacada de su contexto, esa denominación hace pensar que el término «interrogatorio» designa la búsqueda de información cuando en realidad designa el condicionamiento de las víctimas.

Todos los nombres de los torturadores fueron censurados en la parte desclasificada del informe. A pesar de ello, es evidente que bajo el seudónimo de “Grayson Swigert” se esconde Bruce Jessen mientras que James Mitchell aparece en el informe como “Hammond Dunbar”.

Bruce Jessen y James Mitchell supervisaron el programa desde el 12 de abril de 2002. Estaban físicamente presentes en las cárceles secretas. En 2005, formaron juntos una firma comercial, Mitchell, Jessen & Associates, designada en el informe como “Company Y”. Desde el año 2005 y hasta 2010, esa firma recibió pagos ascendentes a 81 millones de dólares. Posteriormente, el US Army [las fuerzas terrestres de Estados Unidos] los empleó para que dirigieran un programa sobre el comportamiento aplicado a 1,1 millones de soldados estadounidenses.

En mayo de 2003, un «senior officer» de la CIA recurrió al inspector general de la agencia señalando que los trabajos del profesor Seligman se basaban en las torturas que se aplicaban en Vietnam del Norte para obtener «confesiones con fines propagandísticos». Aquel oficial cuestionaba el programa de condicionamiento. Pero su denuncia no tuvo consecuencias. En todo, la denuncia contenía un pequeño error: se refería a Vietnam del Norte. Los trabajos de Seligman, al igual que las prácticas de los norvietnamitas, se basaban en trabajos coreanos.

Cómo se protegieron los torturadores

Según la Comisión senatorial, el programa de tortura de la CIA respondía a una orden del presidente George W. Bush emitida el 17 de septiembre de 2001, o sea 6 días después de los atentados contra los Torres Gemelas y el Pentágono. Tenía como único objetivo proporcionar medios extraordinarios para la investigación sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. Pero ese programa se desarrolló de inmediato en violación de varias instrucciones del presidente. Por consiguiente, a partir de la realización de los atentados, la CIA, a espaldas de la Casa Blanca, se esforzó por fabricar falsos testimonios que “demostrarían” la culpabilidad de al-Qaeda.

El presidente George W. Bush y los miembros del Congreso fueron engañados por la CIA que 

- obtuvo autorizaciones para recurrir a ciertas torturas disimulando el objetivo final de tales procedimientos
- y presentó falsamente como información obtenida bajo la tortura lo que en realidad eran confesiones inculcadas.

El 6 de septiembre de 2006, cuando el presidente Bush reconoció la existencia del programa secreto de torturas de la CIA, defendió esa práctica argumentando que había permitido la obtención de información que sirvió para salvar vidas. Bush se basaba en los informes plagados de falsedades proporcionados por la CIA e ignoraba que, en vez de buscar pruebas, la agencia se dedicaba a fabricarlas. A partir de entonces, la prensa atlantista se hundió en la barbarie y comenzó a debatir sobre la justificación de la tortura presentándola como algo malo que permitía lograr algo bueno.

Los torturadores tuvieron la precaución de dotarse de una cobertura jurídica. Para ello pidieron que el Departamento de Justicia los utilizara a torturar. Pero el Departamento de Justicia se pronunció únicamente sobre la legalidad de los métodos utilizados (aislamiento, encierro en una caja de pequeñas dimensiones, simulacros de enterramientos, uso de insectos, etc.) en vez de pronunciarse sobre el programa en su conjunto. La mayoría de los juristas autorizaban solamente algunas posturas en particular, pasando por alto las consecuencias síquicas que podían acarrear cuando se combinaban unas con otras. En agosto de 2002 ya se habían obtenido todas las autorizaciones.
Los dirigentes de la CIA que autorizaron esos experimentos especificaron por escrito que había que incinerar los cadáveres si las personas utilizadas como cobayos morían durante el proceso de condicionamiento y que a los sobrevivientes había que mantenerlos encerrados por el resto de sus días.
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Confesiones fabricadas

Para que se entienda bien, la Comisión senatorial no dice que las confesiones de los detenidos de la CIA son legalmente incorrectas por haber sido obtenidas bajo la tortura. Lo que expone es que la CIA no interrogó a esos detenidos sino que los condicionó para que declararan sobre situaciones y actos con los que no tenían nada que ver. La Comisión precisa que los agentes de la CIA ni siquiera trataron de informarse sobre lo que los detenidos ya habían declarado o confesado a las autoridades que los habían arrestado. En otras palabras, no sólo la CIA no trató de saber si al-Qaeda estaba implicada o no en los atentados del 11 de septiembre sino que su acción tuvo como único objetivo fabricar testimonios falsos para demostrar falsamente una supuesta implicación de al-Qaeda en los atentados del 11 de septiembre.

La Comisión senatorial no discute si las confesiones de los cobayos humanos les fueron arrancadas o si les fueron inculcadas. Pero, después de explicar que los supervisores no eran expertos en interrogatorios sino en condicionamiento, detalla ampliamente el hecho que ninguna de esas «confesiones» permitió anticipar nada. Demuestra que la CIA mintió al afirmar que habían permitido impedir otros atentados. La Comisión no escribe que la información sobre al Qaeda proveniente de aquellas confesiones son fabricadas pero señala que todo lo que se podía verificar era falso. De esa manera, la Comisión desmiente explícitamente los argumentos utilizados para justificar la tortura y anula implícitamente los testimonios utilizados para vincular al-Qaeda con los atentados del 11 de septiembre.

Ese informe confirma, de manera oficial, varias informaciones que nosotros ya habíamos presentado a nuestros lectores y que contradicen e invalidan los trabajos de los tanques pensantes atlantistas, de las universidades y de la prensa desde el 11 de septiembre, tanto en lo tocante a los atentados de 2001 como en lo que concierne a al-Qaeda.

Como resultado de la publicación de los fragmentos del informe queda demostrado que todos los testimonios citados en el informe de la Comisión Presidencial Investigadora sobre el 11 de Septiembre que vinculan a al-Qaeda con esos atentados son falsos. Ya no existe en este momento el menor indicio que permita atribuir esos atentados a al-Qaeda: no existe ninguna prueba de que las 19 personas acusadas como secuestradores aéreos estuviesen aquel día en ninguno de los 4 aviones y tampoco es cierto ninguno de los testimonios de ex miembros de al-Qaeda que se atribuyen la autoría de los atentados [2].
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Martin Seligman concibió el programa de condicionamiento de la CIA.
 El informe confirma lo que ya revelamos en 2009

En octubre de 2009 publiqué un estudio sobre ese tema en la revista rusa Odnako [3]. Afirmaba en ese trabajo que Guantánamo no era un centro de interrogatorio sino de condicionamiento. También cuestionaba personalmente al profesor Seligman. Un año más tarde, luego de la publicación de la traducción de aquel artículo al inglés, sicólogos estadounidenses hicieron campaña exigiendo que Martin Seligman diese explicaciones sobre el asunto. La respuesta de Seligman consistió únicamente en negar su papel como torturador y emprender una acción legal simultánea contra mí y contra la Red Voltaire tanto en Francia como en Líbano, país donde yo residía en aquel momento. Pero finalmente, el profesor Seligman ordenó a sus abogados suspender toda acción legal cuando publicamos una de sus cartas acompañada de una explicación de texto [4]. Martin Seligman emprendió igualmente acciones legales contra todos los que abordaron el tema, como Bryant Weich del Hunffington Post [5].
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John O. Brennan fue director adjunto de la CIA desde el año 2001 hasta el 2005 y director del Centro Nacional Antiterrorista. Brennan fue el principal artífice del programa secreto de fabricación de confesiones bajo la tortura. En 2009 se convirtió en consejero del presidente Obama para los temas vinculados a la Seguridad de la Patria (Homeland Security). El propio Obama lo nombró director de la CIA en 2013

En este momento

En lo que constituye una muestra de valentía, la senadora Diane Feinsein ha logrado publicar parte de su informe, a pesar de la oposición del actual director de la CIA, John Brennan, quien estuvo a cargo de ese programa de tortura.

El presidente Barack Obama ha anunciado que no emprenderá acciones legales contra ninguno de los responsables de esos crímenes, mientras que los defensores de los derechos humanos luchan por poner a los torturadores en el banquillo de los acusados, que es lo mínimo que debería hacerse.

Pero no son esas las preguntas realmente importantes: ¿Por qué cometió la CIA esos crímenes? ¿Por qué inventó la CIA confesiones destinadas a vincular artificialmente a al-Qaeda con los atentados del 11 de septiembre? Y, por lo tanto, si al-Qaeda no tiene nada que ver con los atentados del 11 de septiembre, ¿a quién quiso proteger la CIA?

Y, para terminar, el programa de la CIA sólo contaba 119 cobayos humanos. ¿Qué pasó entonces con los 80 000 prisioneros de las cárceles secretas de la US Navy?

[1] “Study of the CIA’s Detention and Interrogation Program - Foreword, Findings and Conclusions, and Executive Summary”, US Senate Select Committee on Intelligence, 9 de diciembre de 2014.
[2] La Gran impostura, por Thierry Meyssan, La Esfera (España) / La Terrible impostura, por Thierry Meyssan, El Ateneo (America latina).
[3] «El secreto de Guantánamo», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia), Red Voltaire, 6 de noviembre de 2009.
[4] «Carta de Martin Seligman», por Martin Seligman, Red Voltaire, 21 de junio de 2010.
[5] “Fort Hood: A Harbinger of Things to Come?”, Bryant Welch, Hunffington Post, 18 de marzo de 2010. Y la respuesta: “A Response to Bryant Welch”, Martin Seligman.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Cuba no está sola



Joan Josep Nuet *

En 1996 la Unión Europea adoptaba respecto a sus relaciones con Cuba la llamada “Posición Común”, un cambio de estrategia respecto a la isla caribeña, consistente en endurecer las relaciones políticas, el aislamiento internacional del Gobierno cubano y condicionar la colaboración al desarrollo y los intercambios económicos a cambios políticos en la isla que tenía que adaptarse a una hoja de ruta preestablecida de renuncias al modelo socialista y a las conquistas sociales y políticas de la revolución.

En esa iniciativa europea tuvo una enorme influencia el Gobierno de José María Aznar en España, que ya preludia una actitud sumisa con la política exterior norteamericana de la administración Bush que luego tuvo su máximo exponente en la “foto de las Azores” y en la ilegal invasión de Irak, causante a lo largo de años de millones de muertos, sufrimiento y estallido de violencia sectaria. No es de extrañar que no se apague el debate de si los dirigentes que planearon semejante atrocidad y engañaron a sus pueblos y a la comunidad internacional tengan que pagar ante la Justicia Internacional sus crímenes atroces.

En 1996 pues Cuba sufría ataques por tierra, mar y aire, desde la potencia estadounidense se seguía manteniendo un bloqueo criminal des de principios de los años 60 y seguían los planes de insurgencia para penetrar la sociedad cubana, aprovechando las penurias del bloqueo y las consecuencias del aislamiento, y hacer crecer una oposición al Gobierno (oposición mercenaria a golpe de talonario) y extender el descontento como fórmula de derrocar las conquistas y el poder popular. Cuba tuvo momentos muy duros, que en otras sociedades hubiesen significado la descomposición, la disgregación y la renuncia, como por ejemplo el “Periodo Especial”, y solo el temple, la disciplina revolucionaria y el ejemplo mantuvieron el rumbo, incluso cuando los amigos dudaban. Hoy cuando vemos a los médicos cubanos actuar contra el Ébola en África o ser la vanguardia de la ayuda en Haití, parece que aquello quede lejos, pero la memoria es imprescindible para trazar el futuro.

Pero EEUU, Europa y el Gobierno de Aznar aún no apreciaban en toda su dimensión los cambios que ya estaban operando en esa década en América Latina, como ese subcontinente desarrollaba cambios políticos acelerados y en forma de dominó que sin duda crearían la ilusión en Bolívar, Martí y el Che Guevara. Algo estaba pasando para que enormes masas populares, pueblos originarios, mujeres y campesinos tomaran un protagonismo que hasta el momento había sido negado, sojuzgado, torturado y asesinado por las oligarquías de distintos países en común acuerdo con dictaduras militares apoyadas por la CIA y sus doctrinas de la muerte.

Y Cuba ya no estuvo sola, se empezó a poner en valor fuera de los círculos revolucionarios y progresistas la originalidad de la revolución cubana y los logros de su modelo socialista, sin esconder las dificultades y los errores, que existieron, pero que nunca consiguieron enterrar los aciertos heroicos de todo un pueblo que quería ser libre tan cerquita del imperio. Y los cambios en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador, en Nicaragua se articularon con otros cambios en Paraguay, Argentina, Brasil, Honduras, Chile, El Salvador o Uruguay, y el subcontinente cambió su suerte, de las dictaduras, la represión las recetas neoliberales del FMI con la deuda y el subdesarrollo a nuevos procesos de integración latinoamericana con ALBA, CELAC o MERCOSUR, presididos por el crecimiento económico pero sobre todo presididos por la reducción de la pobreza y las desigualdades y la fuerza de sentirse dueños de su tierra y de su destino e incorporarse al mundo globalizado no ya como “patio trasero” sino como actor económico y político global.

Cuba paso de no ser admitida en la Organización de Estados Americanos (OEA) bajo la batuta de los EEUU, a quedar EEUU aislado en América Latina y observar como Cuba presidia la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

El paso del presidente Obama de abrir, de acuerdo con el Gobierno de Cuba, un nuevo periodo histórico que cierra una etapa de 50 años “fracasada”, en las propias palabras del presidente norteamericano, de las políticas agresivas de EEUU con Cuba, responde a una evolución lógica de los últimos diez años como mínimo. Ya en el marco de la UE todo el mundo sabe que la “Posición Común” es agua pasada y de hecho se está negociando un nuevo acuerdo Cuba-UE que sin duda esperemos estará presidido por la colaboración y el entendimiento y no por la revancha sectaria.

Los 5 héroes cubanos, como dijo Fidel, son ya hombres libres y si algo ha demostrado en la historia el ejemplo cubano es aquella famosa frase de que la única batalla que se pierde es aquella que no se libra. Sabemos que no todo está hecho, ni mucho menos, le quedan al pueblo cubano importantes retos y desafíos que ahora empiezan, nosotros como siempre, estaremos al lado de ese pueblo y de su revolución, con la tranquilidad de saber que los cubanos no olvidan nunca a los que siempre, contra viento y marea hemos sido y seremos sus amigos incondicionales. 

*Joan Josep Nuet es diputado de la Izquierda Plural (IU,ICV-EUiA,CHA) en el Congreso y Portavoz de Asuntos Exteriores

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