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miércoles, 7 de febrero de 2018

Camilo, más cerca de la gente

Tomado de CubAhora
Por Jorge Legañoa Alonso

Camilo Cienfuegos hemos llegado los cubanos de mil maneras: allí está él con su sonrisa en el lumínico de la escuela cercana, en el afiche de un centro de trabajo, fusil al hombro, sombrero alón y sonrisa pícara. Pero no fue hasta aquella tarde de hace una década que descubrí un Camilo distinto, sencillo, sin coraza de héroe o pedestal de mártir. Llevaba rato conversando con Olga Llera, “Cuquita”, su secretaria, cuando de un archivo vetusto y caótico comenzaron a salir fotos, notas, epístolas que hablaban de la dimensión inmensamente humana de aquel hombre.

jueves, 19 de octubre de 2017

Camilo: probada lealtad a Fidel

Frente a caballería campesina 26 de julio de 1959 en la Plaza de la Revolución
Tomado de Trabajadores
Por Alina Martínez

“Más fácil me será dejar de respirar que dejar de ser fiel a su confianza”, escribió Camilo a Fidel el 23 de abril de 1958 cuando recibió el ascenso a Comandante.

Esa fe en el líder de la Revolución cubana había nacido en él desde antes de conocerlo personalmente. Lo demuestran sus valoraciones en dos cartas escritas por Camilo desde los Estados Unidos, adonde había viajado en busca de mejores oportunidades económicas:

domingo, 16 de julio de 2017

Camilo y los trabajadores

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Tomado de Trabajadores de Cuba.
Por 
Cuando en la noche del 19 de diciembre de 1958, el Congreso Nacional de Trabajadores Azucareros inició sus sesiones en General Carrillo, en la entonces central provincia de Las Villas y hoy perteneciente a la de Villa Clara, el comandante Camilo Cienfuegos debió sentirse inmensamente feliz. La celebración de tan importante reunión en territorio bajo su mando, era una suerte de premio a su ingente labor en apoyo a los obreros y campesinos de la zona y en la búsqueda de la unidad de estos en torno a las fuerzas revolucionarias.
Desde el arribo de la Columna Invasora No. 2 Antonio Maceo al territorio donde estableció el Frente Norte, a los campamentos establecidos en Alicante, Juan Francisco y Jobo Rosado acudían numerosos obreros y campesinos a plantear sus quejas y solicitar apoyo para enfrentar la situación.  Jamás su responsabilidad militar mermó su sensibilidad para con quienes en la lucha por la subsistencia dejaban cada día una parte de la vida. Pero su más sólido accionar en este sentido tuvo lugar en el Frente Norte de Las Villas, desde donde el 14 de noviembre de 1958 envió un mensaje solidario a los trabajadores de las rutas 35 y 48 de Artemisa, en reconocimiento a su destacada participación en la huelga del 2 de agosto de ese año, y los exhortó a continuar uniéndose, a defender sus demandas y a prestar ayuda a la revolución.
Por orden suya, a partir del 15 de noviembre se inició una ardua labor destinada a la creación de una comisión obrera; orientó cómo hacerlo, en quiénes apoyarse y quiénes debían integrarla.  Entre los objetivos a cumplir por ella se encontraban liquidar las directivas mujalistas  —elementos plegados a Eusebio Mujal Barniol, quien en 1947 sembró la división dentro del movimiento sindical de la nación, asaltó el edificio de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y asumió la dirección de esta—, celebrar asambleas generales y democráticas en las que los trabajadores eligieran a sus representantes, y la inmediata presentación a los patronos de un pliego de demandas que contaría con el irrestricto apoyo del Ejército Rebelde.
En Alicante, el 19 de noviembre, pudo Camilo comenzar a ver los frutos de aquella iniciativa al presidir la primera asamblea, la cual contó con la asistencia de más de 250 obreros de los centrales Agustín R. y Adela —años más tarde renombrados Chiquitico Fabregat y Heriberto Duquesne—, respectivamente. A ello se refirió ese día en un informe a Fidel:
“Esos hombres que hoy, subidos en una piedra como tribuna, como local sindical en el monte libre, hablaron como no lo hacían en muchos años, esos hombres con el cansancio de esos años reflejado en sus rostros, gritaron, a todo pulmón, sus sufrimientos y sus necesidades. Por resolverlas también haremos nuestro mayor esfuerzo, hoy y mañana. Cuando el guajiro con su machete a la cintura y el rebelde con el fusil en el hombro se abrazaron, la tierra que pisaban, tierra empapada de sangre, tiene que saber que esa sangre no se está derramando en vano”.
A esa reunión siguieron la de Juan Francisco, el 28, con la participación de más de 500 trabajadores agrícolas e industriales; la de Bamburanao, donde más de 300 dejaron constituida la Asociación Campesina Guillermo Moncada; la de Güeiba, con más de 800 procedentes de los centrales San Agustín y Adela, posteriormente denominados Ramón Balboa y Heriberto Duquesne, en ese orden, así como otros muchos llegados del poblado de Zulueta. En días sucesivos se realizaron encuentros de igual tipo  en Jobo Rosado y el batey del central Adela.
Tras referir el total respaldo de los trabajadores con su presencia en las asambleas y la elección de las secciones sindicales, Ramón Simanca, dirigente campesino comunista, precisó:
“(…) Todo este movimiento fue orientado por Camilo.  En aquel momento se combatió en todos los frentes. Se desarrolló una gran ofensiva por la unificación de las fuerzas de los campesinos y obreros con las fuerzas del Ejército Rebelde en el monte, que era lo que ponía en jaque a la tiranía.”
El Congreso Nacional Azucarero
Con vistas a organizar a los obreros azucareros en torno a los preparativos de una huelga, el Frente Obrero Nacional Unido (FONU) decidió convocar un congreso en las montañas del Escambray.
Asistirían trabajadores de todo el país, excepto Oriente, donde la comandancia del Segundo Frente Oriental Frank País había convocado un congreso obrero en esa provincia.  En principio el comandante Ernesto Guevara estuvo de acuerdo; pero debido a su proyectado ataque a Fomento —acceso obligado para muchos de los delegados procedentes de otras provincias— sugirió que el congreso se llevara a cabo en el territorio liberado por las fuerzas comandadas por Camilo, porque de la otra forma podrían afectarse sus planes militares.
“Camilo acogió la idea con gran entusiasmo —señaló Ursinio Rojas Santiesteban, dirigente del Partido Socialista Popular—, incluso nos informó de todo el trabajo que el Ejército Rebelde venía realizando entre los trabajadores de los centrales azucareros y las colonias cañeras de aquella región. Inmediatamente dispuso que los compañeros de la Comisión Obrera que tenían organizada allí, se pusieran de acuerdo con nosotros para los preparativos del evento.  En el sitio escogido, General Carrillo, se reunieron entre 700 y 800 delegados. Antes de iniciarse las sesiones, una manifestación de alrededor de 3 mil trabajadores recorrió las calles del poblado y concluyó con un acto en el cual Camilo les dirigió la palabra.
“Independientemente de encontrarse muy ocupado en los preparativos del ataque a Zulueta, el jefe del Frente Norte participó en el congreso e intervino varias veces en las discusiones. Estas giraron en torno a la organización de la huelga revolucionaria en todos los centrales del país, el apoyo de los trabajadores del sector a la lucha revolucionaria y las demandas fundamentales de estos: restitución de los salarios, reposición de los trabajadores desplazados, restablecimiento del diferencial azucarero y abono de las diferencias salariales dejadas de pagar, entre las más importantes”.
Camilo y los trabajadores
No debemos olvidar que, siendo casi un adolescente, Camilo se vio precisado a trabajar para contribuir en la búsqueda del sustento familiar. Por eso, en el desempeño de las más humildes labores tuvo oportunidad de comprender la verdadera esencia del sistema imperante en Cuba; de ahí su total y consciente solidaridad con los explotados.
Tras el triunfo revolucionario continuó prestando especial atención a los obreros y campesinos, por lo que representaban para la consolidación de la victoria. En Camagüey, al resumir la concentración con motivo del Día Internacional de los Trabajadores,  expresó, entre otras cuestiones:
“(…) Cada año debe ser mayor la cantidad de trabajadores que acudan a desfilar, cada año debe ser mayor la unión entre el pueblo y el Ejército, mayor la unión entre Ejército y trabajadores, porque por eso se luchó (…)”
El tema de la unidad lo abordó en múltiples ocasiones, como aspecto esencial para, mediante el trabajo creador, impulsar el desarrollo de la nación. Así se expresó el 7 de octubre en Jobo Rosado:
“(…) Tenemos que seguir adelante, tenemos que seguir codo con codo los campesinos, los obreros, los estudiantes, el Ejército Rebelde, unidos fuertemente con la mirada puesta en el futuro brillante de Cuba. Todos tenemos que estar juntos para que esta Revolución no se detenga. Todos tenemos que estar juntos para que la Revolución no sea aplastada por los poderosos intereses extranjeros ni los poderosos intereses afectados por esta Revolución”.
Ese propio día, en el central Narcisa —Obdulio Morales—, manifestó:

“(…) de este central salieron hombres, salieron trabajadores que dejando a sus familias, dejándolo todo, tomaron las armas libertadoras y se fueron al monte”.

Camilo: un nombre para el pueblo de Cuba

Camilo en Yaguajay, 18 de julio de 1959
Tomado de Contexto. OceanSur
Por Laura Odriozola González

Los cubanos estamos acostumbrados a despertar pasiones políticas por doquier. Los amigos nos aman de manera incondicional, los enemigos nos odian sin importar razones. Es algo que no podemos evitar. Cuba y su Revolución despiertan un magnetismo, aun en estos días, del que nadie puede escapar. Los que vivimos en la Isla lidiamos a menudo con preguntas capciosas, con dudas que parecen irreales. Una y otra vez, con paciencia de monjes, nos damos a la tarea de recordar la historia para aquellos que solo han escuchado distorsiones al respecto.
Para dañar la Revolución existen todo tipo de historias siniestras. Por estos días se reviven aquellas relacionadas con la muerte de Camilo Cienfuegos. Abundan los videos, las hipótesis, las muchas versiones de su desaparición. Algunos aseguran que no murió, que solo huyó de Cuba; otros hablan de un plan para «desaparecerlo del mapa…». Tantas mentiras consiguen confundir a no pocos. Las promotoras culturales de la Editorial Capitán San Luis, que ofertan nuestra literatura en el mercado de frontera, cuentan anécdotas de personas que llegaron con «la verdad de la muerte de Camilo» y se quedaron absortos leyendo[1] las verdades de su amistad con Fidel, de la devoción que le profesaban todos los cubanos, de las largas horas buscando su avioneta desaparecida, de las lágrimas incontenibles ante la irremediable tragedia, de su último discurso en la terraza norte del Palacio Presidencial donde arremetió contra el traidor Huber Matos ante una multitud.
'La Epifanía de 1959'. Para muchos cubanos enero, hace 57 años, tuvo la imagen de unos hombres de largas barbas que no eran lamentablemente Gaspar, Melchor y Baltazar. En la foto  Fidel Castro (der) y Camilo Cienfuegos en Santiago de Cuba el 4 de enero del 59. Foto: AP
En la foto Camilo Cienfuegos y Fidel Castro, en Santiago de Cuba, el 4 de enero del 59. Foto: AP
Mucho se ha hablado sobre el tema. Fidel lo dijo hace muchos años; la guerra más importante es la de las ideas. Atrás van quedando las trincheras tradicionales para dar espacio a la guerra de las ideas y los símbolos. Cada generación con sus retos. Hoy, el nuestro es contar nuestra Historia, humanizar a nuestros héroes, sentirlos en carne propia, vibrar con el pasado, pues solo así seremos capaces de defender nuestro presente.
No soy especialista en el tema. Soy apenas una cubana que vive en Cuba, que sale todos los días a la calle sabiendo que en su camino puede encontrar a un amante de la Revolución, de esos que puede besar nuestro suelo, que se abraza al país y deja un pedazo de su corazón cada vez que se aleja o por el contrario, con alguien que no comprende, que aprovecha la ocasión para echar sal sobre la herida que aun duele por la pérdida de Camilo Cienfuegos.
De aquellos terribles días de octubre de 1959, todavía no se olvidan quienes lo vivieron. De la angustia, la incertidumbre, del dolor de Cuba se aprovecharon los enemigos de entonces, algunos todavía insisten en inyectar su odio. La siguiente anécdota lo recoge:
Algunas radioemisoras locales —luego se supo que eran extranjeras— sin la debida confirmación oficial, difundieron la falsa noticia de que Camilo Cienfuegos y sus compañeros habían sido hallados a bordo de una embarcación en las inmediaciones de Cayo Largo, provocando las más emocionantes demostraciones de júbilo popular.
Espontáneamente, más de 3 mil personas abandonaban sus ocupaciones cotidianas cuando cerraron los centros laborales tres horas antes de lo usual para, con la consigna ¡A Palacio!, congregarse a las cuatro de la tarde frente al Palacio Presidencial. Portaban en alto retratos del Héroe de Yaguajay, las fachadas se engalanaron con banderas cubanas, los automóviles hacían sonar sus bocinas en coro revelador de la alegría ciudadana. En pocos minutos La Habana se desbordaba de la gran emoción y entusiasmo que sentía el pueblo al creer a salvo a Camilo y sus acompañantes.
Tan pronto se conoció la infame noticia, Raúl Castro, entonces Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, se comunicó con los mandos de todos los cuerpos. El comandante Juan Almeida, tras el viaje que hizo en helicóptero para confirmar el anuncio, expresó ante la prensa: «desgraciadamente no hemos encontrado a los compañeros desaparecidos, hemos registrado toda la zona de Cayo Largo sin encontrar señales de ninguna clase».
La tristeza entonces fue mayor que la de una semana atrás. A las cinco de la tarde la bulliciosa emoción se tornó en intenso dolor. Algunos se retiraron en profundo silencio; otros se negaban a admitir la nota oficial dada por la Secretaría de la Presidencia. Jamás un pueblo había visto burlados tan infamemente sus sentimientos.[2]
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De Camilo pudiera decirse mucho, su sonrisa ancha, su sombrero alón, el hombre que compartió su lata de leche condensada con el Che, el Héroe de Yaguajay, el Señor de la Vanguardia… los epítetos no consiguen recogerlo íntegramente. Cuentan los abuelos que cuando él llegaba, la gente no lo dejaba avanzar, querían abrazarlo, tocarlo, tenerlo siempre cerca. El hombre que siempre tenía una broma a flor de labios, el amigo entrañable del Che, de Fidel, de la Revolución. Cuando se acerca octubre volvemos a sentirlo de cerca, a pesar de los esfuerzos por manchar su nombre con historias terribles. Cada octubre nos trae el dolor de no tener su sonrisa; pero nos trae también la fuerza necesaria para defenderlo de mentiras y odios, porque Camilo fue y será siempre un hombre de pueblo.


[1] Se refiere a la lectura del libro ¿Voy bien, Camilo? (2009) publicado por la Editorial Capitán San Luis.
[2] Anécdota publicada en el sitio Web de la Editorial Capitán San Luis disponible en http://www.capitansanluis.cu/es/content/llorar-dos-veces-camilo

lunes, 10 de octubre de 2016

La gran amistad entre Camilo y Che

Camilo y Che, héroes para siempre. Foto: Abel Rojas
Tomado de Cuba por Siempre
Por Víctor Pérez Galdós.

La gran amistad que nació y se desarrolló entre los Comandantes Ernesto Che Guevara yCamilo Cienfuegos ha quedado en la historia de Cuba como un símbolo de la relación entre dos personas que habían nacido en lugares distintos de América Latina y que incluso tenían alguna pequeña diferencia de edad y un carácter distinto.

miércoles, 27 de julio de 2016

CONTRA FIDEL NI EN UN JUEGO DE PELOTA

Imagen tomada del blog El Viejo Topo

Tomado de La Jiribilla
Fuente original: Granma
Por Pedro de la Hoz

"Yo no estoy contra Fidel ni en un juego de pelota". La conocida frase del Comandante Camilo Cienfuegos, que simboliza su lealtad hacia el líder de la Revolución y, por extensión, hacia el carácter de las profundas transformaciones que comenzaban a operarse en la sociedad cubana, fue dicha en la noche del viernes 24 de julio de 1959.

Sobre la grama del Estadio del Cerro, después rebautizado como Latinoamericano, se enfrentaban dos novenas: Barbudos versus Policía Nacional Revolucionaria.

La iniciativa formaba parte del programa de apoyo a la implementación de la Ley de Reforma Agraria, firmada en La Plata el 17 de mayo de aquel año.

Se requerían fondos para facilitar los recursos necesarios que permitirían potenciar las producciones agropecuarias de los nuevos y legítimos dueños de la tierra, campesinos y aparceros que hasta entonces habían sido explotados y marginados por terratenientes foráneos y domésticos. La recaudación de las entradas nutrirían los fondos de la Reforma Agraria.

Por esos días, La Habana acogía a cerca de medio millón de hombres y mujeres de tierra adentro, procedentes de los más remotos parajes de la Isla, convocados a la gigantesca conmemoración del asalto al Moncada, por primera vez en la Cuba liberada.

El poeta Roberto Fernández Retamar, en una crónica nacida al calor de aquellas jornadas, recordaba cómo "a partir del Primero de Enero comenzó el país a verse mutuamente sus dos caras, y de modo especial la desacostumbrada Habana que vio esas barbazas vegetales crecidas en las lomas".

En medio de la efervescencia épica dominante, el anuncio del partido de béisbol generó grandes expectativas, más aún cuando por el elenco de los Barbudos lanzaría Fidel, mientras que por la Policía lo haría Camilo.

Pero cuando salieron al terreno, los aficionados advirtieron que Fidel y Camilo no solo militaban en el mismo equipo, sino que formarían la batería (lanzador y receptor, respectivamente) de los Barbudos.

No era la primera vez que el público los veía de tal modo. El 14 de abril de aquel 1959, ambos habían inaugurado el campeonato de béisbol de la Liga Internacional, Fidel como lanzador y Camilo como receptor. Ese día Fidel, entrevistado por los medios que dieron cobertura al evento, había declarado: "Estamos trabajando para desarrollar el deporte en toda la República, para que de esa cantera surjan jugadores que nos hagan potentes en todos los deportes''.
El juego del 24 de julio, más bien simbólico, se extendió a dos entradas. Fidel ponchó al primer bateador y, en general, hizo gala de un apreciable control. Camilo recibió todo lo que tiró el Comandante en Jefe. Esa mañana había entrenado duramente para estar en forma.

Más de 33 000 personas asistieron al encuentro. Quedaban atrás las marcas de concurrencia al coloso del Cerro: las 29 917 que presenciaron el primero de agosto de 1955 el choque internacional entre los Cubans y el Colombus, y las 32 619 del juego entre Habana y Almendares del 15 de febrero de 1951.

La prensa recogió declaraciones de Fidel: "Estos muchachos tomaron en serio este juego. Se me pusieron a esperar que la pasara por ahí (refiriéndose al home). Pero con la ayuda de Maestri todo se resolvió".

Amado Maestri fungió como árbitro principal. Fidel le dio la mano antes de comenzar el encuentro. Más que cortesía era el reconocimiento a un hombre de honor que poco tiempo atrás había enfrentado con rectitud y valentía a las hordas batistianas ávidas por reprimir a los estudiantes universitarios que se lanzaron al terreno del Estadio para denunciar a la tiranía.

Al retirarse al banco, la prensa acosó a Camilo. "¿Qué sucedió? ¿Usted no iba a lanzar por la Policía?" El Héroe de Yaguajay respondió firme y radiante: "Yo no estoy contra Fidel ni en un juego de pelota".

martes, 28 de octubre de 2014

Con una sonrisa de pueblo

Camilo Cienfuegos al lado de Felipe Guerra Matos y a sus espaldas Nené López, ayudante de Camilo, en la Ciudad Deportiva, donde radicaba la Dirección Nacional de Deporte. Foto: Cortesía del entrevistado

En vísperas de cumplirse el aniversario 55 de la desaparición física del Héroe de Yaguajay, el capitán del Ejército Rebelde, Felipe Guerra Matos, confiesa recordarlo todos los días.

Tomado de Granma
Por Lissy Rodríguez

Sucedió en el combate de Pino del Agua, donde el Comandante Camilo Cienfuegos es herido. Sin embargo, con solo unos 40 hombres logra abrir fuego y llegar hasta el Estado Mayor.

Todos fueron a cargarlo, sin embargo él exigió llevar primero a otro herido. Cuentan que nadie quería dejarlo solo y eso provocó su molestia. Salió caminando con dos impactos de bala en el cuerpo, insistiendo en el cumplimiento de la orden, o él mismo se encargaría de hacerlo. En ese estado de salud, Camilo dirigió la retirada de su gente y solo lejos del lugar lograron encamillarlo.

Felipe Guerra Matos (Guerrita), capitán del Ejército Rebelde, evoca una de las anécdotas más conocidas del Señor de la Vanguardia, y lo cataloga de “guerrillero excepcional”, con el orgullo y la nostalgia que le hace recordarlo todos los días, especialmente cada octubre.

“Esas eran las cosas de Camilo que lo enaltecieron”, dice rodeado de las fotografías que le recuerdan el inicio y desarrollo de una sincera amistad.

“Yo lo conocí el 17 de febrero de 1957 por la entrevista entre Fidel y el periodista Herbert Matthews, del periódico The New York Times, en la Sierra Maestra. me habían dado la misión de llevar al americano hasta donde estaba Fidel”.

Ese momento marcó el inicio de una estrecha relación, matizada por una fama de glotón que tenía el Héroe entre sus compañeros: “Siempre me buscaba para comer”, comenta risueño.

Los avatares de la Sierra los hicieron separarse: “Pasó un tiempo sin que nos volviéramos a ver, mientras yo estuve herido”, explica refiriéndose al asalto al Cuartel de Veguitas el 16 de enero de 1958, cuando estuvo a punto de caer en combate.

De esa manera relata sus primeros recuerdos al lado de Camilo Cienfuegos, uno de los últimos expedicionarios aceptados para subir a bordo del yate Granma; el combatiente de La Plata, del Uvero, Pino del Agua y Mar Verde; quien enfrentó numerosas acciones combativas dando muestras de heroísmo, y rindió la guarnición de Yaguajay contribuyendo al derrumbamiento de la tiranía.

LOS ÚLTIMOS DÍAS

El 26 de octubre de 1959 Camilo se dirigió por última vez a su pueblo desde el Palacio Presidencial, en un discurso considerado su testamento político.

Según cuenta Jorge Enrique Mendoza en acontecimiento recogido en el libro Camilo Cienfuegos, el hombre de las mil anécdotas, del escritor y periodista cubano Guillermo Cabrera Álvarez, ese día había en las calles “un mar humano” y las personas gritaban el nombre de Camilo agitando los brazos para saludarlo, a lo que él respondía también con saludos y sonrisas. Pasado un tiempo de repetirse la escena Camilo expresó:

“Qué equivocados están los fatuos que se creen que los aplausos y los saludos del pueblo son para ellos. Yo contesto a los saludos con igual cariño, porque sé que no me saludan a mí sino a la Revolución”.

“Esta manifestación de pueblo, estos campesinos, estos obreros, estos estudiantes que hoy vienen a este Palacio, nos dan las energías suficientes para seguir con la Revolución, para seguir con la Reforma Agraria, que hoy no se detendrá ante nadie ni ante nada. Porque hoy se demuestra que lo mismo que supieron morir veinte mil cubanos por lograr esta libertad y esta soberanía, hay un pueblo entero dispuesto a morir, si es necesario, por no vivir de rodillas”, dijo a su pueblo horas antes de su desaparición física.

En su memoria, Guerrita conserva los versos de Bonifacio Byrne que dijo ese día y el hecho de que, concluida su intervención, se fue con él a la Ciudad Deportiva.

También lo hizo el día antes de su muerte, el 27 de octubre. “Me fue a ver a la Ciudad Deportiva y me dijo: ‘Vamos, que hoy yo te pago el almuerzo’. Era un día muy lluvioso —rememora—. Me contó que se iba a Cama­güey­ por cuestiones de trabajo, y ya no supe más de él. En su viaje de retorno a La Habana desapareció físicamente”.

—¿Cómo le impactó la noticia de su desaparición?  —pregunto presumiendo la respuesta.

—Con una angustia tremenda. Desde ese momento a Camilo lo recuerdo todos los días.

En sus manos, unas notas donde guarda las últimas informaciones que se tienen del Comandante Camilo. Y lee: “Lo último que se sa­be es su salida del aeropuerto de Camagüey Ignacio Agramonte, a las 6:01 de la tarde. En pista el avión tipo Cessna 310-C número 53, con número de plaza 5, velocidad 242 kilómetros por hora, elevación 500 pies; tripulación: Co­mandante Camilo Cienfuegos, piloto te­nien­te Luciano Fariñas, y el escolta sargento Félix Rodríguez”.

“Fue un suceso terrible para la Revolución, con mucha razón Fidel ha dicho que en el pueblo hay muchos Camilos, porque muchos son los jóvenes cubanos que han estado dispuestos a dar la vida por defender el socialismo de las atrocidades del imperio, y eso es un ejemplo de que el recuerdo de Camilo vive siempre en el pueblo”, afirma.
La lealtad de Camilo a Fidel y la Revolución resaltaba entre sus cualidades personales. Foto: Archivo
CIENFUEGOS DE FLORES
 
“Un día a la Sierra llegó un compañero que había sido capitán en el gobierno de Carlos Prío Socarrás, y ese compañero con cierta vanidad le decía:

—Camilo, a mí me da pena, yo quisiera tener algún grado porque imagínate cuando yo tenga que hablarle a la gente…

Camilo tranquilamente le contestó:

—No te preocupes, cuando yo hable con el Gigante —como le decía a Fidel— eso se resuelve.
Pasado un tiempo viene Camilo con la respuesta:

—¡Resuelto!

Mete la mano en el bolsillo, saca una cabeza de ajo, la machaca en el suelo y le dice:
—¡Acabas de ser ascendido a cabo machacador de ajo!

trae al presente sus memorias más gratas sobre la amistad entre Camilo Cienfuegos y el Che, surgida en medio de la vida en la Sierra, cuando el Señor de la Vanguardia compartió con él su lata de leche, porque había perdido la mochila con sus pertenencias. “Desde aquel momento yo creo que nació o se profundizó nuestra amistad”, confesaría el Che en el discurso pronunciado por el quinto aniversario de su desaparición física.

“El Che siempre se expresaba muy bien de Camilo, y por otro lado este siempre estaba bromeando con el Che —comenta Guerrita—. Era al único que le admitía ese tipo de bromas. Camilo le quitaba el tabaco y se lo fumaba, o le quitaba la boina y le ponía el sombrero. Siempre estaban sucediendo cosas muy simpáticas entre ellos, pero a la vez había una relación muy íntima y de respeto”.

“Al referirse a algunas de las cualidades de su amigo y compañero de lucha, el Che expresó en una ocasión que Camilo practicaba la lealtad como una religión, y realmente su actuación en defensa de su patria fue una muestra de consecuencia ideológica y lealtad”, refiere Guerra Matos.

Además comenta que fue a fuerza de golpe que llegó a ser un afamado jefe guerrillero. Un hecho que lo demuestra fue su participación en la celebración del Congreso Nacional de los Trabajadores Azucareros en el norte de Las Villas, del cual expresaría después en una misiva dirigida a Fidel: “Hoy, cuando hablé a los azucareros, sentí una de las más grandes emociones de estos años de lucha”.

De esa manera hace referencia a esos aspectos de su vida y la historia Patria bien conocidos por su pueblo: que era enamorado hasta la saciedad; el respeto y lealtad hacia el líder de la Revolución que le hicieron responder, ante la propuesta de enfrentarlo en dos novenas de un juego de pelota: “¡Qué va! ¡Contra Fidel ni en la pelota!”; el día de la entrada victoriosa a La Habana; cuando entregó el campamento militar de Columbia para convertirlo en escuela; y los días en que encabezó la eliminación de la intentona contrarrevolucionaria de Hubert Matos en Cama­güey. Así queda guardado Camilo en la me­moria de Guerrita.

El Héroe de Yaguajay fue un hombre de su pueblo, una leyenda tejida en los infinitos días de batalla contra el enemigo, un eco repetido en las voces de quienes lo conocieron, y una verdad que cobra vida por estas fechas, cuando los mares graban en ellos la sonrisa de miles de niños cubanos que lo honran con sus flores.

El niño Camilo

Camilo junto a José Ramón y Emilia. Foto: Archivo de JR
Tomado de Juventud Rebelde
Por Luis Hernández Serrano

El niño Camilo fue el tercero de tres hermanos. Humberto nació en 1929; Osmany en 1931 y él en 1932, hijos de José Ramón Cienfuegos y de Emilia Gorriarán Zaballa, él de Oviedo (Asturias) y ella de Castro Urdiales (Santander). No tuvo ascendencia cubana, como tampoco la tuvo José Martí.

Un periodiquillo local, al referirse a la boda Emilia-José Ramón habló de un «acreditado comerciante», cuando en verdad era solo un humilde sastre. Fruto de esa unión nació Camilo el 6 de febrero de 1932 en Pocito No. 61 (hoy 228) en el barrio habanero de Lawton.

En abril de ese mismo año, por no poder pagar el alquiler, la familia se muda a calle O’Reilly No. 509, entre Villegas y Bernaza, en La Habana Vieja. Luego se trasladan a otra casa de la misma calle.

Camilo nace en tiempos de la tiranía de Gerardo Machado. Se acrecienta la lucha revolucionaria. El pequeñito viene al mundo en medio de la gran crisis económica mundial capitalista y en los albores de una revolución (la de 1933) que se frustra al nacer.

Es, como los demás niños, alegre, juguetón y gusta de hacer maldades. Cierta vez una vecina comenta que deben cuidar al muchachito porque hay gitanos que secuestran a los fiñes lindos, mas el niño aludido estaba como perdido, escondido en un lugarcito de su casa.

En septiembre de 1937 se mudan a una casa en mal estado, con un alquiler más bajo, en San Francisco de Paula, y el niño comienza en el kindergarden. Un día su amiguito José Antonio Rabaza (Tato) y él se escapan de la escuela y la familia se asusta mucho.

Según Emilia, su mamá, Camilito estuvo un mes de penitencia «por haber mordido» a un conserje en el kindergarden. El padre investigó, supo que el niño no habló, pues no quiso delatar a un compañerito al que quería mucho —el real ejecutor de la mordida— y ¡le quitó la penitencia!

Su amigo «Tato» Rabaza contaría con el tiempo que el niño Camilo era más travieso que los otros muchachos, más rebelde, el que más se fajaba. También el que más amaba la naturaleza y tenía un huerto en su patio. Y a fines de 1939, una nueva mudada, otra vez para Lawton.

Un caminante

Cuando se construyó la Calzada de Dolores, los Cienfuegos hacían a pie el viaje de Lawton a San Francisco de Paula.

Los tres hermanos estuvieron en la Escuela Pública No. 105 Félix Ernesto Alpízar, en Lawton. El pequeño Camilo entró al centro en septiembre de 1939. Le fascinaba la historia.

Con la familia Rabaza, aún siendo un imberbe, realizó colectas para la España en guerra y las prendas que hacían las enviaban hacia Barcelona.

Ahorraba de su merienda

Sin que nadie se lo pidiera, Camilo guardaba los centavos que le daban para la merienda y se los daba a sus padres para ayudar a compensar un poquito la pobreza y a veces para contribuir a mantener un Hogar de Niños Españoles donde había 75 huérfanos.

Rodolfo Fernández, su maestro, contaría que el alumno un 20 de mayo, entonces fecha patriótica obligatoria, declamó su poema preferido (Mi Bandera, de Bonifacio Byrne). Con el tiempo, en memorable ocasión, recitaría la última estrofa de esos versos para arengar al pueblo cubano en defensa de la Patria amenazada.

El niño hacía las crónicas deportivas de la escuela Lídice, llamada así por la aldea checa arrasada por los nazis. Le gustaba mucho la pelota y al principio no jugaba bien, pero después fue uno de los mejores del equipo al que pertenecía.

Camilo se ganó varias veces el Diploma del Beso de la Patria. Y se fajaba constantemente al ver un abuso, sin importarle que fueran más grandes que él los abusadores. En la Escuela No. 13 Úrsula de Céspedes, dirigida por Fara González, se dijo siempre que era puntual y no faltaba por ser disciplinado, recto y responsable.

Se hacían rifas en busca de fondos para la escuela. El niño ganaba diez pesos, pues era el que más papeletas vendía. Y los donaba a la escuela, pese a la pobreza familiar. También le gustaba nadar y montar bicicleta. Un día, por ejemplo, le dijeron que no se tirara al río hasta que no se le avisara. Mas no esperó, se lanzó al agua en lo hondo, pataleó asustado, pero llegó, temerario, a la orilla. Después a cada rato se bañaba en Cojímar, al este de La Habana, en un lugar que el padre, irónicamente, le llamó Roca Club.

Es memorable el día en que, por cumplir lo que su padre le había dicho: «No corras cuando veas un problema», una pelota de otros niños rompió una vidriera de la florería Tosca. Él no corrió y los demás muchachos sí. Su padre tuvo que pagar la avería.

Este niño que llegó a ser uno de nuestros mayores héroes, dijo a su papá que quería ver un ciclón, y cuando observó el de 1944 y sus estragos a las casas pobres, le dijo a su papá, triste, que nunca más le gustaría ser testigo de tales desgracias.

El niño Camilo cazaba mariposas, y como Martí sugería en sus maravillosos versos, «las cazaba el bribón, les daba un beso y después las soltaba entre las rosas».

Fuente: El joven Kmilo, de William Gálvez, Editorial Gente Nueva, 1998.

Últimas horas del héroe

En la tarde del 27 de octubre de 1959, luego de atender asuntos pendientes y conocer el comportamiento de los detenidos trasladados desde Camagüey hacia la capital, el Comandante Camilo Cienfuegos se dirigió —pasadas las diez de la noche— al restaurante Castillo de Jagua, en 23 y G, en el Vedado. Al timón del auto estaba el capitán Manuel Espinosa Díaz (Cabezas) y el carro de la escolta lo conducía el soldado Juan Salas Caballero, acompañado por el sargento Humberto Espinosa.

Luego de saludar a trabajadores y clientes, se sentaron en la mesa de la sala que da a la avenida 23. Comentó con sus acompañantes que partiría de nuevo hacia aquella ciudad en la mañana del 28 para concluir las actuaciones y depurar responsabilidades. En sus planes estaba regresar en el atardecer del mismo día.

Explicó que como Hubert Matos sentía una feroz envidia por Fidel y una ambición desmedida, llegó a la traición y logró confundir a un grupo de valiosos combatientes del Ejército Rebelde y de la lucha clandestina. Les hizo creer que Raúl y el Che, con otros oficiales de ideas comunistas, estaban llevando a Fidel por ese camino y que los que no aceptaran eso serían separados de las instituciones armadas y civiles. En realidad era una calumnia.

Una vez más Camilo resaltó el valor y la capacidad de Fidel y dijo que el traidor no tenía ningún apoyo del pueblo.

«Debemos estar alertas. Hay un grupúsculo de gente que luchó contra Batista por puestos y prebendas, pero no por hacer una verdadera revolución», sostuvo, y aclaró que las traiciones de Pedro Luis Díaz Lanz (quien había sido jefe de la Fuerza Aérea), Manuel Urrutia (ex presidente provisional de la nación) y el propio Hubert Matos obedecían a un plan aún no concluido.

Fue al hotel Habana Libre y subió a obtener de Fidel las últimas indicaciones sobre su nuevo viaje a Camagüey. Luego acudió al hotel Comodoro, donde permaneció media hora y departió con varios empleados del lugar. Posteriormente se retiró hacia el Hotel Flamingo, donde pasó la noche en la habitación 16. En la 17 lo hizo su escolta. Y en las primeras horas del 28 abordó en el aeropuerto de Ciudad Libertad el Cessna 310 No. 53, de cuatro plazas.

Antes de partir rumbo a Camagüey, el capitán Osmany Cienfuegos, su ayudante ejecutivo, comunicó por radio que el Comandante Félix Torres deseaba hablar con Camilo. Y en efecto, ese compañero se acercó al avión en un auto.

Mientras Camilo hablaba con él, se aproximó otro vehículo con el capitán Senén Casas Regueiro, ayudante del Comandante Raúl Castro, quien le pidió a Camilo, en nombre de Raúl, que lo trasladara hacia Santiago de Cuba.

El jefe de la escolta tuvo que bajarse para de paso hacer un trámite que orientó Camilo, quien le pidió que lo esperara allí mismo, en la pista de Ciudad Libertad, a las siete o siete y media de la noche del 28. Pero el Héroe de Yaguajay, como se sabe, no regresó nunca. En vano se le buscó palmo a palmo por tierra y mar circundante durante 11 días sin interrupción. Y se llegó a la dolorosa certidumbre de una desaparición definitiva.

viernes, 7 de febrero de 2014

Camilo Cienfuegos

Tomado de Letra Joven.

Crónica de Jorge Ricardo Masetti
sobre Camilo Cienfuegos.
Publicado en el periódico argentino Crítica,
el 15 de noviembre de 1959.

Alguien que se llame Camilo Cienfuegos, ¿puede ser otra cosa que guerrillero? Cuando escuché el nombre por primera vez creí que se trataba de un seudónimo, pero cuando lo conocí personalmente en el campamento de Fidel Castro, cerca de Jibacoa, comprendí que ese joven barbudo, de melena casi roja, flaco y somñoliento, con la canana cargada de balas colgando de donde debía estar la cintura y un enorme sombrero de fieltro, tenía que tener un nombre así, era el físico del guerrillero de leyenda y por lo tanto debía llamarse, si no Cienfuegos, Mil Rayos o Tormenta…

Empleado de comercio

Cuando lo observaba, sentado en el suelo sucio, chupándose la barba como si hubiese estado embebida en miel de caña, proyectando con Castro las operaciones de sabotaje que iba a realizar días después en pleno llano, controlado por las tropas de Batista, trataba de ubicar su cara delgada y quemada por el sol, detrás del mostrador de la sastrería de ropa fina para hombres, de la calle Reina, donde había sido dependiente hasta que se unió a Fidel.

El menor de tres hermanos –nació en 1933-, había seguido con apasionado interés la actuación de su hermano Osmani en la Universidad de La Habana, contra la dictadura batistiana. Pero recién cuando se produjo el asalto al cuartel de Moncada, el 26 de julio de 1953, se plegó decididamente al movimiento insurreccional. Por supuesto que no transcurrió mucho tiempo sin que cumpliese el camino corto y violento de la juventud cubana de esa época: cárcel, palos y exilio.

En Nueva York, donde conoció a Fidel Castro, trabajó de lavaplatos a veces, y de buscador de empleos casi siempre.

De los Estados Unidos viajó a México, junto con el grupo que iba a entrenarse para la “invasión a Cuba”, y ahí se hizo amigo de los que más tarde serían sus compañeros en las páginas de la historia de Cuba: Raúl Castro, el “Che” Guevara, Ramirito Valdés, Juan Almeida, etcétera.

Entre el aprendizaje de las armas, las discusiones ideológicas sobre “lo que debía ser la revolución” y los eternos chistes de campamento, Camilo recitaba a Lorca, cantaba canciones cubanas y se enamoraba todos los días, pese a la vigilancia estricta de ese jefe apasionado y austero que sólo pensaba en “la invasión” y al cual admiraba: Fidel.

Uno de los 12

Por fin llegó el desembarco –glorioso y trágico- y Camilo Cienfuegos fue uno de los 12 que quedaron con Castro. Días durísimos en la montaña, descubrimiento de una Cuba que el habanero desconocía, escondida en los bohíos de guano, en los vientres hinchados de los niños hambrientos y bajo la bota de los guardias prepotentes y ladrones del batistato. Camilo comenzó a crecer al lado de sus compañeros y con ellos se fue formando. Ya no hacía revolución sólo por los estudiantes apaleados de La Habana. Comprendió que había que hacerla por muchas, por muchísimas más llagas que había que curarle a la patria. En el combate de Uvero se gana dos heridas y el grado de teniente.

Y en abril de 1958, ya “hecho” guerrillero y revolucionario, desciende al llano a cumplir las más peligrosas operaciones de sabotaje que se realizaron durante la guerra. Combatió durante meses todas las noches –ocultándose de día- prácticamente entre las tropas batistianas.

Sus 90 hombres

Luego de la aplastada ofensiva que lanzó la dictadura, se produjo la contraofensiva de los “barbudos”. Y Camilo, ya comandante, emprende junto al “Che” Guevara, la marcha hacia la provincia de Las Villas, en donde habría de producirse la estrepitosa caída del régimen bien gordo y armado, pero carente de algo que ni sospechaban era necesario para pelear: moral. El “Che” penetra en Las Villas con su famosa columna 8 “Ciro Redondo” por la parte sur y Camilo, con los 90 hombres de su columna “Antonio Maceo” se cuela por el norte. Las dos columnas habían atravesado 500 kilómetros a pie, hostigadas por la aviación y por el hambre, sin calzado y casi sin ropa.

Pero la batalla de Yaguajay y por último la de Santa Clara, fortalecen a los rebeldes y los hacen triunfadores.

Durante toda esa larga campaña el “Che” y Camilo se comunicaban por radio, inventando avances y derrotas que desconcertaban a “escuchas” del ejército batistiano. Y Cienfuegos se divertía, dándose casi siempre por “derrotado” ante las tropas de Batista en inexistentes combates que enloquecían al estado mayor del gobierno. El derrumbe vertiginoso del régimen crea un clima de desconcierto saturado de olor a maquinaciones políticas y a “palabras de honor” que decide a Fidel Castro a marchar sobre La Habana. La misión fue encomendada al antiguo ayudante del sastre de la calle Reina, que toma el campamento militar de Columbia a los 25 años, investido del cargo de gobernador de todas las fuerzas de la provincia.

Luego, los revolucionarios en el gobierno comienzan la ciclópea tarea de organizar el país. Camilo ocupa el cargo de jefe del estado mayor y luego el de jefe del ejército.

Pero como en todo gobierno revolucionario, tiene que cumplir además mil trabajos que no tienen nada que ver con su cargo. Pronuncia discursos, recorre constantemente el país atendiendo a las obras revolucionarias y planea junto con sus compañeros la defensa de la isla.

La divertida “invasión trujillista” le da una nueva ocasión de desahogar su buen humor, comunicándose todos los días por radio con Santo Domingo y dando personalmente instrucciones a los “invasores” sobre el lugar en donde deben aterrizar. Allí los esperó junto a Fidel Castro.

En tanto su popularidad se fue acrecentando hasta colocarlo al lado de los hombres más queridos del pueblo cubano: Fidel Castro, Raúl, el “Che”.

Luego del ataque aéreo a La Habana, todos ellos hablan ante un millón de cubanos. En esa ocasión, 48 horas antes de su desaparición, afirmó Camilo: “De rodillas nos pondremos una vez, y una vez inclinaremos nuestras frentes…y será el día que lleguemos a la tierra cubana que guarda veinte mil cubanos para decirles: “¡Hermanos, la revolución está hecha, vuestra sangre no cayó en vano!”.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Che y Camilo: Amistad ejemplar.

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhGzcZxpIv7TgdbgrYqXcK40eOJfUWy8vFudWScQl3E9I6OuLFXuX5D1dHkL1jq0cgu2xWqPezSC0xqr6iOHevUiQdIfrtHXYdq4g6eEEJvWtBVSRgY8dPC0et79CfNgLwIfApIK80bN3H9/s1600/CHE.+UN+HOMBRE+NUEVO+7+(Ernesto+Guevara+con+Camilo+Cienfuegos).JPG

Tomado de Caliban: Revista Cubana de Pensamiento e Historia.
Por William Gálvez.

Por lo general, cada vez que nos referimos a estos dos grandes de nuestra historia patria destacamos sus ejemplares virtudes revolucionarias y humanas, y raramente se señala la gran amistad entre ambos, ya que lo más probable es que la mayoría de los cubanos desconozcan las razones de esa ejemplar amistad. Tema  al que dedicaremos este trabajo.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Al señor de la Vanguardia

A CAMILOPor Nicolás Guillen

Jinete en el aire fino,
¿Dónde su paso frenó
al comandante Camilo,
que no lo sé yo?

Entre la tierra y el cielo,
¿Sobre que playas voló
el comandante Cienfuegos que no lo sé yo?

Sin cruz vino la muerte,
sin sepultura, nada.
Un rayo apenas de su luz inerte,
su vacía, su redonda mirada.

Lentas guitarras de ardor marítimo
llegan llorando a llorar conmigo.
Llegan violetas color obispo,
morado luto mortuorio fijo.
Raudos machetes de margo filo
y girasoles luto amarrillo.

Duerme, descansa en paz – dice la mansa
costumbre de las flores, la que olvida
que un muerto nunca descansa
cuando es un muerto lleno de vida.

Ahí viene, avanza el río
de su barba serena.
Suena su voz su permanente voz resuena,
arde en la patria para un gran fulgor de estío.
Se oye partir que ordena.
"Camilo era la síntesis de lo mejor. El personificó la imagen más representativa y genuina del Ejército Rebelde".Raúl Castro Ruz

"No era ningún privilegiado. No tuvo aquellos honores y aquella gloria porque alguien se lo decía, sino porque se los ganó".Fidel Castro Ruz

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