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lunes, 30 de enero de 2017

El mundo tendría que mirar a África con reverencia y vergüenza


Tomado de Granma
Por 
«El mundo tendría que mirar a África con reverencia y vergüenza», afirmó Abel Prieto al valorar cuánto debe la humanidad a ese continente y recordar el saqueo de sus recursos naturales, la diáspora forzada de sus hijos, las secuelas del colonialismo y la imagen distorsionada que suelen difundir los medios hegemónicos.
El ministro de Cultura intervino el último fin de semana en la clausura de las sesiones del Comité Científico Internacional para la redacción del Volumen IX de la Historia General de África, proyecto auspiciado por la Unesco.
Durante seis días, en la Casa de las Américas, una treintena de expertos y académicos de diversa pro­cedencia y reconocido prestigio compartieron ideas y consensuaron aspectos puntuales para impulsar la redacción definitiva de la nueva estación de una obra enciclopédica sin precedentes.
Prieto fue invitado para exponer las relaciones de la Revolución Cubana con África y cómo las huellas de sus cul­turas forman parte inalienable de la identidad insular.
Refirió la creación de instituciones orientadas a la preservación y promoción de ese legado, la significativa cantidad de libros publicados de autores africanos y caribeños y la ejecución del programa La Ruta del Esclavo.
Tras evocar cómo luego del triunfo de enero de 1959 África tuvo una expresión jerárquica en la proyección internacional de la revolución liderada por Fidel Castro  –misiones internacionalistas desinteresadas y solidarias, formación de recursos humanos, colaboración en salud, educación y fomento de infraestructura–,  fue ovacionado al mencionar la muy reciente página épica  escrita por médicos y enfermeros cubanos en el enfrentamiento a la epidemia del ébola.
En la memoria de los habitantes de la Isla, señaló, estarán por siempre las palabras de Nelson Mandela cuando dijo:
«El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África. Los internacionalistas cubanos hicieron una contribución a la independencia, la libertad y la justicia en África que no tiene paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan».
El ministro resaltó la importancia de la reunión de los expertos en La Habana, y específicamente en la Casa, que lleva adelante el Programa de Estudios sobre  Afroamérica, bajo la di­rección de Zuleica Romay. Lo hizo a tenor con las realidades del mundo contemporáneo, donde se observa el auge del racismo, la intolerancia, la xenofobia, del egoísmo y las ideas fascistas.
Luego de que Roberto Fernández Retamar, presidente de la Casa, ofreciera una prolija información acerca de cómo la institución ha re­flejado y promovido las culturas africanas y caribeñas, Katherine Muller-Marín, directora de la Oficina Regional de la Unesco, rindió homenaje al historiador cubano Jo­­sé Luciano Franco (1891–1989), quien formó parte del núcleo inicial del proyecto.
La funcionaria de la organización multilateral informó que en la enciclopedia han participado a lo largo del tiempo más de 300 expertos de diversas disciplinas y numerosos países.
En la jornada de clausura, que contó con la presencia de Miguel Barnet, presidente de la Uneac,  el jibutense Alí Moussa Iye, jefe de la sección de Historia y Memoria para el Diálogo de la Unesco, y el congolés Ray Lema, presidente de la Coalición Internacional de Artistas en favor de la Historia General de África, se constataron los avances de las sesiones habaneras, de acuerdo con el informe rendido por el profesor camerunés Augustin Holl. 

viernes, 25 de julio de 2014

PATRIA O MUERTE

Tomado de LaEstrella de la Segunda Independencia: nº42, chile, julio de 2013.



A 60 años del asalto al cuartel Moncada.

26 de julio: ejemplo para América, ejemplo para el mundo…


“Yo me encontraba en prisión cuando por primera vez me enteré de la ayuda masiva que las fuerzas internacionalistas cubanas le estaban dando al pueblo de Angola –en una escala tal que nos era difícil creerlo…” La voz que rememora pertenece a Nelson Mandela, quien hoy, con razón, es objeto de homenajes por una vida de lucha. En 1975, el líder del Congreso Nacional Africano –o ANC por sus siglas en inglés– estaba recluido en el penal de Robben Island, una isla frente a Ciudad del Cabo. Era su decimotercer año de reclusión. Acusado de terrorismo, había sido condenado a cadena perpetua por el régimen racista de Sudáfrica. Su delito: luchar por los derechos del pueblo sudafricano sometido al apartheid, aquel sistema ideado por los antiguos colonizadores, quienes, tras haberse sacudido de la supervisión británica, establecieron su propio régimen marcado por la explotación y el racismo.

Una bandera de dignidad
El pueblo sudafricano de piel negra, quedó dividido en los ignominiosos bantustanes, recluido en cercadas poblaciones como Soweto; los hombres separados de las mujeres, las mujeres ultrajadas y humilladas, los niños, violentados. En pleno siglo XX, la principal nación capitalista del continente africano, deparaba a la mayoría de su población una existencia de esclavitud. En una perversa graduación, permitía a “mezclados” o a sudafricanos originados de la inmigración desde Asia o la India, algunos derechos. Pero siempre menos de los de la miserable “raza superior” que se enseñoreó en el África Austral.
Tales eran las condiciones contra las que se rebeló el pueblo africano. Mandela dirigió el ANC, concebido como una organización, amplia, popular, que reuniría a miembros de todas las razas, negros, hindúes, asiáticos, blancos. Sus objetivos eran elementales y democráticos, la abolición del apartheid y un gobierno de mayorías que permitiera el desarrollo del país; sus métodos de lucha eran políticos, de presión, de propaganda.
En la medida en que el ANC amplió su organización a la clase trabajadora negra, impulsó huelgas y movilizaciones, la represión se volvió más cruda, los tenues caminos políticos se cerraron con juicios amañados, asesinatos y torturas. Y las exigencias del pueblo a sus dirigentes se intensificaron. Mandela comprendió las necesidades del momento y propuso, en 1961, la creación de Umkhonto we Sizwe, “la lanza de la nación”, la fuerza militar que golpearía a la policía represora, al ejército, a los colaboracionistas, que realizaría sabotajes a los intereses económicos de los capitales que se beneficiaban de la explotación de la mayoría.
Y ya entonces, la gesta iniciada un día 26 de julio en una lejana isla americana reverberaba en la lucha. Mandela relata la controversia que desató la propuesta de lucha armada entre la dirigencia de la ANC:
“usé un antiguo proverbio africano ‘sebatana ha se bokwe ka diatla’, ‘no se puede repeler a una bestia salvaje con manos vacías’. Moses [Kotane, secretario general del PC sudafricano] era un comunista a la antigua. Su oposición, le dije, se asemejaba a la del PC cubano bajo el régimen de Batista. Entonces, el partido sostenía que no se cumplían las condiciones necesarias. Fidel Castro, en cambio, no esperó; pasó a la acción y triunfó. […] La gente ya estaba formando unidades militares por su propia cuenta, y el ANC es la única organización capaz de conducirla. Siempre decimos que el pueblo es más avanzado que nosotros, y ahora efectivamente se nos adelanta.”
El pueblo se adelantó en una lucha heroica, sostenida sin descanso en las calles de Soweto o Sharpeville. Trabajadores, mujeres, escolares, niños héroes que se levantarían una y otra vez en contra de las masacres, las torturas, la prisión. Mandela seguía separado de su pueblo, pero siempre presente bandera de su humildad y dignidad. Surgían nuevos adalides, hombres como Stephen Biko y Chris Hani, entre tantos que dieron testimonio de la unidad de un pueblo, conquistada una y otra vez con sangre.
No esperó; actuó y triunfó
El proceso de liberación de los países sometidos al colonialismo y a la esfera de influencia de Sudáfrica, las colonias portuguesas Mozambique y Angola, de Zimbabwe, entonces llamada Rhodesia, agudizó la situación. El régimen racista se lanzó a una campaña de terror e intervenciones, bien financiada por los capitales externos y por Estados Unidos. Pretoria se convirtió así en una capital mundial de la ignominia. Punto de encuentro y bazar de torturadores, asesinos y mercenarios, lo más bajo de la humanidad, aliado a Israel, a la dictadura de Chile y a cuanto sanguinario se precisara.
La intervención en Namibia, antigua colonia alemana dejada “en mandato” a Sudáfrica, y el intento de derrocar al gobierno del MPLA en Angola, llevó a una situación desesperada en 1975. Todo indicaba que el régimen sudafricano lograría consolidarse como potencia única en el cono africano, subordinando a los países circundantes a un vasallaje apenas encubierto y que eternizaría la esclavitud dentro de sus fronteras.
Fue entonces cuando, a un mar de distancia, se erguía aquel principio del Che, de ser capaces “de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”; se levantaba el espíritu que cobró vida el día 26 de julio de 1953, con el asalto a los cuarteles Céspedes y Moncada de Santiago de Cuba. Fidel resumió el dilema que se vivía de esta manera:
“aquel problema había que resolverlo y, sencillamente, prohibirle a Sudáfrica las invasiones. Hay que reunir las fuerzas y los medios necesarios para impedírselo. Nosotros no teníamos todos los medios, pero esa era nuestra concepción.”
Fue el inicio de una las mayores gestas de nuestra América, realizada por una pequeña isla, que trasladó en 15 años a 300 mil de sus mejores hijos e hijas, soldados, médicos, obreros, ingenieros, profesores, combatientes todos, a Angola, a enfrentarse al imperialismo, a la agresión del régimen sudafricano. Dos mil de ellos no volverían. Caerían en la lucha, pero perdurarían, pues morir por la patria, es vivir.
Y los principios del Che, el espíritu del Moncada, quedarían plasmados en el encuentro bélico decisivo en 1988. En la localidad Cuito Cuanavale, sita en el sur de Angola, las fuerzas sudafricanas se habían agrupado y amenazaban con romper la resistencia angolana.
El espíritu del 26 de julio
El mundo ya se inclinaba a un fortalecimiento inédito del imperialismo, la Unión Soviética ya había retirado, en secreto, su apoyo estratégico a la revolución cubana. Es en ese año que Cuba toma la decisión de actuar. “En esa acción la Revolución se jugó todo, se jugó su propia existencia, se arriesgó a una batalla en gran escala contra una de las potencias más fuertes de las ubicadas en la zona del Tercer Mundo, contra una de las potencias más ricas, con un importante desarrollo industrial y tecnológico, armada hasta los dientes, a esa distancia de nuestro pequeño país y con nuestros recursos, con nuestras armas.” 40 mil hombres se lanzaron al combate al grito de Patria o Muerte. Y vencieron.
¿Qué significó este hecho?
“La aplastante derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale constituyó una victoria para toda África; dio la posibilidad a Angola de disfrutar de la paz y consolidar su propia soberanía; le permitió al pueblo combatiente de Namibia alcanzar finalmente su independencia; destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco; sirvió de inspiración al pueblo combatiente de Sudáfrica. Cuito Cuanavale marca un hito en la historia de la lucha por la liberación del África austral; marca el viraje en la lucha para librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid”.
Son, nuevamente, las palabras de nuestro querido Madiba, de Nelson Mandela, en la ciudad de Matanzas, un día 26 de julio de 1991, un año después de haber conquistado su libertad de las mazmorras.
Esas luchas, esos hombres y mujeres que dejan un ejemplo, no están olvidados.
Están presentes hoy como bandera de dignidad, en cualquier parte del mundo, para millones y millones, para una humanidad que, de nuevo, ha echado a andar.

La Estrella de la Segunda Independencia Nº 42.

jueves, 20 de marzo de 2014

Fidel Castro Street

Tomado del Blog de la UNAIC Espacio Físico y Construido.
Este artículo lo encontré gracias a

La hermosa capital de Namibia, la ciudad de  Windhoek, es un conglomerado urbano de sólo 250 000 habitantes, en un país de poco mas de 2 millones y medio de habitantes.

Se observa un dinámico ritmo constructivo en las los nuevos espacios urbanos. Muchas zonas de las ciudad presentan numerosos solares yermos en espera ser edificados,  en un desarrollo extensivo, caracterizado por edificaciones de una sola planta, en su zona residencial y algunas  edificaciones en alturas, en su centro de servicio, que todos identificamos por su nombre en Inglés y simplemente nos referimos al  “Town”,  cuando deseamos señalar un punto notable de la ciudad.

En su espacio parecen convivir la modernidad, con algunos patrones, en sus edificaciones, que se corresponden a códigos de las culturas de sus antiguos colonizadores,  en especial Alemania y Sudáfrica.

Su suelo arenoso, de un color beis, a veces con tonalidades rosadas, queda al descubierto, en su entramado edificado, donde es posible apreciar sus  acatadas regulaciones urbanas,  que separan las edificaciones, a más de 4 metros de las vías, corriendo a cargo del propietario del terreno la edificación del espacio empedrado, que no siempre se cumple con la prontitud requerida.

Lo que le da una imagen, tal vez, ruralizada, contrastando con los sobrios diseños arquitectónicos, en sus numerosas  moles de servicios, que parecen atender a una población mucho mayor que la que realmente dispone.

Un índice importante de motorización, presiona la edificación de numerosas  avenidas  para aliviar los embotellamientos en  las horas pico. Algunas de ellas tienen nombres emblemáticos y reconocidos por los pueblos del Mundo: Sam Nujoma, líder histórico del pueblo namibio y su primer Presidente, Nelson Mandela, Fidel Castros Ruz…

Para un cubano representa un raro sentimiento poder contemplar el nombre del líder histórico de la revolución Cubana. Por eso, cuando escribía un artículo de denuncia  sobre la permanencia de  Cuba en la “Lista de Estado Patrocinadores  del  Terrorismo”, que cada años emite el Departamento de Estado norteamericano, recordaba una  frase de Malcom X que expresa, “si no estás prevenido contra los Medios de Comunicación, te harán amar al opresor y odiar al oprimido”

Tenía el propósito de demostrar, tal vez, para algún confundido de buena fe,  lo absurdo de tal planteamiento que sólo lesiona la credibilidad de quien sostiene  tan endebles argumentos, que sólo sirven de justificación a la política de bloqueo contra la Isla y están en consonancia con intereses de la política doméstica del país norteño, y añadía, en todo caso, sólo puedo brindar  una mínima parte de las sin razones que tiene Estados Unidos para  etiquetar a Cuba con tan desacertado calificativo. 
 
Realmente no le dije a  mis interlocutores, con los que dialogaba sobre el tema cubano, todo lo que pensaba, nada le expresé de la profunda impresión que me causó la señalética con el nombre de Fidel en la esquina de una importante avenida local o el nombre de una escuela que lleva el nombre del líder del la Revolución Cubana y que los colaboradores cubanos apadrinamos de forma solidaria. 

Algo totalmente inusual en nuestro país, donde se comprende el valor relativo del papel de las personalidades en la historia y es principio Martiano, expresado reiteradamente por Fidel, de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

Nada dije, que para el pueblo nativo, conocedor de la discriminación racial y la pobreza extrema en el pasado, ese hito, en una esquina de Windhoek, es su forma de homenajear a un pueblo, en que Fidel es su digno representante, reconociendo  el importante papel jugado por  Cuba en la liberación de muchos pueblos africanos y su contribución al fin del Apartheid, al costo de enormes sacrificios en  defensa de las causas justa de este Continente.

 

lunes, 20 de enero de 2014

¿Por qué Sudáfrica ama a Cuba?

Tomado de Con Cuba en Sevilla.

Mientras los medios de comunicación estadounidenses se centraron recientemente en “el apretón de manos” entre el presidente Obama y Raúl Castro, vale la pena reflexionar por qué los organizadores del funeral de Nelson Mandela invitaron a Raúl Castro como uno de los seis líderes – de las noventa y un asistentes extranjeros- para hablar en la ceremonia. No sólo se le concedió a Raúl Castro ese honor, sino también recibió la más cálida presentación en la ceremonia:
“Ahora vamos a presentar a un líder que viene desde una pequeña isla, representante de una pequeña isla, de un pueblo que nos liberó, que luchó por nosotros… el pueblo de Cuba”, dijo el presidente del Congreso Nacional Africano (ANC ).
Tales palabras se hicieron eco de lo que el propio Mandela dijo cuando visitó a Cuba en 1991 :
“Hemos venido aquí conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo de Cuba. ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?”
Hay muchos factores que llevaron a la desaparición del Apartheid.  El gobierno blanco sudafricano fue derrotado no sólo por el poder de Mandela, el valor del pueblo de Sudáfrica, o de la capacidad del movimiento mundial para imponer sanciones. También fue derribado por la derrota del ejército de Sudáfrica en Angola. Esto explica el protagonismo de Raúl Castro en el funeral: fueron las tropas cubanas las que humillaron al ejército sudafricano. En los años 1970 y 1980, Cuba cambió el curso de la historia en el sur de África a pesar de los esfuerzos de Estados Unidos para evitarlo.

En octubre de 1975, los sudafricanos, alentados por el gobierno de Gerald Ford, invadieron a Angola para aplastar el Movimiento Popular por la Liberación de Angola (MPLA), de izquierda. Ellos habrían tenido éxito si no hubiesen estado ahí 36 000 soldados cubanos en Angola.

En abril de 1976 los cubanos habían empujado a los sudafricanos fuera del territorio angolano.

Como señaló la CIA, Fidel Castro no había consultado a Moscú  la decisión de enviar a sus tropas (como se desprende de las tensas reuniones celebradas más tarde con la dirección soviética en la década de 1980). Los cubanos, confirmó Kissinger en sus memorias, habían enfrentado a los soviéticos con un hecho consumado. Fidel Castro comprendió que la victoria de Pretoria (alentados por Washington) habría reforzado las garras de la dominación blanca contra el pueblo de Sudáfrica. Fue un momento decisivo: Castro envió tropas a Angola por su compromiso con lo que él ha llamado “la más bella causa”, la lucha contra el Apartheid. Como Kissinger observó más tarde, Castro “era probablemente el más genuino líder revolucionario entonces en el poder”.

La ola desatada por la victoria cubana en Angola se apoderó de Sudáfrica. “África Negra está montando la cresta de una ola generada por el éxito de Cuba en Angola”, señaló World, un importante periódico de la Sudáfrica negra. “África Negra está probando el vino embriagador de la posibilidad de hacer realidad el sueño de la liberación total”. Mandela recordó más tarde que se enteró de la victoria cubana en Angola mientras estaba encarcelado en Robben Island:
“Yo estaba en la cárcel cuando me enteré de la ayuda masiva que las tropas internacionalistas cubanas estaban dando al pueblo de Angola… Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de los países que quieren apoderarse de nuestro territorio o subvertir nuestra soberanía. En toda la historia de África es la única vez que un pueblo extranjero se ha levantado para defender a uno de nuestros países.”
Pretoria, sin embargo, no se había dado por vencido: incluso después de la retirada de los cubanos, esperaba derrocar al gobierno del MPLA de Angola. Las tropas cubanas permanecieron en Angola para protegerla de otra invasión sudafricana. Incluso la CIA admitió que eran “necesarias para preservar la independencia de Angola”. Además, los cubanos entrenaron a guerrilleros del ANC, así como a los rebeldes de la SWAPO, que luchaban por la independencia de Namibia contra los sudafricanos que la ocuparon ilegalmente.

De 1981 a 1987, los sudafricanos lanzaron por oleadas invasiones en el sur de Angola. La guerra estaba en un punto muerto, hasta noviembre de 1987, cuando Castro decidió expulsar a los sudafricanos fuera del país de una vez por todas. Su decisión fue provocada por el hecho de que el ejército sudafricano había acorralado las mejores unidades del ejército de Angola en una ciudad de la Angola meridional, Cuito Cuanavale. Y eso fue posible en cierta forma porque Washington se mecía en el escándalo Irán-Contra. Antes de estallar el escándalo Irán-Contra a fines de 1986, que debilita y distrae al gobierno de Reagan, los cubanos temían que Estados Unidos podría lanzar un ataque contra su patria. Por lo tanto, no estaban dispuestos a agotar sus reservasde armas. Pero el Irán-Contras limó los colmillos de Reagan, y liberó a Castro de la limitación de enviar mejores aviones de Cuba, pilotos y armas antiaéreas a Angola. Su estrategia era romper la ofensiva sudafricana contra Cuito Cuanavale en el sureste y luego atacar por el suroeste, “como un boxeador que con la mano izquierda golpea y con la derecha noquea”.

El 23 de marzo de 1988, los sudafricanos lanzaron su último ataque importante contra Cuito Cuanavale. Fue un fracaso absoluto. El Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos señaló: “La guerra en Angola ha tenido un giro dramático y – por lo que respecta a los sudafricanos- no deseado. ”

La mano izquierda de los cubanos había bloqueado el golpe de Sudáfrica, mientras que su mano derecha se estaba preparando para noquearlo: poderosas columnas cubanas avanzaban hacia la frontera de Namibia, empujando a los sudafricanos al repliegue. Los MIG- 23 cubanos comenzaron a volar sobre el norte de Namibia. Documentos de Estados Unidos y de Sudáfrica demuestran que los cubanos ganaron toda la franja superior de Angola. Los cubanos exigieron que Pretoria retirara incondicionalmente las tropas de Angola y permitiera elecciones supervisadas por la ONU en Namibia. El Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos advirtió que si Sudáfrica se negaba, los cubanos estaban en una posición de ventaja. Los sudafricanos reconocieron su dilema “para lanzar una ofensiva bien apoyada en Namibia”: Si se negaban a las demandas cubanas, corrían “el riesgo real de involucrarse en una guerra convencional a gran escala con los cubanos, cuyos resultados son potencialmente desastrosos”. La perspectiva del ejército sudafricano era sombría: “Debemos hacer todo lo posible para evitar una confrontación”.

Pretoria capituló. Aceptó las demandas de los cubanos y se retiró incondicionalmente de Angola y aceptó el acuerdo de las elecciones supervisadas de la ONU en Namibia, que ganó SWAPO.

La victoria cubana repercutió más allá de Namibia y de Angola. En palabras de Nelson Mandela, la victoria cubana “destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco … [e] inspiró a las masas en lucha de Sudáfrica… Cuito Cuanavale fue el punto de inflexión para la liberación de nuestro continente -y de mi pueblo – del flagelo del Apartheid” .

Piero Gleijeses es profesor de política exterior de Estados Unidos en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS), de la Universidad Johns Hopkins. Todas las citas del artículo anterior se han extraído de su último libro: Visiones de la Libertad: La Habana, Washington, Pretoria y la lucha por el sur de África , 1976-1991 [ 8 ] , The University of North Carolina Press, 2013 .

viernes, 20 de diciembre de 2013

Mandela ha muerto ¿Por qué ocultar la verdad sobre el Apartheid?

Fidel y Mandela
Tomado de CubaDebate
Por Fidel Castro Ruz.

Quizás el imperio creyó que nuestro pueblo no haría honor a su palabra cuando, en días inciertos del pasado siglo, afirmamos que si incluso la URSS desaparecía Cuba seguiría luchando.
La Segunda Guerra Mundial estalló cuando, el 1ro. de septiembre de 1939, el nazi-fascismo invadió Polonia y cayó como un rayo sobre el pueblo heroico de la URSS, que aportó 27 millones de vidas para preservar a la humanidad de aquella brutal matanza que puso fin a la vida de más de 50 millones de personas.
La guerra es, por otro lado, la única actividad a lo largo de la historia que el género humano nunca ha sido capaz de evitar; lo que llevó a Einstein a responder que no sabía cómo sería la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta sería con palos y piedras.
Sumados los medios disponibles por las dos más poderosas potencias, Estados Unidos y Rusia, disponen de más de 20 000 —veinte mil— ojivas nucleares. La humanidad debiera conocer bien que, tres días después de la asunción de John F. Kennedy a la presidencia de su país, el 20 de enero de 1961, un bombardero B-52 de Estados Unidos, en vuelo de rutina, que transportaba dos bombas atómicas con una capacidad destructiva 260 veces superior a la utilizada en Hiroshima, sufrió un accidente que precipitó el aparato hacia tierra. En tales casos, equipos automáticos sofisticados aplican medidas que impiden el estallido de las bombas. La primera cayó a tierra sin riesgo alguno; la segunda, de los 4 mecanismos, tres fallaron, y el cuarto, en estado crítico, apenas funcionó; la bomba por puro azar no estalló.
Ningún acontecimiento presente o pasado que yo recuerde o haya oído mencionar, como la muerte de Mandela, impactó tanto a la opinión pública mundial; y no por sus riquezas, sino por la calidad humana y la nobleza de sus sentimientos e ideas.
A lo largo de la historia, hasta hace apenas un siglo y medio y antes de que las máquinas y robots, a un costo mínimo de energías, se ocuparan de nuestras modestas tareas, no existían ninguno de los fenómenos que hoy conmueven a la humanidad y rigen inexorablemente a cada una de las personas: hombres o mujeres, niños y ancianos, jóvenes y adultos, agricultores y obreros fabriles, manuales o intelectuales. La tendencia dominante es la de instalarse en las ciudades, donde la creación de empleos, transporte y condiciones elementales de vida, demandan enormes inversiones en detrimento de la producción alimentaria y otras formas de vida más razonables.
Tres potencias han hecho descender artefactos en la Luna de nuestro planeta. El mismo día en que Nelson Mandela, envuelto en la bandera de su patria, fue inhumado en el patio de la humilde casa donde nació hace 95 años, un módulo sofisticado de la República Popular China descendía en un espacio iluminado de nuestra Luna. La coincidencia de ambos hechos fue absolutamente casual.
Millones de científicos investigan materias y radiaciones en la Tierra y el espacio; por ellos se conoce que Titán, una de las lunas de Saturno, acumuló 40 —cuarenta— veces más petróleo que el existente en nuestro planeta cuando comenzó la explotación de este hace apenas 125 años, y al ritmo actual de consumo durará apenas un siglo más.
Los fraternales sentimientos de hermandad profunda entre el pueblo cubano y la patria de Nelson Mandela nacieron de un hecho que ni siquiera ha sido mencionado, y de lo cual no habíamos dicho una palabra a lo largo de muchos años; Mandela, porque era un apóstol de la paz y no deseaba lastimar a nadie. Cuba, porque jamás realizó acción alguna en busca de gloria o prestigio.
Cuando la Revolución triunfó en Cuba fuimos solidarios con las colonias portuguesas en África, desde los primeros años; los Movimientos de Liberación en ese continente ponían en jaque al colonialismo y el imperialismo, luego de la Segunda Guerra Mundial y la liberación de la República Popular China —el país más poblado del mundo—, tras el triunfo glorioso de la Revolución Socialista Rusa.
Las revoluciones sociales conmovían los cimientos del viejo orden. Los pobladores del planeta, en 1960, alcanzaban ya los 3 mil millones de habitantes. Parejamente creció el poder de las grandes empresas transnacionales, casi todas en manos de Estados Unidos, cuya moneda, apoyada en el monopolio del oro y la industria intacta por la lejanía de los frentes de batalla, se hizo dueña de la economía mundial. Richard Nixon derogó unilateralmente el respaldo de su moneda en oro, y las empresas de su país se apoderaron de los principales recursos y materias primas del planeta, que adquirieron con papeles.
Hasta aquí no hay nada que no se conozca.
Pero, ¿por qué se pretende ocultar que el régimen del Apartheid, que tanto hizo sufrir al África e indignó a la inmensa mayoría de las naciones del mundo, era fruto de la Europa colonial y fue convertido en potencia nuclear por Estados Unidos e Israel, lo cual Cuba, un país que apoyaba las colonias portuguesas en África que luchaban por su independencia, condenó abiertamente?
Nuestro pueblo, que había sido cedido por España a Estados Unidos tras la heroica lucha durante más de 30 años, nunca se resignó al régimen esclavista que le impusieron durante casi 500 años.
De Namibia, ocupada por Sudáfrica, partieron en 1975 las tropas racistas apoyadas por tanques ligeros con cañones de 90 milímetros que penetraron más de mil kilómetros hasta las proximidades de Luanda, donde un Batallón de Tropas Especiales cubanas —enviadas por aire— y varias tripulaciones también cubanas de tanques soviéticos que estaban allí sin personal, las pudo contener. Eso ocurrió en noviembre de 1975, 13 años antes de la Batalla de Cuito Cuanavale.
Ya dije que nada hacíamos en busca de prestigio o beneficio alguno. Pero constituye un hecho muy real que Mandela fue un hombre íntegro, revolucionario profundo y radicalmente socialista, que con gran estoicismo soportó 27 años de encarcelamiento solitario. Yo no dejaba de admirar su honradez, su modestia y su enorme mérito.
Cuba cumplía sus deberes internacionalistas rigurosamente. Defendía puntos claves y entrenaba cada año a miles de combatientes angolanos en el manejo de las armas. La URSS suministraba el armamento. Sin embargo, en aquella época la idea del asesor principal por parte de los suministradores del equipo militar no la compartíamos. Miles de angolanos jóvenes y saludables ingresaban constantemente en las unidades de su incipiente ejército. El asesor principal no era, sin embargo, un Zhúkov, Rokossovski, Malinovsky u otros muchos que llenaron de gloria la estrategia militar soviética. Su idea obsesiva era enviar brigadas angolanas con las mejores armas al territorio donde supuestamente residía el gobierno tribal de Savimbi, un mercenario al servicio de Estados Unidos y Sudáfrica, que era como enviar las fuerzas que combatían en Stalingrado a la frontera de la España falangista que había enviado más de cien mil soldados a luchar contra la URSS. Ese año se estaba produciendo una operación de ese tipo.
El enemigo avanzaba tras las fuerzas de varias brigadas angolanas, golpeadas en las proximidades del objetivo adonde eran enviadas, a 1 500 kilómetros aproximadamente de Luanda. De allí venían perseguidas por las fuerzas sudafricanas en dirección a Cuito Cuanavale, antigua base militar de la OTAN, a unos 100 kilómetros de la primera Brigada de Tanques cubana.
En ese instante crítico el Presidente de Angola solicitó el apoyo de las tropas cubanas. El Jefe de nuestras fuerzas en el Sur, General Leopoldo Cintra Frías,  nos comunicó la solicitud, algo que solía ser habitual. Nuestra respuesta firme fue que prestaríamos ese apoyo si todas las fuerzas y equipos angolanos de ese frente se subordinaban al mando cubano en el Sur de Angola. Todo el mundo comprendía que nuestra solicitud era un requisito para convertir la antigua base en el campo ideal para golpear a las fuerzas racistas de Sudáfrica.
En menos de 24 horas llegó de Angola la respuesta positiva.
Se decidió el envío inmediato de una Brigada de Tanques cubana hacia ese punto. Varias más estaban en la misma línea hacia el Oeste. El obstáculo principal era el fango y la humedad de la tierra en época de lluvia, que había que revisar metro a metro contra minas antipersonales. A Cuito, fue enviado igualmente el personal para operar los tanques sin tripulación y los cañones que carecían de ellas.
La base estaba separada del territorio que se ubica al Este por el caudaloso y rápido río Cuito, sobre el que se sostenía un sólido puente. El ejército racista lo atacaba desesperadamente; un avión teleguiado repleto de explosivos lograron impactarlo sobre el puente e inutilizarlo. A los tanques angolanos en retirada que podían moverse se les cruzó por un punto más al Norte. Los que no estaban en condiciones adecuadas fueron enterrados, con sus armas apuntando hacia el Este; una densa faja de minas antipersonales y antitanques convirtieron la línea en una mortal trampa al otro lado del río. Cuando las fuerzas racistas reiniciaron el avance y chocaron contra aquella muralla, todas las piezas de artillería y los tanques de las brigadas revolucionarias disparaban desde sus puntos de ubicación en la zona de Cuito.
Un papel especial se reservó para los cazas Mig-23 que, a velocidad cercana a mil kilómetros por hora y a 100  —cien— metros de altura, eran capaces de distinguir si el personal artillero era negro o blanco, y disparaban incesantemente contra ellos.
Cuando el enemigo desgastado e inmovilizado inició la retirada, las fuerzas revolucionarias se prepararon para los combates finales.
Numerosas brigadas angolanas y cubanas se movieron a ritmo rápido y a distancia adecuada hacia el Oeste, donde estaban las únicas vías amplias por donde siempre los sudafricanos iniciaban sus acciones contra Angola. El aeropuerto sin embargo estaba aproximadamente a 300 —trescientos— kilómetros de la frontera con Namibia, ocupada totalmente por el ejército del Apartheid.
Mientras las tropas se reorganizaban y reequipaban se decidió con toda urgencia construir una pista de aterrizaje para los Mig-23. Nuestros pilotos estaban utilizando los equipos aéreos entregados por la URSS a Angola, cuyos pilotos no habían dispuesto del tiempo necesario para su adecuada instrucción. Varios equipos aéreos estaban descontados por bajas que a veces eran ocasionadas por nuestros propios artilleros u operadores de medios antiaéreos. Los sudafricanos ocupaban todavía una parte de la carretera principal que conduce desde el borde de la meseta angolana a Namibia. En los puentes sobre el caudaloso río Cunene, entre el Sur de Angola y el Norte de Namibia, comenzaron en ese lapso con el jueguito de sus disparos con cañones de 140 milímetros  que le daba a sus proyectiles un alcance cercano a los 40 kilómetros. El problema principal radicaba en el hecho de que los racistas sudafricanos poseían, según nuestros cálculos, entre 10 y 12 armas nucleares. Habían realizado pruebas incluso en los mares o en las áreas congeladas del Sur. El presidente Ronald Reagan lo había autorizado, y entre los equipos entregados por Israel estaba el dispositivo necesario para hacer estallar la carga nuclear. Nuestra respuesta fue organizar el personal en grupos de combate de no más de 1 000 —mil— hombres, que debían marchar de noche en una amplia extensión de terreno y dotados de carros de combate antiaéreos.
Las armas nucleares de Sudáfrica, según informes fidedignos, no podían ser cargadas por aviones Mirage, necesitaban bombarderos pesados tipo Canberra. Pero en cualquier caso la defensa antiaérea de nuestras fuerzas disponía de numerosos tipos de cohetes que podían golpear y destruir objetivos aéreos hasta decenas de kilómetros de nuestras tropas. Adicionalmente, una presa de 80 millones de metros cúbicos de agua situada en territorio angolano había sido ocupada y minada por combatientes cubanos y angolanos. El estallido de aquella presa hubiese sido equivalente a varias armas nucleares.
No obstante, una hidroeléctrica que usaba las fuertes corrientes del río Cunene, antes de llegar a la frontera con Namibia, estaba siendo utilizada por un destacamento del ejército sudafricano.
Cuando en el nuevo teatro de operaciones los racistas comenzaron a disparar los cañones de 140 milímetros, los Mig-23 golpearon fuertemente aquel destacamento de soldados blancos, y los sobrevivientes abandonaron el lugar dejando incluso algunos carteles críticos contra su propio mando. Tal era la situación cuando las fuerzas cubanas y angolanas avanzaban hacia las líneas enemigas.
Supe que Katiuska Blanco, autora de varios relatos históricos, junto a otros periodistas y reporteros gráficos, estaban allí. La situación era tensa pero nadie perdió la calma.
Fue entonces que llegaron noticias de que el enemigo estaba dispuesto a negociar. Se había logrado poner fin a la aventura imperialista y racista; en un continente que en 30 años tendrá una población superior a la de China e India juntas.
El papel de la delegación de Cuba, con motivo del fallecimiento de nuestro hermano y amigo Nelson Mandela, será inolvidable.
Felicito al compañero Raúl por su brillante desempeño y, en especial, por la firmeza y dignidad cuando con gesto amable pero firme saludó al jefe del gobierno de Estados Unidos y le dijo en inglés: “Señor presidente, yo soy Castro”.
Cuando mi propia salud puso límite a mi capacidad física, no vacilé un minuto en expresar mi criterio sobre quien a mi juicio podía asumir la responsabilidad. Una vida es un minuto en la historia de los pueblos, y pienso que quien asuma hoy tal responsabilidad requiere la experiencia y autoridad necesaria para optar ante un número creciente, casi infinito, de variantes.
El imperialismo siempre reservará varias cartas para doblegar a nuestra isla aunque tenga que despoblarla, privándola de hombres y mujeres jóvenes, ofreciéndole migajas de los bienes y recursos naturales que saquea al mundo.
Que hablen ahora los voceros del imperio sobre cómo y por qué surgió el Apartheid.





Fidel Castro Ruz
Diciembre 18 de 2013
8 y 35 p.m.

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