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lunes, 16 de mayo de 2016

Desmonte de la integración regional

Tomado de ALAI Agencia Latinoamericana de Información
Por Emir Sader.

El ministro de economía de Argentina, Alfonso Prat-Gay, ha declarado que los cambios políticos en Brasil son “una buena oportunidad para refundar el Mercosur”. La coincidencia de gobiernos que plantean el restablecimiento del modelo neoliberal, con su política de apertura de los mercados y reacercamiento con los países del Norte, especialmente con los EEUU, posibilitaron promover el desmonte de los procesos de integración regional.

Esos procesos han tenido un momento decisivo cuando EEUU y Brasil estaban listos para concluir el proyecto del ALCA, que transformaría al continente en una inmensa área de libre comercio, comandada por la economía norteamericana. Sería la extensión hacia toda la región de lo que se estaba poniendo en práctica en México. (Los balances de los 20 años del Tratado entre EEUU, Canadá y México han revelado ser altamente negativos para este último. Era lo que nos aguardaba.)

La victoria de Lula en 2002 ha permitido que Brasil rompiera con ese proyecto, bajo la dirección de Celso Amorim en la política externa brasileña y abriera el camino hacia el fortalecimiento de los procesos de integración existentes y hacia la construcción de otros espacios de integración. Fue así que del fortalecimiento del Mercosur se avanzó hacia la fundación de Unasur, con su Consejo Suramericano de Defensa, el Banco del Sur, entre otros organismos, y que desembocara en la Celac, que cerraba definitivamente con la vigencia de la Doctrina Monroe, para que América Latina y el Caribe tuvieran finalmente un organismo propio de integración, separada de la OEA, donde la presencia de EEUU y Canadá descaracterizaban esa integración.

Nunca EEUU habían estado tan aislados en el continente como han estado hasta aquí en este siglo. Al mismo tiempo, América Latina había cambiado su inserción internacional, especialmente los países que han empezado a salir del modelo neoliberal. La prioridad de esos países pasó a ser la integración regional y el intercambio Sur-Sur y no los Tratados de Libre Comercio con los EEUU.

Esa nueva inserción ha permitido una integración más grande entre nuestras economías, a la vez que nos permitió resistir en mejores condiciones a los impactos de la prolongada y profunda crisis recesiva internacional.

El intercambio regional, la intensificación del comercio con China y la extensión y profundización del mercado interno de consumo popular fueron claves en esa resistencia a la recesión, que en otras condiciones nos habría llevado a la peor recesión de nuestra historia.
El cambio de gobierno en Argentina y ahora en Brasil es la oportunidad tan aguardada por los EEUU para la ruptura de su aislamiento en América Latina. El viaje de Obama a Argentina y su identificación con el proyecto neoliberal del gobierno Macri revela los objetivos centrales de EEUU en la región. El silencio cómplice de Obama respecto al golpe en Brasil confirma el regocijo de Washington con esa posibilidad.

La declaración del ministro de economía de Argentina coincide con las posiciones del nuevo ministro de relaciones exteriores de Brasil, conocido por sus citicas a la política exterior brasileña. Su obsesión con la entrega del petróleo brasileño a las grandes empresas petrolíferas internacionales ha llevado a José Serra, candidato a la presidencia de Brasil en el 2010, a realizar una reunión que debiera haber sido clandestina, con representantes de las más grandes empresas internacionales de petróleo, en Foz de Iguazú, prometiendo entregarles el proyecto del Pre-sal.

¿Qué significaría “refundar el Mercosur”?  La derecha siempre ha querido, sin terminar con el Mercosur, abrir espacios para acuerdos bilaterales de libre comercio con los EEUU. Este es el objetivo central de esa “refundación”. Por ahora, se anuncia el rebajamiento del perfil del Mercosur, con la agilización de los acuerdos con la Unión Europea y de intercambios con la Alianza para el Pacifico. Pero la firma de acuerdos bilaterales con EEUU es el objetivo mayor de esa llamada refundación.

Sería el comienzo del desmonte de los procesos de integración regional, debilitando al Mercosur, a Unasur y a Celac. La estrecha alianza entre los gobiernos de Brasil y de Argentina, establecida por Lula y por Néstor Kirchner, y continuada por Dilma y por Cristina, fue el eje a partir del cual esos procesos de integración se han desarrollado. Ahora se trataría de, a partir de la reversión de los gobiernos de esos países, revertir ese proceso, promoviendo un nuevo proceso de norteamericanización de la región, con un cerco todavía más grande a países como Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Esa reversión conservadora depende de la fuerza que pueda tener el gobierno golpista brasileño. Por el momento, parece no disponer fuerza suficiente para un período largo y grandes trasformaciones. De ahí la importancia todavía más grande de la lucha de resistencia de los brasileños en la conquista de nuevas elecciones, que deslegitimen definitivamente el gobierno de Temer y permitan al pueblo brasileño volver a definir su destino democráticamente, incluida la inserción internacional de Brasil, entre la integración regional y el intercambio Sur-Sur o el viejo destino de “patio trasero” del Imperio.

Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Agencia Latinoamericana de Informacion
email: info@alainet.org

viernes, 6 de noviembre de 2015

Cuando Latinoamérica enterró el ALCA

En la Cumbre de los Pueblos de Mar del Plata, Argentina, se enterró el proyecto del ALCA. Foto: TÉLAM
Tomado de TriContinental
Por Laura Bécquer Paseiro.

Alca, alca, alcarajo; así grita América Latina y manda lejos el proyecto hegemónico de Estados Unidos. Sesiona la Cumbre de los Pue­blos en el balneario de Mar del Plata, Argentina, los días 4 y 5 de noviembre del 2005. Los presidentes Lula, Chávez y Kirchner recogen en una frase el desespero de una región que no quiere ni puede permitirse más dominación, que entiende de una vez que no es posible una relación de iguales con su poderoso vecino del Norte, dado su imaginario de potencia.

América Latina, el espacio neocolonial más cercano de Washington, comprende que las po­líticas de ajuste de los modelos de Bretton Woods tienen que sustituirse por otras más inclusivas; que la única vía para desterrar el subdesarrollo es aliarse regionalmente. Es por ello que clama unánime por vetar la propuesta estadounidense de expandir un mercado abierto, desregulado, privatizador, recogidos en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Esa nueva versión de la Alianza para el Progreso de la década del 60 del pasado siglo  se gesta en Miami en 1994 como una expansión del Tra­tado de Libre Comercio de Nor­teamérica (NAFTA, en inglés, integrado por Estados Unidos, Canadá y México).

Washington defiende su mercado y lo propaga amparado en la doctrina del neoliberalismo. Una estrategia comercial con un fuerte trasfondo de dominación política. El auge de la globalización lo erige como adalid de la competencia desleal entre los países, una herencia devastadora que aún se siente en las principales economías locales. Esa estrategia genera las mayores desigualdades en una de las regiones más ricas del planeta.

Es por ello que a nombre de todo un continente el presidente argentino, Néstor Kirchner, se levanta en la sesión plenaria y exclama que “nuestros pobres, nuestros excluidos, nuestros países, nuestras democracias, ya no so­portan más que sigamos hablando en voz baja; es fundamental hablar con mucho respeto y en voz alta, para construir un sistema que nos vuelva a contener a todos en un marco de igualdad y nos vuelva a devolver la esperanza y la posibilidad de construir obviamente un mundo distinto y una región que esté a la altura de las circunstancias que sé que los presidentes desean y quieren”.

Luego, el mandatario venezolano, Hugo Chávez, dice en el encuentro con movimientos sociales que “hemos traído una pala porque aquí en Mar del Plata está la tumba del ALCA”. Alerta, sin embargo, que eso no significa que el capitalismo esté muerto.

Fidel, por su parte,  alerta el alcance nefasto del ALCA para los pueblos y anuncia un movimiento en el hemisferio en contra de la propuesta estadounidense de libre comercio y la necesidad de detenerla. La alternativa ya estaba puesta sobre la mesa: el ALBA-TCP.

La región escucha e inicia un proceso para desconectarse de los centros financieros de poder económico e impulsar los suyos propios, redistribuye la riqueza, busca nuevas vías de integración puramente regional, afianza el papel del Estado, promueve la unión cívico-militar en instituciones que forman ejércitos alejados de la Escuela de las Américas, ve en el campo la fuente primaria para sus ingresos. Mar del Plata quiebra la historia en dos. Hay un antes y un después. Como resultado, la región pasa de líderes títeres a intereses ajenos a otros que salen del pueblo y que tienen como guía la doctrina emancipadora de los próceres.

América Latina deja atrás la década perdida pero se adentra en otra más compleja. El neoliberalismo sigue presente aunque más solapado. Nuevos acuerdos en el espacio geográfico del Pacífico pretenden compensar el fracaso del Alca y muestran que Estados Uni­dos sigue presionando. Ya han pasado diez años del histórico “al carajo”, mas las amenazas permanentes a los gobiernos progresistas, el rejuego de los precios de las materias primas, la cobertura desmedida a los fondos especulativos contra la soberanía económica de los países, entre otros ejemplos, siguen dañando la región.

EVENTO HEMISFÉRICO EN CUBA

Del 20 al 22 de noviembre próximos tendrá lugar en el Centro de Convenciones de Co­jímar en la capital cubana el encuentro hemisférico Derrota del ALCA 10 años después para conmemorar la década del enterramiento del proyecto de Estados Unidos en la región.

Los organizadores del evento dieron a co­nocer en rueda de prensa que al menos 200 representantes de movimientos sociales y or­ganismos internacionales participarán en la cita, la cual incluye paneles para debatir temas como los procesos de integración y el co­mercio regional actual, el reciente Tratado Transpacífico y el estado de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, entre otros.

Uno de los objetivos del evento es replantear estrategias de acción para fortalecer la mo­vilización y la resistencia regional ante la política hegemónica y la contraofensiva reaccionaria del gobierno estadounidense, comentó Lourdes Cervantes, directora en Cuba de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina.

El Área de Libre Comercio de las Américas fue el proyecto estratégico de Estados Unidos más importante luego de la caída del muro de Berlín y de la Unión Soviética en 1989 y 1991, respectivamente, dijo por su parte, Joel Suá­rez, coordinador del Centro Martin Luther King.

El encuentro hemisférico está convocado además por organizaciones cubanas como la CTC, la FMC, la FEU y la ANAP, entre otras, según los organizadores.

domingo, 22 de marzo de 2015

No habrá sorpresas, se abre el debate

VII Cumbre de Las Américas.
VII Cumbre de Las Américas.Autor: Cartel del evento
Por vez primera no hay exclusión alguna, pero mientras algunos consideran que pueden hacer de ella una trampa, para otros, la gran mayoría, será la oportunidad de hablar en común y decir las verdades de Latinoamérica y el Caribe.

Tomado de Juventud Rebelde.
Por Juana Carrasco Martín.

En su génesis estuvo la intención de Estados Unidos de implementar el enyugamiento continental a través del Área de Libre Comercio de las Américas, la archifamosa ALCA que pocos años después, tras enconada batalla de los pueblos, quedara definitivamente enterrada en una fría y lluviosa tarde de Mar del Plata, en la que George W. Bush, el hijo, hubo de retirarse derrotado.

Fue la Organización de Estados Americanos la que auspiciara el primer encuentro —del 9 al 11 de diciembre de 1994—, en Miami, la ciudad adonde llevaron el propósito de una estrategia común para resolver los problemas de la zona, según se dijo, a sabiendas de que uno de esos «problemas» era Cuba, condenada al ostracismo el 31 de enero de 1962 por una OEA genuflexa que ahora volvía a excluir.

Desde entonces, se sucedieron las reuniones de los Jefes de Estado o de Gobierno de 34 países del Hemisferio Occidental, bajo la sombrilla de Washington, cada vez en una ciudad diferente de la región:

Del 7 al 8 de diciembre de 1996, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, la que llamaron Cumbre de las Américas sobre Desarrollo Sostenible, y la II Cumbre de las Américas en Santiago de Chile, los días 18 y 19 de abril de 1998, transcurrieron con la habitual calma protocolar de quienes buscaban lazos económicos más estrechos, pero también más dispares y propicios para mantener el traspatio.

La cita tuvo su edición III del 20 al 22 de abril de 2001, en Québec, Canadá. Todo parecía igual, pero algo se movía en el lado sur. Un Presidente de nuevo tipo en Venezuela, alteraba el orden establecido. Hugo Chávez Frías cuestionaba la ausencia premeditada de Cuba y también los objetivos e intenciones verdaderas del ALCA.

En Monterrey, México, ocurría el 12 y 13 de enero de 2004, otra Cumbre Extraordinaria de las Américas. No acababa de implementarse el ALCA y la fecha propuesta tenía como meta enero de 2005; sin embargo, se llegó a la IV Cumbre de las Americas, el 4 y 5 de noviembre de 2005, en la ciudad argentina de Mar del Plata y allí el tiro le salió por la culata a los despropósitos imperiales.

Se entierra el ALCA. Nace el ALBA

Presurosos en ejecutar su planificación, y a pesar de una agenda inicial programada por el Gobierno del presidente Néstor Kirchner, Bush y su aliado Canadá, presionaron para desviarla hacia la aprobación del Área de Libre de Comercio de las Américas.

La convocatoria argentina era bien diferente: llevaba como temas los principios de libertad, justicia, seguridad y protección social; promover más y mejores empleos; combatir la desigualdad, la pobreza, el hambre y la exclusión; el acceso a los servicios de salud y a la educación básica de calidad; erradicar el trabajo infantil; darle oportunidades a minorías, pueblos indígenas, afrodescendientes, personas con discapacidad, a jóvenes y a los de la tercera edad, entre otras preocupaciones comunes en el continente.

La tranquila ciudad del Atlántico porteño se volvió tensa y en las calles se protagonizaron por igual protestas violentas y marchas pacíficas pero de resistencia enérgica de los actores sociales a la polémica presencia del ejecutor de las guerras de Iraq y Afganistán. Resonaron las consignas No a Bush y No al ALCA y realzó el apoyo a la Alternativa Bolivariana para América, el nombre primigenio del ALBA, alianza integracionista creada en La Habana, el 14 de diciembre de 2004, por los Comandantes Fidel y Chávez.

Cómo olvidar aquellos días de batallar popular, cuando al protagonismo de los miles que tuvimos la oportunidad de participar en la anticumbre o III Cumbre de los Pueblos —y entre ellos el entonces líder indígena boliviano Evo Morales, se unieron las voces de Néstor Kirchner, Hugo Chávez Frías, Luiz Inacio Lula Da Silva y Tabaré Vázquez, desde los salones rodeados de las más extremas medidas de seguridad que cerraron 250 manzanas de Mar del Plata para quienes no fueran residentes o periodistas debidamente acreditados.

En las Cumbres… se abrió una brecha. El ALCA pasó a formar parte de archivos polvorientos y el Consenso de Washington entró en desacuerdo y desuso. Mientras, el ALBA comenzó a levantar a pueblos y despertó Gobiernos nuevos… En abril de 2006 se sumó la Bolivia presidida ya por Evo Morales, en 2007 Nicaragua, en 2008 Honduras, en 2009 Ecuador. Antigua y Barbuda, Dominica y San Vicente y las Granadinas se unieron entre 2008 y 2009. (Y unos años después, entre 2012 y 2014 cerraron filas en el ALBA Santa Lucía y Suriname, Granada y San Cristóbal y Nieves).

Cuba asoma en la grieta de las cumbres

La Cumbre de las Américas volvió a ser convocada para Puerto España, Trinidad y Tobago, del 17 al 19 de abril de 2009. Una vez más se reunieron los 34 países; sin embargo, Cuba, excluida por la obcecada visión washingtoniana, vino a ser la presencia fantasmagórica. El tema de la V Cumbre fue «Asegurar el futuro de nuestros ciudadanos mediante la promoción de la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental».

El cambio de correlación en la región impuso agenda. A la nueva administración estadounidense, la de Barack Obama, se le solicitó por los líderes nuestroamericanos la eliminación del bloqueo contra Cuba, y es bueno recordar el gesto de Chávez regalándole a Obama un libro que le permitiera comprender a Latinoamérica y el Caribe: Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano.

Tres años después, la VI Cumbre de las Américas, se celebró en Cartagena de Indias, Colombia, el 14 y 15 de abril de 2013, en medio de un cordón de seguridad de 8 000 policías y un despliegue de cámaras y robots de vigilancia para garantizar «el normal desarrollo del encuentro continental», decían informaciones de entonces.

El lema era bien corto: «Conectando las Américas: Socios para la prosperidad», que quizá hacía recordar un poco al ALCA. Sin embargo, la canciller colombiana, María Ángela Holguín, apuntaba: «Hay otros temas que con seguridad se van a tratar. El tema de la presencia de Cuba en la Cumbre de las Américas, igualmente el tema de drogas» (…) «que no es un tema del que todo el mundo quiera hablar», aseveraba sobre las drogas.

Desde el 15 de enero de 2012, los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América, ALBA, gestionaron la inclusión de Cuba en esta cumbre, pero se dijo que esta había llegado tarde.

La exclusión de Cuba se convertía en punto neurálgico cuando a pocos días de la VI Cumbre, el presidente ecuatoriano Rafael Correa anunciaba al mandatario colombiano Juan Manuel Santos que no asistiría a ninguna Cumbre de las «Américas» mientras existiera el intencional e injustificado rechazo de países dominantes a Cuba (clara alusión a Estados Unidos y Canadá). Similar posición tomó el presidente nicaragüense Daniel Ortega, quien además adujo en menor medida el conflicto territorial con Colombia.

El Presidente anfitrión en Cartagena de Indias calificó la política del bloqueo como «un anacronismo en pleno siglo XXI» y la mayoría de los presentes exigieron al presidente Barack Obama el fin del bloqueo.

Una América Latina y el Caribe donde prevalece las intenciones de cada vez mayor identidad y unidad transformaron las condiciones, cada vez más favorables a la presencia cubana como nación parte de la región.

El surgimiento de nuevos bloques integracionistas y el fortalecimiento de otros —como ALBA, Celac, Unasur, Mercosur y Caricom— en detrimento de la OEA bajo la égida norteña, puso énfasis en el reconocimiento de Cuba. Washington no pudo resistirse a esa presión, acompañada por la comunidad internacional que ya en 23 ocasiones ha aprobado la Resolución de la Asamblea General de la ONU que lo condena.

El pasado 17 de diciembre, el Presidente Obama reconoció el fracaso de la política contra Cuba que han estado aplicando por más de 50 años y que, de hecho, los llevó al aislamiento en el Hemisferio. Sin embargo, todavía mantiene el bloqueo y la injustificable inclusión de la Isla en la Lista de Países Patrocinadores del Terrorismo Internacional.

En cuanto a las Cumbres de las Américas, comienza a hacerse justicia obligada por la circunstancia de lo que el presidente Correa llamó «un cambio de época». El país istmeño, sede de la VII Cumbre de las Américas, invitó a Cuba que estará presente allí del 10 al 11 de abril de 2015 en la Ciudad de Panamá, con una delegación encabezada por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz.

Cuba tiene mucho que decir y compartir en el tema central de la VII Cumbre de las Américas, que por primera vez contará con los 35 países del continente: «Prosperidad con Equidad: El Desafío de Cooperación en las Américas», con sus ocho ejes temáticos: salud, educación, seguridad, migración, medio ambiente, energía, gobernabilidad democrática y participación ciudadana.

También estará la presencia de la sociedad civil cubana y delegaciones en los cuatro Foros paralelos que «complementarán los mandatos para la acción de los Jefes de Estado de la Cumbre»: el Foro de la Sociedad Civil y Actores Sociales; el Foro Empresarial; el Foro de Rectores, de las universidades más prestigiosas del hemisferio, y el Foro de Jóvenes de las Américas.

Por otra parte, la Cumbre de los Pueblos se hará sentir con la voz de quienes luchan por la justicia social, han respaldado siempre a Cuba y en esta ocasión levantarán fuerte y enérgicamente la solidaridad con la Venezuela bolivariana, agredida y calumniada por Washington.

A no dudarlo, Panamá será el escenario de una confrontación de ideas, de posiciones, de visiones y de modelos en una región que es aún la más desigual del planeta.

El Presidente de Cuba afirmó el pasado 28 de enero en la Cumbre de la Celac: «La situación actual abre, modestamente, una oportunidad al hemisferio de encontrar nuevas y superiores formas de cooperación que convienen a las dos Américas. Ello permitiría resolver acuciantes problemas y abrir nuevos caminos».

Aunque advirtió: «La voz de Cuba defenderá sin descanso las causas justas y los intereses de los países del Sur y será leal a sus objetivos y posiciones comunes sabiendo que Patria es Humanidad. La política exterior de la Revolución Cubana seguirá siendo fiel a sus principios».

lunes, 30 de septiembre de 2013

EEUU, Chile y la estrategia contra la integración latinoamericana

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Sebastián Piñera y Barack Obama, presidentes de Chile y Estados Unidos, respectivamente.
Tomado de ContraInjerencia
Por Anibal Garzón.



América Latina está viviendo un momento esencial, la institucionalidad de su integración regional. A pesar de instalarse varios proyectos históricos en el continente americano a nivel micro, como el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), la Comunidad Andina (CAN) o el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), entre otros, solo uno ocupaba toda la región continental, la Organización de Estados Americanos (OEA), fundada en 1948, aunque Cuba fue expulsada el 31 de enero de 1962, “en la octava reunión de consulta de ministros de relaciones exteriores de la OEA”, tras declarase un estado socialista en 1961.

Este fue un indicador sobre que la OEA no era una estructura horizontal y democrática sino que justamente fue creada al inicio de la Guerra Fría por parte de Estados Unidos para hacer frente al “fantasma del comunismo” y continuar con su escena imperialista de la “Doctrina Monroe” y “el Corolario 1904”, donde se confirma en este último guión que si un país americano amenazaba los derechos o propiedades estadounidenses el mismo gobierno estaba obligado a intervenir.

La llegada a la presidencia venezolana en enero de 1999 del recién difunto expresidente Hugo Rafael Chávez Frías dio un giro en la relación asimétrica entre Norteamérica y Latinoamérica. La tesis histórica de Simón Bolívar sobre la unión latina de los estados iniciaba su puesta en práctica casi 200 años después. El pragmático Chávez no buscaba simplemente una microintegración de gobiernos progresistas, como el de Ecuador, Cuba, Nicaragua o el Estado Plurinacional de Bolivia con la conformación del organismo de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), sino la unificación de todos los estados de América Latina a favor de la soberanía de cada uno de ellos para hacer frente a la injerencia de los Estados Unidos. El año 2011 pasó a la historia con la fundación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), organismo que paralelamente planta cara a la creciente deslegitimación de la OEA y Estados Unidos. Pese a que todos los estados latinoamericanos y caribeños se han integrado en este nuevo organismo regional, esto no quiere decir que todos los miembros actúan políticamente en una misma dirección a favor de la integración contra las injerencias de Estados Unidos y sobre todo por la soberanía nacional.

El giro permanente de la República de Chile

Justamente, el estado chileno es un caso particular. Un caso que tiene su contexto histórico propio. En 1969 se firmó, entre Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile, el Acuerdo de Cartagena para fundar el Pacto Andino, lo que es en el presente la CAN. La función de este organismo interestatal era unirse para impulsar un desarrollo productivo en cada nación gracias a la libre circulación de mercancías de origen andino en un mercado pluriestatal y a la vez ampliar los aranceles para los productos externos, es decir, en definitiva, constituir una economía conjunta proteccionista. Después del golpe de estado del dictador Augusto Pinochet hace 40 años, el camino de Chile cambió su rumbo. El régimen militar de Pinochet sacó a Chile de la CAN en 1976 por una principal incompatibilidad con el organismo, la soberanía nacional.

El fascismo chileno no estaba inspirado en el fascismo clásico europeo de Hitler, Mussolini o Franco, en lo referente al proteccionismo autárquico económico, sino todo lo contrario, a la apertura de su economía a la liberalización internacional mediante un sin fin de privatizaciones [1] que derrumbaban todos los logros socialistas conseguidos por el expresidente Salvador Allende. Un modelo iluminado bajo la tesis del ultraneoliberal norteamericano Milton Friedman ya que asesoraron al régimen chileno sus discípulos economistas llamados “Chicago Boys”.

En Chile, como jamás ocurrió un proceso de transición política estructural con la implementación de una nueva Asamblea Constituyente después de la derrota de Pinochet en el plebiscito nacional de 1988, el neoliberalismo continúa en plena acción actualmente afectando la soberanía nacional del país, pese a la latencia del actual gobierno de Sebastián Piñera. Justamente el Presidente, en las replicadas confrontaciones recientes a causa del conflicto de la salida marítima de Bolivia – un conflicto que se arrastra desde la Guerra del Pacífico en 1879 – como el caso de los tres militares bolivianos retenidos en la ciudad chilena de Iquique el pasado mes de febrero, afirmó en dirección al primer mandatario boliviano que “Chile no le va a entregar soberanía ni territorio chileno a Bolivia”[2]. Soberanía nacional consiste en tener autonomía y el poder independiente en un país en concreto, algo que de tanto intenta presumir Piñera sobre Bolivia mientras oculta con este discurso las directrices a las que se somete Chile por parte de otros actores internacionales, concretamente el gobierno de los Estados Unidos.

El vínculo entre Estados Unidos y Chile

La íntima relación, las últimas décadas, entre Estados Unidos y Chile no ha sido oculta. El gran desfase inicial fue la cooperación del estado norteamericano y su aparato de inteligencia de la CIA con la implementación del golpe de estado de Pinochet contra el gobierno democrático socialista de Allende y toda la represión deshumanizada que ello conllevó[3]. Además, Estados Unidos estuvo aliado al régimen militar en su lucha contra todos los movimientos clandestinos de izquierda en Chile, y en toda América Latina en lo que se llamó la Operación Cóndor. Esta operación se cofundó en Santiago de Chile en 1975 por Manuel Contreras, jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), en coordinación con las dictaduras militares de Uruguay, Paraguay, Brasil, Argentina, y Bolivia.

En la actualidad las condiciones han cambiado, caminando las Américas hacía una democratización. Como hemos señalado al inicio, Estados Unidos quiere hacer frente a esa nueva estrategia regionalista y soberana de América Latina que impulsó Chávez, no solamente por el nacimiento de gobiernos de izquierdas con expectativas anticapitalistas sino por el crecimiento de gobiernos antineoliberales progresistas con desarrollismo nacional, como el caso de las potencias de Brasil, Argentina, que se unieron en la IV Cumbre de las Américas para decir “No” al proyecto asimétrico de libre mercado que quería Estados Unidos implementar en todo el continente americano, el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Por ello, que mejor que utilizar sus satélites históricos, entre ellos Chile, para hacer frente al proteccionismo.

De unipolar a multipolar

Actualmente está en tensión el debate sobre la existencia de un mundo unipolar, con la hegemonía de los Estados Unidos, o la existente de un mundo multipolar con la presencia de potencias como China, Rusia, Brasil, entre otras. Parece ser que Estados Unidos ha perdido hegemonía en su principal histórico patio trasero, América Latina. Según un estudio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), justamente después de la crisis económica financiera de 2008, en 2009 las exportaciones de América Latina a China aumentaron un 5% mientras que hacia Estados Unidos y Europa cayeron un 26 y 28% respectivamente. El crecimiento económico de China, de 8,7% en 2009, seguía demandando materias primas para la posterior elaboración de sus productos manufacturados, mientras la crisis norteamericana y europea reducía esta demanda, y complementariamente América Latina iniciaba la compra, por calidad y precio, de estos productos manufacturados a China.  Es decir, se proyectaba un nuevo proceso de cooperación comercial directa entre América Latina y China. América Latina, a inicios del siglo XXI, exportaba el 60% de su producción a Estados Unidos, cerca del 12% a Europa, y un 1% a China, mientras que 9 años después, en 2009, a Estados Unidos el 38,6%, a Europa el 13,8%, y a China el 7,6%. Y en caso de las importaciones, Estados Unidos pasó del 50% al 33,1%, la Unión Europea de cerca del 13% al 14,7%, y China, de ser casi nulo, con cerca del 1% al 9,5% en menos de 10 años [4].

Uno de los sujetos esenciales en esta saliente cooperación sur-sur es Brasil, un nuevo gigante internacional como economía emergente,  pasando a ser a finales de 2011 la sexta economía mundial según el Centro de Investigaciones Económicas y Negocios (CEBR en inglés)[5]. El comercio entre China y Brasil ha crecido abismalmente los últimos años, por ello nació, entre otros casos, una nueva estructura en el regionalismo internacional que se llama BRICS, el cual aglutina a los principales países que presentan un mayor crecimiento del PIB a nivel mundial; Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y que a la vez, no pertenecen a la entidad neoliberal liderada por Estados Unidos y Europa, donde también la integra Chile, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). China actualmente le compra casi el 20% del total de las exportaciones de Brasil, principalmente materias primas, y a inicios del siglo XXI no llegaba ni al 2%. Por el contrario Brasil le compra actualmente a China un 30% de total de lo que importa en su totalidad, siendo hoy día China y Brasil el corredor más importante de las transacciones globales [6].

El Corredor Bioceánico 

Según las condiciones físicas continentales China y Brasil no tienen una buena conexión, efecto que complica y encarece su comercio bilateral. Ya no solamente por su lejanía sino por las malas infraestructuras comunicativas terrestres que hay en Sudamérica para cruzar desde el Océano Atlántico brasileño a la costa pacífica. Como primera repuesta, salió a la luz el proyecto del “Corredor Bioceánico de Capricornio” en 1992 para unir la ciudad brasileña de Santos con la chilena de Antofagasta. En ese momento Brasil ya veía el mercado asiático como una meta esencial para su crecimiento económico. Finalmente, el proyecto pasó de ser una idea a un hecho, paralelamente al crecimiento comercial constante de Brasil con China, y en 2007 el presidente brasileño Lula, el boliviano Evo Morales y la mandataria chilena Michelle Bachelet, lanzaron el plan tripartito para la construcción de los últimos tramos del corredor y unir finalmente Santos con los puertos de Arica e Iquique, atravesando Bolivia de un extremo a otro.

A pesar de las históricos pugnas entre Bolivia y Chile desde la Guerra del Pacífico (1879-1883), el reinicio de negociaciones entre los dos estados en 2006 con la llamada “Agenda de los 13 Puntos”, donde se retomaban conversaciones sobre la salida al mar de Bolivia, llevó a institucionalizar una relación bilateral ausente durante décadas. Más allá de que no se avanzará mucho pragmáticamente en la negociación, los pequeños logros de confianza conseguidos se desvanecieron con la ruptura de relaciones entre los dos estados en 2011, donde Chile tuvo un cambio de gobernante, de la líder de la Concertación, Bachelet, al conservador y líder de Renovación Nacional, Sebastián Piñera. El crecimiento de la tensión diplomática entre Chile y Bolivia llevó a que finalmente, por decisión de Evo Morales, el corredor bioceánico ya no acabase su destino en las costas chilenas de Tarapacá sino en el puerto peruano de Ilo. El corredor espera ser inaugurado en San José de Chiquitos, en un futuro próximo cercano, departamento boliviano de Santa Cruz de la Sierra, con la presencia de Evo Morales, la mandataria brasileña Dilma Rousself y veremos si acude el presidente peruano Ollanta Humala y la futura presidenta que gane las elecciones chilenas el próximo mes de noviembre.

La desintegración de las Américas y los costes en Tarapacá

La región de Tarapacá, con su capital, Iquique, situada al norte de Chile, es una zona que tiene un elevado comercio histórico con los países fronterizos, Bolivia y Perú, principalmente por las reexportaciones que se iniciaron en 1975 mediante la Zona Franca de Iquique. Tarapacá no solamente tiene como fuente de ingresos las exportaciones de minería, principalmente, a países europeos, Norteamérica o estados asiáticos, sino también haciendo de puente su puerto entre productos asiáticos y latinoamericanos. Según estadísticas de 2003 [7], la región de Tarapacá exportó un total de mercancía con valor de 1.913 millones de dólares, siendo 1.209 millones exportaciones de productos nacionales chilenos y 704 millones corresponde a envíos al exterior de productos no producidos en Chile, como por ejemplo, productos de China hacia Bolivia. Los principales productos exportados son cobre, harina, aceite de pescado, yodo, vehículos, y sal, siendo el 95% de exportaciones lideradas por 12 empresas mineras y 2 de harina de pescado [8]. En el caso de los países vecinos, Perú, Brasil, Bolivia, es muy distinto si se consideran solamente los productos originarios de Chile o si se incluyen las reexportaciones de productos extranjeros comercializados por la zona franca. Justamente las exportaciones directas de Chile fueron el 4,3% de su total a Bolivia, Perú y Brasil, pero de las reexportaciones se consideró un total de 460,3 millones en 2003, es decir, el 65% de todas las ventas extranjeras, siendo Bolivia el principal mercado con 39,3% [9], principalmente por la compra de combustibles y lubricantes. En definitiva, un mecanismo de comercio de gran trascendencia en Tarapacá son las reexportaciones de Chile a Bolivia mediante el puerto de Iquique como punto intermedio transcontinental entre Asia y América. Las mismas instituciones públicas locales de Iquique y las regionales de Tarapacá, además de su población local como mano de obra en comercio, logística o transporte de mercancía, entre otras, se benefician de este mercado binacional fronterizo. Un beneficio que puede ser vaporeado por las posturas centralistas y transnacionales de Sebastián Piñera.

El último estrecho del Corredor Binacional que finalmente irá desde Bolivia al puerto peruano de Iló, y no hacía el iquiqueño, no solamente afectará el comercio reexportador de Chile con Bolivia, mediante el traspaso de productos asiáticos, sino también de Chile con Brasil, el gigante latinoamericano que estabiliza su fuerte mercado con China. La pérdida de beneficios económicos que padecerá Tarapacá será una dura consecuencia que Piñera someterá al pueblo local, y en general a la economía chilena nacional, en beneficio de una postura política simplista vinculada a la estrategia mundial de los Estados Unidos, de impedir la integración latinoamericana como soberanía de los pueblos, el comercio entre pueblos vecinos, como el crecimiento del los vínculos comerciales entre países del sur, como China o Brasil, que conforman la BRICS, el frente contra la OCDE. Por ello, mientras Piñera prefiere seguir en conflicto con Bolivia desde su despacho en Santiago de Chile rompiendo la unidad regional latinoamericana que tanto desfavorece los intereses de Washington, y utilizando oraciones demagógicas en defensa de la “soberanía de Chile”[10], se olvida traicioneramente de la verdadera soberanía del pueblo de Tarapacá para decidir el destino de su desarrollo regional. Contrariamente, como substitución, y presión, de este fraccionamiento de Piñera en la integración continental, Bolivia ha fortalecido los lazos con el gobierno de Ollanta Humala para emigrar su comercio de Chile a Perú y se ha pactado bilateralmente iniciar la construcción de un ferrocarril bioceánico en 2015. Previamente el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde China ingresó como donante a inicios de 2009, otorgó un crédito de 6,4 millones de dólares para realizar el estudio básico del tren bioceánico que creará las bases para su licitación, midiendo el impacto ambiental y las características técnicas. El proyecto conectará la ciudad peruana marítima de Puerto Illo con la boliviana oriental de Puerto Suárez, con un costo aproximado de 2.500 millones de dólares [11].

Más allá del debate histórico de la salida al mar de Bolivia, polémica que no hay que dejar de lado en la diplomacia, existe una partida de ajedrez esencial entre la unión  soberana de Latinoamérica y los mandamientos del imperio con sus peones. Mientras Bolivia sigue con su rol estratégico integracionista latinoamericano, y su puente entre el comercio bilateral entre China y Brasil, Chile, como peón, intenta romper ese proyecto de unidad latinoamericana y generar incomodidades en la BRICS a favor de la OCDE, utilizando a Bolivia como enemigo por la negación de todo tipo de negociación en la concesión marítima. La estrategia insuficientemente soberana del gobierno de Piñera de marcar fronteras entre Bolivia y Chile por intereses trasnacionales en la nueva multipolaridad conlleva principalmente a la ausencia y sufrimiento del pueblo chileno de Tarapacá.



[1] Según una Comisión de Investigación del Parlamento chileno desde el inicio de la dictadura hasta 1990 se vendieron 725 macroempresas estatales a un precio irrisorio. Ver http://elchileno.cl/world/nacional/841-las-privatizaciones-de-la-dictadura.html
[2] Nota de prensa:
[3] Ver afirmaciones de la injerencia de Estados Unidos en Chile:
[4] Ver datos económicos.
[5] Nota de prensa:
[7] Estos datos, algo caducos, en la actualidad habrán tenido un crecimiento considerable al presentarse, como hemos citado anteriormente, un aumento del comercio entre América Latina y China entre 2000 y 2009. Pasando las exportaciones de América a China del 1% en el 2000 al 7,6% en 2009. Y las importaciones de 1% al 9,5%.
[8] Información estadística de Tarapacá:
[10] Nota de prensa:
[11] Nota de prensa:
* Sociólogo y licenciado en estudios internacionales sobre América Latina por la UAB. Master en Desarrollo Internacional por la UPC. Experiencias de trabajo de campo en países como Argentina, Cuba, selva colombiana, Venezuela en el barrio 23 de Enero, Angola, El Alto (La Paz-Bolivia), consultor en proyectos de educación en Ecuador, Perú y Bolivia, y actualmente consultor en Chile. Colaboró en Cubainformacion y fue miembro de la corresponsalía sobre América Latina en el Setmanari catalán El Triangle, forma parte del consejo editorial del semanario boliviano La Epoca, y perteneció a la corresponsalía en Bolivia del canal  HISPAN TV siendo actualmente analista internacional.

martes, 29 de enero de 2013

La CELAC ha surgido sobre el acervo de doscientos años de lucha por la independencia y se basa en una profunda comunidad de objetivos.



Intervención del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba en la Primera Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), Santiago de Chile, 28 de enero de 2013.
(Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado)
Excelentísimo Señor Sebastián Piñera, Presidente de la República de Chile:
Estimados Presidentes, Primeros Ministros y Jefes de Delegaciones:
Pueblo hermano de Chile:
Sea mi primer pensamiento para honrar la memoria de Salvador Allende, insigne latinoamericano y patriota que entregó su vida por la independencia de su nación y la justicia social. Pensamos como él, cuando dijo: "la historia es nuestra y la hacen los pueblos".
La existencia de la CELAC nos permitió encarar los desafíos del 2012 con más conciencia de quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos, en medio de circunstancias convulsas y complejas.
Vamos construyendo, en la dura realidad, trabajosamente, el ideal de una América Latina y Caribe diversa, pero unida en un espacio común de independencia política, de control soberano sobre nuestros enormes recursos naturales para avanzar hacia el desarrollo sostenible, la integración regional y el enriquecimiento de nuestra cultura.
Los obstáculos no han sido ni serán menores. Las amenazas a la paz son crecientes y la injerencia en los asuntos de nuestra región continúa. Las trasnacionales, fundamentalmente norteamericanas, no renunciarán al control de los recursos energéticos, hídricos y minerales estratégicos en vías de agotamiento. La concepción estratégica de la OTAN es cada vez más agresiva y se orienta claramente en ese sentido. A dos décadas del fin de la Guerra Fría, crecen los enormes arsenales nucleares y convencionales que, como ha dicho Fidel, no podrán matar el hambre ni la pobreza.
El orden económico internacional es injusto y excluyente, atrapado en una crisis global a la que, por ahora, no se vislumbra solución. El cambio climático avanza inexorablemente ante la falta de voluntad política de los gobiernos de los países desarrollados.
Sin nuestra unidad, nada sería posible y todo lo logrado se perdería. En la llamada Cumbre de las Américas de Cartagena, Nuestra América dio un paso decisivo, asentada en el sólido cimiento de Mar del Plata, donde en el 2005, fue derrotada el ALCA. Disipados los cantos de sirenas de Estados Unidos en la Cumbre del 2009, en Trinidad Tobago, América Latina y el Caribe brillaron por su solidez e independencia cuando reclamaron que las Malvinas son argentinas y que el bloqueo y la exclusión de Cuba deben cesar, acontecimiento que el pueblo cubano guardará siempre, con profunda gratitud, en su memoria.
El ejercicio de la autodeterminación y la soberanía de los pueblos y la igualdad soberana de los Estados son principios irrenunciables de la CELAC, establecidos en la Declaración de Caracas.
Sabemos que entre nosotros hay pensamientos distintos e, incluso, diferencias, pero la CELAC ha surgido sobre el acervo de doscientos años de lucha por la independencia y se basa en una profunda comunidad de objetivos. No es la CELAC, por tanto, una sucesión de meras reuniones ni coincidencias pragmáticas, sino una visión común de la Patria Grande latinoamericana y caribeña que solo se debe a sus pueblos.
Los incuestionables triunfos obtenidos por las fuerzas patrióticas en las elecciones presidenciales y regionales celebradas en Venezuela y las movilizaciones recientes demuestran el extraordinario liderazgo del presidente Hugo Chávez Frías, y el enorme respaldo popular al proceso venezolano. Junto al dolor y la preocupación por la salud del Jefe de la Revolución Bolivariana, ese hermano pueblo está dando, junto a los dirigentes chavistas un destacado ejemplo de lealtad, convicción y unidad para profundizar sus irreversibles conquistas.
El gobierno bolivariano está enfrentando una permanente campaña de intriga y descrédito por parte del imperio y de la oligarquía golpista; pero ha continuado su obra, consagrado a la defensa de los legítimos intereses de los trabajadores y de todos los venezolanos patriotas, de la Constitución y de su democracia revolucionaria.
Desde aquí le reiteramos a Chávez nuestro afecto, respeto y admiración, al igual que a su valiente pueblo que lucha por la mayor suma de estabilidad política, de seguridad social y la mayor suma de felicidad, como lo soñó el Libertador Simón Bolívar.
Compartimos y apoyamos la resolución y oportunidad con que UNASUR ha actuado frente al golpe parlamentario en Paraguay. En una región que ha sufrido décadas de dictaduras sangrientas, impuestas y sostenidas por los Estados Unidos, no puede permitirse impunidad a los sectores violentos y golpistas.
Nuestra Comunidad estará incompleta mientras falte en ella el escaño de Puerto Rico, nación hermana genuinamente latinoamericana y caribeña que padece una situación colonial.
No podemos olvidar que cerca de 170 millones de latinoamericanos y caribeños viven en la pobreza, de ellos 75 millones de niños, 66 millones de personas en la región están en pobreza extrema, de los cuales 34 millones son menores. ¿Qué puede significar para ellos la CELAC?
Es cierto que hemos avanzado en el desarrollo de programas económicos y de desarrollo social al interior de varios países, como Brasil. La experiencia del ALBA y PETROCARIBE en la cooperación solidaria y en la complementariedad entre nuestras naciones, es considerable.
La CELAC está en condiciones de trazar su propio concepto de cooperación, adaptado a nuestras realidades y a las mejores experiencias de la última década.
Pese a lo avanzado, podríamos hacer más en apoyo a Haití, cuyo gobierno necesita recursos para la reconstrucción y el desarrollo. Es posible hacerlo entre todos, bajo las decisiones del gobierno haitiano.
Estamos obligados a alcanzar progresos considerables en la educación como base del desarrollo económico y social. Nada de lo que nos proponemos, desde la disminución de la inequidad hasta la reducción de la brecha tecnológica y digital, sería posible sin ello. La eliminación del analfabetismo, como meta primaria, es totalmente alcanzable. Con políticas adecuadas y cooperación regional, para proveer un mínimo de recursos a los más necesitados, podríamos dar un salto en pocos años.
Debemos ser capaces de promover una arquitectura regional propia, adecuada a las particularidades y necesidades de la América Latina y el Caribe.
Podemos también conjugar nuestros esfuerzos contra la drogadicción, como se ha planteado en estos dos últimos días de la reunión, y el tráfico ilícito de estupefacientes.
Ayer se habló aquí de que había drogas en todos los países del continente, quiero aclarar que en Cuba no hay drogas, intentaron introducirla, existen más de 250 detenidos(*) extranjeros de diferentes países del continente por intentar introducir drogas. Solo un poquito de marihuana que se cultiva hasta en una maceta en cualquier balcón de cualquier ciudad de Cuba; pero drogas no hay ni habrá.
Solo quiero expresar —fuera de texto— sobre este tema, que se pueden tomar medidas.
Como se sabe, Cuba no es un país atractivo para la droga, para los traficantes; pero cuando empezó a incrementarse el turismo, y el propio año pasado ya nos aproximamos a los 3 millones de visitantes extranjeros, sí se convirtió en un objetivo de los traficantes. Además, empezaban a arribar por las costas, sobre todo por la costa norte, los paquetes de diferentes tamaños o peso, de kilogramos de cocaína que arrojaban los traficantes cuando eran presionados y perseguidos por los norteamericanos, se arrimaban a nuestras costas, eran perseguidos por nosotros y los arrojaban al mar, y las diferentes corrientes, sobre todo la del nordeste, los depositaban por las playas; en menor cuantía también por el sur. Empezó a adquirir fuerza el consumo y hasta hubo ciudadanos de algunos países de América Latina que empezaban a entregar gratuitamente dosis individuales, regaladas.
Personalmente, tuve una reunión con todos los organismos que tienen que ver con este problema y tomamos una decisión: "Vamos a combatir la droga, que nos está empezando a amenazar, a sangre y fuego." Se coordinaron todos los factores en estos aspectos, utilizamos nuestras organizaciones de masa, vinculadas estrechamente con el pueblo, con nuestro Partido gobernante y con el gobierno, dígase Central de Trabajadores de Cuba, Asociación Nacional de Campesinos, Federación de Mujeres Cubanas, Comités de Defensa de la Revolución, y se apeló a las familias, que hacía falta la colaboración de todo el país para ubicar y proceder legalmente contra los que empezaban a tratar de introducir en nuestra juventud desde marihuana hasta algunas dosis de cocaína, como dijimos.
Fueron arrestados. Si queremos vencer, estos son tipos de problemas que hay que enfrentarlos cuando son pequeños o, mejor, cuando son nonatos. Es el mejor momento, si dejamos que cojan fuerza —decíamos y razonábamos—, ahí tienen el ejemplo de varios países hermanos del continente, y, por lo tanto, esta batalla tiene que ser a sangre y fuego.
Nuestras leyes permiten la pena de muerte, está suspendida, pero está de reserva, porque una vez la suspendimos y lo único que hicimos con ello fue estimular las agresiones y los sabotajes contra nuestro país a lo largo de estos 50 años, como todos ustedes conocen.
Les razonaba a mis compañeros: ahí está el caso de México. A México lo amamos profundamente, decimos: México es México, su historia, su vinculación con nosotros. Allí recibimos asilo generoso durante 1955 y 1956; de allí salió nuestra expedición, cierto es que violando algunas leyes mexicanas, pero no violamos nunca la amistad con México, y ellos ejercieron su derecho y arrestaron a todos los compañeros, incluyendo a Fidel. Yo fui uno de los pocos que pude escaparme, y bajo la natural presión que sentíamos ya próximos a salir para Cuba, salimos en medio de una pequeña tormenta, de un poderoso norte que estuvo a punto de hacernos naufragar y conducirnos a la muerte a los 82 expedicionarios que ahí veníamos. Solo hubo un día de mar tranquilo por el sur de las islas de Gran Caimán. Tal era la tormenta que un marinero experimentado que trataba, desde la proa, esa noche tormentosa del desembarco, de ver si veía el faro de Cabo Cruz al suroeste de Cuba, una ola se lo llevó; perdimos casi una hora en su recuperación, hasta que nos lanzamos a la costa y desembarcamos en un pantano horroroso, y antes de salir de él ya estaba encima de nosotros la aviación del dictador Batista.
Yo les razonaba a los compañeros: me rompo la cabeza pensando qué solución puede tener lo de México, que no es casual que sea México, no porque los mexicanos propicien esa situación, sino ya lo dijo un expresidente mexicano en el siglo pasado: "¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!" Es ahí donde está el problema, el problema fundamental, para donde se mandan las drogas, que nunca he leído en la prensa de una gran operación en Estados Unidos contra los traficantes, nunca he leído eso; solo películas de pequeñas bandas de traficantes. Y por el mismo lugar por donde entran las drogas, pasa el armamento para la venta, ese es el problema.
Yo hablé este tema con el presidente Calderón en la reunión de Sauipe, en Brasil, en el año 2008, donde ya se estaba gestando, esta organización magnífica que en estos días celebra su primera reunión, además de la reunión fundacional en Venezuela, y hablé profundamente de estos temas con el presidente Calderón, y hemos seguido, seguimos preocupados. Pero ese problema avanza como una marea terrible hacia el sur: problemas en Guatemala, problemas en los demás países de Centroamérica. Y solo puedo dar una opinión a los países a los que todavía no les ha llegado esa marea nefasta y trágica, porque es verdaderamente trágica, donde los drogadictos, como ustedes conocen, son capaces de matar hasta a un familiar para obtener dinero para comprar droga. Por eso nuestra población apoyó esa medida y nos resultó fácil capturar a cerca de 5 000, juzgados con todo lo que permitían las sanciones del Código Penal, y nos equivocamos en muy pocos casos, que fueron resueltos inmediatamente.
¿Por qué?, por la colaboración de la población, que era la más interesada en que ese problema no se extendiera. Y estos problemas —es la moraleja que podemos sacar de ello, y la sugerimos a los países que todavía no son víctimas de este flagelo— son de los tipos de problemas que hay que enfrentar cuando están naciendo y mejor, como les decía, cuando son nonatos. Por eso, en Cuba no hay drogas ni las habrá.
Perdonen este paréntesis que abrí sobre este tema.
Como ustedes ven, yo también improviso discursos hasta de dos y tres horas, pero no quiero hacer eso, lo hacía antes cuando era joven, pero prefiero ya, a esta altura, leer mis intervenciones. No critico que los demás los improvisen, el primer improvisador es mi Jefe, Fidel Castro, y el que pronuncia los discursos más largos en la ONU, tiene un récord que ni Chávez se lo ganó (Risas).
No podríamos renunciar a la protección de nuestros inmigrantes, víctimas del orden actual de la xenofobia, y de la discriminación que proliferan en el mundo industrializado.
Tenemos también la posibilidad real de constituirnos, sobre bases apropiadas y concretas, en una zona de paz, en la que complementemos nuestro tradicional rechazo a las armas nucleares de exterminio en masa y a las cada vez más avanzadas y letales que se desarrollan hoy, con la expresa y firme voluntad de resolver todas nuestras diferencias por la vía pacífica, de la negociación y el diálogo.
Concluyo con un emocionado homenaje a José Martí, hoy —como decía el compañero Maduro—, en el 160 aniversario de su natalicio. De su pensamiento aprendimos que, en tiempos difíciles como estos, "¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes".
Muchas gracias (Aplausos).
(*) De la cifra mencionada, 114 permanecen actualmente en privación de libertad.

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