Mostrando entradas con la etiqueta Fidelista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fidelista. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de noviembre de 2019

Hablar de Fidel.

Foto: Alex Castro_Cubadebate
Por Gustavo de la Torre Morales.

A Fidel no se le puede reducir a una definición temporal; mucho menos a una acepción etérea, porque decir Fidel es entrar en lo diáfano de la definición, de la firmeza, de los principios.

Fidel hizo un salto del pasado, para quedar perenne en cualquier presente hasta expandirse al futuro, con su visión clarificadora.

jueves, 3 de enero de 2019

Cuba, 60 años de nuestra revolución

Montaje de imagen por Gustavo de la Torre Morales
Tomado de ALAI. Agencia Latinoamericana de Información.
Por Marcelo F. Rodríguez. Sociólogo, Director del CEFMA.

Ya hemos muerto y renacido muchas veces,
Y ya sabemos del todo que eres inmortal, que eres hermosa y dura
Como los astros. Mejor aún: como el pueblo
Que te ha ido haciendo y que tú has ido haciendo,
Revolución nuestra, amor nuestro.
Roberto Fernández Retamar

El 26 de julio de 1953, al alistarse para realizar el asalto al Cuartel Moncada, Fidel Castro dijo a sus camaradas: Podrán vencer dentro de unas horas, o ser vencidos, pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras este movimiento triunfará. Si vencen mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Hablar de Cuba es hablar de Fidel


Tomado de Cubadebate
Por Gerardo Hernández Nordelo.

Quiero contarles algo que nunca he contado. El 23 de junio del 2001, ya dentro de la prisión de Estados Unidos, pudimos tener una pequeña radio desde la cuál escuchamos el discurso de Fidel en La Habana: “Nuestros héroes tendrán que ser liberados. La enorme injusticia cometida contra ellos será conocida por el mundo entero. Millones de libros transmitirán la verdad y el mensaje de Cuba. ¡Nuestros compañeros, más temprano que tarde, volverán!”. Mientras él hablaba de “los cinco” por supuesto que estaba emocionado, ¡cómo no iba a estarlo! Pero admito que me impactó enormemente cuando me nombró y al escuchar mi nombre en su inconfundible voz tomé dimensión de la enorme responsabilidad que tenía con mi pueblo, con la historia y para con él. Fué un momento muy importante porque además nos acababan de encontrar culpables y él aseguró, delante de todo su pueblo, que volveríamos. Y así fué. ¡Volvimos como lo prometió Fidel! Esas palabras nos acompañaron durante todos esos años como un baluarte de optimismo y de confianza. A lo largo de nuestra historia no hubo algo que él prometiera y no pusiera todos sus esfuerzos y toda su inteligencia en función de lograrlo.
Toda Cuba lo sabe.
Y nosotros, también lo sabíamos.

Durante los más de 16 años que estuve preso, conocí personas que ni siquiera sabían dónde está Cuba y mucho menos de socialismo o comunismo. Pero, si nombrabas a Fidel, ellos sí sabían quién era: “No sé mucho sobre su pensamiento, pero sé que los americanos no pudieron doblegarlo”, nos decían. Esas palabras son las que definen al Comandante: un hombre que hizo la Revolución y aún pudiendo tener una vida cómoda, eligió estar del lado de los pobres y decidió tomar las armas para mejorar el destino de su país.
Por eso, hablar de Cuba es hablar de Fidel.
Ya se cumplen dos años desde que pasó a la eternidad. Y en esta isla los 11 millones de cubanos lo extrañamos día a día. Pero los revolucionarios tenemos el firme propósito de no recordarlo con tristeza ni llanto, sino con alegría, con el optimismo que él nos inculcó y sobre todo con el deseo de luchar y seguir adelante, de no defraudarlo, ¡nunca! Somos miles quienes soñamos y confiamos que un mundo mejor es posible. Pero hay que construirlo. A veces sufrimos retrocesos que ponen a algunas personas a dudar si es real o sólo una utopía, a ellos les digo que mientras Cuba exista y esté luchando, habrá esperanzas. Luchemos por un mundo mejor; por hombres y mujeres nuevas; luchemos…
Hasta la victoria, ¡Siempre!

miércoles, 7 de noviembre de 2018

¿Comunismo en la Constitución o una Constitución con comunismo?


Tomado de La Pupila Insomne
Por Javier Gómez Sánchez

Hablando sobre la Reforma Constitucional con un amigo comentábamos que la contrarrevolución parece no haber visto la tremenda oportunidad que le ha pasado por delante: Haberse lanzado una convocatoria popular completamente abierta a todo tipo de cuestionamientos, que ni siquiera deja fuera del debate el papel del Partido Comunista de Cuba en la sociedad.
Indudablemente, es el paso más arriesgado y revolucionario que ha dado el proceso de la Revolución Cubana en estos tiempos.

viernes, 27 de abril de 2018

Cuba: HAY FIDEL PARA RATO

Tomado de La Jornada
Por Ángel Guerra Cabrera.

Aunnque esperada, la elección de Miguel Díaz-Canel Bermúdez a la presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba es un hecho trascendental. A 57 años exactamente de la victoria del pueblo cubano en Playa Girón, Cuba experimenta un notable jalón en una transición generacional programada, ordenada e iniciada hace tiempo. Es inevitable recordar hoy aquellos días vertiginosos de lucha incesante, con Fidel en la primera línea, cuando el pueblo armado de la pequeña isla le infligió a Estados Unidos su primera gran derrota militar en América.

martes, 24 de abril de 2018

Cuba con nuevo Presidente y el mismo enemigo

Raúl Castro Ruz y Miguel Mario Díaz Canel Bermúdez
Tomado de Al Mayadeen
Por Iroel Sánchez.

Sucedió y no fue por los planes de asesinato fraguados en la CIA, ni tampoco por las consecuencias de la desaparición de la URSS ni por el efecto de los más de 50 millones dólares anuales destinados al “cambio de régimen” en Cuba y que durante la administración Obama alcanzaron sus cifras récord: Hay un nuevo Presidente en Cuba, nació después de 1959 y se llama Miguel Díaz Canel Bermúdez.

La Revolución Cubana sigue de verde olivo, dispuesta a todos los combates.

Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Foto: Estudios Revolución
Tomado de Granma.

Discurso pronunciado por el compañero Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, en la Sesión Constitutiva de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 19 de abril del 2018, «Año 60 de la Revolución» (Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado).

jueves, 19 de abril de 2018

Apoyo tu elección y palabras, compañero Miguel Díaz Canel

Fotos PL
Felicidades, compañero Miguel Díaz Canel Bermúdez, te apoyo en todo, tus palabras han salido del alma de un gran revolucionario y martiano-comunista, cubano de pura cepa.

Tengo 79 años, he conocido en carne propia al imperio y sus genocidios y abusos, pero también he vivido, disfrutado, apoyado y defendido a esta Revolución dirigida por ese Gigante que es FIDEL, porque él vive entre nosotros por siempre. 

¡Viva nuestro CONSEJO DE ESTADO!
!VIVA CUBA LIBRE Y SOBERANA! 
!PATRIA O MUERTE!
!VENCEREMOS! 

Fe Esperanza Caridad Morales Sánchez
Isla de la Juventud. Cuba

domingo, 4 de febrero de 2018

Abril de 2018 en Cuba: El relevo que no será ruptura

Tomado de Vanguardia
Por Narciso Fernández Ramírez.

Desde el 1.º de enero de 1959, Cuba entera se vistió de verde olivo. Un traje ajustado al cuerpo que ha servido para identificar la historia de un pueblo en Revolución a lo largo de 60 años.

martes, 28 de noviembre de 2017

A Fidel de mi puño y letra: Los usuarios te recuerdan

A Fidel

Tomado de Razones de Cuba
Por Redacción Razones de Cuba
Muchos fueron los mensajes manuscritos recibidos para homenajear al líder de la Revolución Cubana, como parte de la convocatoria realizada por nuestro sitio A Fidel: De mi puño y letra

lunes, 27 de noviembre de 2017

La doble derrota de los enemigos de Fidel Castro

Más de siete millones de cubanos suscribieron en apenas tres días, con nombre y apellidos y número de su carné de identidad, el concepto fidelista de Revolución.
Más de siete millones de cubanos suscribieron en apenas tres días, con nombre y apellidos y número de su carné de identidad, el concepto fidelista de Revolución
Tomado de AlMayadeen
Por Iroel Sánchez

Hay que situarse por un momento en sus mentes. Mucho lo desearon y trataron de adelantarlo mediante invasiones, sublevaciones desatadas por “la insatisfacción económica y la penuria” sugeridas en un añejo memorandum a Eisenhower,  por el éxito de uno de los más de 600 planes magnicidas a los que la congesista estadounidense Ileana Ros-Lehtinen dio la bienvenida (“I welcome the opportunity of having anyone assassinate Fidel Castro”), o añorando un hecho biológico inevitable para todo ser vivo que muchas veces fue carne de  fake news, como se dice ahora.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Decir Fidelista o Hablar de #Fidel


Hablar de es analizar las enseñanzas del pasado para actuar en el presente, es aprender del presente para construir el futuro: es pensar en justicia y humanidad, es sostenibilidad y equilibrio con la naturaleza, es coexistir en paz.

#YoSoyFidel

jueves, 19 de octubre de 2017

Camilo: probada lealtad a Fidel

Frente a caballería campesina 26 de julio de 1959 en la Plaza de la Revolución
Tomado de Trabajadores
Por Alina Martínez

“Más fácil me será dejar de respirar que dejar de ser fiel a su confianza”, escribió Camilo a Fidel el 23 de abril de 1958 cuando recibió el ascenso a Comandante.

Esa fe en el líder de la Revolución cubana había nacido en él desde antes de conocerlo personalmente. Lo demuestran sus valoraciones en dos cartas escritas por Camilo desde los Estados Unidos, adonde había viajado en busca de mejores oportunidades económicas:

viernes, 21 de abril de 2017

Cabalgamos con Fidel


Por Gustavo de la Torre Morales

Nos enseñaste que los monstruos de la oscuridad se matan con luz humana.
Nos enseñaste que el conformismo anquilosa la inteligencia.
Nos enseñaste que muchos trabajando en la misma dirección mejora el mañana.
Nos enseñaste que no hay fortaleza dando pasos hacia la soledad.
Nos enseñaste con tu ejemplo que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.
Nos enseñaste que el entreguismo nos ancla al pasado y convierte en esclavos.
Nos enseñaste ¡Libertad! ¡Solidaridad! ¡Firmeza!
Sabemos que tu marcha no es para siempre.
Regresas en cada un@ de nosotr@s.
Cabalgando con la Revolución.
Cabalgamos con Fidel.

martes, 18 de abril de 2017

¿Por qué una neo contrarrevolución?

¿Por qué una neo contrarrevolución?  Por Javier Gómez Sánchez
Tomado de Mi Cuba por Siempre
Por Javier Gómez Sánchez

Toda acción y trasformación de una contrarrevolución se debe la evolución de las condiciones y el carácter de una revolución.
La contrarrevolución en Cuba transitó por su propia evolución histórica: De propuestas en oposición a una nación soberana, como el  autonomismo y el anexionismo  contra el independentismo, en la segunda mitad del siglo XIX, a la idealización cívica de la democracia burguesa en los años 40 del siglo XX, luego de la pugna contra la dictadura en que devino el servilismo corrupto y oportunista de ex independentistas y terratenientes criollos en la creación de una República pronorteamericana.
El ideario de los “auténticos” y de los “ortodoxos”, surgidos de la lucha antimachadista, pretendía ser también una alternativa a la continuación de las ideas comunistas y radicalmente antiimperialistas de Mella, Villena y Guiteras, – “Guiteras se comporta como un comunista, aunque él no se identifique como tal”, ha escrito Martínez Heredia-, que proponían además cambiar el sistema-base de los males nacionales. No por gusto los embajadores norteamericanos señalaban a Guiteras como de ¨extrema izquierda¨.
Desde ese entonces, como hacen hoy, el calificativo de ¨extrema izquierda¨ se usa por la contrarrevolución para dividir y crear distanciamiento entre los revolucionarios e identificar a los que por su posición consideran su mayor obstáculo.
Para el Batistato, como continuación del papel jugado por los machadistas (ambas no fueron dictaduras personales sino de grupos representativos de la contrarrevolución más agresiva), fue fácil desplazar por la violencia a “auténticos” y “ortodoxos”, así como neutralizar al PSP, pero no a la nueva generación de revolucionarios que encabezó Fidel Castro. Muchos que se habían unido por búsqueda y necesidad a Auténticos y a Ortodoxos (como el propio Fidel) terminaron, con su liderazgo, reconociéndose herederos de aquellos ideales de Mella, Villena y Guiteras cercenados en la década del 30 y se radicalizaron para iniciar el proceso que triunfó en 1959. Si el Morrillo guiterista fue el segundo 10 de octubre; el Moncada fue el tercero.
Esos momentos fueron revolucionarios no solamente por haberse enfrentado al colonialismo, al imperialismo y al capitalismo, sino por haber ocurrido ante las alternativas que proponía la contrarrevolución.
La contrarrevolución del 30 fue nueva, porque estaba enfrentada a una visión revolucionaria nueva, como antes la contrarrevolución plattista lo fue ante los revolucionarios que aun querían la plena independencia.
Como luego fue nueva la contrarrevolución auténtica y ortodoxa frente al Batistato, respecto a la posición revolucionaria del 26 de Julio y el Directorio Revolucionario.
En las primeras dos décadas después de 1959, la contrarrevolución fue belicista. Su ideario estratégico estaba basado en provocar, apoyar y esperar una invasión, crear alzamientos de bandas, infiltraciones, sabotajes y atentados.
Los Estados Unidos en su lucha contra los movimientos revolucionarios, de liberación anti colonial o anti neocolonial en África, Asia y especialmente América Latina, asumieron la organización y patrocinio de esa expresión de la contrarrevolución cubana.
La década del 80, con el éxito norteamericano y socialdemócrata en el Bloque Socialista en Europa, comienza a marcar una diferencia. La caída electoral del sandinismo de origen guerrillero en Nicaragua,  junto a la implantación de políticas neoliberales de los Chicago Boys en el Chile post Allende y otros países de Latinoamérica. Y por otro lado, la demostración de capacidad militar de la maquinaria de guerra revolucionaria cubana en Angola, el cálculo oportunista de la doctrina militar estadounidense contra objetivos mucho más fáciles como la Granada de Bishop y la Panamá post Torrijos de Noriega. Todos fueron elementos globales que, en torno a la consolidación social de la Revolución en Cuba, hicieron evolucionar el accionar de la contrarrevolución de la mano de sus patrocinadores norteamericanos.
Dejando atrás el belicismo de pocos resultados, nació en los 90 la ¨disidencia¨, en aquel entonces novísima y que hoy consideramos con razón ya obsoletamente tradicional. La disidencia cubana de los 90 e inicios de los 2000, inspiración tropical de la disidencia soviética y del Este europeo,  vivía de mostrarse como una voz por la libertad de expresión y por la democracia pluripartidista que intentaba, más que contraponerse, ¨disidir¨ con la ideología del gobierno cubano. Eran lastimosos, porque su función internacional era inspirar lástima.
En el 2003 la contrarrevolución de entonces y sus organizadores norteamericanos sufrieron un duro golpe. La detención de 75 ¨disidentes¨ hizo desaparecer de la noche a la mañana una estructura lograda con el trabajo y financiamiento de años. Echaron mano entonces a las esposas o familiares y crearon a las Damas de Blanco, que con gran aupamiento mediático y monetario lograron hacer visibles pero cuyo nivel de descrédito en poco tiempo llegó a ser enorme.
En los 2000 surge un nuevo espacio: Internet y en él nuevos elementos. Y avanzada la década una nueva herramienta: las redes sociales. El financiamiento de revistas, libros y reportajes en periódicos de tirada mundial, comenzó a convivir con los blogs que cada vez más fueron escalando el auge de la moda que permitió dar a conocer mediáticamente personajes contrarrevolucionarios fabricados para el nuevo escenario.
Nuevas experiencias globales del imperialismo con el uso de las redes sociales en Irán, Rusia, el Medio Oriente, y nuevamente América Latina, para combatir las victorias electorales del Socialismo del Siglo XXI (entre ellas, la de aquellos mismos derrotados sandinistas), las nuevas ¨revoluciones de colores y flores¨ en los antiguos países socialistas del Este europeo, hicieron que la contrarrevolución cubana fuera nuevamente reorientada.
Pero aun no era una neo contrarrevolución. Lo ¨neo¨ en la  contrarrevolución de nuestros tiempos no está en el uso de las nuevas tecnologías sino en, sin abandonar sus intenciones, la reorientación de su discurso.
Hasta el 2007 era muy sencillo hacer una apología libertaria ante situaciones complejas que intentaron ser una contención durante las carencias del Período Especial frente al capitalismo y sus diferencias socioeconómicas, pero que después se revirtieron contra la vida práctica. Así ocurrió con el Permiso de Salida, las prohibiciones de viajes, la pérdida de residencia sin posibilidad legal de retorno, la inexistencia de posibilidades de servicios que no fueran estatales, la casi exclusiva vía de las becas en el campo para la Enseñanza Media Superior, la escasez de alternativas al consumo audiovisual, las políticas aduaneras de decomiso informático, la imposibilidad de poseer legalmente un celular, de comprar y vender un auto o una casa, de acceso a Internet y de hospedarse en un hotel. Todas ellas hacían extremadamente fácil el discurso de la contrarrevolución. Montar en aquel entonces una perreta en una Oficina de Inmigración por serle negada la posibilidad de viajar o en la carpeta de un hotel por impedirle acceder a Internet, se vendía por sí solo.
Incluso los revolucionarios se sentían golpeados y dolidos por esa realidad. Sostener a nivel personal el discurso de la Revolución en ese tiempo fue una prueba de fe y convicción en el socialismo, tanto, que con razón se nombró a ese período,  ¨Batalla de Ideas¨.
La difícil e incómoda lucha por mantener la igualdad en una sociedad cambiante y bajo la hostilidad internacional llevó al Discurso del 2005, que señaló el peligro que podía destruir a la Revolución partiendo de nosotros mismos, que no es la corrupción –elemento acompañante-, sino la desigualdad social.
Pero ocurre lo inesperado y la enfermedad de Fidel acelera reformas que venían pensándose en parte por él mismo. Raúl las amplía y lleva adelante, la cosa se le empieza a poner mala a la contrarrevolución, no porque se la lleven presa en una patrulla de Villa Marista sino porque su discurso comienza a ser superado por la realidad y la evolución de la fuerza revolucionaria.
Nuevas ideas se debaten, nuevos conceptos se manejan, hay incertidumbre en cómo lograr las cosas pero hay madurez al asumirlas. Se abren negocios, cooperativas, caen en estruendoso silencio varios tabúes. Nuevos méritos se suman a los históricos, la necesidad más revolucionaria de superación de la homofobia, con la amplitud y riqueza cultural, de la aceptación de la diversidad individual. Hay un cambio de mentalidad que es propio de nuestra época pero que hubiese sido imposible careciendo de las bases  históricas y humanistas de la Revolución.
La contra comienza a sentir el vacío abrirse bajo sus pies.
Es entonces que toman fuerza en el gobierno estadounidense los nuevos mecanismos diseñados por un sector de la comunidad cubanoamericana, cuyos rostros más visibles se presentaban con una imagen pacífica, conciliatoria, inclusivista, dialoguista, de un cercamiento comercial y diplomático hacia Cuba. La Casa Blanca, bajo el gobierno demócrata de Barack Obama, les abre sus puertas.
Ocurre un ¨consenso contrarrevolucionario¨ entre las nuevas fuerzas de cabildeo político impulsadas por Carlos Saladrigas y las viejas posiciones Miami-Washington representadas por Marco Rubio.
La estrategia pre y post 17D , diseñada, entre otros, por Arturo López-Levy para la New América Foundation, es asumida como el programa de acercamiento y penetración del socialismo cubano por la administración Obama.
Ocurre lo públicamente inesperado y secretamente preparado, la Declaración Bilateral del 17 de Diciembre del 2014 y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas.
Desde principios de la década del 2010, venía haciéndose un minucioso trabajo de organización de una nueva estructura contrarrevolucionaria acorde a los nuevos tiempos.
Esa estructura debía adaptarse para aprovechar la libertad de expresión, el análisis y el funcionamiento intelectual alcanzado en Cuba por los revolucionarios.
Así nace lo que debe llamarse ya con su nombre y apellido, para que la fuerza revolucionaria lo identifique como tal: la neo contrarrevolución socialdemócrata.
Como mismo en los 40 y 50 la moderación de los partidos tradicionales fue la alternativa contrarrevolucionaria al Batistato. Hoy, la neo contrarrevolución socialdemócrata es la alternativa a la agresividad de la ¨Contra¨ belicista, dejando también atrás aquella facilista Disidencia, frente a la Revolución Socialista en Cuba.
Es por eso que el fidelismo está hoy en Cuba más vivo que nunca, en la medida en que surgen renovadas las viejas estrategias seudodemócraticas presentándose una vez más como la ¨salvación¨ nacional.
Como tan vivo estuvo el pensamiento martiano, por radical y social, siendo independentista, que hizo que la carga del 26 de Julio llevara el nombre de Generación del Centenario.
Los bribones de esa Carga que pedía Villena, no eran desde entonces los que estaban instalados en el Cuartel, ni después en el Palacio el 13 de marzo.  Sino los que aspiraban a convivir ¨democráticamente¨ con ellos. El Asalto al Moncada partió la columna vertebral de la socialdemocracia en Cuba.
Como dijo con la acción de Palacio, que si bien discrepaba de manera urbana con la lucha en la Sierra, reafirmó la ruptura del Directorio con la socialdemocracia que existía en parte de la FEU, como en otras organizaciones políticas y le afinca el merecido apellido de Revolucionario: ¨Que nuestra sangre señale el camino…¨
El antojo pretencioso e intencionado de re-visionar la Historia  en busca de conveniencias es parte del proyecto de esta neo socialdemocracia contrarrevolucionaria.
Buscando indicios ¨alternativos¨ al camino socialista tomado por la Revolución Cubana luego de 1959, en presentaciones fragmentadas de Eduardo Chibás y la Ortodoxia, de los gobiernos del Partido Auténtico, de Grau San Martín y Carlos Prío, de figuras como Aureliano Sánchez Arango, exaltando a la Constitución del 40 por encima de la de 1976, hasta cuestionando la no celebración del 20 de mayo, buscando ¨nuevas narrativas históricas¨, incluso llegando a intentar aprovechar parte de la obra escrita de Raúl Roa en los 30, 40 y 50, en una de las mayores violaciones éticas que puede hacer un historiador al servicio de la política: la omisión de una cronología posterior.
El propio Roa dejó clara su visión final, evolucionada y más madura cuando en 1968 dijo que su antiguo amigo Aureliano Sánchez Arango era ¨el mayor farsante de la generación del 30¨, que ¨la Convención Constituyente de 1940 representa el compromiso entre dos impotencias intrínsecamente similares: la contrarrevolución y la pseudorrevolución¨, que Grau fue ¨el Mesías de la desconflautación¨ (de la Revolución del 30) , que ¨ Carlos Prío era un caco que jamás trascendió la categoría de caca¨ y que el Partido Auténtico era el ¨aluvión amorfo de un pueblo políticamente subdesarrollado¨.
En su onanismo no dejan de rebuscar incluso en figuras del ideario revolucionario como Mella, Guiteras y José Antonio Echevarría. Todos son intentos para dar una investidura histórica artificial de la que carece por naturaleza la socialdemocracia en Cuba. Esa es la función historicista del “laboratorio de ideas” de Cuba Posible.
Con su objetivo declarado de “facilitar” una “Cuba pluripartidista”, manejos como el de Cuba Posible en una supuesta Cuba postfidelista, fueron previstos por el propio Fidel cuando advirtió que “el pluripartidismo es el gran instrumento del imperialismo para mantener a las sociedades fragmentadas, divididas en mil pedazos”.
No dejarán, en su función más completa, encaramados sobre pedestales académicos y cubiertos por el camuflaje del debate intelectual, tomar esa base de ladrillos malamente pegados con tinta y saliva, para lanzarse desde ella sobre el proceso revolucionario ya anunciado que producirá una reforma constitucional. Arremeterán contra todo lo que huela al actual artículo 3 (sobre la irreversibilidad del socialismo) y al artículo 5 (sobre el PCC).
Intentarán, en un trabajo de calendario que ya da sus primeras muestras, introducir matrices creando expectativas que les sean favorables en ese debate. De no lograrlo, en una ¨cama¨ que ya están haciendo, intentarán desacreditar el proceso de reforma, como antes hicieron con el de la Conceptualización que les sirvió de ensayo.
La prensa extranjera, los medios privados o ¨nuevos espacios de comunicación¨ cómo se les quiere llamar, así como Radio y TV Martí, que ya les llaman “nueva fuerza política”, están ahí para apoyarlos.
Desenmascararlos hoy con el filo de la pluma, que es el arma de estos tiempos, es volverle a romper la columna vertebral a la contrarrevolución socialdemócrata en Cuba.
Ellos lo saben.
No ladran por gusto.

jueves, 9 de febrero de 2017

Fidel y la Revolución en la emigración cubana. La disyuntiva de "ser o no ser". (Parte II Final)


Tomado de Asociación de Cubanos en Cataluña José Martí
Por Adel Pereira.  Poeta, miembro de la Asociación de Cubanos en Cataluña "José Martí"

Uno de los problemas más frecuentes por los que atravesamos las personas migrantes es el conflicto de identidad. Dependiendo de la fase en que nos encontremos, y según sean las condiciones de vida por las que estemos atravesando, así será también nuestra percepción sobre nuestro contexto actual y sobre nosotros mismos. El acto de migrar conlleva ciertas renuncias y pérdidas de aquello que hasta entonces nos definía ante los demás. De cierta manera se da una especie de "duelo" de la identidad. (Véase "Los duelos migratorios: una aproximación psicopatológica y psicosocial", de  Joseba Atxotegui). De hecho, coexisten distintos tipos de duelos en los y las migrantes: por la familia, por los amigos, por la lengua, por la cultura, por la tierra, por el status, por el contacto con el grupo étnico, por el riesgo físico (agravantes derivados de peligros en el viaje por causas naturales, sociales o políticos) que no siempre se dan por igual en todos los casos. Por un lado, es parcial, porque no todo lo que se deja se pierde para siempre, y por el otro también es recurrente porque se reactiva cuando recuperamos el contacto a través de noticias, con personas, recuerdos, etc. Una mala (o nula) gestión de nuestro duelo migratorio nos deja en una situación vulnerable respecto al nuevo entorno, condicionando nuestra calidad de relación e intercambio con él.

Frecuentemente se apodera de nosotros la sensación de cierto desamparo y, por consiguiente, se despierta un temor ante la nueva realidad. Esto hace que se perciba muchas veces como amenazante el nuevo contexto y nos predispongamos a mantener una actitud defensiva. Una reacción natural ya que los referentes de nuestra configuración identitaria se van diluyendo con el tiempo debido al esfuerzo que representa un proceso de adaptación (negación, renuncia, aceptación, restitución), que va incorporando elementos (nuevos) que transforman, inevitablemente, nuestra identidad. De ahí que se perciba como agresivo y peligroso. La socióloga Esther Pardo en su estudio "Migrando hacia mí misma", nos dice que esa amenaza, que representa la transformación radical del entorno conocido (...) pone a la persona en un constante estado de alerta y defensa que supone un profundo desgaste. De ahí también el nivel de vulnerabilidad de la persona migrante.

O sea, estamos delante de procesos de (re)elaboración de la identidad inherentes a todo fenómeno migratorio. Por tanto, la cuestión aquí no es cómo evitarlos, sino hasta qué punto tenemos en nuestras manos herramientas, o no, para poder abordarlos. Si esta situación, plantea per se un escenario difícil y complejo (muchas veces adverso) para la persona migrante, ¿qué pasa cuando descubrimos que en el país receptor existe una elaboración predeterminada de lo que somos (o debemos ser), muchas veces prejuiciada por el origen cultural, religioso, de raza, etc..?

Por esta razón es que en la primera parte de este artículo decía que, "la situación nos desarma de antemano, nos deja a la defensiva, y... actúa subjetivamente en detrimento de nuestra condición y cualidad moral". Quiere decir esto que toda persona migrante se ve privada de actuar plenamente sobre su integridad y sobre su identidad. En otras palabras, su capacidad de movimiento se encuentra restringida, por lo que su capacidad de empoderamiento se ve coaccionada.

Claro, esto no supone un estado permanente en la persona migrante, siempre y cuando sepa sobreponerse y superarlo, pero pasa por tomar conciencia de la situación y restablecer los vínculos que han quedado afectados. Y obviamente, no es desde la negación que se consigue.

Esther Pardo también nos dice en su estudio que cuando hablamos de migración, la reorganización (de la personalidad) tiene que ver fundamentalmente con los vínculos de la persona con su país de origen, mismos que han sido elaborados en las primeras etapas de la vida y que constituyen un pilar fundamental en la estructuración de la personalidad y la identidad. Es decir, si tenemos en cuenta la necesidad constante de la migración (en general) de no perder de vista los referentes culturales y nacionales que nos han definido desde el nacimiento mismo, un ejercicio de evaluación que hacemos prácticamente por ósmosis, aquí la emigración cubana (en particular) choca con una cuestión que no es para nada de importancia menor, ya que la construcción de nuestra identidad se ha desarrollado dentro del marco de un proceso revolucionario que también devino en socialista. Sí. Existe un componente ideológico concreto detrás de toda realidad social que no podemos perder de vista, y en el caso de la realidad cubana podemos afirmar que se trata de un proceso en permanente construcción.

Sobre este aspecto podríamos citar del filósofo esloveno Slavoj Zizek "El sublime objeto de la ideología" donde dice que: la definición más elemental de ideología es probablemente la tan conocida frase de "El capital" de Marx: "ellos no lo saben, pero lo hacen". Dicho de otra manera, la ideología está latente y omnipresente en todas las cosas y fenómenos que guardan relación con el ser humano, se tenga conciencia de ella o no, al tiempo que interviene, condiciona y crea nuestra realidad. La conciencia de ese actuar ideológico sobre nosotros, como individuos y como sociedad, distingue nuestra conciencia sobre la identidad, a la vez que diferencia un modelo social de otro, (a fin de cuentas la identidad surge de esa relación dialéctica entre individuo y sociedad, como señalaba Peter L. Berger). En el socialismo, por su interés de que se actúe con y por conciencia sobre la realidad, la sociedad se desarrolla mirando la "representación" (ideal) de la ideología para sí, mientras que en el capitalismo se desarrolla sobre la fantasía o la máscara de ella, al decir de Zizek, que encuentra en el cinismo una forma de ideología, debido a su interés en que se actúe con poca, o ninguna, conciencia sobre la realidad. Por tanto, no podemos ignorar el peso fundamental de la ideología dominante de una sociedad en el proceso de configuración de la identidad, que en nuestro caso, a partir del triunfo revolucionario, entra en un proceso de (re)elaboración y transformación también ideológica. Quiere decir esto que la percepción sobre los valores, códigos y demás categorías sociales que pesan sobre la conducta de una sociedad concreta, dígase: poder, gobierno, democracia, derechos, deberes, educación, política, lenguaje, comunicación, relaciones interpersonales, sexualidad, género, solidaridad, altruismo, voluntad, historia, pueblo, soberanía, libertad, desarrollo, empresa, valor, tiempo, etc..., han estado bajo un proceso de transformación, reestructuración y re-configuración, que en el caso de Cuba nada tienen que ver con los que existían antes de 1959, ni con los que se desarrollan en otro tipo de sociedad "no socialista". Incluso dentro de las mismas sociedades de modelo socialista tampoco se desarrollan de igual forma debido a las características culturales y circunstancias propias de cada país, como es obvio.

Pero bien, volviendo a cómo incide la elaboración predeterminada que existe en el país receptor sobre nosotros (el qué y quiénes somos), la migración cubana se encuentra con los efectos nocivos de una retórica "anticastrista" que nos define de forma adversa, no sólo de cara al país receptor, sino de cara a nosotros mismos como migración. Si damos por cierta la afirmación del sociólogo Peter L. Berger en "La construcción social de la realidad" de que el lenguaje usado en la vida cotidiana continuamente me va proporcionando las objetivaciones necesarias, y postula el orden dentro del cual tienen sentido, y dentro del cual la vida cotidiana me deviene significativa... En ese sentido el lenguaje fija las coordenadas de mi vida dentro de la sociedad, y la llena de objetos significativos. Es decir, desde este punto de vista, la incidencia de ese discurso adverso deviene significativa y por consiguiente determina las objetivaciones de cómo nos desenvolvemos en nuestra vida cotidiana. Por eso, no hay que olvidar el papel determinante que juegan los grandes medios de comunicación internacionales a la hora de tratar la realidad cubana de forma sesgada y descontextualizada. Como dice Alain Badiou en su "Teoría del sujeto": en el fondo, el interés de los poderosos es siempre confundir la historia con la política, es decir, confundir lo objetivo con lo subjetivo. En esa línea es que se presenta el discurso de la contrarrevolución cubana, plegada a los intereses del poder oligarca porque de él depende al tiempo que se retroalimentan para sostenerse mutuamente.

Es cierto que quienes hemos emigrado hacia Europa, u otra latitud que no sea EEUU, no nos encontramos con la situación de una "Ley de Ajuste Cubano", pero sí con la que plantea la campaña mediática concertada en "demonizar" a Fidel y a la Revolución cubana. En realidad, esto responde a una guerra mediática contra la idea del comunismo que tiene su origen en la época de la Guerra Fría. Jodi Dean en "El horizonte comunista" analiza cómo el discurso de ideología neoliberal reprime en la sociedad la idea del comunismo, estableciendo la cadena de pensamiento "comunismo-Unión Soviética-estalinismo-caída", de la que se sirve la retórica "anticastrista" para atacar a la Revolución cubana, añadiéndole a la misma los eslabones "Revolución-castrismototalitarismo-comunismo-(...)-caída". Es decir, se parte de la percepción equivocada de que todos los "comunismos" conocidos son iguales por el hecho de blandir la misma bandera roja. Estos son los parámetros desde los cuales la oligarquía de la información se encarga de difundir y adoctrinar a la sociedad sobre las alternativas al modelo neoliberal, y cómo no, sobre Fidel y la Revolución. Por eso su interés de suplantar "Revolución" (concepto de connotación positiva a nivel social) por el de "dictadura personal" o "régimen totalitario" (de connotación negativa). Desde esa opresión que ejerce la mala prensa sobre la Cuba revolucionaria, por un lado, se establece un vínculo directo entre Revolución y caída para demostrar así su condena al "fracaso" (inevitable), y por el otro, manipula la moral social presentando como una conducta vergonzosa y repudiable estar a favor de Fidel y la Revolución.

Esto nos lleva a la inaceptabilidad del contexto político-social en el que se han formado nuestros referentes identitarios desde la infancia, planteando un plus a nuestro conflicto de identidad como migrantes. Se suma otro factor discriminante: el rechazo al carácter ideológico de nuestra construcción identitaria. Y en ese gesto de rechazo se da una peculiaridad importante. No sólo nos discrimina por ello el país receptor, sino también una parte de la propia migración (aunque no sea necesariamente reaccionaria), porque así evita (aparentemente) el rechazo del país receptor y procura menos sufrimiento a la complejidad dialéctica de su experiencia migratoria. Por tanto, existe en la retórica "anticastrista" una política y una intención que va más allá del ataque a la figura de Fidel y la Revolución en su forma y en su contenido (lo que en sí representan). La misma constituye un atentado directo contra la configuración identitaria de aquellos que nacimos y nos educamos dentro de un proceso revolucionario socialista. Se desgasta en el absurdo intento de estirpar de nosotros esa parte de ser cubanos y cubanas que no acepta para sí. Su ataque no sólo repercute sobre los millones de compatriotas que viven dentro, sino también sobre los que viven fuera. El discurso se pretende liberador, pero en su efecto es de sometimiento y sesgo a la identidad. Lo cual genera más rechazo que aceptación, y contribuye a una actitud acrítica y "apolítica" en la migración cubana como respuesta a la sobresaturación política que pesa sobre ella.

Esto pone de manifiesto el gran dilema que traspasa a la contrarrevolución cubana. Su ataque choca frontalmente contra el muro de la realidad objetiva, y seguirá chocando contra él mientras no la comprenda. Su "causa" está perdida no porque carezca de recursos y estrategias, sino porque no tiene "pueblo" receptor para su discurso. En ese sentido, desde el terreno de las ideas, no hay ninguna posibilidad para ella. Es por eso que el foco se dirige sobre un cambio generacional, que requiere del acceso previo a esas mentes a través de la injerencia y la penetración ideológicocultural. Su éxito dependerá de cuán alerta, eficaz y efectiva pueda ser la política comunicacional cubana y el trabajo ideológico sobre estas generaciones, que de seguro no se lo dejará servido.

Se imponen pues unas cuantas preguntas por lo que esta problemática representa para la migración cubana. ¿Qué concepción de "pueblo" tiene y pretende para nosotros la contrarrevolución? ¿Es posible "amar" y "defender" a un pueblo al que se le aplica tal discriminación? ¿Qué posición y qué actitud debe tomar la migración cubana ante este hecho? ¿Inclinar la cabeza, mirar para otro lado y dejarse tragar por el victimismo y la pena? ¿A cuáles referentes identitarios tendríamos que mirar para no dejar de ser, para recuperar nuestro sentido y conciencia de identidad? ¿Qué identidad puede construirse a partir de tal negación de la memoria histórica que no sea una (por consecuencia) negadora de sí misma? ¿Dentro de qué marco ideológico, político, económico, cultural y social podría desarrollarse una identidad así? ¿De cuál bienestar podríamos "gozar" desde semejante construcción social? Y por último, ¿de qué libertad y soberanía podría ser capaz un pueblo de tales características?

Es importante que la migración cubana tome conciencia de esta situación para sobreponerse y pueda ver cuáles son las causas reales que atentan contra su identidad, y la agresividad que supone el discurso  "anticastrista" contra su integridad moral. Se puede vivir por mucho tiempo con la cabeza metida dentro del ombligo como si se tratara de alguna fórmula mágica que nos salvará del dolor y los conflictos, pero en la vida real lo personal es político, nos guste o no. Tarde o temprano habrá que mirarse al espejo para ver que en esa cara que nos devuelve siempre estará dibujada nuestra problemática mientras no la afrontemos. Habrá que decidir si se vive enajenado de sí mismo, o sin el temor de asumir nuestras contradicciones y conflictos. Mirar nuestro origen y nuestro pasado libre de la toxicidad (prejuicios y perjuicios) que supone para nosotros la retórica contrarrevolucionaria es una cuestión vital para nuestro proceso de restitución como personas plenas. Es decir, recuperar nuestra capacidad de empoderaminento. En la medida que vayamos reconociéndonos en los valores y preceptos en los que crecimos, iremos restableciendo nuestros nexos a la par que la capacidad de entendernos y aceptarnos tal y como somos, no sólo en lo personal sino también como comunidad, como pueblo y como nación. El hecho de tener claro de dónde venimos, qué y quiénes somos, repercute en nuestra seguridad y fortalece nuestro carácter como individuos de cara a dónde estamos y hacia dónde vamos también. Nuestra relación con el nuevo entorno y nuestra calidad de intercambio con él adquirirán sin duda otra dimensión.

No quiero decir por ello que nos convirtamos axiomáticamente en una migración revolucionaria, pero sí se establece una reconciliación con nuestro país de origen que mejoraría notablemente nuestra relación con él. Desde esa reorganización estructural se generan ciertas condiciones que sí podrían desembocar en una posición revolucionaria dentro de la migración cubana, como ya es el caso de quienes integran las múltiples asociaciones de cubanos y cubanas que rompen el mito "emigrante cubano=disidente" denunciando el bloqueo como fuente principal de obstáculo para el desarrollo en Cuba, y defendiendo el derecho de Cuba a ser el país que quiere ser. Al fin y al cabo, una migración cubana revolucionaria ha existido siempre desde los tiempos de Martí.

Tampoco quiere decir esto que desaparezcan las dificultades ni las contradicciones, porque nada ni nadie está libre de ellas, obviamente. Pero estas no son sinónimo de incoherencia con las ideas que defendemos sino todo lo contrario, las mismas nos reafirman en nuestra experiencia vital, pese al agravante de defenderlas desde el exterior. Desde una percepción materialista-dialéctica, conocemos que la vida es movimiento, y como dijo Engels, el movimiento mismo es una contradicción. Si ya el simple cambio mecánico de lugar encierra una contradicción, tanto más la encierran las formas superiores del movimiento de la materia y muy especialmente la vida orgánica y su desarrollo [...] La vida, pues, es también una contradicción que, presente en las cosas y los procesos mismos, se está planteando y resolviendo incesantemente; al cesar la contradicción, cesa la vida y sobreviene la muerte. Por tanto, no es cuestión de temer y padecer las contradicciones sino de cuál es la actitud que se tiene ante ellas y en qué medida socavan o reafirman, enriquecen, nuestras convicciones. A fin de cuentas las ideas no se circunscriben a un espacio geográfico en concreto. Más bien es de orden coherente defender las ideas en las que se cree y por las que se lucha desde cualquier ámbito, por muy adverso o contrario que sea. En definitiva, como dijo Martí a su amigo Manuel Mercado en su carta de octubre de 1878: Mudar de tierra no quiere decir mudar de alma.

martes, 10 de enero de 2017

¿El final de la ideología en Cuba?

Arnold August
Periodista y conferencista canadiense. Cursó una Maestría en Ciencias Políticas en la Universidad McGill de Montreal. Es miembro de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA, por sus siglas en inglés), con sede en los Estados Unidos de América; la Asociación Canadiense de Estudios Latinoamericanos y del Caribe (ACELC); la Cátedra de Investigaciones de la Universidad de Nottingham sobre Cuba (Gran Bretaña) y la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad, en Caracas.
Tomado de Firmas Selectas. Prensa Latina
Por Arnold August.

En 1960, el sociólogo y académico norteamericano Daniel Bell (1919-2011) publicó “El final de la ideología”, obra que llegó a ser un clásico en las ciencias políticas oficiales. La publicación fue catalogada por el Times Literary Supplement como uno de los 100 libros más influyentes de la segunda mitad del siglo XX.

A pesar de que en los años 1950 e inicios de los 60 había otros partidarios del “Final de la ideología”, Bell es considerado como el más influyente. Aun cuando tuvieron lugar algunas variaciones, esta escuela de pensamiento tiene un común denominador. Tratando de no simplificar excesivamente esta importante tendencia, para el propósito de este artículo es posible afirmar que ésta surgió debido al fracaso percibido tanto del socialismo en la antigua URSS, como del capitalismo en Occidente. Ésta nació en oposición al “extremismo”.

En noviembre de 1968, junto con otros estudiantes de ciencias políticas de la Universidad de McGill, en Montreal, fundamos la Asociación de estudiantes de ciencias políticas. Organizamos una huelga y presentamos dos reivindicaciones principales: la primera consistía en exigir la participación estudiantil en los comités de contratación de la Facultad y la segunda —asociada a este potencial empoderamiento estudiantil, reclamar un profesorado y un currículum más incluyente. Esto podría incluir publicaciones no solamente de Daniel Bell —quien era por supuesto considerado obligatorio y una indiscutible referencia en ciencias políticas, sino también de científicos sociales progresistas, así como los trabajos de Marx y Lenin. En aquella época todo esto estaba excluido. Después de diez días de ocupación y huelga, la solicitud de los estudiantes fue aceptada por la universidad.

Bell no vio llegar la inevitable insurrección que se estaba fraguando en Estados Unidos entre los ciudadanos afrodescendientes, poco después de que su best-seller saliese de prensa. Estas luchas progresistas, así como la de los pueblos indígenas, tienen su origen al inicio de las Trece Colonias. En los años 1960, los estudiantes estadounidenses fueron atraídos por ideologías y políticas alternativas. De hecho, el movimiento de los jóvenes era omnipresente en toda Norteamérica y en gran parte de Europa.

Mientras, en los años 1960, esta tendencia se caracterizaba por diferentes aspectos de la izquierda política e ideológica, y experimentaba sus propios altibajos, parecía la despedida de la tesis del final de la ideología. Sin embargo, el legado de Bell nos sigue acechando.
 
En el último año aproximadamente, en Cuba ha tenido lugar un aumento continuo de artículos en un lenguaje indirecto acerca de la idea del final de la ideología, escritos por algunos blogueros e intelectuales cubanos marginales. Al inicio eran tímidos, pero luego cada vez más audaces.

Hablaban de la “estéril dicotomía entre socialismo y capitalismo”, aconsejando a los revolucionarios cubanos ser “equilibrados y profundos en sus criterios” cuando se trata de criticar el imperialismo estadounidense, o de evitar el extremo de ser “fidelista o anticastrista”, etiquetando de “extremistas” o “fanáticos” a los marxistas-leninistas o a los fidelistas, escribiendo sobre dos grandes falacias acerca de lo revolucionario en Cuba, la derecha y la izquierda como un “dogma excluyente” y, por último, postulando que “la vida es más compleja incluso que las ideologías”.

Leyendo estos artículos, regresaban continuamente a mi mente aquellos días universitarios de 1968. ¿Cómo pudo ser posible que nos opusiéramos al final de la ideología en el corazón del capitalismo, y que ahora esto vuelva a surgir —entre todos los lugares imaginables, justamente en Cuba? Podría argumentarse que la oposición en Cuba está viniendo de la “izquierda”, es decir de quienes pretenden apoyar a la revolución. Pues bien, ¿de dónde más podría surgir sino es de la llamada izquierda?

No olvidemos que Bell se consideraba a sí mismo de izquierda y que su oposición a la ideología fue ostensiblemente desde una perspectiva de izquierda y no de derecha. Es así como logró construir su credibilidad. Bell se había desilusionado del socialismo y no veía otra alternativa, por lo que libró una batalla tanto contra el capitalismo como contra el socialismo. Su trabajo refleja su propio dilema personal y político. Sin embargo, objetivamente hablando, esta llamada neutralidad respecto a los extremos consistió en lanzar un salvavidas al capitalismo. No es un accidente que Bell sea tan apreciado por las élites gobernantes de Occidente.

Siempre he aseverado que la más peligrosa oposición a la Revolución cubana proviene de la llamada izquierda, y no de la derecha abiertamente plattista. Es un cáncer en la sociedad cubana que, si se deja crecer sin una fuerte resistencia ideológica, podría influir en algunos ingenuos, especialmente entre los jóvenes, los intelectuales y los artistas.

Al mismo tiempo, cuando Bell escribía sus ensayos a finales de los años 1950, compilados en su volumen de 1960, Cuba constituía el escenario de la más evidente refutación de su teoría: el ataque a Moncada de 1953, su programa resultante y el triunfo de la revolución el 1° de enero de 1959. Fidel Castro y el Movimiento 26 de julio constituyeron el camino embrionario hacia a una nueva ideología revolucionaria marxista-leninista en Cuba.

Lejos de ser un periodo caracterizado por el final de la ideología, Cuba dio al mundo el resurgimiento y la confianza en la necesidad de la ideología. Cuba representó el fin del final de la ideología. La revolución cubana surgió durante el auge de la Guerra fría, pero se erigió resueltamente en contra de cualquier intimidación por parte de la izquierda o del imperialismo. Para la izquierda de aquella época, y más aún para la derecha, esta posición no se conformaba a lo políticamente correcto. De esta manera, Fidel tuvo la perspicacia de no revelar el escenario completo en el periodo inicial. Sin embargo, la ideología se encontraba en el centro del pensamiento y la acción.

Desde 1953 Cuba siempre ha sido —y lo sigue siendo, la quintaesencia del desarrollo de los principios ideológicos. Cada palabra escrita y pronunciada por Fidel está impregnada de ideología. Cuba no está anquilosada, por el contrario, sigue evolucionando según la situación. De otra manera, Cuba no hubiese podido sobrevivir a sus enemigos durante todo este tiempo.
 
Estoy convencido de que uno de los principales objetivos implícitos de la campaña mediática corporativa internacional contra Fidel, justo después de su fallecimiento, consistió en una revancha del imperialismo contra él por negarse a capitular en el tema de la ideología.

Pero, ¿por qué —podrán preguntarse los medios interminablemente— la revolución cubana nunca suscribió el final de la ideología, como debía hacerse, según las ciencias políticas oficiales? En todos estos años, desde el 26 julio de 1953 hasta el 25 noviembre de 2016, Fidel vivió y murió tal como lo exigió a los demás: como un humilde revolucionario.

En el actual contexto histórico, tratar de impregnar la cultura política cubana de “neutralidad” acerca de la ideología, oposición a los “extremos”, “equidistancia” entre socialismo y capitalismo, etc., no constituye un desafío al dogmatismo de la izquierda tal como tratan de presentarlo.
El verdadero desafío es contra el socialismo y la ideología del marxista-leninista. En los años 1960, la teoría del Bell complacía a los círculos de gobernantes que deseaban preservar el statu quo. ¡Las élites estaban en el poder y no temían ser desalojadas por su propio capitalismo! El Final de la ideología y su crítica al capitalismo fue tan sólo un pretexto para criticar al socialismo. En 1968, en la Universidad McGill, esto constituyó el principal argumento de los profesores y administradores conservadores.

Aparentemente ellos no estaban ni a favor y en contra de ninguna ideología. “Todas las opciones políticas son bienvenidas”. Sin embargo, Bell fue aún más aceptado. Él se oponía, decían ellos, tanto al capitalismo como al socialismo. Sin embargo, quienes favorecían el statu quo del capitalismo se apoyaron en el final de la ideología.

Quienes se oponen a la ideología “extrema” de la izquierda fueron totalmente integrados a la ideología capitalista y ayudaron a elaborarla y a difundirla. El propósito del “Final de la ideología”, en los años 1960 y ahora en Cuba, es poner fin a las ideologías marxista-leninista y socialista.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...