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domingo, 15 de marzo de 2020

Mella y la independencia

Tomado de Contexto Latinoamericano. Ocean Sur.
Por Cristina Lanuza Marrero

Julio Antonio Mella pese a su corta edad experimentó un gran desarrollo en el ámbito de las letras. Así, dejó muchos escritos a nuestra historia, la mayoría vieron la luz como artículos, en cambio otros, fueron concebidos a modos de ensayos más reposados y ampliamente argumentados.

lunes, 20 de noviembre de 2017

La Revolución de Octubre en el proceso revolucionario cubano hasta 1925 (I)


Tomado de Contexto Latinoamericano. OceanSur
Por Angelina Rojas Blaquier

El inicio del siglo XX en Américas Latina se caracterizó por el avance del capitalismo, especialmente con la implantación del sistema neocolonial del imperialismo, que tuvo su estreno en Cuba. A escala internacional afloraban los primeros enfrentamientos entre sistemas caducos y emergentes y la búsqueda de nuevas posesiones y riquezas. La Primera Guerra Mundial imperialista no tardó en estallar, pero, de su seno nació también la primera revolución socialista a escala mundial en la antigua Rusia de los zares. La Revolución Socialista de Octubre marcó, sin dudas, el advenimiento de una nueva etapa de luchas entre las clases portadoras de los intereses que contendían en las nuevas circunstancias. 

viernes, 18 de agosto de 2017

Por el bien común

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Tomado de Razones de Cuba.
Por Daily Sánchez Lemus.
Ciertas aquellas palabras de Fidel en 1968: “Ellos hubieran sido como nosotros, nosotros hubiéramos sido como ellos”, para ratificar la continuidad del proceso revolucionario cuando se refería a los héroes de las guerras por la independencia de Cuba. La Historia de nuestro país reseña elementos que parecen cerrar un ciclo pero que luego son retomados para completar la materialización de una idea, de una lucha. Las generaciones de cubanos una y otra vez beben de sus antecesores para continuar el camino hacia el futuro. Esa ha sido también la ruta del partido de los comunistas cubanos. Un camino lleno de momentos complejos, de matices y de mucho sacrificio.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Una reflexión necesaria sobre "Ser revolucionario en Cuba, hoy"

Tomado de Dialogar Dialogar.

SER REVOLUCIONARIO EN CUBA, HOY.
Por Enrique Ubieta Gómez


¿Qué significa ser revolucionario? Los estudiosos del marxismo saben que en sus orígenes, el partido socialdemócrata se fracturó: los reformistas, cada vez más alejados de las concepciones de Marx, se quedaron con el nombre y los revolucionarios crearon el partido comunista. La polémica “reforma vs. revolución” tiene una larga historia. Ahí están los textos de Lenin, de Rosa Luxemburgo, entre otros. Pero la definición o la opción revolucionaria, y su existencia práctica, no son exclusivas de un partido o de una clase social, aunque sí de una época. Porque los burgueses fueron revolucionarios en su momento. Y el movimiento anticolonial en la era del imperialismo tuvo por lo general un carácter revolucionario. José Martí creó el Partido Revolucionario para lograr la independencia de Cuba, y dicen que hablaba de la revolución necesaria que habría de iniciar una vez alcanzado el poder. Por eso, me gusta hacer referencia a la tradición cubana del término. Cintio Vitier, por ejemplo, asumiendo los riesgos reductores de cualquier agrupamiento, establece dos tendencias “espirituales” en el último tercio del siglo XIX: la revolucionaria (independentismo, modernismo literario, antievolucionismo) y la reformista (autonomismo, preceptismo literario, evolucionismo positivista). Lo cierto es que Revolución es Creación, salto sobre el abismo, o sobre el muro de la aparente imposibilidad –“seamos realistas, hagamos lo imposible”, decían los estudiantes parisinos del 68–, mirada de cóndor, pero es sobre todo una toma de partido “con los pobres de la Tierra”. Si tomamos a José Martí como modelo de revolucionario, observaremos en él tres características que se repiten en Fidel Castro:

1. Opción ética antes que teórica: se adopta una teoría para luchar contra la explotación, y no a la inversa. Es vocación de justicia social. “En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre”, escribía Martí. “El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”, acotaba Ernesto Che Guevara. “Es precisamente el hombre, el semejante, la redención de sus semejantes, lo que constituye el objetivo de los revolucionarios”–ha dicho Fidel. El poeta revolucionario salvadoreño Roque Dalton se burlaba de las posiciones esnobistas de la pequeña burguesía en estos versos:

Los que
en el mejor de los casos
quieren hacer la revolución
para la Historia para la lógica
para la ciencia y la naturaleza
para los libros del próximo año o el futuro
para ganar la discusión e incluso
para salir por fin en los diarios
y no simplemente
para eliminar el hambre
para eliminar la explotación de los explotados.

Hay revolucionarios que desconocen la teoría marxista. Y hay académicos marxistas muy conocedores de cada texto, de cada frase de Marx, que jamás han salido a la calle, que son incapaces de sentir, de vibrar, con el dolor o el júbilo ajenos, que no militan; esos académicos “marxistas” no son revolucionarios. Tampoco son continuadores de Marx. Uno de los resortes formadores y auspiciadores de una Revolución, es la solidaridad.

2. Radicalidad en la comprensión y en los actos; el revolucionario busca la raíz del problema, aún cuando no pueda extirparla de inmediato, aún cuando se equivoque al señalarla, y pasa rápidamente a la acción. A diferencia del reformista, no pretende mitigar el dolor o enmascararlo, sino eliminar la enfermedad.

3. El revolucionario es una persona de fe. No en el sentido religioso. Ninguna declaración mejor que la que hace Martí (otra vez Martí) a su hijo, en la dedicatoria del Ismaelillo: tengo, le dice, “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti”. Fe en el pueblo, en sus capacidades. El revolucionario entiende los límites aparentes de lo posible, y los trasgrede, porque cree en el pueblo. En esto también se diferencia el reformista, que por razones de clase desconfía o subestima al pueblo. Creer, no es extirpar la duda; los revolucionarios vivimos la angustia de la duda, que es la del conocimiento. Sin embargo, el cínico es contrarrevolucionario, aunque no lo sepa.

Algunos ideólogos de la contrarrevolución reducen la actitud revolucionaria al acto violento, al uso de las armas. Como si las revoluciones armadas no ocurrieran en respuesta a la violencia del poder burgués. Ser un radical –ir a las raíces–, no es optar por la violencia. En su afán por desideologizar hasta el mismísimo concepto de revolución, pretenden hacer pasar como acciones revolucionarias las revueltas violentas de los politiqueros de la seudo república, que querían hacer valer el poder personal. Ni siquiera los antimachadistas o antibatistianos eran necesariamente revolucionarios. Y contraponen el socialismo revolucionario al que llaman “democrático” (socialdemócrata), porque aquel no respeta el orden burgués. El socialismo no solo puede, sino que debe ser democrático, aunque no en el sentido que el sistema capitalista otorga al término. Debe y puede ser más participativo, más inclusivo, más solidario, más representativo. Debe y puede defender la individualidad, no el individualismo, porque el socialismo es el único camino capaz de transformar a las masas en colectivos de individuos.

Ciertas cualidades o virtudes éticas constituyen el fundamento o la base sobre la que se erige un revolucionario. Pero es una ética esencialmente política, social, no privada, que no puede vaciarse o desligarse de las contradicciones fundamentales de la época. No se es revolucionario con respecto a los intereses personales, sino de cara a la sociedad. Hay personas conservadoras –por razones biográficas, y quién sabe si hasta por razones genéticas–, que repelen los cambios bruscos, la incertidumbre de lo nuevo, que disfrutan el orden y la rutina. No son contrarrevolucionarias. En sus Palabras a los intelectuales (1961), Fidel Castro decía: “Nadie ha supuesto nunca que (…) todo hombre honesto, por el hecho de ser honesto, tenga que ser revolucionario. Ser revolucionario es también una actitud ante la vida, ser revolucionario es también una actitud ante la realidad existente (…)”. Y agregaba más adelante: “Es posible que los hombres y las mujeres que tengan una actitud realmente revolucionaria ante la realidad no constituyan el sector mayoritario de la población; los revolucionarios son la vanguardia del pueblo, pero los revolucionarios deben aspirar a que marche junto a ellos todo el pueblo (…) la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo; a contar, no sólo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos que aunque no sean revolucionarios, es decir, que aunque no tengan una actitud revolucionaria ante la vida, estén con ella. La Revolución sólo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”.

Allí donde una Revolución ha triunfado, el adjetivo –que en el globalizado mundo del oficialismo burgués suele endilgarse como insulto–, se convierte en elogio. Una persona es trabajadora, “buena gente” y revolucionaria. La cotidianidad puede descontextualizar el sustrato rebelde y el significado político del término y reducir la condición del revolucionario a la honradez o a la decencia. A veces, puesto que la Revolución ha tomado el poder, se identifica con el buen comportamiento o la corrección. Decimos: “en el fondo él (ella) es revolucionario(a)”, como si dijéramos que, más allá de sus apariencias, “es una persona noble”. Y creemos que el niño o el joven “más revolucionario”, es el que “se porta bien”. De cierta forma, el calificativo se aburguesa. Esto parece casi inevitable, pero no lo es: una Revolución en el poder necesita establecer su “normalidad”, su gobernabilidad. Defenderse como poder político es la premisa de cualquier poder político, mucho más cuando se trata de un contrapoder acorralado por el Poder Global –que no solo acecha en el plano físico (material, militar), sino también en el espiritual, en el ámbito de la reproducción de valores–, y su normalidad es una “anormalidad” fuera de sus fronteras geográficas. Ser revolucionario es participar en la consolidación del gobierno revolucionario, establecer un frente común con ese gobierno, para defender cada conquista y establecer las nuevas metas, aún cuando los grados de participación en la determinación de esas metas son aún insuficientes o se ejercen de manera formal. La democracia socialista, esencialmente superior, tiene todavía un largo camino por recorrer. Ser revolucionario también es participar desde la crítica comprometida. Criticar no es enunciar un hecho cierto, es actuar sobre él, empujarlo hacia su solución. Lo que otorga veracidad y justeza a una crítica no es el hecho enunciado, es su sentido. Si se desideologiza la crítica, se deshuesa, y se falsean sus enunciados.

De manera imperceptible, ocurre un lento proceso de separación o destilación del contenido “rebelde” que toda actitud revolucionaria presupone. Esto no es bueno. Vienen entonces los que enarbolan la rebeldía y la contraponen al ser revolucionario –vieja aspiración de la subversión imperialista: promover la rebeldía antirrevolucionaria, lo que significa decir, que los rebeldes sean antirebeldes, que aspiren a ser “normales”, inconformes frente a la rebeldía y conformes frente a la enajenación global–, o en sus antípodas, aquellos que consideran que el ser rebelde es el verdadero ser revolucionario. Estos últimos pueden perder el sentido de orientación, porque la rebeldía a secas, habitualmente manipulada por el mercado capitalista, tiene una larga historia de convivencia y a veces de connivencia con el capitalismo. La rebeldía juvenil no es ni puede ser enemiga del espíritu revolucionario; ser revolucionario es la forma superior de ser rebelde. Sin la inconformidad que propicia la rebeldía y sin su disposición para romper moldes, normas, esquemas, es difícil ser revolucionario. Las universidades cubanas no pueden ser “de o para los revolucionarios”, son centros formadores; deben ser, eso sí, formadoras de revolucionarios. De sus aulas salieron Mella y Fidel. El capitalismo (la cultura del tener) intenta domar la rebeldía incentivando sus formas primarias: el desacato, la irreverencia; intenta aislar al rebelde, concentrarlo en sí mismo, explotar al máximo su expresión individualista, transformarlo en un cínico. El socialismo (la cultura del ser), pretende encauzar esa rebeldía hacia la acción transformadora, ponerle mayúsculas, hacerla partícipe de las causas más justas de su época.

Vivo en el barrio centrohabanero de Colón, y muchas personas en mi entorno deben enfrentar enemigos más concretos e inmediatos que el imperialismo norteamericano, al menos eso parece, cuando la corrupción, la burocracia, la doble moral, la insensibilidad, el “sálvese quien pueda” se imponen. Creo, como ellos, que ese es el enemigo principal. Pero no podemos confundir su nombre: se trata del capitalismo, de su capacidad para regenerarse dentro del socialismo, que no es más que un camino (no un lugar de llegada) hacia otro lugar, hacia otra esperanza o certeza de vida mejor. Si desvinculamos ese nombre de aquellas manifestaciones, o las enlazamos erróneamente al camino socialista que hemos emprendido, perdemos el rumbo. No podemos ser revolucionarios hoy, en este mundo globalizado, si no somos anticapitalistas, si no somos antiimperialistas. Si no sentimos como propios las conquistas, los peligros, las humillaciones, de otros pueblos. Si no defendemos la unidad de los revolucionarios cubanos y la de los pueblos latinoamericanos frente al imperialismo. No podemos ser revolucionarios si creemos que el mundo tiene el largo y el ancho de una calle, o de un barrio, o de un país. Si aceptamos los consensos que otros construyen, y no construimos los nuestros. Si vaciamos cada palabra de los contenidos de combate, porque de inmediato serán llenadas de otros contenidos, por aquellos que nos combaten.

Martí, Mella, Guiteras, el Che, Fidel, se parecen demasiado, para que nos inventemos ese asunto de las generaciones. No han dejado de ser jóvenes. Cambian las tareas, las coordenadas, pero no las actitudes, los principios, el horizonte al que siempre nos acercamos sin llegar. Por otra parte, nadie se hace revolucionario de una vez y para siempre. Hay que nacer como revolucionario cada mañana, cada día. Los papeles no están predestinados ni son inmutables: el héroe de 1868 pudo convertirse en traidor veinte años después; el indeciso de entonces, quizás empuñó las armas con dignidad en 1895; el guerrero valiente de la manigua pudo dejarse seducir por la corruptora política neocolonial; el enérgico antimachadista, desilusionarse de sus ideales de juventud o convertirse en un profesional de la violencia; el revolucionario de la Sierra o del Llano, acomodarse o enredarse en las redes del burocratismo; el escéptico de aquellos días, transformarse en un miliciano fervoroso, en un héroe cotidiano e invisible; el dirigente juvenil, acodado en el balcón de la buena conducta y los aplausos, convertirse en un repetidor de consignas vacías y el profesional rebelde, crecer como tal hasta hacerse revolucionario. Entre unos y otros, disfrazados, están los oportunistas, los “pragmáticos”, los cínicos de siempre. A todos los cerca la historia y, de sus actos múltiples, solo perdura el instante de eticidad fundadora que sostiene a la Patria: “ese sol del mundo moral” que ilumina y define a los seres humanos, según la frase que Cintio rescatara de José de la Luz y Caballero. Una Patria que es Humanidad, que no está en la “hierba que pisan nuestras plantas”, o en unas costumbres siempre en evolución, sino en un proyecto colectivo de justicia. Una Patria que aspira a fundirse con la Humanidad, y que mientras, defiende su espacio para fundar, para crear, para proteger la dignidad plena de sus hombres y mujeres.

jueves, 13 de marzo de 2014

13 de marzo de 1925:"¡Viva Isla de Pinos CUBANA!"

Tomado de El Pinero
Por Sergio Rivero Carrasco

Los ojos del yanqui estuvieron bien puestos en la otrora Isla de Pinos desde que el primero de agosto de 1898 comenzara el bloqueo naval en los alrededores de este ínsula. Comidita fresca y productiva para calmar las ansias del hambre maligna del imperio.
Vencida España por las tropas de ocupación estadounidenses se vio obligada a firmar el Tratado de Paz, en París, el 10 de diciembre de 1898, aunque la manera en que fueron redactados los artículos I y II, desde el punto de vista técnico- jurídico, se convirtió de hecho en el fundamento “legal” para la reclamación del territorio pinero por mucho tiempo, por parte de los intereses norteamericanos. No se puede destacar, por otra parte, la intención inicial de dicho país, manifiesta en las exploraciones realizadas por naves de guerra, en la zona de la Siguanea, con la finalidad de evaluar sus posibilidades como futura base naval y de ahí, el verdadero objetivo del bloqueo. 
Gonzalo de Quesada  y Aróstegui, un camagüeyano rellollo, letrado, por demás, fue el que represantó al gobierno cubano en Washington para las negociaciones y la firma del Tratado mediante el cual la Isla de Pinos, que los artículos III y VI de la Enmienda Plat, habían dejado a la Isla de Pinos fuera del territorio nacional cubano, como presa llena de bondades para las apetencias norteamericanas. Cuba trató de firmar cuatro veces el dichoso Tratado y le fueron negadas argumentando banales argumentos.
Las acciones de los pineros se unieron en un solo frente nacional, donde se crearon organizaciones de carácter nacionalista como la Columna de Defensa Nacional de Isla de Pinos y el Comité Patriótico Pro- Isla de Pinos. Al movimiento se integraron destacados intelectuales, científicos y personalidades del país. La juventud cubana también jugó un papel protagónico en esta lucha encabezada por Julio Antonio Mella, quien rechazó con particular fuerza el servilismo oficial que le hacía el juego a las pretensiones yanquis. 

Fue el creciente movimiento popular nacido en la Isla de Pinos y crecida al resto el país lo que obligó al Semado de Estados Unidos a firmar el Tratado el 13 de marzo de 1925, después de 21 años de dura lucha.  Constituye esta una memorable fecha para el pueblo pinero que a partir de ese momento recuperó la ansiada soberanía y su condición de CUBANA.
Júbilo popular causó el acontecimiento. Después las celebraciones tomaban la fecha como rederencia, incluso, la elección de la Señorita 13 de Marzo, destinada a presidir los festejos, tanto en la sociedad de blancos, como en la de negros y mulatos. Fue así que se fue sembrando la semila del cariño y el amor por el terruño, el sentido de pertenencia por esta tierra sagrada que guarda una rica y fecunda historia de laboriosidad, sentimiento independentista y antiimperialista.
Cada 13 de marzo, el pueblo recuerda el momento en que llegó la noticia por un cable telegráfico en el que se informaba de la firma del tratado y cómo Juan Blanco, quien era el operador del telégrafo partió a correr calle Martí abajo anunciando el acontecimiento en que entre otras cosas gritaba: "¡Viva Isla de Pinos cubana!"

sábado, 1 de marzo de 2014

Mella para todos los tiempos

Tomado de CubaDebate

Hay vidas que son como el paso de los cometas que, a pesar de su fugacidad, su estela luminosa deslumbra a todos los que la ven. Si, además, la obra iniciada resiste los vendavales del tiempo y continúa sirviendo a generaciones posteriores, se confirma el aserto de que, aún después de muerto se puede seguir siendo útil.
 
El emblema de la organización política de la juventud cubana contiene las imágenes de tres rostros de jóvenes inolvidables. El primero de ellos no pertenece, como los otros dos, a un joven de la gesta heroica con la que Fidel condujo al pueblo cubano a su más importante victoria. Se trata de la de un joven que murió asesinado treinta años antes del triunfo revolucionario del primero de enero de 1959. Al morir, aún no había cumplido los 26 años de edad.

¿Quién era ese joven y qué razones hay para que ocupe ese lugar cimero? ¿Por qué, en un parquecito enclavado en el lugar en que la calle de San Lázaro desemboca en la amplia e histórica escalinata de la Universidad de La Habana hay un busto convertido en sencillo mausoleo para homenajearlo?

Quizás la respuesta más adecuada sea: porque fue un precursor, porque fue un fundador, porque sostenía, confiado, que cualquier tiempo futuro sería mejor. Era un abanderado de la esperanza. Uno de los imprescindibles.

Desde niño tuvo que enfrentarse a difíciles circunstancias sociales. Hijo natural, como se decía para denominar a aquellos nacidos fuera del matrimonio, de una mujer que no era la esposa legal del padre, fue inscrito en el registro civil con el nombre del padre y el apellido de la madre. Sin embargo, las torceduras de los caminos de la vida lo llevaron, junto con su hermano menor, a pasar a vivir con el padre y su esposa legítima, matrimonio del que habían nacido tres hijas. Y esta señora, nombrada Mercedes Bermúdez, dominicana como su esposo Nicanor, recibió a los muchachos como a hijos propios. ¡Qué grandeza! Nicanor era sastre de profesión e hijo del general Ramón Mella, quien en 1844 proclamó la independencia de su país.

El nieto del general Mella comenzaría a ser una figura relevante a partir de su ingreso en la Universidad de La Habana en septiembre de 1921, a los 18 años de edad. Era Mella un gran deportista. Dicen los que le conocieron que era un hombre alto, de unos seis pies de estatura y un peso corporal que se acercaba a las 185 libras; un joven fornido. Practicaba varios deportes: remos, campo y pista, natación, baloncesto, fútbol. Fue parte del equipo de remos de la Universidad que ganó las regatas de Cienfuegos en 1921 y del que obtuvo medallas de bronce y de plata en 1921-1922.

Con sus compañeros atletas formó un grupo de acción al que denominó “los manicatos”, para enfrentar la corrupción en la Universidad y oponerse a los abusos como las acciones y vejámenes de las novatadas de las que eran víctimas los que iniciaban sus estudios universitarios. La palabra manicato en el lenguaje de los indios caribes tiene la significación de valiente, decidido, esforzado. Se cuenta también que a él se debe el color emblemático que distingue a la Universidad de La Habana, los caribes en el mundo del deporte.

Insisten los que le conocieron que no fumaba ni ingería bebidas alcohólicas, ni era aficionado a los juegos de azar; que siempre utilizaba un lenguaje respetuoso y era muy caballeroso con las mujeres.

Combinaba su amor por el deporte con la pasión por la lectura. Se cuenta que fue un gran estudioso de la historia y la cultura greco-latina. Tanto le impresionaron al joven Mella sus lecturas de la historia de Roma, en particular de las hazañas de Julio César y Marco Antonio —quien pronunciaría las palabras de despedida a su asesinado jefe—, que Mella decidió cambiar su nombre heredado, Nicanor, por el de Julio Antonio, en honor a los dos ilustres romanos. Así quedó el nombre con que le conocemos hoy: Julio Antonio Mella.

Pero no sería la actividad deportiva precisamente la que haría saltar a la posteridad al joven Mella. Fue su actividad en las luchas sociales y políticas.

Relacionado con Carlos Baliño, Enrique José Varona y Emilio Roig de Leuchsenring, Mella fue descubriendo la profundidad del pensamiento de José Martí, y se convirtió en un martiano decidido. Claro que también estaba al tanto del pensamiento latinoamericano más progresista de su época, como el argentino José Ingenieros —autor de Las fuerzas morales, Ciencia y educación, El hombre mediocre, La simulación en la lucha por la vida y de un libro dedicado a la triunfante Revolución de Octubre en Rusia— y el uruguayo José Enrique Rodó, autor, entre otras obras, de Ariel, muy popular en Cuba entonces.

Las primeras luchas de Mella, junto a las ya mencionadas de “los manicatos”, se vinculan a la reforma universitaria. Al año siguiente de su ingreso a la Universidad —en noviembre de 1922—, fundó la revista Alma Mater, de la cual era su administrador. Su hermano Cecilio, un año menor, lo ayudaba con el trabajo de la publicación. Alma Mater surgió antes de la creación de la Federación Estudiantil Universitaria, de la que también fue fundador el 20 de diciembre de 1922.

Mella se convirtió en el más importante líder estudiantil y un orador que conmovía, convencía y movilizaba a su auditorio. Su influencia rebasaba los límites de la Universidad y se extendía a los estudiantes de la segunda enseñanza. Es muy hermoso lo que relata el entonces estudiante de bachillerato de la escuela de los Hermanos Maristas, Raúl Roa García, de sus impresiones sobre la personalidad de Mella, sobre el que escribiría un artículo para la revista Bohemia días antes del retorno a Cuba de sus cenizas.

Mella convocó al Primer Congreso Nacional Revolucionario de Estudiantes, que se reunió en el Aula Magna de la Universidad de La Habana del 15 al 25 de octubre de 1923. Entre los resultados políticos de este congreso se puede mencionar la condena al imperialismo, en particular al imperialismo norteamericano. Se condenó también la ignominiosa Enmienda Platt, se saludó a la Rusia soviética, se apoyó a los movimientos de liberación de Asia y África, se insistió en la necesidad de vincular a los estudiantes universitarios con la clase obrera y se acordó la creación de la Universidad Popular “José Martí”, cuyo funcionamiento en las áreas de la Universidad, por la reticencia de la Dirección del centro docente, tuvo que trasladarse a locales sindicales.

Habría que esperar al triunfo de la revolución cubana dirigida por Fidel para que la universidad se pintara de negro, de obrero y de campesino, para decirlo en palabras del Che. La Universidad Popular contó entre sus profesores con figuras de la talla del poeta José Zacarías Tallet, el médico Gustavo Aldereguía y el poeta Rubén Martínez Villena, entre otros. En ese congreso circuló otra revista creada por Mella, Juventud.

Al año siguiente, 1924, Mella, quien dirigía la Confederación de Estudiantes de Cuba, fue uno de los fundadores de la Liga Anticlerical, no anti-religiosa, vale aclarar, sino contraria al uso de la religión como instrumento de dominación política; y de la sección cubana de la Liga Antimperialista. A mediados de ese año, ingresó en la Agrupación Comunista de La Habana. En ese año atracó en el puerto de Cárdenas el buque mercante soviético Vatslav Vorovski y Mella fue comisionado, junto a otros tres compañeros, para que, secretamente, visitara el buque, misión que se cumplió exitosamente. También ese año publicó el folleto “Cuba, un pueblo que nunca ha sido libre”.

Había un miembro del Comité Central del Partido Comunista Mexicano, de apellido Flores Magón, quien estando en Cuba como representante de la III Internacional (comunista) propuso que las agrupaciones comunistas cubanas celebraran un congreso. Esto se hizo el 16 de agosto de 1925. Así se fundó el primer Partido Comunista de Cuba y se eligió su primer Comité Central. Entre esos fundadores estaba Mella y fue electo Secretario de organización. El Congreso tuvo su primera sesión en el local del Instituto Politécnico “Ariel”, que había sido fundado por Mella y Alfonso Bernal del Riesgo ese año. El Comité Central se reuniría muchas veces en la Universidad de La Habana.

Ya Mella era figura conocida nacionalmente, no solo en los medios estudiantiles, sino obreros y rurales. Su presencia en Camagüey y Oriente testimonian la amplitud de su radio de acción.
El 20 de mayo de 1925 ocupó la presidencia de la república Gerardo Machado. Desde temprano Machado se caracterizo por el carácter represivo de su gobernación. Ilegalizó el Partido Comunista y la FEU y expulsó a Mella de la Universidad. Los derechos ganados por los estudiantes en 1923 eran amenazados. Había agitación en el estudiantado. El 26 de noviembre de 1925 Mella habló a los estudiantes en la habitual tribuna del Patio de los Laureles. Al día siguiente fue detenido. Fue su último discurso en su querida colina.

En protesta por su arbitraria detención, Mella se declaró en huelga de hambre. Se hicieron gestiones directas con el propio Machado para que lo liberara y este amenazó con matarlo. El respaldo popular a la huelga que durante 19 días sostuvo Mella obligó a su excarcelación. Pero su vida peligraba. Se decidió enviarlo al extranjero. Mella salió en enero de 1926, bajo el nombre de Juan López, por el puerto de Cienfuegos en el barco de carga “Comayagua”, con destino a Honduras. Pasó por Honduras y Guatemala antes de llegar a México, donde finalmente permaneció.

Allí se incorporó al Partido Comunista Mexicano y fue miembro de su Comité Central. Trabajó con la Liga Antimperialista de las Américas y participó en cuanta actividad importante tuvo a su alcance, entre ellas el apoyo a Augusto César Sandino en su enfrentamiento al imperialismo en Nicaragua, y a los revolucionarios venezolanos y la denuncia y condena al fascismo italiano y al imperialismo yanqui. Escribe en numerosos medios de prensa tales como Cuba Libre, órgano de la Asociación de los Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos, fundada por Mella y Leonardo Fernández Sánchez en México en 1927, y en El Machete.

En febrero de 1927 viajó a Bruselas para participar en el Congreso Mundial Contra la Opresión Colonial y el Imperialismo. Luego llegó a Moscú y participó en el congreso de la Internacional Sindical Roja.

En México, como miembro del Comité Central del Partido Comunista, participaba en todas las acciones a favor de la nacionalización del petróleo, la reforma agraria, las luchas de los mineros. Pero sentía su deber prioritario el reincorporarse a la lucha en su país. Estaba preparando una expedición para regresar a Cuba y unirse a la lucha armada cuando, en compañía de Tina Modotti, su compañera sentimental en los últimos cuatro meses de su vida, fue asesinado a tiros por esbirros a sueldo del tirano Machado el 10 de enero de 1929. Se dice que sus últimas palabras fueron: “¡Muero por la revolución!” El sueño de una expedición que zarpara de México para iniciar la lucha armada y lograr el triunfo de la revolución popular solo se lograría, 27 años después, por otro destacado dirigente estudiantil revolucionario, Fidel Castro Ruz, el nuevo Mella según lo calificara el dirigente juvenil comunista cubano Flavio Bravo Pardo.

Las cenizas de los restos de Mella no pudieron ser repatriadas hasta un mes después del derrocamiento de la dictadura de Gerardo Machado, el “asno con garras”, como lo bautizó Rubén Martínez Villena. Fue el 29 de septiembre de 1933. En esa ocasión, Villena pronunció estas palabras:

Camaradas: Aquí está, sí, pero no en ese montón de cenizas, sino en este formidable despliegue de fuerzas. Estamos aquí para tributar el homenaje merecido a Julio Antonio Mella, inolvidable para nosotros, que entregó su juventud, su inteligencia, todo su esfuerzo y todo el esplendor de su vida a la causa de los pobres del mundo, de los explotados, de los humillados… Pero no estamos solo aquí para rendir ese tributo a sus merecimientos excepcionales. Estamos aquí, sobre todo, porque tenemos el deber de imitarlo, de seguir sus impulsos, de vibrar al calor de su generoso corazón revolucionario. Para eso estamos aquí, camaradas, para rendirle de esa manera a Mella el único homenaje que le hubiera sido grato: el de hacer buena su caída por la redención de los oprimidos con nuestro propósito de caer también si fuera necesario. (1)

Pero Mella no solo fue el gran organizador, el hombre de acción, sino una inteligencia perspicaz que dejó en sus trabajos profundas interpretaciones que merecen ser estudiadas en artículo aparte. Mella es el gran precursor del accionar revolucionario del siglo XX cubano. Él es el vínculo histórico entre Martí y Fidel.

El nombre de Mella fue dado a la revista de la Juventud Socialista cubana que, en la lucha clandestina contra la última tiranía de Batista, y en los primeros tiempos del triunfo revolucionario de 1959, sirvió de guía a la juventud revolucionaria cubana.

Este 25 de marzo de 2013 (también un 25 de marzo desde tierra dominicana escribía Martí en 1895 la carta de despedida a su madre), se cumplen ciento diez años del natalicio de Julio Antonio Mella, ocasión propicia para el recuerdo emocionado y agradecido. Con el poeta Ángel Augier podemos decirle:

Artífice del tiempo amanecido,
toda la sangre de tu pecho herido
acudió al resplandor de las banderas.
Y en esa llama que incesante avanza
tu corazón se rompe en primaveras
para encender la tierra de esperanza.

Nuestra nota sobre la muerte de Natasha Mella

Enviado por correo electrónico.
Por Adys Cupull y Froilan González.

Nuestra nota sobre la muerte de Natasha Mella  generó varios mensajes. Algunos mostraban  sorpresa porque desconocían que Julio Antonio Mella tuviera una hija, otros solicitaban alguna foto y hasta mensajes de pésame.

Compartimos con ustedes  una carta de los amigos mexicanos René Ortiz y Edna Aldama, quienes hicieron de su casa un lugar  íntimo para conversar  telefónicamente con ella.

Nunca permitieron que pagáramos esas llamadas,  a pesar de que generalmente eran largas porque Natasha quería conocer mucho de Cuba.

Cada vez que se lo solicitábamos Edna y René se comunicaban con ella, se forjó así una amistad en la que Julio Antonio Mella estuvo presente. A esta nota adjuntamos una de las primeras fotos que nos envió  Natasha.

CARTA DESDE MÉXICO.
28 DE FEBRERO DEL 2014.


Adys Cupull y Froilán González:
 
Muy queridos amigos:
 
Con sincera pena recibimos su nota en la que nos informan que Natasha Mella, falleció en Miami el 11 de febrero del 2014.
 
Les enviamos, siendo las personas más cercanas a Julio Antonio Mella que conocemos, nuestro pésame por el fallecimiento de la hija del líder estudiantil y fundador del Primer Partido Comunista de Cuba, y de la Federación Estudiantil Universitaria, Julio Antonio Mella, asesinado en México en la calle de Abraham González la noche del 10 de enero de 1929.
 
Conocíamos de Mella, como estudiantes nos conmovían sus palabras, que moribundo pronunció “Machado me mandó a matar… Muero por la Revolución…”
 
Fue con el libro, “Mella entre los Mexicanos” que Adys publicó en México, que iniciamos una verdadera admiración por Julio Antonio Mella, al leer los testimonios de mexicanos ilustres que lo conocieron.

Con verdadero orgullo y emoción recordamos aquella lejana, en el tiempo muy reciente en la memoria, conversación en su casa de San Lázaro en que nos platicaron y mostraron unas cartas del muy joven Julio Antonio Mella en su primer viaje a México.
 
Destacaba por su importancia el antecedente de que Mella, en la Academia Newton en La Habana había sido alumno de Salvador Díaz Mirón quien influyó en su amor por el ideario de José Martí y la mención de Mella, de que Cuba le debía al poeta mexicano un monumento de cristal de roca, en lo que creían un recurso poético.

Inmediatamente vino a nuestra memoria el inicio del poema “A Gloria” que aclaraba la tarea pendiente señalada por Mella y que “el cristal de roca” es una variedad de cuarzo mexicano que es transparente.
 
No intentes convencerme de torpeza
con los delirios de tu mente loca:
mi razón es al par luz y firmeza,
firmeza y luz como el cristal de roca.
 
Otra sorprendente idea de Mella, entre muchas pero que especialmente se quedó gravada por su trascendencia e importancia es respecto a Nuestra América: “Los pueblos hermanos que un loco tenaz descubriera, cachorros de un caduco león son hoy presas de un águila estrellada ¿Por qué razón? ¿Por qué justicia?(…) Ver unidas a las repúblicas hispanoamericanas para verlas fuertes, dominadoras y servidoras de la libertad, diosa. He aquí mi ideal”
 
Pronto la investigación de ustedes sobre este primer viaje de Mella a México se convirtió en un bello y profundo libro. “Así mi corazón. Apuntes biográficos sobre Julio Antonio Mella". Editora Abril 2003.
 
Haber tenido la oportunidad de conocer por ustedes la historia de Julio Antonio Mella, con una modesta intervención para la publicación en 2008 de la edición mexicana de "Julio Antonio Mella y México". Publicado por la  Editora Alternativa Periodística S. A. de C.V., hasta llegar a su biografía, es un privilegio de la vida que apreciamos en todo lo que vale y es un motivo más de agradecimiento.
 
La vida se convierte irremediablemente en historia y Natasha Mella ya forma parte de ella.
 
Por nuestra parte no olvidaremos la pequeña intervención que tuvimos en la relación de ustedes con Natasha, cuando Edna los comunicó desde México con Natasha y después habló para saludarla en nombre de ustedes en diferentes ocasiones.
 
Expresaba Natasha Mella un amor especial por Cuba y por México incluso le expresó en una ocasión a Edna que le gustaría ser sepultada en México al lado de un ahuehuete, (El viejo del agua) el árbol nacional de México y de un Guamá, seguramente por recuerdos y remembranza por el lugar de su nacimiento y el de la muerte de su padre.

Mella era un joven comunista único, que de no ser asesinado por los esbirros del dictador Machado, seguramente hubiera sido un hombre de los que cambian el rumbo de la historia.
 
Prácticamente a la muerte de Mella nacían los hombres que hicieron la Revolución herederos de Martí de Mella y de los mambises que por casi 100 años Lucharon por la independencia y aquellos que nunca aceptaron el yugo imperialista...
 
Edna Aldama
René Ortiz

viernes, 23 de agosto de 2013

Bernie Dwyer, el Che y Mella.

Bernie Dwyer, incansable luchadora por la causa de los Cinco
Bernie Dwyer, incansable luchadora por la causa de los Cinco, quien lamentablemente falleció el pasado 10 de julio del presente año. Llegue a sus familiares y amigos cercanos mi gran sentir.

Por Adys Cupull y Froilan González.
Enviado por correo electrónico.

Al fallecer Bernie Dwyer, el 10 de julio del 2013, muchos de sus amigos y compañeros la  caracterizaron  como  una incansable luchadora de las causas justas, así la apreciamos, en especial su defensa por  la  libertad de  los Cinco Héroes cubanos. La injusta sanción que impuso el Gobierno de Estados Unidos  a Gerardo, Fernando, Antonio, René y Ramón fue un constante desvelo para ella.

sábado, 3 de abril de 2010

DE LA LIGA JUVENIL COMUNISTA A LA UNIÓN DE JÓVENES COMUNISTAS.

Joven cubana en los primeros años de la Revolución.
Cuba tiene el privilegio y el orgullo de ostentar una pléyade ilustre de jóvenes que han sido actores directos del proceso de lucha, del logro del triunfo de la Revolución y de la construcción del proceso socialista que hoy en día es ejemplo digno para muchos pueblos del mundo.
No intentaré hacer el papel de catedrático en historia, pero creo muy justo, en este 4 de abril, hacer el alto reconocimiento a todas y todos aquellos jóvenes que dieron su vida por la obra digna de la Revolución y por todas y todos los actuales jóvenes que siguen enriqueciéndola con su actuar en las diferentes tareas de la sociedad, enfrentando los ataques del imperio norteamericano y sus lacayos; así como en el campo de la solidaridad en la esfera internacional: escribiendo páginas de inmensa belleza.

Por Gustavo de la Torre Morales

El Partido Comunista de Cuba (PCC, creado en 1925 por Julio Antonio Mella y Carlos Baliños), entró en la clandestinidad desde sus inicios, debido a la fuerte persecución a que estaban sometidas las fuerzas de izquierda. Los miembros del PCC eran objeto de cruda cacería por parte del gobierno de Gerardo Machado, el cual ejercía represión; principalmente a todo lo que pudiera dar indicio de simpatía con el movimiento comunista que se desarrollaba en Europa (la Unión Soviética).

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