La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) rechazó la aprobación, por parte del Congreso de Estados Unidos, de la Ley de Inversión y Condicionalidad de Nicaragua (Nica Act).
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viernes, 28 de diciembre de 2018
lunes, 16 de julio de 2018
¿Cómo articular a la izquierda frente a la ofensiva imperial?
Tomado de Granma
Por Daina Caballero
Por Daina Caballero
La sesión matutina de la primera jornada del XXIV Encuentro Anual del Foro de Sao Paulo reunió a delegados e invitados en la tradicional Escuela de Formación Política que se organiza en cada uno de estos encuentros. En esta ocasión, políticos, dirigentes, académicos e intelectuales de toda la región se dieron cita para dialogar sobre los temas más acuciantes que preocupan a los pueblos y cuánto queda por hacer aún en pos de la unidad y la integración.
¿Qué se propone el XXIV Encuentro Anual del Foro de Sao Paulo?
Tomado de Granma
Por Daina Caballero
Por Daina Caballero
El XXIV Encuentro Anual del Foro de Sao Paulo (FSP) quedó inaugurado este domingo en la capital cubana, con la participación de más de 400 delegados e invitados de los partidos miembros del Foro, así como representantes de movimientos y organizaciones sociales de izquierda de América Latina y el Caribe y de otras partes del mundo.
jueves, 5 de julio de 2018
La “peligrosidad” del Foro
Tomado de Visiones de Cuba
Por Francisco Arias Fernández.
Por Francisco Arias Fernández.
¿Por qué el gobierno de los Estados Unidos y su maquinaria de guerra mediática se empeñan en demonizar al Foro de Sao Paulo? ¿Por qué repiten una y otra vez que significa “una amenaza a la democracia”, que es un aparato “unificador del comunismo”, o “la confluencia de la izquierda y los grupos terroristas de toda Iberoamérica”?
martes, 12 de septiembre de 2017
CUBA Y AMÉRICA LATINA
Por Alberto Prieto Pozos
En Cuba, el primero de enero de 1959, contra la tiranía proimperialista de Fulgencio Batista, triunfó la rebeldía armada encabezada por Fidel Castro, cuya vanguardia era el Ejército Rebelde. A partir de ese momento se intervinieron las propiedades malversadas por los antiguos gobernantes. Se rebajaron los alquileres para luego entregar la propiedad de los domicilios a sus inquilinos.
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jueves, 19 de enero de 2017
V Cumbre de la Celac: fortalecer la unidad
| CELAC Foto: Falco |
Por Marina Menéndez Quintero.
Cuba espera que la V Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) contribuya al fortalecimiento de esa instancia y, por esa vía, al fortalecimiento de la unidad en la diversidad, que en más de una ocasión el Presidente cubano, Raúl Castro, ha calificado como imprescindible.
Las declaraciones las formuló a la prensa el viceministro cubano de Relaciones Exteriores, Abelardo Moreno, quien también señaló, entre otros asuntos, que la Isla considera de particular importancia en la reunión, el seguimiento que esta pueda dar al cumplimiento de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.
Dicha Proclama, recordó, no solo plantea el principio de la buena vecindad entre los países de la región y la necesidad de que se solucionen las diferencias por vía pacífica, sino también el reconocimiento de todos los sistemas políticos, económicos, sociales y culturales en la zona.
Además, se espera que la cita mantenga entre sus pronunciamientos el rechazo al bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, asumido por la Celac desde que inició sus trabajos, así como el respaldo a nuestro país en su reclamo de devolución del territorio que ocupa ilegalmente la Base naval de Estados Unidos en Guantánamo.
Asimismo, es nuestra aspiración que se siga consolidando la aceptación por la Comunidad de que Puerto Rico es un país latinoamericano y caribeño y que debe ser independiente y soberano, afirmó.
Toda vez que la Celac mantuvo una posición clara en contra de la política estadounidense conocida como «pies secos-pies mojados» en sus relaciones migratorias con Cuba, se espera que ahora la entidad salude el fin de esa práctica (acordado el pasado día 12), así como del Programa Parole para el personal médico cubano en terceros países. Al propio tiempo, se aguarda que siga reclamando el fin de la Ley de Ajuste Cubano.
Son muchos los temas que abordará la V Cumbre, entre los que se destacan el desarme nuclear, el desarrollo y la igualdad de género, adelantó Moreno.
La V Cumbre de la Celac tendrá lugar en Punta Cana, en República Dominicana, el próximo 25 de enero y estará antecedida por la reunión de coordinadores nacionales los días 21, 22 y 23, y por la cita de cancilleres, prevista para el 24.
Según comenta el sitio web Pensando Américas, la celebración de la Cumbre servirá de marco a un encuentro regional de fuerzas sociales y progresistas de la región en el que participarán representantes de organizaciones sociales, políticas, sindicales, campesinas, populares, juveniles, estudiantiles y solidarias de América Latina y el Caribe.
De la cita debe emerger una declaración «en defensa de la concordia, la unidad, la autodeterminación y la independencia definitiva de los pueblos de la Patria Grande, y en apoyo al cónclave de mandatarios».
viernes, 22 de abril de 2016
Fidel Castro y la revolución en América Latina
Por Alberto Prieto Rozos.
Fidel Castro revolucionó el concepto de hacer la revolución en América Latina. Se apartó de los establecidos cánones clásicos para tomar el poder y transformar la sociedad, planteando tres consignas básicas: armas, unidad, pueblo. Consideró que con ellas el proceso revolucionario sería inderrotable. Sabía que conocer el contexto material en que se desarrollaba la vida de los seres humanos, así como sus conflictos, resultaba básico e inobviable. Pero eso no bastaba. Había que interpretar los anhelos de las personas, pues la transformación de su moral dependía de ello. La actividad de los seres humanos está determinada por su conciencia. Esta se nutre –como reflejo– de una forma de pensar e idiosincrasia, de su manera de sentir o psicología, así como de su cultura. Las personas actúan influidas por sus tradiciones o historia y están motivadas por una ideología o concepción del mundo. Pero siempre sin olvidar que se piensa como se vive, y no al revés.
La primera fase de la lucha de Fidel se centró en combatir el indeseado régimen de Batista, instituido tras su golpe militar del 10 de marzo de 1952. El joven revolucionario demostró tener dominio sobre las características objetivas y subjetivas existentes en Cuba, cuando formuló su alegato–programa La historia me absolverá. Lo expuso durante la farsa judicial a la que fue sometido tras su fallido ataque al Cuartel Moncada –el 26 de julio de 1953–, que pretendía derrocar al anti–constitucional gobierno pro–imperialista. En dicha alocución Fidel convocó a crear un amplio frente anti-dictatorial, que resistiese a la tiranía y luego condujese al pueblo a una multifacética rebeldía –política, social, armada–, hasta el triunfo. Trataba de lograr la unidad por la negación, aunque dentro de aquella unos buscasen retornar al status anterior, mientras otros quisieran alcanzar un mundo mejor mediante la revolución.
Luego de dos años de guerra, Fidel –con el Ejército Rebelde– ocupó el poder e inició una segunda fase de su lucha. Planteó la necesidad de transformar o sustituir las viejas estructuras por otras nuevas. Esto se realizaría mediante un conjunto de etapas evolutivas. En ellas se eliminarían los reaccionarios intereses de los imperialistas y sus aliados internos, metamorfoseando al Estado y sus instituciones en nombre de los intereses generales de la sociedad. Ponía en práctica su novedoso concepto: «Revolución es el arte de aglutinar fuerzas para librar batallas decisivas contra el imperialismo. Ninguna revolución, ningún proceso se puede dar el lujo de excluir a ninguna fuerza; ninguna revolución se puede dar el lujo de excluir la palabra “sumar”». Eso implicaba unificar dirigencias políticas diferentes, pero susceptibles de integrar una vanguardia nacional–liberadora única, decidida, capaz y firme. La nueva unidad sería por la afirmación de lo que se quería.
A partir de esos criterios, desde el primero de enero de 1959 se intervinieron las propiedades malversadas por los antiguos gobernantes y se rebajaron los alquileres urbanos para luego entregar la propiedad de los domicilios a sus inquilinos. Se dictó una ley de Reforma Agraria que entregó a precaristas y aparceros los suelos que trabajaban; estatizó las plantaciones y latifundios ganaderos; limitó la posesión privada de la tierra a 65 hectáreas, e hizo surgir al lado de las pequeñas haciendas campesinas las cooperativas agrícolas. Se transformaron los cuarteles en escuelas. Se fundaron milicias de obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales. Se nacionalizaron los bancos y demás compañías extranjeras. Se estatizaron cuatrocientas empresas propiedad de criollos. Se constituyeron en los barrios Comités de Defensa de la Revolución. Y se creó en septiembre de 1960 un Buró de Coordinación de Actividades Revolucionarias, encargado de integrar al ex–insurrecto Movimiento 26 de Julio con el estudiantil Directorio Revolucionario y el proletario Partido Socialista Popular.
Este proceso transformó el derecho y consecuentemente las formas de propiedad, el sistema económico, las relaciones sociales y la cultura. Igualmente sucedió con la moral, pues el cambio había sido anhelado. De esa manera Fidel logró el extraordinario éxito político de transformar la rebeldía en revolución. Luego dio a esta un contenido ideológico específico, el socialismo, al proclamarlo en vísperas de la derrotada –abril de 1961– invasión mercenaria que desembarcó por Playa Girón, organizada por la CIA. Se evidenció entonces que se había realizado un gigantesco paso de avance en la historia de América Latina. Se demostró, además, que no existían barreras infranqueables para los procesos decididos a llegar a su máximo desarrollo, cuyo límite lo establecería la idiosincrasia o costumbres y aspiraciones socioeconómicas de la población. Y dentro de todo era vital que el sector social ocupara el poder y quien lo dirigiese.
Al triunfar la revolución en Cuba, la América Latina se encontraba bajo la hegemonía del imperialismo estadounidense. Los gobiernos del nacionalismo burgués populista –en Argentina, Brasil y México– habían agotado sus posibilidades y dejado de existir. El empeño de revolución democrático–burguesa en la Guatemala de Arbenz, había sido frustrado por una invasión mercenaria organizada por la CIA. Y en Bolivia, donde la insurrección de los mineros había colocado en el gobierno al MNR, ese partido se había desacreditado al entregar el petróleo –nacionalizado hacía tres lustros– a las empresas imperialistas y haberse alineado en política exterior con los Estados Unidos.
La Revolución Cubana influyó profundamente en las conciencias más audaces; se entendía que amplias perspectivas de liberación se abrían para millones de humildes y desposeídos, cuya lucha podría terminar con la opresión. Y hubo quienes de inmediato se lanzaron al combate guerrillero rural. Sucedió así en Nicaragua, Panamá, Guatemala, Haití, Perú, República Dominicana, Paraguay y Venezuela, mientras en Colombia el gobierno pretendió –inútilmente– liquidar la sobreviviente insurgencia comunista. En ese contexto, en febrero de 1962, Fidel Castro lanzó su trascendental Segunda Declaración de La Habana. El texto afirmaba que el movimiento de liberación contemporáneo latinoamericano era indetenible. Pero su triunfo dependía de que se vertebraran los esfuerzos de obreros, campesinos, intelectuales, pequeño burgueses y capas progresistas de la burguesía nacional, sin prejuicios ni divisiones o sectarismos, dirigidos por los mejores revolucionarios de la sociedad. En dicho movimiento –precisaba– debían luchar juntos desde el viejo militante marxista hasta el católico sincero, así como los elementos avanzados de las fuerzas armadas. Entonces en el sub–continente entraron en crisis los acuerdos del VII Congreso de la Tercera Internacional sobre la estrategia de los «Frentes Populares» encabezados por la burguesía, que por inercia los Partidos Comunistas habían seguido considerando como válidos, a pesar de haber sido disuelta dicha organización hacía casi veinte años. Quienes rechazaron aquella orientación se sumaron a los partidarios de la lucha armada, que se animaba en la región.
La disputa entre los simpatizantes de una u otra tendencia pronto se vio agravada por conflictos políticos originados allende los mares; se había producido el cisma chino–soviético, impulsado con vigor por Pekín a partir de 1963, cuando publicara su «Propuesta de Línea General para el Movimiento Comunista Internacional». La médula de la polémica radicaba en que Moscú proponía la «coexistencia pacífica» entre el Este y el Oeste, lo cual implicaba que se aceptara exclusivamente la vía electoral como opción política al interior de los países. En cambio, los «maoístas» brindaban una visión simplificada de las específicas condiciones chinas antes del triunfo socialista en esa enorme república asiática. De ahí que plantearan la necesidad de sostener una «guerra popular prolongada» del campo a la ciudad, en los países subdesarrollados del llamado Tercer Mundo.
Con el propósito de analizar cuestiones de tanta trascendencia y complejidad, Fidel convocó en 1964 a la tercera Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina. En sus conclusiones se trazó una sinuosa línea conciliatoria entre enemigos y proclives de la lucha guerrillera. A los tres años, con el apoyo de estos últimos, en La Habana se celebró la Conferencia de Solidaridad de América Latina –más conocida por las siglas OLAS– a la que asistieron los abanderados del combate armado, ahora engrosados con los partidarios de las guerrillas urbanas en Argentina y Uruguay. En ella se concluyó que, en nuestra región existían condiciones socioeconómicas y políticas susceptibles de crear –con el desarrollo de la guerra popular– situaciones revolucionarias, en dependencia de las concepciones ideológicas y capacidades organizativas de las vanguardias. Por su parte, la militancia comunista atraída por el «maoísmo», se esforzó por escindir dichos partidos, añadiendo casi siempre al nombre de su organización de origen, el término de «marxista–leninista» o alguna variación parecida. Al atribulado panorama de tendencias revolucionarias habría que añadir la del trotskismo; ésta abordaba la cuestión de la toma del poder de manera nebulosa, aunque se planteara –tal vez para un futuro– la posibilidad de una súbita lucha armada, que en breves combates debería triunfar sin realizar alianza alguna con otras fuerzas.
En Nicaragua el Frente Sandinista de Liberación Nacional acometió la lucha armada contra la dictadura nepotista de los Somoza, teniendo en cuenta a los partidos burgueses –como el Conservador– que influían en la oposición. Luego de tres lustros de guerra popular prolongada en los campos, en el FSLN brotó la Tendencia Proletaria –urbana-, seguida de la Tercerista. Ésta insistía en la unión de todas las clases, grupos y sectores sociales opuestos a la tiranía, en un proceso de creciente actividad político-militar. Ella se desarrollaría bajo la hegemonía armada y partidista del sandinismo, hacia un gobierno democrático, anti-imperialista y de reconstrucción nacional. Tras reunificarse, el FSLN sincronizó sus ofensivas guerrilleras con sublevaciones en las ciudades y una huelga política general. Luego con todas las fuerzas patrióticas se conformó un clandestino Gobierno Provisional que propuso nacionalizar los bienes de Somoza, la banca, el comercio exterior, la minería y las tierras ociosas. Una vez conquistado el poder en julio de 1979, esos mismos elementos políticos conformaron la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, que aplicó los postulados acordados. La contrarrevolución estructurada por el imperialismo, que organizó bandas mercenarias, no impidió la institucionalización del país. La nueva Constitución garantizó el pluripartidismo, la tripartición de poderes, la economía mixta, la autonomía de la Costa Atlántica, así como elecciones presidenciales cada sexenio. La intensa lucha armada de la contrarrevolución también transitó por el escándalo estadounidense «Irán–Contra», lo que auspició el surgimiento del novedoso Grupo Contadora. Este significó el inicio de los empeños diplomáticos latinoamericanos por sustraer los conflictos regionales de la contraposición Este–Oeste, característica de la «Guerra Fría».
Pero el Servicio Militar Obligatorio establecido para luchar contra los mercenarios, así como el agravado desabastecimiento en el país, perjudicó a los sandinistas; del exterior no provenía un sustancial socorro económico, salvo el susceptible de ser aportado por la pequeña y bloqueada Cuba socialista. Dicha ayuda sobre todo se materializó en un impresionante aflujo de médicos y maestros, algunos de los cuales, incluso, fueron asesinados por la contra. Dicha situación provocó en 1990 la derrota electoral del sandinismo. Simultáneamente,la Unión Soviética inició el proceso de su desintegración. Este fue acompañado por la disolución del CAME –al cual la economía cubana estaba fortísimamente incorporada–, y la desaparición del campo socialista europeo. En ese contexto, Fidel Castro se reunió en Cuba con Luiz Inacio Lula Da Silva –fundador del Partido de los Trabajadores del Brasil–, y juntos decidieron convocar a un encuentro de las organizaciones políticas de izquierda de América Latina y el Caribe. El mismo se inició ese año en Sao Paulo, que desde entonces brindó su nombre al cónclave que ha celebrado casi dos decenas de reuniones en poco más de veinte años, y se ha convertido en el principal instrumento de articulación progresista en el mundo. El Foro de Sao Paulo demostró que en América Latina existían posibilidades para impulsar procesos que acometiesen mayor justicia social e igualdad de oportunidades en la región.
La Revolución Bolivariana fue engendrada por el colosal estallido de violencia popular –27 de febrero de 1989– conocido como «El Caracazo», cuando las masas fueron reprimidas con brutalidad por las fuerzas armadas. Esto motivó el rechazo de la oficialidad progresista nucleada alrededor de Hugo Chávez, quien a los tres años intentó una fallida sublevación militar. Excarcelado, el ex–teniente coronel fue invitado por Fidel Castro a Cuba. Este país recién había concluido en Angola una década de victoriosa gesta militar, en la cual unos trescientos mil cubanos colaboraron en garantizar su independencia y la de Namibia, e influyeron en el desmantelamiento del apartheid racista en Sudáfrica. Además, la pequeña isla caribeña se había convertido en una potencia mundial en educación y salud; su esperanza de vida rondaba los 80 años, y decenas de miles de sus médicos curaban en un centenar de naciones. Pero sobre todo Chávez descubrió que la revolución socialista había creado una sociedad muy humanista, con impresionante tranquilidad social y elevada cultura, lo cual reflejaba un modo nuevo de pensar en el que se conjugaban asombrosa dignidad, gran audacia, mucha inteligencia y enorme apego a la realidad.
De regreso a Venezuela, Chávez impulsó con civiles y antiguos compañeros de armas un movimiento en contra de la desprestigiada «cuarta república». Para ello estructuró un amplio frente –el Movimiento V República– a favor de su creación. Tras su notable victoria electoral, Chávez ocupó la presidencia en 1999 y celebró comicios para una Constituyente, la cual aprobó un ejecutivo fortalecido, mayor control estatal sobre la economía y disposiciones que permitían realizar transformaciones en el desarrollo agrario y los hidrocarburos. El disgusto reaccionario condujo a un intento de golpe contrarrevolucionario cívico–militar, que fue derrotado por la actividad conjunta del pueblo en las calles y el accionar de militares institucionalistas. Entonces Chávez clamó por una sociedad «rumbo al socialismo del Siglo XXI» y después viajó de nuevo a Cuba. Allí, junto a Fidel Castro, en el 2004 firmó un proyecto integracionista que se nombraría Alianza Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA).
Fidel Castro, desde el triunfo la Revolución Cubana, estaba consciente de lo imperioso que resultaba en nuestra región, rechazar la hegemonía estadounidense mediante la integración latinoamericana. Por eso en su visita al Río de la Plata en el propio 1959, planteó:
Unámonos primero en pos de nuestros anhelos económicos, en pos del mercado común y después podremos ir superando las barreras aduaneras, y algún día las barreras artificiales habrán desaparecido. Que en un futuro no muy lejano nuestros hijos puedan abrazarse en una América Latina unida y fuerte. Ello será un gran paso de avance hacia la unión política futura, como fue el sueño de nuestros antepasados.
Acorde con esos postulados, el ALBA rechazó la rivalidad o competencia económica, auspició la complementariedad productiva e impulsó el comercio avalado por una acertada práctica inversionista. Otros países progresistas mostraron su intención de incorporarse a esa novedosa alianza democrática, flexible y abierta, que se adaptaba al contexto propio de cada país; todos con su propia forma de gobernar, pues eran diferentes. En el 2008 el ALBA estaba ya integrado por Cuba, Venezuela, Nicaragua –de nuevo sandinista–, Ecuador –presidido por Correa–, Bolivia –gobernada por Evo Morales–, Honduras, Antigua, Barbudas, Dominica, San Vicente y las Granadinas. Se convirtió así en una plataforma de poder, que expresaba las concepciones y anhelos de una izquierda nueva en América Latina. Esto incidió en el surgimiento de una región latinoamericana y caribeña verdaderamente libre y soberana, en la cual se mezclaban las luchas democráticas con las revolucionarias junto a los renovados empeños por la integración. Ello se reiteró ese mismo año, cuando Cuba oficialmente ingresó en el llamado Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política, más conocido como Grupo de Río, distante heredero de Contadora. En dicha reunión, por primera vez, los 33 países que integraban el área –con la notable presencia de Cuba– se reunieron sin participación foránea, fuese de Estados Unidos o Europa. En dicho cónclave se emitió una Declaración Final en la que se expresaba total acuerdo en la defensa de la soberanía de las naciones latinoamericanas, el derecho de los Estados a construir su propio sistema político, libre de amenazas y agresiones o medidas coercitivas; se subrayaba que siempre debería prevalecer un ambiente de paz, estabilidad, justicia, democracia y respeto a los derechos humanos, con igualdad soberana de los Estados y solución pacífica de las controversias. En esa referida Primera Cumbre también se emitió una declaración especial sobre la necesidad de poner fin al bloqueo financiero, comercial y económico –incluida la aplicación de la Ley Helms Burton– impuesto por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba. En dicho ámbito, además, el presidente ecuatoriano Rafael Correa propuso que el llamado Grupo de Río se transformara en Organización de Estados Latinoamericanos y Caribeños, sin participación alguna de cualquier país ajeno a nuestra región. En concordancia con esa propuesta, México realizó la convocatoria para celebrar en febrero del 2010 otra Cumbre de América Latina y el Caribe, que tendría lugar simultáneamente –en su caribeña Riviera Maya– con una reunión del Grupo de Río. Y en dicho cónclave, el día 23 de ese mes, ambas entidades se fusionaron en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Esta novedosa organización debería promocionar la integración y el desarrollo sostenible regional, e impulsar los intereses del área en los foros globales ante acontecimientos de relevancia mundial. Ello implicaba un gigantesco paso de avance en cumplimentar nuestros bicentenarios anhelos de integración. Luego Cuba fue designada para ocupar la presidencia pro-tempore del ascendente bloque integrador durante el 2013.
Y al final de ese año, con todo éxito, se celebró en La Habana la Segunda Conferencia de mandatarios de la región. Era un reconocimiento a la lucha de la Revolución Cubana, cuya guía son los aportes del pensamiento creador de Fidel Castro.
sábado, 23 de mayo de 2015
La gesta emancipadora para la integración de America Latina (2/2)
Tomado de AlMayadeen.
Por Salim Lamrani.
En ocasión del décimo aniversario de lafundación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de ...
En ocasión del décimo aniversario de la
fundación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América en 2004
y a 120 años de la caída en combate de José Martí, conviene echar una mirada a
tres textos fundadores de la integración latinoamericana.
2. La unión necesaria
En “Nuestra América”, vibrante alegato a favor de la unión de los pueblos de América Latina, José Martí, con el tono persuasivo y pedagógico que lo caracteriza, llama a las conciencias iluminadas del continente a “despertar”. El Sur no puede ignorar la gravedad de la situación. Debe hacer uso de “las armas del juicio, que vencen a las otras” y apretar filas pues el momento es grave y múltiples peligros acechan a los pueblos del continente, particularmente “los gigantes que llevan siete leguas en las botas”. Para llevar a cabo esta lucha por la supervivencia y la preservación de la identidad y la soberanía latinoamericanas, son necesarias “las armas del juicio” pues “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”. La federación de las fuerzas patrióticas es imprescindible pues la batalla se hará a escala continental y los pueblos “van a pelear juntos”. La unidad es la palabra clave del mensaje de Martí, que llama a dejar de lado los localismos, las divisiones y los conflictos fratricidas que pueden tener consecuencias funestas. Al revés, Martí llama al internacionalismo solidario, a la amistad entre los pueblos: “¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento y de la marcha unida”. Frente a un poder dominador tan temible, no hay otra alternativa que “andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”. Martí dedicaba entonces todos sus esfuerzos a la unión de todos los patriotas cubanos para librar contra el colonialismo español la “guerra necesaria” que comenzaría en 1895 y entendía que la gran batalla decisiva tras conquistar la independencia se libraría contra el imperialismo estadounidense. Y la unión de todos era la única posibilidad de conseguir la victoria.
“Ningún pueblo de América Latina es débil, porque forma parte de una
familia de 200 millones de hermanos”. Quizás ésta sea la frase esencial de la
Segunda Declaración de La Habana y podría haber sido escrita por José Martí. A
la vergonzosa sumisión a los dictados de Washington en 1962 de todos los
gobiernos del continente americano, que aceptaron dócilmente expulsar a Cuba de
la Organización de los Estados Americanos –con las notables excepciones de
México y Canadá- La Habana replicó con esta proclama llamando a las fuerzas
patrióticas de América Latina a la unión y a la resistencia. Dado que las
miserias, los sentimientos, el enemigo y el destino son comunes, la lucha sólo
puede ser común. El texto se dirige “a la generación de latinoamericanos de
hoy” que debe seguir el ejemplo de Bolívar y Martí, tomar las riendas de su
propio destino y librar la batalla decisiva contra “la metrópoli imperial más
poderosa del mundo”. Washington nunca renunciará a sus objetivos de someter el
continente, como lo ilustra el estado de sitio que ha impuesto a la isla de
Cuba. Los actores de esta gesta libertadora serán “las masas”, “los pueblos”,
los de abajo, los humildes, tanto de la ciudad como del campo, quienes en un
movimiento colectivo de insurrección librarán el combate por la emancipación.
Fiel a la tradición martiana, la Segunda Declaración de La Habana enfatiza el
hecho de que será también una batalla de ideas contra el imperialismo, y más
precisamente contra “el capital monopolista yanqui” y sus lacayos, las elites
políticas locales. El movimiento de “esta América de color”, que comparte “la
misma tristeza y desengaño”, logrará edificar la sociedad de mañana.
La
Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América también se propone
construir un porvenir más luminoso para todos y sienta las bases de la unión
necesaria para ello. El establecimiento de relaciones estrechas, simbióticas
entre Venezuela y Cuba, entre las patrias de Bolívar y Martí, entre quienes se
reivindican hijos espirituales de ambos próceres, desde la llegada de Hugo
Chávez al poder en 1999, más allá del aspecto simbólico, echó los fundamentos
del proceso integrador latinoamericano. Dado que el proyecto del ALCA sólo
llevará a “la desunión aún mayor de los países latinoamericanos”, la propuesta
del ALBA abre una puerta de salvación. La palabra clave es la integración de
las naciones de América Latina y el Caribe y conviene “luchar juntos” para
alcanzar dicho objetivo. El ALBA considera como “principio cardinal” la
solidaridad cabal entre los pueblos y reivindica los idearios y las
aspiraciones de las grandes figuras de la emancipación de América Latina,
empezando por Bolívar y Martí, rechazando los “nacionalismos egoístas” que
pueden perjudicar el proyecto de la realización de la Patria Grande. El ALBA se
basa en “una visión latinoamericanista” y en la cooperación que abarca a todas
las categorías de las sociedades del Sur, lo que le permitirá resistir al
expansionismo y a “los apetitos imperiales” de la otra América, y sobre todo
edificar la Patria de todos, con la implicación de “todas las naciones”.
La
unión de las fuerzas vivas y progresistas del continente permitirá edificar la
Patria Grande de todos y ubicar al ser humano en el centro de sociedad,
realizando así los anhelos de Bolívar y Martí.
3. La Patria Grande de todos
El anhelo de José Martí se refleja en el título de su obra más transcendente: “Nuestra América”, que sintetiza sus aspiraciones unificadoras. Gran admirador del Libertador Simón Bolívar, el Maestro intentó continuar su misión de edificar la Patria Grande, o sea una unión de las naciones latinoamericanas que basarían sus relaciones en el respeto mutuo, la solidaridad y la reciprocidad, tomando en cuenta las especificidades, tradiciones y costumbres de cada pueblo. Para eso hay que proscribir los conflictos fratricidas que desangran al continente y son fuente de desgracia, muertes y miseria y juntarse como hermanos que comparten un destino común. “Devuélvanle sus tierras al hermano”, exhorta el revolucionario cubano, aludiendo quizás a la guerra entre Chile y Bolivia. América Latina, a pesar de su historia y procesos distintos, “es, una en alma e intento” y es el deber de todos construir esa unión y establecer una sociedad mejor en la que la primera ley de la República sea “el culto a la plena dignidad del hombre”. Martí tiene fe en las virtudes del ser humano y en la generosidad de las mujeres honradas y los hombres decorosos de América Latina. La Patria Grande de todos debe ubicar en el centro de su proyecto futuro a los sectores más frágiles de la familia latinoamericana, al huérfano, a la viuda, al anciano. Sólo así se podrá alcanzar la libertad plena, la igualdad soberana y la justicia social entre los pueblos del Nuevo Mundo.
La Segunda Declaración de La Habana tiene la
vocación de construir “un mismo mejor destino” para todos los pueblos de
América Latina. La Revolución Cubana, “de los humildes, por los humildes y para
los humildes”, ha engendrado la transformación social más radical de la
historia del continente, con resultados excepcionales en los campos de la
salud, la educación y la lucha contra la extrema pobreza. El texto afirma que
los pueblos no se encuentran condenados al hambre, a la miseria, a la sumisión,
ni a la humillación perpetua. Otro mundo es posible en el cual todos tendrán
pan, salud, educación y cultura. Todo el continente se librará del
“imperialismo yanqui”, conquistará sus derechos “casi 500 años burlados por
unos y por otros”, y escribirá su propia historia. La Revolución Cubana se presenta
como la vanguardia de los movimientos progresistas del continente e indica con
su ejemplo la vía a seguir para conquistar la independencia total, la soberanía
plena y la emancipación definitiva. No hay ninguna fatalidad y es factible el
sueño de Bolívar y Martí de construir una sociedad distinta de la del Norte que
oprime a los más vulnerables, explota a los más necesitados y saquea los
recursos de las naciones más pequeñas para satisfacer sus intereses personales
y egoístas. La resignación no puede ser una opción para los descendientes de
quienes lucharon contra el colonialismo español y existe una alternativa
bolivariana y martiana para los pueblos del Sur.
La Alternativa Bolivariana para las Américas
–ahora Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América– se presenta
como el inicio de la consagración de los sueños de Bolívar y Martí. Ambiciona
realizar una “integración basada en la cooperación, la solidaridad y la
voluntad común” para “satisfacer las necesidades y los anhelos de los países latinoamericanos
y caribeños y, a la par, preservar su independencia, soberanía e identidad”. La
edificación de la Patria Grande es la única puerta de salvación para América
Latina. La justicia social y la solidaridad deben cimentar esta alianza entre
los pueblos del Sur y las leyes del mercado no pueden prevalecer sobre el
bienestar de las poblaciones. La visión deber ser latinoamericanista y no
nacionalista. Basándose en la filosofía de Rousseau, el ALBA enfatiza que para
alcanzar la democracia plena conviene eliminar las desigualdades sociales que
afectan de modo dramático la vida de los sectores más frágiles. Sin igualdad no
hay libertad posible. Los doce principios rectores del ALBA echan las bases del
modelo integrador. El Estado tiene un papel participativo y planifica la
economía y se toman en cuenta las especificidades de cada país para que el
progreso sea provechoso para todos los pueblos. El modelo integrador rechaza la
competencia para privilegiar la cooperación y la reciprocidad con el objetivo de
reducir la pobreza sin atentar contra la identidad peculiar de cada nación.
Reivindicando el adagio martiano “ser culto para ser libre”, el ALBA preconiza
una campaña continental de alfabetización que se ha llevado a cabo desde 2004
gracias el programa cubano de vocación internacionalista “Yo, sí puedo”, que ha
permitido alfabetizar a ocho millones de personas en el mundo. La salud también
resulta es una prioridad y la Operación Milagro lanzada el 2005, que consiste
en operar a las poblaciones del continente víctimas de cataratas y otras
enfermedades oculares, se enmarca en este proceso integrador y los resultados
son espectaculares, con 5 millones de personas que han recobrado la vista sin
pagar un centavo. El Fondo de Emergencia social permitirá hacer frente a las
necesidades en caso de catástrofe natural o humanitaria. También se prevé
desarrollar las tecnologías de comunicación para permitir a los ciudadanos
salir del subdesarrollo y el cable de fibra óptica construido entre Venezuela y
Cuba es un ejemplo de esta voluntad. La Patria Grande sólo puede existir con la
protección de la Madre Tierra y el ALBA propicia el desarrollo sostenible que
preserva la naturaleza. La creación de Petrocaribe en 2005, que permite a 13
países de la región recibir suministros energéticos subvencionados, es
ilustrativa de ese nuevo modelo solidario. Del mismo modo, la creación del
Banco del Sur reduce la dependencia financiera de América Latina respecto a las
grandes instituciones bancarias del Primer Mundo. Telesur, el canal hispanoamericano
más importante, que se presenta como alternativa al poder informativo hegemónico de CNN, el canal del vecino del
Norte, es también revelador de la nueva época que vive América Latina que ya no
acepta la sombra tutelar de Estados Unidos.
A lo largo de
los siglos, desde la publicación de “Nuestra América”, se ha ido edificando el
sueño de un continente unido e integrado. La Segunda Declaración de La Habana
demostró que era posible crear una sociedad distinta al modelo neoliberal “ante
las propias narices de Estados Unidos”. La creación del ALBA se reivindica como
la consagración del sueño emancipador de Bolívar y Martí.
Estos tres textos, “Nuestra América”, la
“Segunda Declaración de La Habana” y la “Declaración del ALBA” sintetizan la
evolución del proyecto emancipador elaborado por Simón Bolívar y José Martí en
el siglo XIX. Para resistir a los apetitos imperiales del poder hegemónico
estadounidense, decidido a apoderarse del continente, los pueblos
latinoamericanos han de cimentar su unión en torno a valores e intereses
comunes para poder preservar la independencia, la soberanía y la identidad de
América Latina. Sólo la federación de todas las fuerzas progresistas permitirá
establecer un plan de integración regional basado en la solidaridad, la
reciprocidad, la justicia social y la preservación de la cultura.
Desde finales del siglo XIX hasta principios del
siglo XXI, el anhelo bolivariano y martiano ha sobrevivido, a pesar de las
vicisitudes de la historia, de los sueños frustrados por el intervencionismo de
Washington en los asuntos internos de los pueblos de Nuestra América, de las
derrotas momentáneas del progresismo durante la Guerra Fría. La emergencia de
la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América en 2004 ilustra la
vigencia del pensamiento martiano y bolivariano y la resistencia de los pueblos
del Sur a la invasión y la subyugación.
No obstante, la
lucha por la independencia, la soberanía, la justicia social y la diversidad
cultural sigue vigente ya que el “Coloso del Norte”, para decirlo con palabras
del revolucionario Martí, nunca se resignará a su decadencia y persistirá en
socavar los procesos progresistas latinoamericanos como lo ilustran las
maniobras que orquesta Washington en el continente. Desde el intento de golpe
de Estado contra Hugo Chávez en 2002, pilar fundamental de la gesta integradora
del siglo XXI, hasta el golpe consumado en Honduras en 2009 contra el
Presidente democrático Manuel Zelaya, por haberse integrado en el ALBA,
Washington ha demostrado que no renunciaría fácilmente a perder lo que algún
día fue su patio trasero.
*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris
Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La
Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados
Unidos. Su último libro se titula The Economic War Against Cuba. A Historical
and Legal Perspective on the U.S. Blockade, New York, Monthly Review Press,
2013, con un prólogo de Wayne S. Smith y un prefacio de Paul Estrade.
http://monthlyreview.org/press/books/pb3409/
Contacto: lamranisalim@yahoo.fr ; Salim.Lamrani@univ-reunion.fr
Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel
miércoles, 20 de mayo de 2015
La gesta emancipadora para la integración de America Latina (1/2).
![]() |
| Foto tomada del blog La Polilla Cubana |
Por Salim Lamrani.
En ocasión del décimo aniversario de lafundación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de ...
En ocasión del décimo aniversario de la
fundación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América en
2004 y a 120 años de la caída en combate de José Martí, conviene echar una mirada a tres textos fundadores de la integración
latinoamericana.
domingo, 22 de marzo de 2015
No habrá sorpresas, se abre el debate
| VII Cumbre de Las Américas.Autor: Cartel del evento |
Por vez primera no hay exclusión alguna, pero mientras algunos
consideran que pueden hacer de ella una trampa, para otros, la gran
mayoría, será la oportunidad de hablar en común y decir las verdades de
Latinoamérica y el Caribe.
Tomado de Juventud Rebelde.
Por Juana Carrasco Martín.
En su génesis estuvo la intención de Estados Unidos de
implementar el enyugamiento continental a través del Área de Libre
Comercio de las Américas, la archifamosa ALCA que pocos años después,
tras enconada batalla de los pueblos, quedara definitivamente enterrada
en una fría y lluviosa tarde de Mar del Plata, en la que George W. Bush,
el hijo, hubo de retirarse derrotado.
Fue la Organización de Estados Americanos la que auspiciara el
primer encuentro —del 9 al 11 de diciembre de 1994—, en Miami, la ciudad
adonde llevaron el propósito de una estrategia común para resolver los
problemas de la zona, según se dijo, a sabiendas de que uno de esos
«problemas» era Cuba, condenada al ostracismo el 31 de enero de 1962 por
una OEA genuflexa que ahora volvía a excluir.
Desde entonces, se sucedieron las reuniones de los Jefes de Estado o
de Gobierno de 34 países del Hemisferio Occidental, bajo la sombrilla de
Washington, cada vez en una ciudad diferente de la región:
Del 7 al 8 de diciembre de 1996, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia,
la que llamaron Cumbre de las Américas sobre Desarrollo Sostenible, y
la II Cumbre de las Américas en Santiago de Chile, los días 18 y 19 de
abril de 1998, transcurrieron con la habitual calma protocolar de
quienes buscaban lazos económicos más estrechos, pero también más
dispares y propicios para mantener el traspatio.
La cita tuvo su edición III del 20 al 22 de abril de 2001, en Québec,
Canadá. Todo parecía igual, pero algo se movía en el lado sur. Un
Presidente de nuevo tipo en Venezuela, alteraba el orden establecido.
Hugo Chávez Frías cuestionaba la ausencia premeditada de Cuba y también
los objetivos e intenciones verdaderas del ALCA.
En Monterrey, México, ocurría el 12 y 13 de enero de 2004, otra
Cumbre Extraordinaria de las Américas. No acababa de implementarse el
ALCA y la fecha propuesta tenía como meta enero de 2005; sin embargo, se
llegó a la IV Cumbre de las Americas, el 4 y 5 de noviembre de 2005, en
la ciudad argentina de Mar del Plata y allí el tiro le salió por la
culata a los despropósitos imperiales.
Se entierra el ALCA. Nace el ALBA
Presurosos en ejecutar su planificación, y a pesar de una agenda
inicial programada por el Gobierno del presidente Néstor Kirchner, Bush y
su aliado Canadá, presionaron para desviarla hacia la aprobación del
Área de Libre de Comercio de las Américas.
La convocatoria argentina era bien diferente: llevaba como temas los
principios de libertad, justicia, seguridad y protección social;
promover más y mejores empleos; combatir la desigualdad, la pobreza, el
hambre y la exclusión; el acceso a los servicios de salud y a la
educación básica de calidad; erradicar el trabajo infantil; darle
oportunidades a minorías, pueblos indígenas, afrodescendientes, personas
con discapacidad, a jóvenes y a los de la tercera edad, entre otras
preocupaciones comunes en el continente.
La tranquila ciudad del Atlántico porteño se volvió tensa y en las
calles se protagonizaron por igual protestas violentas y marchas
pacíficas pero de resistencia enérgica de los actores sociales a la
polémica presencia del ejecutor de las guerras de Iraq y Afganistán.
Resonaron las consignas No a Bush y No al ALCA y realzó el apoyo a la
Alternativa Bolivariana para América, el nombre primigenio del ALBA,
alianza integracionista creada en La Habana, el 14 de diciembre de 2004,
por los Comandantes Fidel y Chávez.
Cómo olvidar aquellos días de batallar popular, cuando al
protagonismo de los miles que tuvimos la oportunidad de participar en la
anticumbre o III Cumbre de los Pueblos —y entre ellos el entonces líder
indígena boliviano Evo Morales, se unieron las voces de Néstor
Kirchner, Hugo Chávez Frías, Luiz Inacio Lula Da Silva y Tabaré Vázquez,
desde los salones rodeados de las más extremas medidas de seguridad que
cerraron 250 manzanas de Mar del Plata para quienes no fueran
residentes o periodistas debidamente acreditados.
En las Cumbres… se abrió una brecha. El ALCA pasó a formar parte de
archivos polvorientos y el Consenso de Washington entró en desacuerdo y
desuso. Mientras, el ALBA comenzó a levantar a pueblos y despertó
Gobiernos nuevos… En abril de 2006 se sumó la Bolivia presidida ya por
Evo Morales, en 2007 Nicaragua, en 2008 Honduras, en 2009 Ecuador.
Antigua y Barbuda, Dominica y San Vicente y las Granadinas se unieron
entre 2008 y 2009. (Y unos años después, entre 2012 y 2014 cerraron
filas en el ALBA Santa Lucía y Suriname, Granada y San Cristóbal y
Nieves).
Cuba asoma en la grieta de las cumbres
La Cumbre de las Américas volvió a ser convocada para Puerto España,
Trinidad y Tobago, del 17 al 19 de abril de 2009. Una vez más se
reunieron los 34 países; sin embargo, Cuba, excluida por la obcecada
visión washingtoniana, vino a ser la presencia fantasmagórica. El tema
de la V Cumbre fue «Asegurar el futuro de nuestros ciudadanos mediante
la promoción de la prosperidad humana, la seguridad energética y la
sostenibilidad ambiental».
El cambio de correlación en la región impuso agenda. A la nueva
administración estadounidense, la de Barack Obama, se le solicitó por
los líderes nuestroamericanos la eliminación del bloqueo contra Cuba, y
es bueno recordar el gesto de Chávez regalándole a Obama un libro que le
permitiera comprender a Latinoamérica y el Caribe: Las venas abiertas
de América Latina, de Eduardo Galeano.
Tres años después, la VI Cumbre de las Américas, se celebró en
Cartagena de Indias, Colombia, el 14 y 15 de abril de 2013, en medio de
un cordón de seguridad de 8 000 policías y un despliegue de cámaras y
robots de vigilancia para garantizar «el normal desarrollo del encuentro
continental», decían informaciones de entonces.
El lema era bien corto: «Conectando las Américas: Socios para la
prosperidad», que quizá hacía recordar un poco al ALCA. Sin embargo, la
canciller colombiana, María Ángela Holguín, apuntaba: «Hay otros temas
que con seguridad se van a tratar. El tema de la presencia de Cuba en la
Cumbre de las Américas, igualmente el tema de drogas» (…) «que no es un
tema del que todo el mundo quiera hablar», aseveraba sobre las drogas.
Desde el 15 de enero de 2012, los países de la Alianza Bolivariana
para los Pueblos de nuestra América, ALBA, gestionaron la inclusión de
Cuba en esta cumbre, pero se dijo que esta había llegado tarde.
La exclusión de Cuba se convertía en punto neurálgico cuando a pocos
días de la VI Cumbre, el presidente ecuatoriano Rafael Correa anunciaba
al mandatario colombiano Juan Manuel Santos que no asistiría a ninguna
Cumbre de las «Américas» mientras existiera el intencional e
injustificado rechazo de países dominantes a Cuba (clara alusión a
Estados Unidos y Canadá). Similar posición tomó el presidente
nicaragüense Daniel Ortega, quien además adujo en menor medida el
conflicto territorial con Colombia.
El Presidente anfitrión en Cartagena de Indias calificó la política
del bloqueo como «un anacronismo en pleno siglo XXI» y la mayoría de los
presentes exigieron al presidente Barack Obama el fin del bloqueo.
Una América Latina y el Caribe donde prevalece las intenciones de
cada vez mayor identidad y unidad transformaron las condiciones, cada
vez más favorables a la presencia cubana como nación parte de la región.
El surgimiento de nuevos bloques integracionistas y el
fortalecimiento de otros —como ALBA, Celac, Unasur, Mercosur y Caricom—
en detrimento de la OEA bajo la égida norteña, puso énfasis en el
reconocimiento de Cuba. Washington no pudo resistirse a esa presión,
acompañada por la comunidad internacional que ya en 23 ocasiones ha
aprobado la Resolución de la Asamblea General de la ONU que lo condena.
El pasado 17 de diciembre, el Presidente Obama reconoció el fracaso
de la política contra Cuba que han estado aplicando por más de 50 años y
que, de hecho, los llevó al aislamiento en el Hemisferio. Sin embargo,
todavía mantiene el bloqueo y la injustificable inclusión de la Isla en
la Lista de Países Patrocinadores del Terrorismo Internacional.
En cuanto a las Cumbres de las Américas, comienza a hacerse justicia
obligada por la circunstancia de lo que el presidente Correa llamó «un
cambio de época». El país istmeño, sede de la VII Cumbre de las
Américas, invitó a Cuba que estará presente allí del 10 al 11 de abril
de 2015 en la Ciudad de Panamá, con una delegación encabezada por el
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército
Raúl Castro Ruz.
Cuba tiene mucho que decir y compartir en el tema central de la VII
Cumbre de las Américas, que por primera vez contará con los 35 países
del continente: «Prosperidad con Equidad: El Desafío de Cooperación en
las Américas», con sus ocho ejes temáticos: salud, educación, seguridad,
migración, medio ambiente, energía, gobernabilidad democrática y
participación ciudadana.
También estará la presencia de la sociedad civil cubana y
delegaciones en los cuatro Foros paralelos que «complementarán los
mandatos para la acción de los Jefes de Estado de la Cumbre»: el Foro de
la Sociedad Civil y Actores Sociales; el Foro Empresarial; el Foro de
Rectores, de las universidades más prestigiosas del hemisferio, y el
Foro de Jóvenes de las Américas.
Por otra parte, la Cumbre de los Pueblos se hará sentir con la voz
de quienes luchan por la justicia social, han respaldado siempre a Cuba y
en esta ocasión levantarán fuerte y enérgicamente la solidaridad con la
Venezuela bolivariana, agredida y calumniada por Washington.
A no dudarlo, Panamá será el escenario de una confrontación de ideas,
de posiciones, de visiones y de modelos en una región que es aún la más
desigual del planeta.
El Presidente de Cuba afirmó el pasado 28 de enero en la Cumbre de la
Celac: «La situación actual abre, modestamente, una oportunidad al
hemisferio de encontrar nuevas y superiores formas de cooperación que
convienen a las dos Américas. Ello permitiría resolver acuciantes
problemas y abrir nuevos caminos».
Aunque advirtió: «La voz de Cuba defenderá sin descanso las causas
justas y los intereses de los países del Sur y será leal a sus objetivos
y posiciones comunes sabiendo que Patria es Humanidad. La política
exterior de la Revolución Cubana seguirá siendo fiel a sus principios».
jueves, 29 de enero de 2015
Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz

Las Jefas y los Jefes de Estado y de
Gobierno de América Latina y el Caribe, reunidos en La Habana, Cuba, en
ocasión de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
Caribeños (CELAC), celebrada los días 28 y 29 de enero de 2014, en
nombre de sus pueblos e interpretando fielmente sus anhelos y
aspiraciones,
Ratificando el compromiso de sus
países con los Propósitos y Principios consagrados en la Carta de las
Naciones Unidas y el Derecho Internacional, y conscientes de que la
prosperidad y estabilidad de la región contribuyen a la paz y seguridad
internacionales;
Conscientes de que la paz es un bien
supremo y anhelo legítimo de todos los pueblos y que su preservación es
un elemento sustancial de la integración de América Latina y el Caribe y
un principio y valor común de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
Caribeños (CELAC);
Reafirmando que la integración
fortalece la visión de un orden internacional justo, afirmado en el
derecho y en una cultura de paz que excluye el uso de la fuerza y los
medios no legítimos de defensa, entre ellos las armas de destrucción
masiva y, en particular, las armas nucleares;
Destacando la relevancia del Tratado
de Tlatelolco para la Proscripción de las Armas Nucleares en América
Latina y el Caribe que estableció la primera zona libre de armas
nucleares, en un área densamente poblada, siendo este una contribución a
la paz y la seguridad regional e internacional;
Reiterando la urgente necesidad del
Desarme Nuclear General y Completo, así como el compromiso con la Agenda
Estratégica del Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares
en la América Latina y el Caribe (OPANAL), adoptada por los 33 Estados
miembros del Organismo, en la Conferencia General de Buenos Aires en
agosto de 2013;
Recordando los principios de paz,
democracia, desarrollo y libertad que inspiran las actuaciones de los
países miembros del SICA;
Recordando la decisión de las Jefas y los Jefes de Estado de UNASUR de fortalecer a Suramérica como Zona de Paz y Cooperación;
Recordando el establecimiento, en 1986, de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur;
Recordando también nuestro compromiso, acordado en la Declaración
de la Cumbre de la Unidad de la América Latina y el Caribe, el 23 de
febrero de 2010, de promover la implementación de mecanismos propios de
solución pacífica de controversias;
Reiterando nuestro compromiso de que en América Latina y el Caribe
se consolide una Zona de Paz, en la cual las diferencias entre las
naciones se resuelvan de forma pacífica, por la vía del diálogo y la
negociación u otras formas de solución, y en plena consonancia con el
Derecho Internacional;
Conscientes también del catastrófico impacto global humanitario y a
largo plazo del uso de las armas nucleares y otras armas de destrucción
masiva, y de las discusiones en curso sobre este tema;
Declaramos:
1. América Latina y el Caribe como Zona de Paz basada en el respeto
de los principios y normas del Derecho Internacional, incluyendo los
instrumentos internacionales de los que los Estados miembros son parte, y
los Principios y Propósitos de la Carta de las Naciones Unidas;
2. Nuestro compromiso permanente con la solución pacífica de
controversias a fin de desterrar para siempre el uso y la amenaza del
uso de la fuerza de nuestra región;
3. El compromiso de los Estados de la región con el estricto
cumplimiento de su obligación de no intervenir, directa o
indirectamente, en los asuntos internos de cualquier otro Estado y
observar los principios de soberanía nacional, la igualdad de derechos y
la libre determinación de los pueblos;
4. El compromiso de los pueblos de América Latina y el Caribe de
fomentar las relaciones de amistad y de cooperación entre sí y con otras
naciones, independientemente de las diferencias existentes entre sus
sistemas políticos, económicos y sociales o sus niveles de desarrollo;
de practicar la tolerancia y convivir en paz como buenos vecinos;
5. El compromiso de los Estados de América Latina y el Caribe de
respetar plenamente el derecho inalienable de todo Estado a elegir su
sistema político, económico, social y cultural, como condición esencial
para asegurar la convivencia pacífica entre las naciones;
6. La promoción en la región de una cultura de paz basada, entre
otros, en los principios de la Declaración sobre Cultura de Paz de las
Naciones Unidas;
7. El compromiso de los Estados de la región de guiarse por la presente Declaración en su comportamiento internacional;
8. El compromiso de los Estados de la región de continuar
promoviendo el desarme nuclear como objetivo prioritario y contribuir
con el desarme general y completo, para propiciar el fortalecimiento de
la confianza entre las naciones.
Instamos a todos los Estados miembros de la Comunidad Internacional
a respetar plenamente esta Declaración en sus relaciones con los
Estados miembros de la CELAC.
La Habana, 29 de enero de 2014
Descargar Declaración Especial
viernes, 26 de diciembre de 2014
Culmina un año de importantes citas internacionales en Cuba
La Habana, 24 dic (AIN) El 2014, a punto de culminar, fue un año en el
que Cuba acogió a importantes reuniones internacionales, que elevaron su
protagonismo en decisivas batallas y también su prestigio a nivel
internacional.
Por ejemplo, el 28 y 29 de enero la capital cubana
fue sede de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
Caribeños (CELAC), foro en el cual, a decir de observadores, se rompió
el récord de asistencia de dignatarios a citas similares.
Totalizaron 29 los jefes de Estado o Gobierno y personalidades al frente
de otras cuatro delegaciones participantes en el evento, considerado
exitoso por los propios asistentes, expertos y medios de prensa
internacionales.
La conversión de América Latina y el Caribe
en Zona de Paz constituyó un logro reconocido internacionalmente, a la
vez que elevó en todos los confines el prestigio de la región y del
mecanismo.
El General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente
de los Consejos de Estado y de Ministros, entregó la presidencia pro
témpore del bloque a Laura Chinchilla, mandataria de Costa Rica, quien
desempeñaría igual cargo durante el actual 2014.
Cumbre Extraordinaria del ALBA-TCP sobre el ébola
La Cumbre Extraordinaria de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de
Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) sobre
el ébola, que tuvo como escenario La Habana el lunes 20 de octubre,
reunió a los mandatarios de sus nueve del ALBA-TCP.
El objetivo era
intercambiar experiencias y conocimientos, así como también concertar
estrategias de prevención y enfrentamiento a la amenaza de la referida
epidemia.
Reunión de expertos del ALBA-TCP sobre el ébola
En la Reunión Técnica de Especialistas y Directivos para la Prevención y
el Enfrentamiento al virus del Ébola, que sesionó en cuatro comisiones
en el Palacio de Convenciones de La Habana, los más de 250 participantes
de América Latina, El Caribe y Estados Unidos, profundizaron, entre
otros temas, sobre cómo proyectar una mayor movilización de personal de
capacitación a las regiones más afectadas.
V Cumbre CARICOM-Cuba
La idea de que la comprensión de los
problemas y actuales desafíos de las naciones de la Comunidad del Caribe
y Cuba tienen parte importante de solución en la unidad más urgente,
predominó durante la V Cumbre Caricom-Cuba que tuvo lugar en la capital
cubana el ocho de diciembre.
La cita, efectuada en el Palacio de
la Revolución, sirvió de marco para celebrar el aniversario 42 del
momento en que Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago, tuvieron
el enaltecedor y valiente gesto de establecer nexos diplomáticos con La
Habana, en 1972.
Cumbre del ALBA-TCP por aniversario X del mecanismo.
Con apenas sólo dos meses de diferencia, La Habana fue sede de otra cita del ALBA-TCP.
Esta tuvo el cometido central de conmemorar los 10 años transcurridos
desde que el ente integracionista fuera concebido por los presidentes
Hugo Rafael Chávez Frías, de Venezuela, y Fidel Castro Ruz, de Cuba.
En el Palacio de la Revolución, sede del Gobierno cubano, se dieron
cita los dignatarios de las naciones integrantes del ente regional,
quienes intercambiaron sobre la integración y el comercio y pasaron
revista a la marcha de los acuerdos de la cita del 20 de octubre sobre
el enfrentamiento a la amenaza de la epidemia de ébola.
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