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lunes, 7 de octubre de 2024

La cultura en la Revolución cubana

 

“Los hechos y los avatares de la Revolución han sido el medio fundamental para el proceso de la cultura cubana desde 1959 hasta hoy”. Imagen: Elsy Frómeta y Dayron Santana/Trabajadores

Por Fernando Martínez Heredia

Tomado de La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
Fuente original: Cubadebate.


Foros Cubarte

Como el tema es prácticamente inabarcable, escogeré algunos de los asuntos y problemas que me parecen centrales, en el espíritu de incitar a los intercambios y debates de este Foro, más que de exponer argumentos que no cabrían en los objetivos y el tamaño de este texto.

domingo, 3 de enero de 2021

Filosofía de la Revolución. Ética del amor revolucionario

 

Tomado de La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana

Por Fernando Buen Abad Domínguez

“El eslabón más alto que puede alcanzar la especie humana es ser revolucionario”
                                                                                                            Ché Guevara.


La Ética de los fusiles y la Ética de la ternura.

Una consigna ética recorre al mundo. En toda su potencia brilla hoy, más que nunca, la afirmación de Fidel que define: “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”. Tal consigna es de suyo un enunciado ético, de primer orden, para los tiempos que corren. ¿Cuáles revolucionarios para cuál revolución? No operemos esto con “manuales”. El carácter “universal” de semejante consigna, su alma humanista, excede a Cuba aún siendo su epicentro. Esa era la voluntad de Fidel. En el carácter marxista-leninista de la Revolución cubana se gesta una de las corrientes éticas más importantes de nuestro tiempo. El deber de todo revolucionario también es producir una revolución en la ética y para la ética. Y la Revolución en Cuba es una guía.

jueves, 12 de septiembre de 2019

La Revolución Cubana: símbolo de juventud y valentía


Tomado de Revista Cuba Socialista
Por Guenadi Ziuganov

Hace exactamente 60 años, en enero de 1959, triunfó la Revolución Cubana. Anteriormente la isla dependía totalmente de los Estados Unidos. Después del triunfo revolucionario fue Cuba precisamente el primer país del hemisferio occidental en iniciar la construcción del socialismo. Los logros que ha alcanzado en esa dirección han sido reconocidos por todo el mundo. La Isla de la libertad continúa materializando ideas progresistas, provoca la furia de los círculos imperiales y despierta la admiración de millones de personas sencillas de nuestro planeta.

viernes, 26 de abril de 2019

Fidel y su concepto de pueblo


Tomado de La Pupila Insomne
Por Fabián Escalante

En éste año, en el cual se conmemora el sesenta aniversario del triunfo de la Revolución, he considerado oportuno escribir unas líneas acerca del concepto de Fidel sobre el Pueblo. En su ideario estuvo siempre presente  la participación del pueblo en la gesta revolucionaria. El discurso de autodefensa del 16 de octubre de 1953, conocido como “La historia me absolverá” definía con absoluta claridad  su concepto de pueblo, y la necesaria participación del mismo en el proceso de cambios que avizoraba: “…Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, la que anhela una patria mejor, más digna y más justa; la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes, y está dispuesta a dar cuando crea suficientemente de sí misma, hasta la última gota de sangre”….”A ese pueblo, … no le íbamos a decir: “te vamos a dar”, sino “!Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad”.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Ana Belén Montes, ciudadana del mundo

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Tomado de Resumen Latinoamericano
Por Miriam Montes Moc.***


Hace varios años el líder pacifista hindú Mahatma Gandhi dijo lo siguiente: “Existe una corte superior a las cortes de justicia y esa es la corte de la conciencia. Ella excede todas las otras cortes”.
Ana Belén Montes decidió obedecer su conciencia antes que obedecer la ley. Obedecer su conciencia le valió una condena de 25 años de cárcel en una prisión de alta seguridad. Desde afuera, el edificio parece un enorme depósito de concreto del color de las tumbas. Lo rodea una estela de grama, verde y saludable, como para contrastar la sensación que producen los espacios desolados. Pero desde el interior del edificio no es posible advertir la vida que palpita en el resto del mundo. Apenas tiene ventanas. Adentro, el lugar hiede a orines y a excrementos.
Las paredes blancas del monótono Federal Medical Center, Carswell, ubicada en Fort Worth, Texas, contiene en una de sus celdas a una prisionera que se diferencia de la población general. Allí las mujeres gritan, arañan, muerden, patean, destruyen, enloquecen, o se echan a morir. Ella, en cambio, construye para sí misma una burbujaDesde ese lugar de protección todo lo ve, todo lo oye, todo lo siente; pero no muere. Si rompiera su burbuja, habitaría en un recinto tormentoso.  De alguna manera, Ana ha logrado preservar quien siempre ha sidoAl menos, la persona que se estremeció ante la injusticia y optó por solidarizarse con el perjudicado. Ella tiene los ojos vivos y la mente despierta.
 Hace catorce años que Ana Belén Montes sobrevive el infierno de Carswell. Cada mañana se despierta para enfrentar un día parecido al anterior: privada del contacto con la naturaleza, del abrazo de sus seres queridos, de conversaciones coherentes y de una atmósfera que alimente su sentido de valía.  Por fortuna, su conciencia respira paz. Sabe que no hubiera podido vivir con el pensamiento tranquilo si hubiera ignorado al pueblo cubanoSe trataba de un país vapuleado por otro país. Uno era poderoso y con ansias de dominación. El otro, el cubano, decidido a construir un sistema de gobierno propio.
Era el año 1985. Para entonces Ana Belén había conseguido un empleo en la Agencia de Defensa de Inteligencia, conocido como la DIA por sus siglas en inglés. Ella misma decidió solicitar trabajo allí, tras completar una maestría en Estudios Internacionales en la Universidad John Hopkins. Ana fue una estudiante sobresaliente. Apenas unos años antes se había graduado de un bachillerato en Relaciones Extranjeras, en la Universidad de Virginia. Su inteligencia, su pensamiento analítico y su alto nivel de responsabilidad, lograron que escalara puestos de mayor influencia. La asignan al Boiling Air Force Base, en Washington, y allí trabaja como especialista en investigación de inteligencia. En el 1992 se une al Pentágono como analista. Al momento de su arresto, en el 2001, Ana Belén se desempeñaba como una de las analistas especializadas en Cuba.
Ana entendió el motor ideológico que impulsa a los países prepotentes. Supo de lo que han sido y son capaces de hacer con tal de imponer sus negocios en tierras ajenas. Las intervenciones de los Estados Unidos en los países latinoamericanos son tan viejas como el propio país. Nicaragua, Guatemala, El Salvador, México, Chile, República Dominicana, Puerto Rico, entre otros, han sido objeto de maniobras ilícitas por parte del gobierno estadounidense. La historia lo almacena todo en su memoria.
Ana trabajó desde las entrañas del país poderoso. Para entonces, la política de la nación estadounidense llevaba más de treinta años imponiendo castigos al pueblo cubano. Hoy día sobrepasa el medio siglo de agresiones y hostilidades. Ana pudo haberse hecho de la vista larga. Después de todo, ni siquiera se trataba de su país ni de su gente. Pudo haber hecho silencioHacer lo que hacen tantosLimitarse a realizar su trabajo, y yaIgnorar lo que parecía imposible de cambiar. Pero a ella se le retorcieron los intestinos cada vez que advirtió un crimen de estado en contra de CubaOtro crimen, y otroOptó por el camino que asumen unos pocosEs muy grande el riesgo. Se juega la libertad personal. Es más, la propia vida. Se trata de la misma ansia justiciera que impulsó a Martin Luther King, Mahatma GandhiSimón Bolívar, Nelson Mandela, y otros tantos héroes y heroínas que la historia ha reconocido.  Se entregó como ellos hicieron, con un compromiso insobornable ante la afrenta, aunque cada quien asumió distintos rumbos en la lucha que escogieron. En el fondo, los apremiaba un mismo fin humanitario. Por eso fueron capaces de alzar la voz y empuñar el brazoPor eso vibraron con los principios que nos hacen humanos y buenos vecinos. Por eso también impulsaron el sentido de la dignidad; defendieron el derecho a la autodeterminación; resistieron la corriente de la política apabullante; y transgredieron la propia injusticia creada por el brazo opresor.
Tal vez sin ella saberlo, Ana Belén se inserta dentro de la tradición de la lucha antillana, según la enunció Ramón Emeterio Betances hace más de un siglo. Para entonces, la Confederación Antillana perseguía terminar con el colonialismo europeo en las Antillas, mediante la consolidación de las Antillas Mayores en un ente regional que contribuyera a preservar la soberanía de República Dominicana, Cuba y Puerto Rico. Otros patriotas abrazaron la misma idea solidaria de Betances: Eugenio María de Hostos, José Martí, Gregorio Luperón, Juan Rius Rivera, Pedro Albizu Campos, Juan Antonio Corretjer Montes, Juan Mari Brás y Rubén Berríos, entre otros. La lucha aún continúa.
En el 16 de julio de 1867 el Comité Revolucionario de Puerto Rico emitió la siguiente proclama:“¡Cubanos y puertorriqueños, unid vuestros esfuerzos, trabajad de concierto, somos hermanos, somos uno en la desgracia; seamos uno también en la Revolución y en la independencia de Cuba y Puerto Rico! Así podremos formar mañana la confederación de las Antillas.”  
Como si tuviera en su sangre los postulados heroicos del líder antillano, Ana Belén Montes, de padres puertorriqueños, nacida en Alemania y criada en los Estados Unidos de América, ofrenda su vida con tal de que Cuba pudiera preservar su derecho a la autodeterminación, muy a pesar de las presiones impuestas por el imperio norteamericano.
Ana Belén tenía la oportunidad en sus propias manos. El sistema estadounidense urdía nuevos ataques contra Cuba. Ana se debatía entre dos opciones: actuaba o se mantenía en silencioSe hacía cómplice de las agresiones o denunciaba la mano criminal. Sintió miedo. Era consciente de las consecuencias de su acción. Sabía que, de ser descubierta, se enfrentaría a una condena perpetuaIncluso, a la posibilidad de la pena de muerte. Mientras tanto, Ana no recibía nada a cambio. Ni dinero, ni favores, ni reconocimiento. Acaso, la soledad que impone un trabajo clandestino que requería una extrema discreción, y el miedo a ser atrapada. Pero la voz de su conciencia fue más fuerte. Se armó de valor. Trató de contribuir a que  el país caribeño se protegiera del terrorismo de estado organizado y financiado por los Estados Unidos. Ese fue su crimen.
Ana Belén fue detenida el 21 de septiembre de 2001 en su propia oficina. Los agentes del seguridad llevaron una silla de ruedas para llevársela arrestada, en caso de que fuera necesario. No fue necesario. Pálida y en silencio, Ana caminó erguida y con la frente en alto.
Un año después, el 16 de octubre de 2002, Ana se enfrentaba a la Corte Federal de los Estados Unidos. Le echaron 25 años de prisión en una cárcel de máxima seguridad tras declararse culpable de conspiración para cometer espionaje a favor de la Dirección de Inteligencia de Cuba. Con la entereza usual en ella, leyó en la Corte Federal las declaraciones que revelaron los principios y los valores que la indujeron a proteger al pueblo cubano de la política hostil de los Estados Unidos. En su alegato, proclamó lo siguiente:
“Honorable, yo me involucré en la actividad que me ha traído ante usted porque obedecí mi conciencia más que obedecer la ley. Yo considero que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, profundamente  inamistosa, y me consideré moralmente obligada a ayudar a la isla a defenderse de nuestros esfuerzos para imponer en ella nuestros valores y nuestro sistema político”.
Ana Belén es mi prima hermana. A pesar de que ambas vivimos en países distintos (ella, en los Estados Unidos y yo, en Puerto Rico), siempre mantuvimos correspondencia y nos visitábamos durante algunos veranos.
Desde niña, sentí admiración hacia Ana. Recuerdo su tendencia hacia el estudio, su actitud reflexiva, su discreción. Demostraba buenos sentimientos hacia sus padres, sus hermanos, su abuela y sus tías. Siempre me pareció sensata, bondadosa, consciente de los demás y cariñosa con su familia. Hasta su cabellera larga y lustrosa quise yo, a mis doce años, imitar. Con el tiempo, el respeto hacia mi prima creció. Observé su sentido ético, su capacidad para mostrarse solidaria ante los menos afortunados, y su actitud desprendida en favor de otros. En cierta ocasión, durante un verano en que se hospedaba en casa, tuvo la iniciativa de contribuir económicamente con una pareja de escasos recursos que contraía matrimonio. Ana tendría dieciséis o diecisiete años. Ella no los conocía, no estaba invitada a la boda, pero su generosidad la movió a obsequiarlos, de forma anónima, y alivianarles así la carga financiera. Sus inclinaciones, lo confieso, respondían a una manera de vivir muy distinta de la que se promueve en las sociedades materialistas, enfocadas en lo efímero, en el engrandecimiento del ego o en el hedonismo.
En otro de esos veranos en los que Ana nos visitaba, observé que un día se vistió de un negro riguroso. “¿Por qué?”, le pregunté, a lo que me contestó: “El papá de mi mejor amiga murió”.  Y añadió: “Quiero estar con ella”. Con gestos como este, en el anonimato, Ana se solidarizaba con los que sufrían. Su amiga se llamaba Terry. Nunca me olvidé.
Cuando Ana venía a Puerto Rico, la playa era un destino obligadoLe encantaba meterse al mar, solearse, comer piña fresca y beber agua de coco. Disfrutaba la compañía de las primas y los primos, sobre todo de los más bromistas. Se aseguraba de visitar a la abuela, las tías y las tías abuelas. A todas obsequiaba. Con todas era muy afectuosa.
Desde su encierro, hace catorce años, Ana Belén y yo nos escribimos tan a menudo como podemos. Confieso que desde entonces, nos hemos acercado aún más una a la otra. Las cartas son un abrazo en la distancia. Las palabras impresas, un lujo. A través de ellas nos contamos la vida y los desafíos de cada quien. Ella, desde su apretado mundo físico. Yo, desde la amplitud de un espacio sin cerrojos. Pero el espíritu no conoce murallas. Por eso las palabras que intercambiamos se encuentran. Ahí coinciden los anhelos de Ana y los míos; las reflexiones de Ana y las mías; los amores de Ana y los míos. Y el cariño a prueba de treguas.
Ella no lo sabe pero desde siempre, me ha emocionado su energía solidaria. Es como si se le hubiese impreso en sus células la consciencia de que otro ‒distinto a ella pero igual de valioso‒ existe. También me he enriquecido al advertir su capacidad de escuchar de manera atenta, de hacerse presente con las palabras y con el sentimiento, de reaccionar al dolor ajeno y convertirse en parte de la solución. Pero Ana me ha regalado algo más. Con su proceder, ha sido un ejemplo de valor y de humildad. Y me ha dado el privilegio de acompañarla, también “vestida de negro”, dentro de los barrotes de su celda.
Ana Belén resisteLo hace agarrada de los principios que inspiran su vida. Por eso cuando el 14 de diciembre de 2014 el presidente Obama declaró que: “Estos 50 años han demostrado que el aislamiento no funciona. Es hora de tener una nueva estrategia”, a Ana el corazón le retumbó. Ana no es ingenua. Sabe que la nación estadounidense intentará lograr su objetivo, si no con hiel, con miel. Aun así, interpreta el gesto del presidente como el indicio de una posible reconciliación entre ambos países. Y para Ana, esto no es otra cosa que advertir que su sueño de amistad entre ambos pueblos recién comienza a hacerse real.
 Ana resiste gracias a la lealtad que ella le otorgó a su propia conciencia. Porque esa, querámoslo o no, nunca nos abandona. Por eso creo que la conciencia de Ana la acompaña en medio de su soledad. Y estoy segura de que, en medio del infierno que vive, le da un sentido infinito de paz. 
Ana resiste con las palabras que lee. Lee con avidez palabras de otros. Ana se instruye, analiza, formula opiniones, se expresa. Sabe que los libros son un antídoto contra la necedad y el olvido. Lee de historia, de política, de espiritualidad, lee verdades universales en el lenguaje de los niños. Se ha encantado con José Mujica, ex presidente uruguayo, y con el Papa Francisco. A ambos admira por su profundidad, su sencillez, y su identificación con los menos afortunados.
Ana resiste mientras contempla y aprecia las bellezas naturales en los documentales del National Geographic narrados por David Attenborough que transmiten en la prisión.  Esas le recuerdan que existe un mundo armonioso fuera de las rejas que la aprisionan. Ana le hace espacio en su alma a ese universo asombrosoSabe que a pesar de las injusticias que ha atestiguado, la bondad humana existe. Y de repente, se ha sabido querida por un conjunto de hermanos y hermanas procedentes de Cuba, de Puerto Rico, Francia, Brasil, Italia, Canadá, República Dominicana, Chile, Argentina, entre otros, que la apoyan y se solidarizan con los principios que ella defendió. Creo no equivocarme si afirmo que le han entibiado el corazón.
Ana se permite sentirLe bajan lágrimas cuando la emoción la abraza. Se conmueve al advertir que la lucha por ella es realmente la lucha por un ideal más amplio y más trascendental que su excarcelación. Esa lucha se refiere al proceso de reconciliar países y pueblos, al acercamiento de ciudadanos del mundo, aun cuando estos tienen o persiguen distintos modos de vivir. Como ella misma pronunciara, inspirada en un proverbio italiano: “Todo el mundo es un mismo país”.
Ana ama a Cuba. Pero ama más las causas justas. Protegió a Cuba porque resultó ser el país vapuleado por una nación poderosa y hostil. Si hubiese sido lo contrario, si Cuba o Puerto Rico hubiesen sido las naciones poderosas, Ana hubiese defendido al pequeñín Estados Unidos.
Ana no quiere protagonismo. Le incomoda que la tilden de heroína o excepcional. Para ella, su proceder obedeció a una obligación personal que no era posible ignorar. Le sucedió igual que les ocurrió a los médicos cubanos que sintieron la obligación de ofrecer sus servicios a los pacientes de ébola, allá en África Occidental, muy a pesar de los riesgos que ello implicaba. Ellos no se sacrificaron para que la historia los reconociera como heroicos o excepcionales. Tan solo obedecieron su conciencia; atendieron su obligación y asumieron los riesgos. Una obligación que a ellos ‒igual que le ocurrió a Ana‒ les resultaba inquebrantable.
Así siento a AnaPor eso no busca ni espera el elogio. Por eso soporta el vituperio. Por eso también soportó el miedo que pudo provocar su lucha y aún soporta el infierno de la prisión. Para ella, el apoyo a su causa no es otra cosa que el apoyo a la soberanía de Cuba ante los Estados Unidos; o mejor dicho, al derecho que debe asistir a todos los países del mundo a construir su propio destino. Ana aún se solidariza con este principio universal, y estoy segura de que continuaría ofrendando la vida con tal de que Cuba no abandone su ideal libertario.
Esa es Ana. Internacionalista. Innegablemente solidaria. Respetuosa de la humanidad. Aferrada a los principios de justicia y paz por los que tanto han luchado otros héroes y heroínas a través de las edades. Y con la modestia que suelen tener aquellos que le habitan ideales nobles.
¡Libertad para Ana Belén Montes!
 

***


Ponencia sobre Ana Belén Montes al celebrarse el 8vo Encuentro Continental de Solidaridad con Cuba, del 28-30 de julio de 2016, en República Dominicana

jueves, 28 de abril de 2016

Para Pensar en Cuba


Tomado de Juventud Rebelde.
Por Ana María Domínguez Cruz.


«Nosotros, los que vivimos durante los últimos 20 o 30 años, hemos escuchado hablar de una épica revolucionaria, de una polémica cultural, de un país bloqueado, de prejuicios y estereotipos, de conquistas sociales, de un imperialismo y de la grandeza de todo el pueblo. Pero no bastan los cuentos de nuestros padres y abuelos… Queremos estudiar, conocer y profundizar en nuestras raíces más cercanas, llegar a entender el proceso del cual somos parte. Precisamente por eso nos hemos propuesto pensar en Cuba».
Estas líneas encabezaron, en octubre de 2014, el editorial del primer número de Pensar en Cuba, una revista digital on-line de Ciencias Sociales, con una frecuencia trimestral. Su objetivo es abordar la realidad cubana a partir del triunfo de la Revolución, desde una perspectiva académica multidisciplinar.
Temas como la vida en los años 60, la manipulación de la migración, el pensamiento revolucionario, las agresiones mediáticas contra la Isla, la relación con América Latina y la política estadounidense hacia Cuba en la última década han sido abordados en los primeros seis números.
Integran su equipo de realización jóvenes periodistas, editores, diseñadores y colaboradores de mucha experiencia, asesorados por un consejo integrado por intelectuales reconocidos como María del Carmen Ariet, Fernando Martínez Heredia, Jacinto Valdés-Dapena, Elier Ramírez Cañedo y Mario A. Padilla.
Rodolfo Romero, director de la publicación. Foto: Roberto Morejón Guerra
Su joven director, el periodista Rodolfo Romero Reyes, comentó a JR que «aunque en apariencia pueda parecer una inconveniencia el no poder guardarla en el librero, pues los tiempos modernos y los escasos recursos económicos nos obligaron a nacer como una revista en formato digital, creemos que así se multiplican las posibilidades de reproducirse de computadora a computadora, en las redes sociales o en los teléfonos celulares».
Dirigida a jóvenes historiadores, estudiosos de las Ciencias Sociales, politólogos, estudiantes (de pre y posgrado) de carreras de Ciencias Sociales —principalmente Historia, Sociología, Filosofía, Ciencias Políticas, Periodismo, Comunicación Social, Economía y Derecho— cubanos y extranjeros, interesados en temas relacionados con el desarrollo de la sociedad cubana, Pensar en Cuba potencia un espacio académico en torno a la realidad cubana, acotó.
«En la revista rescatamos la memoria histórica y profundizamos en hechos que han sido significativos, polémicos o insuficientemente analizados a lo largo de estos casi 60 años. Presentamos, además, la experiencia de vivir la Revolución desde la perspectiva de los hombres y las mujeres comunes que se vieron envueltos en su vorágine», agregó Romero Reyes, quien puntualizó que Pensar en Cuba forma parte de las proyecciones concebidas por el Memorial de la Denuncia, un proyecto museológico que pronto abrirá sus puertas en el municipio capitalino de Playa.
En la recién finalizada Feria del Libro en La Habana se presentó el último número de esta publicación, correspondiente al trimestre enero-marzo, y la ocasión fue propicia para dialogar con la destacada editora y profesora universitaria Sonia Almazán, quien es una de las colaboradoras y más críticas lectoras de la publicación.
Los textos que integran la sección Artículos y ensayos hacen un recuento de las ambiciones de Estados Unidos en relación con Cuba —comentó—, y cómo estas constituyen parte de la cultura política norteamericana, concebida desde el pensamiento fundacional de Thomas Jefferson y John Quincy Adams.
Una de las propuestas más atractivas del número lo constituye el dossier que presenta algunos memorandos que han sido desclasificados en Estados Unidos sobre Cuba —documentos que indican el interés por ambas partes de una normalización de las relaciones y la necesidad de un diálogo de entendimiento—, resúmenes de algunas conversaciones sostenidas en décadas anteriores y fragmentos de la conferencia ofrecida por Barack Obama el 19 de diciembre de 2014.
Con un amplio despliegue en redes sociales como Facebook y Twitter, y un canal de videos en Youtube, Pensar en Cuba intenta atrapar la atención de los usuarios al ofrecer una mirada joven al período de nuestra historia más reciente.
¿Retos de la revista? El investigador Jacinto Valdés-Dapena, miembro del Consejo Asesor y responsable de arbitrar los trabajos de los colaboradores, expertos investigadores y jóvenes estudiosos, identifica como desafío la convergencia generacional. «No es solo un reto de esta época, pues lo ha sido en todas. Creo que la revista aporta una visión novedosa de la teoría social, y lo hace de forma original y creadora en la que se refleja el mundo de hoy. A los más jóvenes les permite acceder al conocimiento de los eventos más importantes que acontecen en el ámbito social y del pasado, para formar una visión de futuro, desde las ciencias sociales, sin calco ni copia».
Para Rodolfo Romero Reyes, el principal reto es llevar la imagen de la Revolución cubana a la juventud. «Para ello se ha propuesto contar el acontecer histórico de los últimos años con una visión renovadora y de forma diferente. Pretende en las próximas ediciones abarcar los principales debates y polémicas de nuestros tiempos, con un sentido de identidad cultural y la cubanía».
«En momentos en que pensar en Cuba se vuelve un ejercicio útil, necesario y primordial, defendemos la existencia de una publicación que, con ese nombre, tiene entre sus premisas rescatar la historia Patria, un noble e imperioso empeño», aseveró Romero Reyes.

Cuenta de Twitter: @pensarencuba 

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