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domingo, 6 de marzo de 2022

Código de libertades para amar

 

Imagen: Brady Izquierdo

Tomado de La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana

Por Juan Nicolás Padrón

¿Por qué un código?

Las relaciones parentales entre grupos humanos han tenido una larga historia de transformaciones. En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado: a la luz de las investigaciones de Lewis H. Morgan, Federico Engels estudió su desarrollo en la llamada civilización, desde el origen hasta las sociedades industrializadas, y su importancia en las relaciones de poder económico y de control de los recursos materiales, determinantes para la definición de la propiedad privada en el Estado burgués. La opresión del mandato patriarcal, la consiguiente discriminación de la mujer y la presuposición de la falta de derechos de los niños favorecieron la violencia intrafamiliar y la entronización de ciertos abusos legales para mantener ese orden, no solo injusto, sino en ocasiones escandalosamente abusivo y cruel.

lunes, 20 de septiembre de 2021

COMPROMISOS

 

El pueblo sigue leal a sus condiciones. Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate.

Tomado de Cultura y Resistencia

Por Enrique Ubieta Gómez

La guerra que se nos hace nos obliga a mirarnos mejor, y a auscultar nuestras debilidades e insuficiencias. Pero no será posible que comprendamos a cabalidad lo que pasa en nuestras ciudades, sin entender lo que sucede en el mundo, y la peculiar relación de nuestro país con los centros mundiales de poder.

Para entender el 11 de julio, habrá que hablar primero de otras muchas cosas sin relación aparente. Habrá que mencionar una circunstancia histórica determinante: Cuba instauraba su República en Armas, machete en mano, y daba el impulso definitivo a la conformación de su nación, en el instante en que a 90 millas de sus costas, nacía y se desarrollaba el imperialismo. La radicalidad del pensamiento de Martí y la de Fidel responden, como explicaba el primero en su última carta, a ese hecho.

domingo, 3 de enero de 2021

Filosofía de la Revolución. Ética del amor revolucionario

 

Tomado de La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana

Por Fernando Buen Abad Domínguez

“El eslabón más alto que puede alcanzar la especie humana es ser revolucionario”
                                                                                                            Ché Guevara.


La Ética de los fusiles y la Ética de la ternura.

Una consigna ética recorre al mundo. En toda su potencia brilla hoy, más que nunca, la afirmación de Fidel que define: “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”. Tal consigna es de suyo un enunciado ético, de primer orden, para los tiempos que corren. ¿Cuáles revolucionarios para cuál revolución? No operemos esto con “manuales”. El carácter “universal” de semejante consigna, su alma humanista, excede a Cuba aún siendo su epicentro. Esa era la voluntad de Fidel. En el carácter marxista-leninista de la Revolución cubana se gesta una de las corrientes éticas más importantes de nuestro tiempo. El deber de todo revolucionario también es producir una revolución en la ética y para la ética. Y la Revolución en Cuba es una guía.

sábado, 12 de octubre de 2019

“Nadie va a quitarnos la confianza en el futuro que les debemos a nuestros hijos en la Patria que los padres nos ganaron de pie”

Tomado de Cubadebate

Discurso pronunciado por el Presidente de la República de Cuba, Miguel M. Díaz-Canel Bermúdez, en la toma de posesión de su cargo, en la Cuarta Sesión Extraordinaria de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 10 de octubre de 2019, “Año 61 de la Revolución”.

Querido General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba;
Queridos compañeros de la Generación Histórica;
Compañero Esteban Lazo, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado; Integrantes del Consejo de Estado;
Diputadas, diputados;
Pueblo de Cuba:

Es 10 de Octubre y los cubanos debemos felicitarnos. “[…] el primer día de libertad e independencia de Cuba”, como lo llamó Carlos Manuel de Céspedes, tiene todos los derechos para ser uno de los más celebrados en nuestro calendario nacional, por sus fuertes resonancias, desde aquel minuto de 1868 hasta este en que hemos renovado el juramento de servicio incondicional a la Patria.

Constitución y democracia. El valor de los símbolos 150 años después


Por Hassan Pérez Casabona


La historia está plagada de símbolos. No hablamos de una mera relación que deba subordinarse a coincidencia alguna. Se trata de algo más profundo, una especie de vasos comunicantes entre las mejores tradiciones e ideas de los pueblos que fluye —ya sabemos muchas veces como parte de un torbellino, otras desde la singularidad de hacerlo a contracorriente— con el propósito de que la desmemoria no se enseñoree entre quienes estamos llamados a preservar, multiplicar y enriquecer el legado que nos entregaron nuestros predecesores.

sábado, 27 de julio de 2019

El mundo verá lo que somos capaces de hacer y el mundo nos acompañará en nuestra resistencia

Miguel M Díaz Canel B_Plaza de la Patria_Bayamo_Granma_26 de julio de 2019_Foto Estudios de la Revolución
"Tengo claro que hoy hablo en nombre de los agradecidos, los que enfrentamos el desafío de empujar un país"
Discurso pronunciado por Miguel M. Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el Acto Central por el aniversario 66 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en la Plaza de la Patria, Bayamo, Granma, el 26 de julio de 2019, «Año 61 de la Revolución».

lunes, 17 de junio de 2019

«La tarea fundamental de la Revolución hoy es la economía»

El Presidente cubano afirmó que Cuba necesita de sus economistas para avanzar. Foto: Estudios Revolución
Tomado de Granma

Discurso pronunciado por Miguel M. Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del VIII Congreso de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba, en el Palacio de Convenciones, el 14 de junio de 2019, «Año 61 de la Revolución»

miércoles, 10 de abril de 2019

Raíz, resolución y desafío

Tomado de Granma
Por 
Más grande es el país que reverencia la historia en la práctica constante de su soberanía.
Cuando lleva de brújula y bandera el pasado glorioso en que aprendió lecciones, y reconoce en él la forja del carácter, y encuentra en sus anales la base fundacional de los principios morales, de una ética de nación, del dar todo por sí mismo y darlo igual a quien precisa su brazo y compañía; es un país mayor porque siente y actúa con entrañas de humanidad.

viernes, 11 de enero de 2019

Constitución Socialista Vs Contrarrevolución


Por Gustavo de la Torre Morales
El pasado 1 de enero del presente año (2019), Cuba celebró con gran júbilo el aniversario 60 del triunfo de la Revolución; como dijo Fidel Castro: ésta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes”. (1)
La conmemoración de dicha efemérides fue motivo de actos de reafirmación y apoyo en diversas latitudes de todo el archipiélago cubano; así como en otras regiones del mundo, donde la solidaridad con Cuba es un pleno reconocimiento a las conquistas sociales alcanzadas, pero también a la resistencia, la firmeza y dignidad de todo un pueblo de mujeres y hombres “dispuestos a dar la vida” (1) por la magna obra construida con tanto sacrificio: a “defenderla hasta nuestra última gota de sangre”. (1)

lunes, 12 de noviembre de 2018

Proceso de Reforma Constitucional en Cuba: un acto de Democracia popular.

Tomado de Realitat
Por Gustavo de la Torre Morales

El camino del proceso revolucionario cubano, en una primera etapa con un carácter democrático popular, agrario y antiimperialista, estuvo lleno de retos al poner en prácticas programas sociales, leyes y resoluciones que proporcionaron al pueblo sus derechos esenciales y, a su vez, rompiera con las cadenas del rezago burgués neocolonial, impuesto por Estados Unidos y el servicio de gobiernos nacionales de turno.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

¿Comunismo en la Constitución o una Constitución con comunismo?


Tomado de La Pupila Insomne
Por Javier Gómez Sánchez

Hablando sobre la Reforma Constitucional con un amigo comentábamos que la contrarrevolución parece no haber visto la tremenda oportunidad que le ha pasado por delante: Haberse lanzado una convocatoria popular completamente abierta a todo tipo de cuestionamientos, que ni siquiera deja fuera del debate el papel del Partido Comunista de Cuba en la sociedad.
Indudablemente, es el paso más arriesgado y revolucionario que ha dado el proceso de la Revolución Cubana en estos tiempos.

viernes, 14 de septiembre de 2018

El Partido Comunista de Cuba, garante de la democracia

En Cuba la soberanía reside en el pueblo. Foto: Ricardo López Hevia
Los cubanos tenemos un solo Partido, es el partido de sus militantes y de los demás ciudadanos, es el partido de todo el pueblo, el partido de la Revolución Cubana, salvaguardia del poder popular, del Estado socialista de derecho.

Tomado de Granma
Por Raúl Antonio Capote

Máximo Gómez Báez, General en Jefe del Ejército Libertador en la Guerra de Independencia de 1895 a 1898, anotaba en su Diario de Campaña, el 25 de agosto de 1898, refiriéndose a los interventores norteamericanos, «Quisieron borrar incluso la historia».1
Los ocupantes estadounidenses liquidaron las instituciones creadas por los patriotas cubanos: el Gobierno de la República en Armas, la Asamblea de Representantes, el Ejército Libertador y el Partido Revolucionario Cubano, partido que agrupaba a todos los patriotas, guía de la Revolución, garantía de la unidad necesaria, cimiento del sistema democrático que soñaban construir.

lunes, 23 de julio de 2018

Cuba va por más

Foto: Estudios Revolución
Tomado de Granma

Discurso pronunciado por Miguel M. Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del Primer Periodo Ordinario de Sesiones de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 22 del julio del 2018. «Año 60 de la Revolución».

lunes, 29 de febrero de 2016

Hacer nuestro socialismo más participativo, inclusivo y democrático, con la Constitución como su instrumento de defensa permanente

Tomado del sitio web del periódico Ahora.

Intervención del compañero Homero Acosta Álvarez, Secretario del Consejo de Estado, en el Acto de entrega del Premio Carlos Manuel de Céspedes y la Conmemoración del 40 aniversario de la Constitución Socialista Cubana.

Estimados Colegas:
Deseo en primer término agradecer a la Junta Directiva de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, y a su presidente, haberme honrado pronunciar unas palabras en tan memorable fecha.
Sumo mis felicitaciones al Dr. Diego Fernando Cañizares Abeledo por su merecido Premio Carlos Manuel de Céspedes. Se salda una deuda con quien ha tenido una larga y fecunda labor profesional y al cual debemos importantes obras para el estudio del Derecho. Hoy, con la vitalidad juvenil que le caracteriza, continúa aportando y sorprendiéndonos con su trabajo.
Igualmente, resalto la justeza del reconocimiento a los compañeros Rodolfo Dávalos y Nuris Piñeiro por su contribución, desde el Derecho, a la lucha por la liberación de nuestros Cinco Héroes.
Recordar el 24 de febrero, fecha de inicio de la segunda etapa de nuestra Guerra de Independencia que organizara nuestro Héroe Nacional José Martí, y en que conmemoramos el cuadragésimo aniversario de nuestra Constitución Socialista, en este memorial, revela un gran simbolismo.
Resulta obligado por ello evocar a nuestro Héroe Nacional José Martí, organizador de la que llamara Guerra Necesaria e inspirador del proyecto revolucionario socialista cubano.
Una primera idea que debo trasladar es la imposibilidad de analizar la vigente Constitución, proclamada hace 40 años, sin echar una mirada al iter constitucional en nuestra historia. Haber llegado hasta aquí es también fruto de un proceso histórico complejo, a veces contradictorio, cuyo hilo conductor podemos encontrarlo en la búsqueda desde nuestros Padres Fundadores de una Patria libre y soberana y una sociedad más justa.
Ese sentimiento constitucionalista e independentista vio vida desde los inicios de lucha contra el colonialismo español al organizarse una República en Armas sobre pilares constitucionales y que tendría su primera expresión en Guáimaro, en abril de 1869. Toda una utopía en las condiciones de la lucha. Luego vendría la Constitución de Baraguá de 15 de marzo de 1878, fruto del pensamiento de Antonio Maceo y símbolo de la voluntad de continuar la lucha hasta alcanzar los objetivos por los que se había iniciado.
Martí, como expresáramos, alma del inicio de la lucha en 1895, había analizado a profundidad las causas del fracaso de la Guerra de los 10 años, en particular lo relativo a la estructura político militar derivada de la Constitución de Guáimaro y supo juzgar con acierto las diferencias de Céspedes y Agramonte.
Fue clave su visión de organizar la lucha siguiendo postulados cívicos y republicanos, pero sin obstaculizar el desarrollo de las operaciones militares. En las Bases del Partido Revolucionario Cubano definía que la contienda sería de “espíritu y métodos republicanos” y así contribuir a un triunfo rápido y a dar “la mayor fuerza y eficacia a las instituciones que de ella se funden, y deben ir en germen en ella”. Igualmente en el Manifiesto de Montecristi señalaba: “Desde sus raíces se ha de constituir la Patria con formas viables, y de sí propias nacidas, de un modo que un gobierno sin realidad ni sanción no lo conduzcan a las parcialidades o a la tiranía”.
No son desconocidas las discrepancias con Maceo sobre la organización de la guerra. Su prematura muerte en Dos Ríos le impidió ver la Constitución de Jimaguayú. Coincido con la idea de que: “Pudo pensarse que al morir él, moriría su pensamiento de un gobierno democrático para el pueblo de Cuba Libre ya que la guerra quedaba, al menos cuando el gran revolucionario cayó en Dos Ríos, en manos de fuertes líderes militares. Pero no fue así: la labor de Martí había sido tan intensa, su prédica constante acerca de la necesidad de crear una república democrática había calado tan hondo en las entrañas de su pueblo, que aquellos de quienes pudo temerse que no estuvieran de acuerdo con él fueron los primeros en mover los resortes necesarios para poner en práctica las ideas que él traía al desembarcar en Cuba”. O en palabras de Emilio Roig: “la batalla que no pudo ganar en vida, la ganó Martí después de muerto.”
Finalmente, el período constitucionalista mambí cierra con la Constitución de la Yaya, aprobada el 29 de octubre de 1897 en cumplimiento del mecanismo de reforma establecido en Jimaguayú, la más amplia y abarcadora de todas con una extensa declaración de derechos, que no concluye con la independencia sino con la intromisión interesada de los Estados Unidos en la Guerra.
No quisiera concluir esa etapa sin citar las palabras de Fernando Ortiz: “Para los libertadores las constituciones no fueron solamente organización de la rebeldía de un núcleo humano para la acción interna, ni la intempestiva y anticipada consagración de un régimen interno inmaduro forzada para impresionar en el extranjero: sino que fueron además la intangibilidad del ideal revolucionario beligerante. Ellas eran la ¡República de Cuba! Eran la expresión simplista del ideal de los cubanos: la independencia. Eran, como el escudo, la bandera y el himno de Bayamo, un símbolo de nación libre”.
La República nacía con una Constitución en 1901 profundamente liberal y maniatada por la Enmienda Platt, antítesis de las aspiraciones de nuestros próceres. Un mecanismo de dominación legitimado constitucionalmente que sesgaba la soberanía y humillaba profundamente a nuestro pueblo.
En medio de diferentes vaivenes políticos e interregnos constitucionales, tras la caída de la dictadura machadista, se llega a un proceso que pudiera catalogarse de hito en la historia democrática burguesa: la aprobación de la Constitución de 1940. Un conjunto de factores de carácter interno e internacional conllevaron a lograr una norma de avanzada en el pensamiento constitucional de una época, al incorporar un grupo de derechos económicos y sociales; como el derecho al trabajo, salario mínimo, descanso, etc, derivados del constitucionalismo social de México y Weimar.
Su mayor incapacidad en los marcos de la democracia burguesa fue no hacer realidad sus postulados ni desarrollar las leyes complementarias.
Estuvo vigente hasta la ruptura constitucional provocada por el golpe del 10 de marzo de 1952, y frente al cual se desarrolla la lucha revolucionaria que enarbola, entre sus reivindicaciones principales, su restablecimiento futuro.
Al triunfar la Revolución, como es conocido, se dicta en febrero de 1959 la Ley Fundamental, mediante la cual se ajusta la Constitución de 1940 a la nueva realidad sociopolítica y a las necesidades de la radical transformación social que acontecería, y con ello se inicia el llamado período de provisionalidad.
Comienza la destrucción inmediata de la maquinaria estatal burguesa, que incluyó el cese de funciones de los espurios representantes de los órganos vinculados con la dictadura batistiana, y la desintegración de los viejos partidos políticos. Se concentran en el Consejo de Ministros las facultades constituyentes, legislativas y ejecutivas, manteniéndose el cargo de Presidente y adquiriendo un mayor peso el de Primer Ministro, al asumirlo Fidel Castro Ruz.
Desde ese órgano se fueron adoptando las medidas principales en cumplimiento del Programa del Moncada y restablecieron los derechos conculcados al pueblo. La Ley de Reforma Agraria, las leyes de Nacionalización, el acceso a la enseñanza, el empleo, la confiscación de los bienes de los malversadores, todas en una primera etapa democrática revolucionaria contaron con un amplio apoyo y legitimación popular.
Paulatinamente se va produciendo un proceso de reconstrucción del sistema estatal y de su sistema jurídico.
Para mediados de la década del 60 se aprecia el interés de encontrar formas institucionales superiores en la organización del Estado, a todos sus niveles, del Partido y de las organizaciones de masas en el país.
Pocas veces se recuerda que en el discurso de Fidel el 28 de septiembre de 1965 reconocía: “Nuestro aparato estatal (…) al surgir en medio de la Revolución como creación nueva que habría de sustituir al viejo aparato administrativo del Estado, ha adolecido, naturalmente, de todas las deficiencias que una cosa nueva y compleja como esta trae consigo inevitablemente. Pero se ha estado realizando, sobre todo en los últimos tiempos, un esfuerzo muy considerable para mejorar la eficiencia del aparato administrativo del Estado…”
Y más adelante, en esa propia intervención, reclama la necesidad de organizar al Partido, en todas las instancias, incluida la creación del Secretariado del Comité Central, y anuncia la preparación de un congreso de la organización política al siguiente año. Asimismo, precisó “… debemos empezar a preocuparnos para elaborar la Constitución Socialista”.
Se aprecia una voluntad por institucionalizar desde sus raíces el Estado socialista cubano, y en particular la necesidad de articular y construir democráticamente ese Estado, y sus órganos representativos, eliminar la excesiva centralización administrativa y las disfunciones en la labor del Partido y el Estado.
En esa dirección resalta la creación en 1968 de la Comisión de Estudios Jurídicos del Comité Central del Partido, presidida por Blas Roca, cuya labor comenzaría en 1969. Entre las tareas que debía acometer de inmediato incluía importantes proyectos legislativos y la labor asesora de lo que sería la futura Constitución.
Diversas razones de carácter interno y externo impidieron en lo inmediato llevar a vías de hecho esas ideas, en particular porque los esfuerzos principales desde finales de esa década del 60 estuvieron dirigidas a lograr en el año 1970 una producción de azúcar de 10 millones de toneladas, vía que se consideraba imprescindible para lograr un salto en el desarrollo económico y poder sostener los amplios programas sociales y el bienestar de la población.
Precisamente serían los duros análisis derivados del no cumplimiento de la zafra de 1970 y el retroceso en un importante número de indicadores económicos, así como las secuelas en el funcionamiento de los órganos políticos, administrativos y las organizaciones de masa, el punto de inflexión y el elemento catalizador del proceso institucionalizador que llevaría a la Constitución de 1976.
A partir de ahí comenzó un análisis en la dirección del Partido para estudiar aspectos principales sobre los cuales no había hasta el momento definiciones y que era necesario esclarecer por el impacto que tendría entre otros, en la futura Constitución. Nos referimos al sistema económico, al sistema de gobierno, los mecanismos de participación popular la División Político Administrativa, el papel del Partido y su delimitación funcional respecto al Estado y las organizaciones de masas. Todos debían evaluarse en el Congreso del Partido.
En ese sentido destaca el 24 de noviembre de 1972 la reorganización del Consejo de Ministros y la creación de su Comité Ejecutivo, con la atención diferenciada de los organismos de la Administración Central del Estado; en enero de 1973 se definen cambios en la concepción del trabajo de los organismos de dirección superior del Partido, que incluye entre otros, la constitución del Secretariado del Comité Central; la celebración del XIII Congreso de la CTC; la Ley de Procedimiento Penal en 1973, que introdujo importantes cambios, ofreció nuevas garantías y dejó atrás elementos del antiguo sistema de enjuiciamiento criminal de la colonia, y unido a ello la Ley de Organización del Sistema Judicial ese propio año, mediante la cual se unifican las distintas jurisdicciones, se establece la participación de jueces profesionales y legos y se crea la Fiscalía General de la República como órgano encargado del ejercicio de la acción penal pública y del control y preservación de la legalidad socialista.
Junto a ello, desde mediados de 1973 comenzaron los estudios para preparar un experimento que conllevara la organización y funcionamiento de un sistema de órganos representativos apoyados en una amplia participación popular, para el ejercicio del poder soberano a nivel local. Para dar cumplimiento a esa tarea se aprobó en mayo de 1974 la Ley 1269 que instituyó la Comisión Nacional para dirigir los trabajos experimentales de los órganos del Poder Popular en Matanzas.
Si bien la Comisión de Estudios Jurídicos se encontraba trabajando en las bases de la futura Constitución, el 22 de octubre de 1974 por Acuerdo del Consejo de Ministros se crea la Comisión Mixta del Partido y del Gobierno encargada de preparar y redactar el anteproyecto de Carta Magna. En ella se integraban dirigentes del Partido, del Gobierno, de las organizaciones de masas y destacados juristas.
En dicho acuerdo se establecieron un grupo de bases que orientaban el trabajo a desarrollar, teniendo en cuenta las realidades económicas y sociales, la experiencia del ejercicio del poder revolucionario en los años anteriores incluido el proceso de perfeccionamiento del aparato estatal, las experiencias de los países que construían el socialismo, las tradiciones progresistas y revolucionarias del pueblo y debía fundamentarse en sólidos principios marxistas leninistas. Asimismo, trazaba pautas para un grupo de contenidos vinculados fundamentalmente al sistema económico, el sistema de órganos estatales y los principios de su organización y funcionamiento, los derechos y deberes de los ciudadanos.
Como había sido establecido en el referido acuerdo, la Comisión entregó el anteproyecto al compañero Fidel Castro Ruz, el 24 de febrero de 1975, y posteriormente como un proyecto oficial fue sometido a una amplia consulta popular. En ese proceso participaron 6 millones 216 mil 981 ciudadanos, los que propusieron 12 883 modificaciones, 2343 adiciones de contenido constitucional, así como 84 solicitudes de aclaraciones.
Luego de analizadas estas propuestas se preparó el proyecto que fue presentado al I Congreso del Partido Comunista de Cuba. Durante la presentación del informe central a dicha cita partidista Fidel señaló:
“Hoy necesitamos una Constitución socialista, en correspondencia con las características de nuestra sociedad, con la conciencia social, las convicciones ideológicas y las aspiraciones de nuestro pueblo. Una Constitución que refleje las leyes generales de la sociedad que construimos, las profundas transformaciones económicas, sociales y políticas operadas por nuestro pueblo. Una Constitución, en fin, que consolide lo que somos hoy y que nos ayude a alcanzar lo que queremos ser mañana”.
“Se ha trabajado concienzudamente en la elaboración del proyecto de Constitución. En el se han sintetizado las experiencias de nuestro propio pueblo y la experiencia universal de los pueblos que nos precedieron en la edificación socialista. Creemos que es un texto digno del primer Estado socialista de Obreros y campesinos, de trabajadores manuales e intelectuales, del continente americano, en el cual la soberanía y todo el poder pertenecen real y verdaderamente al pueblo laborioso, poder fundamentado en la propiedad colectiva sobre los medios de producción y sustentado en la firme alianza obrero-campesina, guiada por la clase obrera y su vanguardia organizada marxista-leninista, el Partido Comunista de Cuba, fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”
Una vez aprobado en el Congreso del Partido el proyecto fue sometido a referendo junto a la Ley de Tránsito Constitucional, mediante el voto libre, directo y secreto de nuestro pueblo.
Los datos son harto reveladores del nivel de aprobación. De un total de 5 millones 717 mil 266 electores, concurrieron a las urnas 5 millones 602 973 (un 98% del total). De esa cifra votaron a favor del proyecto 5 millones 473 mil 534 para un 97,7 %, mientras sólo 54 mil 70 (el 1%) votaron negativamente; otros 44 mil 221 votaron en blanco (0,8%) y hubo 31 mil 148 boletas anuladas (0,5%).
Por primera vez en nuestra historia se ejercía el poder constituyente de esta manera directa. Además de la consulta popular la ratificación en referendo de un texto constitucional. No había antecedentes en América latina, ni tampoco fue la práctica seguida en los países socialistas. Obedeció a las ideas y a la práctica política de nuestra dirección revolucionaria que concebía la amplia participación del pueblo en la toma de las decisiones fundamentales.
Un día como hoy, hace 40 años fue proclamada en acto solemne en el teatro Carlos Marx. En la ocasión correspondió al compañero Raúl Castro Ruz, entonces segundo secretario del Comité Central del Partido, las palabras centrales. Entre otras cuestiones señaló: “Jamás en la historia de nuestra Patria y de nuestro continente ha sido aprobada una Constitución de contenido tan revolucionario y progresista; que responda en tal alto grado a los intereses de la Patria y del pueblo; que consagre y garantice con tal amplitud, y en tal correspondencia con la realidad económico-social de la que deriva y a la que norma jurídicamente, los principios de igualdad y justicia social y los derechos del individuo en concordancia con los intereses de toda la sociedad”.
Señalaba además a la Constitución como “el documento más importante que rige el proceso de institucionalización de la Revolución”. Con ella concluía el período de provisionalidad.
La Constitución de 1976 afianza la independencia y soberanía nacional, aspiraciones legítimas de nuestros libertadores, que había sido lograda en 1959, diseña un sistema económico sustentado en la propiedad cuasi absoluta del Estado sobre los medios de producción; define el papel del Partido como ente superior de la sociedad y del Estado; consagra derechos y libertades que no nacen con ella sino que refleja los que en el devenir revolucionario había conquistado para el pueblo, establece garantías materiales que permiten el ejercicio de los derechos y establece como principio del funcionamiento del Estado y sus instituciones la democracia socialista.
Anunció, como forma de gobierno, un modelo semi- parlamentario, siguiendo patrones del constitucionalismo socialista de entonces, aunque diseñó un sistema de órganos del Poder Popular estructurado desde la base hasta los niveles superiores asentado en la participación popular, que supone la elección, rendición de cuentas de los elegidos y posibilidad de revocación del mandato de éstos por la ciudadanía, que lo aleja del sistema representativo burgués. No es el mandato imperativo clásico pero supone en su idea primigenia un vínculo constante entre electores y elegidos.
Algunos autores cubanos y otros desde el exterior en los últimos tiempos al analizar el texto constitucional critican lo que llaman el mimetismo dogmático, la copia mecánica o el traslado de formulaciones propias de la práctica socialista de entonces, en particular de la Unión Soviética, y remarcan con fuerza la entrada de Cuba en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) casi como un maleficio que conllevó a adoptar esas posiciones y a alejarnos de nuestros principios y tradiciones.
Desde mi perspectiva considero que, como había sido establecido en las Bases del anteproyecto, era obligatorio estudiar el referente socialista europeo como antecedente lógico de la construcción del socialismo, y asumir experiencias que no poseíamos, ni incluso nuestros juristas, como reconociera el propio Blas Roca. Faltaba conocimiento de la aplicación práctica de la Teoría Marxista-Leninista del Estado y el Derecho, del propio constitucionalismo socialista y por ende era poco el juicio crítico que teníamos estos temas, en particular, hasta dónde estaban permeados de prácticas ajenas a las nuestras, y cuáles eran esencia y razón de ser del socialismo. ¿Cuál era el otro camino si nos hallábamos prácticamente solos en el entorno latinoamericano, con la hostilidad de los Estados Unidos y únicamente la mano solidaria de la URSS y los países del este europeo y habíamos emprendido el rumbo socialista?
Siempre pueden existir alternativas y nada justifica cualquier error pero es justo sostener que aún así se sometieron a análisis las experiencias ajenas, nuestras prácticas propias y lo foráneo que pudiera ser útil, conveniente y adaptable a nuestras condiciones concretas. Fue una preocupación constante mantener la originalidad propia de nuestro proceso revolucionario y nuestras tradiciones. Lo que no nos parece posible aceptar es que hubiéramos asumido una determinada postura por imposición o derivada de obligaciones nacidas de nuestra integración socialista. La Revolución siempre mantuvo una posición vertical en estos asuntos.
Otra situación es la que acontece cuando a mediados de la década del 80 del siglo pasado, al analizar situaciones internas que iban más allá de las Constituciones, sino vinculadas a errores en la práctica política y la dirección de la economía, así como evaluando los problemas que salían a la luz en los países socialistas que finalmente llevaron a su destrucción, Fidel dio paso a un proceso que llamó de rectificación de errores y tendencias negativas.
Desde una visión más cercana en el tiempo Fidel, en su histórico discurso del 17 de noviembre de 2005, en esta misma Aula Magna reconoce: “Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo”.
Ese proceso de caída del campo socialista, la entrada en lo que sería el Período Especial y los análisis del proceso de rectificación de errores constituyeron la antesala del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, cuyos acuerdos generarían una importante reforma constitucional. En ese sentido el Congreso definió:
“Atendiendo a las recomendaciones de esta Resolución para el perfeccionamiento de los órganos del Poder Popular, se sugiere a la Asamblea Nacional del Poder Popular, continuar valorando las posibles modificaciones de la Constitución de la República encaminadas a materializar estos objetivos e igualmente, teniendo en cuenta los 15 años de vigencia, el Congreso recomienda que en los estudios que se están realizando se incluyan otros aspectos del texto constitucional, no relacionados con ese propósito, pero que puedan estar requeridos de actualización o de precisiones.
“Entre estos aspectos podría considerarse lo concerniente a los principios de nuestro sistema político y las formas de fortalecer o establecer una adecuada protección constitucional para dicho sistema.
En este propósito es conveniente tomar como guía y fuente de inspiración la rica historia y tradición institucional y constitucionalista cubana, que tiene sus orígenes en las primeras luchas libertarias de nuestros mambises.”
Luego de los trabajos correspondientes de un Grupo coordinado por la Asamblea Nacional del Poder Popular y los análisis en el Comité Central del Partido, fue sometido a examen el proyecto en sesión extraordinaria del Parlamento los días del 10 al 12 de julio de 1992.
Las primeras modificaciones estuvieron dirigidas a dar respuesta a las resoluciones del IV Congreso del Partido, en particular los relativos al sistema económico, el perfeccionamiento del Poder Popular y el fortalecimiento de la libertad religiosa.
En ese orden se elimina el monopolio del Estado sobre los medios de producción, señalando que ello entrañaba solo los “medios fundamentales”; y la posibilidad de revertir esa propiedad teniendo en cuenta los fines del desarrollo del país; y se reconoce como nueva forma de propiedad las de las empresas mixtas, sociedades y asociaciones económicas.
Introdujo cambios sustanciales en el ejercicio democrático del poder de nuestro pueblo, al establecer la elección directa de los diputados y delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular, hasta ese entonces electos por las Asambleas Municipales; institucionalizó los Consejos Populares, como vía para fortalecer el papel de los delegados del Poder Popular y su interacción con el pueblo; la eliminación de los Comités Ejecutivos y con ello elevar el papel de las asambleas locales, hacia una mayor delimitación de la labor de control hacia la administración.
El Estado cubano adquirió un carácter no confesional, se amplió la libertad religiosa y fue prohibido expresamente la discriminación por motivos religiosos.
Fueron introducidos cambios relativos a la Defensa Nacional, al incorporar el papel de los consejos de defensa e incorporó la situación excepcional del Estado de Emergencia, como mecanismo de defensa del orden constitucional ante catástrofes, desastres y otras circunstancias que afecten el orden interior, la seguridad del país o la estabilidad del Estado.
Asignó como obligación de los cubanos defender por todos los medios, incluido la lucha armada, cuando no fuere posible otra acción, al sistema político socialista establecido en la Constitución.
La última de las reformas correspondió al año 2002, en respuesta a los planteamientos injerencistas del entonces Presidente de los Estados Unidos George W. Bush, a instancia de las direcciones de las organizaciones de masas, la Asamblea Nacional del Poder Popular y luego de un proceso cuasi plebiscitario, avalado por la firma de más de 8 millones de cubanos, el 26 de junio de ese año se estableció como una cláusula de intangibilidad, la irrevocabilidad del socialismo y la voluntad de no volver jamás al capitalismos. En el artículo 11 se adicionó un párrafo en el que prohíbe negociar las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con cualquier Estado bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera, así como estableció cambios en el mecanismo de reforma.
Esta modificación vino a redoblar y blindar el carácter socialista de nuestro sistema y a imposibilitar, por vía constitucional, su destrucción y retorno al capitalismo, sin impedir el perfeccionamiento del socialismo que construimos.
Estimados colegas:
Hasta aquí esta breve caracterización de la Constitución cubana de 1976, con sus dos reformas principales.
Han sido 40 años de vida constitucional con más luces que sombras. De virtudes e imperfecciones como toda obra humana y sobre todo esta, constituida en un proceso revolucionario como el nuestro.
Una constitución que vino a encauzar jurídicamente los sueños libertarios de más de un siglo de lucha por la independencia, que afianzó el socialismo como sistema que ha conducido a un pueblo al logro de sus objetivos como nación y a sortear los desafíos que en estos años hemos enfrentado.
Pero las constituciones no son estatuas pétreas, inamovibles y de eterna reverencia. Una construcción es hija de su tiempo, parafraseando a Ortega y Gasset, es ella y sus circunstancias.
De tal modo que llegado el momento histórico en que realidad social y texto constitucional estén divorciados, corresponde encarar un proceso de reforma. Por la naturaleza de la Ley de Leyes, su origen, contenidos, y ámbito sobre el que actúa es imprescindible que sus normas no queden como simples palabras desvinculadas de la sociedad en la que han de regir.
Comparto la opinión del profesor Carlos de Cabo cuando señala: “Hay que recordar no obstante aquella peculiaridad, (…) del Derecho Constitucional como Derecho de lo político, de su consistencia en la específica forma de vinculación de lo jurídico y lo político que se hace de manera particularmente intensa en la Reforma Constitucional, en la que lo político se manifiesta en la naturaleza del Poder que lo impulsa, en los órganos que intervienen en el procedimiento así como en la decisión sobre la oportunidad y los contenidos y lo jurídico en su carácter de Fuente de Derecho y garantía constitucional. Y en ambos aspectos se manifiesta el máximo nivel político por el quién interviene y sobre el qué se interviene y el máximo nivel jurídico por la función que desempeña en el ordenamiento jurídico en general y en el constitucional de mantenimiento y efectividad del principio de constitucionalidad o legalidad constitucional”.
Como es conocido, el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, compañero Raúl Castro Ruz, ha expresado públicamente la necesidad de reformar en su momento la actual Constitución de la República.
Los nuevos derroteros trazados a raíz de aplicación de los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados en el VI Congreso del Partido y los objetivos emanados de su I Conferencia Nacional, así como las decisiones que se adopten en el venidero congreso partidista serán fuente de análisis para encarar esa futura reforma constitucional.
A ello se unen las experiencias derivadas de la implantación del nuevo modelo organizativo y funcional aplicado en las provincias de Artemisa y Mayabeque, en cuanto al funcionamiento de los órganos locales del Poder Popular.
No deben dejarse de analizarse los años de práctica en nuestro país al amparo de nuestra vigente Carta Magna, el desarrollo del pensamiento constitucional, en particular del nuevo constitucionalismo latinoamericano.
La reforma no se lleva a cabo por cambios de generación, ni por criterios doctrinales o académicos, sino cuando los umbrales y límites constitucionales son rebasados y no puedan ser resueltos por vía de la interpretación. No es un proceso al que hay que recurrir frecuentemente, pues la norma constitucional está requerida de una alta dosis de permanencia y estabilidad.
En un futuro habrá que pensar cómo fortalecemos los mecanismos jurídicos e institucionales que aseguren el cumplimiento de la Ley Fundamental y su supremacía; cómo convertirla en una herramienta permanente en el quehacer cotidiano de los órganos estatales y el pueblo en general; como perfeccionar la participación popular en la gestión estatal; cómo alcanzar una mayor autonomía nuestros órganos locales del Poder, en particular en los municipios y una más eficaz interrelación con la ciudadanía en esa instancia.
Esos son algunos de los retos que nos están planteados, para hacer nuestro socialismo más participativo, inclusivo y democrático, en el que ocupe un lugar cimero, como instrumento de su defensa permanente, su Constitución.
Muchas Gracias.

miércoles, 17 de febrero de 2016

A cuatro décadas de la Constitución Socialista de 1976

El voto popular respaldó la Constitución de 1976.
El voto popular respaldó la Constitución de 1976. (Archivo: BOHEMIA)
Tomado de Bohemia, Revista de Actualidad General
Por Fabio Raimundo Torrado.
Este 24 de febrero, la Constitución socialista de la Revolución Cubana cumple 40 años. Resulta conocido que la dirección de la Revolución no se apresuró a establecer las formas definitivas del régimen estatal, comprendiendo que el asunto no radicaba en la existencia formal de órganos de poder, sino en crear instituciones meditadas y duraderas que respondieran a las necesidades del país.
Debido a las profundas transformaciones económicas, sociales y políticas acaecidas en Cuba, después de la victoria definitiva de la Revolución el 1ro. de enero de 1959, la Ley Fundamental aprobada por su dirección, el 7 de febrero de ese mismo año, basada en el contenido de la antigua Constitución de 1940, no reflejaba adecuadamente la nueva estructura del estado socialista cubano naciente, ni tampoco las nuevas formas de vida social y política del pueblo cubano, aun cuando llevaba adecuaciones apropiadas para la etapa inicial revolucionaria. Además, esa ley había sido desarrollada y complementada por varias leyes dictadas, y contenía numerosas modificaciones por Leyes de Reforma Constitucional.
Al respecto, Fidel Castro Ruz, entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en su discurso del 21 de Mayo de 1963, ante estudiantes cubanos y otros invitados, en la Universidad Lomonósov, de Moscú, expresó: “En nuestro país, igualmente, están por resolverse muchas cuestiones de tipo institucional (…) para darle una forma nuestra al régimen socialista que, inspirados en el marxismo leninismo, estamos creando. No hemos querido hacerlo de manera idealista, hemos preferido no apurarnos, puesto que no es un buen procedimiento imaginar leyes e instituciones y luego tratar de adaptar las realidades a esas formas ideales. No son las realidades las que deben adaptarse a las instituciones, sino las instituciones las que deben adaptarse a las realidades”.
Pese a ello, en el período que medió hasta la aprobación de nuestra actual Constitución socialista, el nuevo Estado garantizó una democracia nunca antes vista en Cuba, por la amplia participación popular en la dirección del país, materializada con novedosos medios, como las concentraciones masivas, los mítines… Y se hizo habitual discutir con el pueblo los proyectos de los principales documentos políticos y legislativos, elaborados por el Gobierno.
Orígenes
Gran importancia para lograr la institucionalización tuvo el Acuerdo del 22 de octubre de 1974 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros y del Buró Político del Partido Comunista, al crear una Comisión Mixta del Partido y el Gobierno, encargada de preparar y redactar un Anteproyecto de Constitución.
Dicho acuerdo conjunto era lo que suele denominarse “Ley de Bases Constitucionales”, por las cuales tenían que regirse sus miembros para esa labor. Esas bases tuvieron su fundamento en la cultura política de la historia independentista y en las tradiciones del pueblo, así como en las ideas universales de la proyección socialista, que forman parte hoy del patrimonio político cubano.
Entre los apartados de ese acuerdo se consignaban los integrantes de la comisión, presidida por el miembro del Buró Político Blas Roca Calderío. Se declaraba el propósito de que el anteproyecto fuera sometido a discusión pública y popular, y luego puesto a la consideración del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. Posteriormente se sometería a referendo, con el voto libre, directo y secreto de los electores que le darían definitiva aprobación.
En el apartado noveno del citado acuerdo, se especificaba que como la división político-administrativa del país estaba entonces en estudio aún, el anteproyecto debía ser en ese acápite lo bastante flexible para ajustarse a la que se acordara, y en correspondencia con ella definir los órganos locales de poder por crearse.
También, adelantaba que en cuanto a los máximos órganos de poder estatal debe preverse la creación de una Asamblea Nacional de Delegados del Pueblo o, simplemente, Asamblea Nacional, como órgano supremo del Poder Estatal, y estudiarse la forma, integración y contenido del órgano elegido por esa Asamblea Nacional para actuar, por delegación de ésta, en los períodos comprendidos entre una y otra de sus reuniones.
“Este órgano pudiera ser una Presidencia, Consejo de Estado, Comisión Permanente o Comité Ejecutivo, el Presidente del cual sería el representante de la República, de acuerdo con el Derecho Internacional, o sea, el Jefe de Estado.
“El nombre del cargo de Jefe de Estado podría ser Presidente del Consejo de Estado, Comité Ejecutivo o Comisión Permanente de la Asamblea Nacional o simplemente, Presidente de la República.
“Asimismo debe establecer la Constitución, el Consejo de Ministros, máximo órgano Ejecutivo y Administrativo, como Gobierno de la Nación, el Presidente o Primer Ministro del cual, sería el Jefe de Gobierno.
La composición, relaciones, facultades y funciones de éstos órganos debe especificarse en el texto constitucional”.

Dicha comisión redactora quedó constituida el 23 de Octubre de 1974, y en su primera reunión el día 28, se dividió en cuatro grupos de trabajo y uno de estilo.

El 30 de noviembre de 1974, cada grupo entregó sus propuestas las que fueron discutidas como un todo por la comisión. Parecerá extraño que en solo un mes hubiera preparado el texto de una Constitución Socialista tan completa, como la presentada, pero ello se logró al apoyarse en estudios previos realizados por la Comisión de Estudios Jurídicos, creada antes, y presidida por el propio Blas Roca. Solamente bastó ajustar lo hecho a las recomendaciones o juicios dados por el Acuerdo conjunto mencionado, y las ideas aportadas por sus miembros.
El Anteproyecto terminado fue entregado al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el 24 de Febrero de 1975. En el acto de entrega de ese texto, el líder de la Revolución expresó: “Nuestro pueblo podrá sentirse orgulloso cuando se discuta esta Constitución. La Revolución dará un gran paso histórico hacia la institucionalización, hacia el cese del carácter provisional del Gobierno Revolucionario…
“(…) es nuestro propósito una vez que se haya aprobado esta Constitución, luchar consecuente y tenaz-mente, para que cada uno de los preceptos de esa Constitución se cumplan; que nadie le pueda imputar a la Revolución jamás, de que acordó leyes y principios que después no se cumplieron” .
Aprobación y respaldo
En ese mismo 1975 tuvo lugar el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, que fue su acto político más importante hasta ese momento. Al reunirse en diciembre aprobó el Anteproyecto de Constitución Socialista, entre otros cardinales documentos que fijaban las bases teórico doctrinales de la democracia socialista.
Previamente, ese anteproyecto se llevó a amplia discusión pública, con la participación y apoyo de los organismos de base del propio Partido y de las organizaciones de masas y sociales. Resulta de interés conocer que en ese debate participaron un total de seis millones 216 mil 981 personas, quienes hicieron varios miles de propuestas, clasificadas de la siguiente manera: 12 mil 883 propuestas de modificaciones al texto, dos mil 343 sugerencias de adiciones de contenido constitucional, así como 84 solicitudes de aclaraciones.
En el Informe Central al Primer Congreso del Partido, presentado por el Primer Secretario de su Comité Central, Fidel Castro Ruz, aparece un apreciable grupo de enunciados, referidos a la nueva Constitución, aún en anteproyecto.
“Hoy necesitamos una Constitución socialista, en correspondencia con las características de nuestra sociedad, con la conciencia social, las convicciones ideológicas y las aspiraciones de nuestro pueblo. Una Constitución que refleje las leyes generales de la sociedad que construimos, las profundas transformaciones económicas, sociales y políticas operadas por la Revolución y los logros históricos conquistados por nuestro pueblo. Una Constitución, en fin, que consolide lo que somos hoy y que ayude a alcanzar lo que queremos ser mañana.
“Se ha trabajado concienzudamente en la elaboración del proyecto de Constitución. En él se ha sintetizado las experiencias de nuestro pueblo y la experiencia universal de los pueblos que nos precedieron en la edificación de la sociedad socialista.
Creemos que es un texto digno del primer Estado socialista de obreros y campesinos, de trabajadores manuales e intelectuales, del continente americano, en el cual la soberanía y todo el poder pertenecen real y verdaderamente al pueblo laborioso, poder fundamentado en la propiedad colectiva sobre los medios de producción y sustentado en la firme alianza obrero-campesina, guiada por la clase obrera y su vanguardia organizada marxista-leninista, el Partido Comunista de Cuba, fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”.
Otro de esos enunciados, contenía un valioso concepto al consignar: “Nuestra Constitución será la base de un desenvolvimiento superior de la legalidad socialista…En esta labor debemos continuar trabajando tesoneramente en los próximos años. Todos y cada uno de nosotros debemos ser firmes baluartes de la Constitución, que aprobará el pueblo, aplicadores y cumplidores de la ley revolucionaria, celosos y estrictos defensores de la legalidad socialista”.
El 29 de Diciembre de 1975, se promulgó por el Consejo de Ministros, la Ley No. 1299 “Ley de Referendo”, para someter a la ratificación del pueblo, los proyectos de Constitución y de Ley de Tránsito Constitucional, en la cual se fijaba el domingo 15 de febrero de 1976, como fecha para celebrarlo, y establecía que el Consejo de Ministros designaría la Comisión Nacional del Referendo, compuesta por un Presidente, un Vicepresidente, un Secretario y ocho vocales, y Comisiones Provinciales, Regionales, Municipales y una Comisión Especial del Referendo.
En la fecha establecida, hace también cuarenta años, se realizó consulta a los electores, que tuvo un resultado abrumadoramente favorable a ambos documentos, ya que de un total de cinco millones 717 mil 266 electores, ejercieron el voto cinco millones 602 mil 973, para un 98% del total. De ellos dijeron SÍ cinco millones 473 mil 534, para un 97.7% de los que votaron, y dijeron NO solamente 54 mil 70, para el 1%. Asimismo, 44 mil 221 votaron en blanco, para el 0,8% y hubo 31 mil 148 boletas anuladas para el 0,5%. Valga la pena mencionar que un total de 114 mil 293 electores no ejercieron su derecho al voto, para el 2% del total.
En ese referendo tuvieron participación los cubanos poseedores de la condición de electores residentes en el territorio nacional, todos aquellos con esa condición que se encontraran en el extranjero como internacionalistas, así como los miembros de las instituciones armadas del país, a los cuales en época de la denominada democracia burguesa, se les privaba de su derecho a ejercer el voto y tomar parte en las decisiones trascendentales del país.
De esa manera, se volvía a las tradiciones históricas de nuestras Guerras de Independencia, donde las fuerzas mambisas también eran electoras y participaban, incluso, en la selección de las Comisiones que prepararon y aprobaron las Constituciones mambisas.
Vale la pena exponer que fue iniciativa propia de la Revolución socialista efectuar un referendo para ratificar el texto constitucional, pues en la historia de nuestra patria durante su periodo neocolonial, ninguna de las constituciones fue sometida a ese tipo de ratificación popular, ya que en los casos de las que tuvieron un origen democrático, eran obras de Asambleas Constituyentes, y puestas en vigor por decisiones gubernamentales, sin consulta popular.
Auténticamente cubana
La Constitución de 1976 partió de una decisión adoptada libremente por la dirección política del país, fruto de las ideas políticas que siempre la inspiraron. Fue la voluntad de las masas la que aprobó su texto, así como los principales documentos rectores de la vida política, económica y social de nuestra patria.
Nuestra Constitución Socialista fue conocida y aprobada en dos oportunidades, una en el año 1975 y otra en febrero de 1976. Iniciativa de la cual no existen antecedentes en la historia del Derecho Constitucional cubano e internacional. Así también alcanzaron validación constitucional los nuevos órganos de Poder Popular.
El 24 de Febrero de 1976 en el acto de su proclama-ción, correspondió al entonces Segundo Secretario el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Raúl Castro Ruz, pronunciar las palabras centrales. Entre otras ideas apuntó:
“Jamás en toda la historia de nuestra patria y de nuestro continente ha sido aprobada una constitución de contenido tan revolucionario y progresista, que responda en tan alto grado a los intereses de la patria y del pueblo; que consagre y garantice, con tal amplitud y en tal correspondencia con la realidad económico-social de la que se deriva y a la que norma jurídicamente, los principios de igualdad y de justicia social, y los derechos del individuo en concordancia con los intereses de toda la sociedad”.
Enorme importancia encierra nuestra Constitución socialista, en la concreción de nuestro sistema político, donde el poder reside en el pueblo, entendido conforme a la concepción marxista y a lo expresado por Fidel en “La Historia me Absolverá”.

De ahí que pueda decirse que es el documento político de mayor alcance de un Estado. Es el fundamento, y a la vez la síntesis de su sistema político.

Una forma común de atacar al sistema político cubano, es criticar severa y esencialmente a su Constitución, así como a las instituciones estatales que refrenda en su texto.
Los gobernantes y políticos enemigos de la Revolución Cubana no han estado ajenos a esa manera de actuar y han enfilado sus críticas e invectivas contra ella desde su promulgación.
Reformas constitucionales
Tres reformas ha tenido nuestra Constitución a lo largo de estos cuarenta años. Una, el 28 de junio de 1978, cuando la Asamblea Nacional del Poder Popular, en uso de sus facultades acordó modificar el artículo 10 inciso a de la Constitución, y decidió que la Isla de Pinos pasara a denominarse Isla de la Juventud. Se justificó teniendo en cuenta la celebración en nuestro país del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, y por la edificación allí de escuelas en el campo en las que se recibieron becados de todas partes del mundo.
La segunda reforma fue aprobada el 12 de julio de 1992, por la Ley de Reforma Constitucional, encaminada a cumplimentar las recomendaciones del IV Congreso del Partido, luego del debate público, abierto y franco con el pueblo del Llamamiento que lo convocó.
Para estar a tono con la necesidad de hacer aún más representativas nuestras instituciones democráticas y perfeccionar sus estructuras, atribuciones y funciones de dirección, se establecieron nuevas formas de elección de los diputados a la Asamblea Nacional y de los delegados a las asambleas provinciales. Tras la aprobación de la reforma pasaron a elegirse estos cargos por el voto directo de los electores en los barrios.
Al propio tiempo, se incluyó la definición del país como Estado laico, y la libertad de los ciudadanos a practicar las ideas religiosas de su preferencia, así como a no tener ninguna. Se precisó el alcance de estos derechos fundamentales para los extranjeros residentes en suelo cubano.
La tercera reforma y última, hasta ahora, tuvo su origen el 10 de junio de 2002, con un proceso plebiscitario con la participación de más de nueve millones de personas que se expresaron en asambleas extraordinarias de las direcciones nacionales de las organizaciones de masas, y en actos y marchas realizados el día 12 del propio mes en todo el país.
Además, se recogieron las firmas de ocho millones 198 mil 237 electores, que voluntariamente los días 15, 16 y 17 ratificaron el contenido socialista de la Constitución, e interesaron a la Asamblea Nacional del Poder Popular reformarla para dejar expresamente consignado el carácter irrevocable del socialismo y del sistema político y social revolucionario por ella diseñado, así como que las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con otro Estado no pueden ser negociadas bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera.
Fruto de esa voluntad popular la Asamblea Nacional adoptó por unanimidad el acuerdo que aprobó la Ley de Reforma Constitucional, el 26 de junio de ese mismo año.
Con vista al futuro
En el VI Congreso del Partido realizado en abril de 2011 se tomaron numerosas decisiones, cuyo alcance repercute en el contenido de la Constitución. La actualización del modelo económico derivado de aquel cónclave también tiene impacto y expresión en el plano jurídico.
Por eso, al constituirse la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, precisamente un 24 de febrero, hace tres años, el primer secretario del Partido, Raúl Castro, expresó que en “concordancia con los acuerdos del VI Congreso, será preciso armonizar los postulados de la Constitución de la República con los cambios asociados a la paulatina implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.
“Entre las modificaciones que nos proponemos introducir a la Constitución se encuentra la de limitar a un máximo de dos periodos consecutivos de cinco años el desempeño de los principales cargos del Estado y del Gobierno y establecer edades máximas para ocupar esas responsabilidades.
“Al propio tiempo, no resulta saludable estar reformando continuamente la Carta Magna de la Nación y comoquiera que efectuar una reforma constitucional nos tomará necesariamente un tiempo prudencial, ya que si bien algunas cuestiones pueden modificarse por el propio Parlamento, otras más importantes requieren además la ratificación por el voto favorable de la mayoría de los ciudadanos en referendo…”.
Atendiendo a estas ideas y a las definiciones del líder de la Revolución Fidel Castro, en relación con una reforma constitucional, se puede aseverar que cualquier cambio por hacer en su texto tendrá como guía la salvaguarda de las mejores tradiciones históricas patrias y del carácter irrevocable del socialismo, a tono con las circunstancias en que Cuba vive hoy.
Fuentes:
-Constitución de la República de Cuba (actualizada). Gaceta Oficial
-Revista Cubana de Derecho, Año 5, Enero-Junio, 1976, # 11.
-Bohemia. Edición Especial. 6 de Mayo de 2011.
-Granma, del 25 de Febrero del año 2013.
*Dr. en Derecho y Master en Ciencias Políticas. Pro-fesor Titular y Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Derecho Constitucional y Administrativo de la Unión Nacional de Juristas de Cuba.

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