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lunes, 23 de octubre de 2017

"Democracia" Capitalista


Por Pol Alcozar

Desde el refugio de un sofá que parece confortable y la sensación de control que proporciona el mando a distancia, nos hemos acostumbrado a la mentira. La mentira del progreso tecnológico que nos libera, de las instituciones democráticas que nos representan, de los derechos que el sistema nos garantiza, de la libertad que disfrutamos como ciudadanía. A través de la mentira nos gobiernan, nos explotan, nos roban. 

Sin embargo, la verdad siempre termina por golpearnos la cara. Es una verdad terrible y desagradable: la cruel realidad que nuestra sociedad es gobernada por el capital. Y para el capital, no hay naciones, no hay personas, no hay derechos, no hay democracia, no hay ninguna otra soberanía que la riqueza contable. El capital es un dictador sanguinario, sin escrúpulos ni humanidad, un psicópata criminal que tiene por rostro un logotipo simpático, por cerebro una junta de accionistas y por estómago un agujero negro insaciable. El capital no entiende de derechos ni de leyes, sólo de pérdidas y de beneficios, de fríos balances y grises hojas de cálculo. El capital no conoce más naciones que Barclays, Morgan Stanley y Goldman Sachs, ni reconoce ninguna otra institución que el FMI, la OTAN y el Banco Mundial.

Para el capital nuestra libertad se reduce a la elección entre Pepsi y Coca-Cola, entre Burguer o McDonalds, entre Windows o Mac. Para el capital, los parlamentos son charlatanerías, los gobiernos son mayordomos de lujo, la ciudadanía somos mano de obra esclava y clientela molesta. Para el capital, el debate político es un espectáculo minoritario de tertulias nocturnas, en el que un grupo de esforzados excéntricos intelectuales pierden el tiempo discutiendo con lameculos y cortesanos. El capital crea y desmenuza estados regularmente, ignora siempre la voluntad mayoritaria, aplasta los pueblos, somete las naciones, depreda los recursos, extermina. El capital es enemigo de la vida y de la humanidad. 

No podemos emanciparnos del patriarcado en la tiranía del capital. No puede haber emancipación cultural dentro del pensamiento único del capital. No puede haber salvación del medio natural dentro del modo de producción depredador del capital. No puede haber emancipación nacional y conquista de soberanías bajo el control del capital. No puede haber emancipación social mientras continúe la explotación del capital. Es ésta una realidad con la que topamos una y otra. 

Al final, de cada lucha siempre encontraremos al capital, plantado como un muro, protegiendo sus privilegios. Detrás de toda su fachada de luz y de color, tras su máscara de democracia, detrás de su mentira simpática de progreso tecnológico, encontraremos la realidad de una tiranía explotadora, de una fría dictadura, burocrática, criminal y deshumanizada.

Sólo hay una vía para todas las emancipaciones, sólo un camino, el socialismo, para conquistar la libertad de todos los individuos y de todas las naciones. 

lunes, 6 de junio de 2016

TPP y TTIP: vehículos predilectos de las trasnacionales transgénicas

Tomado de ALAI, Agencia Latinoamericana de Información.
Por Alejandro Villamar.

El pasado 21 de mayo en 50 ciudades de todos los continentes se realizaron más de 400 marchas contra la transnacional Monsanto, cabeza de las corporaciones promotoras de los cultivos transgénicos, o de la estrategia oligopólica de control de la agricultura mundial.

Esta fue una respuesta mundial coordinada de ciudadanos y de organizaciones campesinas y académicas comprometidas socialmente, en oposición a la ofensiva desatada por las transnacionales en los más diversos frentes. En el Congreso de los EEUU, en los informes “científicos”, en las instituciones latinoamericanas, y desde luego en los megaproyectos comerciales como son el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) y el Acuerdo de Asociación Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP).

Después que el estado de Vermont, base del Senador demócrata Bernie Sanders, aprobó en 2014, una ley de etiquetado obligatorio para alimentos conteniendo transgénicos, le siguieron los estados de Connecticut y Maine, así que todo el año pasado los esfuerzos de los cabilderos se volcaron tratando de evitar que el ejemplo cundiera en otros estados.

A finales de 2015 la alianza trasnacional y los conservadores en la Cámara de representantes aprobaron una ley de etiquetado voluntario (H.R. 1599), pero sobre todo que limitara las facultades estatales para regularlos a nivel nacional.

La protesta social y científica de más de 600 organizaciones de EE.UU. que apoyan el etiquetado obligatorio se preguntó, en voz de Wenonah Hauter una destacada activista: The United States of Monsanto? Y calificó la maniobra de “otro síntoma de una democracia secuestrada por los intereses corporativos”.

A principios de 2016 la estrategia transnacional transgénica se acentuó en el Senado, con un cabildeo de cerca de 100 millones de dólares repartidos, pero en plena campaña electoral y con el 88% de la población apoyando el etiquetado obligatorio, la oposición ciudadana y los votos demócratas derrotaron la iniciativa (S. 2609) por escaso margen.

Frenada la maniobra legislativa en EE.UU., la acción se reactivó en dos frentes claves: la del discurso ideológico avalado por instituciones y científicos ricamente subsidiados por las corporaciones transgénicas, y sobre todo en el terreno de imponer las reglas internacionales comerciales, que mediante los mega-tratados les abrieran las puertas a las exportaciones y al control alimentario mundial.

 Mediante la controvertida e impugnada opinión pro-OGM del Consejo Nacional de Investigación (NRC): brazo de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. y receptor de millones de dólares en fondos de corporaciones como Monsanto, DuPont y Dow Chemical, denunciado por la prestigiada organización civil Food&Water Watch (FWW), recién se ha vuelto a reactivar la falsa imagen de opinión “científica” favorable al consumo de productos transgénicos.

Sin embargo, la oportuna publicación de FWW sobre los profundos y detallados lazos entre la mayoría de los expertos en OGM de los centros de ingeniería genética, las instituciones y los fondos corporativos, es contundente al afirmar que “se han creado conflictos de interés en todos los niveles de la organización” y que mientras esto no se ventile y se resuelva a favor de la autonomía real de los investigadores, las opiniones “científicas” están manchadas de duda sobre su “objetividad” y credibilidad.

Una opinión similar fue expresada hace tres años, en 2013, por más de 230 científicos de muy diversos países, que afirmaron No hay consenso científico sobre la seguridad de los OGM.

Finalmente, los mega-tratados comerciales y de inversiones, favorables a los intereses corporativos y con la pretensión de sentar las bases trasnacionales del siglo XXI, están siendo una de las fronteras de la contienda política entre los intereses comunes socio-ambientales y los intereses de la industria biotecnológica, nano-tecnológica y de la biología sintética.

En el mega-acuerdo transpacífico, las empresas transnacionales, sus cabilderos y funcionarios cómplices, lograron dejar plasmados sus objetivos en el Capítulo 2 de Trato Nacional y acceso de bienes de mercado, especialmente en el Artículo 2.29 comercio de productos de la biotecnología moderna del texto del TPP se permite la entrada indiscriminada de cultivos transgénicos, de peligrosos productos biológicos y nanotecnológicos.

La trampa jurídica fue construida bajo la larga experiencia de, primero reconocer de manera retórica el derecho de cualquier estado a proceder conforme sus propias leyes, reglamentos y políticas, y poner a disposición del público información sobre el tema y los permisos y procedimientos aduanales. Sin embargo, la fracción 5 del artículo citado establece el condicionante metodológico impuesto en la permisiva legislación estadounidense de aceptar niveles bajos de contaminación y atenerse a las Directrices para la realización de la evaluación de la inocuidad de los alimentos obtenidos de plantas de ADN recombinante. Que traducida a lenguaje llano es aceptar los criterios, normas y procedimientos de la potencia dominante.
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- Alejandro Villamar, economista mexicano, es miembro de la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC).
Documento relacionado: Los EEUU tratan de exportar su régimen desregulador biotecnológico, por Steve Suppan http://www.alainet.org/es/articulo/177800

lunes, 8 de febrero de 2016

Las trampas del TTIP

Protesta contra el TTIP
Foto: Friends of the Earth Europe
Tomado de ALAI (Agencia Latinoamericana de Información)
Por Germán Gorraiz López.

A comienzos del 2013 comenzó su singladura el llamado Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP por sus siglas en inglés) con el objetivo de “relanzar el intercambio de bienes, servicios e inversiones entre EE.UU. y la Unión Europea” y que podría atracar en puerto en el 2017 tras culminar recientemente la UE y EE.UU. la última ronda de conversaciones. Sin embargo, aunque todos los países apoyan políticamente unas negociaciones que deberían finalizar para principios del 2017 y que en teoría tan sólo implican la eliminación de aranceles, la normativa innecesaria y las barreras burocráticas, en la práctica estarían plagadas de escollos, como la normativa alimentaria y fitosanitaria. Así, entre los principales escollos para conseguir un acuerdo satisfactorio para las dos partes, estaría la normativa de la UE que prohíbe la utilización de hormonas y limita las autorizaciones de organismos genéticamente modificados (OMG) amén de las reglas de trazabilidad y etiquetado, las tarifas agrícolas y las denominaciones de origen en el sector agroalimentario. A ello se sumaría el sector financiero ( la FED ha pedido expresamente que no se incluya dicho sector en la ronda de negociaciones), el gas natural ( la UE quiere eliminar todo tipo de restricciones a su libre exportación) y finalmente el escollo del ‘Buy American Act’ , barrera proteccionista impuesta en 1933 en EE.UU. que blinda “de facto” los mercados públicos estadounidenses a los inversores extranjeros para las contrataciones públicas (se estima que los mercados de EE.UU. únicamente están abiertos en un 32%, mientras que en Europa lo están en un 85%).
La letra pequeña del TTIP: el TISA y el ISDS

En la letra pequeña de dicho Tratado aparece la introducción de la cláusula ISDS de resolución de conflictos entre Inversor y Estado en los acuerdos, cláusula que limita seriamente la capacidad de los Estados para luchar contra la crisis financiera y económica (las multinacionales estadounidenses podrían utilizar el ISDS para desafiar las regulaciones de la UE destinadas a proteger al público y al medio ambiente y demandar a los gobiernos europeos y así maximizar sus beneficios) así como del llamado Consejo de Cooperación Regulatoria, lo que supondría según Sol Sánchez, coordinadora general de ATTAC España que “estos tratados estarían para siempre en crecimiento y no sólo se interpondrían con las leyes futuras sino que además podrían reformar las ya existentes en los Estados firmantes, en suma, un verdadero gobierno directo de las Corporaciones” . La Eurocámara no puede negociar ni incorporar enmiendas al tratado pero habría elaborado su propia opinión, reflejada en el Informe Lange que habría sido aprobado por liberales, socialistas y populares tras pactar una enmienda que dice que el arbitraje incluido en el TTIP será un sistema “no discriminatorio” con las empresas locales o extranjeras del que formen parte “jueces independientes” y que “no anteponga los intereses privados a los públicos”. Asimismo, habría introducido otra resolución para mantener los niveles de protección existentes para los trabajadores europeos basada en una resolución que obliga a Estados Unidos a respetar los estándares laborales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), resolución que sólo sería papel mojado pues en breve la Eurocámara podría aprobar el TISA (el llamado TTIP de servicios) que apuesta por abrir los mercados nacionales europeos a países como Taiwan, Hong Kong , Corea del Sur y posiblemente China que no han suscrito los 8 Convenios fundamentales con la OIT ( entre ellos los relativos a libertad sindical, defensa del trabajo digno o convenios colectivos), lo que podría tener como efecto colateral el finiquito de las normas laborales reconocidas individualmente por los 28 países de la UE. Francia y Alemania ya expresaron serias reservas a la Comisión ante algunos precedentes en los que las multinacionales han impuesto sus criterios frente a los legisladores gracias a estos sistemas de resolución de conflicto inversor-Estado (en inglés, ISDS) y dado que el euro-Parlamento tiene potestad para tumbar todo el TTIP una vez hayan concluido las negociaciones, no sería descartable en el 2017 el rechazo de la mayoría europarlamentaria a la aprobación de dicho Tratado debido a una tardía reafirmación de la soberanía europeísta por parte franco-alemana coadyuvada por los efectos colaterales de la imposición de sanciones a Rusia, dibujándose un escenario a cinco años en el que se pasaría de las guerras comerciales al proteccionismo económico bajo el eufemismo de Fomento del Consumo de Productos nacionales con la subsiguiente contracción del comercio mundial, posterior finiquito a la globalización económica y ulterior regreso a los compartimentos estancos en la economía mundial.

viernes, 5 de febrero de 2016

Quién quiera historia en México, que vaya a la googlehistory.com

Tomado de ALAI (Agencia Latinoamericana de Información).
Por José Luis Avendaño C.
Título original: "Hacia la googlehistory.com"

Con la globalización, conceptos como soberanía independencia se volvieron obsoletos y hasta de mal gusto.  En la práctica, están acotados a las necesidades de los sectores dominantes.  “Lo que es bueno para la General Motors, es bueno para Estados Unidos”, llegó a decir un ejecutivo metido a político, cuando los intereses de ambos –la corporación y el gobierno que la representa— tienen el mismo objetivo: mantener la hegemonía.  Y se despliegan la diplomacia del dólar (préstamos e inversiones) y, cuando ésta no es suficiente, acuden al expediente de la violencia mediante revueltas guerras prefabricadas, con no pocos mercenarios, que alimentan el complejo militar-industrial.  Al final, destruidas las naciones, llegan las grandes empresas para reconstruirlas.  Y se cierra el círculo perverso.

Al nivel del lenguaje, también se produce un cambio: el mismo término de globalización hay de desmitificarlo.  Se escucha mejor decir globalización que de imperialismo, típico de concepto la guerra fría, cuando el mundo no se dividió entre Norte y Sur, sino entre Oeste y Este, cuyo mejor signo fue el Muro de Berlín, la cortina de hierro.  Un desplazamiento de la economía a la ideología.  Pero, el imperialismo, noción acuñada por Lenin, tenía raíces que se hunden en el saqueo, el despojo, la esclavitud y la explotación, por las cuales se erigieron las potencias imperialistas o, si se quiere, colonialistas: Inglaterra, Francia y Estados Unidos, y más tarde Alemania, Italia y Japón.  Las guerras mundiales (1914-1918 y 1939-1945) fueron consecuencia de tensiones imperialistas por el reparto de los mercados (la guerra de las drogas posee este mismo sentido).

Si el imperialismo es un viejo concepto que viene de la percepción del mundo conocido, es decir, conquistado y dominado (Roma), el de globalización data del descubrimiento de América en 1492, que representó nuevas tierras a conquistar y dominar, que es decir mercados, espacios para comprar y vender, independientemente de las condiciones de producción.  De Colón se derivaron los términos: colonización, colonialismo y, en clave moderna, neocolonia, con su carga lo mismo de asentamiento que de subordinación y dependencia.  Las independencias formales (políticas) no eliminó la dependencia económica.  Nuestros países eran y son fuente de recursos naturales estratégicos y de mano de obra barata.

Con el propósito de hacer a los países subdesarrollados (en desarrollo, hoy emergentes) partícipes en sus planes de reorganización frente a la crisis, y engancharlos con la promesa del desarrollo, cual tierra prometida, nacieron los acuerdos comerciales de carácter regional, para hacer frente a la competencia.  En nuestro caso, se evolucionó del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), con Canadá y Estados Unidos, desde 1994, hasta el Tratado de Asociación Transpacífica  (TPP, por sus siglas en inglés), que reúne a 12 países: Australia, Brunei, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelandia, Perú, Singapur y Vietnam, caracterizado como un megatratado entreguista.  El objetivo explícito, como lo definió el presidente Barack Obama es enfrentar a China.

Con la experiencia de 22 años del TLCAN, esta vocación de crecer hacia fuera ha beneficiado a unos cuantos, que no se ha reflejado en el mercado interno, pues el promedio de crecimiento es de dos por ciento anual, la tercera parte de lo que creció durante el anterior periodo del crecimiento estabilizador.  Un TPP, negociado en lo oscurito, con graves consecuencias, lo mismo para la soberanía alimentaria que para los derechos humanos, que pone por encima los derechos corporativos que los derechos de los pueblos, recolonizados.  Como hace más de 500 años, cuando se intercambió oro por espejitos de vidrio, hoy se entrega el país en charola de plata (que explotan aquí consorcios canadienses en territorios indios, en perjuicio del medio).  De ahí que se caracterice al neoliberalismo como un modelo excluyente y entreguista.  Antes de competir con China, competiremos con Vietnam para ver quién paga los salarios más bajos.

Después de más de dos siglos de constituirnos como Estado Nación, seguimos con una mentalidad neocolonial, es decir, para callar y obedecer.  No se nos educó para ser libres, independientes y soberanos.  Ahora, con la doctrina neoliberal, obramos con criterio gerencial, gobernando al país como si fuera una gran empresa.  Y con una reforma educativa que es más laboral, y con un secretario de corte neoliberal.  “Estudiar la historia es un ancla que nos mantiene atados a un pasado que ya no existe.  El presente es para prepararnos mejor para el futuro, no para voltear a un pasado que ya no podemos cambiar”, afirma Aurelio Nuño, secretario de Educación Pública (SEP).

Un pasado, que quienes llegaron al poder (lo asaltaron) en diciembre de 1982 se encargaron de destruir, al deshacerse de instituciones y empresas públicas, revirtiendo su sentido social, y que significó la privatización del Estado.  Educados en universidades gringas, la tecnocracia concretó lo dicho por Robert Lansing, secretario de Estado, en 1924, de que ya no sería necesario invadir México para que sus políticos gobernarán en interés de Estados Unidos; únicamente se requería estudiaran en sus universidades y fueran educados en los valores de EU.

El titular de la SEP justifica el cambio: “Queremos enfocarnos a las asignaturas que presentan un valor agregado al individuo, como las matemáticas, las ciencias y la promoción de destrezas manuales para resolver problemas de la vida real.  La historia de México no tiene cabida de cara al futuro”.  Bajo este criterio, igualmente se comprende que servidores públicos (para servir a la Nación, en el sentido de Morelos) se conviertan en serviles.

Y el remate del encargado de la educación: “Los niños que les interese la historia siempre podrán aprender por cuenta propia, que es algo que también se desea promover.  Ahora hay muchas fuentes de consulta en internet donde podrán conocer la historia de México quienes deseen conocerlo.  La materia se presta muy bien a ser autodidactas y queremos aprovechar el tiempo en las aulas para otra clase de asignaturas que el alumno no puede aprender por sí solo”.  La googlehistory.com, dentro de la mentalidad neocolonial, al estilo de los que hablan del cesto de basura de la historia.

viernes, 4 de diciembre de 2015

No es una guerra “contra el terrorismo”, es una guerra contra la Humanidad

Tomado de IslaMía
Por Andrés Piqueras.

«Quién controle Europa del Este dominará el Pivote del Mundo, 
quien controle el Pivote del Mundo dominará la Isla Mundo,
 quien domine la Isla Mundo dominará el mundo». 
Halford MacKinder

Lo primero e importante para poder calibrar el escenario de Caos en que nos hallamos es tener en cuenta que enfrentamos una encrucijada en la que el capitalismo está cayendo en picado y ya no va a volver a ser lo que fue en los países de su núcleo central (esos que se llamaron a sí mismo “ricos”).

En una u otra circunstancia, las élites mundiales y locales están tomando posiciones de cara a mantener el poder o al menos a no ser del todo desplazadas en el nuevo orden que está por surgir.

Las claves de ese orden vienen fijadas por muchos procesos, pero al menos tres son especialmente importantes para entender lo que pasa:

1/ El primero lo venimos arrastrando desde los años 70 del siglo XX y no ha hecho sino crecer: la financiarización económica, social, política y cultural del capitalismo, como resultado de una obturación que cada vez se muestra más insuperable en la esfera de la producción o de la “economía real”.

2/ El segundo es la automatización derivada del trepidante desarrollo de la tecnología (nanotecnología, biotecnología, inteligencia artificial, robótica, neurociencia...).

Estos dos procesos marcan el fin de la era del empleo. El primero por retirar cada vez más fondos de la inversión productiva y destinarlos a la especulación parasitaria. El segundo lo explica por sí mismo.

A ellos hay que sumarle uno más:

3/ El agotamiento de los recursos energéticos y de los materiales básicos para el capitalismo. También de los sumideros que absorben nuestros residuos.

Estos tres procesos interaccionan a veces complementariamente pero a menudo contradictoriamente. Generan profundas divisiones entre las élites locales y mundiales (a veces unas coinciden con las otras), y decantan distintas facciones de la clase capitalista mundial en su cruenta pugna por la ganancia global. Todas esas tendencias están de acuerdo, en cambio, en lo que se refiere a la plusvalía: es decir, en machacar a la población trabajadora de todo el planeta, brutalizando los mercados laborales. Así, la financiarización da oxígeno al proceso productivo automatizado mediante dinero inventado, ficticio. Una y otro atacan frontalmente el empleo, destruyendo también las condiciones sociales: esto marca una Guerra de Clase desde arriba.

Sin embargo, sus dinámicas de interés cortoplacistas divergen en otros puntos.

La Red Financiera Global y el Bloque Imperial-Nacional

El Poder de las finanzas se mueve en redes mundiales que no precisan de los Estados salvo para la coerción de sus poblaciones y para la fuerza militar. La llamaremos Red Financiera Global, que promueve un Imperialismo Global Financiero. Aquí están Wall Street, la City londinense y algunas de las más fuertes plazas financieras mundiales, más, entre otros, la Banca Rotschild, Standard & Poors, con sus piezas clave en la Casa Blanca (el estratega argentino Walter Formento lleva tiempo trabajando sobre esto).

Esta Red se enfrenta a las viejas oligarquías imperiales nacionales, que estaban más vinculadas al capital bancario-productivo, el cual ha ido perdiendo terreno en favor del parasitario-especulativo. Entra también aquí parte del mundo financiero que no logra globalizarse y en conjunto las facciones de las clases dominantes que van perdiendo la carrera capitalista. Al frente de esta facción que va quedando superada están las capas de poder anglo-americanas con anclaje en el Estado imperial clásico. Le daremos el nombre de Bloque Imperial-Nacional. En él se incluyen Warren Buffet, Goldman Sachs, el grupo Rockefeller y el J.P. Morgan (que controla la Esso y la corporación Halliburton), con ejércitos privados como Academi (antiguo Blackwater): son los halcones de Washington. También se vinculan a este Bloque de forma dependiente buena parte de los poderes de la UE, y en especial la Banca franco-alemana-holandesa.

Ambas facciones del Poder Mundial, en las que predominan las élites y los Estados de la Triada (especialmente el Eje Anglosajón), más Canadá y Australia, se enfrentan a los Estados con producción y con recursos energéticos y minerales importantes.

El capital productivo está en China. Los recursos están básicamente en Rusia (Siberia) y en general en el este de Asia (China especialmente). Allí es también donde quedan los últimos grandes reductos del capital productivo (además del de Alemania en Europa). Lo llamaremos Bloque Energético-Productivo.

Sigamos.

En Asia central y occidental (desde Irán hasta Siria), los intereses son contradictorios entre las dos facciones del Poder Mundial. Por eso las profundas disensiones en su seno en torno al Acuerdo con Irán o a la colaboración con Rusia en su lucha contra el fascismo asiático (Daesh, al Qaeda, al-Nusra…). Sin embargo, tanto la Red Financiera Global como el Bloque Imperial-Nacional han estado de acuerdo hasta ahora en crear, financiar, entrenar, organizar y dar cobertura operativa a ese fascismo asiático. El objetivo es destruir cualquier forma de poder estatal capaz de oponerse a su apropiación de recursos energéticos y vías estratégicas de trasporte de los mismos. También posicionarse dominantemente en la zona y debilitar en lo posible, estratégica, económica y energéticamente al Bloque Energético-Productivo.

Esto se ha repetido también en África septentrional (Libia, Somalia, Sudán, y ahora Mali y Nigeria), a través de las franquicias africanas del fascismo asiático. De nuevo el mismo objetivo. De nuevo los mismos resultados: dejar países barbarizados, en manos del fascismo transnacional y de señores de la guerra que no ofrecen obstáculo alguno a una y otra facción del Poder Mundial.

El capitalismo siempre ha echado mano del fascismo o del terrorismo, bien cuando se atasca o bien cuando se ve acorralado. Desde hace cuatro décadas está atascado. En la última década y media se siente además amenazado por el Bloque Energético-Productivo. La utilización de una combinación de ambos de aquellos recursos por unas u otras facciones de Poder Mundial es una constante desde entonces.

La UE en la encrucijada

Donde se cruzan los caminos de la lucha entre ambas facciones (la Red Financiera Global y el Bloque Imperial-Nacional) y entre ellas y el Bloque Energético-Productivo es en la UE. Si Alemania (la UE-alemana) se inclina hacia este último, tenemos una Eurasia prácticamente imbatible. La que fue llamada por el primer estratega moderno internacional, Mackinder, “la Isla Mundo”, añadiendo que quien la dominara, dominaría el orbe.

Pero hoy por hoy Alemania es parte dependiente o subordinada del Bloque Imperial-Nacional (dominado por el Eje Anglosajón). Pero a una u otra facción del Eje Anglosajón (que lidera el mundo desde 1700), aquella posibilidad de un Bloque Energético-Productivo extendido a Europa le produce terror, por lo que ambas están dispuestas a combatirla a todo coste. He aquí el golpe de Estado en Ucrania utilizando esta vez al fascismo europeo (desde entonces en el poder en ese país), para no sólo separar a Rusia de Europa, sino para establecer un foso particular entre Alemania y Rusia. Además, la Red Financiera Global obliga a la UE a emprender sanciones contra Rusia, profundizando aún más en la recesión económica europea.

Para aquélla es una labor preventiva debilitar la UE como macro-Estado poderoso: de ahí sus repetidos golpes contra las deudas soberanas y ahora su intento de imponer el TTIP, contribuyendo al hundimiento de las condiciones sociales y laborales en Europa (la Guerra de Clase). El Bloque Energético-Productivo, en cambio, entró en apoyo de la UE, proporcionando tanto liquidez como energía a su economía.

Francia es la báscula de la UE. El gozne entre los países deficitarios y los superavitarios. Su economía real comienza a hundirse y pierde más y más ritmo frente a Alemania. Pero su economía financiero-especulativa es de gran peso en Europa. Es el país por excelencia que representa al “Estado nacional” centralizado y fuerte, el país europeo con más proyección militar-imperialista. Esto hace que Eje Anglosajón le haya escogido para derrocar regímenes laicos en Asia y África y sustituirlos por fascismo disfrazado de Islam. Debilitar Francia es golpear la facción Imperial-Nacional europea y dejar a Alemania más débil, tirando sola de la UE.

La clase capitalista alemana se debate entre seguir con el proyecto UE subordinado al Eje Anglosajón o romper lastre e inclinarse definitivamente hacia Eurasia.

¿Cuál va a ser el próximo paso?

La Red Financiera Global dejará a Israel a su suerte. También a Arabia Saudí y a Turquía. Por eso todos estos países se dan prisa por afianzarse en la zona a través de su instrumento: el fascismo asiático. Al no tener nada que perder representan un enorme peligro, capaz de cualquier locura para obligar al Bloque Imperial-Nacional estadounidense (“los halcones”) a intervenir directamente contra Rusia. La Red Financiara Global no está interesada en un enfrentamiento directo con Rusia y ahora, merced al golpe de París, la parte europea del Bloque Imperial-Nacional puede que esté cambiando también de posición. Francia se ha visto atrapada en la discrepancia de intereses entre las dos facciones en Asia Occidental y África septentrional. De hecho, está virando a toda prisa hacia una posible coincidencia con Rusia en la zona, para atacar ahora realmente al fascismo asiático. Pero quiere arrastrar a Alemania consigo, lo cual cambiaría el sino del Bloque Imperial-Nacional europeo.

Con todo ello el tablero de guerra se complejiza enormemente.

Ese que he llamado “fascismo asiático” tiene poco que ver con el Islam. La religión se usa como coartada y para reclutar dementes dispuestos a inmolarse. En realidad, aquél está integrado ante todo por restos del antiguo ejército iraquí, más ejércitos privados que ya estuvieron en la invasión de Iraq, más mercenarios de numerosos países. Se trata ahora de extender este tejido cancerígeno (con mismos o diferentes nombres) a lugares de Rusia donde haya importantes poblaciones musulmanas. También a las exrepúblicas soviéticas, así como a Irán, India e incluso a la propia China.

Por eso India está empezando a ver la necesidad de apoyar a Rusia (con China también detrás en la sombra) en su lucha contra el fascismo asiático. Su postura será decisiva de cara al fortalecimiento o no del Bloque Energético-Productivo.

Frente a la decadencia ya imparable del Eje Anglosajón, sus recesiones y sus firmes pasos hacia la Guerra de Clase (barbarie laboral y social), del Eje China-Rusia puede asentarse un capitalismo de Estado a contrapelo del actual capitalismo salvaje. El Bloque Energético-Productivo está, en cualquier caso, mucho mejor preparado para la Gran Transición post-capitalista hacia sociedades algo más razonables y sostenibles. Sus alianzas con otros Bloques Energéticos menores, como el del ALBA, pueden ayudar a ello.

Pero eso no quiere decir que se vaya a dar tal resultado porque sí. Las luchas de clase en el interior de este Bloque serán decisivas.

Para las sociedades europeas, como para las de todo el mundo, es vital ayudar a ello. Y para eso es imprescindible recuperar la conciencia y las luchas de clase de cara a iniciar procesos constituyentes que paren el Caos (la Guerra de Clase y la Guerra Militar).

Por eso es importante no dejarse “distraer” demasiado por elecciones “nacionales” que cada vez deciden menos los destinos de las gentes y del mundo. Aquéllas tienen su importancia relativa, pero sin procesos constituyentes no podremos transformar el escenario de Caos en el que estamos.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Los nuevos tratados de libre comercio que impulsa EEUU

Los nuevos tratados de libre comercio que impulsa EEUU
Tomado de Miradas al Sur
Por Juan Manuel Karg

En noviembre, América Latina cumplirá diez años del recordado “No al Alca”, donde los países de la región evitaron la consumación de un gigantesco acuerdo de libre comercio capitaneado por EEUU.
En aquel entonces, nuestros países establecieron un principio anticíclico, en uno de los momentos de mayor auge del librecambismo a escala global. Hoy, diez años después, ¿cuáles son los nuevos tratados que impulsa actualmente EEUU? ¿Por qué van en contra de los BRICS, los países emergentes que han motorizado al economía a nivel mundial en los últimos años? ¿Cuál es la disputa abierta, en términos internacionales, entre EEUU y China a partir de esta situación?
1) El Acuerdo Estratégico de Asociación Transpacífico (TPP). Ya firmado, abarca a doce países que componen el 40% del PBI mundial: EEUU, México, Perú, Chile, Japón, Vietnam, Singapur, Brunei, Malasia, Australia y Nueva Zelanda. Como todo acuerdo de libre comercio de estas características, se basa en las asimetrías entre sus miembros, favoreciendo notoriamente a los EEUU, el principal interesado en su concreción -quien igualmente deberá aprobarlo en su Congreso en los próximos meses-.
El TPP nace, además, con otra finalidad indisimulable: intentar consolidar un contrapeso al crecimiento de China dentro del bloque asiático, es decir, la propia zona de influencia directa de la nueva potencia económica mundial. Japón, socio privilegiado de EEUU en la zona, es el “Caballo de Troya” para llevar adelante esta estrategia, nacida en Washington ante el veloz despliegue del gigante asiático. Las palabras de Obama en relación al TPP, la misma tarde en que este fue firmado, fueron elocuentes: “No podemos dejar que países como China dicten las reglas de la economía mundial”.
2) La Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP). Aún en negociaciones, el TTIP es el intento de avanzar en un área de libre comercio entre EEUU y la Unión Europea (UE). Las negociaciones se dan en momentos donde la periferia del Viejo Continente sufre los embates del desempleo y la desigualdad, producto de un lustro de decrecimiento económico tras el arribo de la crisis iniciada con el desplome de Lehman Brothers en EEUU.
Con la condición ineludible del secretismo en las negociaciones -algo que comparte con sus pares TPP y TISA- el TTIP tiene un condimento especial: prevé la creación de un tribunal de arbitraje que funcione apartado del sistema jurídico de cada país, a fin de dar “protección a la inversión extranjera”. Como se ve, un andamiaje creado de cara a las empresas transnacionales, que serán las principales beneficiadas de este verdadero embate a los Estados nacionales.
Una reciente movilización multitudinaria en Berlín centro del poder de la UE más allá de Bruselas, demostró que los trabajadores europeos están en alerta ante el avance de las negociaciones del TTIP. Hay en esa foto de 250 mil personas en la calle cierta analogía con lo acontecido en América Latina a inicios del siglo en curso, cuando importantes movilizaciones en Argentina, Brasil y Venezuela contribuyeron a la firmeza que mostraron, respectivamente, Kirchner, Lula y Chávez contra el ALCA.
3) El Acuerdo de Comercio de Servicios (TISA). Negociado en el mayor de los secretos, Wikileaks difundió recientemente algunos de los puntos principales de este acuerdo de servicios a escala mundial. Allí se da cuenta de que el TISA permitirá a las corporaciones financieras exportar todos los datos personales de los consumidores a través de las fronteras, entrando en contradicción con las actuales leyes de protección de datos en vigor, por ejemplo, en la Unión Europa. Otro de los puntos candentes del TISA radica en la pretensión de que las compañías financieras internacionales puedan estar exentas de cumplir las normativas de un país al cual ingresen si sus actividades están permitidas en el país de origen. Esto habilitaría a que, por ejemplo, empresas estadounidenses tengan prerrogativas en otros continentes con la sola vigencia de que Washington haya dado el visto bueno a las mismas.
Australia, Canadá, Chile, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, Estados Unidos, Hong Kong, Islandia, Israel, Japón, Liechtenstein, México, Nueva Zelanda, Noruega, Pakistán, Panamá, Paraguay, Perú, Suiza, Taiwán, Turquía y la Comisión Europea son quienes continúan en las negociaciones de este ”acuerdo” en el ámbito de servicios. Uruguay, que se apartó de las mismas tras la decisión del oficialista Frente Amplio, ratificó la negativa mayoritaria de los países del Mercosur a no participar en estos acuerdos, que imponen condiciones leoninas para nuestros países. Sin embargo, la continuidad de Paraguay -también miembro fundador del bloque- en las negociaciones es un dato para prestar especial atención, a sólo cuatro años del golpe parlamentario a Fernando Lugo (hecho que, en definitiva, posibilitó también este desenlace).
Es preciso finalizar este artículo con algunas conclusiones sobre el momento económico internacional abierto en los últimos años. En primer lugar, el trasfondo de todas estas negociaciones es el intento de EEUU de golpear a China en un momento donde la economía oriental, más allá de una merma en las proyecciones, sigue siendo la que mueve al mundo: el 7% de crecimiento previsto por Beijing para los próximos años -a pesar de ser menor al 14% de años atrás- resulta mucho más significativo que el magro 2% por el que se enorgullece EEUU. Por otro lado, también se busca impactar a Rusia, India, Brasil y Sudáfrica, los otros países emergentes, quienes han logrado, junto a los países con gobiernos poneoliberales en la región, una voz creciente en las instancias internacionales, disminuyendo la influencia de EEUU y la UE allí. La decisión de Washington parece tomada: lanzar una ofensiva contra la idea de “nuevo mundo multipolar” a partir de una masiva liberalización comercial que pueda confrontar con la tendencia -a esta hora indudable- de debilitamiento frente a las economías emergentes.
En conclusión, EEUU intenta “abrir” para en verdad cerrar, buscando revitalizarse en un momento convulsionado para sus propias aspiraciones, tanto desde el plano geopolítico como desde el geoeconómico. ¿Lo logrará?
*Politólogo UBA / Analista Internacional

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