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martes, 11 de diciembre de 2018

Continua la guerra biológica contra Cuba

Tomado de El Heraldo Cubano
Por Arthur González

En la vida todo tiene sus causas y también sus responsables, y así pasa con las enfermedades que ha sufrido la Isla de Cuba en los últimos 60 años, tanto las personas como su flora y fauna.
El propósito de Estados Unidos es uno solo, afectar la economía cubana para después achacarle a la Revolución socialista de los problemas, mediante campañas de prensa fabricadas.

lunes, 19 de mayo de 2014

La guerra biológica contra Cuba

Fidel Castro Ruz denunció el 2 de junio de 1964 el probable empleo por los yanquis de la guerra bacteriológica contra nuestro pueblo. (Foto: Autor no identificado)
Tomado de Bohemia
Por Pedro Etcheverry Vázquez

Durante más de medio siglo, dentro del arsenal de modalidades subversivas aplicadas por los Estados Unidos en su política agresiva y hostil contra Cuba, han estado presentes las acciones de guerra biológica. La característica común de estas agresiones es su coincidencia en el tiempo con el impulso del Gobierno Revolucionario a los planes de desarrollo de actividades productivas específicas, destinadas a fortalecer la capacidad exportadora de la nación y la base alimentaria de nuestro pueblo. 


Los daños causados han sido muy costosos, por la dolorosa pérdida de vidas humanas, los perjuicios materiales causados y los enormes recursos financieros dedicados al enfrentamiento de este tipo de agresiones.

domingo, 7 de abril de 2013

¿Quién mató a Hugo Chávez?


Por Eva Golinger

A un mes de la desaparición física del Presidente Hugo Chávez, siguen las sospechas y especulaciones sobre la verdadera causa de su fallecimiento. El Presidente (E) de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, ha anunciado la formación de una Comisión Presidencial con “los mejores científicos y técnicos del mundo” para determinar si Chávez fue inoculado con la enfermedad del cáncer, causando su muerte. Maduro y otros miembros del gobierno venezolano han expresado su certeza sobre la posible inoculación del cáncer, afirmando que solo hacen falta las “investigaciones científicas” para evidenciarlo.

¿Es posible que al Presidente Chávez le hayan provocado su enfermedad, resultando en su asesinato? Para los escépticos de siempre, esta posibilidad parece un cuento de hadas, algo de ciencia ficción, hecho en Hollywood. No obstante, las innegables evidencias sobre el desarrollo del cáncer como un arma biológica, formulada para asesinar a líderes políticos no convenientes, existen. Más aún, informes internos del gobierno de Estados Unidos demuestran de manera inequívoca que el Presidente Hugo Chávez era uno de los blancos principales de los más poderosos y nefastos intereses de Washington.

Como explicó el editor del diario Últimas Noticias en Venezuela, Eleazar Díaz Rangel, en su columna ¿Cáncer Inoculado? del 17 de marzo pasado, “muestras de la biopsia [de Chávez] enviadas a laboratorios especializados de Brasil, China, Rusia, y con nombre supuesto, EEUU, coincidieron en que se trataba de células únicas, de un cáncer extremadamente agresivo, y aparentemente desconocido”. La naturaleza agresiva y desconocida de la enfermedad del Presidente Chávez, además de la inexistencia de una herencia de cáncer en su familia, apuntan claramente a la real posibilidad de que el líder de la Revolución Bolivariana haya sido asesinado.

EN LA MIRA IMPERIAL

Desde su primera victoria electoral, el gobierno estadounidense tenía sus ojos puestos sobre Hugo Chávez. En principio no confiaban en su discurso revolucionario, y desestimaban su capacidad de liderazgo y el cumplimiento con sus promesas. Aunque desde el 4 de febrero del 1992, cuando Chávez lideró una rebelión militar contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, cercano aliado de Washington, el Departamento de Estado lo tenía en su “lista negra”, calificándolo como “terrorista” y negando su obtención de una visa para viajar a territorio norteamericano, de igual manera cuando ganó la presidencia de Venezuela en 1998, fue entregado su visa y lo invitaron a unirse en el “club de los poderosos”. Chávez rechazó a todas estas ofertas, que también vinieron a través de otros jefes de estado de países aliados de Washington, como España, y poderosos empresarios interesados en mantener su dominación sobre el petróleo y el mercado venezolano.

Cuando fue evidente que el Presidente Hugo Chávez no era “comprable”, activaron el plan para derrocarlo. Trabajando en conjunto con los empresarios, políticos y militares tradicionalmente aliados de Estados Unidos, ejecutaron un golpe de Estado contra Chávez en abril 2002 con la intención de no solamente derrocarlo del poder, sino también asesinarlo. Documentos del Departamento de Estado de los días previos al golpe afirman que existía un plan para asesinar a Chávez durante el golpe. Incluso, el propio Asistente Secretario de Estado de ese momento, Otto Reich, ha afirmado que ellos sabían de un plan de magnicidio contra el Presidente Chávez en 2002. El mismo Chávez contó una vez durante un discurso público que el embajador estadounidense Charles Shapiro, quien tuvo un papel principal como coordinador de la desestabilización en su contra, lo había llamado durante las semanas previas al golpe para informarle sobre el plan de asesinarlo que estaban preparando algunos sectores de la oposición. Parece que Washington estaba jugando el doble filo, por ser caso.

No obstante, debido al gran apoyo que tenía Chávez dentro del pueblo venezolano y las Fuerzas Armadas leales, ese plan de magnicidio fue impedido, y el golpe derrotado.

Pero el plan se mantenía activa. Washington incrementó su financiamiento multimillonario a grupos de la oposición, estableció una “Oficina de Iniciativas hacia una Transición” de la Agencia Internacional del Desarrollo de Estados Unidos (USAID) en Caracas, y comenzó a mover sus piezas dentro de los medios privados y la industria petrolera. De diciembre 2002 hasta febrero 2003 lograron el saboteo económico más dañino en la historia del país, casi destruyendo la industria petrolera y la empresa estatal PDVSA, causando más de 20 mil millones de dólares en daños a la economía venezolana. El gobierno de Estados Unidos llamaba para “elecciones anticipadas”, para sacar al Presidente Chávez, a pesar de que ese concepto no estaba previsto en la Constitución.

Luego de 64 días de saboteo, propaganda brutal a través de los medios privados las 24 horas al día y un colapso total de la producción y distribución interna de productos de consumo, el pueblo venezolano resistió y logró derrotar este segundo intento de romper su hilo constitucional. Chávez siguió en su cargo por lo cual fue elegido democráticamente, y el país comenzó a recuperarse del inmenso daño hecho por los opositores (ellos mismos se llamaban “la sociedad civil”) apoyados desde Washington.

El año siguiente, en mayo 2004, un plan para asesinar al Presidente Chávez fue descubierto e impedido por los cuerpos de seguridad de Venezuela. Más de 100 paramilitares colombianos fueron detenidos en una finca en las afueras de Caracas. La finca pertenecía al cubano-venezolano Robert Alonso, hermano de la famosa y rábidamente anti-chavista María Conchita Alonso. Los colombianos, que dotaban uniformes de las fuerzas armadas venezolanas, habían sido contratados para asesinar al Presidente Chávez en el palacio presidencial. Cinco años antes, en diciembre 1999, el gobierno de Colombia había advertido al Presidente Chávez sobre un plan de paramilitares colombianos para asesinarlo durante una visita a la ciudad fronteriza San Cristóbal.

"Hoy voy a San Cristóbal y ayer me llegó la información de que hay informaciones, valga la redundancia, de que pudiera haber en San Cristóbal un grupo de los paramilitares de Colombia", denunció el Presidente Chávez en una entrevista matutina en la televisora Globovisión. La información "realmente fue oficial, nuestro embajador en Colombia, (Fernando Gerbasi) fue llamado por la cancillería colombiana en Bogotá hace mes y tanto y le comunicaron oficialmente que los paramilitares colombianos (...) tienen un plan para asesinar al Presidente de Venezuela", precisó. (Ver: “Paramilitares colombianos planean asesinar a Chávez”, www.panamaamerica.com.pa, 10/12/1999).

Para el 2005, Chávez se había convertido en un fuerte dolor de cabeza para el gobierno estadounidense, y sus esfuerzos para derrocarlo no solamente no habían funcionado, sino tuvieron el impacto contrario. La popularidad de Chávez seguía subiendo, su proyecto socialista bolivariano crecía y su influencia regional aumentaba. Ya para Washington Chávez no era un “asunto de preocupación”, sino un verdadero enemigo. Un documento del Centro de Estudios Estratégicos del Ejército de Estados Unidos de 2005, escrito por el Coronel Max Manwaring, titulado “El socialismo bolivariano de la Venezuela de Hugo Chávez y la guerra asimétrica”, calificaba al Presidente venezolano como un “inteligente competidor” contra quien tenía que combatir de forma “asimétrica”. Las reglas tradicionales de guerra no se aplicaban contra Chávez, tenían que inventar algo nuevo.

En 2006, la recién creada Dirección Nacional de Inteligencia que coordinaba las 16 agencias de inteligencia en Estados Unidos nombró 3 misiones especiales de inteligencia que merecían una atención extra debido a su alto interés estratégico. Las misiones se trataban de países: una para Irán, otra para Corea del Norte, y la tercera para Venezuela y Cuba. Sin duda Irán y Corea del Norte son enemigos abiertamente declarados por Washington, y hasta Cuba también, aunque no representa ninguna amenaza real a la seguridad estadounidense. Pero la inclusión de Venezuela en esta operación de inteligencia del rango más alto del gobierno estadounidense no tenía lógica, al menos que Washington ya había declarado en secreto al Presidente Hugo Chávez como un blanco directo de sus acciones clandestinas.

Esta misión especial de inteligencia ha sido manejado con el más alto nivel de secretismo dentro del gobierno estadounidense. Se supo que ha sido encabezado por veteranos de la CIA de profunda capacidad, incluyendo a Norman A. Bailey, quien con más de 25 años en operaciones clandestinas en la CIA durante la Guerra Fría, pertenecía a la élite de la inteligencia estadounidense. Un documento de la Dirección Nacional de Inteligencia del 23 de agosto del 2010 explicó que estas misiones para Corea del Norte, Cuba-Venezuela e Irán “lideran la Comunidad de Inteligencia en un nivel estratégico...Sus áreas de interés están designados como blancos de alta prioridad por los más altos niveles del gobierno”.

En el caso de Venezuela, a diferencia de Corea del Norte, Irán y Cuba, Washington tenía acceso directo a todos los sectores de la sociedad y también dentro del gobierno venezolano. Con su financiamiento multimillonario ha seguido alimentando la desestabilización en el país y manteniendo a la oposición viva. También intentaban infiltrar y penetrar las fuerzas armadas venezolanas para reclutar espías y provocar rebeliones contra el Presidente Chávez. En 2006 y más recién en marzo 2013, 4 agregados militares que estaban trabajando desde la Embajada de Estados Unidos en Caracas fueron expulsados por el gobierno venezolano por sus actividades injerencistas.

Desde el Congreso de Estados Unidos en Washington, varios congresistas exigían acciones agresivas contra Venezuela para socavar al gobierno de Chávez, particularmente el ex congresista del estado Florida, Connie Mack, quien insistió – sin éxito – en incluir a Venezuela en la lista de “estados terroristas” de la Casa Blanca. En 2009, el Pentágono firmó un acuerdo militar con Colombia para ocupar siete bases militares en su país. Un documento de la Fuerza Aérea de Estados Unidos afirmó que el uso de una de esas bases en Palanquero, Colombia, sería para “combatir a los gobiernos anti-estadounidenses en la región”, haciendo referencia a Venezuela. En varias ocasiones durante los últimos años, el Presidente Chávez denunció la incursión no autorizada de aviones y buques militares estadounidenses en territorio venezolano.

Otros planes de magnicidio contra el Presidente Chávez fueron denunciados y desmontados a lo largo de estos años, cada uno fracasando al ser descubierto. Mientras tanto, la misión especial de inteligencia de Estados Unidos ha seguido haciendo su trabajo clandestino y meticuloso contra su blanco de alta prioridad: Hugo Chávez.

CÁNCER COMO ARMA

Documentos parcialmente desclasificados del Ejército de Estados Unidos del año 1948 evidencian como exploraron “la posibilidad de utilizar venenos radioactivos para asesinar a ‘personas importantes’, como líderes militares o civiles”. Así lo reseño el periodista Robert Burns de la Associated Press el martes 9 de octubre del 2007, luego de analizar los documentos obtenidos por la agencia norteamericana.

“Aprobados por los niveles más altos del Ejército estadounidense en 1948, el esfuerzo formó parte de la búsqueda secreta de los militares para un ‘nuevo concepto de guerra’ usando materiales radiactivos de la bomba atómica para contaminar franjas de tierra enemiga o para utilizar contra bases militares, fábricas o tropas enemigas”.

“Entre los documentos entregados a la AP - una nota del Ejército de fecha 16 de diciembre 1948, y clasificada secreto - se describe un programa intensivo para desarrollar una variedad de usos militares de los materiales radiactivos... La cuarta prioridad del ranking fue ‘municiones para atacar a los individuos’ usando agentes radiactivos para los que ‘no hay curas ni terapia.’”

También el escritor e investigador Percy Alvarado ha revelado como el cáncer como arma continuaba siendo un área importante de estudio y desarrollo para el gobierno estadounidense a través del Departamento de Investigaciones del Cáncer en las instalaciones del Fuerte Detrick en Frederick, Maryland. El Fuerte Detrick es conocido por ser el centro de la guerra biológica del Pentágono, donde han desarrollado diferentes enfermedades letales, e incluso actualmente está siendo investigado por la muerte de más de 600 personas que viven en las zonas residenciales cercanas a las instalaciones militares. Estas personas, entre muchas más, han muertas todas del cáncer, y sospechan que desde el Fuerte han botado sus tóxicos en el agua que luego es suministrado a las zonas residenciales. Los exámenes del agua en las zonas alrededor del Fuerte Detrick han evidenciado un alto nivel de tóxicos que causan cáncer, incluso más de 3000 veces de lo que debería ser para ser potable.

En su texto “Cáncer inducido, ¿un arma de la CIA” del 29 de diciembre del 2011, Alvarado destaca como desde el 1975 en las instalaciones especiales en Fuerte Detrick, “[l]as investigaciones ultra secretas están encaminadas a desarrollar un programa especial de virus del cáncer, sumamente agresivo y letal... La insistencia de estos laboratorios de lograr los mecanismos para elaborar artificialmente células malignas o cancerígenas, sumamente invasivas y capaces de propagarse en el organismo desarrollando una metástasis incontenible, se ha mantenido a lo largo de más de cuatro décadas”.

Un artículo en la revista electrónica Slate Magazine sobre la posibilidad de inducir cáncer, afirma que “aunque es difícil inducir cáncer en un enemigo, ciertamente es muy posible aumentar sus posibilidades de desarrollar la enfermedad. La opción más efectiva sería la radiación”. Desde luego, hablan de la posibilidad de implantar un mecanismo que emite radiación dentro del cuerpo del adversario. En lo alternativo, dice Slate, “podrías contaminar la dieta de la víctima con altos niveles de aflatoxinas, asociadas con cáncer del hígado. O podrías infectarlo con cualquier cantidad de agentes biológicos que causan cáncer”.

El investigador y periodista Jeremy Bigwood, explicó que “Hay muchos agentes que causan cáncer que fueron convertidos en armas en Estados Unidos en Fuerte Detrick, el Arsenal de Edgewood y otras bases militares y centros del Departamento de Energía. Por ejemplo, micotoxinas (de hongos tóxicos) fueron convertidas en armas. Las micotoxinas T2 pueden producir necrosis en el tejido que penetran y convertirse en cáncer cuando no son inmediatamente letales”.

La tecnología de inducir cáncer como un arma existe. La decisión de “acabar” con el Presidente Hugo Chávez fue tomada cuando desde Estados Unidos crearon la misión especial de inteligencia para Venezuela en 2006. Desde luego, han buscado la forma de lograrlo. Por supuesto que existe la posibilidad de que el cáncer que acabó con la vida del Presidente Chávez haya sido causado por factores naturales, sin inoculación, sin provocación y sin inducción. Pero difícil es negar la abrumadora evidencia que indica todo lo contrario. Ojalá las investigaciones científicas serias y exactas logren poner fin a este misterio.

sábado, 23 de marzo de 2013

Sidney Gottlieb y sus asesinos “perfectos”


Tomado del blog El Adversario Cubano.
Por Jorge Wejebe Cobo.


En una celda sin ventanas de la cárcel de Ben Hoa, en el antiguo Saigón, durante una noche de principios de la década de 1960, prisioneros, soldados del ejército de Viet Nan del Norte y guerrilleros capturados despertaban de la anestesia en un ambiente con vaho de cloroformo y suciedad e, instintivamente, se tocaban la herida recién suturada en la cabeza y descubrían a su lado una bayoneta.
A todos le trepanaron el cráneo e implantaron electrodos que reaccionarían a una señal de un emisor manipulado por el doctor en química Sidney Gottlieb, quien creía estar a punto de descubrir el método para convertir a un ser humano en una máquina de matar.
Era el logro ansiado por más de 10 años de la súper secreta operación MK Ultra, de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), para el control absoluto de la mente humana.
Gottlieb apretó las teclas del emisor de radio para activar los electrodos ubicados en partes del cerebro que consideraba generaban la violencia al recibir las señales, con lo cual el instinto de fiera en cada prisionero los conduciría a apuñalearse entre sí.
Pero nada ocurrió y los jóvenes recién operados, que caminaban como zombis, solo facilitaron el trabajo de los verdugos al sacarlos del recinto para ejecutarlos de un disparo y luego cremar sus cadáveres y borrar las pruebas del experimento.
Así se repitió el ciclo con casi 100 reclusos para frustración de Gottlieb y un equipo de cirujanos de la CIA, quienes habían trabajado febrilmente en aquel macabro experimento, aprovechando la oportunidad de que la guerra en Viet Nam, la cual proporcionaba gran cantidad de detenidos que podían ser sacrificados sin complicaciones legales. Con anterioridad, igual destino tuvieron reclusos en Corea del Sur y en Alemania, sospechosos de ser agentes de la KGB.
DemoralizeMKultra
Paralelamente, experimentaron con sesiones de hipnosis, electroshock e inoculación de drogas, bajo cuyo efecto les repetían a las víctimas palabras e ideas claves en forma de señales para convertirlos en presuntos asesinos “perfectos”.
Pero a Sidney Gottlieb, director de la División Química de la CIA, en la década de 1960 no le afectaban demasiado sus fracasos, ni le impresionaban las miradas perdidas de los vietnamitas camino a la muerte y cuando regresaba de sus viajes por el mundo asumía su rol de buen padre de familia. Tenía una apariencia de médico de pueblo, enjuto, de mediana estatura, estrecho de hombros y poseía una deformidad en un pié que disimulaba con éxito para bailar.
Era aficionado a la cría de cabras en su rancho en Virginia y regalaba a sus amigos envases con leche de su rebaño, los cuales eran desechados por la mayoría porque conocían su obsesión enfermiza por concebir venenos mortales, formas de tortura y, por último, controlar la mente humana para así –según él- eliminar a los reales o supuestos enemigos de Estados Unidos.
También les fascinaban las formas convencionales de matar y facilitó a la CIA un manual para asesinatos, hecho público en la década de 1990, en el cual aconsejaba las zonas más vulnerables del cuerpo humano a las armas blancas, procedimientos de ahorcamiento, de disparar a un grupo y cómo lanzar a alguien al vacío simulando un accidente o suicidio, la vía más efectiva para encubrir una ejecución, según sus valoraciones.
Su otra obsesión por implantar equipos electrónicos en seres vivos lo llevó a operar a un gato e instalar en su oído un micrófono y una antena en su cola y adaptarlo a recibir estímulos, supuestamente por radio, para dirigirlo a grupos de personas en lugares públicos con el fin de grabar las conversaciones. El insólito experimento falló cuando el animal desorientado por tantas operaciones en su cuerpo, no pudo evitar un vehículo y fue aplastado en plena vía.
Luz verde a MK ULTRA
Pero MK Ultra era algo más que convertir un gato en espía. Todo comenzó en 1953, cuando soldados norteamericanos prisioneros durante la contienda en Corea aparecían ante las cámaras de la prensa manifestándose contra la guerra y la intervención de su país en el conflicto.
Entonces se excluyó la explicación de que los prisioneros, la mayoría tan jóvenes como los vietnamitas convertidos en conejillos de indias un decenio después, actuaban bajo la influencia de la experiencia traumática para la cual no estaban preparados o que sus convicciones cedían ante la propaganda de los coreanos del norte.
La concepción de Gottlieb y sus colegas era que los soldados actuaban de esa forma porque los comunistas les habían lavado el cerebro, utilizando drogas y procedimientos siquiátricos y hasta operaciones quirúrgicas que les cambió el comportamiento, por lo cual era necesario iniciar la investigación en ese campo para evitar la supremacía soviética y de sus aliados por el control del pensamiento, objetivo principal de la operación MK ULTRA.
Para comprobar esas hipótesis el equipo de médicos de la CIA examinaron a ex prisioneros, pero a ninguno se le detectó operaciones en la cabeza ni en otras partes del cuerpo realizadas con ese fin.
El entonces jefe de la CIAAllen Dulles, simpatizó con la vehemencia con la cual Gottlieb defendía la tesis del llamado lavado de cerebro y dio luz verde y los recursos necesarios para llevar adelante la operación.
MK ULTRA se desarrolló durante alrededor de 20 años e incluyó diversas programas para el desarrollo de venenos letales imposibles de ser detectados, planes y asesinatos de líderes extranjeros, utilizando agentes biológicos para producir enfermedades mortales y uso de explosivos. Algunos fueron concebidos por Gottlieb, especialmente los destinados a acabar con la vida del líder cubano Fidel Castro.
En Canadá, la CIA controló una clínica siquiátrica y experimentaron con pacientes sin su consentimiento, aplicándoles gran cantidad de electroshock, trepanaciones del cráneo e extirpación de zonas del cerebro, así como aplicación de drogas que anulaban la voluntad y convertían en especie de vegetales a los pacientes. En los propios Estados Unidos se realizaron iguales experimentos, con mendigos, prostitutas y enfermos mentales.
Durante su trabajo Gottlieb tuvo la ayuda del doctor Ewen Cameron, colaborador de la CIA, quien aportó su experiencia adquirida como asesor en los juicios de Nuremberg, época durante la cual estudió experimentos de médicos nazis en los campos de exterminio buscando también los mismos objetivos de poder sobre la mente humana. Muchos de sus resultados sirvieron como base para MK Ultra.
Quizás Sidney Gottlieb hubiera trascendido como un anónimo empleado de la CIA y la Operación MK ULTRA sería una sigla más dentro del sistema burocrático de la inteligencia estadounidense, de no haberse revelado en sus aspectos principales por la Comisión presidida por el Senador Frank Church, que en 1975 tras la derrota en Viet Nan y la renuncia del presidente Richard Nixon, investigó las acciones encubiertas de la agencia y el FBI hasta esa fecha.
Existe la versión de que cuando Gerald Ford asumió la presidencia, tras la dimisión de Nixon en 1974, ordenó al nuevo director de la CIA, James Schlesinger, reunir en un informe todas aquellas operaciones de la Agencia que violaban la Constitución, lo cual compendió en 703 páginas entregadas por el funcionario ejecutor con una nota sarcástica escrita a mano en la portada: “Señor Director, estas son nuestras joyas de familia”.
Esos documentos desclasificados estimularon la saga de decenas de libros de ficción, investigaciones, películas en todo el mundo sobre los crímenes de la CIA justificados por el contexto de la Guerra Fría en el siglo pasado, pero a su vez aportaron importantes datos y pruebas irrefutables sobre esas actividades de los servicios secretos estadounidenses.
Sidney Gottlieb, murió el 7 de marzo de 1999 a los 80 años de edad. Su deceso lo salvó de comparecer ante un tribunal bajo la acusación de homicidio por la muerte en 1953 de su colaborador Frank Olson, quien arrepentido por los experimentos en que participaba al parecer tenía intenciones de denunciarlos, pero inexplicablemente se lanzó al vacío desde el piso 13 de un Hotel en New York, a través de una ventana de gruesos cristales imposible de romper por él solo.
El cuerpo de Olson fue exhumado por gestión de su familia un cuarto de siglo después y su cráneo había sido aplastado por un golpe en la sien previo a la caída. En la fecha, el colaborador de Gottlieb estaba acompañado por un corpulento empleado de la CIA especialista en asesinar a sus víctimas con un fuerte porrazo en un costado del cráneo.
Muchos recordaron cómo el manual de asesinatos elaborado por Gottlieb, precisamente enunciaba la más efectiva forma de encubrir un homicidio al lanzar a la víctima al vacío para simular un suicidio. No obstante, esta fue la única acción conocida de la justicia puesta en marcha tras las revelaciones de la Operación MK ULTRA, pero que no trascendió por la muerte natural del acusado.

lunes, 18 de marzo de 2013

Un especialista afirma que la enfermedad de Chávez podría haber sido provocada



Tomado del sitio de Pascual Serrano.
Por Pascual Serrano.

“Llevamos 200 años inoculando cánceres en el laboratorio”

 Hasta prestigiosos especialistas en oncología han destacado la “epidemia” de cáncer entre presidentes latinoamericanos de izquierda. “Llama mucho la atención que, justo cuando Estados Unidos está perdiendo la batalla por el control de Sudamérica, hayan aparecido en poco tiempo cinco casos de presidentes, ninguno afín, con cáncer. Uno se pregunta, ¿aquí que pasa?”, afirma el doctor Carlos Cardona, médico especialista en oncología molecular, que ha estado 16 años investigando el cáncer en universidades tan prestigiosas como Cambridge y Birmingham, en Inglaterra, o en el Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson de Seattle, donde hicieron el trasplante de médula ósea al tenor José Carreras.

En unas declaraciones al diario ABC Cardona afirma que “al contrario de lo que piensa mucha gente, técnicamente es posible que el cáncer que terminó con la vida de Hugo Chávez fuera inoculado con la intención de asesinarle” (ABC, 15-3-2013). Si bien los oncólogos clínicos tienen dudas al respecto, Cardona señala que los oncólogos moleculares llevan 200 años inoculando cánceres en animales en el laboratorio para experimentar. “Yo lo he hecho miles de veces y sé que es posible. Tan solo hace falta una inyección puesta en cualquier parte del cuerpo cuyo contenido llegue a la sangre”, afirma. Una de las formas -señala- sería “inyectar líneas celulares de un tumor que conoces previamente, incluso de pacientes que murieron hace 50 años; a través de un oncovirus, es decir, un virus que tú has preparado y que lleva los genes de tumores supresores que se introducen en las células y producen el cáncer, o inyectando directamente carcinógenos químicos”.

“Si Chávez, por ejemplo, hubiera ido al dentista –continúa–, éste podría haberle puesto una anestesia y después inocularle un oncovirus o un carcinógeno. El paciente no se va a enterar y al cabo de varios meses puede desarrollar el cáncer. Hay carcinógenos químicos que son específicos de un órgano y otros generalizados que provocan cáncer de manera discriminada. Los hay, por ejemplo, que pueden provocan el cáncer en la zona pélvica, que es donde se le ha aparecido a Chávez. La mayoría de estas cosas dejan huella y, si eres investigador, pueden encontrarla pidiendo una muestra del tumor. Puedes ver si ha sido un oncovirus, si hay alguna línea celular, también puedes hacer estudios genéticos para ver si el cáncer se ha desarrollado de manera natural o atípica… Es complicado, pero se puede averiguar”. 

Es verdad que el diario ABC ha publicado numerosas especulaciones absurdas sobre la enfermedad de Chávez, pero todas ellas las difundía sin una fuente identificada y rigurosa. En esta ocasión se trata del testimonio de un especialista reputado en el estudio del cáncer. La realidad es que para que la tesis de un envenenamiento por cáncer sea sólida harían falta dos condiciones: que técnicamente sea viable y que exista un poder enemigo de Chávez con la necesaria capacidad tecnológica, vocación criminal y falta de escrúpulos para hacerlo. Las declaraciones del doctor Carlos Cardona responden positivamente a lo primero. Para lo segundo basta recordar las más de seiscientas veces que el mayor enemigo de Chávez, Estados Unidos, ha querido asesinar a Fidel Castro (ver libro del periodista Luis Báez El mérito es estar vivo) y la realidad cotidiana de que todas las semanas asesina a decenas de inocentes mediante drones.

miércoles, 16 de enero de 2013

¿Cuba? Haití, U.S.A. y los caminos del cólera

Médico cubano  con pacientes recuperados del cólera en Haití
Médico cubano con pacientes recuperados del cólera en Haití
Tomado del blog El Adversario Cubano.

Introducción dada por Raúl Antonio Capote.
Comparto con ustedes este mágnifico artículo del Dr Salvador Capote, escrito en el 2010 cuando la epidemia de cólera golpeaba con fuerza al sufrido hermano pueblo de Haití y los médicos cubanos realizaban la bella labor de salvar vidas en ese  país. En estos momentos Cuba sufre un brote de cólera, enfermad ausente del país durante más de 100 años, las condiciones sanitarias y la fortaleza del sistema de salud cubano han logrado controlar en pocos días la enfermedad. Conociendo los antecedentes de los señores del Imperio, tenemos todo el derecho los cubanos a dudar, lean el artículo y como dice el conocido pariodísta cubano Reinaldo Taladrid “Saque usted sus propias conlusiones”
 
Artículo por: Dr. Salvador Capote.
 
En medio de denuncias sobre masacres de civiles por militares estadounidenses en Irak y Afganistán; de revelaciones en Wikileaks acerca de la impúdica política exterior de Estados Unidos; y de amenazas espeluznantes de una posible extensión de las guerras imperiales a Irán y Corea del Norte, una noticia nos alegró el corazón: la decisión del Partido y el Gobierno cubanos, anunciada por Fidel, de reforzar la Brigada Médica en Haití con un contingente compuesto por 300 médicos, enfermeras y técnicos de la salud, lo que eleva a más de 1 200 el número de colaboradores sanitarios enviados por Cuba a la hermana nación.

Los internacionalistas cubanos prestan servicios de salud en Haití desde hace muchos años y numerosos jóvenes de este país se forman como médicos en las universidades cubanas. Mucho antes del terremoto, del huracán y de la epidemia del cólera ya los cubanos estaban allí curando enfermos, salvando vidas. Con el apoyo fraterno de Venezuela, pronto Haití contará con 49 centros y 1 100 nuevas camas, atendidos por médicos cubanos y latinoamericanos egresados de sus escuelas de medicina, para enfrentar la epidemia. La eficacia de estos centros es tan grande que han llegado a reducir prácticamente a cero el número de fallecidos. José Martí y Simón Bolívar se dan la mano junto al pueblo que tanto ayudó a la independencia de nuestra América, para impedir que se apague la sonrisa de los niños haitianos.
Médicos cubanos en Haití
Médicos cubanos en Haití
Me pregunto cuántas personas han salvado o salvarán sus vidas gracias a este maravilloso ejemplo de solidaridad e internacionalismo. Nadie puede conocer la cifra exacta pero, con toda seguridad, no será menor de varias decenas de miles.
 
Sin embargo, la mayor obligación moral de prestar ayuda al pueblo haitiano no es de Cuba ni de Venezuela sino de Estados Unidos y no por lo rico y poderoso que es este país, que debiera ser causa suficiente, sino por su larga y profunda experiencia en la manipulación del vibrión colérico y de la forma en que afecta la salud y la vida del ser humano.

Esta experiencia la heredó Estados Unidos de científicos japoneses que llevaron a cabo un programa de guerra biológica durante la Segunda Guerra Mundial. Como parte de ese programa, más de mil pozos de agua potable en Manchuria fueron contaminados con el vibrión del cólera y gérmenes afines. En otros experimentos, los japoneses no sólo infectaban a los prisioneros de guerra sino que, para descubrir los efectos en los órganos internos de la enfermedad, sacrificaban durante el proceso mediante disección en vivo (vivisección) a cierto número de infectados. Los prisioneros eran en su mayoría chinos pero también de otras nacionalidades incluyendo norteamericanos. Alrededor de 580 000 chinos fueron asesinados utilizando gérmenes patógenos. (1)
 
El principal cerebro y brazo de la guerra biológica era el general Ishii Shiro, de familia aristocrática. La principal instalación creada por él, el Instituto Ping Fan (Unidad 731) de horrenda y criminal historia, estaba situada en el poblado de ese nombre, cerca del Ferrocarril del Sur de Manchuria y poseía una guarnición de 3 000 científicos, técnicos y soldados. Ishi Shiro creó también otras 18 instalaciones similares pero más pequeñas y fue el creador del campo de concentración de Zhong Ma. (2)
 
Al finalizar el conflicto, los militares norteamericanos lograron capturar a Ishi Shiro. Los soviéticos exigieron juzgarlo por sus crímenes de guerra pero Estados Unidos rehusó entregarlo. Lo que sucedió después se mantuvo en secreto durante más de treinta años. Finalmente se supo que Ishii Shiro había pactado con el gobierno norteamericano su liberación a cambio de revelar en detalle todos los secretos del programa de guerra biológica. Un memorandum “top secret” transmitido a Washington por cable el 6 de mayo de 1947 comunicaba: “Ishii afirma que si se le garantiza mediante un documento inmunidad por crímenes de guerra para él, sus superiores y sus subordinados, puede describir el programa [de guerra biológica] en detalle”. (3)
 
A pesar de que 1 174 soldados norteamericanos habían sido asesinados en atroces experimentos por la Unidad 731, (4) Ishii Shiro pasó a ser de esta manera el principal asesor del gobierno de Estados Unidos en el campo de las armas biológicas de destrucción masiva y encontró en Camp Detrick, Maryland (su nombre cambió a Fort Detrick posteriormente) alumnos muy aventajados. Fue él quien enseñó a sus colegas estadounidenses la técnica de cultivar el cólera y otros patógenos en grandes tanques de aluminio. Podía recogerse una cosecha de vibriones cada 24 horas. La capacidad productiva del Instituto Ping Fan –según investigadores rusos- había llegado a ser de ocho toneladas de bacterias por mes. La principal instalación norteamericana creada para la fabricación de microorganismos, situada en Vigo, Indiana, podía producir cien toneladas, es decir, una cantidad doce veces mayor. (5)
 
 El monstruo Ishi Shiro murió en 1959 después de disfrutar de un generoso retiro militar. Muchos de sus colaboradores, criminales de guerra que obtuvieron también inmunidad, alcanzaron posiciones relevantes en el mundo de los negocios o altos cargos administrativos y académicos. Algunos, pudieron continuar sus experimentos asesinando seres humanos durante la Guerra de Corea y la Guerra de Vietnam, pero ya no como enemigos sino como aliados al servicio de Estados Unidos.
 
 A partir de l948 y durante la década de los cincuentas, microbiólogos norteamericanos, en colaboración con británicos y canadienses, realizaron experimentos con gérmenes vivos en aguas de las islas del Caribe, por lo menos en tres ocasiones, con el fin de determinar el comportamiento de nubes de bacterias dispersadas en el aire: Operación “Harness” en 1948, Operación “Ozone” en 1953 y Operación “Negation” en 1954. Todo lo concerniente a estos ensayos biológicos permanece aún sin desclasificar. (6)
 
En 1951 el esfuerzo principal en la preparación para la guerra biológica se trasladó de Fort Detrick, en Maryland, a una instalación cercana a la base aérea de Agsugi, en Yokohama, Japón, donde operaba la llamada Unidad 406 (Medical General Laboratory of the U.S. Army’s Far East Medical Section). Su desarrollo fue tan rápido que poco tiempo después fue necesario abrir nuevos laboratorios en Kyoto. (7) 
 
El traslado al Lejano Oriente facilitaba el uso de estas armas en la recién comenzada Guerra de Corea. Corea del Norte, al igual que posteriormente Vietnam, se convirtió en campo de experimentación para todo tipo de armas incluyendo las armas biológicas. El 22 de febrero de 1952, Bak Hun Yung, Ministro de Relaciones Exteriores de Corea del Norte, en documento oficial dirigido al Secretario General de Naciones Unidas, acusó al gobierno norteamericano de llevar a cabo una guerra bacteriológica contra su país. Dos días después, su homólogo chino, Chou En Lai, reveló que, en solo una semana, 448 aviones de Estados Unidos, en 68 ocasiones, habían dispersado insectos contaminados sobre el nordeste de China. El vibrión del cólera fue uno de los gérmenes utilizados.
 
Ahora bien, ¿por qué el cólera ha sido y es una de las enfermedades preferidas para la guerra biológica? –La razón es muy simple: el cólera es una de las llamadas “enfermedades de los pobres” (nombres más apropiados serían: “enfermedades de los oprimidos”, “de los marginados”, “de las desigualdades e injusticias sociales”) que prosperan solamente cuando las condiciones higiénicas son deplorables. Uno de los factores que han limitado históricamente el uso de armas biológicas ha sido el temor, de los que promueven criminalmente este tipo de agresiones, a que la epidemia provocada se salga de control, se convierta en “boomerang” y termine causando más daño al agresor que al agredido. Pero en un país desarrollado, con abundante agua potable, amplias redes de alcantarillado y de eliminación de aguas albañales, y un buen sistema de servicios médicos, es prácticamente imposible una epidemia de cólera. En todo caso, si se produjese algún brote, solo afectaría a los barrios marginales cuya población es material desechable para los señores de la guerra.
 
Hay, además, otro factor importante. En el bien nutrido arsenal de vectores, tanto en la Unidad 406 como en Fort Detrick, no faltaron durante mucho tiempo las moscas infectadas con cólera, hasta que uno de los expertos canadienses en guerra biológica, el Dr. G.B. Read, demostró que no es necesario fabricar lo que la naturaleza ofrece ya gratuitamente. En el caso del cólera, no tiene sentido producir moscas infectadas en el laboratorio, con todos los peligros y complicaciones inherentes a esta operación y a la de transporte al objetivo, cuando éstas sobran en los sitios que serán objeto de ataques y pueden ser contaminadas “in situ”. Read descubrió que el mejor sustrato es el salmón enlatado porque, además de constituir un medio muy nutritivo para los patógenos, posee un atractivo especial para los insectos vectores. (8)
 
Actualmente, sin embargo, sin desechar los viejos métodos, las investigaciones se mueven hacia la aplicación de tecnología de punta de la biología molecular que, en buenas manos, puede ser de gran beneficio para la humanidad pero que puede servir también a objetivos diabólicos. En 2001 fue descifrado completamente el código genético de la peste bubónica y descubrimientos similares se han realizado con la viruela y el cólera. Ahora, mediante métodos de ingeniería genética, puede modificarse el genoma de los microorganismos causantes de estas enfermedades, para bien o para mal.
 
En enero de 1991, por primera vez en todo el siglo XX y en todo el continente americano surgió un brote de cólera en Perú que se extendió rápidamente por numerosos países de América del Sur y Central. En África, el cólera se ha presentado con fuerza recientemente en varios países africanos. En agosto de 2008 surgió en forma explosiva una epidemia en Zimbabwe. El diario “Herald” de Harare, señaló que el embajador de Estados Unidos, antes de que surgiera el brote, había comentado muy sospechosamente que se estaban preparando (los norteamericanos) para el surgimiento de la epidemia. Robert Mugabe acusó a los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña de introducir la enfermedad y del empeoramiento de la situación debido a las sanciones económicas impuestas.
 
Hemos repasado sucintamente algunos de los hechos que demuestran la larga experiencia de Estados Unidos con el microorganismo causante del cólera. 
 
Me parece que no sería pedir demasiado que sus vastos conocimientos los utilice ahora en la lucha contra la epidemia en Haití. El obstáculo, tal vez insalvable, es que Washington es parte raigal del problema. La indefensión del pueblo haitiano ante el cólera es el resultado de toda una herencia de explotación económica y opresión política por regímenes gestados y apoyados por Estados Unidos. Si en algún lugar del mundo Estados Unidos, y anteriormente Francia, han mostrado con mayor crudeza sus feos rostros imperiales, racistas y prepotentes, ha sido precisamente en Haití. Baste con recordar la ocupación militar por Estados Unidos entre 1915 y 1934, y el apoyo a las dictaduras de los Duvalier y a su banda de asesinos llamados “ton ton makouts”.
 
La última fechoría fue el derrocamiento por los marines de Jean Bertrand Aristide en febrero de 2004, el secuestro del presidente legítimo y su exilio forzado en Africa del Sur. El paso siguiente fue la represión salvaje del movimiento por la democracia de Lavalas y la sustitución de los marines por MINUSTAH, “fuerza de estabilización” de la ONU. MINUSTAH consagró el golpe de estado ordenado por George W. Bush y masacró a los habitantes de los barrios humildes “pro-Aristide”, principalmente en Cité-Soleil. En la campaña represiva que tuvo lugar entre 2004 y 2006 fueron asesinados miles de partidarios de Lavalas.
 
¿En qué se diferencia MINUSTAH de un ejército de ocupación? –En nada, salvo que sus soldados no pertenecen al país invasor sino mayormente a países pobres del Tercer Mundo, como el Nepal de los mercenarios gurkhas, que no conocen ni entienden las raíces y características del conflicto y tienen la paga como única o principal motivación. En la historia de los contingentes de la ONU, como en todo ejército de ocupación, el problema del abuso sexual a niños ha sido compañía constante. Un informe de la organización “Save the Children” publicado en mayo de 2008, que denuncia estos hechos, se basa parcialmente en testimonios recogidos en Haití el año anterior. El estudio recoge historias de niños intercambiando sexo por comida, sexo forzado, prostitución y pornografía infantil, y tráfico de niños.
 
Las llamadas “fuerzas de paz” o de “estabilización” de la ONU son financiadas casi totalmente por Estados Unidos y los países de la OTAN y, por tanto, son ejércitos cuya misión no es otra que mantener o restablecer el statu quo en beneficio de las oligarquías locales y de los intereses neocolonialistas.
 
En Haití se está cometiendo un verdadero genocidio, si no por acción, al menos por omisión. La ONU es culpable por negligencia al no tomar las medidas necesarias para impedir la entrada del cólera. Estados Unidos es culpable por abandono, en el mejor de los casos. De los $1.5 billones prometidos después del terremoto, los haitianos no han recibido todavía un sólo centavo. Tal vez tengan razón los que consideran que en el fondo de todo está la obsesión delirante de Washington por impedir que un Haití, independiente y gobernado por un presidente legítimo, se una a los países bolivarianos en el ALBA.
 
(1) Judith Miller et al: “Germs”, Simon & Schuster (2001) p. 40.
(2) Robert Harris and Jeremy Paxman: “A higher form of killing”, Random House (2002), p.77-78.
(3) Robert Harris and Jeremy Paxman: Idem, p. 156.
(4) Andrew Goliszek: “In the name of Science”, St. Martin’s Press, New York (2003), p. 46.
(5) Robert Harris and Jeremy Paxman: Idem, p. 78.
(6) Robert Harris and Jeremy Paxman: Idem, p. 158.
(7) Stephen Endicott and Edward Hagerman: “The United States and Biological Warfare: Secrets from the Early Cold War and Korea”, Indiana University Press (1998), cap. 5.
(8) Jeffrey A. Lockwood: Six Legged Soldiers”, Oxford University Press (2009), p.162.

jueves, 22 de noviembre de 2012

El doble estándar del Imperio y sus crímenes contra los pueblos.

Hillary Clinton, Secretaria de Estado y Kathleen Sebelius, Secretaria de Salud de los Estados Unidos se disculparon con el presidente Álvaro Colom de Guatemala al reconocer que se hicieron experimentos en ese país, infectando con enfermedades, como sífilis y gonorrea, a presos y pacientes de hospitales psiquiátricos. El experimento se hizo con el consentimiento del gobierno de Juan José Arébalo Bermejo (1945-1951).
 Tomado de Tercera Información.

Estados Unidos suele autoproclamarse como un santuario de respeto a los derechos humanos, libertades y democracia, pero en realidad comete crímenes monstruosos contra su propio pueblo y contra los pueblos pobres e indefensos del Tercer Mundo a los que somete a crueles experimentos biomédicos “con fines científicos” con el apoyo y sustento oficial de la Casa Blanca. Esos experimentos científicos con personas vivas son tan criminales como fueron los experimentos médicos de los nazis a los que juzgó y condenó a muerte en el histórico proceso de Nüremberg.

Desde 1932, es decir antes de que los nazis practicaran sus inhumanos y crueles “experimentos” en los campos de concentración, ya en Estados Unidos se efectuaban ese tipo de estudios pseudocientíficos. Uno de los casos de mayor impacto fue el "Experimento Tuskegee", un “estudio clínico” que comenzó en 1932 y que finalizó 1972 en Tuskegee (Estado de Alabama). Consistió en que los servicios públicos de salud americanos utilizaron a 399 hombres pobres de raza negra a los que tuvieron en observación para ver la progresión de la sífilis, si esta no era tratada.

Durante 40 años esas personas infectadas por la sífilis fueron estudiadas y morían en condiciones miserables porque nunca recibieron tratamiento médico situación que condujo a contagios programados a esposas e hijos que, en muchos casos, nacieron con enfermedades venéreas que tampoco fueron tratadas a pesar de que se había demostrado que la penicilina era un antibiótico eficaz contra la sífilis.

Los “científicos” en ningún caso se molestaron, hasta para experimentar, en tratarlos con alguna dosis de ese antibiótico. El experimento Tuskegee fue calificado como "posiblemente, la más infame investigación biomédica de la historia de los Estados Unidos". Esos estudios nada tenían que envidiar a los de los nazis, pero hubo diferencias fundamentales: Los nazis recibieron condenas de muerte por crímenes contra la humanidad, por crímenes de guerra y los estadounidenses posiblemente recibieron honores y reconocimientos. Pero, el "experimento Tuskegee", no fue el único caso de investigación biomédica realizada por los Estados Unidos en el que se utilizó a personas inocentes para experimentar impunemente con ellas. Decenas, quizá miles de investigaciones se habrían llevado a cabo dentro de Estados Unidos, en América Latina, África y Asia, pero muy pocos han sido denunciados públicamente, en tanto que en decenas de países los documentos no existen porque están “extraviados” o han sido suprimidos con la complicidad de gobiernos y autoridades serviles y vendepatria.

Los científicos estadounidenses actuaron con total impunidad ya sea protegidos por su gobierno o porque las personas a quienes convirtieron en conejillos de indias jamás tuvieron oportunidad de enterarse de lo que hacían con ellas o porque debido a su condición de pobreza y abandono nunca reclamaron ni supieron dónde acudir con sus quejas,

Ciertamente que los experimentos de los nazis -en los campos de exterminio- fueron posteriores a los de sus colegas estadounidenses que desarrollaron una serie de experimentos desde la década de los 30s del siglo XX hasta la actualidad, como si para ellos no hubiese sido proclamado el Código de Nüremberg en 1947 que contiene una serie de normas que pretendieron proteger a los seres humanos de cualquier clase de experimentos que se consideren éticamente intolerables. “Pero los científicos estadounidenses no se dieron por aludidos por el código, ya que argumentaban que éste había sido aprobado para evitar las atrocidades nazis y no sus estudios.

Impunes a todo esto y libres de cualquier carga moral de conciencia, los expertos realizaron innumerables experimentos, muchos con los colectivos más desfavorecidos y/o desprotegidos de la sociedad, que se convirtieron en conejillos de indias para realizar todo tipo de investigaciones biomédicas, algunas de trágicas consecuencias. No tuvieron reparo en experimentar con discapacitados, ancianos, presos o enfermos mentales. En manos de científicos sin escrúpulos fueron auténticas cobayas humanas con unas consecuencias devastadoras.

La malaria, la gripe asiática, el paludismo, sífilis o la gonorrea, entre otras muchas, eran enfermedades muy comúnmente estudiadas a través del contagio a personas sin su consentimiento o sin ser conocedoras a lo que se les estaba exponiendo, informaba el periodista Alfred López en Associated Press.

Juan Carlos Tealdi en su estudio sobre El fundamento histórico de las normas éticas Internacionales afirma que la postulación de normas internacionales como el Código de Nüremberg o la Declaración de Helsinki encierra en su significado histórico, sin embargo, al menos dos aspectos de legitimación de las mismas. Por un lado, las normas internacionales son expresión de un consenso pragmático entre naciones o actores sociales que tienen uno u otro grado de representación nacional y por otro lado, las normas internacionales son expresión de un consenso racional entre las partes que construyen las normas.

Anota que El Código de Nüremberg de 1947 es considerado el primer antecedente de relevancia internacional sobre ética de la investigación. El Código fue producto del “Juicio a los médicos”, también llamado el “Caso Médico”, uno de los juicios de Nüremberg contra la Alemania nazi. Ese juicio se abrió el 9 de diciembre de 1946 y tuvo pronunciamiento el 19 de agosto de 1947 con la imposición al día siguiente de la pena de muerte por horca a siete médicos. El veredicto de culpabilidad fue por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, con pruebas documentales de los experimentos.

Los siete médicos nazis condenados a la horca fueron Karl Brandt, Rudolf Brandt, Karl Gebhardt, Joachin Mrugowsky, Victor Brack, Wolfram Sievers y Waldemer Hoven. Los experimentos médicos de los nazis abarcaban desde pruebas de supervivencia bajo situaciones de hambre, congelamiento, infecciones provocadas y exposición a gas mostaza, hasta diversas mutilaciones quirúrgicas y actos de esterilización y eugenesia. Josef Mengele “El Ángel de la Muerte” escapó de la horca porque huyó hacia América del Sur. Vivió en Buenos Aires, luego en Paraguay protegido por el dictador Strossner y finalmente murió en Brasil, sin pagar por sus monstruosos crímenes.

El juicio de Núremberg concluyó con la enumeración de un código de diez puntos sobre ética de la experimentación en humanos conocido como Código de Nüremberg. Irónicamente, las fuentes del mismo fueron las Richtlinien o directivas del Ministerio de Sanidad del Reich alemán relativas a los nuevos tratamientos médicos y la experimentación científica sobre el hombre, promulgadas en 1931.

Por otra parte La Asociación Médica Mundial, que daría lugar a la Declaración de Helsinki, se constituyó en Londres en 1946 y realizó su primera asamblea general en París en 1947. En esa asamblea se trataron un conjunto de resoluciones condenatorias de la conducta adoptada por los médicos en Alemania desde 1933. Sin embargo, sólo a partir de 1953 se discutió la idea de un documento de posición sobre experimentación humana, y así, en 1954, la Asociación adoptó en su 8ª asamblea general la “Resolución sobre experimentación humana: principios para aquellos en experimentación e investigación”.

La Declaración de Helsinki pasó a ser la norma internacional sobre ética de la investigación biomédica que recogió el espíritu del Código de Nüremberg, para perfeccionarlo desde un punto de vista procedimental y sustantivo. A través de sus sucesivas versiones, la Declaración se constituyó en la piedra angular de referencia internacional en ética de la investigación” pero esas normas éticas no existen para los expertos estadounidenses que actúan peor que los nazis.

Durante el siglo XX se hicieron grandes avances en el campo de la medicina, miles de experimentos se realizaron para encontrar vacunas y remedios y así combatir enfermedades y pandemias. Lo más aterrador del asunto es que muchos de esos experimentos se llevaron a cabo con seres humanos. No se tuvo ningún tipo de escrúpulo ante las atrocidades que se llegaron a hacer en nombre de la ciencia.

El “Gen de Dios”, el Pentágono y las vacunas

Las ideologías y doctrinas sustentadas en bases seudocientíficas (biologismo, eugenesia, darwinismo social) no sólo cautivaron (¿cautivan?) a filósofos, médicos y sociólogos. En asuntos de derecho penal, los delitos sociales también suelen ser vistos como “enfermedades”, sostenía el periodista argentino José Steinsleger, radicado en México.

Para José Steinsleger, la experimentación biomédica estadounidense tiende a ejercer el Control Social; modificando la conducta. Dice que primero se trata de que haya respaldo científico para difundir la existencia de un determinado problema de salud y su solución, en este caso el “fanatismo religioso” ocasionado por un gen, el llamado “gen de Dios” pero puede ser cualquier otro invento de la pseudociencia al servicio de los poderosos del mundo,

En 2004, Dean Hamer publicó (ed. Double Day) un libro titulado: “The God gene”, libro, que a finales de 2006, la editorial Esfera de los Libros, lo ha publicado en español. El núcleo del libro lo constituye el trabajo experimental que Hamer y colaboradores hicieron con un grupo de sujetos. Buscaron si en aquellos que mostraban mayor inclinación a la “self transcendence”, al misticismo (en la significación que Hamer da a este término: facilidad para salir de sí mismo, sensación de estar en conexión con un amplio universo y con una mente abierta a sucesos no fácilmente explicables) alguna modificación genética en alguno de los 10 genes que investigaron. El resultado fue que en los individuos con mayor tendencia al misticismo aparecía, con más frecuencia que en los demás, una variante en el gen VMAT2 (variante 3305). Esa variante implicaba un aumento en el número de receptores monoaminérgicos, alguno de los cuales favorece la “self transcendence”. A ese gen es al que ha denominado el “gen de Dios”. A pesar de que la propaganda del libro hace notar que el autor es uno de los más prestigiosos genetistas mundiales, una lectura objetiva de lo que Hamer nos cuenta, no puede menos de detectar graves lagunas e imprecisiones…

Entre otros disparates el “científico” añadía que los ateos carecen de este gen, Hamer no descarta la posibilidad de que el llamado “gen de la fe” haya sido heredado por los cristianos a partir del propio Jesucristo. Aunque parezcan cómicas, estas afirmaciones vienen de la ortodoxia de la ciencia norteamericana, y no surgen por casualidad, sino gracias a las condiciones propicias que existen para este tipo de especulaciones.

El periodista sostiene que el problema es que estas especulaciones, aunque nos perezcan a muchos ridículas, tienen un enorme poder ideologizador y no están ahí por casualidad, pues forman parte de la manera de ver el mundo que predomina y que interesa actualmente en la sociedad, y que consiste básicamente en atribuir a la naturaleza humana y no a la misma sociedad, el origen de las desigualdades, de la injusticia y de la violencia.

Luego viene la industria farmacéutica a trabajar codo a codo con el complejo militar-industrial de los Estados Unidos. Entre los experimentos con seres humanos en el año 2005, un científico expone en instalaciones del pentágono, sobre el proyecto de crear una vacuna que inhiba (mediante virus) el llamado GEN DE DIOS o GEN VMAT2.

El científico hablaba de aplicar el virus en vacunas, especialmente la de la gripe, para cambiar la conducta de los “fanáticos religiosos”, mediante el bloqueo del gen VMAT2, y apunta a la gente de Afganistán. Sin embargo, con esto nos queda clarísimo lo que ya sabíamos. Están usando las vacunas como armas biológicas y con el fin de controlar a la población ya no sólo enfermándola, sino que cambiando sus conductas. Es condenable que se experimente o se manipule la salud de un sólo individuo pero, ¿de verdad creemos que esta vacuna está enfocada únicamente para eliminar el “fundamentalismo religioso” de los musulmanes? Con ellos se prueba, como lo han hecho con otros fármacos y experimentos en África o en América Latina e incluso en sus propios ciudadanos. El objetivo somos toda la población mundial que tiene que ser controlada por los Amos del Mundo que son el verdadero peligro para la humanidad, sostiene José Steinsleger.

En su estudio añadía que los primeros experimentos médicos con humanos tuvieron lugar en Namibia, colonia alemana de África occidental. Allí, el secretario de la oficina colonial del Reich, Bernard Dernburg (1865-1937), banquero, político liberal y miembro de una influyente organización judía, concibió un sistema para liberar al negro de sus “…defectos físicos… y de este modo su espíritu se abrirá a la influencia beneficiosa de la naturaleza superior”.

En 1913, el antropólogo Eugen Fischer (1874-1967), publicó el estudio “Los bastardos de Rehoboth” (comunidad de Namibia), donde intentó demostrar “el predominio de una raza prehistórica en tiempos históricos”. Gran amigo del filósofo Martin Heidegeer, Fischer fue uno de los responsables del exterminio de judíos y enfermos mentales durante la Segunda Guerra Mundial.

Afirmaba que en poco más de medio siglo, las fantasías del doctor Frankenstein echaron raíces profundas en los estamentos científicos, políticos y económicos de la cultura occidental. El menú “científico” para experimentar a escala individual o en masa con seres humanos, quedó listo: biologismo, racismo, higiene racial, eugenesia y darwinismo social. La eugenesia al servicio del “libre comercio” y la industria bélica Cuando en 1993, con base en expedientes secretos desclasificados, la periodista Eileen Welsome documentó la historia de casos de radiación en niños huérfanos y mujeres pobres indefensas durante la llamada “Guerra Fría”, la secretaria de Energía Hazle 0’Leary quedó vivamente impresionada.

Entonces, el gobierno de William Clinton formó una comisión para investigar los casos denunciados por Welsome: 18 adultos irradiados con plutonio, 73 niños de una escuela de Massachusetts que ingirieron radioisótopos radioactivos en la avena del desayuno, una mujer inyectada con plutonio por los médicos del Proyecto Manhattan (el de la bomba atómica, 1945), 829 mujeres negras embarazadas de una clínica de Tennessee que bebieron cócteles vitamínicos con hierro radioactivo, etcétera (The Plutonium files, Dialy Press, 1999).

Simultáneamente, la profesora Susan Reverby (Wellesley Collage, Massachusetts), descubría los archivos del cirujano John Charles Cutler (1915-2003), responsable de los experimentos médicos en más de 1.500 personas entre soldados, reos, pacientes psiquiátricos, prostitutas y niños de Tuskegee, localidad Alabama (1932-72). Y de los archivos de Tuskegee, saltaron los experimentos sobre sífilis y gonorrea en 1.500 guatemaltecos (1946-48), en el marco de un programa patrocinado y ejecutado por el Departamento de Defensa durante el gobierno de Harry Truman.

Álvaro Colom, presidente de Guatemala, calificó de “espeluznantes” y de “crímenes de lesa humanidad” los experimentos realizados por médicos del servicio de salud pública estadunidense, y en octubre pasado la secretaria de Estado Hillary Clinton pidió perdón en nombre de su gobierno. El presidente Barak Obama, inclusive, se puso en contacto telefónico con Colom, expresando su “profundo pesar” por lo sucedido.

Los casos de Tuskegee y Guatemala guardaban antecedentes en el empleo de ciudadanos estadunidenses y extranjeros para investigaciones similares con el virus de la malaria, el VIH, el ébola, radiaciones nucleares y drogas alucinógenas como el LSD y otras. Un caso famoso y muy comentado tuvo lugar en 1919, en la prisión de San Quintín, donde el médico residente Ll. Stanley experimentaba con los presos más ancianos.

En pleno apogeo del llamado “movimiento eugenésico”, Stanley quería demostrar que se podía devolver a los viejos el vigor sexual, y para ello realizaba trasplantes de testículos provenientes de ganado o de presos más jóvenes recientemente ejecutados. En noviembre de aquel año, el Washington Post publicó un informe alabando los progresos realizados por Stanley para “…restaurar la juventud primaveral, el rejuvenecimiento del cerebro, el vigor de los músculos y la ambición del espíritu”.

En 1935, el servicio de salud pública decidió actuar contra el pelagra (una deficiencia de niacina) después de observar durante 20 años los estragos mortales del mal en la población negra azotada por la pobreza. En 1940, 400 presos de Chicago fueron infectados con malaria para probar los efectos de nuevas drogas contra esa enfermedad A finales del decenio de 1940, el gobierno estadunidense prohibió los experimentos radioactivos con humanos, y a mediados de los años 70 excluyó a los presos y enfermos mentales de cualquier experimento médico… oficial. Pero la cosa queda en mera denuncia si los experimentos son impulsados por fundaciones y laboratorios privados. Así se explica la inusual petición de perdón a los afroamericanos y guatemaltecos, víctimas del servicio público de salud y la Oficina Sanitaria Panamericana, hoy conocida como Oficina Panamericana de la Salud.

El comunicado oficial de Washington dice así: “A medida que avanzamos para comprender mejor este atroz suceso, reiteramos la importancia de nuestra relación con Guatemala y nuestro respeto por su pueblo, así como nuestro compromiso con las normas éticas más exigentes en la investigación médica”.

Sin embargo, a las mujeres de Uganda y Nigeria embarazadas que fueron infectadas por el laboratorio estadunidense Pfizer con el virus del VIH, se les negó el fármaco AZT contra el SIDA, mientras que a 11 niños con meningitis de Uganda se les hizo probar el antibiótico “Trovan”, cuando no se tenía conocimiento de su eficacia. Fallecieron 11 niños y Pfizer se limitó a indemnizar a Nigeria con 75 millones de dólares. Pero en ningún momento reconoció haber cometido irregularidad alguna.

A los puertorriqueños les ha ido peor. Según la investigadora Marta Villaizán Montalvo, el primer experimento humano se realizó en la colonia yanqui en 1904, con un total de 1.158 casos que aparecen citados en la página oficial del Instituto Nacional de la Salud. El más famoso fue el del líder independentista Pedro Albizú Campos (1891-1965), sometido a radiaciones en la cárcel La Princesa de San Juan.

Los experimentos médicos y no médicos con humanos continúan realizándose día tras día en el mundo, y a pesar de los cuatro delitos capitales imputados por el tribunal de Nüremberg a los nazis (1945-46). Tales delitos son: 1) crímenes de guerra (asesinatos, torturas y violaciones); 2) crímenes contra la humanidad (exterminio y muerte en masa); 3) genocidio (contra grupos étnicos determinados), y 4) de agresión premeditada para alterar la paz y la seguridad de los estados soberanos.

Por su parte, Sergio Barrios Escalante en Alai-amlatina cita a Fritjtjof Capra quien decía: “Muchos de los principales genetistas de nuestros días son propietarios de compañías de biotecnología o tienen lazos estrechos con ellas. La motivación subyacente en la ingeniería genética no es ya el avance científico, la lucha contra las enfermedades o la eliminación del hambre de la faz del globo, sino la carrera por asegurarse unos beneficios económicos sin precedentes”.

Luego añadía: La revelación hecha pública por la investigadora norteamericana Susan Reverby, a través del estudio intitulado “Sífilis por exposición normal e inoculación: un médico PHS Tuskegee en Guatemala, 1946-1948”, ha sacado a luz las viejas prácticas nazistoides realizadas por Estados Unidos en países tradicionalmente considerados como su “traspatio”, es decir América Latina”.

El escándalo generado a nivel mundial por dichas revelaciones, obliga a vigilar y castigar las prácticas criminales y anti-éticas de investigación médica patrocinadas por Estados Unidos y otros países desarrollados con grandes intereses económicos en empresas y agencias transnacionales privadas dedicadas a la farmacología y a generar productos de laboratorio. Esas transnacionales del crímenes colectivo son responsables de la biopiratería que asola a los pueblos de América Latina desde hace muchas décadas.

En el caso guatemalteco descubierto por Reverby, la repulsa de la opinión pública se ha hecho mayor al conocer ciertos detalles espeluznantes y revulsivos, tales como saber que hasta niños de orfanatos (incluyendo a enfermos psiquiátricos, prostitutas y soldados de bajo rango), estuvieron sistemáticamente expuestos a los llamados métodos de “sifilización”, que tenía como objetivo probar la respuesta del cuerpo humano al “material infeccioso fresco”, para exacerbar la repuesta del organismo y así conocer las manifestaciones y procesos de infección y reinfección.

Los experimentos científicos realizados por EEUU y otras potencias, bajo la nebulosa de oscuros, ambiguos y anti-éticos objetivos no se limitan a lo descubierto por la citada investigadora, y hay que recordar que forman parte de una larga tradición que continúa en muchos lugares hasta el día de hoy.

Basta con recordar las cuestionadas actividades del Instituto Lingüístico de Verano (ILV), que en los años sesenta desarrolló sospechosas e imprecisas “investigaciones de campo” en diversas partes de América Latina, tales como en diversas zonas rurales de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Centro América.

Cabe recordar que durante los años setenta circularon múltiples noticias y sospechas sobre la implementación de programas secretos de esterilización masiva, llevados a cabo en muchas poblaciones indígenas y campesinas de latinoamericanas.

En los años ochentas y noventas, con el inicio del auge de la biotecnología y la ingeniería genética, la bióloga Mae-Wan Ho denunció los graves riesgos que implicaban para la salud humana y para numerosas especies animales y vegetales, la realización de experimentos a gran escala relacionados con el diseño de nuevos organismos genéticamente modificados (OGM).

El mismo tipo de denuncias ha realizado profusamente en los últimos años la investigadora Silvia Ribeiro, al señalar la irresponsabilidad de numerosos centros y laboratorios de investigación, en producir y comercializar en gran escala alimentos de consumo básico (como leche producida en base a la hormona transgénica denominada “Somato-Tropina Bovina”, por ejemplo), bajo condiciones de alteraciones genéticas con alto potencial de riesgo para la salud.

De acuerdo con Ribeiro, la hormona transgénica no sólo enferma al ganado, sino además, provoca en la leche una elevación de otra hormona denominada IGF-1 (“Factor de crecimiento insulínico tipo 1), que estaría asociada con el surgimiento de cáncer de seno, próstata y colón.

La Defensoría del Pueblo del Ecuador, recientemente denunció que “expertos” estadounidenses robaron y comercializaron el ADN de los Waorani, un pueblo originario de la Amazonía ecuatoriana ¿Y qué podemos decir sobre la vacuna contra el virus de la gripe porcina? Al respecto, llamó poderosamente la atención la exagerada alharaca que se armó tomando a la ciudad de México (D.F.) como centro de “supuesta irradiación mundial”, alarmismo que un año después de la supuesta “primera gran crisis de pandemia viral” del siglo XXI”, la Comisión Europea reconoció (en mayo del 2010), que había sido intencionalmente exagerada.

¿Cuáles fueron las verdaderas razones para ello? ¿Fueron razones estrictamente comerciales o de inescrupulosa experimentación secreta? Hay que recordar que surgieron muchas voces advirtiendo que la vacuna contra la gripe A1-HN1, muy probablemente podría contener ciertos componentes químicos de dudosos efectos.

Estas voces de advertencia sin embargo no fueron tomadas en cuenta por los grandes medios de comunicación, y lejos de ello, una vez que el pánico viral había quedado plenamente “inyectado” en la mente de millones de personas, muchos gobiernos empezaron a adquirir monumentales pedidos de la citada vacuna, sin que hasta el día de hoy se sepa a ciencia cierta si este compuesto anti-viral puede o no afectar en alguna medida la salud de niños y adultos.

Es de suponer que si la OMS ha facilitado la distribución de esta vacuna en numerosos países, ello constituye (o debería de constituir) una garantía suficiente. Pero aparte de esta agencia intergubernamental, ¿hay alguna comisión científica de alto nivel e independiente que haya avalado la solvencia médica de tal vacuna?

Sergio Barrios Escalante, Científico Social, investigador, ensayista y escritor, en la Edición No. 63 de la revista virtual Raf-Tulum, al referirse al caso de Guatemala se preguntaba ¿cuántas cosas aberrantes hechas por USA y gobiernos títeres han pasado y están pasando en la actualidad? eso no lo divulgarán ni pedirán disculpas hipócritas.

Al criticar los experimentos criminales realizados por Estados Unidos expresaba que la infección deliberada de enfermedades en individuos y el estudio de los efectos de antivirales, sicotrópicos y sustancias diversas en seres humanos sin su consentimiento han sido actividades ampliamente documentadas en Estados Unidos y en otras partes del mundo y conocidas desde hace tiempo por la opinión pública internacional, la declaración realizada por la administración de Barack Obama pone en perspectiva factores adicionales de agravio en lo que, de suyo, es una práctica inhumana y criminal: el experimento referido se desarrolló en un país extranjero, con la aparente connivencia del gobierno local –según consta en los documentos disponibles–, en contra de una población particularmente vulnerable –en su mayoría presos y enfermos mentales, muchos de ellos sometidos a la prueba con engaños– y en condiciones de descontrol y opacidad tal que hasta la fecha no se sabe cuántos de los infectados recibieron atención, ni cuántos de ellos murieron.

Estos hechos no podrán, pues, ser subsanados por una disculpa como la que el mandatario estadunidense ofreció al guatemalteco: ambos gobiernos deberán llevar a cabo las investigaciones correspondientes, y emprender las sanciones que ameriten y las medidas de reparación del daño hacia las víctimas y sus familias.

Por lo demás, es importante señalar que el episodio de Guatemala tuvo como correlato otro de mucho más largo aliento: el “estudio clínico” desarrollado entre 1932 y 1972 por los servicios públicos de salud estadunidenses en Tuskegee, Alabama, que consistió en infectar de sífilis a unos 600 negros presos que no recibieron tratamiento alguno, un experimento no muy distinto a los aplicados por el criminal de guerra nazi Josef Mengele en el campo de concentración de Auschwitz. Respecto de este estudio –al final del cual sólo unos 70 presos continuaban con vida– el ex presidente Bill Clinton ofreció una disculpa a las víctimas y sus deudos.

Andreu Martí en Rebelión expresaba una gran verdad al decir que es sabido que las empresas farmacéuticas experimentan sus fármacos con seres humanos en África y América Latina. No importa que mueran miles y miles de hombres, mujeres y niños si con ello se garantiza la medicación en el “mundo desarrollado”.

Pero no es tan conocido que el gobierno de los EEUU tiene a sus propios ciudadanos y a su propio territorio como cobayas para experimentar productos químicos y biológicos. Y con la misma consecuencia: miles y miles de muertos.

Cabe agregar que esas cobayas humanas no son anglosajonas. Son pobres, miserables, negros, inmigrantes hispanos, asiáticos, árabes, africanos. Son los condenados de la tierra como diría Franz Fanon. El arsenal de la guerra químico-bacteriológica del imperio, en gran parte son el producto de investigaciones ilegales e inmorales efectuadas con elementos de la biodiversidad de América Latina y probadas con sus pueblos e incluso con personas de nacionalidad estadounidense.

El imperio, desde varios años atrás, y por encima de la Convención para la Prohibición de Armas Químicas y Bacteriológicas, estableció en el Perú, (en Lima y la amazónica Iquitos), modernos laboratorios en los que realizan secretas investigaciones con el objetivo de enriquecer los estudios biológicos con fines militares.

Para encubrir las verdaderas finalidades de esos laboratorios se han firmado convenios entre el Centro o Instituto de Investigaciones de Enfermedades Tropicales -NMRCD del Centro Médico Naval –CMST- y Centros de Estudios Superiores del Perú como la Facultad de Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. El NMRCD o Medical Research Center que funciona en Lima está dirigido por un Oficial de la “Navy” con status diplomático asignado a la Embajada de Estados Unidos en la capital peruana como tantos otros jefes, directores o agentes de la CIA, de la Agencia de Seguridad Nacional o de algún otro organismo de espionaje.

Y más grave es que el NMRCD realiza experimentos con seres humanos “voluntarios” de la población local de Lima, de Iquitos o de cualquier parte. Los “voluntarios” son convertidos en conejillos de indias por módicas sumas de dinero y qué importa si las vidas se pierden, si sólo son hispanos subdesarrollados o personas de segunda o tercera categoría.

Los laboratorios están equipados con máquinas de últimas tecnología para realizar todo tipo de investigaciones que pueden ser utilizadas para la guerra bacteriológica. Una de las ramas de mayor atención del equipo, es la Microbiología con modernos enfoques basados en la teoría molecular.

El investigador y analista Alfredo Embid señalaba que:
  • Los experimentos se realizan preferentemente en países extranjeros empobrecidos
  • Los experimentos siempre son dirigidos y realizados por una o varias instituciones y organismos médicos “respetables”.

    • Los experimentos humanos se realizan prácticamente siempre en una población no blanca; negros, latinos, indios, etc.

      • Los experimentos se realizan preferentemente sobre poblaciones indefensas

        • Los sujetos de los experimentos están desinformados y son engañados

          • Los responsables siempre tienen excusas para justificar su comportamiento criminal

            • Transcurren décadas antes de que las atrocidades se den a conocer

              • Las autoridades responsables presentan disculpas décadas después, cuando la mayoría de los cobayas humanos han muerto.

                • Se tranquiliza a la gente diciendo que los expertos investigan el caso

                • Los portorriqueños también han sido utilizados por años como “animales de experimento" por parte del gobierno de Estados Unidos según el doctor Héctor Pesquera Sevillano, presidente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH).

                  “Lo ocurrido en Guatemala ha sido una realidad durante décadas en Puerto Rico país al que  Estados Unidos ha utilizado como un laboratorio experimental bacteriológico y químico”... “Eso que ha ocurrido en Guatemala hay que enmarcarlo en el contexto de las prácticas abominables de lo que hace Estados Unidos en sus colonias y neocolonias”.

                  Los experimentos se realizaron en los montes Toro Negro, en el centro de la Isla, y en El Yunque, en el oriente. “En el caso de la isla de Vieques se experimentó con distintas sustancias, desde el agente Naranja al uranio empobrecido y radiaciones nucleares”. La isla de San José, en Panamá, fue uno de los lugares donde se realizaron inmorales experimentos biomédicos. El Regimiento de Infantería 295, compuesto por soldados portorriqueños fue rociado deliberadamente con gas mostaza mientras realizaba maniobras en las selvas de ese país.

                  Los experimentos se realizan preferentemente en países extranjeros no “pobres”, como suelen calificarse, sino empobrecidos.

                  En muchos países del tercer mundo (empobrecidos) se han experimentado vacunas con sustancias toxicas y anticonceptivas sobre su población. Las multinacionales realizan experimentos, exclusivamente, con fines económicos. Según un informe del United States Department of Health and Human Services el 80% de los fármacos aprobados en 2008 estaban basados parcialmente en estudios realizados fuera de EEUU.

                  En muchos países del tercer mundo se han experimentado vacunas con sustancias toxicas y anticonceptivas sobre su población. A comienzos del siglo XX el caso de la pelagra es muy significativo en Estados Unidos. Incontables individuos murieron de pelagra o de los tratamientos tóxicos que se experimentaban con ellos.

                  Con la píldora anticonceptiva sucedió lo mismo. Fue experimentada por el laboratorio norteamericano Searle (luego absorbido por Monsanto) en un centenar de portorriqueñas pobres y a las que murieron ni siquiera se les hizo la autopsia. .

                  “Idéntica situación nos encontramos con los experimentos de psiconeurocirujía. El Dr. Peter Breggin ha denunciado que los cobayas de elección eran pacientes psiquiátricos, pobres, negros y mujeres”, según documentos e informes elaborados por especialistas denunciantes. .

                  Los experimentos se realizan preferentemente sobre poblaciones indefensas al peor estilo de los médicos nazis que fueron ahorcados por crímenes contra la humanidad. Una crónica especializada reseña: “Antes de la Segunda Guerra Mundial, los experimentos con seres humanos en EEUU eran ya una práctica corriente. Lo mismo que en la Alemania nazi.

                  En 1931 los médicos del Instituto Rockefeller inoculaban células de cáncer a seres humanos.

                  En 1932 comienza la operación Tuskegee para el estudio de la sífilis. Esta “operación “duró décadas. Se comenzó con 600 negros, y durante 40 años a 400 de ellos se les inoculó la sífilis para ver su evolución frente a los otros 200 “sanos”. Conforme iban muriendo, el gobierno ofrecía a las familias entierros gratuitos a cambio de autopsias. En 1940 se experimenta con 400 presos de Chicago, que son infectados de malaria y tratados con medicamentos experimentales. Los nazis pusieron como ejemplo este tratamiento para justificar su propio genocidio cuando fueron acusados en Núremberg.

                  En 1942 se hacen experimentos con gas mostaza en 4.000 soldados. También se experimenta con nanonitas (amish) a cambio de librarse del servicio militar. Nadie era sabedor de las consecuencias de la pruebas a que eran sometidos.

                  En 1944 la Marina prueba máscaras y ropa antigás; los “cobayas humanos” eran encerrados en una cámara de gas y rociados con gas mostaza. ¿Les suena a algo?

                  En 1995 el gobierno admite que ofreció sueldos y medios para seguir con sus investigaciones a los científicos criminales de guerra japoneses que habían experimentado con seres humanos.

                  Finalizada la Segunda Guerra Mundial, con el comienzo de la Guerra Fría, los experimentos con seres humanos en los EEUU alcanzaron cotas increíbles

                  Realizaron experimentos con sus propios soldados a los que los expusieron a gas mostaza, gas nervioso, radiación de iones, psicoquímicos, alucinógenos y drogas y a una serie de armas químicas y biológicas.

                  En 1994 el Dr. Garth Nicolson en el Centro del Cáncer MD Anderson en Houston, descubre que los veteranos de Irak fueron inoculados con Micoplasma Incognitus, un microbio normalmente usado en la producción de armas biológicas.

                  En 2003 dos abogados denunciaron que a los pilotos en Afganistán se les suministra anfetaminas para evitar la fatiga, en detrimento de su capacidad de concentración.

                  En 1990, se experimentó con 1.500 bebés negros e hispanos de 6 meses de edad en Los Angeles. Es una vacuna contra el sarampión aún no autorizada.

                  En los años de la Guerra Fría se experimentó con niños deficientes de Massachusetts. Se les dio de comer alimentos radiactivos. A niños huérfanos con HIV de Illinois, New York, Maryland y Texas se les suministró fármacos experimentales contra el sida en los años 90 del siglo pasado. Si el niño mejoraba, la prueba era positiva; si el niño moría, la prueba era negativa. Los diagnósticos oficiales a los niños que morían eran neumonía o envenenamiento en la sangre. La mayoría de niños eran latinos o negros o blancos pobres

                  Experimentaron con LSD como agente químico paralizante. En 1965 comienza el Proyecto MKSEARCH, que estudia las reacciones humanas ante drogas sicodélicas. El proyecto MKOFTEN, iniciado al año siguiente, trata de comprobar los efectos toxicológicos de ciertas drogas. En 1965 se aplica dioxino a los presos de la Prisión Estatal de Holmesburg en Filadelfia. El dioximo es un componente cancerígeno del Agente Naranja que se estaba utilizando en Vietnam. Se estudian los casos que desarrollan cáncer.

                  En 1970 se da a conocer la existencia de “armas étnicas”, que actúan y eliminan colectivos determinados.

                  También están afectados los mineros que trabajaron en minas de uranio, a los que se suministró medicamentos radiactivos.

                  En 1981 aparecen los primeros casos de SIDA entre la comunidad homosexual de New York, Los Angeles y San Francisco. Tres años antes se habían hecho pruebas con una vacuna de Hepatitis B, requiriendo especialmente hombres homosexuales promiscuos.

                  Esta es una crónica relatada año por año de los distintos experimentos e investigaciones (algunas de ellas Top Secret, y otras no tanto) llevadas a cabo por los Estados Unidos de América en el campo de la salud, para ser utilizados posteriormente como armas letales alternativas.”

                  Todos los documentos e informes demuestran que Estados Unidos mantiene inalterable el doble estándar: Por un lado dice defender los derechos humanos y por otro comete monstruosos crímenes más execrables que los cometidos por los nazis.
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                  Más ejemplo: buscar caso: La Operación Whitecoat.

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