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jueves, 26 de abril de 2018

Fidel: Los pueblos victoriosos son pueblos generosos (Parte ll)


Tomado de Razones de Cuba.
Por Miguel Angel García Alzugaray.

Desde mayo de 1961, apenas unas semanas después de la agresión, el Primer Ministro del gobierno revolucionario, Fidel Castro Ruz, había expresado la disposición a devolver a Estados Unidos a todos los prisioneros, a cambio de que Washington accediera a indemnizar materialmente a la Isla. Tres días después, el 20 de mayo, quedó constituido el Comité de Prisioneros que viajaría a Estados Unidos para gestionar la libertad de los integrantes de la Brigada.
El gobierno de John F. Kennedy no quiso participar, de manera oficial, en este proceso; por lo que el asunto quedó en manos de la iniciativa privada que se agrupó en el llamado Comité Roosevelt, el cual no pudo dar una rápida solución al problema.

miércoles, 25 de abril de 2018

Fidel: "Los pueblos victoriosos son pueblos generosos"


Tomado de Razones de Cuba
Por Miguel Angel García Alzugaray.
Transcurridos 57 años desde la aplastante victoria sobre el imperialismo yanqui en Playa Girón, resulta importante rememorar una serie de momentos vinculados a la misma, que resaltan el humanismo y la generosidad de la Revolución y sus líderes, y en particular del invicto Comandante en Jefe Fidel Castro.

martes, 17 de abril de 2018

RODOLFO WALSH, el hombre que le ganó a la CIA


Tomado de Facebook de Marissa Sedova

1961... Walsh intercepta y decifra un cable proveniente de los gusanos cubanos en Guatemala en el que se avisa de la invasión a las playas de Bahía de Cochinos. 
El hombre que amaba jugar ajedrez, lo hace una semana antes de que se produzca. Esto le da tiempo a la Cuba revolucionaria a recibirla con todo, a sangre y fuego.

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, cuenta en primera persona lo que ocurrió:

lunes, 4 de septiembre de 2017

Vigencia de la Primera Declaración de La Habana

Tomado de Razones de Cuba
Fuente original: Radio Habana Cuba (RHC).
Por Jorge Wejebe Cobo.

La preparación de la invasión de Playa Girón tomó un impulso a finales de agosto de 1960, mientras en San José de Costa Rica se realizaba la reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA), para condenar a Cuba por su presunta exportación de la revolución a la región.

Los cancilleres de Nicaragua y Guatemala, junto a otros representantes de gobiernos títeres, se mostraron muy activos en la reunión preparada para justificar la futura agresión en la que se sancionaba a la Isla  por ser supuestamente instrumento de la URSS y de la República Popular China en el continente.

Al mismo tiempo, en esos países centroamericanos se entrenaban bajo la dirección de la CIA los miembros de la brigada mercenaria,  con la complicidad de sus respectivos gobiernos.

martes, 18 de abril de 2017

Cuba recuerda inicio de invasión mercenaria por Playa Girón


Tomado de Tercera Información
arc/evm

Cuba recuerda hoy el inicio de la invasión mercenaria por Playa Girón, hecho que constituyó la prueba de fuego de la naciente Revolución socialista cubana, hace 56 años.

Tres días y dos noches de intensos combates bastaron para derrotar en 1961 la agresión orquestada desde Washington y ejecutada por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA por sus siglas en inglés) para revertir el proceso de cambio iniciado el 1 de enero de 1959.
La aventura militar involucró a más de mil 500 mercenarios entrenados, armados y equipados por la CIA y el Pentágono, agrupados en siete batallones -cinco de infantería, uno de paracaidistas y otro de armas pesadas- y el apoyo directo del Ejército estadounidense.
El propósito fue ocupar una cabeza de playa donde establecer un gobierno provisional que solicitaría inmediatamente el reconocimiento y la intervención de Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos.

Previamente al desembarco por ese punto del centro sur de la isla, ocho aviones B-26 camuflados con falsas insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria atacaron simultáneamente en La Habana, la base aérea de San Antonio de los Baños y la pista de Ciudad Libertad, así como el aeropuerto de Santiago de Cuba.
El 16 de abril de 1961, en el sepelio de las víctimas de esa agresión efectuada en la mañana del día anterior, el Comandante en Jefe Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución cubana, la 'de los humildes, por los humildes y para los humildes'.
En conmemoración de ese suceso, representantes de organizaciones juveniles junto a veteranos combatientes de Cuba se reunieron ayer en el Cine 23 y 12, en las cercanías del lugar donde el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, dio a conocer esa proclama ante miles de personas que la secundaron.
Desde ese momento, miembros del Ejército Rebelde, la unidad de tanques de Managua, las milicias obreras, campesinas y estudiantiles, el Batallón de la Policía, integrantes de la Escuela de Responsables de Milicias, y de la Fuerza Aérea Revolucionaria, acudieron a sus trincheras para defender la Revolución Socialista.
El 17 de abril se iniciaron los combates que culminaron dos días después con la primera gran derrota del imperialismo estadounidense en América Latina.
A 56 años de la invasión a Playa Girón, Cuba se empeña en otra batalla formidable, por su complejidad y urgencia, con el propósito superior de actualizar su modelo económico y social para consolidar un socialismo próspero y sostenible.

martes, 28 de febrero de 2017

Cuba y EEUU antes de Girón

Imagen relacionada
Tomado de La Pupila Insomne
Por Fabián Escalante


“Fidel Castro, bajo la influencia de sus colaboradores más cercanos, particularmente su hermano Raúl y el Che Guevara, se han convertido al comunismo. Cuba se prepara para exportar su revolución a otros países del hemisferio y generalizar la guerra contra el capitalismo”.1
Con esta lapidaria frase, la CIA condenaba a muerte a la Revolución Cubana.
Días más tarde, el 11 de diciembre, el coronel King escribía un memorándum confidencial al jefe de la CÍA en el que afirmaba:
“En Cuba existe una dictadura de extrema izquierda, que si se le permite mantenerse, estimulará actividades similares contra posiciones norteamericanas en otros países de La­tinoamérica”.2
King recomendaba varias acciones para solucionar el “problema cubano”, una de las cuales era la elimina­ción de Fidel Castro, afirmando que “ninguno de los restan­tes dirigentes cubanos atraía a las masas de manera tan hipnótica, por lo que muchos conocedores de la situación política en la Isla piensan que la desaparición de éste aceleraría considerablemente la caída del actual régimen”.3
Allen Dulles, jefe de la CIA, presentó en los días siguientes el memorándum de King al Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, en cual aprobó la sugerencia de formar un grupo de trabajo en la Agencia que en un corto plazo diera “solucio­nes alternativas al problema cubano”. Así nació el proyecto “Bumpy Road” o “Camino de las dificultades”, que sería monitoreado por el Consejo Nacional de Segundad que estaba presidido por Richard Nixon e integrado por el almirante Arlington Burke, Livingston Merchant, del Departamento de Estado; Gordon Gray, asesor de Seguri­dad, y Allen Dulles por la CIA.
El alto mando de la Agencia designó al experimentado Tracy Barnes como jefe de la Fuerza de Tarea Cubana. Barnes convocó una reunión el 18 de enero en sus oficinas situadas en Quaters Eyes, unos barracones cercanos al monumento a Lincoln, en Washington, que la Marina había prestado mientras se construían las nuevas edificaciones de Langley. Allí concurrieron el nada convencional Howard Hunt, futuro jefe del equipo de Watergate; el autosuficiente Frank Bender, ami­go de Trujillo; Jack Engler, quien venía directamente de Venezuela donde dirigía el grupo de la CIA, David A. Phillips, especialista en guerra sicológica, y otros.
El equipo que tuvo bajo su responsabilidad los planes para derrocar al régimen de Jacobo Árbenz, en Guatemala, en 1954, estaba nuevamente reunido, y en las cabezas de todos se encontraba la repetición del mismo programa. Barnes habló durante largo rato de los objetivos a alcanzar. Explicó que el vicepresidente Richard Nixon era el “oficial del caso” cubano, quien había reunido a un importante grupo de hombres de negocios, encabezados por George Bush y Jack Crichton, ambos petroleros de Texas, para la recaudación de los fondos necesarios de la operación. Con padrinos así, afirmó Barnes, era imposible fracasar.
Se pusieron a trabajar de inmediato. Presumían que la Revolución Cu­bana no resistiría una acción combinada de guerra sicológica, presiones diplomáticas y económicas, operaciones clandestinas, respaldadas por una estructura política inte­grada por hombres del exilio, quienes, llegado el caso, declararían un gobierno en armas, al cual Estados Unidos y sus aliados reconocieran y ayudaran públicamente.
Sin embargo, existían varios inconvenientes. Uno de ellos, el principal, consistía el arraigo de Fidel Castro en la población cubana. Por ello, su eliminación física fue considerada una de las prioridades de la CIA desde el primer momento.
También se encontraba el hecho de que Cuba no tenía países fronterizos desde los cuales dirigir y organizar inva­siones de fantoches. El grupo operativo analizó en detalle esta peculiaridad, y se propuso finalmente la estrategia del “alzamiento generalizado”, que consistía en sublevar a todo el pueblo cubano para legalizar una intervención militar.
Dos elementos sustanciales del programa a emprender debían ser la organización de una “responsable oposición del exilio” y la infiltración de varias decenas de agentes en la Isla que, convenientemente entrenados, se pondrían a la cabeza de la contrarrevolución y propinaran el golpe mortal.
Así de fácil y elemental veían estos especialistas el crimen premeditado que fraguaban contra la Revolución. Estaban convencidos que la Conspiración Trujillista y el intento golpista de Huber Matos habían fracasado por errores humanos en el planeamiento de las acciones. Esta vez las cosas serían distintas, pues el mismo imperio sería el encar­gado de proyectar la ejecución de la operación.
Una de las primeras ocupaciones de Howard Hunt tan pronto llegó a Miami fue la de buscarse un ayudante eficiente. Eligió a Bernard Baker, un agente de la CIA que meses antes había ayudado a Manuel Artime a huir de Cuba. También habló con los batistianos, organizados en la Cruzada Anticomunista. Ellos eran una poderosa fuerza que no podía ser obviada. Además,” J. C. King lo había instruido para que diera una atención prefe­rente a este grupo. Allí se encontraban personas que tenían muy buenas relaciones en Norteamérica y con las cuales podría hacer negocios cuando su causa triunfara. Hunt había escalado hasta el tope de sus posibilidades en la CÍA y sabía que no tendría oportunidades para ser jefe de División; por eso, esta misión le venía como anillo al dedo. Cumpliría con la Agencia y se prepararía para la nueva vida de hombre de negocios que avizoraba después de la caída del “régimen de Castro”.
Sin embargo, Langley tenía otros planes. Tracy Barnes y Frank Bender conocían que los batistianos estaban muy desprestigiados en Cuba y en América Latina. Sus fechorías fueron tales, que nadie con un nivel elemental de juicio los apoyaría. Sabían, además, de las aspiraciones de J. C. Kingy su pandilla, por lo que buscaron sus propios candidatos. Existían tres hombres que les agradaban en particular por­que representaban diferentes generaciones de políticos cubanos: uno, Tony Varona, el otro, Manuel Artime Buesa y el tercero era el desertor Pedro Luis Díaz Lanz, quien había sido jefe de la fuerza aérea rebelde.
Los intereses personales enfrentaron a los operativos de la CIA. Finalmente se concluyó un trato: en el frente político estarían representadas todas las tendencias del exilio, in­cluidos los batistianos. Howard Hunt respiró más tranquilo; sin embargo, aún continuó cuestionando la decisión de Barnes y Bender de no darles un trato preferente a los batistianos.

El 4 de marzo de 1960 explotaba en la bahía de La Habana el buque de bandera belga La Coubre, que traía armas y municiones destinadas a la defensa de la Revolu­ción. Fue una operación de la CIA, mediante la cual varios saboteadores penetraron al buque en su puerto de origen y colocaron explosivos detonantes por un dispositivo de alivio de presión, que funcionaría cuando la carga fuera movida en su lugar de destino. Setenta y cinco muertos y más, de 200 heridos fue el saldo de aquella agresión. Todo el pueblo, en impresionantes honras fúnebres, despidió a los caídos en una guerra que comenzaba y todavía no había sido declarada;
Al día siguiente, Richard Bissell se reunía con los integran­tes del grupo operativo cubano de la CIA. En su oficina se encontra­ban, además, el coronel King y el inspector Lyman Kirkpatrick. Todos tenían ante sí un documento TOP SECRET, que esbozaba las ideas generales del proyecto cubano:
“Crear una responsable y unificada oposición al régimen de Castro fuera de Cuba; desarrollar una fuerte campaña de propaganda dirigida al pueblo cubano, con los fines dé rebelarlo contra los comunistas que lo gobiernan; fomentar en la Isla una organización secreta de inteli­gencia y acción que, acatando las órdenes de la oposición en el exilio, lleve a cabo operaciones de subversión, sabo­taje y desestabilización, y prepara la “sublevación interna”; desarrollar una fuerza paramilitar, fuera de Cuba, que después de infiltrada en la Isla, sería la responsable de organizar la lucha guerrillera en las montañas y proveer de saboteadores y terroristas a la resistencia clandestina en las ciudades y asesinar a Fidel Castro.”
Finalmente se analizó la justificación que debían manipu­lar las transnacionales de la información sobre la agresión que, se fraguaba. David Phillips aportó la idea: la Revolución “traicionada” sería el argumento.
El 17 de marzo de 1960, el Presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, firmaba la directiva del Consejo Nacio­nal de Seguridad, por medio de la cual se aprobaba “el programa de acciones encubiertas contra el régimen de Castro”, A partir de ese momento la Casa Blanca dio luz verde a sus ejércitos de mercenarios, politiqueros, depredadores y asesinos a sueldo para derrocar la Revolución Cubana. Sin embargo, la historia les deparaba muchas amarguras.
Los primeros pasos de Hunt se encaminaron a formar la infraestructura política que posibilitara al gobierno norteamericano esconderse tras ella. Era necesario unir a la “responsable oposición” formada en la Florida. Tarea nada fácil. Se trataba de conciliar a los viejos tiburones de la política cubana, que oteaban el inminente regreso a la Isla. Las luchas estallaron inmediatamente. Los batistianos querían obtener la mejor parte, argumentando su importante representatividad en el exilio. Contaban además con cuadros militares y una estructura en las principales ciudades norteamericanas. Por otro lado se encontraban los seguidores de Prío y comparsa, y, finalmente, los nuevos exiliados, que exigían su cuota de poder.
Así, después de muchas discusiones se escogió al “pro­minente” político Manuel Antonio de Varona Loredo, alias Tony, con influyentes amistades entre empresarios y mafiosos norteamericanos interesados en Cuba. Varona había huido a la Florida después del golpe de Estado de Batista en 1952 y allí se refugió. Era un próspero hombre de “negocios” y a finales de la década del cuarenta había invertido en una sociedad de bienes raíces que radicaba en el sur de la Florida, en contubernio con el sindicato del crimen. A la sombra de sus amigos del Departamento de Estado se convirtió en un capitán araña, pues donó cierto dinerito, “embarcó” a algún que otro revolucionario, y devino así tribuno de una guerra verbal contra la dictadura de Batista, desde su seguro refugio.
El otro personaje seleccionado fue el ex coronel Eduardo Martín Elena, quien obtuvo sus grados en las oficinas del campamento militar de Columbia, antigua sede de la jefatu­ra del ejército de la tiranía. Su responsabilidad sería la selección y preparación de los futuros mercenarios que se infiltrarían en Cuba para “liberarla del comunismo”.
Pero había más. Howard Hunt tenía otra carta dentro de su manga. Se trataba de Manuel Artime Buesa, el “héroe” de la clandestinidad cubana, que ya se había formado una reputación de hombre de acción. Éste tenía sus propios proyectos y contaba con el apoyo de las principales orga­nizaciones católicas laicas en Cuba. Con ellas pensaba estructurar un movimiento contrarrevolucionario que capitalizara la atención de la CÍA.
En abril se crearon las Brigadas Internacionales Antico­munistas, una organización mercenaria dirigida por el agente de la CIA Frank Sturgis, con el propósito de acondicionar una red secreta de casas de seguridad, instalaciones nava­les, barcos, aviones, almacenes, en fin, lo necesario para que los reclutados pudieran actuar desde una base segura en Miami. También estarían responsabilizados con la conscripción de exiliados, la administración de los campamentos de entre­namiento y la coordinación de las misiones para el abaste­cimiento de los grupos contrarrevolucionarios en Cuba.

lunes, 18 de abril de 2016

Razones de nuestra victoria después de Girón: apoyo popular a sus líderes más auténticos y nunca se ha cedido en cuestiones de principios

fidel en playa giron
Foto: Archivo digital de la autora
Tomado de Vanguardia.
Título original: Girón: campañas mediáticas en familia.
Por Mercedes Rodríguez García.

Faltaba poco para concretarse el desembarco por Bahía de Cochinos. Mis tías Teresa y Mary se afanaban, tarde en la noche, por sincronizar el dial del recién adquirido y flamante Motorola de tres bandas. Yo iba a cumplir 10 años, pero bien recuerdo 1961, un año tremendo en Cuba. Pegadas al receptor, escuchaban las noticias que trasmitía Radio Swan, tan mal llamada —como Radio Martí— Radio Cuba Libre.
Junto con los anuncios de Coca Cola, Colgate, Agencia Pan American, gomas Good Year, etc., alternaban algunas «noticias» como estas:
«¡Madre cubana!: la próxima ley del gobierno será quitarte a tus hijos desde los cinco hasta los dieciocho».
«Sacerdote arrestado en Pinar del Río por repartir en ese territorio alimentos a los pobres».
Y la más absurda de todas y con la que mis tías reían a carcajadas:
«Están pidiendo un millón de percheros. Que el pueblo no se vaya a creer que es porque hacen falta. Se utilizan para hacer alambradas para proteger a los gobernantes».
El objetivo: ablandar psicológicamente al pueblo cubano. La estrategia, muy bien definida por los expertos en campañas propagandísticas de la CIA, aun cuando las señales fueran interferidas.
«A medida que el plan de invasión progresaba, la radioemisora constituyó también un medio de enlace con los grupos insurgentes que operaban en las zona montañosas de Cuba, con la contrarrevolución interna en las ciudades y la aventura clandestina reclutada con profusión por la CIA», refiere el investigador Juan Carlos Rodríguez, autor del libro Girón, la batalla inevitable.
Pero no era solo Radio Swan, sino una red integrada por las emisoras WRUL, WGBS de Miami, WKWF de Cayo Hueso, WWL de New Orleans y WMIE, que existe todavía como una de las estaciones contrarrevolucionarias en la Florida con las siglas WQBS La Cubanísima. Ninguna escapó al monitoreo de la contrainteligencia cubana.
Desinformación y susto
La vecina entró desaforadamente con un periódico en la mano hasta la cocina donde mi abuela, pasado el desayuno, adobaba el bistec para el almuerzo.
—Mercedes, avísele a Teresa para que vaya a recoger inmediatamente a Mercy al colegio. Lea, los americanos ya tienen ocupado Pinar del Río y miles de marinos desembarcaron por Oriente.
—¿Y qué más dicen?
—Que no sé en qué lugar tiraron volantes llamando a la población para que se una a los americanos.
Aquel día 17 de abril, nadie durmió en casa y tuve que quedarme junto con mi hermano y prima al cuidado de la abuela. Mis tías Mary y Teresa fueron movilizadas. La primera, empleada de una tienda de ropa, por la FMC; la segunda, farmacéutica, por la Cruz Roja; mi papá, oficinista del INRA, por las MNR, y mi mamá, por los CDR.
Descabezamiento mediático
La mayoría de los medios de difusión en Cuba permanecían todavía en manos de sus propietarios. Solamente fueron intervenidos alguna propiedad de Batista, y otros pertenecientes a notorias figuras del régimen dictatorial como Cadena Oriental, Unión Radio, Radio Reloj de Cuba, los periódicos Ataja, Alerta, Mañana y Tiempo en Cuba. Los grandes diarios y la revista Bohemia, que integraban el Bloque Cubano de Prensa, los canales de televisión, las cadenas nacionales de CMQ y Radio Progreso, aceptaban con sumisión la dependencia política a Estados Unidos.
Según explica Juan Carlos Rodríguez, poco después del triunfo del Primero de Enero, la prensa norteamericana inició una feroz campaña de difamación contra Fidel y la Revolución. El consorcio Time Life, las revistas U.S News and World Report y Visión, y el diario The Miami Herald, destacaban en el empeño.
Otro ejemplo que sembró el pánico en mi familia debió haber sido cercano el Día de las Madres de 1959. El Diario de Las Américas, de Miami, publicó una información de la United Press International (UPI) en la cual se reportaba un asalto de la policía revolucionaria a un convento de monjas. Un obispo de Camagüey desmintió el suceso, pero nada se dijo en los Estados Unidos, donde la prensa arremetía a diario contra la Revolución y sus principales líderes en su afán por desacreditarlos. Ni hablar de El Diario de la Marina y Avance, de gran circulación, erigidos en portavoces de la campaña contrarrevolucionaria.
La respuesta revolucionaria fue contundente. Entre el 18 de enero y el 19 de julio de 1960, todos los órganos de prensa y las emisoras de radio y televisión del país aliadas a las campañas enemigas, fueron confiscadas. El clima psicológico tendría que crearse desde el exterior, aunque ello no significaba abandonar totalmente la propaganda contra el Gobierno Revolucionario.
¿Cómo reaccionó el pueblo cubano, sometido durante un año a una verdadera guerra psicológica? La respuesta es bien conocida. En todas las calles, jóvenes, viejos, niños, hombres y mujeres, vitoreaban a los milicianos que se trasladaban en camiones hasta las zonas de combate: «¡Denles duro!», «¡Patria o Muerte!»
¿Algo nuevo bajo el sol?
En el artículo Las campañas contra Cuba y la maquila de los bostezos de Elíades Acosta Matos, el filósofo, doctor en Ciencias Políticas y escritor cubano, refiere que mucho más que económica, diplomática o militar, «la guerra contra Cuba ha sido, y es, una guerra cultural total», lo que explica su prolongación y encarnizamiento.
«Y si alguien tiene dudas —dice— que revise por estos días cómo marchan las cosas por el frente mediático, cómo se usan todas las armas, todas las tecnologías, todos los esfuerzos por demoler la resistencia de una isla rebelde negada a diluir su nacionalidad o a entregar su proyecto social».
No importa lo que se publique, no importa si se miente, no importa si se apela a métodos canallas, como el trucaje de fotos, la publicación de imágenes que ofenden la dignidad humana, ni siquiera que se hagan llamados a la violencia, o a cometer actos vandálicos. Todo vale, si se logra aislar a Cuba, debilitarla, hacerla un blanco válido para invasiones e «intervenciones humanitarias».
—¿Por qué el encarnizamiento irracional que lleva más de medio siglo y que ha sobrevivido a más de diez administraciones republicanas y demócratas, incluso a la misma Guerra Fría?
—Existe un informe de 1965, redactado por Albert Wohlstetter, uno de los estrategas del movimiento neoconservador norteamericano, quien fue asesor de todos los presidentes que ocuparon el puesto entre Eisenhower y Bush padre. Refiere el documento:
«El culto a la Revolución pervive en América Latina y Cuba es el único país que lleva adelante el ideal de las transformaciones totales, hasta las últimas consecuencias... Mientras muchos se resienten de nuestro poder, solo Cuba, la pequeña Cuba está decidida a pagar el precio completo de su posición... Es el tipo de bandera bajo el cual pueden reunirse todos los izquierdistas antinorteamericanos y las tendencias utópicas del mundo».
—Campañas muy antiguas, muy bien montadas contra los enemigos reales o supuestos de los Estados Unidos...
—Saturación del mercado de la información, demonización del enemigo y mucha agitación emocional para llegar a influir sobre la elección racional de las personas. (...) Nada nuevo bajo el sol. Las mismas campañas, los mismos objetivos, guiadas por los mismos principios y con similares inversiones.
Distinta careta pero el mismo disfraz
Algunos oficiales de guerra psicológica ya jubilados, recuerdan el fracaso de Bahía de Cochinos, que la propaganda lanzada desde la sede de la estación CIA en Miami, «estuvo muy desincronizada de lo que de hecho ocurría en el teatro de operaciones militares».
Casi medio siglo después el conflicto entre Cuba y Estados Unidos se nos presenta con diferentes facetas. Ahora no es solo la guerra radial y televisiva, en fase de expansión. Una larga cronología de hechos desde diciembre de 2009 hasta el presente, revela la penosa decadencia intelectual de quienes conducen los tentáculos mediáticos.
Como decía Acosta Matos, vale todo. Desde la destitución de altos funcionarios, declaraciones de artistas que visitan otros países, las muertes por suicidios, la aparición de nuevos casos del H1N1, los focos de Aedes detectados, hasta la salida de una rata por cualquier alcantarilla o el vuelo de una cucaracha en una cafetería. Si se trata de Cuba, rápidamente aparece la prensa extranjera, sus cámaras y sus micrófonos. ¿Casualidad? No. Se trata de la parte oculta de un bien trazado plan de política encubierta.
Sin ellos, en otro mundo
Ya no viven mis tías, ni mi abuela, ni mi padre, ni mi prima, ni la vecina que nos anunció la invasión mercenaria. El mundo es otro, mucho más complejo y difícil. Cuba es otra, mucho más compleja y difícil. Pero las calles siguen siendo de los cubanos.
El contexto es diferente, pero las «cosas» no han variado mucho, amén de la tecnología: aviones, aerostatos, sistemas satelitales clandestinos, radios presintonizados... blogueros asalariados, madres de blanco retribuidas con verdes, periodistas carentes de ética, juegos sucios, mentiras, verdades a medias, tergiversación, engaño, manipulación, subversión...
Si la Revolución ha logrado sostenerse victoriosa frente a la desenfrenada hostilidad y al férreo cerco de Estados Unidos, incluso más allá de posiciones dogmáticas, políticas erradas, deficiencias y errores humanos, escaseces y restricciones de todo tipo, se debe —pienso— a dos razones principales: el apoyo popular a sus líderes más auténticos, y a que nunca ha cedido un milímetro en cuestiones de principios.

Los cubanos no hemos olvidado Girón, y creo que del lado de allá, tampoco.

sábado, 16 de abril de 2016

La necedad de vivir sin tener precio

Gala cultural por el 55 aniversario de la Victoria de Playa Girón y el VII Congreso del PCC presidido por José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del CCPCC, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, así como otros miembros del Buró Político.
Un estremecedor espectáculo fue la antesala al VII Congreso al Partido. Foto: Juvenal Balán
Tomado de Granma
Por  
El arte, no importa cuán diversas sean sus manifestaciones, siempre tiene la capacidad de unirnos para apreciar todo lo bueno que nace de él, para invitarnos a reflexionar, para comprometernos. El arte, cuando emana de lo mejor de la cultura de una nación, cala.
Y esa fue la intención de todos los artistas que participaron en la gala de homenaje por el aniversario 55 de la Victoria de Playa Girón y la celebración del Séptimo Congreso del Par­tido Comunista de Cuba (PCC), la cual tuvo lugar este viernes en el Teatro Nacional.
Acompañaron la velada artística José Ra­món Machado Ventura, segundo secretario del Partido y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros; los miembros del Buró Político Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Es­ta­do y de Ministros; Ramiro Valdés Menén­dez, vicepresidente de los Consejos de Estado y de Mi­nistros; Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular; Marino Murillo Jorge, vicepresidente del Con­sejo de Ministros y titular de Eco­nomía y Pla­nifi­cación; Salvador Valdés Mesa, vicepresidente del Consejo de Estado; el ge­neral de cuerpo de ejército Leopoldo Cintra Frías, mi­nistro de las Fuerzas Armadas Re­volu­cio­na­rias (FAR); el general de cuerpo de ejército Ál­varo López Miera, viceministro primero de las FAR; Mer­cedes López Acea, primera secretaria del PCC en La Habana, y Adel Yzquierdo, ministro de Transporte, así como otros dirigentes del Par­tido y el Gobierno, de las organizaciones políticas y de masas y otros organismos.
Allí estaban también, para ser agasajados, los 1 000 delegados y alrededor de 280 invitados que asistirán desde hoy a la cita partidista, en representación genuina y diversa de esta tierra soberana que camina con pasos seguros, mas no perfectos, hacia el porvenir que a fuerza de sangre eligió.
Las voces siempre estremecedoras de los artistas Corina Mestre y Fernando Hecha­va­rría revisitaron la historia de nuestro Partido, desde aquel fundado por Martí, base sólida sobre la cual Mella, Baliño y Blas Roca continuaron ­edificando el futuro de la Patria, y que cristalizó luego en el Partido de Fidel y Raúl.
Interpretaciones de la mano de la soprano Bárbara Llanes, junto a la Banda Nacional de Conciertos, María Felicia Pérez y el tresero Pancho Amat, quien se unió en otro momento especial al trompetista Yassek Manzano, para reverenciar las marchas e himnos de com­bate, hicieron a no pocos tararear canciones y recordar. A ellos se sumaron, también, el pianista Rodrigo García; el trovador Eduardo Sosa, acompañado de la orquesta Miguel Faílde; el cantante Augusto Enríquez y el Sep­teto santiaguero.

Danzas que nos llevaron desde nuestros orígenes hasta los bailes más contemporá­neos, fueron interpretadas por el Conjunto Fol­klórico Nacional, Danza Contemporánea de Cuba y los bailarines Viengsay Valdés y Pa­tricio Revé.
El musicógrafo Lino Betancourt, Premio Nacional de Radio 2007, evocó vivencias de su amigo Sindo Garay, quien tuvo la posibilidad de estrechar las manos de Martí y Fidel, hombres que a su juicio, han sido los más grandes de la historia de esta tierra.
Imágenes de Girón, del líder de la Revo­lu­ción y algunos de esos momentos históricos vividos por nuestro pueblo, termi­naron por seducir a un público que no dudó ­en sumarse en un mismo coro, junto a todos los artistas, a entonar la letra de la emblemática canción de Silvio Rodríguez, El Necio, que vino a reafirmar los sueños de un país convencido de “la necedad de vivir sin tener precio”.
Momentos antes de la velada ya algunos delegados compartían sus expectativas con Granma, casi a las puertas de lo que, para el holguinero Carlos Cansaqui Pupo, es un “Con­greso histórico”. “Tener la oportunidad de participar en un contexto como este representa el mayor reconocimiento para un revolucionario. Tuve la posibilidad de asistir a varios congresos del movimiento obrero, pero esta es la primera vez que estoy en uno del Partido. Los temas que se van a debatir están en el centro de las necesidades de nuestro pueblo, y en el empeño de garantizar la continuidad de la Revolución socialista”.
Para Magalis Amoroz Núñez, delegada por la capital, presenciar bien de cerca lo que va a constituir “un hito para Cuba”, en tanto definirá el futuro del país, constituye una expectativa no solo personal, sino —asegura— la de todos los cubanos. “Vamos a ver en lo que hemos avanzado y los que nos falta por hacer para construir en conjunto el modelo económico y social que necesita Cuba”.
Y esa misma convicción la comparte Oscar Silver, invitado de la provincia de La Habana, a lo que define como un “momento trascendental en la actualización del modelo económico social, que marcará el camino a seguir en los próximos años y las responsabilidad que desempeñan los organismos, organizaciones, la sociedad toda y, sobre todo, la militancia del partido, para alcanzarlo”. “Análisis y objetividad”, son los calificativos a los que aduce, cuando lo instamos a hablar de este Congreso.

Abril tiene olor a pólvora, ruido de morteros y sabor a victoria de Girón


Tomado de Twit Capitán San Luis
Por José Ramón Fernández.

La batalla inevitable constituye un testimonio que se adentra en los orígenes, desarrollo y clímax de una etapa del proyecto norteamericano para liquidar la Revolución Cubana, cuyo desenlace final fue la derrota de la Brigada de Asalto 2506, en las arenas de Playa Girón.
La obra se sustenta en una acuciosa investigación, donde resalta lo inédito o poco conocido.
Pero quizás, lo que más llama la atención y sorprende, es la magnitud del proyecto de la CIA, que no descuidó ningún detalle, tanto militar, económico como político; preparación y desencadenamiento de una guerra de insurgencia en zonas montañosas; verdadera desestabilización subversiva en el país y su forma más relevante, el terrorismo; el clima psicológico; los centros de reclutamiento y entrenamiento y la óptima preparación de estas fuerzas para un enfrentamiento convencional con alcance limitado y que incluyó en su aseguramiento detalles tan sofisticados como los sombreros mosquiteros para protegerse el rostro de las molestas picadas de insectos; los medios técnicos de que dispusieron, la integración, estructura de las fuerzas y el trabajo ideológico con sus miembros; la función manipuladora y hegemónica de los jefes militares y políticos norteamericanos.
El desastroso fracaso en Playa Girón ha sido uno de los acontecimientos que más análisis, informes, artículos y libros han producido en Estados Unidos. La profunda amargura que provocó en los círculos políticos y agencias de la administración, obligaba a efectuar el recuento de qué había fallado en la casi siempre perfecta maquinaria bélica norteamericana. Y es difícil, excepto en muy contadas excepciones, encontrar hoy, en la literatura de ese país, una explicación X el valor, la firmeza, el denuedo y el espíritu de victoria con que lo hicieron las fuerzas revolucionarias.
De aquí lo extraordinario del alcance de la victoria del pueblo cubano, como seguramente sorprendió al gobierno de Estados Unidos, que esperaba otros resultados. Y eso solo se explica por el coraje de un pueblo que vio en el triunfo del 1ro de enero la posibilidad real de dirigir sus propios destinos, razón por la cual vistió con orgullo la camisa azul de mezclilla, la boina verde olivo y se dispuso a combatir con la certeza de que no pasarán.
El hombre que aclamó a Fidel Castro en su recorrido triunfal por casi toda la isla, durante los primeros días de enero de 1959, es el que ya convencido de la causa, fusil en mano, el 17 de abril de 1961, está decidido a resistir y vencer la agresión norteamericana. En ese corto período de tiempo, la obra revolucionaria y, en especial la prédica de Fidel, calaron hondo en los sentimientos del cubano. La gente se identificó con los conceptos de soberanía nacional, justicia social, igualdad, dignidad. La Revolución había resuelto el problema de la tierra, daba pasos seguros y tangibles para liquidar la discriminación racial y de la mujer, aseguraba el acceso de las grandes masas al trabajo, a la educación, a la salud pública, al deporte, a la cultura; en la conciencia popular se enraizaba la erradicación de todo tipo de corrupción.
La narración que hace el autor alrededor de los cambios a partir de 1959 en la Ciénaga de Zapata, futuro teatro de operaciones —además de su valor estético-político—, constituye una demostración concreta de las realizaciones económicas y sociales alcanzadas en tan corto tiempo.
“El pueblo cubano vivía momentos cumbres de patriotismo y fervor revolucionario y el apoyo a la Revolución y a su líder Fidel Castro mostraba una espiga como nunca antes la había logrado ningún gobernante en el hemisferio” —señalaba el autor y ello será la causa fundamental de la derrota mercenaria. “¡Levántate, que llegó la invasión y los americanos están atacando! ¡En la Ciénaga están los americanos!” Eran las voces que corrían de casa en casa en el pueblo de Jagüey Grande, el más próximo al escenario del desembarco. Creían que se trataba de marines yanquis y se iban concentrando en el local de la milicia, el gobierno municipal y el cuartel del Ejército XI a lo ocurrido en estas playas, que no esté lastrada por esquemas y presupuestos preconcebidos —ausencia de raids aéreos, dificultades con los suministros, si la invasión debió haber sido por Trinidad, o por otro lado..., si esto o si lo otro. En la mayoría de los análisis norteamericanos no se menciona un factor tan evidente y que a la postre sería decisivo, con absoluta vigencia 45 años después, como es el hecho incuestionable de que la población cubana vivía en total clímax revolucionario, y mantenía una incuestionable cohesión de ideas políticas con Fidel y, al mismo tiempo, esperaba una invasión, incluso directa. Para los cubanos se trataba de enfrentar; rechazar y derrotar una invasión extranjera. Y existe una fuerza más poderosa que el vapor; la electricidad y la energía atómica: la voluntad de los hombres.
El autor trata con amplitud la labor de enfrentamiento que desplegó la Revolución con el objetivo de vencer los planes del enemigo. Se destacan las acciones contra el bandidismo, la penetración del Centro CIA en La Habana y sus organizaciones contrarrevolucionarias en Cuba y Estados Unidos; la lucha contra el sabotaje, que redujo a cenizas algunos de los más importantes centros comerciales y diversas industrias del país; la liquidación de los planes de atentados contra la vida del Comandante en Jefe, los que constituyen un récord en el período previo a Girón; la labor esclarecedora de Fidel frente a los planes de intimidación al pueblo, a través de operaciones psicológicas, donde se evidenció todo el arsenal de me-dios, métodos y técnicas de la propaganda de guerra subversiva, con sus principales armas: Radio Swan, las bolas y los rumores, carentes de ética y de un cinismo inaudito, como aquellas que impulsaron la operación de la “patria potestad”, encaminada a violentar los más puros valores de la familia cubana.
Debemos decir que la concepción de la operación, desde el punto de vista estratégico y táctico, no fue un error; escogieron una porción de tierra donde podían desembarcar, donde había una pista de aviación, construcciones, y que estaba separada de la tierra firme por un pantano, a través del cual solo había tres accesos por carretera y sobre estos lanzaron a los paracaidistas; venían bien organizados, bien armados, con un buen apoyo, pero les faltó la razón, la justeza de la causa que defendían. Por ello no combatieron con el ardor, XII le entregaba un pequeño impreso a cada miliciano para comprobar el recorrido y se acuñaba en distintos puntos. Esa noche cayó un tremendo aguacero. Fidel se incorporó, durante la marcha, a una parte del recorrido, bajo la lluvia. Al siguiente día, por la mañana, a la hora estimada, no regresaba nadie. Suponíamos que iban a comenzar a llegar poco después del amanecer del siguiente día, pero amaneció y nadie llegó. Como a las diez de la mañana llegaron los primeros; y así, a las once, a las doce, a la una, a chorritos, la gente llegaba agotada; y después, sobre cualquier vehículo, los que no vencieron la prueba.
Cerca de las cuatro de la tarde, reúno a los cuadros de mando y estoy analizando y criticando, allí en un aula, cuando se abre la puerta y entra Fidel, le explico. Entonces me ordena que mande a formar el batallón. Organizamos a aquel despojo. Unos con más ánimo. Fidel les habló a los milicianos. A los que no habían pasado la prueba les dijo que para formar parte del batallón era necesario vencer la prueba de los 62 kilómetros y el que no, que aquello era voluntario. A los que llegaron primero, los puso a un lado y les dijo que ellos constituían la “compañía ligera de combate”, que era una unidad con destino y armas diferentes, la tropa de choque. Al finalizar, expresó a los que no habían vencido que si querían, podían marcharse; los que decidieran quedarse, tendrían que repetir la caminata. Nadie se marchó. “¿Cuándo la hacemos?” —preguntó. Siempre hay exagerados y ahí los hubo. “¡Hoy mismo!”, contestaron muchos enardecidos. Se decidió hacerla dos días después. Y la vencieron todos.
Es importante decir que los milicianos, durante el tiempo que duraba el curso, no vivían ni dormían dentro de los edificios, era en la hamaca, debajo de los árboles; se cocinaba con leña, a la intemperie; letrinas rudimentarias en la tierra, sin agua corriente y por ello sin duchas; no había otra luz que la de la luna y las estrellas y cuando llovía, era la lluvia y el lodo; todo el día haciendo ejercicios militares, de noche las guardias. Aquello no era fácil. Y cada batallón tenía 995 efectivos.
Al finalizar el curso, que duraba dos semanas, se entregaba a cada miliciano la boina verde que se convirtió en un emblema. La entrega de la boina era un motivo de fiesta. Las milicias se convirtieron en una gigantesca escuela de revolucionarios. Del anonimato de sus filas surgieron los cuadros de mando; no vinieron de XIII Rebelde, reclamando armas e instrucciones.
Los millones de cubanos que, como los pobladores de Jagüey, se dispusieron a resistir, o aquellos que enfrentaron la invasión directamente y dieron sus vidas o vencieron, o los que neutralizaron la contrarrevolución interna auténticamente anexionista, sabían por qué lo hacían. Pero, contrario a lo acontecido a otros pueblos, el nuestro no estaba desarmado ni desorganizado al producirse la agresión.
Mas, ni siquiera la necesidad de defender la Revolución ante tan descomunal peligro, llevó a Fidel a hacer concesiones. Ser miliciano no era fácil. Había que ganarse ese derecho.
Me encontraba en el campamento de la Escuela de Cadetes de Managua, ubicado en la desembocadura del río La Magdalena, en la vertiente sur de la Sierra Maestra. Desde allí subíamos al Pico Turquino. La orden era ascender veinte veces y cuando llevábamos cumplida la mitad de la misión, recibí la orden de presentarme ante el Comandante en Jefe, aquí en La Habana. Él me indicó buscar un lugar para instalar una escuela en la que daríamos cursos a un numeroso grupo de trabajadores, dirigentes sindicales y estudiantes seleccionados quienes después dirigirían, a su vez, los batallones de milicias. Debo decir que cuando tuve contacto con ese primer curso, ya, por indicación de Fidel, sus integrantes habían escalado cinco veces el Turquino.
Pocas semanas después de organizado este curso en la Escuela de Responsables de Milicias en Matanzas se comienzan a organizar los batallones de milicias. Fidel me manda a buscar para que me hiciera cargo de dirigir el entrenamiento de los batallones de la capital. Es cuando nos pregunta a qué prueba los vamos a someter para medir su voluntad, firmeza, y decisión de ser milicianos.
Recuerdo que Fidel propuso que fueran y regresaran en una jornada desde Managua hasta Santa Cruz del Norte. Buscamos el mapa, medimos la distancia. Había más de 100 kilómetros, ida y vuelta. Se requería un hombre de excepcionales condiciones físicas y bien entrenado para que lo hiciera en una jornada. Era casi imposible. Finalmente, se escogió la ruta por Managua, saliendo por la carretera que conduce a Batabanó, hasta San Antonio de las Vegas, de ahí a la Ruda, saliendo a la Carretera Central, San José, Cuatro Caminos y regresaban a Managua. Ese es el origen de la famosa prueba de los 62 kilómetros.
El primer batallón en pasar la prueba y la escuela fue el 111. Se XIV castas; obreros industriales, agrícolas, trabajadores intelectuales, estudiantes.
Los soldados y oficiales del Ejército Rebelde y de la Policía Nacional Revolucionaria eran sometidos a pruebas también muy duras. Conocedores de la guerra de guerrillas, apenas comenzaban a dominar el nuevo armamento y el arte de la guerra convencional, cuando se produjo el desembarco. Los tanquistas iban por el camino, hacia la zona del combate, aprendiendo cómo se cargaba el cañón. Los pocos pilotos que teníamos despegaban en aviones que ellos mismos calificaban de “Patria o Muerte”; no estaban ni de alta ni de baja, simplemente volaban por la inventiva de los mecánicos y el coraje de los aviadores. Los soldados de las columnas principales eran movilizados constantemente.
Todas esas pruebas, esa concepción de Fidel, que no era nueva, era de la Sierra, contribuyó mucho a la alta moral de las milicias y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; sobre todo en aquellos hombres de la ciudad que nunca habían tenido una vida tan rústica, día y noche; tan difícil, a la intemperie, bajo la lluvia, el sereno; factores decisivos en la derrota de las bandas armadas, de los mercenarios de Girón y factor importante durante la Crisis de Octubre. Una disposición que se ha repetido muchas veces y que ya es tradición de nuestro pueblo.
No puede dejar de mencionarse que en ese mismo espíritu, en esa pasión revolucionaria que impregnó Fidel en la Sierra, en aquellos tiempos iniciales de la lucha, han continuado educándose nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, bajo la dirección de Raúl, y que son ejemplo de austeridad, honradez, abnegación y patriotismo.
Una pasión como la que se ha demostrado en los últimos tiempos, como esas que se ven, sobre todo, ante un peligro real, inminente; como fue Girón, cuya victoria asombró al mundo y preservó la Revolución, porque Fidel había desatado la fuerza del pueblo. Solo así se explica cómo se logró vencer un proyecto tan descomunal y agresivo como el que se describe en esta obra.

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