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jueves, 13 de marzo de 2014

13 de marzo de 1925:"¡Viva Isla de Pinos CUBANA!"

Tomado de El Pinero
Por Sergio Rivero Carrasco

Los ojos del yanqui estuvieron bien puestos en la otrora Isla de Pinos desde que el primero de agosto de 1898 comenzara el bloqueo naval en los alrededores de este ínsula. Comidita fresca y productiva para calmar las ansias del hambre maligna del imperio.
Vencida España por las tropas de ocupación estadounidenses se vio obligada a firmar el Tratado de Paz, en París, el 10 de diciembre de 1898, aunque la manera en que fueron redactados los artículos I y II, desde el punto de vista técnico- jurídico, se convirtió de hecho en el fundamento “legal” para la reclamación del territorio pinero por mucho tiempo, por parte de los intereses norteamericanos. No se puede destacar, por otra parte, la intención inicial de dicho país, manifiesta en las exploraciones realizadas por naves de guerra, en la zona de la Siguanea, con la finalidad de evaluar sus posibilidades como futura base naval y de ahí, el verdadero objetivo del bloqueo. 
Gonzalo de Quesada  y Aróstegui, un camagüeyano rellollo, letrado, por demás, fue el que represantó al gobierno cubano en Washington para las negociaciones y la firma del Tratado mediante el cual la Isla de Pinos, que los artículos III y VI de la Enmienda Plat, habían dejado a la Isla de Pinos fuera del territorio nacional cubano, como presa llena de bondades para las apetencias norteamericanas. Cuba trató de firmar cuatro veces el dichoso Tratado y le fueron negadas argumentando banales argumentos.
Las acciones de los pineros se unieron en un solo frente nacional, donde se crearon organizaciones de carácter nacionalista como la Columna de Defensa Nacional de Isla de Pinos y el Comité Patriótico Pro- Isla de Pinos. Al movimiento se integraron destacados intelectuales, científicos y personalidades del país. La juventud cubana también jugó un papel protagónico en esta lucha encabezada por Julio Antonio Mella, quien rechazó con particular fuerza el servilismo oficial que le hacía el juego a las pretensiones yanquis. 

Fue el creciente movimiento popular nacido en la Isla de Pinos y crecida al resto el país lo que obligó al Semado de Estados Unidos a firmar el Tratado el 13 de marzo de 1925, después de 21 años de dura lucha.  Constituye esta una memorable fecha para el pueblo pinero que a partir de ese momento recuperó la ansiada soberanía y su condición de CUBANA.
Júbilo popular causó el acontecimiento. Después las celebraciones tomaban la fecha como rederencia, incluso, la elección de la Señorita 13 de Marzo, destinada a presidir los festejos, tanto en la sociedad de blancos, como en la de negros y mulatos. Fue así que se fue sembrando la semila del cariño y el amor por el terruño, el sentido de pertenencia por esta tierra sagrada que guarda una rica y fecunda historia de laboriosidad, sentimiento independentista y antiimperialista.
Cada 13 de marzo, el pueblo recuerda el momento en que llegó la noticia por un cable telegráfico en el que se informaba de la firma del tratado y cómo Juan Blanco, quien era el operador del telégrafo partió a correr calle Martí abajo anunciando el acontecimiento en que entre otras cosas gritaba: "¡Viva Isla de Pinos cubana!"

lunes, 20 de enero de 2014

¿Por qué Sudáfrica ama a Cuba?

Tomado de Con Cuba en Sevilla.

Mientras los medios de comunicación estadounidenses se centraron recientemente en “el apretón de manos” entre el presidente Obama y Raúl Castro, vale la pena reflexionar por qué los organizadores del funeral de Nelson Mandela invitaron a Raúl Castro como uno de los seis líderes – de las noventa y un asistentes extranjeros- para hablar en la ceremonia. No sólo se le concedió a Raúl Castro ese honor, sino también recibió la más cálida presentación en la ceremonia:
“Ahora vamos a presentar a un líder que viene desde una pequeña isla, representante de una pequeña isla, de un pueblo que nos liberó, que luchó por nosotros… el pueblo de Cuba”, dijo el presidente del Congreso Nacional Africano (ANC ).
Tales palabras se hicieron eco de lo que el propio Mandela dijo cuando visitó a Cuba en 1991 :
“Hemos venido aquí conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo de Cuba. ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?”
Hay muchos factores que llevaron a la desaparición del Apartheid.  El gobierno blanco sudafricano fue derrotado no sólo por el poder de Mandela, el valor del pueblo de Sudáfrica, o de la capacidad del movimiento mundial para imponer sanciones. También fue derribado por la derrota del ejército de Sudáfrica en Angola. Esto explica el protagonismo de Raúl Castro en el funeral: fueron las tropas cubanas las que humillaron al ejército sudafricano. En los años 1970 y 1980, Cuba cambió el curso de la historia en el sur de África a pesar de los esfuerzos de Estados Unidos para evitarlo.

En octubre de 1975, los sudafricanos, alentados por el gobierno de Gerald Ford, invadieron a Angola para aplastar el Movimiento Popular por la Liberación de Angola (MPLA), de izquierda. Ellos habrían tenido éxito si no hubiesen estado ahí 36 000 soldados cubanos en Angola.

En abril de 1976 los cubanos habían empujado a los sudafricanos fuera del territorio angolano.

Como señaló la CIA, Fidel Castro no había consultado a Moscú  la decisión de enviar a sus tropas (como se desprende de las tensas reuniones celebradas más tarde con la dirección soviética en la década de 1980). Los cubanos, confirmó Kissinger en sus memorias, habían enfrentado a los soviéticos con un hecho consumado. Fidel Castro comprendió que la victoria de Pretoria (alentados por Washington) habría reforzado las garras de la dominación blanca contra el pueblo de Sudáfrica. Fue un momento decisivo: Castro envió tropas a Angola por su compromiso con lo que él ha llamado “la más bella causa”, la lucha contra el Apartheid. Como Kissinger observó más tarde, Castro “era probablemente el más genuino líder revolucionario entonces en el poder”.

La ola desatada por la victoria cubana en Angola se apoderó de Sudáfrica. “África Negra está montando la cresta de una ola generada por el éxito de Cuba en Angola”, señaló World, un importante periódico de la Sudáfrica negra. “África Negra está probando el vino embriagador de la posibilidad de hacer realidad el sueño de la liberación total”. Mandela recordó más tarde que se enteró de la victoria cubana en Angola mientras estaba encarcelado en Robben Island:
“Yo estaba en la cárcel cuando me enteré de la ayuda masiva que las tropas internacionalistas cubanas estaban dando al pueblo de Angola… Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de los países que quieren apoderarse de nuestro territorio o subvertir nuestra soberanía. En toda la historia de África es la única vez que un pueblo extranjero se ha levantado para defender a uno de nuestros países.”
Pretoria, sin embargo, no se había dado por vencido: incluso después de la retirada de los cubanos, esperaba derrocar al gobierno del MPLA de Angola. Las tropas cubanas permanecieron en Angola para protegerla de otra invasión sudafricana. Incluso la CIA admitió que eran “necesarias para preservar la independencia de Angola”. Además, los cubanos entrenaron a guerrilleros del ANC, así como a los rebeldes de la SWAPO, que luchaban por la independencia de Namibia contra los sudafricanos que la ocuparon ilegalmente.

De 1981 a 1987, los sudafricanos lanzaron por oleadas invasiones en el sur de Angola. La guerra estaba en un punto muerto, hasta noviembre de 1987, cuando Castro decidió expulsar a los sudafricanos fuera del país de una vez por todas. Su decisión fue provocada por el hecho de que el ejército sudafricano había acorralado las mejores unidades del ejército de Angola en una ciudad de la Angola meridional, Cuito Cuanavale. Y eso fue posible en cierta forma porque Washington se mecía en el escándalo Irán-Contra. Antes de estallar el escándalo Irán-Contra a fines de 1986, que debilita y distrae al gobierno de Reagan, los cubanos temían que Estados Unidos podría lanzar un ataque contra su patria. Por lo tanto, no estaban dispuestos a agotar sus reservasde armas. Pero el Irán-Contras limó los colmillos de Reagan, y liberó a Castro de la limitación de enviar mejores aviones de Cuba, pilotos y armas antiaéreas a Angola. Su estrategia era romper la ofensiva sudafricana contra Cuito Cuanavale en el sureste y luego atacar por el suroeste, “como un boxeador que con la mano izquierda golpea y con la derecha noquea”.

El 23 de marzo de 1988, los sudafricanos lanzaron su último ataque importante contra Cuito Cuanavale. Fue un fracaso absoluto. El Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos señaló: “La guerra en Angola ha tenido un giro dramático y – por lo que respecta a los sudafricanos- no deseado. ”

La mano izquierda de los cubanos había bloqueado el golpe de Sudáfrica, mientras que su mano derecha se estaba preparando para noquearlo: poderosas columnas cubanas avanzaban hacia la frontera de Namibia, empujando a los sudafricanos al repliegue. Los MIG- 23 cubanos comenzaron a volar sobre el norte de Namibia. Documentos de Estados Unidos y de Sudáfrica demuestran que los cubanos ganaron toda la franja superior de Angola. Los cubanos exigieron que Pretoria retirara incondicionalmente las tropas de Angola y permitiera elecciones supervisadas por la ONU en Namibia. El Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos advirtió que si Sudáfrica se negaba, los cubanos estaban en una posición de ventaja. Los sudafricanos reconocieron su dilema “para lanzar una ofensiva bien apoyada en Namibia”: Si se negaban a las demandas cubanas, corrían “el riesgo real de involucrarse en una guerra convencional a gran escala con los cubanos, cuyos resultados son potencialmente desastrosos”. La perspectiva del ejército sudafricano era sombría: “Debemos hacer todo lo posible para evitar una confrontación”.

Pretoria capituló. Aceptó las demandas de los cubanos y se retiró incondicionalmente de Angola y aceptó el acuerdo de las elecciones supervisadas de la ONU en Namibia, que ganó SWAPO.

La victoria cubana repercutió más allá de Namibia y de Angola. En palabras de Nelson Mandela, la victoria cubana “destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco … [e] inspiró a las masas en lucha de Sudáfrica… Cuito Cuanavale fue el punto de inflexión para la liberación de nuestro continente -y de mi pueblo – del flagelo del Apartheid” .

Piero Gleijeses es profesor de política exterior de Estados Unidos en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS), de la Universidad Johns Hopkins. Todas las citas del artículo anterior se han extraído de su último libro: Visiones de la Libertad: La Habana, Washington, Pretoria y la lucha por el sur de África , 1976-1991 [ 8 ] , The University of North Carolina Press, 2013 .

viernes, 20 de diciembre de 2013

Mandela ha muerto ¿Por qué ocultar la verdad sobre el Apartheid?

Fidel y Mandela
Tomado de CubaDebate
Por Fidel Castro Ruz.

Quizás el imperio creyó que nuestro pueblo no haría honor a su palabra cuando, en días inciertos del pasado siglo, afirmamos que si incluso la URSS desaparecía Cuba seguiría luchando.
La Segunda Guerra Mundial estalló cuando, el 1ro. de septiembre de 1939, el nazi-fascismo invadió Polonia y cayó como un rayo sobre el pueblo heroico de la URSS, que aportó 27 millones de vidas para preservar a la humanidad de aquella brutal matanza que puso fin a la vida de más de 50 millones de personas.
La guerra es, por otro lado, la única actividad a lo largo de la historia que el género humano nunca ha sido capaz de evitar; lo que llevó a Einstein a responder que no sabía cómo sería la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta sería con palos y piedras.
Sumados los medios disponibles por las dos más poderosas potencias, Estados Unidos y Rusia, disponen de más de 20 000 —veinte mil— ojivas nucleares. La humanidad debiera conocer bien que, tres días después de la asunción de John F. Kennedy a la presidencia de su país, el 20 de enero de 1961, un bombardero B-52 de Estados Unidos, en vuelo de rutina, que transportaba dos bombas atómicas con una capacidad destructiva 260 veces superior a la utilizada en Hiroshima, sufrió un accidente que precipitó el aparato hacia tierra. En tales casos, equipos automáticos sofisticados aplican medidas que impiden el estallido de las bombas. La primera cayó a tierra sin riesgo alguno; la segunda, de los 4 mecanismos, tres fallaron, y el cuarto, en estado crítico, apenas funcionó; la bomba por puro azar no estalló.
Ningún acontecimiento presente o pasado que yo recuerde o haya oído mencionar, como la muerte de Mandela, impactó tanto a la opinión pública mundial; y no por sus riquezas, sino por la calidad humana y la nobleza de sus sentimientos e ideas.
A lo largo de la historia, hasta hace apenas un siglo y medio y antes de que las máquinas y robots, a un costo mínimo de energías, se ocuparan de nuestras modestas tareas, no existían ninguno de los fenómenos que hoy conmueven a la humanidad y rigen inexorablemente a cada una de las personas: hombres o mujeres, niños y ancianos, jóvenes y adultos, agricultores y obreros fabriles, manuales o intelectuales. La tendencia dominante es la de instalarse en las ciudades, donde la creación de empleos, transporte y condiciones elementales de vida, demandan enormes inversiones en detrimento de la producción alimentaria y otras formas de vida más razonables.
Tres potencias han hecho descender artefactos en la Luna de nuestro planeta. El mismo día en que Nelson Mandela, envuelto en la bandera de su patria, fue inhumado en el patio de la humilde casa donde nació hace 95 años, un módulo sofisticado de la República Popular China descendía en un espacio iluminado de nuestra Luna. La coincidencia de ambos hechos fue absolutamente casual.
Millones de científicos investigan materias y radiaciones en la Tierra y el espacio; por ellos se conoce que Titán, una de las lunas de Saturno, acumuló 40 —cuarenta— veces más petróleo que el existente en nuestro planeta cuando comenzó la explotación de este hace apenas 125 años, y al ritmo actual de consumo durará apenas un siglo más.
Los fraternales sentimientos de hermandad profunda entre el pueblo cubano y la patria de Nelson Mandela nacieron de un hecho que ni siquiera ha sido mencionado, y de lo cual no habíamos dicho una palabra a lo largo de muchos años; Mandela, porque era un apóstol de la paz y no deseaba lastimar a nadie. Cuba, porque jamás realizó acción alguna en busca de gloria o prestigio.
Cuando la Revolución triunfó en Cuba fuimos solidarios con las colonias portuguesas en África, desde los primeros años; los Movimientos de Liberación en ese continente ponían en jaque al colonialismo y el imperialismo, luego de la Segunda Guerra Mundial y la liberación de la República Popular China —el país más poblado del mundo—, tras el triunfo glorioso de la Revolución Socialista Rusa.
Las revoluciones sociales conmovían los cimientos del viejo orden. Los pobladores del planeta, en 1960, alcanzaban ya los 3 mil millones de habitantes. Parejamente creció el poder de las grandes empresas transnacionales, casi todas en manos de Estados Unidos, cuya moneda, apoyada en el monopolio del oro y la industria intacta por la lejanía de los frentes de batalla, se hizo dueña de la economía mundial. Richard Nixon derogó unilateralmente el respaldo de su moneda en oro, y las empresas de su país se apoderaron de los principales recursos y materias primas del planeta, que adquirieron con papeles.
Hasta aquí no hay nada que no se conozca.
Pero, ¿por qué se pretende ocultar que el régimen del Apartheid, que tanto hizo sufrir al África e indignó a la inmensa mayoría de las naciones del mundo, era fruto de la Europa colonial y fue convertido en potencia nuclear por Estados Unidos e Israel, lo cual Cuba, un país que apoyaba las colonias portuguesas en África que luchaban por su independencia, condenó abiertamente?
Nuestro pueblo, que había sido cedido por España a Estados Unidos tras la heroica lucha durante más de 30 años, nunca se resignó al régimen esclavista que le impusieron durante casi 500 años.
De Namibia, ocupada por Sudáfrica, partieron en 1975 las tropas racistas apoyadas por tanques ligeros con cañones de 90 milímetros que penetraron más de mil kilómetros hasta las proximidades de Luanda, donde un Batallón de Tropas Especiales cubanas —enviadas por aire— y varias tripulaciones también cubanas de tanques soviéticos que estaban allí sin personal, las pudo contener. Eso ocurrió en noviembre de 1975, 13 años antes de la Batalla de Cuito Cuanavale.
Ya dije que nada hacíamos en busca de prestigio o beneficio alguno. Pero constituye un hecho muy real que Mandela fue un hombre íntegro, revolucionario profundo y radicalmente socialista, que con gran estoicismo soportó 27 años de encarcelamiento solitario. Yo no dejaba de admirar su honradez, su modestia y su enorme mérito.
Cuba cumplía sus deberes internacionalistas rigurosamente. Defendía puntos claves y entrenaba cada año a miles de combatientes angolanos en el manejo de las armas. La URSS suministraba el armamento. Sin embargo, en aquella época la idea del asesor principal por parte de los suministradores del equipo militar no la compartíamos. Miles de angolanos jóvenes y saludables ingresaban constantemente en las unidades de su incipiente ejército. El asesor principal no era, sin embargo, un Zhúkov, Rokossovski, Malinovsky u otros muchos que llenaron de gloria la estrategia militar soviética. Su idea obsesiva era enviar brigadas angolanas con las mejores armas al territorio donde supuestamente residía el gobierno tribal de Savimbi, un mercenario al servicio de Estados Unidos y Sudáfrica, que era como enviar las fuerzas que combatían en Stalingrado a la frontera de la España falangista que había enviado más de cien mil soldados a luchar contra la URSS. Ese año se estaba produciendo una operación de ese tipo.
El enemigo avanzaba tras las fuerzas de varias brigadas angolanas, golpeadas en las proximidades del objetivo adonde eran enviadas, a 1 500 kilómetros aproximadamente de Luanda. De allí venían perseguidas por las fuerzas sudafricanas en dirección a Cuito Cuanavale, antigua base militar de la OTAN, a unos 100 kilómetros de la primera Brigada de Tanques cubana.
En ese instante crítico el Presidente de Angola solicitó el apoyo de las tropas cubanas. El Jefe de nuestras fuerzas en el Sur, General Leopoldo Cintra Frías,  nos comunicó la solicitud, algo que solía ser habitual. Nuestra respuesta firme fue que prestaríamos ese apoyo si todas las fuerzas y equipos angolanos de ese frente se subordinaban al mando cubano en el Sur de Angola. Todo el mundo comprendía que nuestra solicitud era un requisito para convertir la antigua base en el campo ideal para golpear a las fuerzas racistas de Sudáfrica.
En menos de 24 horas llegó de Angola la respuesta positiva.
Se decidió el envío inmediato de una Brigada de Tanques cubana hacia ese punto. Varias más estaban en la misma línea hacia el Oeste. El obstáculo principal era el fango y la humedad de la tierra en época de lluvia, que había que revisar metro a metro contra minas antipersonales. A Cuito, fue enviado igualmente el personal para operar los tanques sin tripulación y los cañones que carecían de ellas.
La base estaba separada del territorio que se ubica al Este por el caudaloso y rápido río Cuito, sobre el que se sostenía un sólido puente. El ejército racista lo atacaba desesperadamente; un avión teleguiado repleto de explosivos lograron impactarlo sobre el puente e inutilizarlo. A los tanques angolanos en retirada que podían moverse se les cruzó por un punto más al Norte. Los que no estaban en condiciones adecuadas fueron enterrados, con sus armas apuntando hacia el Este; una densa faja de minas antipersonales y antitanques convirtieron la línea en una mortal trampa al otro lado del río. Cuando las fuerzas racistas reiniciaron el avance y chocaron contra aquella muralla, todas las piezas de artillería y los tanques de las brigadas revolucionarias disparaban desde sus puntos de ubicación en la zona de Cuito.
Un papel especial se reservó para los cazas Mig-23 que, a velocidad cercana a mil kilómetros por hora y a 100  —cien— metros de altura, eran capaces de distinguir si el personal artillero era negro o blanco, y disparaban incesantemente contra ellos.
Cuando el enemigo desgastado e inmovilizado inició la retirada, las fuerzas revolucionarias se prepararon para los combates finales.
Numerosas brigadas angolanas y cubanas se movieron a ritmo rápido y a distancia adecuada hacia el Oeste, donde estaban las únicas vías amplias por donde siempre los sudafricanos iniciaban sus acciones contra Angola. El aeropuerto sin embargo estaba aproximadamente a 300 —trescientos— kilómetros de la frontera con Namibia, ocupada totalmente por el ejército del Apartheid.
Mientras las tropas se reorganizaban y reequipaban se decidió con toda urgencia construir una pista de aterrizaje para los Mig-23. Nuestros pilotos estaban utilizando los equipos aéreos entregados por la URSS a Angola, cuyos pilotos no habían dispuesto del tiempo necesario para su adecuada instrucción. Varios equipos aéreos estaban descontados por bajas que a veces eran ocasionadas por nuestros propios artilleros u operadores de medios antiaéreos. Los sudafricanos ocupaban todavía una parte de la carretera principal que conduce desde el borde de la meseta angolana a Namibia. En los puentes sobre el caudaloso río Cunene, entre el Sur de Angola y el Norte de Namibia, comenzaron en ese lapso con el jueguito de sus disparos con cañones de 140 milímetros  que le daba a sus proyectiles un alcance cercano a los 40 kilómetros. El problema principal radicaba en el hecho de que los racistas sudafricanos poseían, según nuestros cálculos, entre 10 y 12 armas nucleares. Habían realizado pruebas incluso en los mares o en las áreas congeladas del Sur. El presidente Ronald Reagan lo había autorizado, y entre los equipos entregados por Israel estaba el dispositivo necesario para hacer estallar la carga nuclear. Nuestra respuesta fue organizar el personal en grupos de combate de no más de 1 000 —mil— hombres, que debían marchar de noche en una amplia extensión de terreno y dotados de carros de combate antiaéreos.
Las armas nucleares de Sudáfrica, según informes fidedignos, no podían ser cargadas por aviones Mirage, necesitaban bombarderos pesados tipo Canberra. Pero en cualquier caso la defensa antiaérea de nuestras fuerzas disponía de numerosos tipos de cohetes que podían golpear y destruir objetivos aéreos hasta decenas de kilómetros de nuestras tropas. Adicionalmente, una presa de 80 millones de metros cúbicos de agua situada en territorio angolano había sido ocupada y minada por combatientes cubanos y angolanos. El estallido de aquella presa hubiese sido equivalente a varias armas nucleares.
No obstante, una hidroeléctrica que usaba las fuertes corrientes del río Cunene, antes de llegar a la frontera con Namibia, estaba siendo utilizada por un destacamento del ejército sudafricano.
Cuando en el nuevo teatro de operaciones los racistas comenzaron a disparar los cañones de 140 milímetros, los Mig-23 golpearon fuertemente aquel destacamento de soldados blancos, y los sobrevivientes abandonaron el lugar dejando incluso algunos carteles críticos contra su propio mando. Tal era la situación cuando las fuerzas cubanas y angolanas avanzaban hacia las líneas enemigas.
Supe que Katiuska Blanco, autora de varios relatos históricos, junto a otros periodistas y reporteros gráficos, estaban allí. La situación era tensa pero nadie perdió la calma.
Fue entonces que llegaron noticias de que el enemigo estaba dispuesto a negociar. Se había logrado poner fin a la aventura imperialista y racista; en un continente que en 30 años tendrá una población superior a la de China e India juntas.
El papel de la delegación de Cuba, con motivo del fallecimiento de nuestro hermano y amigo Nelson Mandela, será inolvidable.
Felicito al compañero Raúl por su brillante desempeño y, en especial, por la firmeza y dignidad cuando con gesto amable pero firme saludó al jefe del gobierno de Estados Unidos y le dijo en inglés: “Señor presidente, yo soy Castro”.
Cuando mi propia salud puso límite a mi capacidad física, no vacilé un minuto en expresar mi criterio sobre quien a mi juicio podía asumir la responsabilidad. Una vida es un minuto en la historia de los pueblos, y pienso que quien asuma hoy tal responsabilidad requiere la experiencia y autoridad necesaria para optar ante un número creciente, casi infinito, de variantes.
El imperialismo siempre reservará varias cartas para doblegar a nuestra isla aunque tenga que despoblarla, privándola de hombres y mujeres jóvenes, ofreciéndole migajas de los bienes y recursos naturales que saquea al mundo.
Que hablen ahora los voceros del imperio sobre cómo y por qué surgió el Apartheid.





Fidel Castro Ruz
Diciembre 18 de 2013
8 y 35 p.m.

domingo, 8 de diciembre de 2013

No hablaron públicamente del papel de Cuba contra el Apartheid, pero Mandela sí.

Combatientes cubanos en Cuito Cuanavale, Angola, marzo de 1988.
Combatientes cubanos en Cuito Cuanavale, Angola, marzo de 1988.
Los pueblos del mundo sienten con gran dolor la pérdida física del luchador sudafricano Nelson Mandela, el querido Madiba.

Al saberse la lamentable noticia, rápidamente muchos en el llamado primer mundo corrieron a vestirse de “amigos” para expresar condolencias y “simpatías” a la familia y pueblo sudafricano. Fue el milagro bien esperado para otra vez robar pantallas en las cámaras de la prensa escrita y televisiva. Momento ideal para postularse de “reconocedores de las luchas de los pobres contra la segregación racial”, de “aliarse” al dolor de los pueblos contra opresores y colgarse un aro “santo” en la cabeza.

Es curioso que esos mismos gobiernos que anteriormente etiquetaron al líder negro de “terrorista”, junto a su organización partidista (CNA), hoy prodigiosamente lo “reconozcan” como un gran luchador por la igualdad de negros y blancos-blancos y negros y “loan” su resistencia contra el régimen del Apartheid.

El Ministro británico, David Cameron, al hablar de Mandela, expresó: "Se ha marchado una gran luz. Nelson Mandela fue una figura monumental en nuestro tiempo, una leyenda en vida y ahora en su muerte, un auténtico héroe global".

Angela D. Merkel, canciller de Alemania, lo califica como el “Gigante de la historia”.
François Gérard Georges Hollande, presidente de Francia, calificó a Mandela como “luchador incansable” que "ha hecho historia para Sudáfrica y para el mundo".

Y  hasta Barack Obama, presidente de Estados Unidos, no dejó escapar un segundo para salir con un comunicado de condolencias. No se podía esperar menos del primer presidente afroamericano de ese país. “No nos pertenece, pertenece a la eternidad”, aseguró al referirse al ejemplo que representa Mandela; además de reconocerlo como su héroe, también dijo: “No puedo imaginar plenamente mi vida sin el ejemplo que sentó Nelson Mandela. Y mientras viva haré lo que pueda para seguir aprendiendo de él".

Gobiernos y personajes bañados en hipocresía.

Estos gobiernos (Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania) que hoy “reconocen” la magnitud de Madiba fueron los mismos que apoyaron, junto a Israel e Irán (antes de la Revolución islámica), al régimen del Apartheid y a la UNITA (una guerrilla bajo el mando de Jonás Savimbi, un criminal).

El apoyo de las potencias occidentales, y en especial de Estados Unidos, se pronunció, fundamentalmente, durante la Guerra Fría contra su oponente más fuerte (la otrora URSS) y así hacer un amago de detención de las fuerzas progresistas, que llamaron “pro-soviéticas”, y ganar el control sobre los recursos naturales angoleños. Sólo por ver derrocado al MPLA (Movimiento Popular de Liberación de Angola), asesorado y apoyados por asesores soviéticos y tropas de las fuerzas armadas cubanas. El gobierno de Estados Unidos dio benevolencia a los actos de Savimbi y salvoconducto al régimen del Apartheid por haberse declarados anticomunistas.

Estos son los mismos gobiernos que hoy apoyan o enmudecen frente al genocida sionismo israelí, otro manifiesto del nuevo criminal Apartheid. Un régimen que se ha otorgado el “derecho” de atacar en alta mar a embarcaciones civiles que intenten llevar ayuda humanitaria a Gaza, de obligar al desplazamiento de la población palestina para realizar asentamientos colonos en territorio ajeno y a levantar un inmenso muro fronterizo para acrecentar la separación y el odio entre naciones vecinas. Un gobierno que hoy en día incentiva una guerra contra Irán (porque éste desarrolla uranio con objetivos civiles), mientras tiene bajo su poder peligroso arsenal nuclear que pone en peligro toda la región.

Estos son los mismos gobiernos que mientras se dan de palmaditas en la espalda con Israel (como mudos, ciegos y sordos), no vacilan en empujar las tropas de la OTAN contra otros pueblos (Irak, Siria, Libia, etc.) y reclutan mercenarios para realizar los trabajos sucios que propicien la excusa de intervenciones militares, eufemísticamente llamadas “humanitarias”.

Estos son los mismos gobiernos que enfrentan grandes crisis sociales dentro de sus fronteras, pero reprimen y aprueban leyes segregacionistas en detrimento de las grandes mayorías en desventajas económicas; porque éstas reclaman el respeto a los derechos humanos, frente al favoritismo de estos gobiernos a los mercados financieros e intereses de élites poderosas.

A la ola de hipocresía se han querido sumar otros personajes variopintos como las ex-secretarias de Estado Condolezza Rice, Madeleine Albright y Hillary Clinton o el Senador junior por Nueva Jersey, el Demócrata Robert "Bob" Menéndez (quien no escapa de un escándalo para entrar en otro).

Como bien ya había sentenciado Fidel Castro en nota dirigida a Mandela en julio del 2010: “Amigos ayer del Apartheid, hoy compiten cínicamente por simular amistad.”

El prisionero de Robben Island, con el número 46664, Nelson Mandela, fue enlistado como terrorista por los gobiernos de Estados Unidos hasta el año 2008, siendo George W. Bush quien firmó la Ley que lo sacó de dicho “inventario”. Este acto no fue porque Mandela dejara de abrazar los ideales de igualdad racial y derechos para todos en Sudáfrica, sino porque el líder ya no era una “amenaza activa” para los intereses foráneos en el área: mientras estuvo en el poder, no encaminó sus pasos a nacionalizar o expulsar las empresas foráneas que hasta el momento defalcaron (y aún defalcan) las tierras de los pueblos del África, no había implementado vías de los llamados ideales “pro-soviéticos”,  no levantó revoluciones socialistas en el Continente negro y se había retirado voluntariamente del poder.

Hoy han reconocido convenientemente todo el esfuerzo que enfrentó durante sus largos años de prisión, la brillantez de su estrategia para lograr una sociedad unificada y que supo utilizar vías pacíficas que no exacerbaran el odio acumulado por tantos años de discriminación y salvajismo del entonces gobierno sudafricano.

Todos ellos y los grandes medios citan los merecidos méritos a Mandela por la caída del régimen del oprobioso Apartheid, pero sin mencionar que la difícil tarea del derrocamiento de ese sistema tuvo la activa participación de otros que también fueron decisivas.

¿Alguno ha mencionado a Cuba? Por supuesto que no, ya que no es conveniente resaltar el ejemplo de la Revolución cubana. Aunque nunca lo han hecho público, la importancia de la participación cubana quedó reflejada en que Cuba cambió por completo la historia de los pueblos de África, con la decisiva victoria de Cuito Cuanavale, evento que los obligó a ir a una mesa de negociaciones y pactar.

Además, las acciones valerosas de las tropas cubanas también se recoge en el mensaje enviado por la CIA, el 27 de junio de 1988, en el cual comentan: “la manera exitosa con que Cuba ha utilizado su fuerza aérea y la aparente debilidad de las defensas antiaéreas de Pretoria” (1). Hasta el mismísimo Chester Arthur Crocker, Secretario de Estado Asistente para Asuntos Africano (1981-1989), poco después envió un mensaje a George Shultz, Secretario de Estado norteamericano, el 25 de agosto del mismo año, en el cual expresó: “descubrir lo que piensan los cubanos es una forma de arte. Están preparados tanto para la guerra como para la paz. Hemos sido testigos de un gran refinamiento táctico y de una verdadera creatividad en la mesa de negociaciones. Esto tiene como telón de fondo las fulminaciones de Castro y el despliegue sin precedentes de sus soldados en el terreno”. (2)

1) CIA, South Africa-Angola-Cuba, 29 de junio de 1988. FOIA; CIA, South África-Angola-Cuba, 1 de julio de 1988, FOIA.
2) Crocker al Secretario de Estado, 25 de agosto de 1988, FOIA.
Sin embargo, el pueblo cubano ya se siente agradecido porque fue el propio Mandela quien le dio el merecido reconocimiento y valor, en su visita realizada en  1991:

“Hace mucho tiempo que queríamos visitar su país y expresarles nuestros sentimientos acerca de la Revolución Cubana, y el papel desempeñado por Cuba en África, en el África austral y en el mundo.
“El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África. Los internacionalistas cubanos hicieron una contribución a la independencia, la libertad y la justicia en África que no tiene paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan.
“Hemos venido aquí con gran humildad. Hemos venido aquí con gran emoción. Hemos venido aquí conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo de Cuba. ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?”.
(…)
 “Yo me encontraba en prisión cuando por primera vez me enteré de la ayuda masiva que las fuerzas internacionalistas cubanas le estaban dando al pueblo de Angola ‹en una escala tal que nos era difícil creerlo‹ cuando los angolanos se vieron atacados en forma combinada por las tropas sudafricanas, el FNLA financiado por la CIA, los mercenarios y las fuerzas de la UNITA y de Zaire en 1975.
“Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de otros países que quieren desgajar nuestro territorio o subvertir nuestra soberanía. En la historia de África no existe otro caso de un pueblo que se haya alzado en defensa de uno de nosotros.
“Sabemos también que esta fue una acción popular en Cuba. Sabemos que aquellos que lucharon y murieron en Angola fueron solo una pequeña parte de los que se ofrecieron como voluntarios. Para el pueblo cubano, el internacionalismo no es simplemente una palabra, sino algo que hemos visto puesto en práctica en beneficio de grandes sectores de la humanidad.
“Sabemos que las fuerzas cubanas estaban dispuestas a retirarse poco después de repeler la invasión de 1975, pero las continuas agresiones de Pretoria hicieron que esto fuera imposible. La presencia de ustedes y el refuerzo enviado para la batalla de Cuito Cuanavale tienen una importancia verdaderamente histórica.
“¡La aplastante derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale constituyó una victoria para toda África! ¡Esa contundente derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale dio la posibilidad a Angola de disfrutar de la paz y consolidar su propia soberanía! ¡La derrota del ejército racista le permitió al pueblo combatiente de Namibia alcanzar finalmente su independencia! ¡La decisiva derrota de las fuerzas agresoras del apartheid destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco! ¡La derrota del ejército del apartheid sirvió de inspiración al pueblo combatiente de Sudáfrica! ¡Cuito Cuanavale marca un viraje en la lucha por librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid!”

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