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viernes, 9 de mayo de 2014

La cultura de la resistencia: la experiencia cubana

Imagen: La Jiribilla
Invitado por la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, el escritor Abel Prieto, asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, ofreció una conferencia con el título La cultura de la resistencia: la experiencia cubana, el martes 15 de abril en la Sala Nelson Rodrigues de la Bienal del Libro y la Lectura de Brasilia. En ella estuvo presente el gran poeta brasileño Thiago de Mello.
Tomado de La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana.
 Por Abel Prieto Jiménez.



Voy a usar la expresión cultura de la resistencia como algo en permanente choque contra lo que podríamos llamar cultura de la colonización, es decir, contra los empeños de quienes han querido sojuzgarnos, liquidar nuestra identidad y nuestra soberanía.

La cultura cubana de la resistencia tiene una larga historia y aún no ha terminado: primero, obviamente, frente al colonialismo español; luego frente al neocolonialismo de los EE.UU. durante la república mutilada y su plan de absorción; y ahora mismo, en el presente, frente al gran proyecto global de dominio cultural también de signo norteamericano y frente a los proyectos específicos de subversión contra la Revolución (un ejemplo reciente es la red denominada ZunZuneo, diseñada en los laboratorios de los servicios especiales del gobierno de EE.UU., con mucho financiamiento y la intención de llegar a decenas de miles de jóvenes cubanos y promover entre ellos una oposición activa y articulada).

Las guerras imperiales de saqueo han ido siempre acompañadas por la satanización de las víctimas, de los otros, de los calificados como bárbaros, y la cultura del colonizador trata de imponer en el pueblo dominado un sentimiento de inferioridad. Y así se hizo a lo largo de la Guerra de los Diez Años, crisol donde, según muchos estudiosos, fue cuajando, tras un proceso largo y complejo que no puede simplificarse, la nación. En esa etapa, junto a la represión omnipresente, se reforzó en el sistema educativo, en la prensa, en las iglesias, la imagen de que aquellos mambises (en su origen una palabra peyorativa, asumida luego con orgullo por los libertadores) eran un puñado de bandidos, de facinerosos, de forajidos. Y se reforzó la idea de que los cubanos éramos una raza maldita, de gente perezosa, adicta a las peleas de gallos, a los juegos de azar, al vicio, incapaz de gobernarse a sí misma. Después del Pacto del Zanjón, se produjo, al decir de Ambrosio Fornet, un monstruoso lavado de cerebro colectivo para españolizar definitivamente la colonia. Se prohibió hasta la palabra revolución y se aludía a ella con ominosos eufemismos como la década sangrienta o el decenio trágico (…) Con el Zanjón se inicia el primer intento –repetido después en la república—de borrarle la memoria a todo un pueblo.

La memoria es importantísima cuando se habla de cultura de la resistencia: la batalla no se da solo con respecto a hechos y figuras del presente; sino a la propia historia nacional, que es desfigurada y caricaturizada por los enemigos de la nación.

A mediados del siglo XIX, había aparecido entre los criollos ricos esclavistas el fantasma de otra metrópoli posible: los Estados Unidos. Fue toda una corriente que apuntaba contra las bases mismas de la cultura de la resistencia: el anexionismo. Martí dijo que era un gravísimo peligro y que, incluso, iba a estar presente, como una amenaza permanente, cuando se lograra fundar la República. Una de las tareas más notables de Martí fue combatir con tenacidad y argumentos de una profundidad excepcional la idea que se había extendiendo en Cuba y en general en toda América Latina de que los Estados Unidos representaban el modelo civilizatorio, de libertad y bienestar, que había que imitar. Sus crónicas desmontan todo lo sucio y vil de las elecciones en EE.UU. y cómo el crecimiento económico va acompañado de una irreversible degradación espiritual. Frente a una España decadente, autoritaria, atrasada, casi feudal, mucha gente volvía sus ojos, con una ingenua admiración, hacia el “paraíso” del Norte. Hay un texto de Martí, Vindicación de Cuba, donde él responde airadamente a un artículo de un periódico de EE.UU. que se suma a los tópicos de la propaganda española anticubana. Exalta los valores patrios y aprovecha para denunciar “los elementos funestos que, como gusanos en la sangre, han comenzado en esta república portentosa (los Estados Unidos) su obra de destrucción”: los apetitos imperiales, “el individualismo excesivo” y “la adoración de la riqueza”.

La Guerra de 1895, organizada por el Partido Revolucionario Cubano que fundó Martí en el exilio, terminó con la entrada oportunista en el conflicto de EE.UU., en 1898, cuando España estaba prácticamente derrotada. Se disolvió el Partido martiano, se desarmó al Ejército Libertador y se sentaron las bases de un nuevo modelo: una neocolonia con apariencia de república formal, con presidente y parlamento, y una constitución provista del apéndice humillante de la Enmienda Platt.

Durante la existencia de esta República mutilada (entre 1902 y el Primero de Enero de 1959), se desplegó una ofensiva cultural aplastante para lograr la yanquización de la Isla. Con pocas y honrosas excepciones, la burguesía cubana carecía del más mínimo sentimiento nacionalista, enviaba a sus hijos a estudiar a colegios y universidades norteamericanas y copiaba los patrones de vida yanquis. Fueron los protagonistas anónimos de la poderosa cultura popular cubana, la gente común, y una vanguardia anticolonialista de intelectuales quienes hicieron resistencia a la yanquización espiritual del país.

En la Isla se doblaban al castellano las series televisivas estadounidenses y se traducían e imprimían las principales revistas destinadas por el Imperio a inundar su traspatio latinoamericano. La televisión, con programas al estilo yanqui, se desarrolló vertiginosamente (hasta llegó a lanzarse, en 1958, un canal a color): Hollywood en la Cuba prerrevolucionaria con toda su capacidad de fascinación.

Hay que señalar un hecho que nos ayudó: a causa del bajo nivel educacional de los sectores populares, sobre todo en el campo, gustaban más el cine mexicano y el argentino, en especial el primero. En esa época el cine se subtitulaba, y a nuestra gente semianalfabeta no le daba tiempo de descifrar los letreros. Ya ven qué paradoja: la ignorancia nos hizo un poco más latinoamericanos.

Cuando triunfa la Revolución, ya desde el propio año 1959, la cultura de la resistencia encuentra espacios institucionales que antes hubieran sido inconcebibles. Ese mismo año se fundan el ICAIC y la Casa de las Américas.

El ICAIC no solo sentó las bases de un cine nacional, de alto nivel artístico, sino que formó igualmente un gusto a escala masiva, realmente masiva, que permitió que ese cine fuera apreciado a nivel popular. Se logró crear un público para el cine capaz de disfrutar las producciones de todas las procedencias, incluso el cine experimental.

Esa ruptura de las élites la llevó a cabo también, dentro de un arte de tradición elitista, el Ballet Nacional de Cuba, que no sólo fundó una escuela originalísima, muy cubana, con un extraordinario prestigio, sino que también formó un público para el ballet clásico y en general para la danza que ha llegado a ser muy amplio.

La Casa de las Américas recibió con su labor descolonizadora, de integración, uno de los mejores elogios del intelectual brasileño Darcy Ribeiro cuando dijo: “Brasil se reconoció latinoamericano gracias a la Casa de las Américas”. Pocas frases resumen de mejor manera el papel que ha desempeñado la Casa en la construcción y visibilización de la familia espiritual latinoamericana y caribeña.

La creación del Conjunto Folklórico Nacional y del Instituto de Etnología y Folklore, dieron una nueva dimensión a la labor heroica y solitaria de un intelectual como Fernando Ortiz, empeñado en rescatar la herencia de origen africano que nutre las raíces de la cubanía, en medio del culto a lo yanqui y del racismo imperantes en la neocolonia.

Hoy, en medio de este proceso de actualización de nuestro modelo, bloqueados, acosados, golpeados por la crisis mundial, se acaba de reinaugurar el Teatro Martí, una institución emblemática, un verdadero símbolo, gracias a una inversión costosísima. Y se inauguró también la sala de teatro experimental El Ciervo Encantado. La situación tensa en términos financieros y de recursos, no nos han llevado a debilitar con recortes presupuestarios ni una sola institución cultural. No se ha cancelado ni uno solo de nuestros eventos. En medio de la batalla por un socialismo eficiente en términos productivos y económicos, la cultura ha seguido considerándose entre nosotros una de esas conquistas esenciales a las que no vamos a renunciar bajo ninguna circunstancia.

Forma parte central de nuestra cultura de la resistencia la política editorial, que no tiene nada de chovinista, no tiene nada de aquel sentimiento que Martí ridiculizó con la expresión del “aldeano vanidoso que cree que el mundo termina en su aldea”. La promoción de nuestros autores (que incluso cuentan con una red de editoriales provinciales) es una prioridad. En la producción editorial se conjugan la defensa de nuestra identidad, de nuestro patrimonio literario, y una indiscutible vocación universal. Se trata, al propio tiempo, de un concepto de lo universal ajeno al hegemonismo, ajeno al colonialismo, que tiene mucho que ver con el pensamiento de Martí. El catálogo de la editorial de la Casa de las Américas, es un modelo de calidad, de rigor, donde están prácticamente todos los libros significativos de la literatura latinoamericana y caribeña. En el catálogo de una editorial como Arte y Literatura, del Instituto Cubano del Libro, encontramos un valioso compendio de títulos de literatura africana, en muchos casos en su primera traducción al español.

Símbolos, en todo sentido, de la cultura de la resistencia que nos caracteriza, son las instituciones de base, museos, salas de video, casas de cultura, cines-teatro, librerías, bibliotecas públicas, galerías de arte. Sobre ellas pasó con mucha violencia el llamado Periodo Especial; sufrieron luego el impacto de los huracanes devastadores del 2008 (más de 400 instituciones culturales fueron derrumbadas); y después, en Santiago y otras provincias orientales, el golpe feroz de otro ciclón demoledor, el Sandy. Hoy, sin embargo, a pesar de la situación gravísima por la que atraviesa el país, se han venido recuperando todas estas instituciones.

Como contraparte de las instituciones estatales, contamos con organizaciones como la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS), que agrupa a nuestros mejores creadores jóvenes. Estas organizaciones someten a crítica sistemática todo el trabajo de promoción cultural, ejercen sobre ese trabajo una vigilancia cualitativa muy rigurosa y denuncian concesiones, torpezas, deformaciones burocráticas, todo tipo de distorsión. Al propio tiempo, garantizan un componente básico en nuestra política cultural: el papel protagónico de la vanguardia. Los debates que se producen en estas organizaciones, se concentran muchas veces en el papel esencial, indispensable, decisivo, de los auténticos valores de la cultura, de esa cultura de la resistencia que hemos estado mencionando, en los momentos que vive actualmente la humanidad, en medio de una crisis económica, ambiental y de valores, ante el crecimiento de ideas fascistas y racistas, ante la ofensiva mundial de la cultura del coloniaje.

Ahora mismo, hace tres o cuatro días terminamos el VIII Congreso de la UNEAC y allí se habló de la necesidad de movilizar las fuerzas de la cultura de la resistencia para frenar la contaminación a que estamos sometidos. Los modelos de la tontería, de la frivolidad yanqui, del culto a las marcas y a los llamados “famosos”, los reality shows y otras aberraciones, han ganado espacio en la Cuba actual. Resulta imprescindible dotar a nuestros niños y jóvenes de las herramientas intelectuales necesarias para decidir por sí mismos qué consumir y qué desechar en términos de cultura. La vanguardia de la intelectualidad cubana nos exigió (en el mencionado congreso de la UNEAC) que enfrentemos estos fenómenos de conjunto, sin prohibiciones absurdas (e inútiles) ni prejuicios ante las nuevas tecnologías, pero con coherencia y sistematicidad. Tenemos ventajas que debemos explotar más si combinamos el trabajo de la escuela, de los maestros, de los medios de difusión, de las instituciones culturales, de los instructores de arte, de los escritores y artistas. La vida nos ha demostrado que la obra de emancipación cultural de la Revolución no está perdida ni podemos dejar que se pierda.

*Versión de la Conferencia de Abel Prieto en la Bienal del Libro y la Lectura de Brasilia, el 15 de abril del 2014

domingo, 20 de octubre de 2013

Cultura Cubana: Democratizar sin hacer concesiones

Abel Prieto
Díaz Canel: “Por el bien de la Revolución estos diálogos hay que mantenerlos". (Foto: Cubadebate)
“Cuba necesita un espacio audiovisual más creativo, más aportador, porque vivimos en tiempos en que se ha globalizado la banalidad, la vulgaridad, la seudocultura”, aseguró Miguel Díaz Canel en los debates de la Comisión de Audiovisuales y Promoción Cultural del II Congreso de la AHS…

Tomado de CubAhora.
Por Yeneily García.

Por estos días, la más joven vanguardia del arte y la intelectualidad cubana se reúne en el II Congreso de la Asociación Hermanos Saíz y discute sobre los puntos fuertes y lo que necesita cambiar, repensar, alterar y erradicar la cultura cubana, para que siga siendo instrumento de formación de hombres inteligentes y comprometidos.

Cubahora participó en el debate promovido dentro de la Comisión de Audiovisuales y Promoción Cultural y atestiguó cómo los jóvenes defienden su derecho a pertenecer y aportar al desarrollo de un quehacer que en esta era, netamente audiovisual e interactiva, influye más que nunca en la formación de los públicos.

Entre quienes pidieron la palabra se escuchó, una y otra vez, el llamado de alerta ante la poca efectividad de repetir fórmulas que nada tienen que ver con nuestra realidad y que poco aportan al crecimiento y la educación de las audiencias.

Los asociados calificaron de necesaria la voluntad de abrir las puertas al talento joven e involucrarlo, desde los estudios de audiencia, hasta el proceso de creación detrás de un programa de radio o televisión. Además, marcaron como urgente la apertura de nuevos espacios donde mostrar lo mejor del arte novel que existe dentro y fuera de la organización.

De igual forma, surgieron interrogantes sobre la validez de algunas maneras de hacer y decir que, según quienes intervinieron, no están a tono con los tiempos que corren.

En los análisis estuvieron presentes Miguel Díaz Canel, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, el Ministro de Cultura, Rafael Bernal, el Presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), Roberto Smith, Danylo Sirio, Presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión y Luis Morlote, Presidente de la AHS.

DÍAZ CANEL: ACTUAR COMO DECIMOS Y PENSAMOS

¿Por qué seguimos siendo tolerantes ante el mal gusto, la banalidad, la vulgaridad? ¿Por qué dejamos que proliferen esas cosas que criticamos?, preguntó Díaz Canel a los delegados del II Congreso que formaban parte de la Comisión de Audiovisual y Promoción cultural.

Díaz Canel dijo que hoy Cuba necesitaba un espacio audiovisual más creativo, más aportador, “porque vivimos en tiempos en que se ha globalizado la banalidad, la vulgaridad, la seudocultura; un momento que el enemigo está aprovechando para subvertirnos, para cambiar nuestra forma de pensar, para desideologizarnos”.

“En estos debates todas las opiniones son valiosas, todas las inquietudes y sugerencias. Aquí nada se puede desechar. Aquí todo aporta, todo ayuda, todo nos implica, pues nos ofrecen una idea más clara de hacia dónde hay que moverse para entre todos construir ese espacio audiovisual cubano más creativo, más aportador que necesita la Revolución en los momentos actuales.

“Por el bien de la Revolución estos diálogos hay que mantenerlos, seguirlos alimentando, pero con soluciones a los problemas, a los que hay que darles seguimiento de modo permanente, apuntó.

“Aquí se ha hablado de carencias espirituales, cognoscitivas, de apreciación de las artes por una parte del público y, en particular, de los jóvenes, lo cual también tiene que ver con los problemas que hemos tenido en los últimos años con la enseñanza, donde estamos haciendo acciones de perfeccionamiento.

“Todo lo anterior pasa también por un fenómeno que no podemos desconocer: el desarrollo de las tecnologías, de la informática y las comunicaciones, que, entre otras cosas, cambió los códigos de comunicación. Y hoy los principales códigos que mueven a la juventud son los audiovisuales, por eso es tan importante que ustedes reflexionen constantemente sobre la manera en que debemos trabajar.

Díaz Canel consideró que los análisis que había proliferado en estas sesiones llevaban a una convicción común: “todos los que estamos involucrados en la formación de las nuevas generaciones: instituciones, centros, organizaciones..., necesitamos dar propuestas más inteligentes, desde el arte, desde la cultura, desde la historia, desde nuestros principios y convicciones”.

“Hay que buscar una mayor relación entre lo que decimos y lo que hacemos. Contamos con un alto nivel de diagnóstico, tenemos bien planteadas cuáles son las insatisfacciones, las proyecciones y, sin embargo, ¿por qué si es tan evidente, si entre todos compartimos estas ideas, y nos parece que es lo que hay que hacer para mejorar las cosas, no terminamos de resolverlo?”

 ABEL PRIETO: “EL TIEMPO LIBRE NO ES INOCENTE”

En una suerte de diálogo intergeneracional, Abel Prieto, antiguo Ministro de Cultura, respetado intelectual y actualmente Asesor del Presidente cubano, debatió con los asistentes sobre los problemas de la calidad en los productos audiovisuales y las estrategias para contrarrestar la deformación en el gusto popular, en lo que resultó uno de los mejores momentos de la mañana.

Sobre el consumo y la pertinencia del modelo defendido por la Revolución, aclaró que la pelea es muy dura, sobre todo contra quienes no entienden que no podemos ser contraparte poco inteligente del entretenimiento que viene de fuera.

“La Asociación debe trabajar duro en el tema del gusto, es decir, el gusto no es algo fijo, que no pueda modificarse, que no pueda enriquecerse y ahí estamos cogidos en la trampa. La encrucijada no puede ser el entretenimiento, porque eso lo ponen los yanquis, pero nosotros no podemos poner el «ladrillo».”

 “Tenemos que lograr transmitir mensajes valiosos, que tengan que ver con lo que defendemos de una manera entretenida y eficiente. Otra vez se presenta el viejo tema de forma y contenido.”

“Yo creo que a nosotros nos ha hecho daño una visión del gusto en que hacemos concesiones. El sistema institucional ha hecho concesiones e incluyo al sistema de la Cultura y a los medios. Hemos hecho concesiones y hemos promovido tanto subproducto, tanta chatarra cultural que viene en los paquetes de los que tanto se habla… Pero también lo hemos exhibido nosotros: cosas que imitan a esa chatarra internacional, una local que patéticamente imita eso y más patéticamente la promovemos.”

“Pero creo que no todo está perdido. Desde que se fundó la Casa de las Américas, Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, se editó el primer libro en la Imprenta Nacional, que no por gusto fue El Quijote. Nuestro modelo fue democratizar la cultura, permitir el acceso sin hacer concesiones a un populismo pseudocultural. Dar la batalla por lograr un pueblo que fuera a escala masiva receptor del mejor arte. ”

“Hemos retrocedido y tenemos que aplicar la técnica de Lezama: el rasguño en la piedra. No podemos acostumbrarnos a la idea de que nuestro modelo está perdido, hay dos Grupos de Trabajo ahora mismo que están laborando en conjunto. Uno tiene que ver con el Instituto Cubano de la Música y el Instituto Cubano de Radio y Televisión, donde se están conciliando las políticas concernientes a la difusión de la música.”

“La idea no es hacer una ofensiva por enriquecer el gusto, sino frenar su deterioro. Tenemos que frenar eso. Creo que estamos en un momento oportuno para trabajar en conjunto.”

“Se está haciendo un esfuerzo para asesorar los programas de alta audiencia. Promover las cosas de calidad que pone la televisión. La Séptima Puerta, de Rolando Pérez Betancourt, por ejemplo, es uno de programas que trato de seguir, igual que a Pánfilo (Deja que yo te cuente), que me parece que es una de las mejores cosas que han pasado en el humor cubano.”

“La Séptima Puerta siempre tiene un gran película y los comentarios de Rolando dicen cosas de carácter político, ideológico, hacen análisis de las películas de una manera amena, pero pone una gran cinta y un comentario inteligente de una persona que sabe de cine y que no es ingenuo, porque hoy tenemos a mucha gente consumiendo basura con una ingenuidad tremenda.”

“Todavía no somos esas criaturas sin capacidad para juzgar, casi omnívoras en términos de mensajes pseudoculturales; todavía disfrutamos y asistimos a las giras de la Sinfónica nacional, vamos al festival del Nuevo Cine. Por eso, si trabajamos con mas intencionalidad, la radio misma puede promover las buenas películas que pone el ICAIC y la Televisión.”

“La gente sigue prefiriendo el cine cubano, somos de los poquísimos países en el mundo en los que la gente prefiere el cine nacional, por eso es tan importante lo que hagamos por favorecer el crecimiento de los cineastas, por difundir su obra, con el acompañamiento de la crítica.”

“El tiempo libre no es inocente. O lo llenamos de sentido, no quiere decir llenarlo de discursos, ni de manuales,o entonces lo llena de sentido esa avalancha que ustedes han venido denunciando. La batalla ideológica se define en el audiovisual.”

“Si no logramos conciliar el trabajo del organismo rector que es el Ministerio de Cultura, que dicta la política cultural del Estado; con lo que hace el ICRT, que tiene el verdadero poder cultural, la verdadera difusión, estamos por un camino erróneo.”

“Por eso es necesario que la Asociación critique, empuje, cuestione la gestión institucional, y allí donde haya una concesión, la denuncie. Tenemos que lograr que nuestro modelo no retroceda, ese modelo que fundó el Quijote en los años 60.”

viernes, 18 de octubre de 2013

Comienza en Cuba congreso de jóvenes creadores

Comienza en Cuba congreso de jóvenes creadores

Tomado de PL.
Por Charly Morales Valido.




La Asociación Hermanos Saíz (AHS), que acoge al arte joven en Cuba, comienza hoy su segundo congreso nacional con la participación de sus 300 delegados en un debate sobre su funcionamiento económico y administrativo. Tal discusión sigue a una conferencia sobre la implementación de los lineamientos para la actualización del modelo económico en Cuba, que afectan a todos los sectores de la sociedad, incluyendo el arte.

Esta cita del talento joven pretende pensar a Cuba desde la cultura, en la búsqueda de un mejor ser humano en tiempos de grandes imperativos de sustentabilidad económica.

Luis Morlote, presidente de AHS, afirmó que entre los retos de esta organización que reúne a unos tres mil afiliados está el proporcionarle un espacio de participación a lo mejor del arte y acompañar a los jóvenes en sus primeros proyectos.

Más que ofrecer una mirada reducida desde el ámbito de la creación, el Congreso se propone dialogar en sus nueve comisiones de trabajo con distintas zonas que marcan hoy las realidades de Cuba.
Entre los temas más debatidos en la base destacan los desafíos de la creación artística, la política cultural, el rol de los artistas jóvenes en las transformaciones que vive el país y la actualización de los planes de estudio.

Las dinámicas de promoción de los jóvenes creadores, el alcance de la enseñanza artística, la integración de núcleos permanentes de debate, el análisis de los programas culturales en las Casas del Joven Creador, fueron otros temas debatidos.

También para este jueves está prevista la presentación de la antología Como raíles de punta, con obras de noveles narradores menores de 35 años.

Entendiendo la cultura en su sentido más abarcador, la AHS quiere involucrarse en la construcción de la espiritualidad nacional más allá del arte, en campos tan cruciales como la educación.

Morlote señala que han cambiado los modos de producción, y hay que repensarse constantemente como organización para ser útil y darle cauce al arte joven, jerarquizando el talento.

Así, en la organización convive el académico y el autodidacta, y surgen expresiones como la música electrónica que encuentran apoyo como el concertista, el poeta, el artista o el ensayista.

La organización toma su nombre de los mártires Sergio y Luis Saiz Montes de Oca, asesinados en plena adolescencia por oponerse a la dictadura de Fulgencio Batista, derrocada en enero de 1959.

Pese a su juventud, ambos tenían una incipiente obra poética y ensayística, cuyo punto culminante fue "Por qué luchamos", suerte de testamento político que escribieron poco antes de ser asesinados.

La AHS nació de la convergencia del movimiento de la Nueva Trova y otras tendencias artísticas juveniles, para representarlos ante las instituciones y garantizarles espacios de expresión.

tgj/cmv

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