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jueves, 22 de junio de 2017

La tercera opción en Cuba: El drama de los equilibristas

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Tomado de Razones de Cuba
Por Raúl Antonio Capote

Un poco de historia
Surgida en Inglaterra como intento por enmascarar y atenuar la depredación capitalista, acelerada tras la caída de los proyectos socialistas en Europa del Este, la doctrina de la tercera vía no ha generado, como profetizaron sus gurúes, las condiciones para que los millones de pobres del mundo sobrevivan, produzcan y consuman; se ha generado, eso sí, un deterioro brutal de las condiciones de vida, más pobreza, más insalubridad, más inseguridad.
Los representantes de llamado centrismo en Cuba, que se presentan como una tercera opción, una vía intermedia entre el capitalismo y el socialismo, etc., tratan de demostrar con una serie de sofismas, lo inoportuno de la vía revolucionaria, niegan, como negaron a finales del XIX los Autonomistas, a la Revolución.
Palabras nuevas para principios viejos, la misma fórmula se intentó para mediatizar la Revolución a finales de los 50 y a principios de los 60, finiquitaba la década del 80 cuando se intentó utilizar movimientos artísticos con propuestas estéticas emergentes, para fomentar el discurso de la tercera opción. Con este fin se utilizaron becas internacionales que existían para otros propósitos y se intentó confundir y sobre todo dividir en momentos sumamente complejos, en que el llamado Socialismo Real en Europa del Este hacía aguas, a sectores de la joven intelectualidad artística y literaria de entonces en la Isla.
El hilo de la trama
El 14 de mayo del 2004 a las 16:00 horas se reunieron en la residencia de un funcionario estadounidense, destacado en la Sección de Intereses de los Estados Unidos en la Habana (SINA), Francisco Sáenz, un grupo variopinto de funcionarios yanquis, funcionarios diplomáticos de países aliados del gobierno de los Estados Unidos y oficiales de la CIA. Invitado especial, el profesor universitario y escritor, Raúl Capote.
Apenas una hora antes el pueblo cubano había marchado frente a la SINA en protesta por el endurecimiento de la guerra económica contra Cuba y las amenazas del Presidente de los EE.UU., George W. Bush. Diez años después, un Presidente de ese país reconocía la derrota de la obsoleta política e intentaba lo mismo de “otra manera”, la lógica indicaba el fin del garrote y la administración Obama apostaba a proyectos como Génesis. Cuba Posible, etc.
En la residencia yanqui celebraban las medidas de Bush, sin embargo, se hablaba de la posibilidad de un cambio de estrategia para acabar con la Revolución, en caso de que fallaran los planes de la administración Bush, como alguno de los presentes vaticinaba. La Guerra contra la generación histórica estaba perdida, decía uno de los invitados, había que probar otras opciones, el camino de la concertación al modo chileno, por ejemplo, o la transición estilo España.
Francisco Sáenz hablaba de un nuevo camino que debían emprender hombres como Capote, intelectuales, gente de la cultura y la academia, no comprometida con la contrarrevolución tradicional, se manejaron varios nombres y la posibilidad de articular un camino que fuera aceptado por la mayoría del pueblo. Debemos trabajar por preparar las condiciones, para cuando no estén Fidel y Raúl Castro, fue el consenso general.
El “nuevo camino”, trece años después de las medidas de Bush para rendir a Cuba por hambre, regresa al lenguaje de las cavernas en boca de otro presidente: Donald Trump.
Bajo la mirada del águila
De ese primer encuentro se derivaron muchos otros, Kelly Keiderling, por aquel entonces Jefa de Prensa y Cultura de la SINA,  presente en la reunión de casa de Francisco Sáenz comenzó a organizar con Capote,  tertulias que permitieran reunir a intelectuales y artistas no comprometidos abiertamente con la contrarrevolución, el “gancho” sería  debatir temas sobre la realidad cubana.
Katrin Hansing, presentada siempre como amiga de Kelly y condiscípula de la Universidad de Georgetown, tenía la misión de convocar a esas tertulias a un conocido profesor universitario, hoy devenido además en “reformador constitucional”, “propulsor” de cambios constitucionales, etc., incluso de una nueva Constitución,  quien era anunciado como gran amigo de ellas, sobre todo de Katrin. A las reuniones asistían, entre otros, colaboradores y editores de publicaciones religiosas, como Espacio Laical y Vitral.
Aquellas tertulias no dieron el fruto esperado por la baja asistencia de los invitados y por lo comprometedor del lugar, la residencia de Kelly. Surgió la idea de crear una Agencia Literaria, que fuera reconocida por el Ministerio de Cultura, una organización independiente abierta para todos, que permitiera reunir a escritores y artistas para el “intercambio libre de ideas” y así crear la base intelectual necesaria para proyectos futuros.
EL Proyecto Génesis
En el 2007 nace el proyecto Génesis, proyecto de la CIA dirigido fundamentalmente a la juventud cubana[1] y los sectores revolucionarios.
Génesis debía dar sus frutos en un periodo calculado entre unos 10 o 15 años y salir a la luz, en un escenario propicio, donde ya no estarían los principales líderes históricos de la Revolución. Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones e Internet, jugarían un papel fundamental para la promoción de contenidos y para la movilización.
Se debería construir un entramado de líderes plantados en centros económicos, políticos y sociales del país. Acoto como interesante que en el proceso de captación de aspirantes a las becas de liderazgo promovidas por Génesis, se debía priorizar a los cuadros juveniles de la UJC y la FEU en la Universidad.
Estamos hablando de una organización “sembrada” en las universidades, que debía estar integrada por jóvenes estudiantes y profesores, vinculada, mediante programas de extensión universitaria, auspiciados y financiados subrepticiamente por el enemigo, con proyectos artísticos, académicos, culturales y sociales en las comunidades. Con soporte técnico garantizado, en un país que debía tener, como resultado de una intensa guerra cultural, una masa crítica de personas a las que no les interesara la Revolución.
Génesis debía presentarse, como opción nacionalista, nacida no para destruir el socialismo, sino para “modernizarlo”, para enrumbar al país por caminos “actuales” acordes con lo más “granado” del pensamiento europeo y latinoamericano, una tercera vía, que tenía como objetivo central destruir la unidad del país, sembrar la confusión y propiciar el caos.
Un pequeño detalle, esta organización nacionalista, tenía en su organigrama, dos comités uno ejecutivo y uno consultivo, el ejecutivo integrado por cubanos y el consultivo por estadounidenses, no se podía tomar ninguna decisión sin la aprobación del consultivo.
Después de la denuncia
En abril del 2011, como parte de la denuncia pública conocida como Las Razones de Cuba, el engendro no pudo nacer. La base social integrada por jóvenes descreídos no apareció por ninguna parte, se les hizo bien cuesta arriba encontrar líderes y formar a los nuevos cuadros, los jóvenes más valiosos del país, estaban y están con la Revolución.
Se dieron a la tarea de reorganizar el trabajo. Ted Henken en el 2011 realizó una exploración de la blogósfera cubana, identificando posibles aliados, buscó brechas, estudió candidatos. Su cartografía de la blogósfera cubana provocó un fuerte debate en la redes.
Por esta fecha, comenzaron a crearse en el país plataformas digitales con tendencia centrista, administradas por estudiantes, profesores universitarios, profesionales de las comunicaciones, etc.,  vinculados  a cursos financiados por ONG, a programas y becas internacionales, a planes de intercambio académico y otros programas financiados por empresas y medios de prensa privados.
Los ex editores de Espacio Laical Roberto Veiga y Lenier González, fundan la entidad “Cuba posible”; y a solo semanas de fundada “Cuba posible” organizan un gran evento “académico” en los EE.UU. Todo a una velocidad increíble.
El 26 de mayo del 2016 Open Society Foundations acogió en su sede de New York al “Laboratorio de Ideas” Cuba Posible. El evento neoyorquino, financiado por la Fundación Ford y Open Society, versó sobre “los desafíos actuales de Cuba”. La  misma Open Society de George Soros, el millonario filántropo de las Revoluciones de Colores y los Golpes Suaves, el genocida tras telón de Ucrania, Venezuela, etc.
La nueva estrategia del Imperio articuló un brazo mediático, formado por plataformas que promueven una tercera  opción, plataformas a las que buscan sumar líderes intelectuales, periodistas y académicos de nuestras instituciones, atraer a un público cada vez mayor utilizando un lenguaje y códigos atractivos, contenidos que construyen una conexión sensitiva y emotiva con el público.
Usan herramientas popularizadas en el mundo del marketing, como el storytelling, para lograr una mayor empatía con el público.
Ante el fracaso de las viejas fórmulas, ante la derrota de los mejores planes elaborados por los laboratorios de subversión del enemigo, apuestan a mover las hormas de la ideología revolucionaria al centro, sumar los más a la ambivalencia ideológica, cómoda y oportunista y desde una posición de aparente neutralidad socavar los pilares de la Revolución.
Promueven la indefinición ideológica, el abandono de los principios, la falta de compromiso y la inacción política. Se proclaman de izquierda y nacionalistas, permanecen dentro de las instituciones, académicas, culturales, científicas, de los medios de comunicación -a los que denigran y tildan de oficialistas-, pero siempre en contra del Estado Socialista, del Partido Comunista de Cuba y su tradición revolucionaria antimperialista.
Su gran dilema: necesitan una masa crítica de pueblo alejado de los principios de la Revolución y eso no ha ocurrido, la inmensa mayoría del pueblo opta por el camino socialista, junto al Partido Comunista de Cuba, dispuestos a cambiar todo lo que tenga que ser cambiado, menos su alma o desde su alma, el alma soberana de Cuba, forjada en años de experiencia histórica, profundamente martiana y fidelista.
La tercera opción, que es siempre por su esencia, contrarrevolucionaria, ha sido la herramienta más utilizada históricamente cuando los poderosos del mundo sienten que el “piso se les mueve” bajo los pies, cuando necesitan amansar la marea revolucionaria. En Cuba, la ven hoy, dentro de la nueva estrategia imperial, como un plan B posible para derrotar a la Revolución desde dentro, los nuevos autonomistas, que comparten el horror a la “Absoluta”[2] de sus predecesores del XIX, esperan confundir lo suficiente, marear al público desde la cuerda floja, donde se balancean, avanzan y retroceden, según las señas que les hacen desde el norte.
La tercera opción, el centrismo cubano, fue creado en los tubos de ensayo de los centros de subversión del enemigo, sus líderes, reciclados, maquillados ante la difícil tarea de buscar nuevos aliados con cierto valor, se criaron bajo la sombra del águila calva, su esencia les denuncia.

[1] Ver libro Enemigo de Raúl Antonio Capote, editorial José Martí, La Habana, Cuba, 2012.
[2] Independencia Absoluta.

lunes, 29 de mayo de 2017

La tercera vía o centrismo político en Cuba

La tercera vía o centrismo político en Cuba
El principal obstáculo que siempre ha enfrentado el centrismo es que jamás ha logrado anclar sus ideas en el pueblo. (Fernando Medina Fernández / Cubahora)
Tomado de CubAhora
Por Elier Ramírez Cañedo

Desde ya hace algún tiempo se ha estado moviendo, esencialmente en medios digitales, la idea de un “centrismo político” en la Cuba de hoy, como parte de una de las estrategias de Estados Unidos por subvertir el modelo socialista cubano, ante los rotundos fracasos y el desprestigio de la llamada “contrarrevolución cubana”. (i) Uno de los cables revelados por Wikileaks en el 2010, mostró como Jonathan Farrar, en ese momento Jefe de la Sección de Intereses de Washington en La Habana informó al Departamento de Estado el 15 de abril de 2009, como esa “oposición” realmente estaba desconectada de la realidad cubana, no tenía ningún poder de influencia en los jóvenes, y estaba más preocupada en el dinero que en llevar sus plataformas a sectores más amplios de la sociedad. (ii)
El centrismo político en su origen es un concepto de raíz geométrica: el punto equidistante de todos los extremos. Supuestamente sería una posición política que se colocaría entre la izquierda y la derecha, entre el socialismo y el capitalismo, una tercera vía que hace “conciliar las mejores ideas” de los extremos que le dan vida y donde se postula la moderación frente a cualquier tipo de radicalismo. Lenin calificó esta postura de “utopismo traicionero producto del reformismo burgués”. Y es que ciertamente las denominadas terceras vías, o centrismos, nunca han sido una opción revolucionaria, sino estrategias para instaurar, salvar, recomponer, modernizar o restaurar el capitalismo.
Cuando se pondera la moderación frente al radicalismo revolucionario cubano –que es ir a la raíz, para nada asociado al extremismo que es otra cosa- (iii) , me es inevitable no encontrar determinadas analogías entre ese  centrismo que hoy se intenta articular en Cuba, con el autonomismo decimonónico.
El autonomismo como corriente política surge desde la primera mitad del siglo XIX, pero se conforma como partido político a partir de 1878, como uno de los frutos que produjo la revolución del 68. (iv)   Fue una corriente que compartió tiempo histórico con el independentismo, el integrismo y el anexionismo. Era la corriente por excelencia de la moderación, de la evolución, enemiga de los radicales independentistas cubanos. Asumían una posición también “equidistante”, entre el integrismo –la defensa del status quo- y la independencia, pero en momentos de definición, cerraban filas junto al integrismo para frenar y atacar la revolución, la cual consideraban el peor de los males. Algunas figuras célebres del autonomismo terminaron compartiendo las ideas anexionistas al producirse la intervención-ocupación  estadounidense en Cuba. Sus principales líderes brillaron por sus dotes intelectuales, eran grandes oradores, pero con un pensamiento de élite, esencialmente burgués, de ahí que jamás pudieron arrastrar detrás de sí a las masas cubanas. El pueblo cubano en ese momento lo menos que necesitaba era ideas de laboratorio, de ahí que cuando se produjo la nueva arrancada independentista de 1895, el partido autonomista quedara totalmente descolocado ante la nueva realidad nacional. El autonomismo defendió un nacionalismo moderado y excluyente de las grandes mayorías, cuyas aspiraciones fundamentales no estaban en romper el vínculo con “la madre patria española”, sino en modernizar su dominación en la Isla, no en el balde la vanguardia patriótica cubana, encabezada por José Martí, combatió tanto sus ideas. El 31 de enero de 1893, en uno de sus extraordinarios discursos, Martí expresó: “…dábase el caso singular de que los que proclamaban el dogma político de la evolución eran meros retrógrados, que mantenían para un pueblo formado en la revolución las soluciones imaginadas antes de ella…”. (v)
Sin embargo, la idea de apoyar en Cuba una tercera fuerza –moderada, de centro o tercera vía- adquirió mayor fuerza en la política exterior de Estados Unidos a finales de los años 50, con el objetivo de evitar que el Movimiento 26 de Julio llegara al poder, algo que se convirtió en una obsesión para la administración Eisenhower en los últimos meses del año 1958. Esta tendencia debía estar en una posición equidistante entre Batista y Fidel Castro y se estimuló su desarrollo  tanto en el plano militar como el político. La estación local de la CIA en La Habana fue la primera en manejar esta idea y luego sería su principal ejecutora. Así lo confirma el oficial David Atlee Philips en su libro autobiográfico The Night Watch, cuando señala que James Noel -a la sazón jefe de la estación local de la CIA en la capital habanera- le había informado en una de sus pocas frecuentes reuniones, sobre su recomendación al gobierno de los Estados Unidos de patrocinar discretamente la acción de una tercera fuerza política en Cuba, “un grupo entre Castro a la izquierda y Batista a la derecha (…)”. (vi)
En febrero de 1958 se había incorporado al II Frente Nacional del Escambray que dirigía Eloy Gutiérrez Menoyo, el agente de los servicios secretos estadounidenses, William Morgan, que tenía la misión de convertirse en el segundo jefe de aquella guerrilla, algo que logró en poco tiempo al igual que sus grados de Comandante. Morgan no sería el único agente que infiltró Estados Unidos en esa zona con la intención de estimular una tercera fuerza guerrillera que pudiera enfrentarse e imponerse en determinado momento a las fuerzas de la Sierra Maestra lideradas por Fidel Castro. (vii)   Estados Unidos también se involucró en otros complots donde se manejaron diversos nombres de figuras que podían integrar una opción política que arrebatara de las manos a Fidel Castro el triunfo revolucionario, entre ellas: el coronel Ramón Barquín, Justo Carrillo, jefe de la Agrupación Montecristi, y Manuel Antonio, Tony, de Varona. Todavía el 23 de diciembre de 1958, en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, Eisenhower expresaba su esperanza en el crecimiento, fortaleza e influencia de una “tercera fuerza”. (viii)
La creación de una “tercera fuerza” no solo era promovida por los Estados Unidos, sino también por algunos políticos que la propugnaban a lo interno. “La Tercera Fuerza –señala Jorge Ibarra Guitart- fue un movimiento de instituciones cívicas privadas que representando el sentir de sectores importantes de la burguesía y la pequeña burguesía promovió gestiones de paz y conciliación con el régimen. El impulsor, bajo cuerdas, de todas las gestiones fue José Miró Cardona, quien desde la Sociedad de Amigos de la República ya había planeado la táctica de movilizar a las instituciones burguesas para forzar al régimen a llegar a un acuerdo. Este era el momento de poner en práctica dicha táctica, pues había circunstancias que la favorecían: la burguesía, al notar que cada día más organizaciones revolucionarias ganaban terreno, estaba alarmada por el peligro que representaba para sus intereses políticos y económicos el desarrollo de una guerra civil con una participación popular activa”. (ix)
Al resultar imposible para los Estados Unidos lograr evitar el triunfo de la Revolución Cubana y la llegada al poder de las fuerzas del 26 de julio, en los primeros meses del año 59 el objetivo fundamental de Washington consistió en respaldar y aupar a las figuras que dentro del gobierno revolucionario se consideraban “moderadas”, de centro, frente a los que calificaban de “extremistas”, para a través del predominio de esta línea evitar que la Revolución profundizara su alcance social. (x)
Cuando Fernando Martínez Heredia, señala que en Cuba existe hoy un nacionalismo de derecha con pretensiones de centro que tiene “una acumulación cultural a la cual referirse” (xi) ,  está haciendo mención a la larga historia de ese nacionalismo que tiene en el plano de las actitudes políticas antecedentes en el autonomismo; que durante los años de la República Neocolonial Burguesa admitió y defendió la dominación, y que en muchas ocasiones fue utilizado por el propio gobierno de los Estados Unidos, con el propósito de frenar, evitar o lograr situaciones posrevolucionarias que mantuvieran a salvo las estructuras de dominación capitalista en Cuba, bajo mejores consensos.
Hoy vemos como ese nacionalismo de derecha que se estimula por quienes nos adversan, bajo el ropaje engañoso de centrismo, no tiene otro objetivo que el intento desesperado de restaurar el capitalismo en Cuba. Una vez más, será un ensayo frustrado, pues el principal obstáculo que siempre ha enfrentado esta corriente, es que jamás ha logrado anclar sus ideas en el pueblo. Ese pueblo que en su mayoría ha abrazado a lo largo de la historia la tradición independentista, patriótica, nacional-revolucionaria y antiimperialista; jamás la del autonomismo, el anexionismo o el nacionalismo de derecha.

NOTAS

(i)  Véase el texto de Esteban Morales: La contrarrevolución cubana nunca ha existido, en: Esteban Morales y Elier Ramírez, Aproximaciones al conflicto Cuba-Estados Unidos, Editora Política, La Habana, 2015, pp.363-367. Morales se cuestiona en ese trabajo que pueda considerarse cubana dicha contrarrevolución, en tanto se suicidó prácticamente al nacer al asumir una agenda impuesta por el gobierno de los Estados Unidos.
(iii)   En discurso pronunciado  el 3 de septiembre de 1979, en la sesión inaugural de la Cumbre de los NOAL celebrada en La Habana, Fidel expresó: “¿Qué se le puede impugnar a Cuba? ¿Qué es un país socialista? Sí, somos un país socialista (APLAUSOS), pero a nadie ni dentro ni fuera del Movimiento pretendemos imponer nuestra ideología y nuestro sistema. ¡Y no tenemos nada de qué avergonzarnos por ser socialistas! ¿Que hicimos una revolución radical en Cuba? Sí, somos revolucionarios radicales, pero no pretendemos imponer a nadie, y mucho menos al Movimiento de los No Alineados, nuestro radicalismo”. Véase en: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1979/esp/f030979e.html
(iv)  Véase Elier Ramírez Cañedo y Carlos Joane Rosario Grasso, El autonomismo en las horas cruciales de la Nación Cubana, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2008.
(v) José Martí, Discurso en Hardman Hall, New York, 10 de octubre de 1889, en: Discursos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p.195.
(vi) Citado por Andrés Zaldívar Diéguez y Pedro Etcheverry Vázquez, en: Una fascinante historia. La conspiración Trujillista, Editorial Capitán San Luis, La Habana, 2009, p.50
(vii) Ibídem, pp.41-42.
(viii) Francisca López Civeira, El Gobierno de Eisenhower ante la Revolución Cubana: Un nuevo escenario, en: http://www.radiolaprimerisima.com/articulos/2527
(ix) Citado por Andrés Zaldívar Diéguez y Pedro Etcheverry Vázquez en: Ob.Cit, p.51.
(x)  Mucha información al respecto puede encontrarse en la obra de Luis M.Buch y Reinaldo Suárez, Gobierno Revolucionario Cubano. Primeros Pasos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004.

martes, 10 de enero de 2017

¿El final de la ideología en Cuba?

Arnold August
Periodista y conferencista canadiense. Cursó una Maestría en Ciencias Políticas en la Universidad McGill de Montreal. Es miembro de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA, por sus siglas en inglés), con sede en los Estados Unidos de América; la Asociación Canadiense de Estudios Latinoamericanos y del Caribe (ACELC); la Cátedra de Investigaciones de la Universidad de Nottingham sobre Cuba (Gran Bretaña) y la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad, en Caracas.
Tomado de Firmas Selectas. Prensa Latina
Por Arnold August.

En 1960, el sociólogo y académico norteamericano Daniel Bell (1919-2011) publicó “El final de la ideología”, obra que llegó a ser un clásico en las ciencias políticas oficiales. La publicación fue catalogada por el Times Literary Supplement como uno de los 100 libros más influyentes de la segunda mitad del siglo XX.

A pesar de que en los años 1950 e inicios de los 60 había otros partidarios del “Final de la ideología”, Bell es considerado como el más influyente. Aun cuando tuvieron lugar algunas variaciones, esta escuela de pensamiento tiene un común denominador. Tratando de no simplificar excesivamente esta importante tendencia, para el propósito de este artículo es posible afirmar que ésta surgió debido al fracaso percibido tanto del socialismo en la antigua URSS, como del capitalismo en Occidente. Ésta nació en oposición al “extremismo”.

En noviembre de 1968, junto con otros estudiantes de ciencias políticas de la Universidad de McGill, en Montreal, fundamos la Asociación de estudiantes de ciencias políticas. Organizamos una huelga y presentamos dos reivindicaciones principales: la primera consistía en exigir la participación estudiantil en los comités de contratación de la Facultad y la segunda —asociada a este potencial empoderamiento estudiantil, reclamar un profesorado y un currículum más incluyente. Esto podría incluir publicaciones no solamente de Daniel Bell —quien era por supuesto considerado obligatorio y una indiscutible referencia en ciencias políticas, sino también de científicos sociales progresistas, así como los trabajos de Marx y Lenin. En aquella época todo esto estaba excluido. Después de diez días de ocupación y huelga, la solicitud de los estudiantes fue aceptada por la universidad.

Bell no vio llegar la inevitable insurrección que se estaba fraguando en Estados Unidos entre los ciudadanos afrodescendientes, poco después de que su best-seller saliese de prensa. Estas luchas progresistas, así como la de los pueblos indígenas, tienen su origen al inicio de las Trece Colonias. En los años 1960, los estudiantes estadounidenses fueron atraídos por ideologías y políticas alternativas. De hecho, el movimiento de los jóvenes era omnipresente en toda Norteamérica y en gran parte de Europa.

Mientras, en los años 1960, esta tendencia se caracterizaba por diferentes aspectos de la izquierda política e ideológica, y experimentaba sus propios altibajos, parecía la despedida de la tesis del final de la ideología. Sin embargo, el legado de Bell nos sigue acechando.
 
En el último año aproximadamente, en Cuba ha tenido lugar un aumento continuo de artículos en un lenguaje indirecto acerca de la idea del final de la ideología, escritos por algunos blogueros e intelectuales cubanos marginales. Al inicio eran tímidos, pero luego cada vez más audaces.

Hablaban de la “estéril dicotomía entre socialismo y capitalismo”, aconsejando a los revolucionarios cubanos ser “equilibrados y profundos en sus criterios” cuando se trata de criticar el imperialismo estadounidense, o de evitar el extremo de ser “fidelista o anticastrista”, etiquetando de “extremistas” o “fanáticos” a los marxistas-leninistas o a los fidelistas, escribiendo sobre dos grandes falacias acerca de lo revolucionario en Cuba, la derecha y la izquierda como un “dogma excluyente” y, por último, postulando que “la vida es más compleja incluso que las ideologías”.

Leyendo estos artículos, regresaban continuamente a mi mente aquellos días universitarios de 1968. ¿Cómo pudo ser posible que nos opusiéramos al final de la ideología en el corazón del capitalismo, y que ahora esto vuelva a surgir —entre todos los lugares imaginables, justamente en Cuba? Podría argumentarse que la oposición en Cuba está viniendo de la “izquierda”, es decir de quienes pretenden apoyar a la revolución. Pues bien, ¿de dónde más podría surgir sino es de la llamada izquierda?

No olvidemos que Bell se consideraba a sí mismo de izquierda y que su oposición a la ideología fue ostensiblemente desde una perspectiva de izquierda y no de derecha. Es así como logró construir su credibilidad. Bell se había desilusionado del socialismo y no veía otra alternativa, por lo que libró una batalla tanto contra el capitalismo como contra el socialismo. Su trabajo refleja su propio dilema personal y político. Sin embargo, objetivamente hablando, esta llamada neutralidad respecto a los extremos consistió en lanzar un salvavidas al capitalismo. No es un accidente que Bell sea tan apreciado por las élites gobernantes de Occidente.

Siempre he aseverado que la más peligrosa oposición a la Revolución cubana proviene de la llamada izquierda, y no de la derecha abiertamente plattista. Es un cáncer en la sociedad cubana que, si se deja crecer sin una fuerte resistencia ideológica, podría influir en algunos ingenuos, especialmente entre los jóvenes, los intelectuales y los artistas.

Al mismo tiempo, cuando Bell escribía sus ensayos a finales de los años 1950, compilados en su volumen de 1960, Cuba constituía el escenario de la más evidente refutación de su teoría: el ataque a Moncada de 1953, su programa resultante y el triunfo de la revolución el 1° de enero de 1959. Fidel Castro y el Movimiento 26 de julio constituyeron el camino embrionario hacia a una nueva ideología revolucionaria marxista-leninista en Cuba.

Lejos de ser un periodo caracterizado por el final de la ideología, Cuba dio al mundo el resurgimiento y la confianza en la necesidad de la ideología. Cuba representó el fin del final de la ideología. La revolución cubana surgió durante el auge de la Guerra fría, pero se erigió resueltamente en contra de cualquier intimidación por parte de la izquierda o del imperialismo. Para la izquierda de aquella época, y más aún para la derecha, esta posición no se conformaba a lo políticamente correcto. De esta manera, Fidel tuvo la perspicacia de no revelar el escenario completo en el periodo inicial. Sin embargo, la ideología se encontraba en el centro del pensamiento y la acción.

Desde 1953 Cuba siempre ha sido —y lo sigue siendo, la quintaesencia del desarrollo de los principios ideológicos. Cada palabra escrita y pronunciada por Fidel está impregnada de ideología. Cuba no está anquilosada, por el contrario, sigue evolucionando según la situación. De otra manera, Cuba no hubiese podido sobrevivir a sus enemigos durante todo este tiempo.
 
Estoy convencido de que uno de los principales objetivos implícitos de la campaña mediática corporativa internacional contra Fidel, justo después de su fallecimiento, consistió en una revancha del imperialismo contra él por negarse a capitular en el tema de la ideología.

Pero, ¿por qué —podrán preguntarse los medios interminablemente— la revolución cubana nunca suscribió el final de la ideología, como debía hacerse, según las ciencias políticas oficiales? En todos estos años, desde el 26 julio de 1953 hasta el 25 noviembre de 2016, Fidel vivió y murió tal como lo exigió a los demás: como un humilde revolucionario.

En el actual contexto histórico, tratar de impregnar la cultura política cubana de “neutralidad” acerca de la ideología, oposición a los “extremos”, “equidistancia” entre socialismo y capitalismo, etc., no constituye un desafío al dogmatismo de la izquierda tal como tratan de presentarlo.
El verdadero desafío es contra el socialismo y la ideología del marxista-leninista. En los años 1960, la teoría del Bell complacía a los círculos de gobernantes que deseaban preservar el statu quo. ¡Las élites estaban en el poder y no temían ser desalojadas por su propio capitalismo! El Final de la ideología y su crítica al capitalismo fue tan sólo un pretexto para criticar al socialismo. En 1968, en la Universidad McGill, esto constituyó el principal argumento de los profesores y administradores conservadores.

Aparentemente ellos no estaban ni a favor y en contra de ninguna ideología. “Todas las opciones políticas son bienvenidas”. Sin embargo, Bell fue aún más aceptado. Él se oponía, decían ellos, tanto al capitalismo como al socialismo. Sin embargo, quienes favorecían el statu quo del capitalismo se apoyaron en el final de la ideología.

Quienes se oponen a la ideología “extrema” de la izquierda fueron totalmente integrados a la ideología capitalista y ayudaron a elaborarla y a difundirla. El propósito del “Final de la ideología”, en los años 1960 y ahora en Cuba, es poner fin a las ideologías marxista-leninista y socialista.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Un proverbio malgache para Harold Cárdenas Lema

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Por Gustavo de la Torre Morales


Constantemente se quiere dar a entender que en Cuba cunde el pensamiento monolítico, se rige por una escrupulosa disciplina partidista y desde esa perspectiva (un ángulo constantemente usado por frentes al servicio del imperialismo contra la Revolución) aparecen personajes que hacen dicho enfoque como suyo, mientras condenan como “ataque” cualquier crítica de su inclinación hacia el llamado centrismo.

Como la guerra contra los líderes históricos no ha surtido efecto, pues nuestro enemigo histórico busca sus alternativas para alcanzar sus objetivos. Por tanto, el canal suave abre puertas a otros actores de la sociedad.

Por tanto, ahora se aplaude a quienes se desdoblan contra lo institucional, aunque no enfoquen sus cañones directamente contra las figuras históricas de la Revolución, incluso se apoyen en ellas para arremeter contra lo institucional y, sin decirlo claramente, se pueda inducir que el error también les pertenece. Por tanto, la tendencia que llaman como “revolucionario” es exponer que lo institucional es un ente alejado de esa sociedad civil creada dentro del proceso socialista, y usan cual palanca de fuerza en esa idea, como una aberración política que tanto la institución revolucionaria como el conjunto social formen de un común. Es decir, citan como cataclismo que la sociedad civil responda, con propia voz, en una clave con clara identidad a los principios y valores que defienden entidades del socialismo, y a todo indicio de ello lo acusan como un acto de oficialismo.

Pues ahora le toca a la prensa cubana cargar con la culpa de todos los males devenidos: no representar los intereses del pueblo, de estar formada de personajes sin vínculo alguno con la sociedad (como si vivieran como autómatas), de esconder o crear secretismos, la carencia de estímulo político, las deserciones, de “la ausencia de liderazgos necesarios, el atolladero económico, la imposición de un esquema estrecho (y aburrido)”, etc… y, por eso, cada uno de los “artículos” creados por estos personajes van dirigidos, contra viento y marea, en esa dirección.

Pero llama la atención que estos personajes no paran de autotitularse “Revolucionarios”, “defensores” del socialismo, “despojados” de cualquier identidad o corriente de subversión del imperialismo o subyacentes y así, igualmente, no paran de intentar fijar la idea de desaliento, de fantasmódicos ejércitos de desalentados, de una creciente ola de apatía y deserción ideológica… Personajes que sólo buscan que sus lectores sólo se limiten en lo caótico de una bola puesta a correr. Personajes que con manto de victimismo y capa de heroicidad, como una manera de desligarse de lo hoy en día es acusado como “institucional” u “oficialismo” (actitud típica de quien se sacude de polvo, para dejar claro que no pertenece a “estos” últimos) se dibujan en erigidos ángeles apaleados, víctimas de “esos muchos” (perversos “extremistas”) que, además, por sólo aplaudir, no “prestaron atención” a nuestro líder Fidel, cuando en el 2005 declaró que la Revolución sólo será reversible desde dentro.

Sin embargo, llama la atención cuando estos personajes encuentran opiniones divergentes a lo que desean sembrar, entonces califican a sus críticos como “troles”, como “extremistas”, como atacantes, como obtusos que ni se enteran… y generalizan que “No hay planes para rescatar el porciento de cubanos que ya perdió la Revolución, pero sí intentos sutiles de parametrar a quienes todavía lo intentan con ella”.

Pero no deja de ser cierto que “guerra avisada no mata revoluciones”; porque las matan quienes adoptan posiciones alejadas de las verdaderas raíces revolucionarias.

Yo no pertenezco a ninguna institución, no trabajo para ellas ni tampoco me obliga un compromiso con ellas; pero sí lo tengo con los principios que sostienen la Revolución cubana, con la obra alcanzada, con el legado adquirido por tantos y tantos verdaderos revolucionarios; y estos 57 años de Revolución sólo me han demostrado la realidad de un proverbio malgache: “si del árbol se puede hacer piragua, es porque la tierra en la que ha crecido es de buena calidad” (Ny hazo no vanon-ko lakana, ny tany naniriany no tsara)… un proverbio que le recomiendo a Harold Cárdenas Lema gaste un poco de su tiempo en analizar.

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